Nunca se han podido poner de acuerdo. Algunos teólogos sostienen que los ministerios sobre los cuales se edificó y se debe edificar la iglesia, son cinco, y otros prefieren adherir a la teoría de que son cuatro. Los primeros gustan tomar al Pastor como uno y al maestro como otro, tal como la Escritura y hasta con Jesús mismo parecería indicarlo, mientras que los segundos optan por entender que el ministerio concreto es el de Pastor-maestro, unificado, en común.
(Efesios 4: 11)= Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, (12) a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo.
Lo cierto es que para este estudio no interesa demasiado si son cinco o pueden ser cuatro. De las dos tesis, de las dos ponencias, de las dos opiniones, en todo caso, voy a permitirme quedar con algo que, creo, es mucho más sustancioso, mucho más importante y gravitante si es que deseamos de una vez por todas terminar con el plan y propósito de Dios. Serán cinco o serán cuatro, pero los ministerios que rigen a la iglesia son esos: apóstoles, profetas, evangelistas pastores y maestros o pastores-maestros. Ahora bien: si la iglesia sigue insistiendo en hacer lo que tiene que hacer utilizando solamente a uno, ese ya no es un problema de Dios.
Segundo punto. En los últimos años han aparecido una serie de organizaciones y grupos cristianos que, con diversos nombres, proclaman el evangelio y las enseñanzas del Señor Jesucristo. Cada vez son más los grupos que nacen de otros grupos, o los hombres que pretenden hacerse pasar por enviados de Dios, lógicamente con propósitos no piadosos. Todas estas organizaciones tienen su propia doctrina elaborada por hombres, al punto que se oye muchas veces decir: “Y bueno…¿Qué quieres con los cristianos? ¡Si ni siquiera se ponen de acuerdo entre ellos con sus doctrinas! ¡Tienen como cincuenta iglesias diferentes! No sólo están divididos…también están confundidos…”
Mire: la cosa es mucho más que simple. Cuando el Señor me levantó para este ministerio, el primero que se dio cuenta que ese era un asunto de Dios y no mío, fui yo mismo. No había manera, no podía haberla, de que yo tuviera algo de sabiduría por mi esfuerzo o por mi preparación. El Señor se las compuso, primero, para hacerme enamorar de la enseñanza, una cuestión que no me seducía en absoluto. Después se las arregló para irme preparando, paso por paso, utilizando casetes, videos, libros, documentos, conferencias, congresos y, naturalmente, un amor casi desconocido en mí por la Biblia. Corroboré que era de Dios, realmente, cuando mucha gente empezó a admirarse de la bendición que recibía con estos estudios. ¡Como podría pensar yo que la cosa era mía si yo no estaba en condiciones de bendecirme ni a mí mismo!
Allí fue donde tuve que obedecer al Señor y modificar un supuesto programa radial periodístico que conducía, para transformarlo en otro que llevó el nombre que Él me dictó y hasta la cortina musical que él me indicó: Tiempo de Victoria. De eso, hace ya más de diez años. Ahora imagínese: en estos diez años, ¿Sabe usted cuánta gente que no se está congregando en ninguna parte, o gente que congregándose en alguna iglesia, no está a gusto por diversos motivos ha estado escuchándome e identificándose con esta palabra? Las mediciones son complejas en mi ciudad, pero las pocas que se han realizado, han arrojado cifras importantes.
Ahora bien: ¿Qué hubiera ocurrido si yo, a lo largo de esos diez años, hubiera llevado adelante un fino trabajo de socavamiento con relación a los demás ministros o pastores de las congregaciones más importantes, y al mismo tiempo incentivar a que cierta gente sin congregación fija comenzara a trabajar para la conformación de una iglesia propia? Le digo lo que hubiera sucedido. De principio, y teniendo en cuenta la audiencia que con esa sola emisión y en esa única emisora tenía, puedo asegurarle que jamás hubiera comenzado una nueva iglesia con menos de setecientos miembros. Y no es precisamente una tontería, ¿Verdad?
