La Biblia es un Alfolí, un granero donde se almacena el gran alimento que su espíritu y el mío necesitan ingerir diariamente. La Biblia es un pedazo grande de tecnología donde están los elementos precisos para que los principios que van a fundamentar su vida se muestren. La Biblia es un depósito de relatos literales que encierran principios espirituales que se han de revelar. Uno de esos principios encontrará usted hoy aquí, a partir, precisamente, de uno de esos depósitos: El Depósito de Malaquías.
(Jeremías 22: 13)= ¡Ay del que edifica su casa sin justicia, y sus salas sin equidad, sirviéndose de su prójimo de balde, y no dándole el salario de su trabajo! (Esto significa que hay gente que está siendo usada para construir ministerios pero, al mismo tiempo esos ministerios no ayudan, favorecen ni mejoran a esa gente. Hay gente que se pasa toda una vida construyendo un ministerio, y cuando terminan de construirlo no pueden hacer nada con él porque ya se les acabó la vida. Es decir: el ministerio es un medio, jamás podrá ser la meta.)
(14) Que dice: edificaré para mí casa espaciosa, y salas airosas; y le abre ventanas, y la cubre de cedro, y la pinta de bermellón.
(15) ¿Reinarás porque te rodeas de cedro? (Pregunta el Señor) ¿No comió y bebió tu padre, e hizo juicio y justicia, y entonces le fue bien?
(16) Él juzgó la causa del afligido y del menesteroso, y entonces estuvo bien. ¿No es esto conocerme a mí? Dice Jehová.
(17) Más tus ojos y tu corazón no son sino para tu avaricia, y para derramar sangre inocente, y para opresión y para hacer agravio.
Aquí ya se nota con claridad que hay una reforma y todo lo que no es Dios se va a remover de la tierra. Le dice todo eso para decir que nosotros queremos construir una gente sobre valores diferentes. Las casas que son airosas lo serán porque fueron construidas de adentro hacia fuera, no de afuera hacia adentro.
(Sofonías 2: 1)= Congregaos y meditad, oh nación sin pudor, (2) antes que tenga efecto el decreto, y el día se pase como el tamo; antes que venga sobre vosotros el furor de la ira de Jehová, antes que el día de la ira de Jehová venga sobre vosotros.
(3) Buscad a Jehová todos los humildes de la tierra, los que pusisteis por obra su juicio; buscad justicia, buscad mansedumbre, quizás seréis guardados en el día del enojo de Jehová.
Note que en el día del juicio, en el día del cumplimiento de la sentencia, en el día de la siega, en el día de separación, lo que le guarda a usted es el carácter interno y no la brillantez de sus dones o ministerios. Mansedumbre, justicia, busca poner por obra lo que entiende y quizás sea guardado en el día del enojo. Es decir: lo que nos guarda es la integridad interior y no la habilidad de ser famoso. No es popularidad lo que estamos construyendo, sino una integridad en el epicentro de cada ser. Eso es lo que la reforma señala: eso es lo que la reforma quiere lograr.
(Sofonías 3: 8)= Por tanto, esperadme, dice Jehová, hasta el día que me levante para juzgaros; porque mi determinación es reunir las naciones, juntar los reinos, para derramar sobre ellos mi enojo, todo el ardor de mi ira; por el fuego de mi celo será consumida toda la tierra. (Note que esto viene, tanto adentro como afuera)
(9) En aquel tiempo (¿Qué tiempo? ¿De qué tiempo habla? Ese tiempo, es HOY) devolveré yo a los pueblos pureza de labios, (La falta de doctrina será corregida) para que todos invoquen el nombre de Jehová, para que le sirvan de común consentimiento. (Tiene que haber entendimiento)
(Verso 12)= Y dejaré en medio de ti un pueblo humilde y pobre, (Humilde y pobre de espíritu, por supuesto, no de finanzas) el cual confiará en el nombre de Jehová.
(13) El remanente de Israel no hará injusticia ni dirá mentira, (Toma nota de esto) ni en boca de ellos se hallará lengua engañosa (Siga tomando nota, por favor) porque ellos serán apacentados, y dormirán, y no habrá quien los atemorice. (Este es el resultado, se da cuenta?)
