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Resplandor de Redención

Por la gracia de Dios, hemos visto en los últimos estudios lo que es la salvación de Dios. De allí que espero dar un repaso breve de lo que hemos abarcado en ocasión de referirme a esos temas, y después continuaremos.

Hemos visto el pecado, la ley, el amor de Dios, Su gracia y Su justicia. Hemos visto cómo el hombre se ha convertido en un pecador y cómo la ley se introdujo para exponer los pecados del hombre. También hemos visto que aunque está probado que el hombre es un pecador, de todos modos Dios lo ama.

No solamente Dios nos ha amado, sino que también nos ha mostrado misericordia y gracia. También hemos visto cómo se manifestó la gracia de Dios, cuál es la naturaleza de esta gracia, cómo es que vino y que nunca se puede mezclar con el esfuerzo humano.

Sabemos que, a pesar del amor de Dios y de Su deseo de darnos gracia, había un obstáculo para que la gracia de Dios viniera a nosotros. Si una cosa quedó irresoluta, la gracia de Dios no podía venir a nosotros. Aunque la gracia reina, solamente lo hace a través de la justicia.

La gracia no puede reinar por sí misma. Así, el Señor nos mostró cómo se manifestó la justicia. Su justicia trató con nuestros pecados. Al mismo tiempo, nos permite recibir gracia de Dios. Hemos cubierto esto en varios trabajos anteriores que seguramente recordarás.

Ahora, continuaremos con el evangelio de Dios y Su salvación. La salvación llevada a cabo por Dios a través del Señor Jesús ha manifestado la gracia de Dios. Al mismo tiempo, satisface los requisitos de la justicia de Dios.

Hoy abarcaremos la obra del Señor Jesús. Este es un tema dulce y excelente. Trata con la manera en que el Señor Jesús llevó a cabo la salvación. Ahora debemos ver cómo el Señor Jesús satisfizo la demanda de Dios y cómo manifestó la gracia de Dios.

Al mismo tiempo, tenemos que ver cómo el Señor Jesús satisface el corazón del cristiano para que seamos satisfechos con Su obra también. Una canción que cantamos dice: “El corazón de Dios se satisface con la obra del Señor Jesús, y nuestros corazones también descansan con Su obra”. Dios está satisfecho, y nosotros estamos satisfechos. Si el tiempo lo permite, espero que podamos abarcar ambos aspectos.

Lo primero que tenemos que ver es que el Señor Jesús es Dios. Podemos decir que sólo Dios puede cargar los pecados del hombre. Nunca considera al Señor Jesús como una tercera persona que vino a morir una muerte substitutiva.

No pienses que Dios es solamente una parte, nosotros somos otra parte y el Señor Jesús es una tercera parte. La Biblia nunca considera al Señor Jesús como una tercera parte. Por el contrario, lo considera como la primera parte.

Tal vez a ti se te dijo que el evangelio es como un deudor, un prestador y el hijo del prestador. El deudor no tiene dinero para pagar su deuda. El prestador, siendo severo, insiste en el pago. Pero el hijo del prestador se adelanta para pagar la deuda a favor del deudor, y el deudor queda libre.

Este es el evangelio que el hombre predica hoy en día. Pero este no es el evangelio real. Si este fuera el caso, por lo menos dos puntos no serían justos y además estarían contrarios a la Biblia. Primero, este tipo de entendimiento pone a Dios en una posición de malo y al Señor Jesús en gracia.

En tal ilustración, no vemos que Dios ama al mundo. Más bien, sólo vemos Su demanda justa y la demanda de la ley. Vemos a un Dios severo, un Dios que no tiene gracia y un Dios cuyas palabras para con el hombre son duras.

Vemos que el Señor Jesús nos ama y nos da gracia. Este es un evangelio equivocado. Sin embargo, aunque éste sea un evangelio equivocado, Dios aún lo usa. En realidad, yo mismo fui salvo por esta clase de ilustración.

Pero aunque fui salvo, durante muchos años nunca pude alabar a Dios. Siempre sentí que el Señor Jesús era bueno, que debía agradecerle y alabarle, que sin Él no había esperanza y que fue una fortuna que El vino. Pero sentí que Dios era muy duro, severo y serio. No era para nada amoroso. Parecía que todo lo bueno estaba en el Señor Jesús y todo lo malo estaba en Dios, que Dios es terrible y el Señor Jesús es amoroso.

