Un día, para Dios, son como mil años y mil años como un día. Lo dice Salmos, creo que el 90, y lo dice Pedro también. Entendemos que Dios trabaja fuera del tiempo, no adentro. Dios es eterno y en la eternidad no existe el tiempo, es decir que pasado, presente y futuro, es todo a la misma vez. El tiempo del Espíritu, es diferente.
La palabra dice que en el tercer día Él va a levantar a su iglesia. Es decir que han pasado dos mil años desde que Cristo ascendió y estamos comenzando el tercer día, proféticamente hablando. Es el séptimo día desde Adán o el tercer día desde Cristo. Eso es muy significativo para el cumplimiento de los tiempos finales porque toda la fiesta del Tabernáculo y todo eso, tiene que ver con el mes siete y el día tres; es muy importante.
Ambas cosas son la tipología de lo que está sucediendo hoy en la iglesia. El tiempo no me da para explicarle aquí lo que es tipología y lo que es del Antiguo Testamento y lo que es la fiesta del Tabernáculo que empieza con la aflicción del alma, por eso todo el mundo está corriendo. Primero las trompetas, y luego la aflicción del alma. Cuando el alma comienza a afligirse, la gente comienza a correr porque no quieren que nadie los aflija. Entonces buscan lo que es cómodo y a eso le llaman “un mover de Dios”. La reforma, la restauración, no es cómoda, pero no tema: sí es de Dios.
En el tercer día, la palabra nos dice por Esdras, que cuando los sacerdotes vieron que se estaban tirando los cimientos de la casa; (Claro, este es el tiempo de Zorobabel), aquellos que habían visto la primera gloria, comenzaron a llorar, ¿Recuerda? Y los nuevos, los que no habían visto el templo de Salomón, estaban regocijándose de que los cimientos de la casa se estaban tirando.
Ahora claro; los antiguos, los del viejo mover, habían visto la primera gloria, esto es: el templo de Salomón en todo su apogeo (Hoy costaría unos diez millones de dólares, así que se podrá imaginar lo que era para aquel tiempo). La palabra claramente dice que no habrá uno ni antes ni después como ese. Una gloria tremenda. Pero la misma palabra nos promete que la gloria postrera será mayor.
Yo creo que la gente se está equivocando, porque anda buscando la gloria en una terminología que no existe en este momento. La tipología de la gloria postrera, en la palabra; si Salomón tiene la tipología de la primera gloria, Zorobabel tiene la tipología de la segunda gloria; la reconstrucción, la reforma de la iglesia.
Cuando Salomón construye su templo, todos los materiales les llegan de regalo. Y produjo una gloria externa. To0do estaba cubierto por oro. Algo tremendo, majestuoso, impresionante. Era algo que se podía ver, algo que la gente venía a ver.
Para el tiempo de Zorobabel, nadie le regaló nada. Tuvo que ir a buscar cada pedazo de madera al monte. Tuvo que pagar un precio. El primer principio que le quiero dar es el siguiente: aquello que produce la gloria postrera, no son los mismos materiales que producen la gloria primera.
Lo que va a ser glorioso en el último templo, es que Dios va a morar en él, porque es apto para que Dios more. El de Salomón no era apto, porque la piedra (Que representa al hombre) estaba cubierta por oro porque la piedra no era apta para que el hombre la ubicara allí, pero ahora sí estamos.
Es decir que, la gloria de la casa postrera, va a ser una cosa interna, no externa. Claro, toda calidad interna va a producir algo externo, que se vea. Pero el énfasis es en calidad, no en numerología. Recuerde que Dios siempre termina en su Biblia, hablando del remanente. Ahora entendemos por qué.
Claro; nosotros, teniendo treinta, cuarenta o cincuenta años, solamente conocemos los últimos años del segundo día. Y vimos al segundo día en todo su apogeo; las grandes campañas, sanidades, sillas de ruedas vacías, estadios llenos de gente. Pero estamos hablando de la plenitud del segundo día; le echamos un vistazo a las últimas horas de mil años. Es decir que lo que presenciamos ha sido producto de mil años de trabajo. De cien años de trabajo. Las últimas horas del Pentecostés fueron gloriosas.