Pero hay un problema. Primero, que esa idea ni se me pasó por la cabeza. Segundo, que tengo la total convicción que el Señor no me levantó como un pequeño caudillo barrial o cacique de pequeña tribu. Tercero, que si no tengo mandato de Dios, cualquier cosa de estas que hubiese hecho, hubiera sido en beneficio personal y propio y, como tal, destinado a caerse estrepitosamente como ha dicho mi Padre celestial que habrán de caerse todos los ministerios que Él no ha plantado. Cuarto, porque yo hubiese sido el primero que se hubiera enterado que estaba haciendo algo diferente a lo que se venía haciendo; de trabajar para bendecir a todo un pueblo, y de eso hubiera pasado a trabajar para bendecir a un solo señor: yo mismo. Y quinto, finalmente, por lo que le dije antes: ya leí, entendí, creí y puse por obra que, la iglesia vencedora, la iglesia sin mancha, la iglesia sin arruga, la iglesia que todo lo puede en Cristo que la fortalece, es la que se planta en sus cinco o cuatro ministerios, que tal como dice en Efesios 4:11, fueron puestos allí no para que un hombre viva a expensas de otros, o para que un hombre se pavonee o se luzca, no para que alguien se abuse de su poder jerárquico sobre otros, sino para: Nº 1: perfeccionar a los santos. Nº 2: edificar el cuerpo de Cristo.
En antiguos tiempos, yo leía “perfeccionar” a los santos, ir en camino de la estatura del varón “perfecto” y pensaba: ¿Cuándo llegará el día en que yo pueda decir, sabiendo que no miento ni me miento, que estoy por lo menos, en un camino de perfección. Claro, pensaba eso porque me creía, como mucha gente se cree todavía hoy, que cuando la Biblia habla de perfección, habla de una cosa, un hecho o una persona sin errores, sin equivocaciones, que hace, dice y piensa todo bien, o sea: lo que nosotros conocemos como Perfecto. Craso error. En la Biblia, perfecto, no es eso que yo y tantos otros pensábamos, es Maduro. Es decir que, esos cuatro o cinco ministerios de Efesios 4 fueron puestos por Dios allí, para madurar o ayudar a madurar gente. Suena bastante diferente, ¿No es así?
La otra palabra, que es “edificar” el cuerpo, siempre se me había predicado como sinónimo de “bendecir”. Es decir que yo y muchos otros más, entendíamos que una reunión, un mensaje o una lectura de “edificación”, equivalía a algo que era de bendición. Otra vez error. Edificar, tal como la palabra lo dice y no las muletillas evangélicas, significa lo que significa, y no lo que los evangélicos le hemos hecho significar: Construir. Es decir que, los cuatro o cinco ministerios de Efesios 4, también fueron puestos por Dios para ayudar a construir el cuerpo de Cristo en la tierra, que como todos sabemos, es la iglesia. Ahora bien; su de estos cuatro o cinco ministerios solamente tiene incidencia o importancia suprema uno solo de ellos, ¿Cómo podríamos hacer para madurar a la gente y para construir una iglesia sólida? ¿No se entiende, verdad? No. No se entiende. Y mucho menos que, ante estas alternativas, los “expertos” en guerra espiritual aseguren que se trata de un ataque del diablo.
La expresión de que los cristianos estamos divididos y confundidos, no hace más que contradecir la Palabra de Dios. Él ha dicho, con esa sencillez con que Dios dice las cosas y como para que cualquier corazón humilde pueda comprender, que los creyentes en Cristo son Uno. ¿Sabe usted cuantas veces dice cosas como estas el Señor? Las mismas en que nosotros las hemos desoído y desobedecido, demasiado preocupados por nuestras pequeñas quintas humanas. Voy a dejar que hable la Biblia que siempre es mucho más efectiva que la mejor de mis ideas.
(Efesios 1: 22)= Y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, (23) la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo.
El intento primario de esta carta es mostrar a la iglesia como la presente y física presencia de Cristo. La iglesia tiene que estar llena de Él por el Espíritu Santo y ha recibido la orden del Señor Jesús de representarlo en la sociedad y dar a conocer su vida, su amor y su poder. Me pregunto si nuestras iglesias son eso que estamos diciendo, si representamos al Rey de Reyes en la sociedad como deberíamos hacerlo y, esencialmente, evidenciamos su Vida, su Amor y especialmente su Poder.
(1 Corintios 12: 13)= Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio de beber de un mismo Espíritu.