Pero esto no es la Biblia. La Biblia dice que Dios amó tanto al mundo que nos dio a Su Hijo. Dios nos envió a Su Hijo porque nos amaba. Por esto fuimos traídos a Dios después de que el Señor Jesús cumplió con Su obra en la cruz.

Si Dios no nos hubiese amado y no nos hubiese enviado al Señor Jesús, cuanto mucho el Señor Jesús podría traer gente para Sí; Él no podría traer gente para Dios. Gracias al Señor que el que nos amó es Dios. Gracias a El que El mismo nos envió a Su Hijo.

 El Padre fue movido a compasión. Fue el Padre el que nos amó. Fue el Padre el que planeó la salvación. Fue el Padre el que tenía una voluntad en la eternidad pasada. Primero, propuso todo, y luego el Hijo vino. Por tanto, es un error pensar que hay tres partes.

Sólo hay dos partes, Dios y el hombre. El Señor Jesús es el regalo de Dios para el hombre. Sin embargo, este regalo es algo viviente y con voluntad, y no algo sin vida y sin voluntad. Gracias a Dios que la salvación es algo entre Dios y el hombre. El Señor Jesús es un regalo. En la actualidad tenemos que venir ante Dios. Venimos a Dios por medio del Señor Jesús. Esto es lo primero que debemos ver.

Segundo, si hubiese tres partes, el Señor Jesús no habría estado calificado para morir por nosotros. Es verdad que cuando el Señor Jesús murió por nosotros, la justicia de Dios fue satisfecha y los pecados del hombre fueron perdonados.

Pero ¿es justo esto para el Señor Jesús? Supongamos que hay dos hermanos. Un hermano cometió un crimen capital y fue sentenciado a muerte. El otro hermano está muy dispuesto a morir por él, por lo tanto es ejecutado en lugar del otro. Él es inocente, y también es una tercera parte. El muere en lugar del otro. La Biblia no nos muestra que el Señor Jesús murió así por nosotros.

No nos muestra que Dios tiene una demanda, que Su ley tenía que ser satisfecha, y que a fin de que el hombre satisfaga la demanda de la ley, el Señor Jesús vino para cumplir la ley de Dios. No existe tal cosa. ¿Qué posición tomó el Señor Jesús cuando vino para cumplir la redención? Tenemos que considerar esto cuidadosa y claramente por la Biblia.

Quisiera que tuvieran presente una cosa. El mundo cree que sólo hay una manera de tratar con el problema del pecado. Los predicadores que predican enseñanzas equivocadas dicen que hay tres maneras de tratar con el pecado.

Pero para Dios, sólo hay dos maneras de tratar con el pecado. Esto necesita una explicación. Antes de leer la Palabra de Dios, uno podría pensar que cualquiera de los tres puede resolver el problema: el hombre puede resolverlo, Dios puede resolverlo o una tercera persona puede resolverlo por substitución.

Los incrédulos que no conocen a Dios piensan que sólo hay una solución, a saber, el hombre resuelve su propio problema. Pero la justicia de Dios nos muestra que sólo hay dos maneras de resolver el problema.

Una es por Dios mismo y la otra es por el hombre mismo. ¿Qué quiero decir? Consideremos primero lo que el hombre piensa. El piensa que es un pecador y que por lo tanto debe llevar el juicio del pecado y la ira de Dios.

El piensa que debe perecer e ir a perdición. La única solución que él tiene es ir al infierno. El tomará la responsabilidad por lo que ha hecho. Si peca, se va al infierno y se lleva su propio juicio por el pecado. Esta es una manera de resolver el problema. Cuando él debe dinero, vende todo lo que tiene.

Tal vez, incluso, tenga que vender a su esposa, hijos, casa y tierra, si eso resuelve el problema. Esto es justo. También está el otro concepto equivocado. Para los que escucharon el evangelio, consideran que el Señor Jesús es un tercero que viene para tomar nuestro lugar y resolver el problema de nuestro pecado.

El hombre ha pecado y ha incurrido en el juicio por el pecado. Ahora todo el juicio recayó sobre el Señor Jesús; El lleva todo el juicio. Tal enseñanza parece correcta. Pero enseguida verán que esto no es exacto.

Por causa de los que no tienen conceptos claros, primero diría una palabra. En la Biblia, hay dos doctrinas importantes, las cuales son cargar con los pecados y el rescate de los pecados. Por favor no piensen que no creo en la substitución. Pero la substitución de que algunos hablan no es la substitución de la Biblia, porque la de ellos tiene injusticia.