(14) Canta, oh hija de Sión, da voces de júbilo, oh Israel; gózate y regocíjate de todo corazón, hija de Jerusalén.
(15) Jehová ha apartado tus juicios, ha echado fuera tus enemigos; (¡Pero entonces estaban adentro!) Jehová es el rey de Israel en medio de ti; nunca más verás el mal.
(16) En aquel tiempo se dirá a Jerusalén: (Note cuál va a ser el mensaje de ese tiempo) no temas, Sión, no se debiliten tus manos.
(Verso 18)= Reuniré (Al remanente. ¿De qué está compuesto el remanente?) a los fastidiados por causa de largo tiempo; (Ese es el primer grupo que va a reunir. Los que estuvieron esperando por largo tiempo que todo sucediera. Ese es el primer grupo, y el segundo) tuyos fueron, para quienes el oprobio de ella era una carga. (Está hablando de toda la gente que sentía la carga de la corrupción de la iglesia presente. Ahora: los que están hablando del permanente avivamiento y no tienen carga por la iglesia porque no le ven cosa mala, esos terminan parados. Los que cuando todo el mundo está bailando, gozando y riendo y cantando y teniendo celebraciones y tremendos congresos y no tiene cargas porque no está viendo la condición interna de la casa, sino la externa, esa gente, probablemente no esté de pie después de la reforma. Pero mientras todo el mundo está cantando y gritando ¡Aleluya! Y uno está entristecido porque ve lo hueco del asunto, es que todavía hay dos ojos y dos voces en la casa de Dios. Hay algunos que cuando ven el cimiento, se regocijan. Hay otros que están llorando.)
Creo que es el momento preciso en que deberemos hacer una conclusión de lo que se entiende por reforma, que es en suma lo que llamamos. El Depósito de Malaquías.
(Malaquías 1: 5)= Y vuestros ojos lo verán, y diréis: sea Jehová engrandecido más allá de los límites de Israel.
En una reforma siempre existe una visión expandida de lo que es Dios. Es decir: vemos a Dios engrandecido, más allá de los confines de la iglesia. Aprendemos a ver la mano de Dios más allá de la gente a la que nosotros creemos que es salva. Vemos a Dios operando fuera del contexto eclesiástico. En una verdadera reforma, aprendemos a ver a Dios como Dios de la tierra y no como Dios de la iglesia. Dios sale del concepto de religión y se convierte en el rey de reyes y Señor de señores. Se convierte en el gobierno de la tierra. Lo vemos trabajando en las manos de Israel; lo vemos trabajando en las manos de los gentiles; lo vemos trabajando con los reyes de la tierra; lo vemos metido en la guerra; lo vemos metido en todas partes: vemos cómo Dios está en control de todo. Hay una expansión mental.
La iglesia, antes de la reforma, redujo a Dios a un culto de domingo. Dios era un fuerte aplauso o una alabanza bonita; y a eso le llamábamos: la gloria de Dios. Ya no es suficiente un aplauso para llamarle la gloria de Dios. Una bonita canción, un congreso de alabanza, no es la gloria de Dios. En este tiempo, en el concepto de lo que estamos viendo, hace falta mucho más para identificar a Dios que bonitas canciones. Tengo que ver a una nación cambiar su configuración ambiental para saber que Dios se ha movido. Dios es grande. No porque veinte o treinta personas se cayeron patas para arriba, en un templo, vamos a decir que la gloria de Dios se ha movido. Claro, es parte del mover del Espíritu, pero no identifica a Dios en su grandeza. En una reforma, Dios se expande más allá de los límites del concepto eclesiástico. Hay gente en el reino que no es salva.
Se nos van todas las ganas de ser religiosos. Hay gente a la cual Dios le dice: “Entra en el reino que está preparado para ti desde antes de los tiempos”, y ellos ni saben por qué entraron. ¿Cuándo hice yo eso? No saben porque no eran salvos, pero entraron. Ahí está la palabra; usted peléese con el libro; yo lo único que hago, es leerlo. Dios es más grande que la iglesia. La iglesia sólo es una parte del reino. No se engañe. En una reforma vemos a Dios en toda su grandeza, no en el arca, en la iglesia.
