Lo que quiero compartirte hoy tiene tanto peso espiritual que no me gustaría invertir un tiempo precioso en introducciones innecesarias. Escúchame y luego ora, discierne, confirma, cree y activa. Libro de Jeremías, capítulo primero, versículo primero: Las palabras de Jeremías hijo de Hilcías, de los sacerdotes que estuvieron en Anatot, en tierra de Benjamín. (2) Palabra de Jehová que le vino en los días de Josías hijo de Amón, rey de Judá, en el año decimotercero de su reinado. (3) Le vino también en días de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, hasta el fin del año undécimo de Sedequías hijo de Josías, rey de Judá, hasta la cautividad de Jerusalén en el mes quinto.
Este profeta no recibió un día una visión y revelación y luego salió al mundo a contarla. Estuvo muchos años recibiendo palabra de Jehová de manera directa. Él lo dice sin vueltas. (4) Vino, pues, palabra de Jehová a mí, diciendo: (5) Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones. Me sigo preguntando, a esta altura de mi vida, cómo puede ser que la ciencia, y muy especialmente los médicos o científicos creyentes, sigan pensando que somos nosotros mismos, con nuestros espermas y óvulos, quienes nos damos la vida. ¿No leyeron aquí que dice antes que te formase en el vientre te conocí? ¿No debería haber dicho que te formases?
¿Entonces deberíamos aceptar de una buena vez, que los seres humanos solamente formamos un ser inanimado de carne y hueso, que de no recibir el soplo divino jamás sería un alma viviente? No lo sé, pero David lo tenía muy claro cuando en el salmo 139:15-16 lo dice así: No fue encubierto de ti mi cuerpo, Bien que en oculto fui formado, Y entretejido en lo más profundo de la tierra. Mi embrión, vieron tus ojos, Y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas Que fueron luego formadas, Sin faltar una de ellas. Es indudable. Dios está desde el principio de nuestra gestación. En cada uno. ¿Suena increíble? ¿Y qué cosa de este ámbito sobrenatural nuestro le puede sonar creíble al mundo secular?
No fue el único. También Isaías lo vio con absoluta claridad. Y así lo expresa en el primer verso del capítulo 49 de su libro, cuando dice: Oídme, costas, y escuchad, pueblos lejanos. Jehová me llamó desde el vientre, desde las entrañas de mi madre tuvo mi nombre en memoria. A ti, justamente a ti que hoy estabas pensando que no vales demasiado como para que el Señor te tenga en cuenta. A ti te llega esta respuesta directamente desde el cielo. Isaías lo vuelve a mencionar en el verso 5: Ahora pues, dice Jehová, el que me formó desde el vientre para ser su siervo, para hacer volver a él a Jacob y para congregarle a Israel (Porque estimado seré en los ojos de Jehová, y el Dios mío será mi fuerza); Tú, si quieres, no lo creas. Yo sí.
Queda absolutamente en claro que la soberanía de nuestro Dios se muestra nítidamente al formar, santificar, que es apartar, separar, y ordenar, que es designar en este caso a Jeremías, por profeta, (Que significa vocero suyo, portavoz, a las naciones, en este caso histórico Asiria, Babilonia, Egipto, Judá y otras. Entonces me pregunto y te pregunto: ¿Qué impide o anula que hoy, pleno siglo veintiuno, el mismo Dios que era ayer, hoy y siempre, no esté haciendo exactamente lo mismo contigo? ¿O conmigo? Soy y creo ser un vocero del Señor para todas las naciones de habla hispana que me escuchan o leen. Y tengo certeza de haber sido enviado a esto, justamente desde antes que Él me formase en el vientre de doña Arminda, así se llamaba mi madre. Si quieres, llámame presuntuoso. Te comprendo. Pero no me muevo un milímetro.
(6) Y yo dije: ¡Ah! ¡Ah, Señor Jehová! He aquí, no sé hablar, porque soy niño. Tranquilo. No fue el único el pobre Jeremías en querer argumentar algo ante Dios para esquivar el mandato (7) Y me dijo Jehová: No digas: Soy un niño; porque a todo lo que te envíe irás tú, y dirás todo lo que te mande. (8) No temas delante de ellos, porque contigo estoy para librarte, dice Jehová. ¿Lo escuchaste bien? No temas. Si es voz de Dios, atrévete y suéltala. Nadie te podrá callar. Pero ten mucho cuidado. Entrega todo en oración y sé muy sobrio. Porque si llegas a salir a vociferar palabras que no te fueron dadas desde el cielo, sino de tus intereses personales, entonces nadie va a salir a respaldarte y, si te atacan, caerás.