Si el Jesús sin pecados es un substituto de los hombres pecadores, es, por supuesto, una ganga para nosotros. Pero ¿es justo tratar al Señor Jesús de esta manera? El no pecó. ¿Por qué debe morir? Esta no es la clase de substitución que la Biblia menciona.

Si el Señor Jesús ha de morir en favor de todos los pecadores del mundo, entonces tanto los que creen como los que no creen en Jesús serán salvos igualmente. El Señor murió por ambos, hayan creído o no. Uno no puede mover la rueda en sentido contrario para retroceder la muerte del Señor simplemente porque uno no cree.

Uno puede dar marcha atrás en otras cosas. Pero esto no retrocede. ¿Por qué dice la Biblia que los que no creen han sido juzgados y perecerán? Porque el Hijo de Dios sólo murió una muerte substitutiva para los que creemos. Él no es un substituto para los que no creen.

Entonces, ¿Cómo se resuelve el problema del pecado según la Biblia? Sólo hay dos maneras justas de resolver el problema. Una es tratar con el que pecó, y la otra es tratar con aquel contra quien se pecó. Sólo hay dos partes en el mundo que están calificadas para tratar con este problema.

Sólo hay dos personas en el mundo que tienen el derecho para tratar con el problema del pecado. Una es el que pecó contra otro. La otra es contra quien se pecó. Cuando una persona demanda a otra en la corte, ningún tercero tiene el derecho de hablar.

En un proceso judicial, sólo el que pecó contra alguien y al que se le cometió el pecado tienen el derecho de hablar. En cuanto a la salvación del pecador, si éste no se preocupa por sí mismo, entonces Dios se tiene que encargar por él.

El pecador es la parte pecadora, y Dios es la parte contra quien se pecó. Cualquiera de ambas partes puede tratar con el problema del pecado de la manera más justa. Por el lado del pecador, es justo que él sufra el juicio y el castigo, perezca y se vaya a perdición.

Pero también hay otra manera que es igualmente justa. La parte contra quien se pecó puede asumir el castigo. Tal vez esto nos suene inconcebible, pero es un hecho. La parte contra quien se pecó es la que lleva los pecados. No es un tercero el que los lleva.

Un tercero no tiene autoridad o derecho de introducirse. Si un tercero entra, es injusticia. Sólo cuando la parte contra quien se pecó está dispuesta a perder es cuando el problema se puede resolver. Puesto que Dios amó y también tiene justicia, Él no le permitirá a un pecador llevar sus pecados, pues eso significaría que Dios fue justo pero sin amor. La única alternativa es que la parte contra quien se pecó se introduzca. La justicia será mantenida solamente si Dios lleva nuestros pecados.

¿Conoces tú el significado del perdón? En el mundo, hay perdón. Entre individuos, hay perdón. Entre un gobierno y su pueblo hay perdón. Aun entre naciones hay perdón. Con Dios y el hombre, también hay perdón. El perdón es algo reconocido universalmente como un hecho. Nadie puede decir que el perdón es algo injusto.

Es algo que uno hace de buena gana para con otro. Pero la pregunta es: ¿quién tiene el derecho de perdonar? Si un hermano me ha robado diez dólares, y yo lo perdono, significa que quité las consecuencias de su pecado. Asumí la pérdida de los diez dólares. Otro ejemplo, digamos que tú me diste una bofetada. El golpe fue tan grave que sangré.

Si digo que te perdono, significa que tú cometiste el pecado de abofetear, y yo sufrí las consecuencias de la bofetada. Tú cometiste el pecado, pero yo sufrí las consecuencias de éste. Esto es perdón. Perdonar significa que una parte peca, y otra sufre las consecuencias de ese pecado.

Perdón consiste en que la parte contra quien se pecó toma la responsabilidad de la parte que pecó. Un tercero no tiene ningún derecho de introducirse. Él no puede introducirse para recompensar. Si un tercero se introduce para perdonar y recompensar, sería injusticia.

Si el Señor Jesús se introdujera como un tercero para sustituir al pecador, éste no tendría ningún problema, y tal vez para Dios estaría bien, pero habría un problema para el Señor Jesús. Él no tiene pecado. ¿Por qué tenía que sufrir el juicio?

