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Duplicados Divinos

( Mateo 13: 3) = Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: he aquí, el sembrador salió a sembrar.

(4) Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron.

(5) Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra; (6) pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó.

(7) Y parte cayó entre espinos, y los espinos crecieron, y la ahogaron.

(8) Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno.

(9) El que tiene oídos para oír, oiga.

(10) Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas en parábolas?

(11) Él respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; más a ellos no les es dado.

Se podría decir que esta es una de las parábolas más conocidas que tenemos en la Biblia. Pero no sólo es la más conocida, sino que es la primera que Jesús utiliza para hablarnos del Reino de Dios. En esta parábola, si bien hay muchos principios muy interesantes, Dios establece la razón por la cual Él vino.

Dice acá, al finalizar, “a vosotros” ¿A quiénes les estaba hablando Jesús? A sus discípulos. ¿Tú crees que eres un discípulo? Pues entonces: a vosotros se os ha dado, se os ha concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos.

Y luego dice: Pero a ellos, es decir, la gente que estaba fuera del grupo de Jesús, no se les ha concedido. La primera cosa que nos impresiona de esta parábola, es que marca una clara línea divisoria donde estamos nosotros, y ellos.

Claro, tú puedes decir que Dios no hace acepción de personas, pero en determinadas cuestiones y situaciones, podemos ver que sí debe hacerla. ¡Es que Dios trata a todos por igual! No lo parece. Dios no trató igual a David que a Saúl.

¡Hermano! ¿Me está usted diciendo que Dios tiene diferencias en su trato con la gente? Sí, eso es lo que creo. No hablamos de amar más a unos que a otros, hablamos de trato específico para asuntos muy puntuales.

¡Pero la Biblia dice que no hace acepción de personas! Sí, ya sabemos que la Biblia dice eso, pero podemos ver muy claramente a Dios haciendo algunas diferencias en el trato con sus hijos. Y este es un claro ejemplo de lo que estamos hablando. Aquí estamos nosotros, y allá están ellos.

Y dice que se nos ha concedido un privilegio. Esto significa que no es algo que nosotros hayamos ganado con nuestro esfuerzo. Si pensamos que nos hemos ganado el derecho de conocer los misterios de Dios, estamos equivocados. Nosotros no nos hemos ganado eso, es una concesión.

En términos empresarios, una empresa puede acceder a una concesión para explotar algo que no es de su propiedad. Un estado puede otorgar una concesión para que una empresa privada explote y gane dinero haciéndolo, con algo que es propiedad de la nación.

Claro está que, cuando ese estado, ese gobierno, de acuerdo con las cláusulas que se hayan firmado en ese convenio de concesión, recuperar lo que legítimamente le pertenece, podrá hacerlo. Bastará que le digan a esa empresa que les devuelva el lugar porque eso era solamente una concesión.

O sea que a ustedes, se les ha concedido conocer los misterios del Reino de Dios. Es una concesión. Y eso quiere decir que es temporal, quiere decir que hay condiciones y significa que no es algo que nos hemos ganado por nuestro propio esfuerzo.

Y algo que sale de este pasaje y que es muy interesante, es que Dios no tiene interés de que sus misterios sean conocidos por todos, sino sólo por algunos. Génesis capítulo 1 y verso 3. En este histórico pasaje, Dios te explica cuál es el proceso creativo que Él usa para todo.

(Génesis 1: 3) = Y dijo Dios. Sea la luz; y fue la luz.

(4) Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas.

(5) Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y fue la tarde y la mañana un día.

(6) Luego dijo dios: haya expansión en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas.

(7) e hizo Dios la expansión, y separó las aguas que estaban debajo de la expansión, de las aguas que estaban sobre la expansión. Y fue así.

(8) Y llamó Dios a la expansión Cielos. Y fue la tarde y la mañana el día segundo.

(9) Dijo también dios: júntense las aguas que están debajo de los cielos en un lugar, y descúbrase lo seco. Y fue así.

(10) Y llamó Dios a lo seco Tierra, y a la reunión de las aguas llamó mares. Y vio Dios que era bueno.

(11) Después dijo Dios: produzca la tierra hierba verde, hierba que de semilla; árbol de fruto que dé fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra. Y fue así.

(12) Produjo, pues, la tierra hierba verde, hierba que da semilla según su naturaleza, y árbol que da fruto, cuya semilla está en él, según su género. Y vio Dios que era bueno.

Es en el tercer día, (anótalo: tercer día), en que aparece por primera vez, la vida. La creación de Dios. En el tercer día aparecen las semillas. ¿Y adónde se encuentran normalmente las semillas, en un árbol o en una planta? Dentro del fruto.

Entonces, la pregunta es: ¿Cómo pudo Dios tener semillas si todavía no había habido frutos? Porque esto es lógica pura: para que haya semillas, tendría que haber habido frutos, anteriormente. Porque si yo me como una deliciosa manzana, en medio de ese fruto están las semillas.

O sea que en el fruto, está tanto el producto terminado, que es el fruto, como el inicio del producto, es decir la semilla. Es interesante que Dios, en el tercer día, utiliza un producto terminado para empezar algo.

¿Sabes qué dice la Biblia, hablando de como Dios piensa? Dice que Él terminó todas sus obras. Tenemos que entender que Dios piensa todo en proceso terminado, porque Él ya terminó. Aquí en Génesis 1 y verso 3, Dios empieza un proceso muy interesante.

Para que haya vida, lo primero que tiene que hacer es lanzar la luz. Y dijo Dios: sea la luz. La luz trae separación entre lo que es luz y lo que no es luz. Entre luz y tinieblas. El primer paso para que haya vida, es que haya separación.

La segunda cosa es que se separan las aguas de las aguas. Segundo nivel de separación. Cuando cada uno de ustedes vino a Cristo, Dios introdujo luz en sus vidas. Entonces comenzaste a ver cosas que siempre habían estado alrededor tuyo, pero que jamás las habías visto.

Antes no te molestaba ver algunas cosas, ahora sí. ¿Y por qué nunca antes habías visto esas cosas como las estás viendo ahora? Porque antes no había luz para separar tus tinieblas. Antes podías mentir, podías actuar mal. Y decías: ¡Oh, bueno, así son las cosas!

Ahora ya no puedes hacerlo. ¿Por qué? Porque no puede haber salvación si no ha habido separación. La separación entre luz y tinieblas, es el primer paso para que haya vida. La segunda, es la separación entre aguas y aguas. Tú eres agua.

