Estudios » Crecimiento

¿Es Una Crisis o Una Oportunidad?

¿Alguna vez has pensado que cuando estrechas la mano de un hermano en Cristo, en realidad estás tocando algo absolutamente original? Creo que si cada uno supiera con exactitud quién es el otro en las oficinas celestiales, muy probablemente se pelearían para ver quien invita a comer a quien y corre con todos los gastos. Y también aprovecharías ese momento para hacer cierto aquello de que cuando dos se ponen de acuerdo en algo concerniente a esta tierra y lo piden, el Señor se los brinda de inmediato.

Esto, ya lo sabes, pretende siempre ser una enseñanza. Pero también sabes, como anteriormente lo he sabido yo, que yo no puedo enseñar nada. Lo único que yo puedo hacer, es hablar, pero mi Padre celestial es el que enseña. Porque en lo concerniente a Su Palabra, no necesitamos que ningún hombre nos enseñe nada. Porque hay una unción que habita en nosotros, que nos enseña. Es el Espíritu de Verdad, que es como decir el Espíritu de Cristo, que es como confirmar que es el Espíritu Santo.

Por eso es que debemos pedirle al Señor que nos cambie, que nos haga distintos y al mismo tiempo distintivos, esto es: distintos al mundo. Porque ha sido dicho que estamos EN el mundo, pero no somos DEL mundo. Por esa razón es que debemos darle gracias de manera permanente, en la autoridad de Jesús. Sólo así, luego de tener más que en cuenta en nuestros corazones todas estas cosas, es que estaremos preparados para todo lo que Él permita y determine que venga a nuestras vidas.

Los principios del Reino, es la única esperanza para este tiempo. Y sus respuestas para las distintas alternativas de una vida terrenal, son no ya valiosas e importantes, sino sencillamente claves. Hoy quiero hablar de una de esas respuestas que el Reino tiene para ti: la que tiene que ver con tus crisis. O con las crisis de aquellos que amas y deseas ayudar. Mir a tu alrededor, ahora, hoy. ¿Está todo bien en el mundo? ¿Hay trabajo para todo el que quiere trabajar? ¿Hay comida para todo el que tiene hambre?

Sí, ya sé, suena como uno de esos discursos ideológicos, pero tiene un punto diferente: Esto no es política, esto es verdad. Y no aspira a cosechar adeptos o votos en una elección. Esto sólo tiene como intencionalidad principal, llevar a tu espíritu y a tu corazón, un nombre que puede llenarlo, rebosarlo de gozo y hacerlo más que vencedor. Un nombre que está por sobre todo nombre que se nombre: Jesucristo. ¿O te lo digo más teológico para que nadie se fastidie? ¡Jesús, el Cristo! El Salvador. Tu Salvador personal, si es que lo aceptas y le permites morar contigo para siempre.

Hoy estamos viviendo un tiempo difícil, complicado, confuso, sumamente injusto y en muchos casos, hasta cruel. Y no te descubro nada si te digo que, en muchos cristianos de buena calidad, anida un temor que no alcanzan a explicar de donde y por qué razón les aparece. Si lo tengo que resumir en una palabra conocida, te digo que esa palabra es inseguridad. Y no hablo de lo delictivo, aunque lo incluye. Hablo de gente que perdió sus trabajos, otros que perdieron sus hogares.

Y tampoco creo descubrir nada desconocido si digo que las iglesias cristianas, preponderantemente las evangélicas, otrora casi nadando en aguas de abundancia y esplendor, hoy ven afectadas sus propias economías a partir de los movimientos diversos que el mundo les brinda a cada momento. Los cambios de toda índole son muchos, y todos sabemos que, en una enorme mayoría humana, todo cambio trae temor. El cambio es lo que nivela a la humanidad.

Y lo que eso significa es, que sin importar quien eres, seas rico y poderoso, clase media de trabajo y gustos austeros o pobres de toda pobreza con carencias de todos los colores, da lo mismo. Cambios, miedos, inseguridades, desesperación, impotencia, tristeza, depresión. ¿Sigo? Estamos viendo que muchas personas adineradas en el mundo, hoy están visitando las cárceles y no como visitantes. Fueron a parar allí porque fueron hallados abusando de la gente.

La clase media está perdiendo algunas de sus posesiones por causa de estos cambios. Y eso los lleva a cometer estafas u otros delitos de ese mismo tenor con la finalidad de no resignar sus status. Y ni hablar de la gente más pobre, que al verse afectada de manera más dura que de costumbre, no vacilan en salir a delinquir como medio de vida más factible a sus posibilidades. ¿Alguien se atrevería a meter ideología barata ya sea para defender o agredir a cualquiera de estas clases sociales por esas actitudes?

