Cuando nos referimos al accionar de Dios, nos enfrentamos a una especie de contradicción, que si bien no es tal, nos enfrenta a dos situaciones análogas. Por un lado, sabemos que Dios puede sorprendernos a cada momento, a cada día, su inventiva es ilimitada.
Por otro lado, sin embargo, también sabemos perfectamente porque así lo hemos visto en la Biblia, que Dios jamás hará nada nuevo sin antes comunicárselo a sus siervos los profetas, con la finalidad de que estos se lo hagan saber al pueblo. La aceptación o no de eso, es tú y nuestra responsabilidad.
(Salmo 2: 8) = Pídeme, y te daré por herencia las naciones, y como posesión tuya los confines de la tierra.
(9) Los quebrantarás con vara de hierro; como vasija de alfarero los desmenuzarás.
La pregunta que surge luego de leer esto, es: ¿a quién le está hablando Dios, aquí? Simple. Si lees más arriba, en el verso 7, verás que le está hablando al hijo. Allí die: Yo publicaré el decreto: Jehová me ha dicho: mi hijo eres tú; yo te engendré hoy.
Entones, al que ha engendrado Dios, al que reconoce como hijo, es al que le dice: Pídeme, y te daré por herencia las naciones. No al creyente, no al evangélico, no a cualquier persona que se reúne en Su nombre. Muchos harán milagros y yo diré, no los conocí.
Muchos harán liberaciones y yo diré: nunca los vi, apártense de mí, hacedores de maldad. Unan todo lo que conocen de la palabra en función de empezar a entender lo que significa ser hijos. Y este es un tiempo para aprender a ser hijos.
¿Por qué? Porque es a los hijos a quienes Dios les entrega el gobierno, las naciones, los confines de la tierra, en suma: el gobierno. Los que no son hijos, ¿Pueden tomar el gobierno? Sí, pero siempre de manera temporal y bajo juicio.
Pero los que son hijos toman el gobierno a perpetuidad y como heredad. O sea que hay una enorme diferencia entre gobernar y gobernar. Porque una cosa es gobernar como hijos, y otra muy distinta hacerlo al estilo de Nimrod.
En este pasaje, en todo el Salmo 2, el Señor habla de varias cosas. Y es evidente que hay una confrontación de poderes bien fuerte, se puede ver eso en el verso 2: Se levantarán los reyes de la tierra, y príncipes consultarán unidos contra Jehová y contra su ungido.
Ahora bien; cuando habla de contra su ungido, no piensen que esta palabra se refiere únicamente a Jesucristo como el ungido. Se refiere a todos aquellos que son ungidos por Dios para marcar los tiempos. Entonces, el gran punto para examinar meticulosamente, es: ¿Qué hace que un creyente se convierta en hijo?
Ese es el tema central. ¿Será el simple hecho de haberle dicho: Señor, te acepto como mi Señor y Salvador? ¿Eso ya lo convierte en un hijo de Dios? En este mismo pasaje, en el verso 7 que ya leí, dice: Yo te he engendrado hoy.
El primer rasgo del hijo, es que él es engendrado del Espíritu. Y esto es algo muy importante, porque Babilonia también engendra hijos. Pero son hijos que no son del Espíritu. Son hijos de la ley. Por eso Pablo hablará de los hijos de la esclava y de los hijos de la libre, ¿Lo recuerdas?
Si ustedes consideran lo que pasó con Caín y Abel; si ustedes consideran el camino que han venido siguiendo los descendientes de Set, los hijos del Señor y los descendientes de la serpiente, van a darse cuenta que no todos son hijos de Dios, tal vez por el simple hecho de conocer algo de Dios o asistir a lugares donde se lo menciona. Eso no los hace hijos ni gente con capacidad de gobierno.
Por eso yo siempre recomiendo, aunque me haga caer antipático, que nunca debes confiarte a ciegas de alguien que te dice que es creyente y se congrega. Porque cualquier persona puede decir que es creyente y asistir a un lugar para congregarse.
La palabra dice que es el Espíritu el que da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. O sea que hay algo mucho más profundo que simplemente la formalidad que determina donde te congregas, quien es tu pastor y todo eso que generalmente la mayoría pregunta.
Porque no es importante cuánto hace que tú conoces a Dios, sino cuánto tiempo hace que Él te conoce a ti. Entonces, el primer rasgo de los hijos de Dios, es que ellos son engendrados del Espíritu Santo.
Por esa razón, lo que debemos empezar a entender es cómo es que Dios engendra hijos. LA mayoría de nosotros ha estado hablando y enseñando cómo sería la manera correcta de llevar la gente a Cristo. Hoy día hay un estilo muy particular, que no necesariamente es del agrado del Señor.
Hoy una persona hace por otra una oración de dos o tres minutos y ya está, esa persona es considerada como un hijo de Dios. Sin embargo, en la mayoría de los casos, esta persona ni siquiera tiene idea de lo que le ha pasado, no tiene ni la más mínima comprensión de lo que es la cruz o lo que es la vida del Espíritu, y sigue siendo una persona que hace su propia voluntad, que hace lo que quiere, y a la larga esto se nota, porque se pueden ver claramente los desastres de una vida que no está rendida a Dios.
Yo no he visto jamás un pasaje de la Biblia que me muestre a Jesús llevando a alguien a la salvación con una simple oración que la otra persona repite a veces sin entender nada. Incluso, no hay un solo discípulos que haya llegado a ser discípulo habiendo hecho sólo eso.
No hay un solo creyente registrado en la palabra que, por sólo haber hecho una oración, haya pasado por ese proceso. ¿Pero entonces, hermano, usted está negando la oración de fe? No, no la niego. Es más, creo que es importante como manifestación y pesa, pero lo de fondo es mucho más que simplemente confesar algo.
Míralo así: la primera señal de que una persona ha nacido de Dios, es que le obedece por completo. Eso es algo innegable. Entonces, esa persona que hace una oración de fe, pero un par de semanas después sigue concurriendo a prostíbulos y bebiendo alcohol como si nada, déjame que ponga en duda si verdaderamente ha nacido de Dios.
¿Por qué lo digo? Simple, porque el Espíritu de Dios no actúa así. Y ahí no falta alguno que cae en la antigua tentación de decir que no, que eso pasa porque nadie le ha enseñado a esa persona lo que debe hacer y lo que no debe hacer.
Aquí hay un punto. Cuando uno es nacido del Espíritu, no tiene necesidad de que nadie le enseñe lo que debe o no debe hacer. Porque el Espíritu mismo que ha sido engendrado en él, le conduce a la verdad. No necesitamos ninguna teología para reconocer la luz de las tinieblas.
O sea: si no sé reconocer la luz de las tinieblas; si me da lo mismo salir a tomar algo con una prostituta que con una jovencita que estudia y trabaja; si me da lo mismo hacer un negocio por derecha que mentir, entonces eso quiere decir que yo ni siquiera tengo principios morales correctos. Mucho menos considerarme como nacido de Dios.
La primera señal es la obediencia inmediata. La persona que ha nacido del Espíritu, es alguien que sujeta su voluntad al Espíritu Santo. Y es una persona dispuesta a hacer cualquier cosa que el Espíritu Santo le pida.
La segunda cosa, es que se despierta en la persona una fuerte tendencia a dar. Pasa a ser una persona que no puede evitar dar. Quiere dar, dar y dar, hay que andar frenándolo para que no lo exagere y se pase de mambo. Y todo eso sin necesidad de clase alguna sobre diezmos u ofrendas.
Ese es el segundo rasgo de una persona nacida del Espíritu Santo. Quiere dar, no recibir solamente; dar. Eso sería, a mi juicio, un auténtico discípulo del Señor, porque no ha necesitado ninguna predicación ni manipulación emocional alguna para que saque su billetera. El Espíritu lo hizo.
A lo mejor, una persona así ni siquiera ha llegado a hacer ninguna oración de fe, pero se hace realidad en su vida lo que Dios dice en el verso 7 de este Salmo 2 que estamos viendo. Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy. No ayer ni antes de ayer: hoy.
Fíjate y piensa un momento: el Hijo de dios vino y jamás pidió nada para sí. El eligió dar, dar y dar y no pidió absolutamente nada. El dar, pero con corazón alegre y certeza de lo que estamos haciendo, es una nítida señal de la presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas.
Cuando se convierten estos primeros miles con la predicación de Pedro, según lo cuenta el Libro de los Hechos capítulo 3, te podrás dar cuenta que de inmediato y sin que nadie les dijera nada, vendieron todo lo que tenían y lo trajeron a los pies de los apóstoles.
Eso fue impresionante, porque nadie les había dado ni siquiera una charla de cómo vencer al dios Mamón, nadie les explicó qué parte era del Señor y qué parte no era del Señor, si era de la ley o no era de la ley, si la gracia lo avalaba o lo anulaba. Trajeron todo lo que tenían y lo pusieron a los pies del Señor.
De verdad, esa gente nación del Espíritu. No hicieron una oración vacía, no participaron de una actividad evangelística. Lo que Pedro hizo al exponer la luz sobre las tinieblas, ese día, fue tan extraordinario, porque esta gente de verdad fue engendrada por el Espíritu en un instante.