Cuando tú vienes a Cristo, te das cuenta que no puedes mantener una buena relación con todas las personas que quisieras. Hay gente de la que inexorablemente debes separarte. No es que sean malas personas. Ni siquiera son peores que tú. Tampoco se trata de que seamos discriminadores. Simplemente que hay algo que impide que nosotros funcionemos bien con esas personas.

Las aguas de arriba con las aguas de abajo, se separan. El segundo nivel de separación, es a nivel de las aguas. La tercera cosa, y estoy en el versículo 11, donde dice: Y dijo Dios, produzca la tierra vegetación. No puede producirse vegetación en el mar. La tercera separación, entonces, es entre lo seco y el agua.

Sale a luz la superficie que puede ser utilizada para sembrar. Tú no puedes agarrar semillas y tirarlas al mar. No va a dar nada, no va a funcionar. Sale la superficie, sale la tierra seca, y sólo ahí se puede sembrar.

En el tercer día, y es interesante que Jesús resucitó en el tercer día, recién Dios puede plantar semillas. Así empezó la vida en esta Creación. Estoy leyéndote Génesis 1, no hay nada antes que eso. Cuando Jesús vino, cientos de años después, su primera parábola respecto al Reino de Dios, tuvo que ver con semillas.

Y no es casual, porque Él iba a empezar un proceso, Él iba a empezar la tarea a la que vino, que era traer el Reino de Dios a nosotros, y Él empieza hablando de semillas. La semilla es la expresión del poder vivificador que tenemos en Dios.

Dios no puede hacer nada en ti, si es que en tu vida no sale algo seco. ¿Qué significa que salga algo seco en tu vida? Hay algo que el hombre tiene, que es vital para que Dios pueda trabajar en él. Digámoslo así. Dios es un Dios de semillas. Yo no tengo semillas, las que tengo es porque Dios me las dio.

Lo que yo sí tengo, en cambio, es algo que Él no tiene. Yo tengo tierra. De hecho, la tierra está hablando de la naturaleza de la cual Él me creó. Dios formó al hombre del polvo de la tierra. Ese Dios de Génesis 1, no tiene tierra en su naturaleza. Dios es Espíritu.

El hombre es hecho del polvo de la tierra, y es en esa tierra en donde Dios puede poner semillas. Dios no puede poner las semillas en un ángel, porque es un ser espiritual. Para que pueda haber fruto, tiene que plantar esas semillas en la tierra.

O sea que mi naturaleza, eso que me hace ser hombre o mujer, es exactamente lo que Dios necesita para plantar su semilla. Yo estoy diseñado, por genética, para poder recibir semillas. Ahora; yo no produzco semillas, pero Dios sí. Y Él no tiene tierra, pero yo soy tierra.

Es en esa alianza extraordinaria, en que la vida se manifiesta. Tú pones semilla, yo pongo la tierra. La primera semilla que Él pone, es la fe. Sin fe, tú no puedes ser salvo. Sin fe, tú no puedes hacer una simple oración. El hombre, por naturaleza, no tiene fe, tiene creencia.

La creencia es un tipo de fe distorsionada, natural y racional. Pero la fe, en esencia, es irracional. Cuando tú adoras, u oras, y dices que dios tiene majestad, y que es hermoso, ¿Cómo puedes decir eso con tanta certeza si no puedes demostrarlo de ninguna manera?

La fe es la primera semilla que Él planta. Esa fe posibilita que yo abra mi vida a otras semillas más preciosas todavía. La semilla de la salvación, para los que llevan poco tiempo en el camino, es una semilla que va a provocar que sus vidas vayan pareciéndose cada vez más a la de Jesús.

Cuando tú sales de tu lugar de reunión, creyendo en lo que Dios te ha hablado, y la gente afuera, que no conoce a Dios ni conoce el evangelio, nos puede ver cómo mejores personas,  nos puede ver cómo personas que viven la verdad, que no son mentirosos, que no son pendencieros, que no son abusadores, están viendo la tierra, la naturaleza de una persona, y saben ver rasgos que el común de la gente no tiene.

La naturaleza del hombre es casi salvaje, es aprovechado y abusador. Si tiene ocasión, va a pasar por sobre ti. Pero cuando tú has conocido al Señor y has comenzado a dar frutos de una vida recta, pudiendo hacer lo malo ya no lo haces, pudiendo ser murmurador eliges no serlo, la gente que no conoce a Dios piensa: ¡Huau! ¿Qué tiene esta persona?

Es que los frutos son visibles, aún para una persona que no conoce de agricultura. ¿Me explico? Yo no necesito una clase teórica para saber dónde están los frutos en un árbol. Siempre son coloridos, siempre son visibles. Siempre son atractivos.

La gente que no conoce a Dios, puede y debe ver a Dios en nuestras vidas. Eso, cuando caminamos en lo que se supone que creemos. Por eso nuestra conducta en el marco de la sociedad tiene que ser siempre transparente, límpida; nos están observando.

Las primeras muestras de que una persona ha nacido de Dios, es que manifiesta obras que equivalen a rectitud, que son verdad. Que la gente que no conoce a Dios, que no puede ver al Espíritu Santo, que no lee la Biblia, sin embargo pueda decir: “¡Esta persona es distinta!”

En la universidad, por ejemplo, cuando todos están sacando copias de exámenes, tú no lo haces. ¡Pero no seas tonto, todos lo hacen! Sí, pero yo no soy “todos”. Yo soy distinto. No es un tema social, es un tema de integridad. No es que no me dejen, no puedo ni quiero hacerlo.

Esas semillas, que vienen de parte de Dios, están diseñadas para dar fruto. Si tú agarras, por ejemplo, una semilla de trigo o un grano de maíz, verás que ahí está contenida la vida necesaria para que pueda haber un fruto excelente. Pero depende de la tierra.

¿Pero sabes qué? Cuando Jesús aparece, y aquí vuelvo al primer texto que leímos, en mateo 13, Él habló acerca de las semillas que caen junto al camino, habló de pedregales, habló de espinos, y luego habló acerca de tierra buena. Habló de cuatro tipos de suelo.

El cuatro, en la Biblia, representa al hombre en su naturaleza. En pocas palabras, lo que está dici9endo aquí es que hay cuatro tipos de personas. ¿Qué tipo de persona eres tú?  Espero que seas del tercer tipo o del cuarto. Tierra buena.

Porque cuando ahí cae una semilla, esa semilla sí, o sí, o sí, va a dar fruto. Una vez más, Génesis 1:12: Produjo, pues, la tierra hierba verde, hierba que da semilla según su naturaleza, y árbol que da fruto cuya semilla está en él, según su género. Y vio Dios que era bueno. Principio de Reino: toda semilla se reproduce según su género. Tú no puedes esperar un buen fruto de una mala semilla.  