(9) Y extendió Jehová su mano y tocó mi boca, y me dijo Jehová: He aquí he puesto mis palabras en tu boca. ¿Es que Dios tiene una mano que, llegado el momento, puede tocar tu boca? Podría ser una licencia poética que Jeremías se toma para declarar que sus palabras vienen de parte de Dios, pero eso sería factible si fuera el único. Pero no es así. Isaías, anteriormente, había dicho algo similar, aunque con relación a un serafín, esto es, un ángel de Dios. Mira Isaías 6:6-7: Y voló hacia mí uno de los serafines, teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas; y tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado.
Una del Dios Padre y otra de uno de sus ángeles. ¿Es suficiente para creerlo? No tan sencillo, ¿Verdad? Entonces vete a Éxodo 4:11-16 y escucha con atención: Y Jehová le respondió: ¿Quién dio la boca al hombre? ¿o quién hizo al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo Jehová? Ahora pues, ve, y yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que hayas de hablar. Y él dijo: ¡Ay, Señor! envía, te ruego, por medio del que debes enviar. Entonces Jehová se enojó contra Moisés, y dijo: ¿No conozco yo a tu hermano Aarón, levita, y que él habla bien? Y he aquí que él saldrá a recibirte, y al verte se alegrará en su corazón. Tú hablarás a él, y pondrás en su boca las palabras, y yo estaré con tu boca y con la suya, y os enseñaré lo que hayáis de hacer. Y él hablará por ti al pueblo; él te será a ti en lugar de boca, y tú serás para él en lugar de Dios.
Puedes creerlo y no creerlo, tú decides. En mi experiencia personal, nunca me ocurrió algo como una aparición espectacular de un ser sobrenatural estirando su mano para tocar mi boca. Pero en muchas ocasiones, ya sea predicando en la emisora de radio, enseñando en una clase bíblica o simplemente grabando un audio para nuestra web, cuando tenía preparado y hasta pensado decir una determinada cosa sobre un texto a examinar, de improviso vino a mi mente una serie de detalles, conceptos y hasta definiciones de tono profético que, de ninguna manera, pudieron ser producto de mi sabiduría personal. Así es que si, yo creo que simbólica o físicamente, en un momento necesario, Dios puede tocar tu boca y hacerte hablar lo que Él quiere decir y no lo que a ti te parece bonito.
(10) Mira que te he puesto en este día sobre naciones y sobre reinos, para arrancar y para destruir, para arruinar y para derribar, para edificar y para plantar. Y aquí llegamos al texto base de lo que el Espíritu Santo me guio a Compartirte hoy. Olvídate de Jeremías, porque él es sólo una muestra que la historia te brinda para que tú, yo y todos los que sienten alguna forma de llamado que nos saque del ostracismo en el que vive una enorme franja del pueblo de Dios en la tierra. Tómalo para ti, donde quiera que vivas. Porque hay cosas que no tienen nada que ver ni con la sociedad, ni con la política y mucho menos con las falsas ideologías que los hombres argumentan sentir para justificar, a veces, lo injustificable.
De momento que Pablo, cuando le escribe su segunda carta a su discípulo Timoteo, no vacila en el inicio, de decirle lo que ha quedado grabado a fuego para siempre, no sólo para ese tiempo y lugar. También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. ¿Alguien se ha tomado el trabajo de descifrar que significa esto de “tiempos peligrosos”? Los que viven en lugares de oriente donde el cristianismo es minoría, creo que lo tienen bien claro. Los que no lo tenemos del mismo modo somos nosotros, occidentales a los cuales se nos predica permanentemente avivamientos, celebraciones, señales y milagros, y se nos enseña que todo será para bien, cuando nuestras Biblias, como acabo de leerte, nos dice lo contrario.
De todos modos, leamos aquí para qué es que el Señor nos ha puesto en nuestro lugar de origen. No puedo incluir a la inmigración, a menos que haya sido realizada por expreso mandato y dirección del Espíritu Santo. Estamos en esta tierra sobre las naciones, (Esto significa que no podemos limitarnos a decir o hacer lo que nuestros gobernantes incrédulos determinen; sino lo que nuestro Dios nos ordena), y sobre reinos, que no se refiere a las escasas y decorativas monarquías existentes, sino de otro reino que todos conocemos, aunque elegimos no mencionarlo para no darle promoción innecesaria. Sólo puedo añadirte que pertenece a lo más oscuro, malévolo y recóndito de las tinieblas.