El hombre siempre quiere meter a Dios en una caja, en una arca. “Esto es Dios; ven y alábalo”. Dios no puede ser manipulado por los deseos o por las necesidades del hombre. Dios es soberano. En una reforma, los límites de Israel son expandidos. Vemos a Dios más allá de los límites de un domingo por la mañana.
Hablar de qué está haciendo Dios, es estar enterado de las actividades globales. ¿Qué está haciendo Dios? – en mi iglesia está trayendo un avivamiento -, Eso no es lo que está haciendo Dios: eso es su experiencia en Dios. Cristiandad, es un estilo de vida sobre la tierra; no tiene nada que ver con la iglesia.
Quiero que entienda que la iglesia y el culto, tal como lo entendemos hoy, fue creado por el hombre, así que no tiene nada que ver con Dios. No existen altares sobre los cuales estamos haciendo llamados y la Biblia no es santa; es un libro. Le pusimos “Santa Biblia”. Por eso es que la gente no la quiere ni leer. Es un libro; el que es Santo, es Dios! Recuerde que la Biblia es letra, es un libro de tecnología. La palabra es Cristo y existe desde antes que el libro.
Tenemos que romper definitivamente con los fetiches evangélicos. “Púlpito santo…” ¡Es de la misma madera que la puerta del baño! ¡Es de la misma fórmica que el mostrador de la fiambrería! “La blanca santidad…” Mire: el color blanco, lo acepto, podrá tener algún tipo de símbolo o tipología, ¡Pero no es santidad! ¿Qué haremos, entonces, con toda esa gente negra fiel a Cristo? Dios no entra en ninguna caja, mi hermano; en ninguna. Dios se sale de la caja y ahora anda por la calle. Le digo más: Dios viene al templo, a eso que usted llama “iglesia”, siempre y cuando usted lo traiga con usted. No se confunda. ¡El no lo está esperando allí debajo de un banco! ¡Tampoco está colgado de un estandarte o durmiendo dentro de un púlpito! Él está en la calle.
¿Recuerda cuando Caleb regresó y le dijo a Moisés: ¡Hemos visto a los amalecitas? Son grandes, son gigantes, es cierto, pero; ¿Sabes qué? ¡Vamos a meterle mano! ¡¡Podemos!! Caleb vio y se vio correctamente. Como langosta, como insecto, pero confiaba en algo más grande de lo que veía. Dios está rompiendo todos los parámetros. Usted no tiene nacionalidad. Mientras tenga nacionalidad no va a poder establecer el reino de Dios en su nación. Dios no es un Dios cultural.
De todos modos bien vale prestar atención a la fuerza que tiene la iglesia en África, por ejemplo. ¿Sabe usted por qué? Porque África nunca tuvo democracia. El reino de Dios es cero democracia, cero disenso, cero opiniones. Por eso América y América Latina, inclusive, no alcanzan a manifestarlo con limpieza: siempre tiene algo para decir, algo para opinar. Entonces cuando Dios dice algo, África lo hace más rápido que cualquier otro lugar del mundo, porque está acostumbrada a obedecer sin opinar. Aquí evaluamos y estudiamos las órdenes de Dios por medio de nuestros grandes teólogos y eruditos. Cuando ellos llegan, – finalmente -, a alguna conclusión, ya es tarde; Dios ya está en otra cosa.
(Malaquías 1: 11)= Porque desde donde el sol nace hasta donde se pone, es grande mi nombre entre las naciones; y en todo lugar se ofrece a mi nombre incienso y ofrenda limpia, porque grande es mi nombre entre las naciones, dice Jehová de los ejércitos.
Aquí se puede ver con bastante claridad que la grandeza de Dios sobre las naciones, tiene que ver con la ofrenda limpia de la iglesia. Es decir: la condición de la iglesia es la que dimensiona la grandeza de Dios sobre las naciones. El segundo principio que quiero compartir con usted en Malaquías, es que va a haber una restauración del verdadero entendimiento de la Palabra.
