Estudios » Crecimiento

El Principio de la Sabiduría

No sé si será por razones de edad o por todo lo que a veces intentamos hacer en beneficio del Reino de Dios y su Justicia, pero lo cierto es que cuando oímos o leemos respecto a la palabra Sabiduría, es como si una pequeña voz de alerta sonara en nuestro interior. ¿Quién se resistiría a ser o al menos a considerarse sabio? No lo sé. Lo que sí sé, es que en algún momento de mi vida cayó en mis manos algo para leer y, después de haberlo hecho, indefectiblemente jamás pude volver a ser el mismo que era antes. Lo primero que había, era uno de los hermosos relatos de Salomón llamados proverbios. Y dice el Proverbios 9: 10) = El temor de Jehová es el principio de la sabiduría, Y el conocimiento del Santísimo es la inteligencia. 

De hecho, cuando lo leemos, una especie de campanilla invisible tintinea en nuestro cerebro, justo en ese sitio preparado para funcionar como alarma. Y enseguida llega la conclusión. Si hay algo que parece faltar en la iglesia cristiana de hoy, es ese “temor de Jehová”. Estamos seguros que los ángeles y hasta los demonios se asombran de nuestra falta de temor, que en realidad no es miedo, sino reverencia hacia Dios. La Biblia dice en la carta de Santiago y en su segundo capítulo:  Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan. 

De todos los engaños de que Satanás se ha valido a través de las edades desde el Huerto del Edén, el hacer que los hombres crean que no hay que temer a Dios ha sido el más efectivo. Cuando Satanás dijo a Eva: No morirás, en Génesis 3, le estaba diciendo: “No tienes que temer a Dios, que él no cumplirá sus amenazas: no morirás”. ¡Cuántas veces caemos en la misma trampa hoy día! ¿Quieres beber? ¡Bebe tranquilo1 ¡Emborráchate y celebra lo que te venga en ganas! Dios no te hará nada si bebes lo que quieras. Y tampoco si estafas a algún ingenuo. Dios te dice eso para asustarte…

De cierta manera tenemos el concepto de que Dios es un papacito que tenemos en el cielo y que nunca le niega nada a sus hijos. Se nos enseñan infinidad de maneras de demandar de Dios toda suerte de cosas. Un sinfín de predicadores nos dice que si oramos o pedimos de cierta forma, a Dios no le queda otro remedio que darnos lo que pedimos. ¿Qué ha pasado con la temerosa reverencia de los grandes hombres de Dios cuyo reverente temor de Dios ha resonado a través de las páginas de la Biblia lo mismo en el Nuevo que en el Antiguo Testamento? Lo hacen sonar a cosa tan antigua que, imagínate, la gente joven se resiste con toda la lógica natural del planeta a imitarlo. Para esa gente, Dios es una especie de oso de peluche. Yo te pido, tú me das. Yo disfruto. Tú me cuidas. Eso es una bofetada al santo rostro de Dios.

Hace un tiempo, mientras oraba al Padre sobre cierta persona, Él me dijo algo extraordinario. Me dijo: “No caigas en el error de pensar que tengo las mismas débiles emociones de los humanos. No tengo debilidades ni experimento las emociones que orgullosamente me atribuyen. Tienes que fijarte en las palabras de Isaías:” Allí me mandó, a Isaías 55:8. Y leí: Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos. Este es el error que más caro ha paga do muchísima gente que se definía a sí misma como cristiana: creer que Dios es a imagen del hombre, cuando sus biblias dicen que es a la inversa: el hombre es a imagen de Dios. Y créeme que no es lo mismo.

 

El Señor prosiguió y me dijo: “Ustedes siempre están muy preocupados por los sentimientos. Vacilan en hablar de mi Palabra por miedo a ofender. Te digo la verdad. No importa cuantas lágrimas se derramen ni cuantas angustiadas peticiones de misericordia hagan, ¡Ni una sola persona va a entrar al cielo, excepto a través de mi Hijo Jesucristo! Creo que más claro y hasta rústico, imposible, ¿Verdad? El evangelio no acepta by-pass, que es procurar llegar a un objetivo por una ruta que no es la visible, dando un rodeo por los alrededores. El evangelio es concreto y contundente. No es su culpa si los hombres suponen que son más inteligentes que el Dios que los creó. Y concluyendo, dijo: “Los humanos siempre están tratando de mantenerse en paz con todo el mundo en circunstancias que mi Hijo declaró:”

(Mateo 10: 34) = No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada. (35) Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; (36) y los enemigos del hombre serán los de su casa. El Padre luego me explicó que por cuanto fuimos creados a Su imagen somos capaces de experimentar la amplia gama de emociones que experimentamos. Sin embargo, Su propósito nunca fue que sintiéramos otra cosa que amor hacia Él (Y por lo tanto hacia los demás), y el gozo de estar en Su Presencia. Las demás emociones han surgido a causa de nuestra caída en el pecado.