El tercer rasgo de una persona que ha sido engendrada por el Espíritu, es que empieza a tener una visión de Dios como Padre. Y es aquí donde me quiero quedar un buen rato. Cuando un niño nace, y hablo de un nacimiento natural, normal, ese niño no necesita que alguien le presente a sus padres.
El reconoce el olor de su madre y la voz de su padre. Es muy interesante. Son las dos cosas que guían su relación. Reconoce a su mamá por el olor y reconoce a su papá por la voz. Jesús, hablando de eso, dice algo tremendo. Él dice: mis ovejas, oyen mi voz.
Claro está, si ellas son sus ovejas, Él es su pastor. ¿Y qué pasa cuando las ovejas no oyen la voz de su pastor? Fácil, no es su pastor. No hay forma de equivocarse. Y no estoy hablando de hombres de saco y corbata, de hecho, aunque en algunos casos los incluya.
Pero así es la cuestión en el cielo, es muy sencilla. No es complicada, no es teológicamente difícil, no hay que entender nada. Si Él es tu pastor, tú escuchas lo que Él dice. Punto. Y eso hace que tú puedas seguir a tu pastor. Sin riesgo a confundirte, a perderte o a extraviarte.
Simplemente porque reconoces la voz de tu buen pastor. Entonces no terminas enamorándote de la chica o el muchacho equivocado, no terminas haciendo negocios con la persona equivocada, no terminas asociándote con las tinieblas.
¿Por qué? Porque tú se lo preguntas todo al Señor. Y si el Señor dice no, es no; y si dice sí, adelante. Y como has rendido tu voluntad a Él, no es ningún problema hacer lo que Él te pide. Haces o dices lo que el Hijo dijo o hizo.
Jesús dijo: he venido a hacer tu voluntad, oh Dios. Entonces, la vida de ese recién nacido, (No voy a decir de recién convertido); recién nacido, es extremadamente efectiva, es preciosa, y va de victoria en victoria, y su salvación va manifestándose como la luz de la mañana.
Cada vez es de menos a más. ¿Hasta aquí se está entendiendo, verdad? Ahora quiero leer algunos versículos de Romanos 8. El capítulo 8 de Romanos está escrito de manera especial para los hijos. No leo cada pasaje que menciono de paso porque doy por sobre entendido que ustedes los conocen.
Romanos 8:14. Romanos es muy interesante. Alguna vez hemos dicho que la persona que entiende Romanos perfectamente, es una persona que puede decir con gozo santo que la obra de la salvación en su vida, no ha sido en vano. Es una carta muy profunda, y cuando tú entiendes Romanos, estás entendiendo todo el mover de Dios en toda la historia.
(Romanos 8: 14) = Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.
Nota que no está diciendo que los que confesaron u oraron, o los que gimieron o lloraron en el frente. Dice que los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios. No hay cómo equivocarse o perderse, ¿No es cierto?
(Verso 16) = El Espíritu mismo (Con mayúscula inicial, habla del Espíritu Santo de Dios) da testimonio a nuestro espíritu (con minúscula inicial, aquí habla de nuestro espíritu humano) de que somos hijos de Dios.
Escucha. Esto no pasa por la mente; esto es de Espíritu a espíritu. Y para los que me escuchan, no para los que leen, aclaro que el primer Espíritu está con mayúscula y el segundo con minúscula. Habla del Espíritu Santo y del espíritu del hombre. ¿Cómo sabes que tú eres hijo de Dios? Porque mi espíritu da testimonio de eso. Simplemente sé, que sé, que sé, quien soy.
(Verso 17) = Y si hijos, también herederos. (Nota la lógica. No es que somos herederos para ser hijos; somos hijos, y después de eso somos herederos) herederos de Dios, y coherederos con Cristo, (Ojo que ahora hay una condición) si es que padecemos conjuntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.
(Verso 19) = Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios.
Te lo paso en argentino básico: la creación entera está esperando que los hijos de Dios se manifiesten, que se revelen públicamente. La iglesia evangélica, pese a procurar ser fiel en la palabra, durante mucho tiempo ha traído confusión, ha traído división, ha traído ataduras.
Son los hijos los que traen liberación. Somos los hijos los que traemos liberación, ¿Amén? ¿Estás conmigo, sí? No existe una religión buena, así que la religión en cualquiera de sus formas, así sea con formas evangélicas, es aborrecida por Dios. Porque lo que la creación espera, no es gente religiosa, sino la manifestación de los hijos de Dios.
(Verso 21) = porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.
Escucha: yo no puedo darle ninguna libertad a la creación, si yo soy esclavo. Yo no puedo dar lo que no tengo. La creación va a ser liberada porque yo soy libre. El diablo sabe esto, el diablo entiende perfectamente que la meta de Dios es que los hijos se manifiesten.
Entonces, desde que él ha tenido mentalidad, ha atacado la descendencia de Dios. Ha atacado a los hijos. El primer mártir que murió, técnicamente murió como hijo, y se llamaba Abel. Y murió porque trató de hacer lo que a Dios le agradaba.
El diablo no tocó a Caín, tocó a Abel. Noten que la ofrenda de Abel, liberaba la creación. Ya la creación, para ese tiempo, había caído en corrupción. La ofenda de Abel, era una ofrenda que traía liberación. Era una ofrenda con sangre. Sin sangre no hay remisión de pecado.
En cambio Caín quería provocar lo mismo, pero con vegetales. Y no puede un esclavo liberar a otro. La creación estaba sujeta a esclavitud, y eso incluye al reino vegetal. Pero la sangre donde está la vida, era el vínculo que Dios había puesto para liberar a la creación.
Ahora, empezando con Abel, el diablo ha ido matando, vez tras vez, a los hijos. La última vez, en la época de Jesús, -lo recuerdan- se levantó una matanza terrible contra todos los niños entre cero a dos años de edad, buscando matar al hijo.
No son los adultos el objetivo del ataque; son los niños. ¿Por qué? Porque ellos están llamados a ser hijos. Cuando un adulto empieza a entender lo que es Dios como Padre, él tiene la posibilidad de llegar a ser hijo. Pero es más difícil que un niño.
¿Por qué? Porque en un niño, la paternidad es algo natural. A lo primero que se vuelca un niño cuando necesita ayuda, es a su padre. El perfil, el modelo, la guía, el eje de rotación de un hijo, es su padre. Un adulto, en cambio, tiene su propia fuerza, tiene su experiencia, tiene su dinero, tiene su habilidad.
Hay una cantidad de bastones, de herramientas, de puntos de apoyo que un niño no tiene. Un niño lo único que tiene en crisis, es a su padre. O a sus padres. Y ante cualquier problema seguramente lo llamará sin ninguna clase de pudores ni vergüenzas.
Un adulto, mientras tanto, empieza a razonar, busca otro tipo de apoyos. Y eso es lo que lo hace mal candidato para ser hijo. Por eso es que mientras más adulto uno conoce la vida del Espíritu, más difícil resulta que Dios logre algo.
¿Por qué? Porque no llega a tener una mentalidad de hijo. Dejad que los niños vengan a mí, porque de los tales es el reino de los cielos. Los niños entran fácilmente al Reino, ¿Por qué? Porque tienen mentalidad de hijos.
No es porque son de poca edad; es porque tienen mentalidad de hijo. Todo lo resuelve con su padre. ¿Cómo te das cuenta que uno dejó de ser niño? Cuando busca resolver un problema con sus propias fuerzas.
Para destruir el lazo paternal de Dios, el enemigo trabaja con sus hijos, tratando de convertirlos en hijos pródigos. Hay un ejemplo en la biblia, muy interesante, de dos hijos. Y quiero resaltar y enfatizar muy bien esto: los dos son hijos.
No es que uno es menos hijo que el otro; los dos son hijos, los dos comparten padre y madre. Pero uno de ellos, llega a ser pródigo. El otro, no. Y me gustaría ampliar esto. Porque es mucha la gente que empieza en el espíritu; incluso puede, de hecho, haber sido engendrado en el espíritu, pero con los años se convierte en un pródigo.
Y todo lo que Dios sembró en él par que él sea un hijo en el Espíritu que funcione conforme a Romanos 8, termina anulándose, porque él cae en una mentalidad de pródigo. Entonces, ¿qué sucede? Sucede que el enemigo va lanzando ataques diferentes de acuerdo a la situación en la que la persona está.
La gran pregunta de hoy, entonces, es: ¿Qué es lo que convierte a un hijo que nació en el Espíritu, en un hijo pródigo? ¿Cómo puede ser que una persona que empezó bien, termine mal? Vamos a Lucas capítulo 15, donde hay una palabra de advertencia, porque cualquiera de nosotros se puede volver pródigo.
Creo que todos hemos conocido a creyentes extraordinariamente buenos, que por no haber tenido cierto cuidado, han terminado siendo pródigos. Y eso es penoso, es triste. Nadie es inmune al ataque del enemigo, por eso es que Dios nos advierte. Y por eso conviene que siempre tengamos a mano a un hermano que pueda seguir advirtiéndonos.
Dentro del capítulo 15 de Lucas, está la hermosa parábola del hijo pródigo, o el hijo perdido. Y si bien habría que leerla completa, yo no lo voy a hacer. Voy a darle prioridad a los textos que nos muestran lo que Dios el Padre hace con un hijo pródigo.
(Lucas 15: 17) = Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en la casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!
(18) Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: padre, he pecado contra el cielo y contra ti.