Dios dice que la gloria del tercer día será mayor, pero estamos en las primeras horas del tercer día. El texto de la palabra dice: No menosprecies el día de las pequeñeces. Claro; es pequeño el tercer día, pero son las primeras horas. Dele diez años al tercer día y rebaje los mil años del segundo.
A veces, cuando vemos las pequeñeces, nos desanimamos, pero entendemos que es la pequeñez del tercer día. Sigue siendo el tercer día. Por más pequeño que sea, el tercer día sigue siendo más grande que el segundo. Imagínese diez años de esto. ¿Qué no podrá producir un creyente con el conocimiento y el calibre interno de lo que se está produciendo?
Ahí es cuando la gente, que ve que no se está haciendo lo mismo, nos dice que estamos en otra. Que no estamos en el mover de Dios. No se han dado cuenta que el mover carismático ya pasó. Claro; nadie sabe cuándo se acaba algo porque seguimos montados dentro de al inercia, pero ya se acabó. Estamos viviendo de lo que queda en el tallo, pero se acabó.
(Isaías 43: 18)= No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas.
(19) He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿No la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad.
(20) Las fieras del campo me honrarán, los chacales y los pollos del avestruz; porque daré aguas en el desierto, ríos en la soledad, para que beba mi pueblo, mi escogido.
Aquí, para que beba mi pueblo escogido es el propósito por el cual hay cambio. El cambio es para que el pueblo beba. El agua es esencial para la vida. Estoy haciendo todo para que el pueblo tenga agua que beber.
Pero note que el agua ya no se encuentra donde se encontraba. Que ahora, para encontrar el agua, hay que ir al desierto. Porque él puso el agua en medio de la soledad, en medio del desierto. No es normal que la gente vaya a buscar agua al medio del desierto. Pero ahora, en el día en que está haciendo una cosa nueva, ahí la puso.
Un ejemplo práctico: cuando usted se sentía mal, buscaba agua en una imposición de manos y una oración. Y él le está diciendo, ahora, que el agua ya no está allí Tenía que salir a buscarla al desierto. La vacuna, ahora, viene con el mensaje.
Cuando Jesús estaba en la cruz, el sacerdote entró en el templo, como siempre, y sacrificó el cordero, pero ese día no pasó nada. Siempre ocurría algo cuando se derramaba la sangre. O temblaba el templo, o había luz, o salía humo, algo sucedía para que fuera señal que el sacerdote interpretaba como consecuencia de la expiación. Pero ese año no pasó nada. ¿Sabe usted por qué? Porque ya era otro día…
Cuando Dios se mueve, Él le deja a usted la infraestructura, pero Él se va. Y si usted sigue por inercia, porque ya que viene así que va a cambiar, entonces usted se queda trabajando en la estructura y ni cuenta se dio que Dios ya no está.
Y asimismo la iglesia cristiana: sigue trabajando en cosas en las que Dios ya no está. Pasó en una época y las bendijo. Siguen siendo buenas y siguen siendo de Dios, eso no está en discusión, pero Él ya no hace énfasis en ellas. Pero la iglesia sí lo hace. Y anda haciendo cosas que siguen siendo de Dios, pero que no son ni conforman la voluntad y el propósito de Dios para este tiempo.
Las oraciones que le traían respuesta a veces casi inmediatas, han cambiado. El agua que antes le llegaba por oración, ahora le llega por diferente vocabulario. Diferente postura de oración. La misma oración no construye el mismo poder.
Las canciones cambiaron, el agua ya no está en ciertos cantantes. El agua ya no está en ciertos conjuntos. El agua, ahora, está en el desierto. Usted tiene que averiguar cuál es el desierto. Es decir: hay un cambio de posición.
