Es la misma cosa. No se preocupe ni se gaste en letras o tiempos radiales innecesarios, hermano; anunciar y predicar es la misma cosa. Me han dicho esto mil veces. Me he sonreído otras tantas. Un buen día, cansado de sonreírme y tratar de ser entendido, decidí ponerlo por obra y mostrarlo a través de las pruebas irrefutables de la escritura. Aquí está el resultado.
(Hechos 8: 4)= Pero los que fueron esparcidos, (Un momento; ¿Quiénes fueron esparcidos? En principio, los doce. Después, los setenta y después…nosotros) …iban por todas partes anunciando el evangelio.
Otro momento; Consejo práctico para escudriñar la escritura: buscar en cada versículo, si la hay, la palabra clave; la que trae el fundamento del resto, la que revela. En este caso, la palabra clave es anunciando.
¿Qué es anunciar? Es difundir, hacer saber, comunicar, informar, propalar, hacer conocer, “desasnar”. ¿Y como sería eso, hoy? No hablar, casi por una incomprensible reverencia, en idioma de traducción bíblica española, que por poco nos ubica innecesariamente en una especie de ridículo gramatical e intelectual.
Que si fuera solamente eso, quizás no tendría demasiada validez o importancia, pero que a la hora de establecer lo que comúnmente se denomina intercomunicación humana con el mundo, aunque usted no lo crea, es una especie de barrera que se interpone.
En la charla con su vecina, o su compañero de trabajo, salvo cuando usted le lea un texto, olvídese del “vosotros”, o el “habéis” u otras por el estilo salvo que, claro está, seáis españoles o habléis el idioma tal cual se lo habla en España.
Anunciar la buena nueva, (Es decir: el evangelio), es gritarle al mundo: “¡Eh, ustedes! ¿Se están sintiendo sucios, malos, candidatos al infierno, la perdición, la muerte total y sin esperanzas, verdad? Bien; les tengo una novedad: no sólo puede evadir de ese destino, sino que puede revertirlo, cambiarlo. ¡Hay promesa de Vida Eterna para usted si se atreve a tomar una decisión de fe por Cristo! No se crea más esa mentira de que ya nada tiene remedio. ¡Yo tengo para anunciarle la solución, la salida, el medicamento que usted está buscando! ¿Se atreve a jugarse?” Eso es anunciar.
(Verso 5)= Entonces Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaria, les predicaba a Cristo.
Aquí la palabra clave, es predicaba. Felipe no anunciaba el evangelio, al menos desde este texto y en este lugar. Felipe predicaba a Cristo. Entonces alguien sale y dice: ¡Bueno, hermano! ¡Es que es la misma cosa! No. No es la misma cosa. ¿Vamos a verlo?
El término predicar es la unión de un prefijo, “pre”, que significa “previo, de antemano, con anterioridad. Y del anexo de una palabra, “dicar”, cuya raíz implica referirse a la sustancia de los ángeles caídos.
Felipe, entonces, no les decía: “¡Eh! ¡No se vayan al infierno! ¡Pueden irse al cielo!” Felipe les decía: “¡Dejen de hacerle el juego a Satanás y a todos sus demonios con sus mentiras! ¡Cristo ya los derrotó en la cruz y dejó esa victoria para que, en su nombre, si la tomamos por fe, podamos manifestarla!
Hay una diferencia: el que anuncia, habla de un premio, de un resultado. El que predica habla de armas, de estrategias de combate. De un combate no físico, material o natural; de un combate que se desarrolla en las regiones celestes y que, como todos sabemos, ya tiene un resultado, un tablero puesto: ¡¡GANAMOS!!
(Verso 6)= Y la gente, unánime, escuchaba atentamente las cosas que decía Felipe, oyendo y viendo las señales que hacía.
Palabra clave aquí, UNÁNIME. Es decir: de un mismo sentir, de un mismo parecer. Es imposible recibir corporalmente algo de Dios si no se está en unanimidad de fe y espíritu. En un marco de contienda, discusión, disenso y encono, es casi imposible que Dios se mueva sobrenaturalmente.
Aquí sí lo hacía, porque dice que la gente VEÍA las SEÑALES que Felipe hacía. Entonces nos podemos preguntar: ¿Qué era lo que esa gente veía? ¿Cuáles eran esas señales? ¿Acaso homilética? ¿Hermenéutica? ¿Escatología? ¿Doxología? El verso 7, creo que lo explica bien.
