(Josué 23: 1-16)= Aconteció, muchos días después que Jehová diera reposo a Israel de todos sus enemigos alrededor, que Josué, siendo ya viejo y avanzado en años, llamó a todo Israel, a sus ancianos, sus príncipes, sus jueces y sus oficiales, y les dijo: yo ya soy viejo y avanzado en años.
Y vosotros habéis visto todo lo que Jehová vuestro Dios ha hecho con todas estas naciones por vuestra causa; porque Jehová vuestro Dios es quien ha peleado por vosotros.
He aquí os he repartido por suerte, en herencia para vuestras tribus, estas naciones, así las destruidas como las que quedan, desde el Jordán hasta el Mar Grande, hacia donde se pone el sol.
Y Jehová vuestro Dios las echará de delante de vosotros, y las arrojará de vuestra presencia; y vosotros poseeréis sus tierras, como Jehová vuestro Dios os ha dicho. Esforzaos, pues, mucho en guardar y hacer todo lo que está escrito en el libro de la ley de Moisés, sin apartarse de ello ni a diestra ni a siniestra; para que no os mezcléis con estas naciones que han quedado con vosotros, ni hagáis mención ni juréis por el nombre de sus dioses, ni los sirváis, ni os inclinéis a ellos.
Mas a Jehová vuestro Dios seguiréis, como habéis hecho hasta hoy.
Pues ha arrojado Jehová delante de vosotros grandes y fuertes naciones, y hasta hoy nadie ha podido resistir delante de vuestro rostro.
Un varón de vosotros perseguirá a mil; porque Jehová vuestro Dios es quien pelea por vosotros, como él os dijo.
Guardad, pues, con diligencia vuestras almas, para que améis a Jehová vuestro Dios.
Porque si os apartareis, y os uniereis a lo que resta de estas naciones que han quedado con vosotros, y si concertareis con ellas matrimonios, mezclándoos con ellas, y ellas con vosotros, sabed que Jehová vuestro Dios no arrojará más a estas naciones delante de vosotros, sino que os serán por lazo, por tropiezo, por azote para vuestros costados y por espinas para vuestros ojos, hasta que perezcáis de esta buena tierra que Jehová vuestro Dios os ha dado.
Y he aquí que yo estoy para entrar por el camino de toda la tierra; reconoced, pues, con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma, que no ha faltado una palabra de todas las buenas palabras que Jehová vuestro Dios había dicho de vosotros; todas os han acontecido, no ha faltado ninguna de ellas.
Pero así como ha venido sobre vosotros toda palabra buena que Jehová vuestro Dios os había dicho, también traerá Jehová sobre vosotros toda palabra mala, hasta destruiros de sobre la buena tierra que Jehová vuestro Dios os ha dado, si traspasareis el pacto de Jehová vuestro Dios que él os ha mandado, yendo y honrando a dioses ajenos, e inclinándose a ellos. Entonces la ira de Jehová se encenderá contra vosotros, y pereceréis prontamente de esta buena tierra que él os ha dado.
El relato de este pasaje del libro de Josué, nos cuenta que en un momento especial para la vida del pueblo de Israel, como para Josué, líder de aquel pueblo, Josué lo convoca y lo guía a confrontarse con lo que tenían por delante.
Era un momento particular. Dios les había dado la tierra prometida, y les había regalado en la conquista de dicha tierra, victorias increíbles, victorias inexplicables desde una perspectiva humana, victorias que sólo podían comprenderse a partir de la intervención maravillosa, extraordinaria de Dios en medio de su pueblo, victorias tremendas sobre todos sus enemigos, sobre todas las naciones enemigas.
El pueblo podía haber estado, en ese momento en que Josué los convoca, viviendo un tiempo de euforia, de gran alegría, por los triunfos alcanzados y por los territorios poseídos.
Era un tiempo especial para aquel pueblo, pero era un tiempo especial también para Josué. Él había sido el líder que Dios había utilizado para conducir al pueblo en la conquista de la tierra prometida. Había sucedido en el liderazgo del pueblo al conductor más importante, al hombre más importante, al siervo de Dios más importante hasta ese momento, en toda la historia de Israel: Moisés.
Y siendo Josué aún joven, a pesar de esa juventud él tomó el desafío de seguir, de suceder a un líder de los kilates de Moisés y el desafío, nada menos, que conducir al pueblo a la conquista de la tierra prometida.