Mucha gente habla de la fraseología del cambio, pero no está viviendo la posición del cambio. Muchas iglesias, hoy día, están hablando del mover apostólico porque saben lo suficiente como para decir: “Si no hablamos de eso, se nos va la gente” Pero están hablando del mover apostólico desde una posición pentecostal. Todavía viven en el segundo día y ya están en el tercero. Están suministrando nada más que información de algo que en realidad no poseen. No hay impartición, sólo información. La información no cambia a nadie, sino el humanismo lo hubiera hecho hace tiempo. Tiene que haber impartición y la impartición viene por la vida producida por el entendimiento.
Uno de los aspectos más fuertes de la reforma es la purificación de la iglesia. No todo lo que hay en el mundo que se llama iglesia es iglesia, sépalo aunque duela. Una gran parte de lo que llamamos iglesia está errada, es desobediente. Muchos aspectos de la iglesia necesitan ser elevados y juzgados por Dios. Hay sectores de la iglesia que son meramente sectas.
Hay partes de la iglesia que saben que están en desobediencia, saben que están mal y no tienen ningún plan de cambiar. Es de lamentar por el pueblo que ha sido enseñado a no desarraigarse de sus líderes porque se los considera descarriados. Son leales a hombres en lugar de ser leales a Dios. Hay gente que ha escogido no obedecer a Dios porque el escoger obedecer a Dios les haría perder el sustento personal. Esta es una palabra apostólica. Y la palabra apostólica tiene como objeto no perder de vista los fundamentos reales de la iglesia. Criticándola si es necesario. Por ese mismo motivo es que no es una voz popular.
Malaquías trata con asuntos de purificación de la iglesia. No vamos a leer el libro aquí y ahora. Se lo voy a asignar como tarea personal para su casa. Que usted lea todo el libro de Malaquías sin refunfuñar cuando pase por donde está el texto referente al diezmo, aunque sea por primera vez en su vida.
Habla de los asuntos de la iglesia. Dios intenta, -según se habla en el libro de Malaquías-, purificar su iglesia y su culto de alabanza y su pueblo. No está reformando la tierra, sino la iglesia. El juicio no es mundano, es eclesiástico.
(Malaquías 1: 1)= Profecía de la palabra de Jehová contra Israel, por medio de Malaquías. (Veamos: ¿Contra quién es la profecía? Contra Israel. Punto. No se discute más. Es contra la iglesia, no contra el mundo).
(2) Yo os he amado, dice Jehová; y dijisteis: ¿En qué nos amaste? ¿No era Esaú hermano de Jacob? Dice Jehová. Y amé a Jacob, (3) y a Esaú aborrecí, y convertí sus montes en desolación, y abandoné su heredad para los chacales del desierto.
Note usted que lo primero que ve es un movimiento de reforma. Es que estamos siendo confrontados con una separación de valores en una misma familia. Es Dios escogiendo a un hermano sobre otro en una misma familia. Dos hijos de un mismo padre, y hay una separación. Dios lo hace.
La primera confrontación, es: no todos somos iguales. Dios llega a la iglesia y dice: “A este amé y a este no”. Los dos, hijos de un mismo padre, primer verso.
(Verso 7)= En que ofrecéis sobre mi altar pan inmundo. Y dijisteis: ¿En qué te hemos deshonrado? En que pensáis que la mesa de Jehová es despreciable.
(8) Y cuando ofrecéis el animal ciego para el sacrificio, ¿No es malo? Asimismo cuando ofrecéis el cojo o el enfermo, ¿No es malo? Preséntalo, pues, a tu príncipe; ¿Acaso se agradará de ti, o le serás acepto? Dice Jehová de los ejércitos.
Note, aquí, que otra cosa que no debemos hacer es un servicio de adoración corrupto, gente entregando sacrificios ciegos, con manchas o de una calidad inferior a la que se debe. O sea: están prometiendo, están ofreciendo ofrendas de una calidad transigente. No tienen compromiso con dar lo mejor a Dios.