(Génesis 38: 6) = Después Judá tomó mujer para su primogénito Er, la cual se llamaba Tamar.

(7) Y Er, primogénito de Judá, fue malo ante los ojos de Jehová, y le quitó Jehová la vida.

(8) Entonces Judá dijo a Onán: Llégate a la mujer de tu hermano, y despósate con ella, y levanta descendencia a tu hermano.

(9) Y sabiendo Onán que la descendencia no había de ser suya, sucedía que cuando se llegaba a la mujer de su hermano, vertía en tierra, por no dar descendencia a su hermano.

(10) Y desagradó en ojos de Jehová lo que hacía, y a él también le quitó la vida.

La palabra semilla, en el griego, es esperma. Interesante, ¿Verdad? En este pasaje, Dios está hablando acerca de una costumbre que había en esa época. Lo que se buscaba era que, de todo hombre, quede descendencia.

En este caso particular, muere un hombre que no había tenido la oportunidad de tener hijos. Entonces, según la costumbre, se pedía que el familiar más cercano, en este caso el hermano, pudiera acercarse a la mujer viuda, para darle un hijo que perpetúe la memoria del que murió.

¿Por qué? Porque Dios, no es Dios de estériles. Es decir que dios siempre busca la fertilidad. Siempre busca la descendencia. Siempre busca vida. Este hombre, que se llamaba Onán, era una persona, según este texto, mala, porque al momento de acercarse a la esposa de su hermano, dice que él derramaba su semen en la tierra.

Fíjate que esto nos tiene que hacer pensar que, a lo largo de nuestras vidas, seguramente hemos conocido todo tipo de gente; gente buena y gente mala. Claro está que a los ojos de Dios, nadie sabe con certeza quién es bueno y quién es malo.

A los ojos de Dios, por ejemplo, es mala una persona que, habiendo recibido una semilla, no la reproduce. Quiero que escuches esto con mucho cuidado y no entiendas ni más allá ni más acá de lo que digo. Para Dios, evidentemente esa es una persona mala, este relato lo deja en evidencia.

Hay una parábola muy interesante. Dice: un hombre se acerca a sus siervos, y a uno le da un talento, a otro le da tres y a otro le da cinco, y se va. Después de un tiempo él vuelve, y le dice al que le había dado cinco, dame lo que te di.

Y el otro le dice: “señor, aquí está lo que me diste, y también lo que multipliqué”. Lo mismo sucede con el que recibió tres talentos. Le devuelve los tres  más tres que multiplicó. ¿Cuál fue la expresión del señor para cada uno? “¡Buen siervo y fiel!

Pero cuando llega al que tenía un solo talento, este hombre le dice: “mira, aquí está el talento que me diste. No te debo nada. Me diste uno y aquí te devuelvo uno. Tuve miedo de perderlo, así que preferí guardártelo.” Y la respuesta del señor, aquí, fue “siervo malo”.

Entonces, una vez más: ¿Quién es malo a los ojos de Dios? Alguien que no da fruto. Es alguien que sólo recibe, recibe, recibe y recibe. Está en todos los eventos, en todos los seminarios, en todas las conferencias, pero jamás logras ver en su vida y sus actos el fruto de todo eso.

La Biblia dice que podemos conocer y hasta juzgar a la gente por sus frutos. Ciertamente yo no puedo saber cómo es el corazón de una persona, pero sí puedo juzgar los frutos que tiene. Si me paro frente a un árbol de manzanas, no puedo esperar ver ciruelas colgando de sus ramas. ¡Serán manzanas! Conozco a un manzanero por sus frutos, las manzanas. Si le saco los frutos, cualquier árbol pasa a ser un árbol más.

Este hombre del relato, Onán, era un hombre que tomaba la semilla que tenía y la tiraba a un lugar donde esa clase de semilla no podía reproducirse. Y dice que Dios le quitó la vida por causa de eso. ¿Qué es lo que Dios espera de mí?

¿Acaso que nunca me equivoque? ¡No! ¡Nos vamos a equivocar muchas veces, es parte del proceso de crecer! ¿Qué no tengamos bajones? Si los usamos para tomar impulso. ¿Qué espera Dios de ti? Que des fruto. Tan solo eso, que des fruto.

Hay una enorme cantidad de gente, hoy, en nuestras iglesias, con el espíritu de Onán. Que son personas que simplemente tienen la capacidad para reproducir, pero no lo hacen. Compara eso con esas personas que arriesgan sus vidas para ingresar Biblias de contrabando en países donde está estrictamente prohibido por sus leyes hacerlo.

Dios busca semillas que Él mismo plantó. Dios permanentemente nos está escaneando, buscando que lo que tú recibiste hace un año, o dos, o seis meses, esté dando fruto. No se trata de cuanto aprendemos, se trata de cuanto fruto damos.

No se mide el hombre por su conocimiento. Si es eso lo que te fascina, vete a una universidad y estudia lo que quieras, ahí te va a ir muy bien. En el Reino de Dios se mide a la persona por los frutos que da. De eso se trata.

Cero intelecto religioso. Gente sencilla que piensa y dice: “Si lo dice la Biblia, yo lo creo sin discutir. Si estoy solo y no llega la mujer o el hombre para mi vida, igual hago lo que pueda por el Reino. Si no lo entiendo, dentro de un rato lo entenderé. Pero no voy a pasarme la vida mirándome al espejo para ver si soy o no soy llamado para hacer eso, lo intento y listo”.

Yo quiero el fruto. En cada puerta que se abre, en cada circunstancia que tengo a mi alcance, quiero dar fruto. Es casi terapéutico para nosotros cuando podemos escuchar gente que se mueve y piensa así.

El pastor de este tiempo es un hombre que vive sacándole pequeñas espinas a su gente. Y podemos agradecer a Dios que haya gente bien intencionada que lo haga, pero no lo veo a Jesús haciendo eso. Él vino para otra cosa. Y nosotros estamos tras sus pasos, en procura de lo mismo.

Si un niño pequeño se clava una espina lo único que atinará hacer es llorar. Llorará de dolor y de angustia sin saber qué hacer. Vendrá donde tú estás y sólo llorará. Cuando tú veas el problema le sacarás la espina y su llanto acabará y se tornará en una sonrisa. Pero si viene a ti con veinte años de edad, probablemente se consiga una reprimenda, porque pudiendo hacerlo él mismo, sigue buscando ayuda humana.