Muy bien. ¿Y qué es lo que Dios nos dice que debemos hacer con esas naciones y reinos? Seis acciones. Cuatro destructivas y dos edificadoras. En ese orden. Comienza por una que suena bastante fuerte: ARRANCAR. Sacar de raíz, dice el diccionario. Tiene connotación de algo violento, ¿No es así? La palabra utilizada en el original hebreo es natásh. Su definición más simple es rasgar para separar. Luego aparecen los sinónimos, a los que deberemos prestar mucha atención: derribar, desarraigar, perecer, raíz, sacar por completo. Con el reino de las tinieblas estamos perfectamente consustanciados con todo esto. Si hay un demonio influenciando maldad en un lugar, no podemos ni negociar ni confraternizar con él, se lo arranca de allí y se lo echa fuera.
Pero con las naciones las cosas son distintas. ¿Debería interpretar esta palabra como un aval a determinados actos subversivos para con algún gobierno que esté ejecutando cosas opuestas a la voluntad de Dios? ¿Me está hablando de entablar una especie de guerra santa? Mucho me temo que así deben haberlo interpretado en la antigüedad, por eso existieron y siguen existiendo tantas guerras que acabaron con tantas vidas inocentes. No he visto que los más prestigiosos teólogos que siempre parecen saberlo todo largamente, se jueguen demasiado con estas palabras. En la mayor parte de sus comentarios, casi que las observan superficialmente y rápidamente pasan a lo siguiente. Lo único que he hallado en lo histórico, es que Arrancar» y «destruir» implican la eliminación de prácticas idólatras y la purificación espiritual necesaria para volver a la adoración genuina a Dios.
Creo fielmente que nuestra guerra no es contra carne y sangre, sino contra principados y potestades, por lo que, en mi visión personal, que de ninguna manera nadie deberá darle entidad de doctrina a seguir, es que arrancar tiene que ver con el tipo de oración que hacemos por algo o por alguien que este en contra del diseño, la voluntad y el propósito de Dios. A eso hemos venido, a ser gobierno, no a ser cómplices o enemigos de ellos. Y para gobernar en el espíritu, sólo bastará declarar, decretar y activar algo que tenga que ver con lo que Dios ordena. No voy a darte ningún ejemplo que tengo en mi mente porque, reitero, es una visión personal. Pero si llegado el caso oras por algo o alguien que esté en contra del Reino de Dios, entonces será el Espíritu Santo el que te guíe a arrancar eso de la manera que Él te lo enseñe.
La segunda palabra, es DESTRUIR. Deshacer o arruinar una cosa. Aquí, la palabra utilizada es abad. Implica algo o alguien propenso a descarriarse, algo así como perderse por implosión. También perecer. No parece darnos demasiadas alternativas. Donde quieras que busques en tu Biblia textos con esta palabra, siempre encontrarás lo que te presenta de antemano: destrucción. Ahora bien; si se trata de naciones, ¿Qué debo entender aquí? ¿Salir con una poderosa arma de guerra y destruir todo lo que se oponga a Dios mediante la eliminación de adversarios? Está bien, en la antigüedad las guerras eran constantes y el mismo Jehová se declara como varón de ellas, pero…No. Creo en mi fuero más íntimo que aquí esto tiene que ver con la cultura corrupta de un lugar. Destruir esa cultura para plantar la cultura del Reino.
Y no estoy diciendo esto por ingenuo voluntarismo religioso, sino porque hay otros textos que reiteran estas palabras del verso 10 y creo que convendría repasarlos para ir formando un panorama más claro de lo que deberemos ejecutar a futuro. En el capítulo 18 de este mismo libro, en los versos del 7 al 10, hay una expresión que te comparto para que la medites. Dice: En un instante hablaré contra pueblos y contra reinos, para arrancar, y derribar, y destruir. Pero si esos pueblos se convirtieren de su maldad contra la cual hablé, yo me arrepentiré del mal que había pensado hacerles, y en un instante hablaré de la gente y del reino, para edificar y para plantar. Pero si hiciere lo malo delante de mis ojos, no oyendo mi voz, me arrepentiré del bien que había determinado hacerle. Punto inicial: primeramente, debemos hablar con esa gente. Segundo: si ellos se convierten de su maldad, entonces Dios se arrepentirá del juicio.