(Verso 7)= Porque de muchos que tenían espíritus inmundos, (Demonios), salían estos dando grandes voces; (Esto significa: aullando, chillando, produciendo escándalo, típico) …y muchos paralíticos y cojos eran sanados;
Aquí queda en evidencia algo que es muy claro, pero que en ese afán que pareceríamos tener los hombres por operar en la carne las cosas que pertenecen al Espíritu; por tratar de hacer en lo material y lo natural las cosas que provienen del mundo espiritual y sobrenatural, nos llevan primero al error y luego, por lógica y bíblica consecuencia, a la frustración y hasta al fracaso.
No podemos ni debemos olvidar que el Evangelista, es uno de los cinco ministerios que el señor da a su iglesia para edificación, conmoción y oportunidad de cosecha. Un Evangelista, al igual que un Apóstol, un Profeta, un Maestro o un Pastor, jamás puede ser elegido por hombres según disposiciones de hombres.
De hecho que en muchas partes todavía se hace, pero hay una irrenunciable verdad que además tiene suficiente base bíblica en Saúl, (Rey pedido por Israel), y David, (Rey levantado por Dios), un ungido en cualquiera de estos cinco ministerios es levantado por Dios o no sirve para su plan y su propósito. Es ungido por el Espíritu Santo como tal, o está destinado al fracaso.
Volviendo al Evangelista: podemos designar sabiamente, a conciencia y por un montón de referencias muy válidas al hermano “Chichilo” para que haga esa tarea; y el pobre hermano “Chichilo”, con la mejor y mayor de sus voluntades, con el máximo esfuerzo del que sea capaz, va a tratar de estar a la altura de lo que la iglesia espera de él; gloria a Dios por “Chichilo” en la congregación, ¡Aleluya!
Pero si al hermano “Chichilo” no lo levantó el Señor par ese ministerio, nunca pasará de ser un anunciador del evangelio; que también tiene sus méritos porque también tiene un espacio en el cuerpo, pero que no puede de manera alguna hacer la tarea de un evangelista masivo.
Atención con esto porque es el elemento vital para tener en cuenta: el ministerio del evangelista, siempre va acompañado de señales, milagros y liberación. El texto habla de Felipe, pero en este tiempo, – por ejemplo -, del ministerio de Carlos Anacondia, a quien muchos todavía toman como un “sanador”, un “liberador de demonios” o alguna cosa más irreverente todavía, pero que en realidad y tal como se presenta y declara, es un evangelista del Señor. Punto.
(Verso 8)= Así que había gran gozo en aquella ciudad.
Este verso muestra una realidad todavía vigente, aunque por obra de la carnalidad y la terquedad humanas, lamentablemente no sea aún súper-abundante: la obra del evangelista produce gozo en el pueblo. Tanto en los que por él hallan la verdad que perseguían, como para los que, conociéndola, ven reforzada, confirmada y alentada su fe, su certeza, su convicción. Gozo, en un tiempo como este, es casi utópico.
(Verso 9)= Pero había un hombre llamado Simón, que antes ejercía la magia en aquella ciudad, y había engañado a la gente de Samaria, haciéndose pasar por algún grande.
Esto es clásico e histórico. Allí donde un ministerio del señor se presenta con unción y poder, allí se convocan inmediatamente magos, brujos, hechiceros, adivinos, agoreros y demás especimenes del reino de las tinieblas que podríamos unificar como: demonios.
Cuando una congregación jamás ha recibido la visita, la infiltración, la perturbación o simplemente la presencia de visibles enviados satánicos, no es porque esa congregación ande, precisamente, a la perfección. Lo más probables es que está caminando en lo humano, en lo carnal, en lo religioso o en lo filosófico, y ninguna de esas cosas ni preocupa ni molesta a Satanás.
Donde realmente se mueve el poder de Dios, siempre vendrá alguien enviado por el diablo para confundir, copiar, desacreditar y, si lo dejan, abortar cualquier cosa que Dios haya hecho o esté haciendo en ese lugar. Estar tranquilo no significa estar victorioso; aprenda.
(Verso 10)= A este (Simón) oían atentamente todos, desde el más pequeño hasta el más grande, diciendo: este es el gran poder de Dios.
Los creyentes se dividen en tres franjas: 1) Los que no creen en los milagros sobrenaturales. 2) Los que creen que cualquier cosa sobrenatural proviene de Dios, olvidando que Satanás también opera en lo sobrenatural. 3) Los que usan discernimiento, pesan los espíritus, escudriñan la Palabra y no se dejan engañar.