(Malaquías 2: 6)= La ley de verdad estuvo en su boca, e iniquidad no fue hallada en sus labios; en paz y en justicia anduvo conmigo, y a muchos hizo apartar de la iniquidad.
(7) Porque los labios del sacerdote han de guardar la sabiduría, y de su boca el pueblo buscará la ley; porque mensajero es de Jehová de los ejércitos.
(8) Mas vosotros o habéis apartado del camino; habéis hecho tropezar a muchos en la ley; habéis corrompido el pacto de Leví, dice Jehová de los ejércitos.
Esto quiere decir que: la doctrina ha estado un poco errática, hemos confundido a mucha gente, se ha producido un concepto errado. Pero en una reforma se purifica la ley en la boca de los sacerdotes. Estamos viendo los mismos versículos, pero cuántos se están dando cuenta aquí y ahora que se nos está mostrando otra revelación. Cada vez le sacamos más al mismo verso. Entonces va a haber una restauración de verdadero entendimiento de la palabra de Dios. Por años hemos leído la Biblia; ahora estamos leyendo la palabra.
Cristo hizo lo mismo cuando trajo la reforma terrenal. Él vino, en su ministerio terrenal, a traer una reforma. Juzgó y decretó el fin de una era y comenzó otra. Decretó juicio, dijo que no quedaría piedra sobre piedra sobre el sistema presente, lo destruyó y comenzó una iglesia nueva. Eso fue lo que Cristo vino a hacer. En su proceso quedó usted salvo por su sacrificio humano. Pero Él dijo: “Has oído que se ha dicho, pero ahora yo te digo”, y le cambió todo lo que se había venido diciendo. Eso es lo que hace una reforma; usted ha oído, pero ahora yo le digo. Y todo depende de si usted reconoce que ese “Ahora le digo” es de Dios o no. No va a haber un título que se lo demuestre, ni un diploma en la pared. Igual que con Él no lo había. Usted va a tener que discernir. Si el “ahora yo le digo” es de Dios y no lo hace, le pasa lo mismo que le pasó al fariseo.
Cuidado que no se lo va a explicar demasiado. Cuando Él habla, Él no se introduce, no se presenta, no se autopromociona, no se otorga deidad ni nombre impactante. Los que dicen “así dice Jehová”, mayoritariamente y sin globalizar obligatoriamente, por supuesto, son las Jezabeles. Jehová habla, se va, y nunca le dice a usted quien habló. Entonces usted: “¡Espera! ¡Espera! ¿Quién eres?” Y Él apenas gira su rostro y murmura: “dile que Yo Soy…” Dios no necesita introducción. Cuando Dios habla, todo el mundo sabe que fue Dios quien habló. Tenemos que aprender a oír a Dios hasta en los comerciales de la televisión.
A veces, el comercial le dice a usted: ¡Apágame! ¡Soy una mentira del diablo! ¡Apágame! Has oído que se ha dicho, pero ahora yo te digo. Has oído que se hacía así, pero ahora se hace así. El sacerdote lleva mil años entrando por el templo y haciendo muchas cosas que son más para actos de magia que para rituales cristianos. Y de repente: ¡Basta! ¡Ya no se hace más esto! ¿Cómo que no se hace más? ¡A mí me enseñó mi papá que se hacía así! ¡Porque así lo hacía el abuelo!
¿Las palabras que se deben decir? Ya no se dicen más. ¿Y el pan de la proposición? Ya no existe. ¿Y el altar? No tenemos. ¿Pero como va a tener usted un culto, un servicio, si no tiene un altar? ¿Es que de verdad usted me está hablando de una iglesia sin altar? Es el corazón del hombre. ¿Eh? ¿Es que el hombre anda ahora con un altar en el pecho? ¡No! ¡Ni dije eso! El corazón del hombre es su rectitud. Eso es lo que ve Dios y aprueba. …O no aprueba, claro está…
Escuche: ¿Y el incienso? Son las oraciones de la gente… ¿Y el polvillo, entonces? Ya no se usa más. ¿Y yo qué hago ahora? ¡A mí me estaban pagando para hacer todas esas cosas! No sé… Supongo que ya estás desempleado, verdad? Estoy hablando de hoy, no de ayer. Así de drástico es el cambio.