De acuerdo con la ley, ellos estaban teniendo sus servicios eclesiásticos correctamente. La iglesia, por fuera, se veía bien. Estaban trayendo su sacrificio normalmente. Todo el mundo estaba adorando a Dios. Se dice lo que se debe decir, las canciones son las correctas, pero la presentación de esa canción, en el interior de esa persona, no estaba siendo ofrecida con un corazón entero. Estaban produciendo menos de lo que estaban en condiciones de dar. Y Dios le llama a eso, un servicio corrupto.
Si el cántico me sustituye la adoración, ya no es adoración. El cántico sólo puede, sólo debe acentuar la adoración que es algo que emana de nuestro ser. Pero si eso que emana de nuestro ser no es del calibre correcto, todo lo que ponemos por fuera para adornarlo, es una sustitución; y es corrupto; es corrupción, no le busque la vuelta que no la tiene. Estamos purificando la casa.
Podemos tener tremenda orquesta ahí en el frente y ser reconocidos como la iglesia que tiene la mejor alabanza, y sin embargo no tener ninguna. Eso pasa mucho entre los jóvenes; están tan contentos de estar allí arriba, tocando, haciendo música, a veces muy buena música, que de pronto se les olvida adorar a Dios. ¿Qué? Sí, no se asombre, sucede muy a menudo. Demasiado para mi gusto. Se están ofreciendo corderos ciegos. ¿No habrá corderos con buena vista?
Es decir que la demanda de Dios, aquí en el verso 7, es: dame calidad. Eso que usted ofrece, démelo con calibre. ¿Se da cuenta? El servicio está funcionando. Por fuera todo se ve bien. El que no tiene discernimiento no se da cuenta porque está no amando a Jacob o no amando a Esaú, cuando todos están cantando.
La calidad espiritual de lo que muchas veces produce la iglesia, no agrada a Dios. Esto implica que la deficiencia que demanda la reforma no se puede discernir con el ojo desnudo, está más allá. Entonces mucha gente no entiende qué le pasa a su iglesia. Porque lo que está corrupto, va mucho más allá del ojo desnudo. Es el misterio de iniquidad. Misterio significa que opera más allá de su habilidad de percibir.
No se puede detectar la enfermedad, la eficiencia, con el ojo natural. Pero sin embargo el cordero está enfermo, está cojo, está ciego.
La alabanza no es un sonido externo, sino una calidad interna de relación con Dios. Usted puede cantar precioso, pero si su matrimonio está destrozado, eso no es alabanza. Porque alabanza es su vida. Tenemos a un montón de gente cantando en la iglesia con una vida destrozada. Que necesita consejería veinticinco horas en la semana. Estamos ofreciendo corderos ciegos. La reforma es el calibre de existencia de la gente.
Usted no me puede hablar de reforma y andar por allí sin pagar sus cuentas. La reforma es el cambio de la calidad de vida de la iglesia y la iglesia es usted. No la infraestructura o el orden de un culto. Eso lo incluye, pero lo que tiene que cambiar es la mentalidad de la gente.
Gente que no le está ofreciendo a Dios el valor o la comprensión de quiénes somos; no existen cuando estamos cantando. Lo que da unción en una canción de alabanza, es el entendimiento que usted posee de quién es y qué está haciendo delante de Dios.
Cuando uno canta con convicción y levanta una mano, hasta a capella baja el cielo. En el momento en que usted levanta sus manos y entiende que son manos santas, porque están reconocidas en el mundo del espíritu como manos santas y usted entiende que es así, y además no hay nada en su mente que juzgue, que cancele que ya sean santas, se mueve el cielo. Ahora, si su mente lo juzga, es que el diablo lo está atacando, lo que quiere significar que todavía no está usted allí.
(Verso 14)= Maldito el que engaña, el que teniendo machos en su rebaño, promete, y sacrifica a Jehová lo dañado. Porque yo soy gran rey, dice Jehová de los ejércitos, y mi nombre es temible entre las naciones.