Sólo el que peca carga con las consecuencias del pecado; él tiene el derecho de llevar su propia responsabilidad y sufrir el juicio por su pecado. Sólo hay uno que puede tomar su pecado: contra quien él pecó. Sólo contra quien se pecó puede tomar el pecado del que pecó. Esto es justicia.

Este es el principio del perdón. Tanto la ley de Dios como la ley del hombre reconocen que esto es justo. El hombre debe sufrir. Así como el hombre tiene libre albedrío, también Dios. Una persona con libre albedrío tiene el derecho de sufrir la pérdida.

Entonces, ¿qué es la redención de Cristo? La obra redentora de Cristo es Dios mismo que viene a cargar el pecado del hombre contra El. Esta palabra es más amorosa para el oído que cualquier música del mundo. ¿Qué es la obra redentora de Cristo?

Es Dios que carga con aquello que contra El pecó el hombre. En otras palabras, si Jesús de Nazaret no fuera Dios, El no estaría calificado para cargar justamente con nuestros pecados. Jesús de Nazaret era Dios. Él es el Dios contra quien hemos pecado.

Nuestro Dios ha bajado a la tierra personalmente y cargó nuestros pecados. Hoy en día, más bien Dios ha llevado nuestros pecados, y no el hombre. Esta es la razón por la cual es una carga justa. Nosotros no la podemos cargar. Si nosotros cargáramos con los pecados, estaríamos acabados. Gracias a Dios que El mismo ha venido al mundo para cargar nuestros pecados. Esta es la obra del Señor Jesús en la cruz.

Entonces, ¿por qué Dios se hizo hombre? Ya es suficiente con que Dios ame al mundo. ¿Por qué tuvo que dar Su Hijo unigénito? Uno se debe dar cuenta de que el hombre ha pecado contra Dios. Si Dios requiere que el hombre lleve su pecado, ¿cómo puede hacerlo?

El pago del pecado es muerte. Cuando el pecado motiva y actúa dentro de alguien, termina en muerte. La muerte es la justa pena del pecado. Cuando el hombre peca contra Dios, tiene que cargar con las consecuencias del pecado, el cual es la muerte.

Así que, Dios es la otra parte. Si Él ha de venir para tomar nuestra responsabilidad y llevar las consecuencias de nuestro pecado, tiene que morir. Pero 1 Timoteo 6: 16 nos dice que Dios es inmortal; Él no puede morir.

Aunque Dios está dispuesto a venir al mundo y llevar nuestros pecados, y aunque está dispuesto a morir e ir a perdición, para Él es imposible. La muerte no tiene ningún efecto en Dios. No existen posibilidades para que Dios pueda morir.

Entonces, para que Dios pueda cargar con los pecados contra El del hombre, tiene que tomar el cuerpo del hombre. Por esto Hebreos 10: 5 nos dice que cuando Cristo vino al mundo, Él dijo: “Más me preparaste cuerpo”.

Dios preparó un cuerpo para Cristo, así Cristo podría ofrecerse como holocausto y ofrenda por el pecado. El Señor dice: “Holocaustos y sacrificios por el pecado no te agradaron”  Ahora El ofrece Su propio cuerpo parar tratar con el pecado del hombre. Así, el Señor Jesús se hizo hombre y vino al mundo para ser crucificado en la cruz.

El Señor Jesús nos es un tercero; Él es la primera parte. Debido a que Él es Dios, está calificado para ser crucificado en la cruz. Debido a que es hombre, Él puede morir en la cruz a nuestro favor. Debemos distinguir estas dos cosas claramente.

Él está calificado para ser crucificado porque es Dios, y está habilitado para ser crucificado porque es hombre. Él es la parte opuesta; Él se ha puesto del lado del hombre para sufrir el castigo. Dios se hizo hombre. El vino entre los hombres, se unió al hombre, tomó la carga del hombre y llevó todos sus pecados.

Si la redención ha de ser justa, Jesús de Nazaret debe ser Dios. Si Jesús de Nazaret no es Dios, la redención no es justa. Cada vez que miro la cruz, digo dentro de mí: “Esto es Dios”. Si Él no es Dios, Su muerte pasa a ser injusta y no puede salvarnos, pues El sería un tercero.

