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Del Odio, ¿Se Vuelve?

Vivo en Sudamérica, en Argentina, país de Maradona y Messi, por citar a compatriotas que seguramente has conocido o me permiten que sepas de donde te hablo. Aquí produzco todo este material que, periódicamente, llega a tus oídos a través de las distintas redes que utilizo. No sé dónde resides tú, pero creo que para entender del tema del que hoy te voy a hablar, es exactamente lo mismo que sea Europa, Asia, África, Oceanía o América. Dudo mucho que, en tu lugar de residencia, no exista el odio a alguien, a algo o de gente para con otra gente. En mi país existe y es fuerte. Y no interesan las razones o los argumentos. Es odio y punto. Con todo lo que eso significa.

Habrá que reconocer, primero, que el odio es un sentimiento que probablemente casi todos hemos experimentado en algún momento de nuestra vida. Sin embargo, ¿Qué dice la Biblia sobre este tema? ¿Es el odio algo que Dios aprueba o reprueba? Encontrar respuestas a estas preguntas puede ayudarnos a comprender mejor cómo debemos manejar nuestras emociones y relaciones con los demás. En este trabajo, exploraremos lo que la Biblia nos enseña sobre el odio y cómo podemos aplicar estos principios en nuestra vida diaria. ¡Acompáñanos en este recorrido por las Escrituras! La enseñanza bíblica sobre el odio es clara y directa. En Mateo 5:44, Jesús enseña: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os odian y orad por los que os ultrajan y os persiguen«. Esto es un mandamiento para los cristianos de amar incluso a aquellos que les desagradan o les tratan mal.

Además, en 1 Juan 4:20-21 se lee que Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso«. El amor es una parte central de nuestro evangelio y no puede haber lugar para el odio en la vida de un creyente. El odio puede manifestarse de muchas maneras, incluyendo el prejuicio, la discriminación y la violencia. Estas actitudes y comportamientos son incompatibles con la enseñanza de la Biblia y la vida cristiana. En cambio, el amor debe ser la guía para las acciones y actitudes de los creyentes. De hecho, en Juan 13:35, Jesús dijo: En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tenéis amor los unos por los otros. Este amor debe extenderse más allá de la comunidad cristiana y hacia todas las personas. En resumen, la enseñanza de la Biblia sobre el odio es clara: los creyentes debemos amar incluso a nuestros enemigos y no tener lugar para el odio en nuestras vidas. Este amor debe guiar nuestras acciones y actitudes para construir relaciones saludables y pacíficas con todos los demás.

Tengo una pregunta para comenzar a hacerte pensar: ¿Sabías que si sientes odio por algo o alguien, estás abriendo una tremenda puerta a los demonios? ¿Por qué? Porque la Biblia enseña que el odio es un pecado y se encuentra en oposición directa al amor, el cual es considerado como el mayor mandamiento por Jesús. El odio puede llevar a acciones destructivas y perjudiciales hacia otros seres humanos, y puede incluso conducir a la violencia y la guerra. En 1 Juan 2:9-11 se lee: El que dice que está en la luz, y aborrece a su hermano, está todavía en tinieblas. El que ama a su hermano, permanece en la luz, y no tropieza. Pero el que aborrece a su hermano está en tinieblas, y anda en tinieblas, y no sabe a dónde va, porque las tinieblas le han cegado los ojos. Esta escritura deja claro que la presencia de odio en el corazón de alguien es una señal de que esa persona no está caminando en la luz de Dios.

El odio también es condenado en el Antiguo Testamento. En Proverbios 10:12 se lee: El odio despierta rencillas, pero el amor cubre todas las faltas. En otras palabras, el odio puede llevar a conflictos y divisiones duraderas, mientras que el amor tiene el poder de unir y sanar. En conclusión, el odio es un pecado porque va en contra del amor y la unidad que Dios quiere para su pueblo. La Biblia nos llama a amar a nuestros hermanos y hermanas, incluso a aquellos que nos parecen difíciles de amar. Según la enseñanza que hemos recibido; para superar sentimientos de odio y resentimiento se deben seguir algunos principios y prácticas clave. 1. Perdonar: El perdón es un tema central en el evangelio, y Jesús enseñó que debemos perdonar a quienes nos han hecho daño. Esto no significa que debamos olvidar lo que pasó o minimizar la gravedad de la ofensa, pero sí significa que debemos renunciar a la venganza y permitir que Dios sea quien juzgue y traiga justicia.

