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Gozo

La primera escritura en la que encontramos que Pablo les recomienda a los creyentes de Corinto que sean de un mismo sentir, no nos habla solamente de eso. Aquí se lo manda en un conjunto de condiciones que, indudablemente, contribuirán enormemente a la unidad, a hablar con una misma y sola voz las cosas de Dios. Les puntualiza que tengan gozo. ¿Eso significa que deberán andar de fiesta en fiesta, alegrándose y procurando ser felices a cualquier costo? No. Ese, en todo caso, sería un accionar de alguien que ha entendido mal lo que es el gozo o, sencillamente, no lo ha entendido. (2 Corintios 13: 11-12) = Por lo demás, hermanos, (Dice Pablo despidiéndose de sus hermanos corintios), tened gozo, perfeccionaos, consolaos, sed de un mismo sentir, y vivid en paz; y el Dios de paz y de amor estará con vosotros. Saludaos unos a otros con ósculo santo.

Gozo es lo que el hombre anhela, lo que busca de modo permanente en todo lo que tiene a su alrededor, y lo que encuentra en plenitud cuando encuentra a Dios. Solamente entonces puede retener esta clase de gozo en la proporción en que crece en el conocimiento de Dios. Dios es el indiscutido autor del verdadero gozo, como de toda buena dádiva. Siendo Él perfectamente bueno y por encima de todo mal, es presentado como hallando su propio gozo en el arrepentimiento del pecador que retorna para buscarle. La imitación mundana del gozo, es la alegría. Sirve momentáneamente, pero luego deja un vacío que no se puede llenar con nada humano. Al haberse introducido el pecado, y habiendo quedado el hombre por ello alienado, separado y alejado de Dios, su idea de gozo es la de llegar a ser tan feliz como pueda sin Dios, y alejado de Él, tal como muy bien lo relata y lo muestra la historia del hijo pródigo.

Pero el único resultado de una decisión como esa, es el desengaño y la amargura aquí abajo, y el eterno dolor en el más allá. Sin embargo, cuando la luz del amor de Dios, revelado en el don y en la muerte de su Hijo, resplandece en el corazón, éste queda lleno en el acto de Gozo inefable y glorioso, (1 Pedro 1:8) Romanos 14:17 dice que El Reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo. Asimismo, El fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, y otras hermosas características, y es producido en el corazón del creyente por el Espíritu para la gloria de Dios (Gálatas 5:22,23) El apóstol deseaba para los romanos que el Dios de esperanza los llenara De todo gozo y paz en el creer, (Romanos 15:13). También los tesalonicenses habían recibido la palabra En medio de gran tribulación, con gozo del Espíritu Santo (1 Tesalonicenses 1:6)

Muchos más pasajes podrían ser citados para mostrar cómo el gozo es una de las características principales de aquellos que han sido conducidos al conocimiento de Dios. El único Hombre que jamás tuvo que ser conducido a ese conocimiento, por cuanto su delicia había estado siempre en Dios, fue Jesucristo. Porque la delicia de Dios estaba en Él, Aquel que había sido llamado Varón de dolores, este hombre perfecto y bendito tenía su propio gozo en la comunión con Dios en dependencia de Él. Y él desea para los suyos en este mundo que su gozo sea también el de ellos. (Juan 17:13) El verdadero gozo no es conocido en el mundo secular en su estado presente, pero llegará el día en que el dolor, el sufrimiento, la muerte y todos los trágicos frutos del pecado, serán quitados, cuando Dios mismo enjugará todas las lágrimas, llenando el universo con un gozo eterno y sin sorpresas. Es el día del cual se habla en Apocalipsis 21.

 Si aún crees que no has experimentado esta clase de gozo, sino que apenas has podido desprenderte de tus antiguas estructuras religiosas saltando, brincando, danzando o moviéndote un poco por causa de una música pegadiza que denominas “alabanza”, por favor, entiende: Sin esta clase de gozo que solamente Cristo puede darte, va a ser muy difícil, por no decir imposible, que lleves una vida conforme al propósito y la voluntad de Dios. Y mucho más que logres tener una misma voz con otros creyentes que, a su vez, también deberán vivirlo de igual modo. Lo que luego les dice es Perfeccionaos. ¿Qué significa eso? ¿Tal vez que Dios les pide o exige que no cometan errores, que no se equivoquen jamás? Nadie discutiría eso, sino fuera que todos sabemos que Dios es justo, que Él creó al hombre y que sabe muy bien que ese, su hombre, todavía es tremendamente imperfecto. Realidad Indiscutida: SIN FE Y OBEDIENCIA, NO HAY GOZO

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mayo 30, 2024 Néstor Martínez