Y Josué toma ese desafío, no sobre la base de sus propias fuerzas, de su capacidad, de sus recursos, sino que toma este desafío sobre la base de la Palabra de Dios. Dios le dijo que le entregaría esa tierra. Dios lo había desafiado a esforzarse y a ser valiente.
Tú debes recordar el primer capítulo del libro de Josué. En el verso 9, Dios le dice: …Esfuérzate y sé valiente. Dios le había prometido allí, en ese pasaje, que ningún enemigo le podría hacer frente en toda su vida. Y sobre todas las cosas Dios le había prometido que su presencia estaría con él siempre. Dios le dijo: …No te dejaré ni te desampararé.
Entonces Josué, ante la palabra de Dios, tomó ese desafío, se puso al frente del pueblo y pudo experimentar que Dios es un Dios fiel, que Dios es un Dios que cumplió con él todas las promesas que le había dado. De la mano de Dios, Josué pudo conducir al pueblo a triunfos extraordinarios. Un ejemplo sobrenatural por excelencia: la caída de los muros de Jericó.
Pero ahora, aquel joven valiente y atrevido, aquel joven que junto con Caleb, cuando volvió de inspeccionar la tierra que Dios les había prometido, para animar al pueblo a tomarla, dijo que Dios podía, que con ellos iba a hacer grandes cosas, que ellos con dios iban a poder vencer a los gigantes y tomar las ciudades fortificadas; aquel joven valiente, atrevido, que había confiado en la palabra de Dios, aquel joven ahora se sentía viejo, se sentía desgastado, sentía que los años le pesaban.
El éxito había sido maravilloso, pero conducir al pueblo y tener la responsabilidad de ser el líder de Dios, de recibir indicación de Dios y transmitirla al pueblo, y de enfrentar a los enemigos, había sido muy duro. No había sido un parque de diversiones, había sido batalla tras batalla, lucha tras lucha, pelea tras pelea.
Josué no sólo estaba cronológicamente avanzado en años, se sentía viejo y eso no tenía nada que ver con la cronología, sino con su alma, con un estado de ánimo. Frente a esa doble situación: la del pueblo disfrutando finalmente de la tierra, la del pueblo disfrutando de la victoria y también la situación propia el líder, la situación de cansancio, de desgaste. Josué, una vez más, confronta al pueblo con lo que venía.
Lo que había pasado era maravilloso. Podían pasarse horas y horas recordando cada uno de los episodios, cada uno de los eventos, cada una de las victorias que Dios les había permitido vivir. Pero Josué tenía la responsabilidad, como líder, de además de elevar acción de gracias a Dios por lo vivido, mostrarles lo que venía.
Es cierto: habían tomado posesión de territorios y habían vencido a muchos enemigos. Pero no menos cierto era lo que dice el verso 4: …He aquí os he repartido por suerte, en herencia para vuestras tribus, estas naciones, así las destruidas como las que quedan, desde el Jordán hasta el Mar grande, hacia donde se pone el sol.
Es decir que había todavía tierras o territorios que conquistar. Dios ya había entregado todo lo que ya habían conquistado, pero también les había entregado las tierras desde el Jordán hasta el Mar Grande, hacia donde se pone el sol y necesitaban ser conquistadas.
Nosotros también nos encontramos, hoy, ante una situación especial. Nos debemos confrontar con lo que viene y para eso, es menester militar en un espíritu como el de Josué. Es natural, hermoso, correcto e indispensable orar con acción de gracias por lo recibido; por todo lo que Dios nos ha cuidado y protegido en este tiempo.
Pero hoy es necesario que hayas despertado con plena conciencia para enfrentarte con lo que está por venir, con lo que queda por vivir, con lo que aún hay por conquistar. Algunos de ustedes encaran este día, o este mes, disfrutando de victorias increíbles, poseyendo los territorios que Dios nos ha permitido conquistar.
Otros encaran este tiempo, conscientes que Dios ha hecho con ellos grandes cosas, pero sin evitar sentirse como Josué: cansados, desgastados, sin fuerzas; fundamentalmente sin fuerzas para enfrentar los enemigos que todavía quedan por delante; para poder conquistar los territorios que todavía quedan por poseer. Tú, hoy, ¿Te sientes así? ¿Agradecido a Dios por todo, pero gastado, cansado, sin fuerzas? Entonces, sigue leyendo. Hoy, aquí y ahora, hay palabra para tu vida.
Hoy hay palabra para todos nosotros: los que se sienten eufóricos por las bendiciones recibidas, pero que todavía saben que queda territorio por poseer, y para los que se sienten cansados de luchar, sin fuerzas, pero que igualmente son conscientes que la pelea no ha terminado, que todavía hay enemigos a derrotar y que la pelea continúa.