  1. Amar a nuestros enemigos:Jesús también enseñó que debemos amar a nuestros enemigos y hacerle bien a pesar de las dificultades. Esto puede ser difícil de hacer, pero cuando nos enfocamos en el bien de la otra persona y no en nuestra propia venganza o satisfacción, podemos encontrar la paz y la liberación de los sentimientos negativos. 3. Oración:La oración es una herramienta poderosa para superar los sentimientos de odio y resentimiento. Al orar, podemos pedirle a Dios que nos dé la fuerza para perdonar y amar a nuestros enemigos, así como para sanar nuestras heridas emocionales. 4. Comunión: La comunión con otros creyentes también puede ayudarnos a superar los sentimientos negativos. Al compartir nuestras luchas con otros, podemos recibir apoyo, ánimo y consejo sabio. Además, cuando nos unimos para adorar a Dios y servir a los demás, podemos experimentar una sensación de unidad y propósito que nos ayuda a superar la amargura y la ira.
  2. Reflexión en la Palabra de Dios:La Biblia es una fuente de sabiduría y consuelo para quienes buscan superar los sentimientos de odio y resentimiento. Al reflexionar en las enseñanzas de Cristo y meditar en los salmos y los escritos de los profetas, podemos encontrar la fuerza y la perspectiva necesarias para enfrentar nuestras situaciones difíciles y superar nuestros sentimientos negativos. En resumen, para superar los sentimientos de odio y resentimiento según la enseñanza que hemos recibido, debemos perdonar, amar a nuestros enemigos, orar, buscar comunión con otros creyentes y reflexionar en la Palabra de Dios. Según la Biblia, aferrarse al odio puede tener graves consecuencias espirituales y emocionales. En primer lugar, el odio puede alejarnos de Dios y su amor. Además, puede crear un ambiente tóxico en nuestras relaciones interpersonales, causando división, discordia y conflicto.

El odio también puede llevar a la amargura, el resentimiento y la falta de perdón, lo que puede afectar nuestra salud mental y emocional. En lugar de eso, la Biblia nos enseña a perdonar a quienes nos han hecho daño y a amar incluso a nuestros enemigos. En definitiva, aferrarse al odio puede tener consecuencias graves tanto para nuestra relación con Dios como para nuestras relaciones con los demás y nuestra propia salud emocional. Por lo tanto, es importante seguir los principios bíblicos de amor, perdón y reconciliación para vivir una vida plena y satisfactoria en Cristo. El amor y el perdón son fundamentales en la práctica de la fe cristiana para evitar el odio. Estos valores son esenciales en la vida de cualquier hijo de Dios, ya que Jesús enseñó a amar a los demás como a uno mismo y a perdonar siempre.

En primer lugar, el amor es un mandamiento de Dios. En la Biblia se dice que «Dios es amor» y que amar a los demás es una forma de amar a Dios. Por lo tanto, debemos amar a todos, incluso a nuestros enemigos, tal como Jesús lo hizo durante su vida en la tierra. El perdón también es fundamental en la práctica de la fe. Dios perdona a todos aquellos que se arrepienten de sus pecados y buscan su misericordia. Nosotros debemos seguir este ejemplo y perdonar a quienes nos han hecho daño o nos han ofendido. En la oración del Padre Nuestro, Jesús enseñó a pedir perdón por nuestros propios pecados y a perdonar a quienes nos han ofendido. En resumen, el amor y el perdón son valores clave en la práctica de nuestra fe y son esenciales para evitar el odio hacia los demás. Al amar y perdonar a los demás, podemos reflejar el amor y la misericordia de Dios en nuestras vidas.