No se trata de que uno no entienda el dolor de la gente. Se trata de que ellos no entienden lo que nos toca vivir en cada etapa. Además, déjame decirte que la iglesia no es un lugar donde tú vas a sentirte bien, todo lo contrario. O, al menos, tiene que ser todo lo contrario. De otro modo, dudo que sea iglesia conforme al criterio de Jesucristo.

Si estás en una reunión, en un culto, o en una junta de oración y te sentiste bien, ese fue un plus y te llegó de gratis. Pero ese no es el objetivo de la iglesia. Tú estás en la iglesia para recibir una visión, para entender lo que Dios espera de nosotros.

Estás ahí para ser gente productiva para Dios, para animarte con otros a hacer la tarea, porque créeme que es difícil hacer la tarea. Entonces te encuentras con otros para alentarte en la fe, no para desalentarte en la fe. Una persona que te siembra incredulidad, es una persona que no merece tu compañía.

Yo soy feliz rodeándome con personas que me dicen: “¡Tú puedes hacerlo! ¡No mires las circunstancias, dale con todo, el Señor está contigo!” Entonces yo salgo animado de ese encuentro, y digo sí, es verdad, Dios está conmigo, voy a superar esa etapa.

Cada día de nuestras vidas, sin importar que tú tengas cuarenta o cincuenta años en el Señor, tú necesitas ser alentado en la fe. Porque todos pasamos por batallas, y estamos en medio de luchas, unas más grandes que otras.

Cuando estás en medio del fuego cruzado, ¿Qué importa quién tiene la batalla más grande? Tú estás en tu batalla y necesitas aliento. Tal vez no recibas dirección, tal vez escuches una prédica muy buena, pero tú sales de ese lugar con las mismas preguntas. Tengo una buena noticia para ti: Dios quiere darte las respuestas, y no a través de un predicador, sino por su propia voz.

Yo, como ministro, no estoy obligado a ofrecerle todas las respuestas a la gente, Dios sí. Yo soy una persona limitada, pero Dios no tiene límites. Yo quiero hacer mi mejor esfuerzo, pero no depende de mí que cada uno de los que toma contacto conmigo se sienta satisfecho. No depende de mí.

Quiero que entiendas algo muy valioso para tu vida, y mucho más si estás en eminencia dentro del pueblo de Dios. Tu responsabilidad como ministro del Señor, es sembrar la semilla, no que la semilla germine. Esto último es responsabilidad de la tierra.

Si tú te pones a pensar en lo que deja como sedimento la parábola del sembrador, vas a ver que sólo una cuarta parte de la semilla sembrada da fruto. ¡Es Jesús el sembrador! Y sin embargo, sólo el 25 por ciento de esa semilla va a dar fruto al ciento por uno.

(Jeremías 1: 5) = Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones.

¿Cuándo dice que sucedió esto? Antes que Jeremías naciera. ¿Recuerdas que hace un momento te dije que Dios es un Dios que tiene una mente de procesos terminados? Esto significa que cuando jeremías ni siquiera tenía conciencia de quién era, Dios ya lo estaba viendo como algo terminado.

Dios ha preparado obras de antemano para que caminemos por ellas. El diablo te trata de convencer, en algún momento, de que tú tienes que pelear para que tu familia se convierta. ¿Sabes qué dice Dios? Que si tú te has convertido, toda tu casa es salva.

Sé que hay muchos maestros de cierto prestigio que enseñan que esto sólo fue en un caso específico para alguien determinado, que no podemos globalizarlo. Sin embargo, debo remitirme a Noé. Él fue salvo, y con él toda su casa, la cual no era precisamente un dechado de virtudes espirituales, precisamente. Noé hizo su parte en obediencia, Dios cumplió la suya en misericordia.

Claro, tú siempre tendrás libertad para tener la mente del diablo o para tener la mente de Dios. Y entonces puedes decir: “Mira, a mí no me interesa lo que tú digas, diablo, yo ya sé que toda mi casa es salva. Y no estoy diciendo que “será” salva, estoy diciendo que ES salva.

Porque eso es lo que dice la palabra del Señor. Cree en el Señor Jesucristo y tú y tu casa serán salvos. Producto terminado. ¡Es que mi esposo! ¡Es que mi mujer! ¡Es que mi padre! ¡Es que mi madre! ¡Es que mis hijos! No me importa lo que me digas, antes que Jeremías naciera, ya él era profeta en Dios.

Él ya había terminado la carrera, ya estaba todo hecho. Escucha: Dios no está tirando los dados. Yo nací para dar fruto. Tú eres un producto terminado en Dios. El diablo siempre te muestra lo que te falta, pero en Dios tú tienes nombre. En Dios, tu tarea se terminó.

¡Pero hermano! No sé si usted me entiende, pero yo todavía ni siquiera sé cuál es mi ministerio. ¡Es que eso es lo que menos importa! Dios ya terminó. ¿Y entonces cómo tengo que vivir, hermano? Caminando por sobre lo que Él preparó desde antes de la fundación del mundo para ti.

Entrar a una mentalidad de eternidad, significa eso. Significa descubrir que no hay nada que el diablo pueda tomar de mí. ¿Dime cómo gana? Pregunta número uno: ¿Tú eres salvo? ¿Tú eres salva? Pregunta número dos: ¿Tu familia es salva? Entonces, última pregunta: ¿Qué puede tomar el diablo de ustedes?

Ahora si tú crees estar en un proceso de salvación, si es que algo así existe, entonces espero fervientemente que ese proceso termine antes que algo te pase. Jeremías, antes de que tú nacieras, yo te conocí.  Antes de que tus padres ni siquiera tuvieran idea de que tú ibas a estar en el vientre, yo ya te conocía. Y no sólo eso, ya tenía una tarea para ti. ¿Y sabes qué? La hiciste perfectamente.

Esa es la mente de Dios. Entonces, todo lo que el diablo puede hacer, es exactamente lo que hace el perro cuando persigue a un neumático: ladrar, hacer mucho ruido, tratar de asustar. Pero nada más. Escucha. No hay escuela de sanidad interior, no existe profeta, no hay nada que tú necesites si es que llegas a entender que Dios ya terminó contigo.

No importa lo que hagas, diablo; voy a cumplir el propósito por el cual nací. No importa lo que digas, no importan tus amenazas, no me interesa lo que tú opines. Antes de que nacieras te conocí, y te di por profeta a las naciones.

En ese versículo, donde dice “yo te di por profeta a las naciones”, la palabra en hebreo es natan. ¿Eh? Suena a nombre de un profeta. Sí, de hecho es Natán. ¿Sabes qué significa Natán? Te programé. Antes de que nacieras, te programé.

