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Un Evangelio sin Mitos

Casi como si fuera en una película, estaba recordando hoy la instancia suprema de lo que llamamos las tentaciones de Jesús en el desierto. Y es en ese marco tan singular y en medio de una crisis en su carne que ni siquiera podemos imaginar, que él pronuncia unas palabras que serían definitivas y definitorias en esa confrontación. A esas palabras las recoge el evangelio de Mateo, en el capítulo 4 y los versos 10 y 11: Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás. El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían.

 El primer detalle que vemos aquí es que Jesús supo deshacerse de la presión que le estaba propinando Satanás, simplemente recordándole la Palabra. Y esto te deja en clara evidencia, que cuando decimos La Palabra, no nos referimos simplemente a ese conglomerado de letras escritas en un libro que llamamos Biblia, sino a una de las armas más potentes que los creyentes tenemos a la hora de la guerra sin cuartel. Y por si eso fuera poco, en el final, se nos dice que Jesús tenía ángeles que le servían. ¿Qué significa eso? Que Él no estaba nunca solo en estas batallas, los ángeles lo rodeaban.

Por eso le dijo a Pedro, cuando lo quiso defender de los alguaciles que venían a llevárselo preso, que no lo hiciera, que a esa batalla se la ganaba de otro modo. Que si Él quisiera le pediría al Padre que le mandara doce legiones de ángeles y el Padre se lo concedería. Además, nos deja en claro algo muy importante: si Él siendo quien era, necesitó del apoyo de ángeles, no veo la razón por la cual nosotros, que tenemos algunas que otras distancias espirituales con Él, sigamos diciendo que no necesitamos de nadie. ¿Estamos dejando entrever que Jesús era debilucho y temeroso y nosotros muy fortachones y valientes? ¡Por favor! No me gustaría reírme a carcajadas cuando grabo un audio, así que prefiero sacarme ese pensamiento de la cabeza. Madurez.

Hay algo que es notorio que no todos los cristianos saben o aceptan. Satanás hace todo lo que esté a su alcance para que nosotros no sepamos que tenemos un ejército de ángeles a nuestra disposición, pero sí respalda a los satanistas, brujos y hechiceros a que utilicen los servicios de millares de ángeles caídos cuando ellos necesiten hacerlo. ¿Entiendes la diferencia? Ellos saben dónde pertenecen, contra quien pelean y quien es su jefe, mientras que una gran mayoría de nosotros ignora o decide no terminar de creer lo mismo, pero con relación a nuestro ejército celestial.

Mientras ellos utilizan con total libertad a todos los ángeles caídos, nosotros no nos decidimos a utilizar los que responden a Dios Padre y acompañan el poder del Hijo. ¿Miedo? ¿Dudas? No lo sé, pero lo que sí sé es que es así. Argumentan que no podemos ni debemos orarle a los ángeles, y eso es verdad, así es. Pero lo que ignoran es que en Cristo tenemos autoridad para darle órdenes a los ángeles del Señor y ellos responderán con poder cuando sea necesario.

Si nos pasamos toda una vida dentro de un templo gritando que somos más que vencedores en Cristo Jesús, al menos es tiempo de demostrar que eso es verdad y no una bravuconada de púlpito destinada a sacudir la modorra de una platea que nos escucha pero que no nos cree. O que cae en una indiferencia de tal calibre que deja toda la sensación de que para ellos es lo mismo ser salvos e irse al cielo que perderse e irse al infierno. ¿No has conocido gente así? Pregunto: ¿Podemos llamar Hermano a esa clase de cristianos? Es más: ¿Son convertidos o convencidos? Porque lo primero te lleva al cielo, pero lo segundo no más allá del banco en el que te sientas cada domingo.