Pero gracias al Señor, Él es la parte opuesta a nosotros. Por eso dije que sólo hay dos partes habilitadas para tratar con nuestros pecados. Una es nosotros mismos. La otra es Dios contra quien hemos pecado, en tal caso El muere por nosotros. A parte de estos dos, ningún tercero tiene la autoridad para tratar con nuestros pecados.

Jesús de Nazaret vino al mundo. Mientras estaba en la tierra, Sus obras mostraron que Dios nos ama. Pero al mismo tiempo, El cumplió con la ley. Él estaba verdaderamente sujeto a Dios. Él era un hombre sumiso y santo.

En El vemos un hombre perfecto. Jesús de Nazaret estaba lleno de justicia. Él era un hombre justo. A través de la historia sólo hubo un hombre que podía ser salvo por la ley. Este era Jesús de Nazaret. El no necesitaba guardar la ley, sin embargo la guardó.

 La Biblia dice que sólo los que guardan la ley pueden heredar la justicia que es de la ley. Con justicia, hay vida. La ley dice que el que la guarde vivirá. Guardarla es morar en ella. Todos los que tienen la justicia de la ley tienen vida.

El único propósito que Dios tiene al decir esto a todo el mundo es para condenar al hombre y probarle que es un pecador. Dios nos dio la ley para probarnos que somos pecadores. Gracias al Señor. Sólo hay uno que tiene vida por la ley. Este es Jesús de Nazaret.

Dejemos por un momento el hecho de que Él es Dios y considerémoslo como un hombre, un hombre común. El guardó la ley y vivió. Él vivió en la tierra por treinta y tres años. El no pecó, ni conoció el pecado. Él fue tentado en todas las cosas.

Los hechos justos del Señor Jesús, ¿Son de algún beneficio para nosotros? Por supuesto que sí. Los hechos justos del Señor Jesús prueban que Él es Dios. Debido a estos hechos justos, el Señor Jesús no tuvo que morir para Sí mismo.

Los hechos justos del Señor lo califican para morir en la cruz por nuestros pecados. Si el Señor Jesús tuviera algún pecado, Su muerte habría sido para El mismo; no podría haber muerto por nosotros. Puesto que el Señor no tuvo pecado, estaba calificado para ser ofrecido como sacrificio por nuestros pecados.

La teología cristiana dice que Dios hizo la justicia del Señor Jesús nuestra. Dios transfirió la justicia del Señor a nosotros en la misma manera en que los bancos transfieren dinero de una cuenta a otra. El Señor guardó la ley por nosotros. Nosotros hemos desobedecido la ley.

Pero la obediencia del Señor Jesús nos ha ganado la satisfacción de Dios. Pero déjenme hacer una pregunta cortante: ¿Alguna vez la Biblia menciona “la justicia del Señor Jesús”? ¿Quién puede encontrar un lugar en el Nuevo Testamento que hable de “la justicia del Señor Jesús”?

Si lees el Nuevo Testamento, incluso en griego, descubrirás que el Nuevo Testamento nunca menciona las palabras la justicia de Cristo. Hay un lugar que parece decir así, pero no se refiere a la justicia personal de Cristo.

Los hombres no quieren leer la Palabra de Dios hoy en día. Les gusta estudiar la teología. Sin embargo, la teología es creada por el hombre. No viene de la Palabra de Dios. La teología nos dice que Dios nos ha imputado la justicia de Cristo.

Pero la Biblia no tiene en modo alguno este concepto. Por el contrario, la Biblia se opone a este concepto. La justicia de Jesús de Nazaret es Su propia justicia. Sin duda es justicia, pero es la justicia de Jesús de Nazaret.

Esta justicia lo califica para morir por nosotros y ser nuestro Salvador, pero Dios no tiene intenciones de transferirnos la justicia de Jesús. Juan 12: 24 es un versículo precioso en la Biblia. Dice que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo.

Un hombre como el Señor Jesús era sólo un grano para Dios. Sólo después de morir hay muchos granos. La salvación comienza con la cruz. Aunque debemos tener Belén antes de tener Gólgota, somos salvos por Gólgota, no por Belén.

El Hijo de Dios es totalmente justo. Él era el justo grano. Pero Su justicia no nos puede salvar. No nos puede ser imputado. Dios menciona la justicia de Cristo en la Biblia. Pero Él nunca dice que la justicia de Cristo es para nosotros.