Los programadores de sistemas saben muy bien que un programa está hecho por rutinas. Cada rutina es una instrucción y la suma de instrucciones forman un programa. Un programa que funciona una vez, va a funcionar todas las veces. Está hecho para eso.

Dios me programó, – ¿Puedo decir eso? – para cumplir mi propósito. Esa programación, ese sofwart, ese chip ya está en ti. Cuando tú compras un teléfono, sabes que no necesitas saber cómo funciona. Tú marcas el número, aprietas “llamar” y va a llamar. 

¡Huau, llamó! Y sí, eso es lo que se supone que haga. Es un teléfono y sirve para llamar a otros teléfonos. ¿Qué tiene de asombroso que haya llamado? Está programado para eso. Muy bien; tú estás programado para dar fruto. Pero, -atención con esto-, Dios no puede obligarte a soltar tu semilla.

Dios no puede obligarte a que lo hagas. Estás programado para dar fruto, pero tú tienes la capacidad para decidir soltar o retener la semilla. Puedes tener el espíritu de Onán y arrojarla en un lugar donde nunca va a dar fruto. Puedes ser el siervo que tuvo miedo y guardó la semilla debajo de su colchón para que nadie se la robara, o puedes sembrar con libertad lo que Dios te ha dado.

Nobleza obliga y debo decirlo: muchas personas se van de las iglesias porque estiman que en ellas no hay lugar para desarrollar sus ministerios. No entendieron el fondo esencial del asunto. Tu ministerio, hermano, hermana, no está dentro de una congregación, está afuera. No importa lo que hayas visto.

Porque nadie te puede prohibir dar fruto donde hay necesidad de fruto. Eso sí; tienes que hacerlo conforme al estilo del Señor, no de los empresarios devenidos a ministros. Porque Dios será quien respalde o no tu ministerio, y sólo podrá hacerlo si lo administras con su libreto, no con el tuyo.

Tú no necesitas un nombramiento para hablar del evangelio donde encuentres quien te escuche. Tú no necesitas que un hombre imponga su mano sobre tu cabeza y declare que a partir de ese momento tú estás autorizado para hablar de Jesucristo. ¡Eso es estúpido! Ni siquiera se entiende como acto religioso. Es la mejor estrategia satánica usando a Babilonia para trabar, para impedir, para obstaculizar la extensión del Reino.

El que ha conocido de Cristo, comparte de Cristo a otras personas. Eso es la vida. Cuando tú pones a dos niños que no se conocen entre sí, se toman ocho o diez minutos para estudiarse un poco, pero pasado ese lapso, ya están jugando juntos. Y a los veinte minutos son amigos del alma.

Cada semilla tiene un patrón, un diseño. ¿Qué quiere decir eso? Que si tú plantas una semilla de rosas, no le van a nacer margaritas. Recuerda que cada semilla se reproduce según su género. Dice la palabra: mi deseo es que tú prosperes en todas las cosas, así como prospera tu alma.

¿Cuál es la obligación de una semilla? Dar fruto. Todo lo que Dios me ha dado, está diseñado para ser multiplicado. En Marcos 4, cuando Jesús habla de la parábola del sembrador, dice: a vosotros os ha sido dado conocer el misterio del Reino de Dios, pero a los que están afuera, todo por parábolas.

(Génesis 3: 15) = Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.

Dios le está hablando a la serpiente y le dice a la serpiente: voy a poner una pelea constante entre tu descendencia, serpiente, y la descendencia de la mujer. ¿Eso significa que también hay descendencia de la serpiente? Sí.

¿Quiere decir que en este mundo hay dos tipos de personas? Sí. Unos descienden de Eva, y otros de la serpiente. Y esto provoca una guerra de simientes. Hay una batalla de semillas. A los descendientes de la serpiente, Jesús los llama “hijos de ira”.

Sí, Judas era un hijo de ira. Nunca fue de los doce. Cuando Jesús habla de él, en Juan 17, Jesús está orando, y dice: de los que me diste no se perdió ninguno, sólo el hijo de perdición, para que la escritura se cumpliese. Luego, en otra parte, dice que él fue diablo desde el principio.

O sea que, entre los doce, había un hijo de ira. Uno que venía de la descendencia de la serpiente. Ese era Judas. El diablo aborrece las semillas por una sencilla razón, escucha esto: porque el diablo no puede producir vida.

¿Entonces, qué hace? La especialidad del diablo es, al decir de un hermano, los productos transgénicos. Él es un entusiasta estudioso de la genética. Como él no puede producir semillas por sí mismo, él trabaja en base a las semillas que yo tengo. Y busca adulterarlas, busca cambiar su diseño.

(Levítico 19: 19) = Mis estatutos guardarás. No harás ayuntar tu ganado con animales de otra especie; tu campo no sembrarás con mezcla de semillas, y no te pondrás vestidos con mezcla de hilos.

Esto me lleva a una conclusión: a Dios no le gustan para nada las mezclas. En realidad, yo nunca supe por qué estaba mal sembrar dos semillas distintas en un mismo campo. Expertos en agronomía recomiendan no mezclar semillas por una sencilla razón: porque siempre una semilla se come a la otra. ¿Semillas voraces o depredadoras? Sí señor, existen. La gente que conoce botánica lo sabe muy bien.

Eso sucede exactamente de la misma manera en nuestro ambiente cristiano. Yo no puedo mezclar lo que Dios me ha dado con cosas que puedo sacar del mundo por una simple razón: no voy a poder manejar correctamente esa mezcla y una cosa terminará devorándose a la otra. Y eso es un riesgo. Tanto que algunos resultados de esas mezclas podemos verlo en pintorescas doctrinas supuestamente cristianas.

Te doy un ejemplo: Dios me ha llamado a mí, entre otros tantos, como una persona de reforma. Ese es mi diseño. O sea que yo estoy diseñado por Dios, reitero, junto con muchos otros, para provocar conflictos en la gente. Dios me equipó para eso, no puedo utilizar diplomacia ni relaciones públicas. Y eso es lo que provoca que estas enseñanzas signifiquen un dolor de cabeza para varios.

Cada persona nace con un propósito específico. Y si tú tomas semillas que están fuera de ese propósito, indefectiblemente una se va a comer a la otra. Ahí está la gran diferencia entre una iglesia pastoral, que son la mayoría, a una iglesia profética, que son contadas con los dedos de una mano. La pastoral se acomoda a la gente, mientras que la profética se acomoda a Dios.

Alguien dijo en una ocasión que una iglesia pastoral es como uno de esos comedores de tenedor libre, donde la gente va y por un precio único toma lo que quiere, mientras que una iglesia profética es un lugar donde el menú es único y obligatorio. O lo comes, o lo dejas.