Prosigue el texto de Mateo 4 desde el verso 12 hasta el 19, diciendo: Cuando Jesús oyó que Juan estaba preso, (Obviamente, está refiriéndose a quien vino a preparar terreno para Él, Juan el Bautista. Es obvio que alguien vino a contárselo, no se olviden que eran familiarmente cercanos) volvió a Galilea; y dejando a Nazaret, vino y habitó en Capernaum, ciudad marítima, en la región de Zabulón y de Neftalí, para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, Camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles; (Allí, exactamente en ese lugar geográfico, es donde Jesús comienza con su ministerio terrenal. Ni luces, ni reflectores siguiendo su figura en un gran escenario ornamentado al tono, ni equipos de audio estéreo última generación. Así comenzó el primero que trajo un mensaje concreto y contundente)

El pueblo asentado en tinieblas vio gran luz; Y a los asentados en región de sombra de muerte, Luz les resplandeció. (Soy, tremendamente curioso, como es el común denominador del que es o ha sido periodista. Queremos saber un poco de todo y, de lo que no sabemos, nos matamos para tratar de saberlo. Y en ese sentido, un día me hizo un “clic” en el cerebro y descubrí que tanto la sombra como la oscuridad no se puede estudiar porque no existe el modo ni el punto de referencia. Que lo que sí se puede examinar, es la Luz. Por lo tanto, tanto tiniebla como sombra como oscuridad, se trata simplemente de ausencia de luz. Si tu vida está en tinieblas, ahora ya lo sabes. Necesitas simplemente que la Luz del mundo venga a ti y te cubra con su Gloria.)

Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado. (Paréntesis muy importante. Dice que Jesús comenzó a predicar. Pre, es anticipar, preanunciar y dicar, es un término que nos habla de los ángeles caídos. El que se imagine que Jesús no hablaba de guerra espiritual, no leyó la Biblia como debe leerse, entendiendo lo que dice y no adaptándola a una doctrina doméstica denominacional. Y luego vemos a Jesús predicando el UNICO evangelio legítimo, el que nos dice que el Reino se ha acercado y que es nuestro deber recibirlo y pasar a formar parte de él. Cualquier otra cosaque se predique, por mejor intencionada que sea, no es el auténtico evangelio de Jesucristo, sino una imitación tendiente a captar gente sin ánimo de comprometerse, a gente cómoda)

Andando Jesús junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores. Y les dijo: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres.

Es indudable que es mucho, muchísimo lo que nosotros podemos aprender del ministerio de Jesús. Lo que sucede es que la religión nos lo puso tan lejano, por allá arriba, inalcanzable, que nos suena casi a blasfemia decir que debemos ministrar como Él lo hizo. En principio, todo su ministerio, toda su vida podría decirte, estuvo enmarcada por palabra profética que ya se había dado en la antigüedad, apuntando a ese día glorioso de Jesús el Cristo y de su advenimiento a la tierra. Sin embargo, esa religión hueca, acartonada y solemne que nos vendieron, se empecinó en presentarlo como un muchacho pálido, inseguro, con rostro siempre mustio y sufriente y con sus manos juntas como en un rezo permanente.

No sé qué es más ridículo, si presentar así nada menos que al Hijo unigénito de Dios, o que quien así se lo presentaron se lo crea. Lo cierto es que, teniendo en cuenta cómo se desarrolló su ministerio, Jesús demostró en todo momento y situación un alto grado de hombría. Jesús no dejó ninguna duda en su calidad de hombre. Y que conste que dije hombre porque todavía conservo un poco de esa formación hipócrita y llena de eufemismos que la religión hizo con nosotros. Debería haber dicho macho, pero es una palabra que está muy mal vista en los ambientes cristianos porque se la considera grosera. Me pregunto como hacen para leer que en la creación Dios nos hizo macho y hembra, (Porque eso es lo que dicen los originales, no varón y hembra).

Por lo tanto, por todo lo que te he contado y por mucho más que seguramente fue hecho, pero no siempre relatado, todos los salmos y toda la Palabra del Señor, apunta a la persona de Jesucristo. Por eso, cuando se escribe este evangelio de Mateo, se escriben los versículos que avalan que Él es el Cristo. Recuerden que Mateo escribió eso para contarle a la gente quien es Jesús, por eso usa los versículos que usa. Y de paso debería aclararte que Jesús dejó más que en claro que no era ni racista ni clasista. No se fijó en etnias ni en colores de piel. Tampoco en status sociales.