Aun nuestra compasión está distorsionada por el pecado. Tratamos de evitar que la gente se sienta mal cuando esa es la única manera que se acerquen al Señor y comprendan su necesidad de un Salvador. Pregúntate esto: ¿A qué pastor, por citar un liderazgo conocido y visible, has oído predicar alguna vez que es necesario sufrir para encontrar de verdad a Cristo? Yo, a ninguno. La mayoría de los que he oído, me aseguran que una vez que me convierta, viviré una vida de permanente alegría, de celebraciones y de fiesta continuada. Todavía no alcanzo a determinar de qué Biblia sacaron esa barbaridad. De la que yo tengo ahora en mis manos, seguramente que no. Y todas tienen la misma base, independientemente de la versión que sea.

No queremos disciplinar a nuestros hijos porque no queremos disgustarlos y que nos causen más dificultades todavía. O que se sientan ofendidos o molestos y nos abandonen. Del mismo modo, nos resistimos a decirle a la gente cómo son las cosas reales en el funcionamiento operativo del Reino porque tenemos temor que se resistan y nos abandonen. En orden más general, creemos poder vivir una vida que sacie nuestros deseos pecaminosos y todavía recibir recompensa en el cielo. Pensamos así porque damos por sentado que Dios tiene las mismas emociones que experimentamos. No tememos al Señor porque no tenemos idea de su poder y grandeza. ¡Cuántas advertencias hay en la Biblia!

Por eso es muy importante no solamente leer la carta a los Hebreos, sino examinarla como corresponde. Para eso fue escrita, no para que nosotros nos pasemos el rato leyendo sin entenderla. En el capítulo 10, el autor nos recomienda: no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca. Quiero ser claro, porque por años este texto fue interpretado conforme a los rudimentos establecidos y las tradiciones incorporadas. Congregarse no es sinónimo de asistir a un templo. Congregarse es reunirse con aquellos que están en un mismo sentir y, esencialmente, en un mismo espíritu. Donde hay dos o más de dos reunidos en Su nombre, ¿Recuerdas? Eso.

Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios. Obvio, porque cuando pecamos por ignorancia o, incluso hasta por debilidad, pero con dolor, el resultado es uno. Pero cuando pecamos a sabiendas porque hemos accedido a la verdad, el resultado deberá ser inequívocamente otro. Por eso lo que sigue dice así:  El que viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos o de tres testigos muere irremisiblemente. Juicio, sentencia y ejecución. Parece demasiado duro, ¿Verdad? Lo siento, la justicia genuina siempre suena a dura cuando se la ejercer en conjunto con esa justicia permisiva y hasta cómplice. Eso no es Dios, lo lamento.

Y luego reflexiona así: ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia? Claro; dicho así, parecería inconcebible que alguien se atreviera lo que se dice, ¿Verdad? Sin embargo, y en las pequeñas cosas que viven las personas y también las que congregan en algún templo, suceden muchos pormenores que llevan, en algún momento, a tener actitudes que, si las analizas con cuidado, podrás comprobar que son sencillamente un grosero avance sobre la autoridad del Señor. Si esto no es pisotearlo, no sé de lo que estoy hablando. Por eso es que el autor añade lo que sigue:

Pues conocemos al que dijo: Mía es la venganza, yo daré el pago, dice el Señor. Y otra vez: El Señor juzgará a su pueblo. ¿Entonces deberemos creer en aquella doctrina de un Dios vengativo? No. Porque no te está diciendo que Él s vengará o te vengará si eres ofendido. Te está diciendo que tú no deberás hacerlo, y que tendrás que confiar y dejarle el pago que corresponda a quien sea, a Él. El habrá de pagar conforme al deudor. No toda la gente que ofende o hiere a alguien es mala o perversa. La oportunidad del arrepentimiento y el perdón no se le puede negar a nadie que desee hacerlo. De todos modos, el autor le añade su propia opinó respecto al nivel de la justicia divina cuando escribe: ¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo! De hecho, está hablando del soberbio que no acepta ni opta por el arrepentimiento.