Pablo sienta las bases del principio de la unidad dentro de la diversidad. Cuidado: diversidad dé razas, culturas, idiomas y costumbres, no en interpretaciones o doctrinas. Allí, mi querido hermano o amigo, sea usted de donde sea y piense como quiera que piense; allí sí que hay un solo Espíritu Santo. Y si hay un solo Espíritu Santo, es directamente incoherente e inconcebible que ese solo y único Espíritu que guía a toda verdad, pueda darle a las personas diferentes interpretaciones de una misma palabra. El Espíritu Santo, entienda por favor, jamás daría dos enfoques diferentes sobre un mismo Evangelio. Y sin embargo, mucha gente nos quiere hacer creer que ha dado varios más y gloria a Dios por todas las denominaciones. Así que si eso es lo que hay, es porque los hombres han hecho prevalecer sus opiniones y su sabiduría humana por sobre la guía del Espíritu, de esto no tengo dudas.
Y eso ha hecho, ni bien lo pude ver y entender, que yo mismo haya dejado de dar gracias por las denominaciones, cosa que, copiándome de otros, era lo que venía haciendo hasta ese momento. Muy por el contrario, he podido entender que aquello por lo cual yo daba gracias, ha sido hasta hoy el principal factor de divisiones, frenos, perturbaciones y tropiezos. ¿Aleluya? Todos los cristianos, (Y yo prefiero auto denominarme como Creyente, ya que Cristianos fue el rótulo que nos dio el paganismo) somos miembros, indefectiblemente, nos agrade o no la cara de los que nos rodean, de un mismo cuerpo espiritual. Hay gente de ciertas denominaciones que llegan a enojarse de verdad y casi con ferocidad si es que alguien los confunde con personas de otras denominaciones. Y estoy hablando de creyentes en Jesucristo, eh? No hablo de sectas raras. ¿Usted recuerda cómo oró Jesús?
(Juan 17: 20)= Mas no ruego solamente por estos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, (Quiero avisarle a usted que ese “ellos” que expresa allí, somos usted y yo, entre otros) (21) para que todos sean uno; como tú, oh padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me avisaste.
El mundo no entiende de doctrinas, no entiende de denominaciones, no entiende de iglesia, no entiende de teología; el mundo lo único que ve con claridad, es nuestro modo de caminar la vida. Ahora; si usted pertenece a “su” iglesia, y aquel pertenece a “su” iglesia y yo pertenezco a “mi” iglesia, le pregunto: ¿Cómo va a conocer el mundo que los tres pertenecemos a la Iglesia de Jesucristo y que en Cristo realmente somos una unidad? Lea bien, por favor, el verso 21 y va a comprobar con sus propios ojos, más el entendimiento que seguramente el Espíritu Santo le está dando en este momento, que si nos resistimos a obedecer el mandato que por esta oración se nos da: (“Ser uno con la bendita Trinidad a los fines de que el mundo pueda creer que Dios envió a Jesucristo”) no vamos a conseguir eso que nos esforzamos en buscar mediante campañas evangelísticas costosas, estrategias técnicas y académicas sobre las cuatro verdades o el evangelismo explosivo y, hasta con la antiquísima, tradicional y muy poco eficiente costumbre del reparto de tratados. Porque la solución no está en una dinámica evangelística, la solución está en obedecer, ser UNO, y luego dejar que el Espíritu Santo haga su obra.
(1 Corintios 14: 33)= Pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz. Como en todas las iglesias de los santos.
Si coincidimos con lo que el mundo dice, que los creyentes andamos divididos y confundidos, caeremos en cuenta que no estamos siendo una iglesia de santos, ya que ha sido dicho y declarado que nuestro Dios, no es un Dios de confusión. Las mal llamadas iglesias cristianas que el hombre ha hecho, (Y por favor, entiéndame, no estoy hablando de ninguna en especial) sólo han añadido división y confusión entre los creyentes. Dios no es autor de eso, obviamente. Pero están reflejando esa imagen de Dios ante el mundo. Entonces, ese mundo, que tiene hambre y sed de ese Dios, termina por no querer saber más nada con Él. No porque le parezca insuficiente su Deidad, sino porque no lo ve bien representado por aquellos que dicen ser su iglesia, que es el equivalente a su Asamblea representativa. Es obvio que este es un sutil engaño de Satanás para dividir a la iglesia de Jesucristo, confundir al pueblo de Dios y, por tanto, obrar en contra de la unidad del cuerpo, que es como decir obrar en contra de la voluntad y la oración misma de Jesús. Dígame que nunca lo había visto desde esta óptica. Dios lo bendiga y se glorifique en esta revelación. Ahora ya somos, por lo menos, dos.
(1 Corintios 3: 11)= Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo.