Se codeó con los ambientes más bajos de su sociedad (De hecho, terminó colgado en una cruz junto a dos ladrones), alternó con lo que hoy llamaríamos clase media de su tiempo, como es el caso de los pequeños empresarios de la pesca que eran Pedro y sus amigos y también se relacionó con la clase alta, que es donde encontraríamos a Mateo y también a los participantes de aquella cena a la que fue invitado y luego muy criticado por estar con publicanos y pecadores. Y no me olvido de la serenidad y la transparencia con la que dialogó con aquella mujer samaritana, en un ambiente que no le dirigía ni siquiera la palabra a la gente de esa condición.

En principio, hay un detalle que no es menor. Jesús comienza su preparación ministerial, orando y ayunando. Siempre que existe un llamado divino, hay una preparación previa. Hay además un fiero ataque de las tinieblas y un momento puntual y específico en el que vamos al desierto y somos duramente tentados. Comienzan las agresiones, las burlas, los intentos de seducción, independientemente si se es hombre o mujer, y todo lo que encierra un plan de calumnias y críticas tendientes a sacarnos del camino.

Somos soldados, y un soldado del Reino jamás va a salir corriendo cuando escuche el sonido de las balas. En primer lugar, porque sabe que ninguna bala dará en su cuerpo a menos que Dios lo permita por algún buen motivo que sólo Él conoce. Y segundo, porque cuando se escucha el sonido de las balas, -y esto es más que obvio-, es porque esas balas no nos dieron. Si alguna nos da, de esa no oiremos nada. Millones de soldados de ejércitos terrenales son motivados a pelear batallas que tienen que ver más con los intereses particulares de ciertos hombres que con defensas patrióticas de sus naciones. El soldado de Jesucristo, no necesita ser incentivado ni motivado con manipulaci9ones emocionales; pelea su buena batalla por lo que nace desde su ser interior y sale impetuosamente hacia afuera. Eso se llama Convicción. Además se llama Fe y seguridad en una victoria ya tramitada en una cruz hace más de dos mil años.

De todos modos, para Jesús no fueron todas flores. Lo siguió muchísima gente, es verdad, pero no todos estaban convencidos que Él era quien decía ser, en todo caso lo seguían, como se dice normalmente, “por los peces y los panes”, que es como si hoy dijéramos que un líder es seguido por gente que busca posición en la iglesia, cargos rentados a sueldo o simplemente para recibir algún milagro del cielo sin hacer nada por sí mismos para provocarlo. Por eso tiene que ser que un día, mirando a su alrededor, Jesús preguntó: ¿Dónde están los que me seguían? Yo conté en uno de mis libros que en mi etapa de maestro de escuela dominical de la congregación a la que asistíamos, nunca tenía menos de cien alumnos. Cuando abandonamos la iglesia por directiva divina y no por pelearme con alguien, NINGUNO de esos alumnos ni siquiera tuvo la osadía de llamarme por teléfono. Conforme a la usanza de la época, casi repito las mismas palabras de Jesús. Me di cuenta a tiempo que yo no tenía que ser seguido, sino escuchado. No podía ni debía pedir o esperar algo más.

Los discípulos mismos, algunos le preguntaron donde estaban los que le seguían, y Él respondió: Todos se han ido…Y no se quedó con eso, sino que les dio libertad a ellos a que, si deseaban irse, lo hicieran. Una vez más, fue Pedro quien reaccionó más rápido y respondió: ¿A quién iremos, Señor? Sólo tú tienes palabra de vida eterna. Eso es así. A veces la palabra de Jesús suena muy dura, pero no hay otra cosa que la reemplace a la hora de aspirar a Vida Eterna. Yo me pregunto: si nuestros líderes tradicionales decidieran hacer lo mismo en cada una de sus congregaciones, ¿Qué piensas que ocurriría? Yo tengo certeza que muchas de ellas se quedarían sin gente. Es la diferencia abismal entre ser llamado a ser ordenado, de ser enviado a ser elegido.