De todos modos, la gran pregunta, es: ¿Cómo nos atrevemos a pensar que podemos decir “la oración del pecador” y después seguir pecando? ¿Cómo nos atrevemos a decir que vamos al cielo y seguir viviendo en pecado? ¿Cuántos que se llaman “cristianos” mienten, roban, engañan, coquetean con el ocultismo y un sinfín de otros pecados, y luego se creen que al final van al cielo? Frente a este pasaje, ¿Cuántas de tales acciones pueden justificarse?: El Señor juzgará a su pueblo. ¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo! ¡Esto fue escrito para cristianos! ¿Creemos acaso que nuestro Padre Celestial es tan débil que gozosamente nos va a recibir en el cielo sin que le importe lo que hagamos?

Es imperativo que se entienda que, cada vez que pecamos “voluntariamente” después de haber recibido a Jesús como nuestro Salvador, ¡Estamos despreciando el horrible sacrificio que Jesús hizo en el Calvario! ¿Nos atrevemos a pensar que el Padre va a pasar por alto tales cosas? Algo estoy en condiciones de asegurarte sin que por eso me adjudique autoridad para juzgar ¡JAMAS! ¿Acaso es un Dios malo y por eso no acepta errores? No, ya quedó dicho y escrito; nuestro Dios es justo, pero con una justicia que aquí en la tierra desconocemos. Y esto dicho con el mayor de los respetos por todos los componentes del llamado Poder Judicial de cualquier país. Un juez veterano me dijo una vez que ellos no administraban justicia, sino leyes. Por eso es que Pablo se pregunta cuando le escribe a los Romanos:

¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? Es absolutamente inconducente pensar así, por eso Pablo lo dice casi utilizando cierta ironía, pero sólo hay un problema: son muchos los cristianos que, aparentemente, han optado por entenderlo de ese modo. Al menos si se observa sus comportamientos y conductas. Santiago lo aclara y lo pone blanco sobre negro como para que nadie se haga el distraído cuando dice: y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado. Así es que, por ejemplo, tú sabes que debes estudiar la palabra de Dios todos los días. ¡Si no lo haces, estás rechazando el alimento que Dios te ha entregado y, de alguna manera, estás pecando!

Tú sabes, también, que Dios ha ordenado que vamos hasta el fin del mundo proclamando el maravilloso medio de salvación a través de Jesucristo. ¡Si no lo hacemos estamos pecando! Sabes que el Señor nos ha ordenado amar a nuestro prójimo y tomar el poder y la autoridad que nos dio Jesucristo para expulsar demonios. Si tú no haces lo que el Señor ordena, ¡Estás pecando! La palabra de Dios nos manda llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo. Si tú no lo haces, ¡Está pecando! Y si estás pecando, estás teniendo a menos el sacrificio que hizo Jesucristo. ¿Crees que Dios Padre va a pasar por alto nuestros continuos e impenitentes pecados sólo porque somos “cristianos”? ¡Ni se te ocurra! El infierno se va a llenar de gente con ese pensamiento…

Es inapelable. Por eso Hebreos 10:30 vuelve a consignar: Pues conocemos al que dijo: Mía es la venganza, yo daré el pago, dice el Señor. Y otra vez: El Señor juzgará a su pueblo. Calma. No tienes que esforzarte para que quienes comparten tu vida, tanto la familiar como la eclesiástica, sepan cómo eres o cuánto vale. Lo que sí debes saber es esto que terminas de escuchar: el Señor juzgará a su pueblo. Con eso deberías quedarte absolutamente tranquilo y confiar en ese juicio infalible. De todos modos, para los que procuran evadir ese juicio y conducirse por la suyas con mecánica terrenal, Pablo les escribe a los Gálatas y les dice: No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Y lo más importante: ¡Nota que no hace ninguna excepción con los cristianos!!

Entonces llegamos al punto en el que el autor de Hebreos delinea cuando en el capítulo 6 de la carta y en los versos que van del 4 al 8, dice: Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio. Porque la tierra que bebe la lluvia que muchas veces cae sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos por los cuales es labrada, recibe bendición de Dios; pero la que produce espinos y abrojos es reprobada, está próxima a ser maldecida, y su fin es el ser quemada. 