Mire: los constructores del sectarismo erigen sus propias iglesias en completa contradicción con el plan de las sagradas escrituras. Y yo sé que cuando se habla de sectarismo, la gente piensa en determinados grupos, (Algunos muy conocidos, otros no tanto), que de ninguna manera nadie podría jamás confundirlos con grupos cristianos, pero tengo que decirle que no es así. Una cosa es una secta, que en mayor o menor medida, todos sabemos o podemos imaginar de qué se trata, y otra muy diferente, aunque en la esencia sean exactamente lo mismo, son las actitudes sectarias, que no sólo son posibles dentro de algunas iglesias del pueblo de Dios, sino que lamentablemente, son bastante proliferantes. ¡Cuán absurdos son esos inmensos edificios, vanas obras arquitectónicas, que se hacen pasar por “casas de Dios”! Si alguien va y dice que Dios no está allí, es probable que muchos se enojen, así que no habrá otro remedio que volver una vez más a la Biblia.
(Hechos 17: 24)= El Dios que hizo este mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, (25) ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas.
Esto es suficientemente claro como para que a nadie le queden dudas. Fíjese que lo del templo arranca desde David, cuando Natán le profetiza que de su descendencia Dios levantará un templo que vivirá para siempre. Es más que obvio que Natán estaba hablando de Jesús, pero David se cree que tiene que ver con Salomón y, por una orden de Dios que no es tal, manda a Salomón a edificar un templo que Dios jamás había pedido. Luego, tanto por la dedicación de Salomón y por la misericordia que los caracteriza, Dios le santifica ese templo, pero lo cierto es que Él jamás lo había pedido y, mucho menos, ordenado levantar. Muy por el contrario, hay otra visión de templo en Dios y Pablo la da a conocer.
(1 Corintios 3: 16)= ¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?
La única iglesia que Dios está edificando hoy, no se confunda por favor, está constituida por todos aquellos renacidos en espíritu, en cualquier parte del mundo, los cuales han sido limpiados con la sangre de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo. Ellos no necesitan una organización humana para andar como Dios quiere. El Dios Todopoderoso que creó las aves y las plantas, los mares y las montañas, las estrellas y las galaxias, que creó al hombre, ¿No ha de tener poder suficiente para conducir y organizar su propia iglesia? ¡Por supuesto que sí! ¿Es que el hombre pretenderá enseñarle a su Creador cómo administrar su propio cuerpo? ¿Será acaso el hombre, más sabio que Dios?
Es muy fácil, en una época como esta de tantas carencias fuera y dentro de las iglesias, salir a “vender” una nueva denominación, anunciada con bombos y platillos como la final, como la verdadera, como la definitiva, como la más pura, no contaminada con las corrupciones ambientes. Tan fácil que, por estas horas, muchos están embarcados en aventuras de esta naturaleza total, absoluta y sinceramente convencidos que esa y no otra es la voluntad de Dios. Sin embargo, Dios ya plantó las bases de SU iglesia y nadie puede cargarle ninguna responsabilidad si tantos hombres, durante todo este tiempo, han preferido hacer las cosas a su manera y no como Dios dijo que debían hacerse. Una prueba, que no es la única pero que es muy clara, aunque nadie la mencione, es la que tiene que ver con los ministerios de Efesios 4, dados por Dios para madurar a los santos y construir convenientemente el cuerpo y a los que nadie parece prestarle demasiada atención.
Muy por el contrario, el propósito de Dios para sus hijos, es muy diferente al que plantean los hombres que dicen representarlo. El señor no aprueba de manera alguna un espíritu sectario. Pablo da a conocer esa posición de Dios en este texto.
(1 Corintios 1: 10)= Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer.
(11) Porque he sido informado acerca de vosotros, hermanos míos, por los de Cloé, que hay entre vosotros contiendas.
(12) Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo.
(13) ¿Acaso está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿O fuisteis bautizados en el nombre de Pablo?
Yo no sé qué le producen a usted estos versículos, pero se revelan con tanta claridad que solamente la obcecada terquedad de los hombres que deciden hacer lo que a ellos más les conviene y les agrada en lugar de hacer lo que Dios dijo que había que hacer, puede hacer que los dejemos a un lado como hemos venido haciéndolo hasta hoy. Lo cierto es que estos versos no dejan ninguna duda con respecto a los sectarismos, entre los cuales habrá que incluir, porque así es, a las denominaciones. Pregunto: ¿Se necesita mayor prueba que estos versículos para salir ahora mismo de cualquiera de las denominaciones? Y cuidado mi hermano; no estoy diciéndole que se salga de la congregación donde se reúne; no le estoy diciendo que se vaya de la iglesia; sólo le estoy mostrando que usted debería salir de la esclavitud disfrazada de religiosidad de las denominaciones con sus propias doctrinas e interpretaciones privadas de la Biblia, eso le digo. ¿Por qué insistir en dividir a Cristo? ¿Por qué hemos de caminar en direcciones contrarias a los mandatos del Señor sólo porque un grupo de hombres quizás muy bien intencionados, pero hombres al fin, han decidido no respetar la Biblia allí sino introducirle un pequeño “agregado”? ¿Es que acaso no amamos a Dios?
