El servicio cristiano puede exigir un precio muy alto. El apóstol Pablo lo sabía demasiado bien. Él delineó algunas de las dificultades físicas y emocionales que enfrentaba. A pesar de toda la oposición y el desánimo del mundo y hasta de los creyentes, nada iba a poder impedir que Pablo sirviera al Señor. Él había aprendido a través de severas pruebas la grandeza del consuelo de Dios. Los cristianos de hoy en día son llamados a tener ese mismo nivel de dedicación. Dios continúa confiándole a su pueblo la responsabilidad de llevar el evangelio a los perdidos y vivir como testimonios vivientes de la reconciliación que Él ofrece a la humanidad pecadora. Eso, de hecho, no significa salir con una Biblia debajo del brazo a fastidiar a quienes no quieren oírte. Eso significa vivir una vida que despierte curiosidad e interés en el no creyente.
Mientras sufría la oposición, Pablo mantenía la mirada espiritual enfocada en la recompensa que les espera a los que sirven a Dios después de esta vida. Llegó a comparar su cuerpo con una tienda de campaña y el cuerpo resucitado con una casa. Me pregunto y te pregunto: El servicio que estás prestando, cualquiera sea y tenga la importancia que tenga, ¿Es de este nivel? La característica principal de la tienda de campaña, es que se trata de una habitación temporal. Se puede desarmar y mover de un lugar a otro, y sirve para los que no están establecidos. Pero una casa constituye una residencia permanente. De allí que la casa que Pablo anhelaba no estaba hecha por manos humanas, sino que era espiritual y eterna. ¿Cuántos sirven, hoy, mirando donde Pablo miraba? Trato de hacer eso, pero hay días en que los buenos de mis ojos parecerían no querer obedecerme…
La naturaleza humana de Pablo anhelaba mucho el día cuando su tabernáculo corporal se deshiciera y pudiera abandonarlo para habitar en su hogar eterno en el cielo. Describió esa sensación como la de “gemidos”. Pero él, además imaginaba el cuerpo resucitado como una nueva vestimenta que se pondría cuando abandonara el cuerpo físico. En el cielo no sería un espíritu sin forma, sino que usaría la vestimenta de un cuerpo inmortal. Lo mortal sería absorbido por lo inmortal. Este era el propósito de Dios para Pablo cuando lo hizo, y como garantía, Dios le había dado el Espíritu Santo. Pablo vio en la presencia del Espíritu Santo en su vida, las “arras”, (Primicias, adelantos, garantías, avales), que le aseguraban el cuerpo glorificado que recibiría. Pablo sabía perfectamente que, mientras viviera en este mundo, estaría ausente del Señor.
Si él hubiera podido elegir en el momento en que le escribía a los corintios, él hubiera dejado el cuerpo físico para poder estar con el Señor. Una vez más: ¿Cuántos, hoy, en tu iglesia, piensan así? ¿Tú mismo has pensado alguna vez de ese modo? No me digas que Pablo estaba loco, ¿Eh? Sin embargo, hasta que ese día cumbre y sublime llegara, él tenía que seguir inconmovible ocupado en la misión dada por Dios. Lo que más importaba no era si todavía estaba en la tierra o disfrutando del cielo, sino si su trabajo era o no aceptable al Señor. Eso es Servicio, así, con mayúscula. Saber que un día tendría que dar cuentas a Dios, motivaba enormemente a Pablo para ejercer su ministerio. Porque él no trabajaba para ganar la aprobación de los hombres, sino la de Dios. La crítica de los miembros de la iglesia y la opresión de la sociedad impía no le importaban, mientras su corazón permaneciera puro delante de Dios.
Es notorio que Pablo rendía aquí en la tierra una clase de servicio ubicado en un nivel muy singular, ya que tenía como premisa el día en que comparecería ante Cristo, donde la labor de toda su vida sería evaluada. Esto no se refiere al gran trono blanco donde los incrédulos serán juzgados y condenados a un castigo eterno. Los resultados del juicio de los creyentes delante de Cristo serán la recompensa que Él les da para disfrutar. No es fácil aceptar la crítica cuando una persona hace todo lo que puede para servir al Señor. Le duele profundamente cuando sus motivos se entienden o interpretan mal. Cuando ocurren tales cosas, el cristiano debe recordar que Dios juzga con justicia y conoce las verdaderas razones de sus acciones. Aunque los cristianos no pueden evitar el dolor de la crítica, si saben que agradan a Dios, pueden contar con el sustento de su consuelo.
A esta altura de lo escrito, ya tendrías que estar evaluando tu propio servicio y comparándolo al nivel del servicio de Pablo. Y no me vengas con aquello de que Pablo era Pablo, porque si la Biblia no miente (Y no miente) Pablo era tan hombre y tan carne como tú o yo. Sólo que su servicio no tenía los mismos destinatarios que por allí tiene el tuyo. El primer motivo de Pablo para hacer que otros conocieran a Cristo, era el temor del Señor. Tal como se aplica a los creyentes, “temor” es una traducción mejor que “terror”, pues es la reverencia a Dios. El deseo profundo de Pablo era contar con la aprobación de Dios respecto a las actitudes y acciones de su vida, porque reconocía el mérito de Dios. A los que Anhelan el Reino: ESTE ES EL NIVEL DE INGRESO