¡Un momento! ¡Mi ministerio depende fundamentalmente de que yo haga un llamado desde el altar y la gente se goce de que yo ore por ellos! Entonces, mi hermano, me parece que se te ha acabado el ministerio… Está obsoleto. ¡Pero es que yo vivo de eso! No le hace. A mí eso no me interesa. Y a Dios tampoco. Yo no voy a la iglesia para que usted viva; voy a adorar a Dios.
Es tiempo de opinión cero y obediencia diez. Si usted no entra por la puerta del templo con su diezmo o su ofrenda, mejor no entre. Hay que poner un buzón, una alcancía junto a la puerta. Ponga allí lo que lleva. Y no porque la ley lo obliga, sino porque tiene que haberlo decidido voluntariamente para acceder a la promesa que no ha sido derogada junto con la ley. Estamos perdiendo tiempo recogiendo la ofrenda. La Palabra dice que no entres al templo con las manos vacías. Lo ha dicho por cuatro mil años. Ya es tiempo que alguien la cumpla. Eso no quiere decir que si no tienes no puedes venir. Ven igual, pero sigue trabajando hasta que venga lo que Dios ha dicho que viene. Dios es fiel. Pero la iglesia real tiene que dejarlo en un buzón, junto a la puerta cuando llega. No necesitamos especialistas en manipular los sentimientos de la gente para que ponga. ¡Pero hermano! ¿Y si no deja nada? No es iglesia, es visita. ¿Pero y si siendo iglesia, no entiende y no pone nada? No es iglesia, es masa humana religiosa.
Recuerde que el agua no está en el río, está en el desierto. ¿Y como puede usted estar seguro que la gente va a dar? Bueno, mire… Lo que me han dado, me lo han dado de corazón, con alegría, así que me va a alcanzar más que todo el dinero que yo les pueda sacar manipulándolos con la culpa y la ley. ¿Y adónde tengo que firmar para ser miembro? No interesan demasiado las formalidades. Cuando ofrendes o diezmes permanentemente (Y Dios lo sabrá, no los que mandan allí) ya eres miembro.
En el tiempo de reforma se van a experimentar relaciones de alianza, compromisos altos e integridad en todo. Es decir: los que temen unos a otros se van a unir de una manera temerosa. Pero no es todo el mundo en una misma olla. Y bueno, pero es que Dios no hace acepción de personas, todos podemos participar. Pues fíjese usted que no. Si no hay una misma causa, un mismo objetivo, un mismo sentir, no hay ninguna posibilidad de alianza. Amistad con todo el mundo, aún el más incrédulo; Hermandad con todo el cuerpo que ha creído en Jesucristo como Salvador personal de sus vidas y lo ha transformado en Señor. Pero Alianza, sólo con los que tienen su mismo sentir. Porque lo que le da estructura a una alianza, es que tenga un epicentro fundamentado en una causa y una visión, no un programa de actividades varias consensuadas por los miembros. Es parecido quizás, pero no tenga dudas que no es lo mismo.
Mucha gente, por allí, se quiere reunir en torno de algo no tangible, abstracto, indefinible, teórico, que le llaman Cristo. Suena bonito y religioso, pero es falso y no funciona. La unidad a la cual se refiere la palabra es la que otorga la habilidad de estar todos reunidos en un mismo lugar, en el momento preciso e indicado, sin necesidad de arrancarse los ojos para ponerse de acuerdo.
Hoy día le llamamos unidad a un grupo de personas que comparten una semana en un congreso o un seminario, pero que después, cuando regresan a sus casas, cada uno sigue con la misma visión personal que tenían antes de venir. Sólo cosechó algunos amigos y varios contactos, pero le han llamado unidad al mero hecho de reunirse en torno a una actividad. Que aparenta ser un mover de Dios, pero no garantiza terminar la obra de la iglesia.