A todas luces podremos entender claramente que estos últimos son los auténticamente maduros. Obviamente, todavía constituyen una minoría. Confundir a Dios con la magia, no es mera ignorancia; es infantilismo espiritual crédulo e ingenuo, no creyente. Y como tal, muy peligroso para la salud del cuerpo. Individual y general.
(Versos 11 y 12)= Y le estaban atentos, (Cuanto se mueve algo en lo sobrenatural, siempre despierta la atención de todos), porque con sus artes mágicas les había engañado mucho tiempo.
Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, (Aquí lo tiene usted más que claro: Felipe predicaba a Cristo y también anunciaba el evangelio del Reino. ¡Completo Felipe! Ministerio del Evangelista. Conste en Actas.) …se bautizaban hombres y mujeres.
Primero: el bautismo es mandamiento y debe ser obedecido. El rito, es secundario, lo primero es que ese rito sea una consecuencia de dos aspectos claros: 1) La obediencia al mandato. 2) La confirmación de haber creído.
Yo no sé, – Y en realidad no tengo por qué saberlo -, cuantos de los que van a su o a mi iglesia creen, realmente, y cuantos otros van: porque se sienten bien, porque reciben algún tipo de ayuda, porque eso es lo que vienen haciendo desde hace veinte o treinta años, o porque siguen haciendo lo que su familia viene haciendo desde hace dos o tres generaciones, pero en el fondo no creen.
A eso, no lo sé ni tengo por qué saberlo. Lo que sí sé, en cambio, es que normalmente, todos están bautizados por inmersión, tal como la iglesia acostumbra. En algunas denominaciones, se los considera “parte del cuerpo” sólo después de arrojarse a la pileta. En otras, se los considera “salvos” sólo luego de tragar agua en la piscina del templo llamada bautisterio. Dios y la Biblia jamás dijeron algo así.
Atienda esto ahora: si creyeron y obedecieron a Dios en el bautismo, esa fase está completa conforme al propósito y la voluntad de Dios. Si obedecieron en el bautismo pero aún no pueden creer, (Sea por los motivos que sea), esa materia no está aún aprobada; jamás podrán pasar a rendir otra si antes no aprueban definitivamente esta; ¿Okey?
(Verso 13)= También creyó Simón mismo, (¡Eh! ¿Quién dijo que a los brujos había que quemarlos vivos? ¿No será que pueden restaurarse?) …y habiéndose bautizado, estaba siempre con Felipe; (Se podría conjeturar que lo admiraba, ¿Verdad?) …y viendo las señales y grandes milagros que se hacían, estaba atónito.
Aquí hay varias cosas. Primero: cualquiera, hoy, viendo esto, diría: ¡Bárbaro Felipe! ¡Se convirtió el brujo! Luego, al bautizarse, muchos hubieran invitado a Simón a almorzar para brindarle su afecto, su hospitalidad y su integración al cuerpo. Perfecto.
Probablemente, a alguien también se le pudiera ocurrir pone a Simón a dar charlas, conferencias y seminarios (También denominados “clínicas” o “congresos”) sobre ocultismo, satanismo y magia negra, dada su experiencia “en el mundo”, agregándole su testimonio personal de brujo convertido y redimido.
Sin embargo, hay un cabo suelto. Ante los milagros que veía, estaba atónito. Es la misma palabra que se usa para describir la reacción de los magos que acompañaban a Faraón cuando la vara de Moisés se convirtió en culebra y se comió a las culebras que los magos habían hecho surgir de sus propias varas mediante sus poderes hechiceros.
Éxodo no dice nada que esos magos se convirtieran a Jehová. Lo que sí dice es que ellos reconocieron que el poder del dios de Israel era mayor al poder que ellos podían manejar, pero de convicciones personales redimidas o cambiadas, nada.
Conclusión: en un tiempo donde la magia sobreabunda por sobre lo que la iglesia puede manifestar sobrenaturalmente de Dios: la magia sigue quedándose atónita ante el poder de Dios, cuando este es manifestado.
(Verso 14)= Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la Palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan;
Número uno: Requisito indispensable para creer la palabra: recibirla por fe.
(Verso 15)= Los cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo; porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús.
Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo.
Un detalle para tener muy en cuenta: los discípulos tenían muy claras las diferentes unciones de Dios. Porque, si ya estaba Felipe allí, liderando, predicando, anunciando, sanando y liberando: ¿Qué tenían que hacer allí Pedro y Juan?