(19) Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros.
(20) Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó.
(21) Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.
(22) Pero el padre dijo a sus siervos: sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies.
Esa es la restauración del pródigo. Noten ustedes que para que un pródigo pueda ser restaurado, tiene que estar en una posición y en una condición. Mientras el hijo estuvo lejos, el padre no podía alcanzarlo. Él tuvo que dar media vuelta y volver a casa.
No terminó de llegar a casa solo. Por eso son tan importantes los detalles de la parábola. Dice en el verso 20 que cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio. Cuando él estaba en esa población trabajando de manera deshonrosa; cuando estaba perdiendo lo que tenía con sus amigos, la pregunta sería: ¿Su padre lo sabía?
Entendiendo que su padre es Dios mismo, desde luego que sí. ¿Y por qué no lo saca? ¿Por qué no hace algo para que él vuelva? ¿Por qué no manda a alguien que lo busque? Quiero que entiendas, por favor, cómo piensa Dios de sus hijos.
Es más que interesante esto. Hay un punto visible. Lo que hace a uno hijo, no te olvides, es el hecho de que en tu espíritu tú tienes el testimonio del Espíritu de Dios. No pasa por nuestra mente, es una situación de Espíritu a espíritu.
En pocas palabras: ¿Por qué Dios no mandó a alguien que lo buscara y le dijera que su padre lo estaba buscando? Porque un hijo, si es que es hijo, sabe lo que debe hacer. Y Dios no hace nada hasta que él no cambie de actitud.
Porque el hijo conoce lo que hay en el corazón de su padre. En cambio el siervo, no. El siervo necesita que alguien venga de parte del patrón para decirle lo que tiene o no tiene que hacer. Pero el hijo, no. Si él ha vivido en esa casa, él sabe cómo piensa su padre y entiende la lógica que funciona en su hogar.
Cuando un hijo nacido en el espíritu se aparta de Dios, muchas veces suele hacer una oración equivocada, pidiendo a Dios que le mande a alguien. No, Dios no le va a mandar a nadie. “¡Dios! ¡Háblame algo!” No, no te voy a hablar nada; tú sabes lo que debes hacer.
Y Dios no hará nada hasta que la persona esté a su alcance. Y ahí es cuando terminan de hundirse, porque se quedan esperando algo que nunca llega. Y repito, no es que Dios no los quiera ayudar. Es que él está esperando que actúen como hijos.
La primera cosa que quisiera poner en tu corazón, es lo que significa la palabra “pródigo”. Esta palabra, en sí misma, les va a aclarar muchas cosas. Pródigo significa disoluto. ¡Ah, muy bien! ¿Y qué significa disoluto? Algo así como licencioso, entregado a vicios y placeres.
Una persona disoluta, es una persona que no se pone límites. Hay otra definición que dice: “carente de freno”. No es necesariamente una persona pecadora, pero siempre tendrá más posibilidades de pecar un disoluto que alguien que no lo es.
¿Por qué? Porque el disoluto no sabe ponerse límites. No sabe controlarse, no sabe tener dominio propio, no reconoce un margen de protección. Este tema, es mucho más delicado que lo que parece. Porque la vida en el espíritu nos trae libertad. Esto es verdad y la palabra lo dice.
Pero por el otro lado, te trae a un nivel de esclavitud al Espíritu de Dios. Porque una persona que sabe cómo el Espíritu Santo se mueve, automáticamente se vuelve más restringida con lo que hace. Un ejemplo de una persona guiada por el Espíritu, es un judío que caminaba en la ley correcta.
Ustedes saben que un judío no podía tocar una tumba. No podía juntarse con leprosos. Había una cantidad de elementos que un gentil, o sea: un griego, un romano, un asirio, no tenían ningún problema. Pero un judío sí tenía limitaciones.
Las fiestas que el Señor le dio a Israel, cada una de ellas, los hacía más libres, pero también les ponía restricciones. Por ejemplo, el Sabbath, que empezaba el viernes a las seis de la tarde, era un tiempo en el cual, hasta las seis de la tarde del día siguiente, ellos literalmente casi no podían hacer nada.
Aunque era un pueblo libre, Dios constantemente los entrenaba en ponerse limitaciones. Pablo dice: todo me es lícito. Y es interesante. Yo puedo hacer muchísimas cosas que no son malas, decía Pablo. Pero luego añade que no le convenía hacer muchas de esas cosas.
Nota que no dice que le es pecado hacerlo. Dice que no le conviene. Si tú no pones control en algunas áreas de tu vida, tú te conviertes en un disoluto, y eso te lleva a ser pródigo muy fácilmente. Si tú no sabes dominarte en un pequeño problema, seguramente vas a desubicarte en un problema mayor.
Si ustedes leen con detenimiento la parábola del hijo pródigo, van a darse cuenta que este muchacho tenía algunas cosas en su corazón. Dice la palabra. ¿De dónde vienen los malos pensamientos? Vienen del corazón.
El corazón, (Y no hablo del órgano físico), es una fuente de donde nacen muchas cosas. Si ustedes revisan con calma, van a darse cuenta que, por un lado, él tenía celos de su hermano. Van a darse cuenta que él tenía reclamos contra su padre, pero que nunca los expresó.
El ser humano no ha sido diseñado para soportar indefinidamente la presión. Todos necesitamos una válvula de escape. Cualquier elemento bajo presión al que no le funcione correctamente la válvula de escape, es una bomba de tiempo. Tarde o temprano explotará.
Lo que Dios normalmente hace con sus hijos, es darnos la oportunidad de exponernos, y de que nuestro corazón se abra delante de Dios. Hay cosas que no salen fuera en un principio, sino que llevan su tiempo. Y Dios tiene que trabajar con eso.
Nunca los secretos del corazón son buenos si los queremos guardar para Dios. Esa es una tentación para el enemigo, es una puerta a través de la cual él puede trabajar mucho. ¿Cómo se manifiestan los secretos del corazón?
Por las fantasías que uno tiene. ¿Y de dónde nacen las fantasías? ¿Qué cosa es una fantasía? Tú tienes una persona que está en su habitación, y empieza a imaginar una cantidad de cosas. Dónde le gustaría estar, cómo le gustaría ser, qué le gustaría tener. Y en el fondo, eso expresa anhelos guardados.
Las fantasías, en sí mismas, quizás no sean malas. Son un producto de nuestra mente, y quien nos dio nuestra mente es Dios. El problema surge cuando a ese hijo se le ocurre pedir un anticipo de su herencia e irse a gastárselo con sus amigotes, que lo único que querían era lo que él tenía.
¿Qué había en su corazón, que permitió que el enemigo literalmente lo saque del lugar donde él está, y lo saque por completo internamente? Había señales que el enemigo aprovecha totalmente para infiltrarse y causar estragos en su vida.
Cuando llega a tu vida algo que inconscientemente habías estado esperando, tú das por descontado que esa es una respuesta de Dios a tus oraciones, y no te detienes ni por un instante a pensar que tal vez no sea así, sino que ha sido el enemigo que, infiltrado en tu corazón, aprovecha que has bajado la guardia por exceso de confianza y te ataca duramente.
Ese suele ser en muchas ocasiones el resultado de una fantasía de nuestra mente, confundida con una palabra del Señor. Tú puedes darte cuenta, por cómo se conduce el hijo pródigo, que es como si él ya tuviera una agenda de lo que iba a hacer.
Eso no fue una decisión apresurada, ni nació en un momento de enojo. Él lo pensó durante mucho tiempo. Por eso es tan complicado tener secretos en el corazón. ¿Pero entonces el diablo puede leer el pensamiento? ¿No era que no podía?
Hay una respuesta que no se parece a la que vulgarmente se nos ha dado al respecto. El diablo no tiene acceso a tus pensamientos, siempre y cuando tú estés alineado con Dios. Pero, ¿Qué pasa si ese día estás enojado? ¿O qué pasa cuando estás deprimido? ¿Él tiene acceso a ese archivo de datos? Sí.
Él tiene acceso a todo lo que es tinieblas. Entonces, mis pensamientos sí tienen un sello inviolable de protección, siempre y cuando esté alineado con Dios. Pero mientras me desalineo, él tiene la posibilidad de ver mis archivos secretos.
Por eso es tan sabio que nosotros entrenemos a nuestra mente a no fantasear sin dirección. O sea que si tú tienes fantasías dirigidas, tú puedes hacer un plan de vida excelente. Yo puedo conducir mis pensamientos. Yo quiero estudiar esto, quiero proyectarme para acá, voy a aceptar esto, me gustaría tener aquello.
Eso no es una fantasía hueca. Si me ayuda a escoger una agenda de vida que va alineada con lo que Dios quiere para mí. Lo que ocurre, es que en la mayoría de los casos la gente divaga en sus pensamientos sin dirección.
Uno de los problemas de depender demasiado de la televisión, es que te entrena a no pensar en nada. Y ese es un problema. No es lo mismo cuando tú lees un libro. Cuando tú lees un libro, si no imaginas lo que estás leyendo, no te acuerdas.
Ahí está la diferencia entre leer y ver la televisión. La mente pasiva es una mente muy susceptible de ser afectada. Se entiende por mente pasiva, a una persona que piensa cosas sin controlarlas. Personas que tienen pensamientos dispersos, que saltan de una a otra cosa, y sin dirección coherente alguna.