¡¡Pero hermano!! ¿Usted no se da cuenta que si nos salimos de la denominación nos quedamos sin iglesia? Claro que me doy cuenta. Si son dos o tres los que salen, seguro que se quedan fuera de la iglesia. Nadie va a avalar a alguien que reniega de una denominación debajo de cuya cobertura se está congregando. Es lógico que la expulsión inmediata y sin más trámite es lo que ocurrirá con esa persona. Y muy probablemente no se detendrá allí, sino que a esa persona le será muy complicado hacer algo de allí en más, dentro del denominado “ambiente evangélico”, porque el rótulo de “rebelde”, “conflictivo” y hasta hereje comenzará a acompañarlo donde quiera que vaya.
Ahora pregunto: ¿Nadie se va a detener al menos un segundo, a ver si lo que esta persona está haciendo y diciendo, no tiene, por alguna de esas grandes casualidades, alguna base bíblica mucho más consistente que la que históricamente se nos ha enseñado, predicado y adoctrinado hasta hoy? ¿Es que nadie va a decidirse de una vez por todas a leer la Biblia? ¿Es que todos van a q2uedarse con la declaración de principios que esa denominación hizo hace ya muchos años atrás en algún remoto lugar del planeta? ¿Ese será el pueblo de Dios que construirá esa iglesia maravillosa, gloriosa sin mancha y sin arruga? ¿De verdad que usted se cree que será así? ¡¡Pero hermano!! ¡¡Es que no tenemos otra cosa!! ¿Ah, no, eh? ¿Y la Biblia que es? Porque en muchos casos, puedo asegurarle, la Biblia es otra cosa muy diferente a la que están practicando en sus templos.
Las iglesias hechas por hombres son “obras de la carne”, organizaciones humanas que sólo agregan confusión y que, de paso, deshonran el nombre del señor… ¡Estos tiempos modernos! ¿De qué tiempos modernos me habla, hermano? ¡Esto no es nuevo! ¡El diablo viene haciendo esa triquiñuela a favor de las vanidades de los hombres desde hace mucho tiempo! Pablo ya lo sabía, mire:
(1 Corintios 3: 3)= Porque aun sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿No sois carnales y andáis como hombres?
Yo me pregunto si eso no tiene que ver con el mandato de no unirnos en yugo desigual con los incrédulos. ¡No, hermano! ¡Está hablando de la iglesia! ¿Y a usted nos le parece que cualquier iglesia hecha por los hombres no está emparentada con un grupo de hipócritas e incrédulos que andan dando vueltas por allí? Mírelo de este modo: ¿Qué compañerismo puede tener la justicia de los siervos fieles con la injusticia de los hombres soberbios? ¿Qué comunión la luz que emana de los que viven bajo la guía del Espíritu Santo con las tinieblas de los que actuando intelectualmente, están ciegos al mundo del Espíritu? ¿Qué concordia puede haber entre Cristo y Belial? ¿Qué pueden hacer en conjunto un creyente con un incrédulo si el incrédulo no se entrega a Jesucristo? ¿Y qué acuerdo tiene el templo de Dios y los ídolos? Está bien, hermano… Pero nosotros no adoramos ídolos… ¿Ah, no, eh? ¿Y usted sabe bien lo que es un ídolo? Ídolo es todo, (dije TODO) lo que ponemos por delante de Dios. Ahora pregunto: ¿No habrá ninguna congregación, por allí, en algún lugar del planeta, que haya colocado a su doctrina denominacional por delante de la mismísima palabra de Dios? Si la hubiera, pregunto: ¿No es eso idolatría?
(2 Corintios 6: 14)= No os unáis en yugo desigual con los incrédulos: porque, ¿Qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia?
(15) ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo?
(16) ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos. Y seré su Dios. Y ellos serán mi pueblo.