Dígame con honestidad: si no fuera que eran quienes eran, que hicieron lo que hicieron y que significó lo que significó, ¿No se parece, a primera vista, a una de esas reacciones medio envidiosas que vemos a diario pulular por allí? Sin embargo, no. Aquí se trataba de otra cosa.
Ahora veamos: ¿Se necesitaría a Pedro y a Juan, como una especie de “dadores” del Espíritu Santo? No. Hay un solo dador del Espíritu santo: Dios. Lo que ellos dejaron en evidencia, para ese pueblo y para todos los que sí pueden sobreponerse a sus propios intereses quieran verlo hoy todavía, es que en ese grupo ya tenían muy claros los diferentes tipos de autoridad.
La imposición de las manos, mientras tanto, lejos de ser un simple ritual, como muchos creen, actuó aquí como lo que evidentemente la Biblia nos muestra que es: un canal de transferencia: en el nombre de Jesús, para recibir al Espíritu Santo, para sanidad, para ser ordenados para un servicio determinado.
Pero mucha atención con esto: en otros casos y sin la participación de nuestro Dios, también puede significar un modo altamente factible de decepcionar espíritus malignos. El canal sigue vigente. Por eso es que no sólo debemos cuidarnos de imponer nuestras manos con ligereza, sino también tener mucho cuidado adonde ponemos nuestra cabeza.
(Verso 18)= Cuando vio Simón que por la imposición de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero, diciendo: dadme a mí también este poder, para que cualquiera a quien yo impusiere las manos reciba el Espíritu Santo.
Entonces Pedro le dijo: tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de de Dios se obtiene con dinero.
¿Cómo es el asunto aquí? Mire el verso 13. ¿No dice allí que Simón creyó y se bautizó? ¿En qué quedamos? ¡Está ofreciendo dinero a cambio del poder del Espíritu Santo! Aquí hay algo muy visible: la raíz ocultista que todavía deslumbraba a Simón, era la manifestación del poder sobrenatural.
Cuando la vio operar por mano de Felipe, inmediatamente se dio cuenta que el poder que allí se manifestaba era ampliamente superior al mejor de sus trucos. A eso lo creyó, sin dudas. Cuanto más creyó, no lo podemos saber. Pero que creyó eso y se mostró dispuesto a obedecer y bautizarse para formar parte del grupo y, fundamentalmente, caminar cerca de Felipe, es más que evidente.
No sabemos si llegó a pensar en algún momento en la Vida Eterna o en su regeneración; es notorio que lo que más anhelaba era tener acceso de cualquier manera a esa calidad de poder sanador y liberador. Cuando vio el agregado de la imposición de manos de Pedro y de Juan, no aguantó más e hizo rápidamente la oferta.
Pero hay otro detalle que no podemos dejar pasar, ya que les viene bien a muchos que aún mantienen ciertas dudas sobre ciertas cosas. Cuando actúan Pedro y Juan, ¿Qué se supone que Vio Simón, que lo convenció y lo entusiasmó?
¿Acaso gritos? ¿Risas? ¿Llantos? ¿Quebrantamientos? ¿Gente que caía al suelo? ¿Temblores? ¿Borracheras sin alcohol? Eso, a la verdad, no ha sido escrito. Pero si dice aquí que Simón “vio”, no podemos menos que preguntarnos: ¿Qué fue lo que vio? No lo sabemos. Lo que sí sabemos, es que algo muy singular, muy “raro”, tiene que haber visto.
Sin embargo, luego de todo este episodio, nos encontramos con la realidad de una actitud y una respuesta. Pedro es tan contundente en la que le responde, que mucho más no hay par acotar. Sin embargo, en lo que agrega, hay toda una apología de lo que se necesita para poder ministrar en el Reino de Dios.
(Verso 21)= No tienes tu parte ni suerte en este asunto, (Es decir: “Simón; tú estás con nosotros, pero me parece que no eres de los nuestros…”) …porque tu corazón no es recto delante de Dios. – Primer elemento vital para ser admitido en el Reino: Tener un corazón Recto. El segundo, nace de la actitud que mueve a Simón a querer comprar ese poder, fíjese:
(Verso 22)= Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizás te sea perdonado el pensamiento de tu corazón.
Pedro discierne que Simón tenía amargura. Nadie que tenga amargura en su corazón puede ministrar con poder al Señor. Otra: si Simón, como parece ser, hizo lo que hizo a sabiendas, un tercer ingrediente negativo estaba presente en él: maldad. No podemos olvidar que es Dios quien vigila, no el hombre.