La tercera palabra, que suena muy similar a la anterior, es ARRUINAR. En el original es la palabra natáts, y tiene que ver con derribar algo. También con arruinar, asolar, destruir, hender, perecer, quebrar, romper, trastornar. Esto indiscutiblemente tiene que ver con juicio. Los juicios de Dios son lentos para llegar porque Él siempre te dará una oportunidad más para arrepentirte. Pero cuando se agotan todos los tiempos, esos juicios han sido, son y seguirán siendo inmutables y, llegado el caso y la necesidad, implacables. Nadie podrá argumentar inocencia por ignorancia. Se los viene advirtiendo desde el principio y, solamente la necedad vanidosa u orgullosa puede ignorar tamaña advertencia. Es Dios, no un hombre de carne y hueso, maleable, cambiable o corrompible. Esto le pega fuerte a ciertas democracias, pero indefectiblemente está dirigido a todas las tiranías o dictaduras existentes. Eso también es cultura de hombre. Dios no es tirano.
En el capítulo 24 y en los versos que van del 5 al 7, hay otra pista que será conveniente examinar. Allí dice: Así ha dicho Jehová Dios de Israel: Como a estos higos buenos, así miraré a los transportados de Judá, a los cuales eché de este lugar a la tierra de los caldeos, para bien. Porque pondré mis ojos sobre ellos para bien, y los volveré a esta tierra, y los edificaré, y no los destruiré; los plantaré y no los arrancaré. Y les daré corazón para que me conozcan que yo soy Jehová; y me serán por pueblo, y yo les seré a ellos por Dios; porque se volverán a mí de todo su corazón. ¿Qué es un higo bueno? El maduro y lleno de semillas para prosecución de la especie. Quienes así sean, tendrán sobre si los ojos llenos de misericordia y amor de nuestro Dios, y aunque su nación reciba un juicio duro, ellos podrán quedar a un lado de eso con sólo aceptarlo como Rey y Señor de sus vidas y comprometerse a obedecer su dirección y hacer prevalecer Su Soberanía y Su Voluntad.
La cuarta y última palabra de juicio, es DERRIBAR. Aquí la palabra es jarás, y tiene que ver con tirar hacia abajo o en pedazos, romper, destruir. Es casi un calco de todo lo anterior, se le parece y mucho. Porque sus sinónimos implícitos son arruinar, asolar, desbaratar, desmoronar, destruidor, destruir, rendir, traspasar, trastornar. Si tú examinas cada una de estas palabras, podrás ver que una de las acciones más nobles que puedan llevarse a cabo contra gobernantes corruptos o llenos de maldad en las naciones que los tengan, es la de trabajar desde lo espiritual con todo celo y armadura de guerra, para desbaratar cada uno de sus planes nefastos o contrario al diseño y la voluntad de Dios. Ejemplo: la mejor manera de combatir el narcotráfico, es eliminar el consumo. Y a eso solamente lo puede lograr Jesucristo. Esa es la prédica ante cada adicto. Quizás sean pocos los que lo crean, pero serán suficientes en los cielos.
El capítulo 31 nos trae otra visión, otra mirada de esta realidad. Allí, en los versos del 27 al 30, leemos: He aquí vienen días, dice Jehová, en que sembraré la casa de Israel y la casa de Judá de simiente de hombre y de simiente de animal. Y así como tuve cuidado de ellos para arrancar y derribar, y trastornar y perder y afligir, tendré cuidado de ellos para edificar y plantar, dice Jehová. En aquellos días no dirán más: Los padres comieron las uvas agrias y los dientes de los hijos tienen la dentera, sino que cada cual morirá por su propia maldad; los dientes de todo hombre que comiere las uvas agrias, tendrán la dentera. Simiente de hombre y animal. Para aquellos legendarios, hombres y su ganado. Hoy, también hombres, pero con sus trabajos, sus bienes, sus posesiones. Si se destruye, arruina y se desarraiga la corrupción, el trabajo de los íntegros tendrá su recompensa correcta.
La quinta palabra y primera de lo constructivo, es EDIFICAR. La palabra en el original es baná, y significa lisa y llanamente construir. Habla de albañilería, de poner cimientos, de fabricar, de fortificar, hacer, tener hijo, levantar, maestro, obra, poner, prosperar, reedificar, reparar, reestablecer y restaurar. Esto, indudablemente, tiene que ver con un después. Después de todo lo anterior, de la ruina moral desarraigada de una nación, de una corrupción destruida y una necedad vanidosa en forma de arrogancia desmoronada simplemente por la palabra y el testimonio de los hijos. Cuando una nación queda así, en esas condiciones, se impone una restauración con rudimentos celestiales. No alcanza con la buena voluntad de la sabiduría humana y sus ciencias, se impone la presencia de Jesucristo en las vidas, única manera de llegar a un estado de paz interna imposible a través de ningún artilugio ni medicamento humano.