Ese es un caldo de cultivo sobre el cual el enemigo puede trabajar muy bien. Entonces, yo debo de tener cierto control de pensamientos. Y a lo que me refiero es que una persona debe saber dónde coloca su pensamiento.
La fantasía sin planificación, sin que el Espíritu Santo esté interviniendo, es un arma muy peligrosa. Está probado que en el caso de las mujeres, una gran proporción de ellas se enamoran por la fantasía. Imaginan cosas de una persona, y eso predispone sus sentimientos.
En el versículo 22 del capítulo 15 de Lucas, y pasaré por alto todo lo demás del hijo pródigo para detenerme en lo que el padre hace, dice: Pero el padre dijo a sus siervos: sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies.
Estas tres cosas que se mencionan aquí, el vestido, el anillo y el calzado, son las cosas que el pródigo pierde. Por eso es que es lo primero que el padre le devuelve. El enemigo, cuando logra sacarte de la casa, te va a quitar el vestido, el anillo y el calzado.
Estos tres puntos son de tremenda revelación, por lo que resulta sumamente importante que lo entiendas con claridad. La primera cosa que estos tres objetos traen a una vida, es identidad. La única manera que el diablo pueda convertir a un hijo en pródigo, es robándole su identidad.
Entonces, él ataca estas tres cosas. Y quiero detenerme en cada uno de estos objetos un momento, para poder entender de qué está hablando aquí la palabra. Hay una ciencia de Dios muy interesante en torno a esto.
Van a darse cuenta que Dios no creó al hombre para estar descubierto. O sea: antes de pecar, Adán estaba revestido de una vestidura espiritual que él pierde cuando él peca. Y apenas él abre sus ojos en el sentido natural, se da cuenta que está desnudo.
¿Recuerdas el pasaje? Estoy hablando de Génesis 3. Si tú vas al cielo, vas a darte cuenta que en el cielo no hay nadie desnudo. Todos están vestidos. Si tú lees Apocalipsis, allí se habla de vestiduras blancas, inclusive.
Nunca un ángel se le presentó a alguien desnudo. Si se te llega a aparecer un ángel desnudo, hazme un favor, repréndelo inmediatamente. Porque no dudo que será muy ángel, pero también que no viene de parte de Dios.
El hecho es, y al ver el final podemos saber qué pensaba Dios al principio, por eso menciono el Apocalipsis, por eso menciono el final. Adán y Eva no estaban desnudos, como se los dibuja aún en los libros para niños. Ellos no estaban desnudos. En ningún momento estaban desnudos.
Solamente que el hombre natural, entiende de manera natural las cosas. Estaban revestidos de justicia. O sea que ellos, al mirarse, miraban la justicia de Dios. ¿Cómo se entiende esto? Es como cuando una persona está entusiasmada de encontrarse con alguien.
Imagínate que vas a encontrarte con una amiga o un amigo de mucho tiempo, tal vez de la época del colegio, o alguien muy especial para ti. Llega el momento en que lo ves, y estás frente a frente; y tienes tanta expectativa de ese encuentro, que no prestas atención a si tu amigo está bien vestido o no. Tus ojos están en otra cosa más importante para ti.
Es lo mismo. En tanto que Adán y Eva estaban conectados con Dios, su mirada estaba enfocada en la justicia que había en Él. Si estás con alguien que te interesa, no te fijas en los detalles. A eso lo empiezas a hacer el día que te estás aburriendo con alguien.
¿Por qué? Porque mi visión ya no está dirigida por mi interés, por el corazón, sino que simplemente ya no hay interés en ese sentido. Ahora bien; en la palabra, ¿Qué significan las vestiduras? Respuesta: cobertura.
(Isaías 61: 10) = En gran manera me gozaré en Jehová, mi alma se alegrará en mi Dios; porque me visitó con vestiduras de salvación, me rodeó de manto de justicia, como a novio me atavió, y como a novia adornada con sus joyas.
El diablo aborrece ver al hombre cubierto. En la Biblia, tú vas a ver que desde el Génesis, se presenta una batalla de territorios y una batalla de coberturas, de vestimentas. Mira; si no fuera cierto esto, ¿Por qué será tan importante la descripción de la vestidura que Jesús tenía?
¿Se acuerdan de eso, verdad? ¿Recuerdas aquello de su manto único y sin costura? Y es tremendo, porque ya está muerto en la cruz, y sus vestiduras son, todavía, el objeto de una disputa, de una discusión.
Y algo más: los soldados no se atreven a romper sus vestiduras. En la Biblia, si tú lees Levítico y Deuteronomio, verás que era de uso y costumbre que, dentro de las familias, no debían mostrarse sin ropas ningunos de sus miembros.
Y no era solamente una costumbre judía; eso venía por instrucciones que Dios le había dado a su pueblo. En pocas palabras, hay una batalla espiritual por las vestiduras que tenemos. Repasa Isaías. ¿Vestiduras de qué hay aquí? De salvación y un manto de justicia.
(Génesis 3: 7) = Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entones cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales.
Ahí tienen el origen de la masonería. Se hicieron delantales. De higueras. Esa es la justicia del hombre. ¿Una persona puede hacerse vestiduras? Sí, pero no duran como la higuera. Piensa; si tú te haces un traje de hojas, ¿Cuánto te puede durar? Esa vestidura te sirve para caminar en lugares oscuros.
Y es temporal. Porque son hojas muertas. Todo lo que está separado de su tallo, está muerto. La vestidura del hombre sin Dios, es temporal y es muerta. Y sólo sirve si está en la oscuridad.
(Verso 10) = Y él respondió: oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo, y me escondí.
Noten que él tiene temor de Dios y temor de que él estaba desnudo, como si Dios fuera a sorprenderse o escandalizarse porque estuviera desnudo. Acá hay todo un tema de cómo el diablo afecta su manera de pensar.
(Verso 21) = Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió.
O sea, el mensaje es este: ¿Has caído en pecado? Algo que no debes olvidar, Adán, es el andar siempre cubierto. Fíjate; nosotros hemos nacido en una familia; los hijos tienen la cobertura de los padres. Esa es una cobertura legal, no inventada por rutinas eclesiásticas. Dios, padre, familia
Hay que entender que la familia no fue creada por Dios simplemente para que todos tengamos hijitos. O para que nos conozcamos y seamos felices saliendo de vacaciones en familia. La familia fue creada para que sea la estructura que nos sostiene aferrados a un núcleo.
Puede ser que tu padre no sea creyente, pero tú tienes que reconocer que es tu padre. Puede que tu papá, incluso, no te quiera, ese es su derecho. Pero tú puedes elegir quererlo. Es decir que, el aprender a entender que Dios nos ha puesto debajo de esta cobertura temporal, es vital para que tú entiendas que puedes tener la cobertura directa de él.
Pregúntate esto: ¿Tú crees que Jesús se sujetó a la cobertura de José, el carpintero? Es notorio que sí, pese a que no era su padre biológico. Jamás le faltó el respeto o lo menoscabó, no hay registro. Aunque sí lo hay del episodio a sus doce años cuando les avisa que su prioridad es estar en los negocios de su verdadero Padre. Esa fue una explicación del motivo por el cual se había quedado en el templo, pero termina yéndose con ellos. No hizo lo que le dio la gana.
La gran pregunta que siempre se hace en estos casos, es: ¿Qué se hace cuando un padre es no creyente y no permite que sus hijos lean la Biblia, asistan a una iglesia cristiana o escuchen música cristiana, por ejemplo? Obedecer. Dios hará justicia cuando Él lo estime conveniente. Mientras tanto, la palabra dice a los hijos que deben obedecer a sus padres. Y no dice “a sus padres creyentes”, dice simplemente a sus padres…
Existen diversas coberturas que nosotros vamos a tener en nuestras vidas. En algún momento, yo, hijo, me doy cuenta que ya no puedo seguir lo que mi padre natural me ordena, sencillamente porque va en contra de lo que Dios mi Padre celestial me ordena que haga.
Suponte que un padre pretende que su hijo varón se embriague junto con él. O lo lleva cuando es adolescente a un prostíbulo “para que se haga hombre”. O un padre sugiere a su joven hija mujer que se prostituya para ayudar a la familia con dinero. ¿Deben obedecer en este caso esos hijos? ¡No!
Pero mínimamente para poder decir no, yo debo tener ya una mentalidad de hijo de Dios. Porque el Espíritu va a estar diciéndome ya, ¡Cuidado con eso! Yo puedo orar de tal manera que el corazón de un padre se vea afectado y cambie. Pero si no cambia, es asunto concluido. Ir más allá es manipulación. Y entrar en manipulación es ejercer hechicería.
Luego aparecen los profesores en el colegio. Ellos son, en cierta medida, una especie de cobertura de tu vida. Por eso es tan importante tener profesores íntegros, no pervertidos o desviados. Créeme que ese un grave problema en muchos colegios hoy día.
Debemos aspirar a que nuestros profesores sean personas, no pretendamos que creyentes, pero sí con principios morales claros y precisos. Que entienda lo que significa esto o aquello. Muchas veces los padres, en la intención de brindarles a sus hijos una educación de alto nivel, los exponen a profesores corruptos.