Dios dice: hago mi pacto con mis escogidos. Cuando Pablo vino a Efeso, hubo una joven que tenía espíritu de adivinación, recuerda? “Estos son los hombres, hijos del Dios Altísimo, que vienen con los decretos de Dios.” Cierto. Buen mensaje. Correcto. ¡Vamos a unirnos a ella! ¡Está en la misma línea que nosotros! Lo que garantiza que ciertas personas estén en la misma línea que usted, no es lo que están diciendo, sino lo que están siendo. Porque ella sabía que Pablo traía la verdad. Ella tenía toda la influencia en la ciudad; todo el mundo la conocía. Pero si Pablo se hubiese unido a ella, el reino de Dios en Efeso, se hubiera fundado sobre un espíritu satánico. Y todo solamente porque estaban predicando el mismo mensaje. ¿Sabe cuánta es la gente que se conecta conmigo porque, – me dicen – estamos en un mismo sentir? Yo jamás pierdo demasiado tiempo oyendo lo que me dicen. Si puedo, miro como viven. Ese es el fruto que define al árbol.
Ella sabía que en un enfrentamiento, jamás iba a poder derribar a Pablo, que se iba a tener que ir. Pero si lograba unirse a él, ella iba a llevar a cabo el mover en la sociedad y no Pablo. Ella tenía respeto e influencia; Pablo era un desconocido. Entonces, toda alianza que pudiera producirse, la iba a tener a ella como garante y referente. Pero ella tenía un espíritu de adivinación. Pablo, contristado por lo que ella estaba diciendo, (Y a mí me gustaría saber cuántos ministros de hoy se sentirían contristados si alguien anduviera por allí diciendo que son muy buenos. Pocos, verdad?) porque Pablo sabía que si bien ella no mentía, sus motivaciones no eran correctas. Un ministro moderno quizás reaccionaría distinto porque muchos de ellos es eso lo que andan buscando: la alabanza de la gente. Ahí es donde se le infiltran, entiende?
Lo que es de Dios, aprenda, jamás le llega alabando al hombre. Es otro mover. ¿Cuántos estarán entendiendo que Dios está cambiando las cosas? El estado final de la iglesia, observe, es un varón perfecto. No estamos construyendo una novia, sino un varón perfecto. Es decir: el género final de la iglesia es varonil y gubernamental, nos emocional y femenino. No va a ser una iglesia lacrimógena llorando por los altares. Tendremos cinco ministerios hasta que lleguemos a la medida pre-determinada del varón perfecto. El varón robusto, en el hebreo, el varón plural, es decir: multimiembro hombre, varón perfecto, que es varón maduro. No hembra: Varón.
El género de la cultura de la iglesia corporal va a tener que ser varonil. Las palabras van a tener que cambiar del amor emocional PHILEO al amor paterno ÁGAPE. Del cariño y del “ay bendito”, a la disciplina y a la corrección. Se fue la voz del Espíritu Santo y llegó la voz del Padre. La voz apostólica es la voz del Padre, no la voz amorosa de la paloma en el hombro de Cristo.
Hacen falta ambas, pero ya tuvimos a mamá durante mucho tiempo. Tenemos, todavía, demasiados “hijos de mamá”. El estado final de la iglesia es un varón perfecto. Un estado mental, gubernamental, donde las viejas emociones tendrán que ser controladas por principios. No digo borradas, digo controladas. No los principios opacados por las emociones. Van a haber emociones, pero no nos vamos a regir por ellas. La iglesia, hasta hoy, se ha regido por emociones. Lo que “siente”, eso hace. Hoy día ya se está operando, muchas veces, en contra de lo que se siente y a favor de principios inmutables que no siempre se “sienten”.
Dígame: ¿Usted, como padre, nunca tuvo deseos de tomar a puntapiés a su querido hijito? Pero no lo hacemos, porque tratamos como buenos padres, de no regirnos por las emociones, sino por principios de familia. Durante años, cada vez que Dios se acerca a la iglesia, usted se derrite. Él llega, conmueve, bendice y se va. Toda la iglesia queda sacudida, bendecida y maravillada, pero Él no consiguió que alguien se dominara y saliera a hacer lo que Él estuvo pidiendo. Porque estábamos demasiado bendecidos como para saber a qué vino.