(17) Por lo cual, salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor. Y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré, (18) y seré para vosotros por Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso.
Es notorio que obedecer este simple mandato del Señor, hará agradable nuestro caminar ante sus ojos. Es así de simple. Y cuidado que no se trata de dejar de reunirnos, sino de que las reuniones de los hijos de Dios sean siempre sólo en SU nombre, porque somos antes que cualquier otra cosa, una organización espiritual, no humana, no institucional, aunque debamos funcionar así, producto de su divino amor y gracia, y nada menos que comprados con la sangre de nuestro Señor Jesucristo. Mire como lo dice la Biblia.
(Colosenses 3: 17)= Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.
Preste su atención por un momento. ¿No le resultaría sumamente chocante saber que a Dios no le agrada en absoluto su denominación? Yo creo que cada uno de nosotros, seamos anónimos siervos o renombrados líderes, si hay algo que deseamos por encima de todas las cosas, ese algo, es agradar al Señor. Y si hay algo que durante años se nos ha dicho casi con valor de doctrina, es que Dios no sólo se gloría en nuestra denominación sino que, incluso, ha enviado palabra muchísimas veces para hacernos saber que estamos en la senda correcta y en la verdad completa.
Entonces que ahora yo salga a decirle a usted que a Dios no le gusta para nada su denominación, tanto por lo que hacen como por lo que creen y de la manera en que lo creen, es algo que usted seguramente no va a poder digerir así como así y que, si vamos a ser honestos, lo va a llevar a usted a pensar que en verdad soy yo el que tiene o debe tener algún problema y que, seguramente, debo estar sangrando por alguna vieja herida de algún resentimiento con ciertas autoridades de alguna denominación en particular. Sin embargo, y aunque por allí le cueste un poco de trabajo creerlo, tendré que asegurarle que no es así, que la Biblia está llena de enseñanzas en esa dirección, pero no hay caso: tiene que verlo usted mismo con sus propios ojos espirituales.
(Jeremías 17: 9)= Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿Quién lo conocerá?
En verdad, todas las denominaciones tienen apariencia de piedad, que usted ya sabe no es lástima ni compasión, sino espiritualidad. Pero en realidad, en el fondo, constituyen una sutileza del diablo preparada y armada para dividir a los hijos de Dios. Enójese conmigo si quiere; sé que esto no debe caerle nada bien. Pero le ruego que me explique una sola cosa: ¿Por qué será que si toda la Biblia habla de LA iglesia del Señor, de LA iglesia de Jesucristo, de LA iglesia de Dios, por qué nosotros seguimos hablando de LAS iglesias, no sólo entendiendo sino también justificando y aprobando estas divisiones? La escritura debe leerse, creerse y practicarse de manera completa, de otro modo jamás podrás probar su verdad. Sólo si prueba usted todas las cosas en las sagradas escrituras, entonces conocerá la verdad y, como dice la Palabra, la Verdad os hará libres.
Para conocer la voluntad preciosa de Dios, sólo se requiere tener un corazón humilde ante su Palabra. Por último, ¿No quisiera usted andar agradando al Señor de la forma como Él lo ha dispuesto? Pues bien, a partir de hoy, usted tiene la oportunidad. Quédese afuera de las denominaciones. Reitero una vez más: no le estoy diciendo que se vaya de su congregación, le estoy diciendo que en todas aquellas cosas en las que su congregación, cualquiera que sea, le de más valor e importancia a una declaración de principios firmada por ancianos notables fundadores de esa iglesia, que a lo que respecto al mismo tema dice la Biblia, allí no se sume, sea capaz de decir: ¡No! ¡Me es menester obedecer a Dios antes que a los hombres! Sé que podrán rotularlo de conflictivo, de rebelde, de insujeto y hasta de hereje. Pero tenga en cuenta algo: mientras usted esté cumpliendo con lo que la voluntad de Dios ha dejado escrito en su palabra, usted estará en el camino correcto. Sin pelearse con nadie y sin ofender ni humillar a nadie. Haciendo lo que usted sabe que es la verdad, siento auténticamente libre. Si se le entiende, amén, gloria a Dios y aleluya por sus hermanos que han visto abrirse sus ojos espirituales. Si no le entienden y desean que usted los deje porque su presencia les fastidia, aléjese, no sea cosa que lo que Dios tiene preparado para esa desobediencia le pegue de rebote por el simple hecho de haberle dicho: ¡Bienvenido! a ese mensaje.