Lo mismo si alguien tiene un profesor religioso hasta los tuétanos, ¿Se supone que lo afectará? ¡Desde luego que sí! No por nada el catolicismo romano ha sido sembrado en mucha gente desde su niñez, a partir de maestros o profesores religiosos!
Y las personas que más usaba el enemigo para introducirnos en religiones idólatras o paganas, eran las abuelas. Las abuelas eran las que conectaban a sus nietos con sus religiones heredadas. Y eso de generación tras generación.
Intervenían fuertemente a la hora de ponerle el nombre al recién nacido. Intervenían fuertemente a la hora del bautismo por aspersión ritual y tradicional. En muchos casos a contra pie de los deseos de los propios padres, que se veían desbordados por los abuelos por la sencilla razón de que eran sus propios padres y supuestamente les debían obediencia.
Y eran las abuelas, las mujeres. Los abuelos varones no intervenían en esas cosas. Ellos iban a misa cuando alguien se bautizaba, cuando alguien se moría o cuando alguien se casaba, nada más. Pero las abuelas no. Y si lees Jeremías, podrás comprobar que las mujeres eran las encargadas de difundir y extender la vigencia de la Reina del Cielo a las siguientes generaciones.
Imagínate ahora que si sales de excursión con tu colegio, y andas por unas montañas recorriendo y divirtiéndote, y tu profesor te dice que no hagas tal o cual cosa, tú debes obedecerle. ¿Qué sucede si no obedezco y tengo un accidente y me rompo un hueso? ¡Soy culpable porque me salí de la cobertura!
Claro que la cobertura de él es temporal, dura algunas horas cada día, unas cuantas semanas al año. Pero tu papel como estudiante, es obedecer lo que él dice. El jefe de la oficina. Si él es tu jefe y es quien te paga tu salario, está ejerciendo alguna clase de cobertura sobre ti.
Dios crea al hombre para que funcione bajo un cierto nivel de cobertura. Que necesariamente tendrá que estar alineada con Su cobertura divina, de otro modo algo no va a funcionar. Por eso es que una persona que no sabe ser obediente, tampoco sirve para ser superior de otro.
¿Recuerdas la anécdota del centurión? ¿Recuerdas cuando él viene pidiendo a Jesús por la salud de su siervo? Y Jesús le dice que lo lleve a su casa, que quiere orar por él. Y el centurión le responde que no, que no es digno de que Él entre en su casa.
Y le sugiere que solamente diga la palabra y seguramente esa palabra será hecha. Y se pone como modelo de autoridad él mismo, diciendo que cuando dice que algo se haga, el subordinado va y lo hace. “Soy un hombre bajo autoridad”, señala.
Él ni siquiera era judío, no sabía nada de la ley, no tenía ni idea lo que decía de Jesús la ley, pero él supo reconocer a alguien que tenía autoridad. Y se sujetó a él. Yo siempre enseñé que sujetarse a alguien sujeto a autoridad divina, no es un esfuerzo, es un privilegio.
¿Recuerdas lo que termina diciendo Jesús? Que no ha visto fe como la de ese hombre. Y al instante, su siervo fue sano. La persona que no acepta tener una cobertura, tampoco sabe serlo al pasar los años. Y no estoy hablando de política religiosa, de hecho, estoy hablando de coberturas divinas.
La persona que no sabe obedecer, no sabe mandar. Cuando venimos a Dios, Nosotros también recibimos coberturas. Y no siempre son divinas, necesitamos desesperadamente discernimiento. Cuando es cobertura divina, la disfrutas, te bendice y aporta enormidades a tu madurez. Cuando es cobertura humana, es simple espíritu de control. Se sufre y duele por todos los costados. Huye de ello.
Todos los hijos de Dios tenemos cobertura espiritual. Todos los que hemos nacido del Espíritu, estamos caminando al abrigo del Altísimo. ¿Recuerdas al Salmo 91, verdad? Oramos, Él nos da alimento, nos provee, estamos ahí.
Lo cierto es que nos guste o no, lo aprobemos o no, todos sabemos que hay una cobertura espiritual divina, y a ella aspiramos todos. Pero también hay coberturas humanas, y allí los riesgos son muy grandes y las posibilidades de éxito mucho menores. ¿Por qué? Porque también hay coberturas diabólicas.
Hay cobertura de Dios, que la tenemos todos. Y voy a decirte algo que te va a hacer pensar: aun los que no lo conocen tienen cobertura de Dios. Él hace llover sobre malos y buenos. Sobre justos e injustos. Porque Él es creador, ama su creación. Y aun a aquellos que no lo conocen, Él los está cuidando y les otorga bendiciones.
Por eso es que, el día que conocemos al Señor y lo aceptamos con todo nuestro corazón, ese mismo día entendemos y nos damos cuenta de cómo nos cuidó antes de conocerlo, de cómo nos dio tantas cosas. ¿De dónde nace el deseo de dar? Cuando somos nacidos del Espíritu, porque entendemos lo que Él nos dio.
De la cobertura humana no nos podemos escapar. Pero hay algo que debemos tener muy en cuenta: una cobertura humana siempre tiene sus límites. Nabucodonosor era cobertura humana de Daniel, y Daniel fue sumamente obediente con él. Salvo cuando quiso que adorara la imagen. Hay una ley más alta que la de los hombres.
Lo que te estoy queriendo decir es que, si vas a salir de debajo de la cobertura del hombre, gloria a Dios, aleluya y Dios te bendiga, pero tendrás que estar bien seguro que estás bajo la cobertura de Dios. Ahora vamos a un texto que nos muestra cómo Dios ve el tema ropa.
(Zacarías 3: 1) = Me mostró al sumo sacerdote Josué, el cual estaba delante del ángel de Jehová. Y Satanás estaba a su mano derecha para acusarle.
(2) Y dijo Jehová a Satanás: Jehová te reprenda, oh Satanás; Jehová que ha escogido a Jerusalén te reprenda. ¿No es este un tizón arrebatado del incendio?
(3) Y Josué estaba vestido de vestiduras viles, y estaba delante del ángel.
Noten ustedes algo. Aquí Satanás está acusando al Sumo Sacerdote, ¿No es así? Entonces te hago una pregunta: ¿Qué es lo que utiliza Satanás para acusarlo? Sus palabras, de acuerdo. ¿Y tiene derecho, Satanás, de acusar a Josué?
Sí tiene derecho. Porque está con vestiduras viles, o sucias. Entonces, el pasaje de Romanos que dice: ¿Quién acusará a los escogidos del Señor? Respuesta. Sus propias vestiduras cuando están manchadas. El diablo solamente puede señalar aquello que está manchado.
Si cruzamos la delgada línea del alineamiento con Dios, quedamos expuestos. Y ninguno de nosotros quiere irse a dormir esta noche acusado por el diablo, ¿Verdad? Este tema es muy importante. La iglesia está diseñada para ser invencible.
El diablo no debería levantar su voz ni señalarnos a ninguno de nosotros. Pero el caso es que lo hace. ¿Y sabes qué es lo peor de todo? Que Dios no puede callarlo, porque su acusación tiene derecho. Tiene legalidad.
Por ejemplo, si tú has mentido, y alguien viene y te dice que eres un mentiroso, tú sólo puedes callarte, porque lo que te está diciendo es verdad. ¿Y cómo se calla la acusación? Con la confesión. El enemigo de la acusación, es la confesión.
Porque cuando una persona confiesa algo, el diablo ya no puede acusarlo en eso. Ya no tiene el instrumento de la acusación. Es interesante este pasaje de Zacarías 3, porque te hace ver cómo funciona el mundo espiritual. Y cuánto pesa estar con las ropas sucias.
Para los que les gusta estudiar un poco más allá, por las suyas, estudien la relación que hay entre iniquidad e injusticia. La injusticia es una vestidura que provoca iniquidad. Revísela. ¿Qué relación hay entre iniquidad e injusticia? ¿A quiénes Dios llama injustos? Al que está cubierto de iniquidad. Al que está con la ropa sucia, a esos les llama el Señor, injustos. No les dice: están sucios, les dice que son injustos.
(Verso 4) = Y habló el ángel, y mandó a los que estaban delante de él, diciendo: quitadle esas vestiduras viles (Sucias). Y a él le dijo: mira que he quitado de ti tu pecado (En los originales dice iniquidad) y te he hecho vestir ropas de gala.
La ropa sucia es la iniquidad. Definición sencilla de iniquidad: predisposición a pecar. La iniquidad, te predispone a pecar. O sea, si tus padres tenían problemas con el alcohol, y esa iniquidad está sobre ti, a la primera de cambio que tú pierdes el control, tú caes en el alcoholismo.
Entonces decimos que la iniquidad, es la predisposición que uno tiene a pecar. Y se hereda. Por eso es tan importante que seamos despojados de vestiduras de injusticia, iniquidad, y seamos vestidos con ropas de salvación.
Van a darse cuenta, si ustedes leen un poco más de este capítulo 3 de Zacarías, que los ángeles se movilizan para traer las ropas. Ahora volvamos a la parábola del hijo pródigo, volvamos a aquella escena. En el verso 22 de Lucas 15, hay algo que me produce una duda.
El texto dice: Pero el padre dijo a sus siervos: sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. La duda que tengo, es esta: no sé si el muchacho estaba semi-desnudo, o si tenía ropas pero estaban sucias. O ambas cosas.