¿Pero por qué tiene un menú único? Porque es el que Dios le ha dado para entregar como comida. ¡Pero es que a mí me gusta elegir! Vete a la otra, ahí puedes elegir. Pero sólo te diré una cosa: si llegas a probar siquiera una sola vez ese menú único, jamás volverás a comer otra cosa. A mí me pasó.

Pero si tú eres de los que todavía acuden a una iglesia donde los miembros pueden elegir las canciones que van a cantar y hasta opinar en cuanto a los temas que el pastor deberá desarrollar este mes en los cultos, allá tú. Pero déjame decirte que eso no es Dios. Jesús jamás hizo lo que sus discípulos creían que debía hacer. Hizo lo que su Padre celestial le ordenaba. Cristianos.

Entiende esto. Revisa tu Biblia para ver si yo estoy mintiendo, tengo algún viejo resentimiento o me brota alguna raíz de amargura. Nunca fue la intención de Dios que la iglesia fuera gobernada por pastores. La intención de Dios era que la iglesia fuera gobernada por un presbiterio donde están apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros.

Entonces, cuarenta años después, cuando Josué manda los espías, cuando ellos vuelven, no les pide su opinión en lo más mínimo. Él es profético, él sabe. Él dice simplemente: ¿Saben una cosa? Hay que entrar. Él sabe que hay que entrar. Él conoce a Dios. Él sabe que los enemigos son grandes. Pero si pide la opinión a la gente, le va a para lo que le pasó a Moisés.

Yo no puedo poner en deliberación lo que la gente quiere. No interesa lo que ellos quieren. Lo que sí interesa es lo que Dios ha dicho al respecto. De un lado los que sin entenderlo del todo, van y obedecen. Del otro, los desobedientes queriendo hacerlo a su modo.

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Porque, en todo caso, ninguno de nosotros sabemos muy bien qué es lo que necesitamos. Para eso es que está el Espíritu Santo. Él sabe lo que yo necesito, y me lo da. Si tú no puedes con eso, tienes un problema que no es leve. No puedes atreverte a darle una cátedra de cómo crecer en vida al Espíritu de Vida. No podemos perder la semilla que Él nos dio.

Hay un pasaje que me ha impresionado mucho. Jesús está hablando de su muerte, con sus discípulos, imagínate. Y Él les está diciendo: debo ir, debo dar mi vida, debo morir. Y los discípulos reaccionan y le dicen: ¡Señor, no! ¿Cómo vas a decir eso? ¡Ten misericordia de ti mismo! Y Jesús responde algo extraordinario: “Es necesario que esto acontezca”.

O sea que lo que Jesús está diciendo es que es necesario que Él sufra; es necesario. No se trata de si es justo o no es justo; es necesario. Cuando tú tienes una mente de “es necesario”, has crecido. Hay un nivel de desarrollo en tu vida.

El niño se mueve por esto: me gusta, no me gusta, me cansé, me divertí. Cuando una persona crece, dice: es necesario que yo haga esto. No quiero hacerlo, pero es necesario que lo haga. Hermano: es necesario que des semilla, y que esa semilla dé fruto. Es necesario.

(Génesis 1: 26) = Entonces dijo Dios: hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.

(27) Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.

(28) Y los bendijo Dios, y les dijo: fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.

(29) Y dijo Dios: he aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer.

Nota que Dios no sólo te da autoridad sobre los peces, las aves o los mamíferos. Te da también autoridad sobre toda planta que da semilla. Y te dice que todo esto es lo que te servirá para comer. Si tú pudieras ver en el espíritu, verías que en este momento está cayendo semilla sobre ti. Y tu espíritu está comiendo de esa semilla.

Las semillas se reciben no para ser almacenadas, sino para ser plantadas. Dios te ha dado autoridad para tener semillas en tu vida. Cuando das una ofrenda, para algunos es una semilla, mientras que para otros es un rito. Sin dejar de lado aquellos para los cuales es un sacrificio que luego lloran durante un mes.

Para algunos, la alabanza es una semilla, porque entienden que plantaron algo en el trono de Dios. Para otros apenas es un lapso tradicional que se implementa hasta que llegue la prédica. O sea que no todos estamos haciendo necesariamente lo mismo.

Dios tiene una obsesión, y esa obsesión es la cosecha. Dios es un Dios de cosecha. Dios creó al hombre a su imagen y semejanza. Imagina por un momento que tú tienes un espejo en tu mano. Cuando tomas el espejo y lo pones frente a tu rostro, ¿Qué estás viendo?

¿Estás mirando al espejo o estás mirando tu propia imagen? El espejo pasa a segundo plano, lo que tú estás mirando es tu propia imagen. Cuando Dios te ve a ti, él está buscando su imagen. Tú eres el espejo.

Piensa en esto un momento. Imagínate en una persona que tiene ese nivel de revelación ha entendido que yo soy la imagen de Dios. Entonces esa mañana me levanto y estoy deprimido. ¿Será que Dios se deprime? No. Y si yo soy la imagen de Dios, ¿Puedo estar deprimido? ¡No!

Entonces, al ser la imagen de Dios, yo me alineo inmediatamente. Digo: no es posible que Dios esté deprimido, por lo tanto yo no puedo estarlo. Me alineo con la imagen con la cual Dios me creó, y rechazo la presión. No me aplica, no es parte de mi vida. Soy un espejo donde Dios mira su propia imagen.

No estamos llamados a reflejar cualquier cosa, estamos llamados a reflejarlo a Él. En la carta a los Colosenses, capítulo1 y verso 15, dice: Él, (Jesús) es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. 816) Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles o invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él.

Jesús decía: Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre. Él era el espejo de Dios. El diablo no puede hacer nada contra Dios. Entonces busca atacar la imagen, que es lo más cercano a Dios en esta creación.  (Verso 20) Y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz.

Repito: tanto lo que está en los cielos como lo que está en la tierra. Dios hizo todo a su imagen, en Cristo. Tú eres la imagen de Dios. Eres el espejo en el cual Él se refleja a sí mismo. ¿Cuán serio es esto para Dios? Voy a darte una perla. Recíbela en tu espíritu, no en tu cabeza. Quiero que la creas.

No sé si vas a entenderla o no. Es una palabra que si tú tratas de entenderla te revienta la cabeza, pero si tú la crees, tu espíritu es el lugar más seguro para esta palabra. En medio de las crisis y las importantes decisiones que haya que tomar, pregúntate cómo puedes aplicar esta palabra.