Hay todo un clima para mi gusto demasiado negativo en el pueblo de Dios. Es como si la mayoría diera por sentado que Satanás ganará esta batalla y que la iglesia no podrá prevalecer por causa de la corrupción. No quiero creer ni pensar eso, y mucho menos declararlo. Yo creo, pienso y declaro que el evangelio genuino se va a abrir paso, que la iglesia primitiva va a resucitar de sus propios escombros. Los ministerios que han sido manoseados por la avaricia y por el amor al dinero, por las luchas personales por el prestigio, por la competencia para ser vistos, por la soberbia de liderazgo y el creerse mejor que todos y por encima de todos, se va a terminar. Satanás tiene un poder relativo y sujeto a la permisividad o no que Dios determine para cada caso.

El infierno no tiene autonomía, tiene sujeción, le agrade o no. El mayor problema a radica en que en un sesenta por ciento de la literatura especializada en guerra espiritual, le otorgan a Satanás un poder superior al que realmente tiene. El miedo, entonces, hace el resto. Dios va a levantar gente con ministerios parecidos al de Jesús, con un corazón lleno de amor, pero también con todo el poder de Dios manifestado a través de sus manos. Soy uno, (Y no el único) que cree que la tierra está siendo sanada, aunque el enemigo nos pase una película por los medios de comunicación que muestra todo lo contrario. Yo le creo a mi Señor, no a la tele o las redes. Las aprecio y las valoro, porque formé parte de la prensa escrita, oral y televisiva y la respeto, pero hace muchos años que ya no es la dueña de mis pensamientos. Podría sonar muy elegante y propio de alta riqueza intelectual y profesional, pero yo sé muy bien que de todo eso a la idolatría, hay un muy pequeño paso.

Lo cierto es que Jesús comienza su ministerio en una tierra que no era precisamente prometedora en cuanto a éxito y victoria. Y va levantando a hombres para que lo acompañen. Y déjame decirte que no son precisamente los mejores a los que él pone en el frente de combate a su lado. Y con el tiempo llegaron a ser los mejores, los que se quedaron con el legado y lo transfirieron a las generaciones de las que nosotros hoy formamos parte. Esto confirma y reafirma una teoría a la que adhiero desde hace mucho tiempo: Dios no viene a levantar a gente capacitada, Dios capacita a los que va a levantar. Por esa razón es que, si bien valoro en grado sumo toda enseñanza teológica porque ayuda muchísimo a la hora de estudiar la Palabra, me resisto y me resistiré siempre a darle el primer lugar. Ese primer lugar siempre fue, es y será del Espíritu Santo, porque Él es quien nos guía a toda verdad, no una licenciatura, un doctorado o un master en teología sistemática.

Y así como Jesús corrió riesgos en su primera infancia por causa de la persecución de Herodes, así también ha ido sucediendo con muchos de los que luego serían sus ministros de primer nivel. Satanás no sabe los planes de Dios, pero es astuto y puede detectar cuando en un niño pequeño hay una legión de ángeles cuidándolo. Él intuye que ese niño viene con una misión que le hará daño a su reino de tinieblas. Y no es extraño que lo ataque con enfermedades o tropiezos. Pero una vez más, el Señor está con esa criatura y no será torcido su plan hasta que se cumpla y rinda fruto al ciento por uno. Estoy en certeza que esto que te digo es absolutamente real y que cualquiera de ustedes, seguramente, ha de tener por lo menos más de un testimonio más o menos cercano que lo confirme. Nada es casual en esta vida. Un ataque satánico no siempre ocurre cuando hay puertas espirituales abiertas por causa de pecados o desobediencia, también son posibles en niños muy pequeños que ni siquiera están vulnerables por causa de iniquidad de familia. A veces, sucede lo mismo que con Jesús: el enemigo sabe que sabe y lo ataca buscando neutralizarlo aun mucho antes de que ese niño sepa porque lo hizo.