Hay una promesa de Dios para tu vida en este tiempo. Pero como toda promesa de Dios viene acompañada de una condición. También viene acompañada de una garantía de cumplimiento y viene acompañada de una advertencia si nosotros no cumplimos con la condición que nos corresponde.
Hay una palabra, hoy, para tu vida. Es cierto, es verdad; todavía hay territorios por conquistar en tu vida personal, todavía hay territorios por conquistar en tu vida familiar; todavía hay territorios por conquistar en medio de nuestra iglesia.
En tu vida personal, hay territorio por conquistar en tu vida espiritual, en tu relación personal con Cristo; hay territorios por conquistar en el plano de tus emociones; hay emociones, hay recuerdos en tu interior, en tu memoria, que necesitan ser moldeadas, trabajadas y sanadas por Dios.
Hay territorios por conquistar en el plano de lo material, de lo laboral. Terrenos que todavía están por poseerse. En tu vida familiar también hay cuestiones que necesitan ser resueltas. En la familia de cada uno de nosotros hay todavía terrenos que falta poseer.
Hay cuestiones dentro de nuestro matrimonio, con relación a nuestros hijos, con relación con nuestros padres, en la formación de tu pareja, que todavía es preciso enfrentar y lograr la victoria. En la vida de nuestra iglesia, hay mucha tierra que fluye leche y miel y que Dios ya nos ha entregado, pero que todavía debemos poseer como iglesia.
Tanto en tu vida personal, como en tu vida familiar, como en la de tu congregación, estos territorios por conquistar no son terrenos baldíos, no son terrenos vacíos: son tierras ocupadas por el enemigo; que nos pertenecen, porque nos han sido entregadas por Dios, pero que primero debemos arrebatar en fe al enemigo de nuestra vida. Y aunque ya es mucho lo que Dios ha hecho con nosotros, siempre quedará algo más por hacer; y eso será respaldar nuestro esfuerzo en la conquista de esos territorios.
Yo quiero que ahora, por un instante, tú pienses en los territorios que debes y puedes conquistar. ¿Cuáles? Los personales, los familiares, los de tu iglesia. ¿Qué es lo que tienes por delante en tu vida espiritual? ¿Qué tienes que conquistar en tu faz laboral, o familiar, o en el campo de lo afectivo, o de lo emocional? Piensa en esos territorios a poseer.
Si ya lo hiciste, ahora recibe la promesa de Dios: …Y Jehová vuestro Dios las echará, (Se refiere a las naciones enemigas), …de delante de vosotros, y las arrojará de vuestra presencia; y vosotros poseeréis sus tierras, como Jehová vuestro Dios os ha dicho.
Esta es palabra de Dios. Esto no es un estímulo entre seres humanos, donde yo ahora escribo esto y quedo muy bien contigo, dándote una buena onda, con una expresión de deseos voluntarista que por un momento te hace sentir bien. Pese a toda la lucha que hoy puedas tener, vas a poseer esos territorios por una simple razón: DIOS LO HA DICHO.
¿Sabes una cosa? Cuando Dios habla, su palabra es Sí y Amén. Cuando Dios dice, cuando Dios pronuncia, su palabra va acompañada del acto, del hecho; Dios tiene cierta poesía en su palabra, a veces, es cierto, pero Dios no conoce el discurso fácil. Cuando Dios te da una palabra y tú la tomas y la crees y la declaras, esa palabra cobra vida propia y se manifiesta. ¿Sabes que?¡¡Funciona!!
Salomón, cuando le dedica su templo, dice: “Señor…gracias porque cumples con tu diestra de poder lo que prometiste con tu boca…” Cuando Dios pronuncia promesa y palabra, Él cumple esa palabra con la diestra de su poder. Mira los territorios esos desde la óptica de las promesas de Dios. Él dice: Yo voy a echar a tus enemigos de delante de ti.
¿Cuántos toman, en este momento, a esta palabra, como palabra de Dios para sus vidas, para sus familias? ¿Sabes que es lo que hay que hacer cuando se recibe palabra de Dios? A la Rema de Dios se la ora. Cuando tú dices: “En el nombre de Jesús, amén”, no es una manera sencillamente de terminar la oración; no es un the end o el Fin de la película.