(Isaías 43: 10) = Vosotros sois mis testigos, dice Jehová, y mi siervo que yo escogí, para que conozcáis y creáis, y entendáis que yo mismo soy; antes de mí no fue formado dios, ni lo será después de mí.

Escucha esto. Aquí dice vosotros sois mis testigos. La palabra testigo, en el hebreo, es uwd. Es una palabra difícil de pronunciar. Vosotros sois mis uwd, dice el Señor. ¿Y qué significa uwd, testigo? No. Significa: duplicado. Vosotros sois mis duplicados.

Otra traducción dice “copia”. Vosotros sois mis copias. Por eso dice: y mi siervo, a quien he escogido para que me conozcáis. Es decir que la gente va a conocer a Dios, al ver los duplicados, las copias de Dios.

¡Pero hermano! ¡Esto es muy distinto a lo que me enseñaron! ¿Por qué no pusieron la palabra duplicado en la traducción, entonces? Simple, porque para la religión es un problema poner algo así. Ellos se dijeron: ¿Cómo que Dios tiene duplicados? ¡Ese no es el Dios alto y lejano en el cual nosotros creemos!

¿No lo dice, acaso, el mismo salmo, cuando expresa: en medio de la congregación de los dioses te alabaré? Lee de nuevo el verso que te leí. ¿Cómo puede entender eso con su raciocinio humano una persona cualquiera? No lo entiende, a menos que nos vea a nosotros, sus duplicados.

¡Pero es que yo soy muy frágil, soy muy débil, estoy enfermo! Precisamente, por eso es tan importante entender qué es lo que Dios espera de mí. Él no se alimenta con cánticos. Tú no estás donde estás sólo para llenar su trono de alabanza. Tú eres portador de su semilla.

Tú puedes decir ahora mismo: ¡Yo soy el plan que Dios tiene en esta nación! ¡Yo soy el plan que Dios tiene en esta generación! ¡No hay otro plan! No puedo perder eso. Vosotros sois mis duplicados. ¿Alguna vez te viste como un duplicado de Dios?

¿Cuántas sesiones de sanidad interior necesitaríamos para creer eso? Dios nos llamó a eso, a manifestarlo donde estamos. No serán los evangélicos ni los cristianos en sí. Todos aquí estamos para manifestar al Rey, para que la gente al vernos diga: verdaderamente hay un Dios.

No sé de qué grupo es ni sé muy bien en lo que creen, pero sí sé que en ellos, definitivamente, está Dios. Vosotros sois mis duplicados. Por eso dice en Juan 17: vino a buscarse a sí mismo. Hay un texto de Juan, cuando Jesús dice: voy, pues, a prepararles morada, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.

¿Sabes qué pensé cuando leía eso? Siempre se ha interpretado ese pasaje como el momento en que Él va a venir, un día, a llevarnos a un lugar mejor.  ¿Pero qué tal si Él estaba hablando de Hechos 2? De que cuando decía volveré y los tomaré, para que donde yo estoy ustedes también estén, se cumple en Hechos 2?

¿Dónde está Él, ahora? Voy pues a preparar morada. ¿Y cuál es la morada que Dios busca? Pregúntale a Pablo. Vosotros, pues, sois templos vivos. ¿Pero cómo preparó morada? La única manera de que la morada esté preparada, era que Cristo muera y resucite y recién nos hablita a nosotros para ser las cápsulas que contienen a Dios.

 ¿Qué pasaría si yo creo que la morada de la cual Él hablaba es un lugar en el espíritu, hoy? ¿Cómo cambiaría tu teología si asumieras que Él ya te preparó morada y tú ya estás en ella? Bendito problema, ¿No es cierto? Crisis para los escatólogos.

No estoy diciendo que así sea, pero ¿Qué pasaría si eso fue Hechos 2? Literalmente, en Hechos 2, la iglesia se posicionó en otro nivel. Literalmente en Hechos 2, algo pasó. Ya no estaban predicando de acá, estaban predicando en un nivel superior. ¡Arrepentíos! ¡Paf! Cinco mil personas.

Los que estaban ahí empezaron a perseguirlo a Pedro para ver qué cosa había dicho o hecho. ¿Cómo podía ser que antes hablaba y hablaba y no pasaba nada, y ahora con dos o tres palabras, o quizás una sola en concreto, la gente caía de rodillas? Otro nivel. Si tan solo pudieras creeré, ni bien termine esto que estás escuchando, que eres un duplicado de Dios.

¿Recuerdas a Jeremías? Porque te he llamado, te he conocido desde antes que nacieras. Yo conocí tu nombre, y te di por profeta a las naciones. Cuando jeremías nace, su vida es toda una ironía. Él es dedicado al templo, para un día llegar a ser sacerdote.

Es uno de los pocos profetas que tenía formación académica. Eso te demuestra que Dios no viene por los doctores en teología o master en divinidades, como tampoco por analfabetos. Dios es Dios y su Soberanía no tiene libreto.

Después de prepararse largo tiempo, cuando está a punto de oficiar, en el lapso de esa semana, Nabucodonosor invade la ciudad y destruye el templo. Y ahí está Jeremías, con su traje nuevo y su corbata pastoral flamante, que nunca usó, mirando cómo arde el templo.

Jeremías pudo haber gritado: ¿Qué es esto? ¡Dios, exijo una explicación! ¡Mira el templo, está ardiendo! ¿Para qué me preparé todo este tiempo? Entonces Dios, con toda serenidad le pregunta: Jeremías, ¿Qué te dije el día que te llamé? Te dije que te di por profeta a las naciones.

¿Qué parte de a las naciones no entendiste? ¿Tengo que explicarte que si el templo se queda en pie tú jamás irás a las naciones? ¡Debo destruir el templo para que cumplas tu ministerio! Te di por profeta a las naciones. Si el templo se queda de pie, tú no irás a las naciones. Así que prefiero perder el templo a perder tu llamado.

Te voy a decir algo que, espero, te sea fácil de agarrar. Me gustaría saber cuántos de ustedes le habrán encomendado su futuro a Dios. Los que me han dicho que sí, amén, gloria a Dios. Los que no lo han hecho, háganlo pronto, por favor.

El día que aceptaste a Cristo, técnicamente dijiste que sólo vivirías para hacer Su voluntad, y reconociste que no podría prosperar ninguno de los caminos que no fuera aquel que Él tenía preparado para ti.

Ahora bien; eso, ¿Qué significa? ¿Tengo yo derecho de elegir? ¡Sí, por supuesto que tienes todo el derecho de elegir! Pero lo que puedes elegir es si vas a cumplir su mandato en barco, en avión o a lomo de mula, sólo eso puedes elegir.