Cuando éramos niños y llegaba papá, salíamos corriendo del sitio en el que estuviéramos gritando: ¡Llegó papá! ¡Llegó papá! Tiempo devocional. Papá, entonces, nos tenía que dar toda su atención porque nosotros éramos sus hijos. Cuando cumplimos los veinte años, decíamos: ¡Mamá! ¡Allí llegó “el viejo”! ¿Qué fue lo que cambió? La forma de relación. Una cosa es el Padre cuando usted es niño y otra cuando usted es maduro. Él no cambia. Usted es quien cambia. ¿Lo puede entender?
Pero la iglesia, no. Todavía seguimos gritando: ¡Llegó papá! ¡Llegó papá! Y nos arrodillamos, nos reímos, nos gozamos, nos caemos al suelo, temblamos y todo eso es Dios, no tenga dudas ni temores. Pero es la reacción de la relación de niños que evidenciamos. Cuando dejamos de ser niños, también dejamos la niñez. Siendo adultos podemos gozarnos y hasta reír como niños, pero en el resto de nuestro comportamiento, no tenga dudas, no podemos olvidarnos que somos adultos.
Y, finalmente, la reforma demanda un estilo de vida puro. Ya lo vimos a través de los hijos de Leví en Malaquías 3: 2-5. Entonces, ahora déjeme darle el depósito de Malaquías, el resultado, la conclusión que, en suma, es el resultado de la reforma. Debe producir lo siguiente:
(Malaquías 4: 1)= Porque he aquí, viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; (Le ruego que recuerde, por favor, que está hablando de la casa de Dios) aquel día que vendrá los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les dejará raíz ni rama.
(2) Mas a vosotros, los que teméis mi nombre, nacerá el sol de justicia, y en sus alas traerá salvación; y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada.
(3) Hollaréis a los malos, los cuales serán ceniza bajo las plantas de vuestros pies, en el día en que yo actúe, ha dicho Jehová de los ejércitos.
¿Quién es el que va a traer la separación? Los que tienen la mentalidad de piedra de tropiezo. Es decir: se levantará en la iglesia lo que es correcto y, lo que no es, ni se medirá ni se dará; se discierne y se va separando. Recuerde que el justo no brilla en el reino de su padre hasta que la cizaña no es removida.
Lamentablemente, es cizaña. Dios dice: déjala allí, tienen que estar juntos. No la vayas a arrancar antes de tiempo, porque por allí usted arranca algo que no es cizaña. Es tan parecido a lo cierto, que sin una reforma no lo podemos discernir. Por eso decía el verso 18 del capítulo 3: Entonces os volveréis, y discerniréis la diferencia entre el justo y el malo, entre el que sirve a Dios y el que no le sirve.
Después de estar reformados. Mientras no estemos reformados, todo lo que brilla es oro y todo lo negro es petróleo, aunque se traten de predicadores africanos. Porque estamos edificados por medio de un concepto que nos hace a todos de un mismo tamaño. Que es un buen método para la entrada, pero no para llegar al final. Para entrar, usted entra como viene. Pero si no cambia en el camino, usted se queda. Al boleto, al ticket, a la entrada para la carrera, Cristo se la abona, se la paga. Pero para terminarla, par disputarla, hay que correrla a esa carrera. Es decir: pagar un precio.
Y eso es lo que nunca hemos querido predicar. Decimos que la salvación es gratis. ¿Quién dijo eso? ¡Fuimos comprados por un precio! Nada es gratis. Si no le costó a usted, es porque le costó a otro, pero gratis no es. Hollaréis a los malos, los cuales serán ceniza bajo las plantas de vuestros pies, en el día en que yo actúe, ha dicho Jehová de los ejércitos. Y una vez que esas cosas tengan lugar, viene el ministerio apostólico de Moisés. Porque el verso 4, precisamente, comienza diciendo eso: “Acordaos de la ley de Moisés”. Pero esa, esa es otra historia, otro principio, otro depósito…