Cuando tú dices AMÉN, estás diciendo: “Señor…yo pongo toda mi vida de acuerdo contigo, con tu palabra, con tu promesa. “Amén” significa ASI SEA. Estás diciendo: “Señor…yo ahora, en esta oración, pronuncio tu palabra, tu promesa, y digo: Amén, Así Sea. Cúmplase en mí. Estoy de acuerdo. Estoy en armonía con tu palabra. Quiero que tu voluntad expresada aquí en esta promesa, se haga realidad en mi vida.” El Todopoderoso Dios no puede actuar en tu vida si tú no le das autorización.
Si no has tenido una reacción emotiva o impensada y realmente has tomado para tu vida esta palabra, ¿Sabes lo que tienes que seguir haciendo? Orándola todos los días, hasta que se cumpla. Pero hay una condición para que Dios cumpla su promesa en tu vida. Las promesas de Dios son condicionales. Están condicionadas a nuestra respuesta.
Cuando en esta alianza con dios, nosotros no cumplimos con nuestra parte, rompemos el pacto y Dios no puede hacer su parte. La condición de Dios se resume en una palabra: Guardar. Y está sintetizada en el texto que señala: Guardad, pues, con diligencia vuestras almas, para que améis a Jehová vuestro Dios.
¿Sabes una cosa? Nosotros somos muy cuidadosos en guardar muchas cosas, pero somos muy descuidados en guardar nuestra alma. Por eso es que el salmista decía: …Sobre todas las cosas, guarda tu corazón…
La condición es guardar. La condición para que los territorios nos sean entregados, es guardar con diligencia, no de cualquier manera, con diligencia. ¿Qué querrá decir guardar con diligencia mi alma? Seguramente quiere decir muchas cosas y es seguro que en este momento, el Espíritu Santo te está revelando lo que quiere decir, de manera particular, en tu vida. Él es el gran Maestro; Él es el gran docente; Él es el gran predicador.
Pero si la maravillosa promesa de Dios está condicionada a que yo guarde con diligencia mi alma, es importante que nosotros sepamos lo que esto significa. Además de lo que el Espíritu te pueda estar mostrando en este momento, el pasaje nos aclara, nos da algunas pistas. En primer lugar, guardar con diligencia mi alma significa que debo obedecer a la Palabra ya revelada por Dios para mi vida.
Es lo que dice la Palabra: …Esforzaos, pues, mucho, en guardar y hacer todo lo que está escrito en el libro de la ley de Moisés, sin apartarse de ello ni a diestra ni a siniestra.
Mucho de nuestro cansancio, de nuestro desgaste interior, se debe a que no hemos obedecido a Dios y a su Palabra. A que no hemos apartado a diestra y a siniestra. Nos apartamos en función de otras opiniones, siguiendo las opiniones de los demás, las opiniones de este mundo, en lugar de la opinión de Dios en su Palabra.
Nos hemos apartado a diestra y a siniestra, siguiendo nuestra propia inteligencia, nuestra propia manera de comprender la vida, nuestra autosuficiencia, en la búsqueda de un supuesto placer, en la afirmación egocéntrica, etc. etc.
Mucho de mi cansancio, de mi desgaste, de mi falta de fuerzas para luchar, se debe a que he desobedecido la palabra de Dios. Y cuando nos apartamos a diestra o a siniestra de la palabra de Dios, ¿Sabes lo que pasa? Perdemos el rumbo. Y caminamos por la vida inútilmente en dirección equivocada. ¿Sabes lo que pasa? Tenemos que volver a empezar.
Pero claro; después de haber caminado, de haber fracasado, de habernos golpeado, volvemos a empezar, pero con menos energías que antes, con menos fuerzas. Tenemos que tomar un compromiso de obediencia para con Dios.
A no apartarnos de su palabra ni a diestra ni a siniestra, Su palabra es verdad, no tiene error, no pasa. Su dirección nunca es equivocada; debemos comprometernos a seguir la verdad, el camino correcto, que sólo está en su palabra.
De desgastemos inútilmente nuestras energías. No perdamos la fortaleza, el aliento, el ánimo en el camino por andar por senderos que no son los de Dios; por seguir señales equivocadas. Dios, en su palabra, nos dice claramente cual es el camino a transitar, por donde tenemos que encaminarnos, tanto personal como familiarmente.
En segundo lugar, guardar con diligencia mi alma no significa no contaminarnos, está relacionada con lo anterior. En la escritura encontramos que dice: ..:Para que no mezcléis con estas naciones que han quedado con nosotros, ni hagáis mención, ni juréis por el nombre de sus dioses, ni los sirváis, ni os inclinéis a ellos.