Por eso, creo que es importante estar atentos a nuestros pensamientos y emociones hacia los demás. Si constantemente sentimos enojo, resentimiento o desprecio hacia alguien, es posible que estemos cayendo en la trampa del odio. Para prevenirnos de caer en ese pecado, podemos seguir los siguientes pasos: Practicar la empatía: Tratar de ponerte en el lugar de la otra persona y entender sus motivaciones y sentimientos. Esto te ayudará a tener una perspectiva más amplia y comprensiva. Fomentar la compasión: Tratar a los demás con amabilidad y generosidad, incluso si no te tratan bien. Recuerda que todos somos seres humanos y merecemos amor y respeto. Cultivar la humildad: Reconoce tus propios defectos y limitaciones, y trata de no juzgar a los demás por los suyos. Nadie es perfecto, y todos merecemos comprensión y perdón. Orar y meditar: Dedica tiempo a conectarte con tu fe y a pedir a Dios que te ayude a superar sentimientos negativos como el odio y la ira. La oración y la meditación pueden ayudarte a encontrar paz interior y a fortalecer tu relación con Dios.

La Biblia también nos advierte sobre las consecuencias del odio. En el libro de Juan 11:35 se nos dice que el que odia a su hermano está en tinieblas y anda en tinieblas, y no sabe a dónde va, porque las tinieblas le han cegado los ojos. Es decir, que cuando odiamos a alguien, perdemos la claridad y la perspectiva en nuestra vida, y esto puede llevarnos a cometer errores y a tomar decisiones equivocadas. En lugar de odiar, la Biblia nos llama a amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. En Mateo 22:39 se nos dice que amarás a tu prójimo como a ti mismo. Esto significa que debemos tratar a los demás con respeto, compasión y generosidad, sin importar las diferencias que tengamos con ellos. Es importante recordar que el odio no es una emoción natural, sino que es aprendido. Por lo tanto, todos tenemos la capacidad de elegir amar en lugar de odiar. Si estamos luchando con sentimientos de odio, podemos buscar ayuda en la oración y en la comunidad cristiana para encontrar la fuerza para perdonar y amar a aquellos que nos han hecho daño. En resumen: El odio despierta rencillas, pero el amor cubre todas las faltas. El que odia a su hermano está en tinieblas y anda en tinieblas. Debemos amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos.

Hasta aquí te he desarrollado una especie de informe de lo que verdaderamente significa el odio para nosotros, creyentes en Jesucristo, hijos de Dios por decisión. Odín es el nombre del demonio que lo produce, pero para que eso suceda, deberás darle entrada legal a través de pecado. Que esto último quede bien claro para que nadie después me salga al cruce con argumentos supuestamente atenuantes. Un hijo de Dios puede estar de acuerdo o en desacuerdo con lo que sea, tanto dentro como fuera del ambiente cristiano en el que pasa la mayor parte de su tiempo. Pero lo que no puede bajo ningún concepto, es sentir odio por alguien, tanto dentro como fuera de la iglesia. Si así lo hace, podrá quedar muy bien con sus amigos o conocidos no creyentes que tienen ese sentimiento, pero de ninguna manera podrá justificarse delante del Dios en el que dice creer.

Ahora bien: ¿Por qué razón un demonio de odio puede entrar en la mente de un cristiano y llevarlo hasta las últimas consecuencias desagradables de rencor, violencia y hasta agresiones físicas? En principio, hay una base que no está sólida y allí es donde se abren puertas: el ego. ¡Cómo me van a hacer eso a mí! Ah, ¿Sí? ¿Y lo que le hicieron a Jesús? ¿Él se merecía algo de todo ese horror que le tocó vivir para que tú hoy puedas ser libre? ¡Por favor! Puedo comprender lo más horrible que alguien pueda vivir, que va desde perder de modo criminal a un ser querido o ser víctima de una de esas traiciones que jamás se olvidan ni perdonan, tú me entiendes. Eso, mal procesado y sin auxilio divino, es no ya una puerta, sino un verdadero portón abierto para que el demonio de odio haga trizas esa vida con lo que sea, incluso hasta el punto de convertirse en asesino. Ese es el factor o motivo individual más frecuente y apto para esa guerra mental.