Note claramente que tenemos el recurso. Lo tiene allí, en el rebaño. Esta es gente que ha estado sentada delante de la palabra como para absorber suficiente revelación para proveer un cierto nivel de entendimiento, pero viven una vida por debajo del nivel de entendimiento que poseen. Es como si aquí le habláramos de las relaciones, le enseñáramos cuales son las malas y cuales son las buenas y usted, ni bien finalizada esta lectura, cierra la carpeta o apaga su computadora y se va derecho a relacionarse con las malas.
Es decir que vienen cerca, porque han comenzado a oír. Lo oyen, lo escuchan, pero no hacen cambios, no hacen decisión de cambio. Le puedo describir todo lo que es una iglesia que no va para ninguna parte, entonces usted cae en la cuenta que se parece demasiado a la suya. Cuidado; no a la que usted va, ¡A la que usted pastorea! Entonces toma nota de estas enseñanzas, versículo por versículo; los vuelve a leer y vuelve a comparar las tipologías; el Espíritu le dice que sí, que es así, que a esto Dios se lo ha revelado hoy día para darle madurez. Pero mañana vuelve a su congregación y sigue siendo fiel a todo lo que se estaba haciendo mal. Ninguna intención de cambio; sólo entra a una página nueva de Internet para leer algo diferente.
Dice Dios: estoy reformándola. Estoy dividiendo entre Esaú y Jacob. A Jacob amé, y al otro menosprecié. Es decir: sacrificio de una calidad inferior. Hoy, los recursos existen, pero no están siendo aprovechados al máximo; la gente tiene la información necesaria, pero no estudia lo suficiente. No dejan que estas cosas se conviertan en Rema en su vida. No estamos dejando que se manifieste en nosotros como palabra encarnada.
Él dice: Mi nombre es grande ante las naciones. Note que su nombre está ligado directamente con la calidad del servicio de la iglesia. Es decir que para que su nombre sea grande en las naciones, su iglesia tiene que ser cabal y representarlo como se debe y como Él debe ser representado. No es un cualquiera. ¡¡Es Dios!!
Sucede lo mismo que con las revelaciones. “- ¡Señor! ¡Revélame! –“ ¿Y qué está usted haciendo para recibir revelación? “- ¡Ah! ¡Estoy orando, hermano! –“ Aja… ¿Y qué más? “- ¡También estoy ayunando…! –“ ¡Perfecto! ¿Y qué más? “- Bueno… Tengo paciencia… Pienso esperar todo lo que Dios desee que espere para recibir revelación, palabra fresca, visión nueva, alimento del día… –“
Hermano: una pregunta: ¿A qué hora se levanta usted por las mañanas? ¿Ah, a las siete? Claro, ¿Entra a su trabajo a las ocho? ¿Y se puede saber qué es lo que hace entre las siete y las ocho? Sí, ya lo sé, me imagino: se ducha, se rasura, quizás ora y hace algún pequeño devocional, alguna lectura bíblica para el día. Luego desayuna y parte para su trabajo, no? Y sí, para mucho más el tiempo no le alcanza. Veamos: ¿Y a qué hora regresa? Ah, que a mediodía almuerza algo rápido por allí porque no le dan los tiempos, así que regresa a su casa cerca de las nueve de la noche. ¿Y allí qué hace? Entiendo. Cena, dialoga un rato con si esposa de los asuntos del día, ve un poco de televisión hasta que empieza a cabecear y, finalmente, se va a dormir. Entendible, sí.
Hermano: si desea usted verdaderamente recibir revelación de Dios, recuerde la historia aquella del pajarillo con hambre. Cada pequeño pajarillo sabe que hay un gusanillo, por allí, que Dios ha preparado para su alimento. Pero también sabe que, a menos que todavía sea muy pequeño y aún no tenga alas fuertes para volar, nadie le va a traer al nido y al pico a ese gusanillo; va a tener que salir a buscarlo por todos los medios que disponga. Con la revelación, mi hermano, sucede exactamente lo mismo. Y ese, entre otros y aunque parezca una simpleza, es uno de los dilemas prácticos que nos propone este tercer día de Dios.