¿Cuáles son los dioses de este tiempo? ¿Cuáles son los dioses a quienes la gente de este tiempo reverencian, rinden culto, aclamación, todo lo que quizás con críticas por allí, nosotros hacemos en un culto? ¿A quienes aplauden o les levantan las manos? ¿Frente a quienes se arrodillan simbólica o literalmente? ¿A quienes siguen, a quienes ofrendan sus vidas y otras cosas?
El señor te dice que te guardes, siquiera, de hace mención de ellos. Que ni siquiera te ensucies la boca mencionándolos. Ni siquiera mención de ellos. Que ni se te ocurra servirlos ni inclinarte ante ellos. No te mezcles con la perspectiva pagana de este mundo, con la manera de pensar, con la manera de actuar, con la manera de hablar de este mundo.
¿Qué quiere decir esto de no mezclarse? ¿Significa no estar en contacto con la gente, apartarnos, meternos en un convento todos? ¿Únicamente reunirnos con los creyentes, con los hermanos en Cristo, nada más? ¡¡NO!! Jesús dijo, orando por sus discípulos, …No te pido que los saques del mundo; sino que los guardes del mal.
Dios, lo que quiere, es que no nos contaminemos con la perspectiva pagana e idólatra de este mundo. Muchos cristianos se aíslan del mundo y así no pueden ser ni sal ni luz del mundo. Y Dios nos puso como sal y luz el mundo. No podemos encerrarnos en un gheto evangélico. Estamos puestos para cambiar, para ser la levadura que leuda la masa, para cambiar este mundo contaminado por el pecado, atado por Satanás; no estamos para aislarnos.
No mezclarse no significa perder contacto con las personas. Por eso es que muchos de nosotros no podemos evangelizar a nadie, porque los únicos amigos que tenemos son creyentes. No mezclarse significa lo que dice el profeta Jeremías: …Conviértanse ellos a vosotros y no vosotros a ellos…
¿Sabes que hacen muchos cristianos en el contacto con el mundo y con la gente que no son creyentes? Se convierten a los inconversos. En su manera de hablar, hablan como habla el mundo. Y dice la palabra que de la abundancia de tu corazón, habla tu boca.
Tú puedes tomar en broma el como hablar. Puedes decir: “Y bueno…es una forma de hablar, nada más…es un modismo cultural…” Pero la Palabra no dice que es un modismo cultural, dice que es un modismo cardíaco: de la abundancia de tu corazón, habla la boca. Tienes que estar en contacto con la gente que no tiene a Cristo, pero para que ellos se conviertan a ti y no tú a ellos.
Y cuando nosotros los creyentes comenzamos a ceder terreno, y a aceptar como propias las maneras de pensar y de actuar del mundo en lugar de las de Dios, entonces lo único que podemos esperar es fracasos, derrota en nuestras vidas.
Esto tiene que ver con todos los órdenes de nuestra vida. El pasaje de Josué nos habla de un ámbito específico: el afectivo, el matrimonial. Les dice Dios al pueblo en aquel momento: “No se casen, no celebren matrimonios con estas naciones enemigas”. Porque todo empieza con el beso y el abrazo, pero después dice: “La perspectiva pagana, mundana, va a serles de lazo, de tropiezo, de espinas en los costados.”
Y esta palabra sigue vigente para los adolescentes, los jóvenes y los no tan jóvenes que puedan estar orando por una pareja. Es palabra de Dios también para esto. Hermanita mujer: no ores por un novio, ora por un marido. Total, tú también, hermanito varón, el marido o la esposa, antes serán inexorablemente novios, ¿No es así?
Pero aquí se menciona solamente esto, este ámbito. Cuando nos dejamos pernear por las maneras y concepciones de este mundo, que vive de espaldas a Dios, pues entonces, dice el texto, terminaremos enlazados, entrampados.
De pronto, nuestra mente pierde los recursos de la palabra de Dios y se contamina con las palabras de la filosofía de este mundo, de espaldas a Dios y ya estamos en medio de la trampa. “Os serán por lazo, por tropiezo”.
En tercer lugar, guardar con diligencia mi alma, significa que no sólo debo apartarme de lo malo, sino que debo continuar: …Mas a Jehová vuestro Dios seguiréis. El llamado de Dios no es a apartarnos de lo malo, sino a convocarnos a lo bueno. No es un proyecto, una idea o un plan de “prohibido, prohibido y prohibido”, es un proyecto de todo lo maravilloso y abundante que Dios tiene para ti y, a través tuyo, para los demás.