Pero existen otros odios que, por intrascendentes desde lo personal, resultan poco menos que insólito verlos manifestados en alguien. Tomo como base mi país, aunque tengo certeza que no es el único en estas dos áreas que comentaré. El odio político, en primer lugar. Se disfraza como ideológico a partir de un discurso muy bien vendido, por lo que todavía muchos insisten en llamar periodismo o medios de comunicación. Para mí, que fui eso durante muchos años, trabajarle el cerebro a alguien para introducirle odio hacia una determinada figura política, no es periodismo, directamente es un servilismo de tal bajeza que, aunque ya estoy retirado de la profesión, me sigue produciendo una vergüenza tal que ya no me atrevo a decirle a nadie que en un tiempo trabajé en los medios. Yo sé que todo es por dinero y necesidades de no perder un cargo o posición, pero así y todo no puedo justificarlo de ninguna manera. No soy ingenuo y sé que, en lo secular, sigue siendo verdad que cada hombre tiene su precio marcado en la frente, pero cuando se es realmente íntegro y honesto, de ninguna manera te lo puedes incorporar como posibilidad de progreso, no, imposible.

Pero es trabajo que se está haciendo. De un lado y del otro, no fijo posición ni sector, porque creo que, en el panorama general, ninguno es inocente. Algunos con más habilidad que otros, otros con más disponibilidades que otros, pero todos con un mismo objetivo: formar en la mente de quienes reciben sus mensajes, un odio creciente hacia la persona a la que vaya dirigido el ataque. ¿Y sabes qué? ¡Lo están logrando! He hablado con personas que odian a una determinada figura política y, cuando se le pregunta el motivo, derraman una serie de argumentos que me dicen de inmediato qué programa de qué medio de comunicación han estado viendo y han sacado esa información que ellos creen intachable, cuando en realidad más de la mitad de las veces no lo es, y no va más allá de lo que ahora se ha dado en llamar Fake News, que es el rotulado en inglés para lo que en español sería Noticias Falsas. Y todo en medio de sonrisas llenas de picardía, como si se estuviera jugando un juego para aportarle elementos para acceder al poder al que paga por ese servicio, sea quien sea, se llame como se llame y piense como piense.

Dale. Si quieres atragantarte con tu propia bilis, odia. Si eso te hace sentir importante y parte de una acción presentada como de justicia, allá tú. Pero esto se lo estoy diciendo a la gente del mundo, al incrédulo, impío, pagano y pecador que ha caído en esa trampa dialéctica, entrando en un juego como parte activa dándole el rédito a personas que ni siquiera conocen, y a las cuales su sentir, les importa tres rábanos. Ellos están pagando para difundir eso y punto. Ya está, total es bastante poco probable que esos incrédulos me estén escuchando, salvo que el Espíritu Santo no haya hecho de las suyas y por algún incomprensible motivo haya traído a un inconverso a sentarse allí, con su móvil, su Tablet o su computadora a escuchar esto. Porque lo que no puedo ni siquiera comprender como posible, es que todo ese trabajo de inculcación de odio también haya hecho mella en el corazón, la mente y el alma de gente que se dice a sí misma cristiana, y que asiste regularmente a alguna congregación de tal etiqueta.

Sin embargo, es así. Aunque me duela horriblemente reconocerlo, es así: he oído y visto actuar a cristianos o pseudo cristianos, no sé como calificarlos, que odian profundamente a quien lo han convencido que deben odiar. Y lo peor del caso, es que creen sinceramente estar haciendo lo correcto. Podrían asesinar a esa persona que odian, aunque ni siquiera lo conozcan, y estar convencidos de haber hecho justicia en nombre de Dios. ¿Se puede hacer caer en algo así? Sí, a todas luces he comprobado que se puede. Y eso que ni siquiera voy a invertir cinco minutos en hablarte de odios con base deportiva. En mi país hay profunda pasión por el fútbol. Fuera de la alegría multicolor y la fiesta que fue la celebración del último torneo mundial ganado por Argentina en Qatar, con Messi como figura central, está la rivalidad local. En el plano nacional, River y Boca concentran una enorme pasión y gran afición en todo el país. En lo local, en la ciudad donde vivo, hay dos clubes que, ya han dejado ser rivales para sus simpatizantes más fanáticos, para convertirse en enemigos a los cuales se los debe odiar. Ese sería el rasgo de pertenencia por sus colores. Ha habido muertes por esa causa, y no es de ahora, lleva mucho tiempo. Odio. Estúpido, inconcebible en gente civilizada, pero callado por los medios de comunicación que, para lograr más adhesión, incentivan ese odio con la figura simpática y hasta romántica de una suerte de “folklore ciudadano”. Tremendo.