Y nota, además, que es muy curioso y llamativo que no lo hacen bañar. Él venía de trabajar con cerdos. ¿Recuerdas la escena? Pero su padre no lo hace bañar. ¿Por qué hacerlo cambiar de vestiduras sería tan importante? Porque lo primero que ven de ti, cada día, es tu ropa.
Es suficiente con que cada uno de nosotros baje la mirada, y ahí veremos cómo estamos vestidos. Y eso, provoca en nosotros: ¿Gozo, condenación, culpa, tristeza? En el fondo, cómo nos vestimos es una expresión de cómo estamos.
Imagínate un pordiosero en la calle. Su ropa estará descuidada, sucia, incluso hasta huele mal. Una persona puede tener una sola muda de ropa, pero así y todo ingeniárselas para lavarla permanentemente y de ese modo andar siempre con ropa limpia.
El vagabundo no tiene interés en hacer eso. Su ropa está desgastada, descosida, sucia, maloliente. Con solo verlo, ya tenemos una imagen de lo que esa persona es. No necesitamos demasiada imaginación para evaluar el resto, lo que no se ve, lo interno.
Yo creo que hoy, simplemente mirando cómo se viste la gente, uno puede llegar a tener una idea muy aproximada de lo que es esa gente. Porque eso no se descolgó de los faroles del alumbrado, eso llega desde adentro.
Personas que se acostumbran a caminar con prendas descosidas. Y uno se pregunta por qué no tendrán cuidado de reparar eso. ¿No es algo fácil, antes de salir, pararse frente a un espejo y ver cómo es que nos vemos? ¿Por qué no lo hacen? ¿Por qué no parece importarles su aspecto?
Sería algo muy normal, algo sano. Y no sólo delante de Dios, también delante de las personas. ¿Por qué el padre le pone vestiduras nuevas o limpias a ese hijo pródigo? Simple: porque quiere quitar la culpa de su hijo.
Imagínate que el muchacho, el pródigo, está con vestiduras sucias; ¡estuvo trabajando con cerdos! Le hubiera bastado bajar sus ojos y ver sus ropas para recordar dónde estaba. Y nuevamente hubiera comenzado a pedirle perdón a su padre.
Y el padre le dirá que no, que ya está bien, que ya lo perdonó. Imagínate ahora que él no se cambia esa ropa. Que al día siguiente se levanta por la mañana y ve otra vez los recuerdos que en su ropa le han dejado los amigos cerditos.
Y al ver la mancha en su ropa, inevitablemente volverá a recordar cómo pudo hacer eso, y vuelta a empezar con la culpa. Por eso el Padre ni le deja hacer eso, no más llegar a la casa y, lo primero que hace, es mandar a que le cambien sus vestiduras.
Es decir que el padre no quiere que su hijo se pase toda la vida recordando lo que ha vivido antes. No quiere nada que le provoque condenación. Nada que le provoque culpa. ¿Qué pasa con una persona a la cual se la ha ministrado muchas veces, y sin embargo vuelve y vuelve una y otra vez, llorando por las mismas cosas?
Eso no está bien, eso no es sano. Eso es dudar de la obra de Dios en su vida. Eso tiene que ver con el hecho de que, si esta persona sigue llorando por lo mismo que siempre ha llorado antes, es porque esta persona nunca fue cambiada.
Sigue mirando vez, tras vez, tras vez, las vestimentas sucias, antiguas, que le han provocado vergüenza, o dolor, o enojo. En pocas palabras: su iniquidad todavía está delante de sus ojos. ¿Y qué pasa cuando el diablo ve eso? Fácil: lo encarcela.
Y ahí se provoca un círculo bien feo: está en la cárcel, clama, Dios lo saca, pero no se cambia la ropa. ¿Recuerdas esa ropa de presidiario, a rayas, y con el número de recluso inscripto en su solapa? Imagínate que esa persona sale libre, pero al día siguiente anda por la calle más céntrica de tu ciudad, caminando tranquilamente con su ropa de presidiario.
Seguramente en cualquier momento lo detendrá la policía, pensando que él se ha escapado de la cárcel. Jamás podrán creerle que haya sido liberado. ¡Si tiene las ropas del presidio! ¿Cómo va a ser liberado sin que le den ropas nuevas? Simple. El diablo está reconociendo una vestidura que le da derecho a encarcelarlo.
La iniquidad sobre nosotros, le da derechos a Satanás para muchas cosas. ¿Otra vez hay que ministrar al hermanito fulano? Sí. ¿Y cómo hace para caer en la cárcel vez tras vez? Simple; porque cuando cae, vamos, pagamos la fianza correspondiente y lo sacamos, pero no nos tomamos el trabajo de cambiarle sus ropas.
Noten ustedes que eso fue lo primero que hizo Dios en Génesis, los vistió. Les quitó las hojas de higuera y les puso la piel. Y cuando Jesús está muerto y su sangre todavía está goteando, hay una cosa que deja para que el que quiera se vista: sus ropas.
¿Alguna vez las viste en algunos de esos dibujos que han hecho sobre la crucifixión? No. Jamás han dibujado eso. Pero la Biblia dice que al pie de la cruz, cuando Él estaba entregando su espíritu al Padre, quedaron sus ropas. ¿Por qué nadie las dibujó?
¿Y para que las dejó allí? Para que el que quisiera vestirse con las ropas de salvación que él usó siempre, las tome y se las ponga. Siempre miramos la sangre. Y sí; con la sangre nos limpiamos y nos lavamos, pero no estamos diseñados para caminar sin vestiduras, sin ropas.
¿Por qué crees que dejó esa ropa allí? ¿Por qué crees que no la rompieron los soldados? Quedó para aquellos que usaron la sangre para limpiarse, y para vestirse. El propósito de Dios, no fue solamente hacer libre al hombre. Él sabía que la libertad, sin cambio de vestiduras, era temporal.
¿Por qué? Porque la persona va a terminar otra vez recluida por causa de cómo está. ¿Recuerdas lo que dice Isaías? ¡Se ordena que a todos los enlutados de Sión se les vista! ¿Por qué esa obsesión de Dios por vestirnos?
Pregunto: ¿Habrá alguno de ustedes que esté saliendo a la calle sin ropa? Bueno; es verdad que hoy mucha gente se desviste para que se viste para salir a la calle, pero: ¿Te animarías tú a salir sin ropa alguna a la calle? ¿No? ¿Y entonces cómo te atreves a pelear una batalla menospreciando la cobertura divina que tienes?
Es lo mismo. Y basta para entenderlo, tener bien en claro que, aquellos lugares en donde la gente no muestra demasiado cuidado en el vestir, suelen ser lugares de libertinaje. ¿Eres creyente? ¿Sí? Entonces jamás desprecies la cobertura que la sangre de Jesús te ha entregado.
La segunda cosa que Dios pone en la mano del muchacho pródigo, es el anillo. El anillo nos habla de autoridad, pero quiero explicar por qué. En la época de la Biblia, la gente no firmaba documentos, los sellaba. Y el sello estaba en su anillo.
Normalmente el anillo era grande y tenía un grabado que era único y exclusivo de esa persona. Entonces cuando él hacía algún negocio o daba alguna instrucción, él simplemente la sellaba con su anillo. Eso quiere decir que el anillo refleja autoridad, cuando se usa.
¿Una persona puede tener anillo con sello y no usarlo? Sí. Te resfrías y prefieres la aspirina en lugar de reprender. Tienes el anillo pero no lo usas. La idea de la autoridad es que se use. Técnicamente, el anillo sólo es un símbolo de autoridad.
Por el otro lado, imagínate a una persona que se ha casado. Tiene un anillo en su mano que refleja pertenencia, o sea que ha hecho un pacto. Eso no es algo que uno se pueda poner o quitar. En el sentido físico, quizás sí. Pero espiritualmente, un pacto es algo que está hecho y punto.
Si alguien entra a una logia masónica, el primer regalo cuando le hacen maestro masón en el tercer nivel, es un anillo. ¿Recuerdas qué le besaban sus seguidores al padrino de la mafia? ¿Y el diablo puede también dar anillos? ¡Desde luego! Pero Dios da anillos. ¡Claro que sí!
Una de las características de Jezabel, es que ella gobierna con su anillo. Lo digo con mayor claridad: utiliza el anillo del esposo. Si ustedes leen el pasaje que está en el Libro de los Reyes, van a darse cuenta que ella redactaba las cartas, cuando se presenta ese problema con la viña de Nabot, y las sella con el anillo del rey.
Aunque el rey no había escrito la carta. Yo puedo usar el anillo que Dios me ha dado, para decretar cosas. Cuando nosotros nos reunimos a orar, lo que estamos haciendo es decretar. No estamos orando para que Dios haga algo, lo estamos haciendo nosotros con nuestro decreto, porque Dios delegó esa responsabilidad en nosotros. Es autoridad nuestra. Es jurisdicción nuestra.
(Génesis 41: 42) = Entonces Faraón quitó el anillo de su mano, y lo puso en la mano de José, y lo hizo vestir de ropa de lino finísimo, y puso un collar de oro en su cuello; (43) y lo hizo subir en su segundo carro, y pregonaron delante de él: ¡Doblad la rodilla!; y lo puso sobre toda la tierra de Egipto.
(44) Y dijo Faraón a José: yo soy Faraón; y sin ti ninguno alzará su mano ni su pie en toda la tierra de Egipto.