Creo que algo te quedó más que claro: Jesús no comenzó su ministerio en una sinagoga apañado, mimado y defendido por los escribas y fariseos altamente respetados por el pueblo. Jesús empezó su ministerio en regiones de oscuridad, porque allí pudo hacer una de las bases para afirmarse en las razones por las cuales vino: liberar a los cautivos. Él no pretendió recibir cargos o liderazgos en el terreno de la iglesia estructural de su tiempo. Te pregunto: ¿Crees que no tenía suficientes medios como para no lograrlo? Pero Él no vino a eso ni para eso. Jesús se fue al desierto, se fue al mar, hasta se fue a un cementerio a liberar de demonios a uno que se lo estaba pidiendo, pero lo que no hizo de ninguna manera, aunque hoy casi nadie te lo enseñe ni predique, fue ir a buscar a las autoridades y jerarquías legítimas de la religión de su tiempo. Muy raro, ¿No crees? ¿Será que ellos no eran lo que decían ser y Él era el único que lo discernía?

No necesitamos cuatro paredes para encontrar una conducción fuerte y confiable, es suficiente con encontrar autoridad genuina y delegada. Él no necesitó que nadie lo ordenara de nada para ser respetado, y tampoco que nadie le pusiera la mano encima para ser ungido. El que es, ES, y no tiene necesidad de demostrarlo ni andar vociferando que lo es. El líder que anda gritando que él es quien manda en ese lugar, no es líder, sólo es alguien a quien otros hombres le dieron una credencial de líder, que no es lo mismo.

Jesús no se levantó en un estadio, tampoco lo hizo a partir de la fama. Él fue a la tierra que más necesidad tenía. A la tierra donde las actas satánicas estaban más desarrolladas, activas y avanzadas. Soledad, cautiverio y ataduras, esos fueron los puntos iniciales de su ministerio. Y de allí se fue a la costa del mar a buscar sus pescadores. Allí estaba Pedro. Y no era precisamente la flor que aromatizaba el mar, sino en apariencia todo lo contrario. Sin embargo, algo vio en Él Jesús. Que es lo mismo que hoy Dios podría estar viendo en ti, aunque no formes parte del círculo más cercano al líder del lugar donde asistes.

Y será suficiente con que Dios lo vea, créeme. Y ahí estaba Pedro, luchando para sacar un pez, pero no salía nada. Era el peor día de ese empresario de pesca. Porque los discípulos no eran pobres, como a muchos les gusta enseñar. Pedro era un empresario que según dice la Biblia tenía empleados. Y además también dice que dejó a sus sirvientes, y hasta donde yo sé, el que tiene sirvientes no es pobre. Y un detalle anexo: Jesús fue a la costa del mar y a todos los sitios populares del lugar a buscar a sus discípulos, pero donde jamás pisó a ver si conocía a alguno, fue a la sinagoga. Profético. El ministerio de Jesús jamás fue religioso.

Y así y todo, su ministerio que solamente duró tres años y medio, impactó el mundo, impactó las naciones, impactó tanto que cambió la historia y todo pasó a ser Antes de Cristo o Después de Cristo. ¿Y como fue su ministerio? En primer lugar, no fue un ministerio de opulencia ofensiva. No le faltaba el dinero, recuerda que quien llevaba la bolsa con las ofrendas era Judas, y a pesar que robaba de lo lindo nadie se daba cuenta, así que eso me dice a mí que lo que había en esa bolsa no eran dos moneditas locas, era buena plata. No te confundas ni seas víctima de la teología de la pobreza, que gusta de presentar a un Jesús pobre, casi muerto de hambre.

No te creas esa mentira, Jesús jamás fue un carenciado. Sus padres no eran de la clase baja, al contrario. José era un hombre rico y poderoso, ya que dice la Biblia que reunía con los importantes del lugar. Esa gente importante en esa época jamás hubiera aceptado que se juntara con ellos un pobre marginal, no te confundas. José no era un carpintero de esos que fabrican sillas o mondadientes, José era carpintero de construcciones y edificios. ¿Cómo te demuestro esto? Muy sencillo. ¿Recuerdas cuando Jesús fue invitado a leer el rollo en la sinagoga? ¿Tú te creíste que eso sucedió porque los fariseos se dieron cuenta quien era? ¡No! Eso ocurrió porque José era uno de los diezmos más importantes de esa sinagoga, y eso le otorgaba la posibilidad de participar activamente, tanto a él como a su familia. Por eso Jesús fue invitado a leer.

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febrero 26, 2023 Néstor Martínez