Y también hay muchos cristianos o pseudo cristianos formando parte de esas legiones de bulliciosos “hinchas”, como se denominan aquí a los fanáticos del fútbol, al grado de justificar agresiones que han ido creciendo hasta terminar en crímenes, curiosamente nunca resueltos. Pero… ¿Cristianos justificando eso? Sí. Que hay en sus mentes, no puedo saberlo, aunque me lo puedo imaginar. Es una batalla que, reitero, comienza en la mente. ¿Y qué se puede decir a modo de advertencia de amor hacia aquellos hermanos que todavía no han visto el riesgo? Que deben dar un cuidado especial a sus mentes velando sus pensamientos, tanto en lo que lees, como en lo que miras. El enemigo es astuto e intenta poner pensamientos contrarios a la verdad del Señor. El desánimo, la baja autoestima, la ira o el enojo, los celos, la lujuria… todos comienzan en la mente. Si quieres tener victoria sobre el pecado y vencer en la batalla espiritual, presta atención a tus pensamientos. Llénate del Espíritu Santo y rechaza los pensamientos que no vienen de Dios.

La mentalidad pecaminosa es muerte, mientras que la mentalidad que proviene del Espíritu es vida y paz. La mentalidad pecaminosa es enemiga de Dios, pues no se somete a la ley de Dios, ni es capaz de hacerlo. Los que viven según la naturaleza pecaminosa no pueden agradar a Dios.
Sin embargo, ninguno de ustedes vive según su naturaleza pecaminosa, sino según el Espíritu Santo. Por eso es que Pablo les dice a los romanos, en el octavo capítulo de su carta y versos seis al nueve: Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios.  Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.

Hay una salida. Tanto a los creyentes que han caído en las garras del odio político, como los que han sucumbido a sus pasiones supuestamente deportivas. Dios mismo les dice lo que decenas de veces han leído en Romanos 12:2: No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. ¡Lo sabemos! ¡Jamás podremos justificarnos ante Él por llevar a cabo acciones o actitudes contrarias a su diseño divino de amor y respeto! El mismo Pablo, pero en Filipenses 4:8 señaló otros conceptos que seguramente conocemos muy bien: Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad. Tienes una salida inmediata poniendo en marcha algo que ya estaba establecido y también conoces. Llénate del Espíritu Santo cada día y lograrás vencer los deseos de la carne y los pensamientos que no vienen del Señor. ¡Vive por el Espíritu y experimenta la victoria en Cristo en todo momento! No fuimos creados para el odio, aunque alguien esté procurando que creas que experimentarlo en un caso determinado, es comprensible y justo. No lo es. No para los ojos de Dios. Él conoce tu corazón.

Lo quieras o no, estás en una batalla espiritual. Aunque intentes ignorar esa realidad, tarde o temprano tendrás que decidir si participas activamente o no haciendo frente a las tretas del enemigo. Sin embargo, no lucharás con armas físicas, sino con las armas espirituales que Dios te da. Vences cuando las usas correctamente, dejándote guiar por el Señor y estando lleno de su poder. 2 Corintios 10:3-5 = Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo.

El mundo intentará dañar tu testimonio y tu reputación. El reino de las tinieblas se esforzará en debilitarte física y espiritualmente para que dudes del poder o hasta de la existencia de Dios. ¿Cómo harás frente a esos ataques? ¡Empleando la armadura de Dios! Es efectiva para protegerte de todos los ataques del enemigo. Utilízala con la sabiduría que Dios te da y comienza a vivir en victoria para la gloria de Dios. Dos escrituras para ayudarte a sacarte ese odio infiltrado en tu mente que te está quitando la paz y el amor de tu vida. Efesios 6:13-17 = Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; 

Romanos 13: 12-14 = La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz. Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia, sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne.

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junio 15, 2025 Néstor Martínez