Pregunto: ¿Qué está haciendo Faraón con José? Lo está vistiendo de autoridad. Exactamente eso hizo Jesús en Mateo 28, cuando dijo: toda autoridad me es dada en los cielos y en la tierra; ahí está el anillo; lo que ustedes digan, va a ser.
Cuando nosotros usamos el anillo, (Ester 8:8), lo que decretamos no puede ser revocado. Cuando un hijo de Dios tiene cobertura divina y tiene anillo de autoridad, es dos veces más poderoso. Lo que él ata en la tierra, es atado en los cielos.
En Ester 8:8 dice que todo lo que se sellaba con el anillo del reino, no podía ser revocado. Eso se repite en mateo 16, cuando Jesús dice: yo te daré las llaves del reino de los cielos, ¿Recuerdas? Las llaves son iguales que el anillo.
¿Qué pasa cuando una persona quiere ordenar algo sin tener el anillo? Se vuelve mandón, autoritario, despótico. Y el autoritario grita, aúlla y se desgañita y no pasa nada. ¿Por qué? Porque nadie ve un anillo de autoridad en su mano.
¿Recuerdas el episodio con los hijos del brujo de Hechos? ¿Se acuerdan de Esceva, verdad? ¡Sabemos quién es Jesús! ¡Sabemos quién es Pablo! Pero tú, ¿Quién eres? ¿Quién te crees que eres para venir a gritarnos y a querer sacarnos de aquí?
En la Biblia dice que Él nos ha dado autoridad para sanar enfermedades. Y eso es para todos, incluidos ustedes, los que hoy me están escuchando quizás de pura casualidad. Dios les ha dado autoridad para sanar enfermedades.
Yo no sé lo que eso les parece a ustedes, pero a mí me parece que es hermoso saber que podemos sanar enfermedades. Y también nos dio autoridad para echar fuera demonios. Y no es algo que a mí me guste o no me guste hacer; ¡Tengo la autoridad para hacerlo!
No necesito ser alguien especial, no necesito ser profeta, no necesito tener cuatro años de antigüedad en la congregación. Por el hecho de ser un nacido de Dios, yo ya tengo la autoridad contra la enfermedad y contra los demonios.
¿Tenemos autoridad para poder quebrar la pobreza? Sí, señor. ¿Tenemos la autoridad para restaurar la división que el enemigo pueda haber ocasionado en nuestras familias? ¡Claro que sí! O sea: hay una determinada cantidad de áreas en las que nosotros podemos ejercer autoridad.
¡Es que yo conozco un hermano que ora y profetiza todo el tiempo y después no pasa nada de lo que dice! ¿Por qué puede ser que una persona decrete, establezca y no pase nada? Hay dos posibilidades que tú puedes entender hasta este momento.
La primera de ellas, es que puede estar vestido con ropas viles. O mejor dicho: tiene ropas sucias. Y la segunda, es que no tiene anillo. Entonces uno puede gritar, gritar y zapatear y no va a suceder absolutamente nada.
¿Por qué? Porque en el diseño de Dios, Él ha establecido que lo que digamos, puestos de acuerdo, se haga. Y este, créeme, es un tema muy delicado. Yo no quiero acusar a nadie de tener iniquidad encima, pero ciertamente la iniquidad nos quita autoridad.
Y, constantemente, deberíamos estar rastrillando nuestra vida para ver por qué cuando oro por tal o cual cosa, no pasa nada. Si hay una ley que Dios ha dicho, que ha establecido, que todo lo que oremos puestos de acuerdo, Él lo va a hacer, nuestra obligación es examinar por qué es que no ocurre.
No puede ser que Dios esté equivocado, ¿Te das cuenta? No puede ser que Él no quiera, tiene que haber algo más. Muy probablemente, -y repito, no estoy señalando a nadie-, hay todavía áreas de iniquidad, de ropa sucia, que anulan la autoridad que tienes.
De allí que sea tan importante examinarnos con frecuencia. Dios nos ha dado autoridad. No voy a cambiar eso. Apenas entra el hijo pródigo, el Señor le pone un anillo en su mano. Te van a reconocer por el anillo que tienes. La tercera cosa que pone el padre, son las sandalias en los pies.
(Marcos 6: 7) = Después llamó a los doce, y comenzó a enviarlos de dos en dos; y les dio autoridad sobre los espíritus inmundos.
(8) Y les mandó que no llevasen nada para el camino, sino solamente bordón; ni alforja, ni pan, ni dinero en el cinto, (9) sino que calzasen sandalias, y no vistiesen dos túnicas.
Escucha esto: por lo visto, para Dios, es más importante andar con calzado que tener comida. ¿No dice eso, acá? Les ordenó que no llevaran nada para el camino, sino un bordón para apoyarse. Ni pan, ni alforja, ¡Ni dinero! Pero sí calzados con sandalias. Para Dios, más importante que la comida, es el calzado.
(Rut 4: 7) = Había ya desde hacía tiempo esta costumbre en Israel tocante a la redención y al contrato, que para la confirmación de cualquier negocio, el uno se quitaba el zapato y lo daba a su compañero; y esto servía de testimonio en Israel.
¿Cómo firmaban un acuerdo? Dándole uno su sandalia al otro. Estaban haciendo un trato. Dice otra versión de este mismo texto: Antes en Israel, en ocasión de rescate o cambio, para dar fuerza al contrato, había la costumbre de quitarse uno la sandalia y dársela al otro. Esta era la manera de testificar en Israel.
El calzado, en la Biblia, es un asunto de redención. Tiene que ver con comprar y traspasar tierra, especialmente. Recuerden ustedes el famoso versículo que la gente usa sin entender todo esto: todo lo que pise la planta de tu pie, será tuyo.
¿Quién hace eso? Ese es un acuerdo que Israel tenía. Imagínate que yo le estoy vendiendo un pedazo de tierra a otra persona, un terreno. Y hacemos el acuerdo, ¿En cuánto? En tanto; listo. ¿Cuándo va a estar listo? En unas semanas está todo hecho. Perfecto.
Entonces, le entregaba mi sandalia, como señal de que este acuerdo estaba definido. Estaba hecho. Es un tema de redención. No cualquier negocio. No era para intercambiar ovejas, por ejemplo. No era un tema de buscar novia o esposa.
Era específicamente redención. Ahora; en muchos casos, la redención también estaba asociada a quitar o a recibir a una persona, como en el caso de Rut. Que se podría usar la señal del matrimonio, como un emblema de redención.
(Deuteronomio 25: 10) = Y se le dará este nombre en Israel: La casa del descalzado.
¿A dónde te conducen tus sandalias? Redimir significa que algo que era pertenencia de alguien se perdió, y el dueño lo vuelve a comprar. Redimir significa comprar dos veces. Yo fui creado por Dios, pero me perdí. Y el Señor me compró con alto precio.
Eso quiere decir que le pertenezco a Él dos veces: por creación y por redención. Lo que conduce mis pasos; lo que utilizo como elemento de decisión en lo que hago, tiene que ver con el hecho de entender que yo no me pertenezco a mí mismo.
Estoy hablando en contexto bíblico. Cuando uno se quita las sandalias y camina descalzo, se está haciendo uno con lo que está pisando. Cuando Jesús está con los discípulos en la última cena, Él les lava los pies, y les dice: si no hago esto, ustedes no tienen parte conmigo.
¿Cómo es eso? ¡Esta gente ha dejado sus hogares por seguirte! ¡Han caminado casi cuatro años contigo! ¿Cómo por no lavarse los pies, ellos no van a tener parte contigo? ¿Por qué, si esto era tan importante, no lo hiciste antes? ¿Por qué no se los enseñaste antes?
Recuerden ustedes esto: cuando una persona se sacaba las sandalias, era cuando el acuerdo se estaba firmando. Y se la entregaba a la otra persona como sello y garantía, ¿Recuerdas? Significaba: esto ya te pertenece; mira, esta tierra es tuya. La señal es que te estoy dando mi sandalia.
El acuerdo está hecho. Todo el proceso de caminar con los discípulos, ha sido intenso, ha sido tremendo, pero al final, la última noche, Jesús mismo les lava los pies a los discípulos. Y les dice que si no hace eso, ellos no tienen parte con Él.
Queda anulado todo lo que ustedes han hecho, todo lo que han dejado, todos los milagros que han hecho, queda todo ahí. Esto es importantísimo. Recuerden que Pedro no quería. Recuerda que fue a ese mismo Pedro al que el Señor le dijo que a él le darías las llaves.
Pero ahora le dice que si no permite que le lave los pies, él no puede participar de esto. No podemos caminar descalzos, porque significa que nosotros nos estamos asociando con la tierra, con lo que hay aquí. ¿Entiendes ahora por qué el Islam te pide que entres descalzo?
Simplemente entrar descalzo a una mezquita, ya es pactar con el Islam. Es aceptar eso. Pero es interesante también que Moisés le pida que se quite las sandalias para acercarte a la zarza que está ardiendo. ¿Por qué? La planta de sus pies nunca fue lavada. Recuerden eso.
Porque le pide el Señor que se saque las sandalias para entrar a ese lugar. Le dice que porque la tierra que está pisando, es santa. ¿Y? El hecho de que entre descalzo, estaba santificando al mismo Moisés. Él no mete el polvo del camino en ese pedazo de tierra.