La Biblia dice que Cristo es nuestra justicia. Nunca dice que la justicia de Cristo es nuestra justicia. Me gustaría exponer esto, pues esto exaltará la cruz del Señor Jesucristo. La Biblia dice que Cristo es nuestra justicia. Cristo mismo es nuestra justicia. Vamos a Dios en Cristo. Cristo es nuestra justicia.

Una vez le preguntaron a una hermana latinoamericana qué vestía cuando iba ante Dios. Ella dijo que se ponía la justicia de Cristo para ir a Dios. Ella tomó la justicia de Cristo como su vestidura para ir a Dios. Luego le preguntaron dónde estaba esto en la Biblia.

La justicia de Cristo no se convirtió en nuestra justicia. Cristo nunca nos ha transferido Su justicia. Más bien, Cristo mismo se ha convertido en nuestra justicia. Somos salvos por la justicia de Dios, no por la justicia de Cristo. Hemos visto lo que es la justicia de Dios. La justicia de Dios nos trae perdón y nos salva del juicio.

La justicia de Cristo no hace esto. La justicia de Cristo es sólo Su calificación que le permite ser nuestro Salvador. Cristo nunca nos ha transferido Su justicia. Si la justicia del Señor Jesús fuera transferible, Él podría haber hecho esto mientras estaba en la tierra. No tendría que haber ido a la cruz, y así podríamos haber sido salvos.

Si ese fuera el caso, Su vida habría sido una vida rescatadora. Pero no hay tal doctrina de vida rescatadora. Sólo está la doctrina de la muerte rescatadora. Sólo la muerte del Señor Jesús nos puede salvar. Su vida es nuestro ejemplo. No podemos ser salvos por Su vida. Su justicia nos condena.

Cuanto más justo Él es, más problemas tenemos. No hay ninguna manera para que Su justicia nos sea imputada. Si Dios nos pusiera lado a lado con la justicia del Señor, sólo iríamos al infierno. Pero gracias a Dios que Él ha muerto y se hizo nuestra justicia.

De esta manera somos salvos. La salvación viene de la cruz. No viene del pesebre. La salvación viene de Gólgota; no viene de Belén. Si la justicia del Señor Jesús nos podría salvar, Él no tendría que morir. Por lo tanto, cuando leemos la Biblia, no debemos ser afectados por la teología.

Entenderemos más claramente si la Biblia nos enseña en vez de la teología. La palabra del hombre ayuda, pero también daña. Preferimos dejar de lado la palabra del hombre. Sigamos paso a paso. Primero vimos que Dios debe venir para cargar nuestros pecados.

Luego vimos que Jesús de Nazaret vino para cargar nuestros pecados. Pero Su justicia en la tierra nos condenaba más. ¿Cuándo fuimos salvos por el Señor Jesús? Veamos una tipología en la Biblia. Entre el Lugar Santo y el Lugar Santísimo en el tabernáculo, había un velo.

Dios estaba dentro del velo en el Lugar Santísimo. Fuera del velo estaba el mundo. La Biblia nos dice que este velo significa la carne del Señor Jesús. En otras palabras, el Lugar Santísimo sólo puede ser visto por el Señor Jesús como un hombre sobre la tierra y por aquellos que viven una vida como la del Señor Jesús.

No todos pueden ver a Dios. Sólo el Señor Jesús puede ver a Dios. Nadie en todo el mundo puede ver el Lugar Santísimo. Ha sido velado. Él podía ver el Lugar Santísimo cuando Dios quitaba el velo del cielo y combinaba el Lugar Santísimo, el Lugar Santo y el atrio en uno.

Esto se cumplió cuando el Hijo de Dios fue crucificado en la cruz. En ese momento, el camino al Lugar Santísimo fue abierto. Por esto Hebreos 10: 19-20 dice que tenemos libertad para entrar en el Lugar Santísimo a través del velo por la sangre del Señor.

Este velo rasgado es la carne del Señor Jesús. Ahora tenemos confianza y plena certidumbre de fe para venir a Dios. La justicia del Señor Jesús en la tierra no tiene una relación directa con nosotros. Gracias al Señor que Él no se quedó para siempre en la tierra.

Si se hubiera quedado en la tierra para siempre, aún sería el único grano. Gracias a Dios que El murió y nos produjo a nosotros los muchos granos. Gracias al Señor por la cruz. Gracias también por dejar tu palabra. Y gracias por tu misericordia con los que usan, abusan y hasta ensucian tu palabra argumentando ser tus enviados.

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enero 1, 2015 Néstor Martínez