Finalmente, en el capítulo 42 y versos 7 al 10, vemos otra semblanza de lo comentado. Dice: Aconteció que al cabo de diez días vino palabra de Jehová a Jeremías. Y llamó a Johanán hijo de Carea y a todos los oficiales de la gente de guerra que con él estaban, y a todo el pueblo desde el menor hasta el mayor; y les dijo: Así ha dicho Jehová Dios de Israel, al cual me enviasteis para presentar vuestros ruegos en su presencia: Si os quedareis quietos en esta tierra, os edificaré, y no os destruiré; os plantaré, y no os arrancaré; porque estoy arrepentido del mal que os he hecho. ¿Qué significado tendrá el quedarse quieto en esa tierra? Si bien no soy ciego ni necio, y sé que lo que voy a decir hoy es impracticable por todas las razones que conocemos, así y todo no puedo callar lo que es una verdad de Dios inapelable.
Si observas las geografías y climas de todas las tierras del mundo, con una administración honesta, incorruptible y llena de amor por sus semejantes, cada nación de cada lugar del mundo, tendría sobradamente lo necesario para subsistir y mantenerse en cada lugar sin tener que emigrar a otros. Hoy, algunos gobiernos pretenden encarar ese problema con la deportación y la mano dura, pero supongo que están apenas tratando un problema que es nada menos que el resultado de sus propias políticas segregacionistas. Si se derrumba y destruye el racismo y el clasismo, creo que los hombres encontrarían un remanso de paz que fura realmente duradera. Nadie tendría que abandonar su tierra, porque por algún motivo muy importante en lo espiritual Dios decidió hacerlos nacer allí y no en otro lugar. Cada inmigrante sabe que eso, hoy, es imposible. Sin embargo, en sus corazones, hay una añoranza por su patria genuina que va mucho más allá de una educación escolar. Es un ADN espiritual que manda esa señal a sus vidas.
La última de estas palabras tan contundentes recibidas por Jeremías, pero extendidas a todo creyente fiel y sólido, es PLANTAR. El original hebreo aquí es natá y significa algo así como “golpear en.” Habla de afirmar, hincar, labrar y sembrar. Es curioso, pero este verbo en otras ramificaciones, está cerca de treinta veces en toda la Biblia. Pero sólo en el Antiguo Testamento. En el Nuevo no figura esta palabra. Y así como la tenemos aquí, sólo en el libro de Jeremías en los versos que hemos compartido. ¿Qué querrá decir eso? Que el mandato que se le da a Jeremías, que es el mismo que se no está danto a nosotros en este tiempo, nos impone y demanda hacer todo lo que haya que hacer para terminar con corrupciones, clasismos, racismos, maldades y ferocidades, pero también nos ordena edificar lo que haya sido destruido y, fundamentalmente, plantar las bases de la palabra de Dios, que es lo único que podrá salvar a este planeta de una autodestrucción manifiesta a la que, más que evidentemente, estamos marchando.
Ahora reflexionemos un instante con conciencia racional e inteligente. ¿Alguien ha creído los discursos o relatos de quienes aseguran que todos los adelantos científicos y tecnológicos que están apareciendo, han sido creados para ayudar a la humanidad a que viva mejor? ¿De verdad queda gene con el grado necesario de ingenuidad que pueda creer que eso es verdad? ¿Nadie va a desconfiar de esos hombres que sólo parecen interesarse por aumentar sus fortunas materiales y acceder a mayores sitios de poder? Al darse cuenta de esto, no son pocos los cristianos que han caído en la trampa satánica de involucrarse en la política terrenal con la idea de sanearla y llevar a todos esos hombres a Cristo y de ese modo cambiar un mundo que comienza a romperse en pedazos. Ese es un error que Jeremías marca con mucha claridad en el capítulo 17 y verso 5: Así ha dicho Jehová: Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová.
Si quieres te añado dos frases más que también han sido inscriptas en este libro. Maldito el varón que no obedeciere las palabras de este pacto y, tal vez la más sutil de todas: maldito el que hiciere indolentemente la obra de Jehová. Hacer algo de manera indolente, te advierto, es darles a las cosas de Dios el tiempo que nos sobra, por debajo de placeres, trabajo, divertimentos y hasta juegos. Y también llevarlas a cabo sin amor, con apatía, aburrimiento y desprecio por la gente que acude en búsqueda de ayuda. Si queremos que este mundo alguna vez torne a cambiar, lo primero que deberá cambiar es el corazón del hombre. Y para que un corazón humano cambie, tiene que ser tocado, sacudido y llenado por el Espíritu Santo de Dios. De otro modo, seguirá siendo religión. Y ninguna religión cambiará al mundo. Lo más probable es que sea derrumbada y destruida conjuntamente con él.