Él entra descalzo, allí. Y esa misma santidad de ese lugar, cuando la zarza estaba ardiendo como señal de la presencia de Dios, está afectándolo a él. Esa misma tierra santa, es la que dos mil años después, Él está lavando de los pies de los discípulos.
Las sandalias tienen que ver con el hecho de que lo que yo utilizo para relacionarme con una persona. O sea: yo nunca voy a esconder mi fe de otras personas, para tener un amigo. Lo que voy a llevar delante de cualquier persona, es el hecho de que yo soy creyente, ¿Sabes?
Yo no acepto cualquier cosa, no acepto cualquier tipo de conversación, no acepto cualquier tipo de relación. No puedo ser un creyente al estilo James Bond, el agente 007, que escondo mi identidad. Porque las sandalias que tengo, son la redención.
Yo sé que soy alguien redimido. No puedo ser una persona que se una con este mundo. Tengo zapatos que me separan de este mundo. Si entro a un campo con espinas, descalzo, la maldición de la tierra expresada por las espinas, me va a hacer sangrar.
Pero sin entro con unas botas, yo voy a poder caminar sobre las espinas sin que me dañe nada. ¿Por qué la gente es herida en su relación con el mundo? Porque está caminando descalza. ¿Por qué te afecta cuando un amigo no creyente te defrauda? Porque te moviste con él con los pies descalzos.
Si tú te movieras con la gente de afuera con las sandalias correctas, con los calzados correctos, no te afectaría lo que ellos hacen, porque tú ya sabes que del mundo no puedes esperar nada. El punto está en que muchas veces los propios creyentes tienen vergüenza de manifestar su fe públicamente.
Y no te estoy diciendo que debas usar una de esas remeras que dicen “Yo creo en Cristo”, o “Yo soy de Jesús”, o “Jesús es mi Señor”, que están muy buenas, pero no estoy hablando de eso. Pero no puedes esconder quién eres.
¡Oh! ¡Tú eres el nuevo! ¡Esta noche tenemos una gran fiesta en la facultad! ¡Mucha bebida y mujeres, la vamos a pasar bomba! – Perdóname, yo soy un hijo de Dios y no voy a participar de eso. Y no es que me lo hayan prohibido, simplemente tengo otra manera de pensar.
Y eso no significa que tú no puedas tener amigos en la universidad. Sólo que ellos tienen que saber que tú tienes ciertos límites que no estás dispuesto a cruzar. ¿Qué se hace un hijo de Dios en una fiesta de esas? ¿Y en una fiesta de quince años? ¿Y en una despedida de soltero? ¿Y celebrando el carnaval?
Ahí está el punto. ¿Dónde te llevan tus pasos? ¿Dónde te están guiando tus pasos? Por eso es que para el Señor es más importante andar con buenos zapatos que andar con comida. ¡No lleven nada de comer y nada de dinero! Pero no olviden las sandalias…
Cuando Dios le dice a Josué que todo lo que pise la planta de su pie será suyo, no le dice de tu zapato, le dice que la planta de su pie. Por tanto, Josué se tuvo que sacar la sandalia. Y caminó, y Dios le dijo que a todo eso se lo iba a dar.
Cuando él caminó, él estaba trayendo la redención a esa tierra que Dios se la había prometido a Abraham muchos años antes. Todavía tengo dudas si los que dieron las vueltas alrededor de Jericó no fue un ejército descalzo. No me extrañaría que fuera un ejército descalzo.
¿Eso significa que hay un poder detrás del andar descalzo? Sí. Y a eso lo entienden muy bien la mayoría de los pueblos orientales. Tú entras a la casa de un árabe y se te pedirá que dejes tus zapatos en la puerta de entrada.
¿Pero por qué? Es que aquí no entramos con zapatos. ¿Tú te quieres hacer uno con ellos? No. Pues entonces no puedo entrar a tu casa, porque yo no me quito los zapatos. ¿Para tanto? Para tanto. No es un tema cultural, únicamente, como se nos ha mal enseñado.
Hay un principio espiritual que ellos lo manejan muy bien. Los japoneses. Ellos entienden muy bien eso. Tú no puedes quitarte las sandalias. Y te hablo ahora en el sentido espiritual. Tú eres creyente, o no eres nada. Tú eres una persona distinta.
Hay lugares donde nosotros no podemos estar. Te guste, o no. No te olvides que pródigo, significa disoluto, el que no tiene límites. Yo debo entender que no puedo estar en algunos lugares. ¡Es que no puedo! ¿Comprometerá eso mi salvación?
Mira; si Dios quiere que tú seas salvo, Dios te va a sacar de ese lugar. Dios nunca va a exponer a sus hijos a algo así. El único que tenía que arriesgar su vida, ya la arriesgó y murió por ti. Nosotros ya no necesitamos hacer eso.
¿Y se aplica a todo? Sí. Se aplica a hacer deportes, se aplica cuando vas a perder kilos y ganar estado atlético en el gimnasio, se aplica cuando viajas en taxi y le pides al chofer que apague esa música pesada en su difusor.
Darle mi sandalia a alguien, significa que le estoy dando mi tierra, o estoy aceptando la de él. Es un tema de conquista. Si el diablo te pide tus sandalias, es porque quiere anular tu capacidad de conquista. ¿Te das cuenta que el enemigo no quiere muchas cosas de ti?
Quiere tu vestidura. Quiere tu anillo. Te puede regalar collares, cadenas, aros, pero quiere tu anillo. Él quiere que creas, pero no que gobiernes. Hay gente que cree, pero que nunca gobierna. ¿Y cómo gobierno? Decretando. Establezco que así será a partir de este momento. Es eso de lo que estoy hablando. Y el diablo quiere tus sandalias.
(Lucas 15: 21) = Y el hijo le dijo: padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.
(22) Pero el padre dijo a sus siervos: sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies.
En algunas otras versiones bíblicas se consigna que esta orden el padre la dio con premura. Se dice que antes de lo dicho, el padre dijo: ¡Pronto! Esto quiere decir que si te falta vestidura, anillo o calzado, comienza a agenciarte de todo ello, pero hazlo ya mismo. Luego puede ser tarde.
¡Ya, bueno! ¡Voy a ponerme a orar este año para ver que hago con mi dependencia al Señor, con mi autoridad y mi acceso a la herencia! Olvídalo; no puedes tomarte un año para eso. Es un tema que urge, es ya y ahora.
(Josué 5: 13) = Estando Josué cerca de Jericó, alzó sus ojos y vio un varón que estaba delante de él, el cual tenía una espada desenvainada en su mano. Y Josué, yendo hacia él, le dijo: ¿Eres de los nuestros, o de nuestros enemigos?
(14) Él respondió: no; más como príncipe del ejército de Jehová he venido ahora. Entonces Josué, postrándose sobre su rostro en tierra, le adoró; y le dijo: ¿Qué dice mi Señor a su siervo?
(15) Y el príncipe del ejército de Jehová respondió a Josué: quita el calzado de tus pies, porque el lugar donde estás es santo. Y Josué así lo hizo.
¿Qué está haciendo aquí el ángel del Señor; o Jesús, porque son muchos los que dicen que era Jesús el príncipe aludido? ¿Sabes qué está haciendo? Está haciendo un traspaso de tierras a Josué. Al frente está Jericó, ¿Recuerdas, verdad?
(Josué 6: 1) = Ahora, Jericó estaba cerrada, bien cerrada, a causa de los hijos de Israel; nadie entraba ni salía.
(2) Más Jehová dijo a Josué; mira, yo he entregado en tu mano a Jericó y a su rey, con sus varones de guerra.
¿En qué momento entregó Jericó en la mano de Josué? En el momento en que Josué se sacó las sandalias y pisó. Ahí estuvo el intercambio de tierra. ¿Recuerdas la vestimenta de Efesios 6? Las sandalias de los pies, son el apresto del evangelio.
Este es un tiempo en el que queremos aprender a ser hijos. Pero; ¿Los hijos tienen gobierno? Exacto. Hemos visto que ellos heredan el gobierno del padre. Pero también hemos visto que uno puede ser hijo y convertirse en pródigo.
¿Y cómo se convierte un hijo en pródigo? Porque no pone límites. Ya lo sabes. ¿Y qué es lo que el diablo hace con los pródigos? También lo sabes, le quita tres cosas: la vestimenta, el anillo y el calzado. Para que un pródigo pueda restaurar su relación con su padre, él primeramente debe arrepentirse por lo que ha hecho.
Y luego debe empezar el camino de regreso. El Señor lo va a ayudar en la última etapa, la más difícil, que es la de acercarse a la casa. Él va a salir a su encuentro, y va a devolverle las tres cosas que perdió. Porque nadie puede ser hijo sin estas tres cosas.
Yo creo que es vital tomarnos el tiempo para ver si estamos vestidos de la manera correcta. ¿Tengo un anillo que me permite establecer y decretar gobierno? ¿O tengo un hermoso anillo pero no lo uso? ¿Con qué cosas estoy pactando con mis pies?
¿Soy una persona que está moviéndose en redención, o soy una persona que no mide sus pasos? Es importante esto. Es una palabra muy valiosa que Dios nos entrega hoy, y debe ayudarnos a reflexionar y a tener muy especial cuidado con algunas áreas de nuestra vida.