Entonces la pregunta, es: ¿Y qué pasa si no quiero ir? Vas a lomo de mula. ¡No, hermano! ¡En serio se lo digo! ¿Qué pasa si no quiero hacer la obra de Dios? Nada te funcionará. Nada te prosperará. Perderás todo vez tras vez. Empezarás de cero constantemente.

Te lo digo más sencillo y concreto: tu vida será un fracaso. ¿O sea que entonces usted me está diciendo que cuando yo me convertí, perdí mi capacidad de escoger? ¡No! ¡Si puedes escoger, ya te lo dije! Esa es la única elección que tienes.

Si crees de verdad que puedes elegir si ir o no ir, es porque en el fondo no te has convertido. Así que te sugiero convertirte o dejar de jugar a la iglesia. Dedícate a otra cosa, no pierdas tiempo ni le hagas perder el tiempo a las personas. Jesús dijo: he venido a hacer tu voluntad, Dios mío.

Si tú te has convertido, vives para hacer la voluntad de Dios. Y la única decisión que tienes, es esta: en avión o en lomo de mula. Si tú crees que puedes hacer tu plan de vida solo, te deseo mucha suerte. Y luego, conviértete.

Pablo dice: ¡Ay de mí, si no predico! Pregunto: ¿Tenía elección? No. No tenía elección. Es más: ¿Tú crees que Jesús la tenía? No, tampoco. ¿Tú crees que Pedro la tenía? No, no la tenía. Ninguna persona que se haya encontrado con Dios en serio, puede elegir.

Me pregunto por qué supones que Dios haría una excepción contigo. ¿Qué evangelio te predicaron? Esto podrá parecer muy duro, pero déjame decirte que es la auténtica verdad. Cualquier otra cosa en contrario, puro marketing eclesiástico convencional, pero nada de evangelio de la cruz.

¡No, hermano! ¡Yo no quiero ese evangelio tan costoso! Muchos han dicho eso. ¿Cómo le van a  entregar la vida a alguien a quien no ven y prepararse para sufrir por él? ¡Eso no es nada inteligente! Correcto, no lo es. ¿Pero quién te dijo que aceptar a Cristo es un asunto de inteligencia humana?

Es una decisión. Sí, pero la única tuya. ¿O acaso no le dices en esa oración tan escuchada, repetida y remanida de conversión, que decides entregarle tu vida a Cristo? Y bueno, si le entregas tu vida a alguien, a partir de allí ese alguien es el dueño de tu vida, ¿Sí o no?

¡Pero hermano! ¡No me diga que eso de que el Señor es quien decide por mi vida es literal! Sí, claro que lo es. Si alguien supone que luego de su conversión podrá decidir con su vida lo que mejor le plazca o le convenga, algo no está funcionando bien.

Cuando tú empiezas a entender que todo esto no se trata de si estás congregado o no estás congregado en un templo. Tampoco se trata de si te gusta el mensajito del pastor o como canta la hermanita esa no muy simpática los domingos.

Se trata simplemente de un asunto de fidelidad con lo que Dios sembró en tu vida durante todos estos años, y que tú pierdes la perspectiva de que tú puedes hacer lo que te place, y empiezas a tener una mentalidad de Jesucristo. Señor, he venido a hacer tu voluntad.

Lo que tú me pidas yo haré, donde tú me mandes, yo iré, lo que tú me encomiendes, yo cumpliré. Recién allí Dios te empieza a ver como a alguien confiable. Y recién allí comienza a soplar vida sobre esas semillas que Él plantó hace ya tantos años.

¡Hermano, ore por mí, he comenzado un negocio y no me va nada bien! – Hermano… ¿Dios te dijo que quería que pusieras ese negocio? – ¿Eh? ¡No lo sé, no se lo pregunté. – Entonces no me pidas que respalde algo que no sabemos si Dios quiere, no me pidas que ore y de esa manera peque junto contigo en desobediencia.

-¡Pero es que este negocio era lo que siempre me gustó hacer! – El que no entiende eres tú; aquí no se trata de lo que te gusta o no te gusta. Se trata de para qué naciste, para que Dios te haya creado. Dios no te ha dado una familia para que tú te pongas viejo y gordo jugando con tus nietos. Te la ha dado para que en ella entregues un legado con un propósito.

Cuando yo hablo de que el Reino es un estilo de vida, no estoy refiriéndome a que seamos buenos esposos, buenos padres o buenos hijos. ¡Afuera hay un montón de gente que jamás pisó un templo ni leyó una sola letra de la Biblia que también es buen esposo, buen padre o buen hijo!

Se trata de cumplamos lo que Dios espera de nuestra vida y que todo lo que toques en tu paso por la tierra dé buen fruto, aquí y ahora. Se necesita dar fruto aquí. Hermanos; este es un tiempo en el que Dios está pesando nuestro nivel de responsabilidad.

Este es un tiempo de juicio, muy duro. Y no me refiero a desastres o hecatombes cuando digo juicio, aunque si es necesario se las incluya. Me refiero al real significado que tiene la palabra juicio. Dios está separando lo verdadero de lo falso. Eso es juicio: selección.

Dime: ¿No estás viendo las tremendas y diversas crisis por las que distintas naciones están pasando? Dios está zarandeando las naciones de la tierra, pero atención con esto: al igual que sucedió en el Egipto de Moisés y faraón, las distintas plagas también zarandean al pueblo de Dios. Sólo escapan de las de los primogénitos.

Que Dios te de toda la sabiduría para entender que Dios un día te llamó para darte semillas que bendigan a muchos, que muestren quién es Dios. Que Dios te ayude a entender que la imagen que Él tiene en esta tierra, eres tú. Tú eres su duplicado. Así como te ves.

Que es necesario cambiar tu propia manera de verte. ¿Por qué? Porque estoy seguro que tú ves a Dios distinto a cómo te ves a ti mismo. Pero en algún momento, la forma en que te ves a ti tiene que ser la forma en que ves a Dios.

En ese momento de unidad de visión, tú entiendes la obra que Él ha hecho en tu vida. Que puedas darte cuenta que caminar con Dios es mucho más que congregarnos, cantar, ofrendar y ser familias que se aman. Que puedas darte cuenta que hay una guerra, en la que el diablo procura conseguir esas semillas que Dios te ha entregado.

Que puedas ser lo suficientemente sabio como para conservarlas. Y que las uses con sabiduría, sin dejarlas caer a la tierra, sino que las conserves para el surco abierto, para que donde tú pongas esas semillas, haya fruto abundante.

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enero 1, 2015 Néstor Martínez