Líder… A ver… Pongamos las cosas en orden y examinemos todo a corazón abierto. Te pregunto: ¿Estás participando secretamente en algo que sabes que es pecado? ¡Porque si es así, estás en peligro de caer bajo la maldición de Dios! Entiende la palabra de manera correcta. Lo que te dice es que Dios no tendrá argumentos o no querrá hablar bien de ti, sino todo lo contrario. Dirá mal. Eso es maldecir, no hacerte un conjuro o un hechizo para que te seques y te mueras. Eso no es Dios, eso es maldición, es verdad, pero de brujería.  ¿Soy claro? Cristiano, ¿Te resistes a dejar fuera de tu vida ese pecado sobre el cual el Espíritu Santo te ha estado haciendo sentir convicción?

¡Si es así, también estás expuesto a caer bajo maldición! Aunque solamente ocupes una humilde banca en tu iglesia. Las credenciales denominacionales sólo son útiles para ascender dentro de la estructura o para evitar cuestionamientos internos. Pero a los ojos del Dios Todopoderoso, una credencial de plástico que diga pomposidades no es nada más que material de descarte. Y para colmo, como todo plástico, difícilmente reciclable y portador de malas nuevas para el medio ambiente y la vida ecológica del planeta. Pero no se termina allí. Estás tú, que has salido del ocultismo, ¿Acaricias la idea de hacer solo “un encantamiento más” para escapar de una circunstancia sobre la que Dios no te ha respondido? Si es así, has crucificado de nuevo a Jesús y lo has expuesto a vituperio. ¡Está en peligro de caer en maldición!

Filipenses 2: 12) = Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, (13) porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.

Este pasaje ha sido utilizado de manera errónea, para justificar doctrinas que enseñan que la salvación una vez obtenida, puede perderse. Y lo argumentan repitiendo algo que no es lo que aquí dice, sino lo que ellos pretenden que diga. Dicen que, si tenemos que ocuparnos de nuestra salvación con temor y temblor, es porque podemos perderla si hacemos algo indebido. Sólo un problema y no es menor. No te está diciendo que te ocupes DE tu salvación con temor y temblor, sino EN ella. Y ocuparte DE tu casa, es cuidarla y protegerla, pero ocuparte EN tu casa, es barrer, limpiar o hacer trabajos diversos en su interior. Que se aprenda, por favor; no hay nada más grave en el evangelio que la ignorancia. Que no es insulto ni desprecio, sino resultado de falta de conocimiento, que es intimidad con Cristo.

Nuestro maravilloso Dios nos deleita en tener comunión con Su pueblo, pero nuestra falta de reverencia ante Él se lo impide la mayoría de las veces. El Espíritu Santo está dispuesto y ansioso por ayudarnos a querer hacer la voluntad de Dios. Pero lo contristamos y se lo impedimos aferrándonos a esos deseos pecaminosos que acariciamos. Somos bien transigentes con nosotros mismos y nos excusamos diciendo: que es normal que cualquiera resbale de vez en cuando, y que “lleva tiempo deshacernos de los pecados”. Nos aferramos a nuestro orgullo y no permitimos que Dios nos haga humildes. ¡Siempre nos estamos engañando y engañando a los demás! En ninguna parte de la Biblia Dios da cabida al pecado o a los “resbalones”.

Sí se nos dice que, si pecamos por debilidad de la carne o ignorancia, tenemos a un abogado llamado Jesucristo que nos defiende, pero eso es si caemos sin darnos cuenta. Cuando lo sabemos un minuto antes, cuando estamos conscientes de pecar, entonces no nos cabe esa defensa. O tomamos con seriedad, con extrema seriedad, nuestra consagración al Señor, o vamos rumbo al infierno, aunque sigamos convencidos que vamos al cielo. Tan simple como eso. Oremos fervientemente que el Señor nos revele algo de su grandeza y ponga en nosotros el santo temor hacia Él que tanto merece. Y no estamos hablando de miedo a Dios, estamos hablando de un temor que más que temor, es reverencia.

Comentarios o consultas a tiempodevictoria@yahoo.com.ar

octubre 13, 2024 Néstor Martínez