Dos elementos más que Pedro le manifiesta a Simón. Cuidado: se lo ordena con autoridad, no se lo sugiere. Dios jamás sugiere. Dios es rey y ordena. Usted obedece o se hace el distraído, ese es su derecho y su elección.
Estos dos elementos son válidos, de paso, para muchos que sin ser brujos, naturalmente, han dado los mismos pasos formales que dio Simón: creer que dios es Dios y bautizarse, pero que con sus frutos están dando a entender que no caminan por donde Dios quiere que caminen. Arrepentirse y pedir perdón.
(Versos 23 y 24)= Porque en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que estás.
Respondiendo entonces Simón, dijo: rogad vosotros por mí al Señor, para que nada de esto que habéis dicho venga sobre mí.
Este versículo, a la luz de la misma Palabra y de la experiencia contemporánea, parecería indicar que, si bien la conversión de Simón pudo haber sido genuina, (Nadie puede llamar a Jesús “Señor” si no es por el Espíritu Santo), es evidente que primero, no había entendido nada, y segundo, estaba, como es obvio en él, en total inmadurez.
Hay muchos que, siendo más veteranos que Simón aún caminan por esas mismas inmadureces. ¿De donde sacamos esto? Que hace lo que muchos creyentes todavía siguen haciendo casi como una rutina: vivir pidiendo oración a los demás y orando muy poco o nada ellos mismos.
Ahora bien; tenemos que tener cuidado como lo entendemos, porque esto no implica que no se deba pedir oración, implica que ese pedido a los hermanos, debe ir acompañado siempre con nuestra propia oración. Cualquier padre desearía oír qué es lo que quiere su hijo de labios de ese hijo que lo necesita, y no de alguno de sus hermanos.
Para evitar todo esto y cumplir para el reino un trabajo eficiente, es necesario que el creyente pueda y sepa apropiarse, – por decisión y por fe -, de la promesa del Señor que leemos en el evangelio de Juan, capítulo 14, desde el verso 15 en adelante:
(Juan 14: 15)= Si me amáis, guardad mis mandamientos, (Esto no le está diciendo a usted que los cumpla. Para el hombre natural eso es imposible. Le está diciendo que los guarde que los tenga en cuenta para que no se convierta en una fábrica de excusas).
Y yo rogaré al Padre, y os dará otro consolador (Se refiere al Espíritu Santo) para que esté con vosotros para siempre; (Dice para que esté CON nosotros. Esa preposición significa: “junto a”, o “en compañía de” y muestra, en este caso, a un Espíritu Santo que se hace presente en la vida de una persona que se entrega a Jesucristo, para acompañarlo para siempre.
(Verso 17)= El Espíritu de verdad, (Habla del mismo Espíritu Santo, de allí que la palabra esté con mayúscula) al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; (El mundo no puede recibir la compañía del Espíritu Santo porque:
1) No aceptó a Cristo como Salvador personal. 2) No lo convirtió, por consecuencia, en Señor de su vida. 3) No lo puede ver porque sus ojos espirituales están cerrados. 4) No lo conoce porque su entendimiento está entenebrecido.
…Pero vosotros le conocéis (Eso nos lo dice a nosotros. Debemos conocerlo. No es si nos parece o si lo creemos oportuno: ¡Es mandamiento!) …Porque mora con vosotros, (Nos acompaña desde nuestra conversión) y estará, (Aquí pasamos a hablar en tiempo futuro) en vosotros.
Aquí la preposición cambia. Ya no es CON, ahora es EN. Y EN, implica “dentro de”, o “en el interior de”, y que, naturalmente, no es lo mismo. Una cosa es una compañía que le guía y le alienta y le instruye, y otra es algo dentro suyo que le comunica todos los atributos que posee. Son pasos subsiguientes, prometidos y necesarios.
Esto, únicamente, es lo que le va a permitir no sólo anunciar el Evangelio, como testigo, obedeciendo un mandato, sino también predicar a Cristo, que es ni más ni menos que pelearle a Satanás centímetro a centímetro cada espacio en donde él está como usurpador.
Cada centímetro de su reino que debe ser tomado por el Reino de Dios, declarando su derrota y la victoria del Señor en la cruz; ministrar conforme a la Biblia y no conforme a lo que algunos hombres muy estudiosos hayan entendido que debían hacer.