A Jehová vuestro Dios seguiréis. La magnífica promesa que hoy dios nos da de entregarnos a nuestros enemigos y asegurarnos la conquista de los territorios que todavía están por tomarse en nuestra vida personal, familiar y eclesiástica, está condicionado también a que sigamos al Señor en todo.
Se podrían hablar horas y hasta días enteros de lo que significa seguir al Señor en todo, pero se puede resumir en algo sencillo y corto: para poder seguir a alguien, hay que estar cerca. Los cambios que tu vida y la mía necesitan, no se realizarán sobre la base de nuestras fuerzas y nuestros esfuerzos. Ya lo probamos y no dio resultado, no funcionó. Dice la Palabra que esto viene por gracia de Dios. Por eso dice la Palabra que nos acerquemos al trono de la gracia.
Dios te promete derrotar a tus enemigos y entregarte los territorios que están pendientes. Pero par que esto ocurra, nos pone a nosotros una triple condición: 1) Obedecer su Palabra, no contaminarse.- 2) Vivir una relación estrecha, cercana con Dios.- 3) Guardar con diligencia nuestra alma, como dice en ese texto, para amar a Dios con todo nuestro ser.
Si no vivimos así, al llegar al final habremos cosechado derrotas y fracasos. Así lo dicen los versículos respectivos. ..:Pero así como ha venido sobre vosotros toda palabra buena que Jehová vuestro Dios os había dicho, también traerá Jehová sobre vosotros toda palabra mala, hasta destruirnos de sobre la buena tierra que Jehová vuestro Dios os ha dado.
El territorio ese que hoy le presentaste a Dios en tu vida personal, familiar, cualquiera sea el terreno, va a haber destrucción en esa tierra. …Si traspasareis el pacto de Jehová vuestro Dios que él os ha mandado, yendo y honrando a dioses ajenos, e inclinándose a ellos. Entonces la ira de Jehová se encenderá contra vosotros, y pereceréis prontamente de esta buena tierra que él os ha dado.
Está también escrito esto en el contrato. Y no con letra pequeña, sino con letra bien grande. Le dedica más versículos a la advertencia que a la promesa. Y quiero terminar compartiendo la garantía que Dios pone para con su promesa:
Y he aquí que yo estoy para entrar hoy por el camino de toda la tierra; (Josué sentía que se iba a morir), reconoced, pues, con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma, que no ha faltado una palabra de todas las buenas palabras que Jehová vuestro Dios había dicho de vosotros; todas os han acontecido, no ha faltado ninguna de ellas.
Tal vez, en este día te sientes cansado, desgastado; sin fuerzas para enfrentar a los enemigos que tienes por delante y para conquistar los territorios pendientes. Dios no te pide que luches sobre la base de tus fuerzas; Dios no reclama que tú pongas el pecho ante los enemigos; Dios sólo te pide que le obedezcas en lo que dice su Palabra, que no te contamines con pensamientos y conductas paganas y que tengas una relación estrecha, cercana con Él.
No te preocupes tanto del enemigo y de lo que hay que conquistar en tu vida personal o familiar, preocúpate por estar cerca de Dios; de manera obediente, siendo sumiso y modelado por Él y entonces, el resto lo hará Dios.
Mira otra vez lo que dice este texto: Dice que Jehová, no tú. ¿Quién es el sujeto del verbo, allí? Jehová. Jehová, no tú, Jehová echará a los enemigos. Dice que Jehová, no tú, arrojará a los enemigos de tu presencia.
Y le agrega un comentario más de lo que hará contigo, contigo, que hoy te sientes cansado y sin fuerzas, cansado de luchar, agobiado, agotado, esto es parar ti; mira lo que dice este otro texto: …Un varón de vosotros, perseguirá a mil. ¿Por qué? ¿Por qué tienes mucha fuerza? No. ¿Qué dice? …Porque Jehová vuestro Dios es quien pelea por vosotros como él os dijo…
No depende de tus fuerzas, no depende de tu inteligencia, no depende de tus energías; del señor depende que tú persigas a mil; tú que no das más, tú que estás agotado, tú que estás cansado de luchar, el Señor, si tomas esta promesa de Él, va a darte fuerzas para que tú persigas a mil, porque Dios pelea por ti. Él te dará la tierra en tu vida afectiva, económica, matrimonial, laboral, ministerial, espiritual, etc.
Hay una garantía: Su Fidelidad. Dios jamás dejó de cumplir una promesa. Acaso en este siglo veintiuno, Dios, ¿Dejará de ser el mismo?