Lo cierto es que, cuando la gente comienza a sentir temor, indefectiblemente el mundo entra en crisis. Pero ¡Animo! Tengo una buena noticia. La buena noticia es que todos los cambios no son malos. Todo cambio es crisis, y cada crisis es el resultado o producto del cambio. Algunas crisis son auto impuestas. Y una crisis externa es el resultado de cambios, y más si tienes en claro que una crisis de cierto calibre es un evento sobre el cual no tienes control.

Y el cambio más grande de una crisis. Un cambio es el resultado de una crisis. Y tampoco te descubro el chocolate si te aseguro que a los seres humanos no les gusta el cambio. Pero resulta ser que el cambio es absolutamente normal en el Reino de Dios. El Reino nunca cambia, pero todo dentro del Reino, sí cambia. El poder manejar la crisis en el cambio va a determinar éxito. Tu habilidad de manejar el cambio y obtener de ese cambio beneficios, es el deseo o sencillamente la voluntad de Dios.

Un desastre de los denominados naturales, implican una crisis. Un terremoto, un tornado, un tsunami, desatan una crisis. Porque, ¿Qué cosa es una crisis? En principio, una crisis es algo que tú no ocasionaste, no comenzaste, no puedes controlarlo, pero igualmente viene. Y la economía es como un tsunami. Cuando se desata o se cae, no hay gobierno, economista o pastor que pueda detenerla. Crisis. Una crisis es un evento, una circunstancia o una situación que te afecta a ti, o a tu medio ambiente, sobre el cual no tienes ningún control directo, ni responsabilidad por ello.

Si te despiden de tu trabajo, muy probablemente tu no ocasionaste esa crisis, y tampoco la puedes controlar y no eres responsable de ello. Eso es una crisis. Es como un huracán, un tornado. Los huracanes siempre están en movimiento. Por eso los huracanes, donde llegan y hacen estragos, son crisis. Y las crisis siempre están moviéndose. Y esa es buena noticia. Cuando pasa un huracán, arranca y arrasa con todo lo que sea débil.

Cuando viene un huracán, (Y mis hermanos del caribe y su zona saben muy bien de lo que hablo), destruye todo árbol podrido. Un huracán también consigue que sea quitada toda basura. Pero lo más contundente es que, cuando viene un huracán, lo primero que hace es descubrir a aquellos que construyeron sus casas ilegalmente. Una crisis, entonces, no viene a destruir, sino que viene a corregir y a purificar. Cuando termina el huracán, todo lo que pudo ser sacudido, fue sacudido.

Y, entonces, se despeja el aire. Entonces, pueden ver árboles nuevos, nuevas plantas que empiezan a brotar y mostrarse. Yo creo que una crisis siempre va a agitar toda cosa que no esté cimentada en Dios. Pasó con el Covid 19. Tuvieron que cerrar todas las iglesias. Cuando la epidemia pasó, casi dos años después, fue el momento de volver a abrirlas. Sólo lo hizo el 60 por ciento de ellas. ¿Y el 40 restante que no abrió? No eran de Dios, eran de hombre.

Allí es donde se hace visible y real esa palabra que nos enseña de la arena, la tierra y la roca. Si en cualquier crisis estás edificado sobre la Roca, no habrá huracán, tornado ni tsunami que te mueva. ¡Vas a permanecer en pie aunque todo a tu alrededor se desmorone! ¿Sabes qué? Vi en mi lugar de residencia, durante la pandemia de Covid y luego, como resultado de ella, erigirse nuevos negocios nacidos por una necesidad, es cierto, pero luego cimentados en la creatividad y el ingenio.

Creo que hoy he sido enviado a decirte que una crisis no es tu enemiga a combatir, sino una amiga a examinar para ver qué hacer de importante con ella. Cada hombre, cada mujer de Dios que Dios usó poderosamente, en la Biblia, vemos que su grandeza comenzó justamente con una crisis. ¡Yo encontré a Cristo en medio de una crisis! No puedes detener ni controlar una crisis, pero siempre sí que puedes controlar tu mentalidad. Puedes controlar tus pensamientos. Tu puedes controlar tu propia mente y tu percepción.

En otras palabras, puedes interpretar la crisis para beneficio tuyo. Dios quiere que seas simple, igual que Él. Tú eres un ciudadano del Reino que estás en el mundo, pero no eres del mundo. No piensas como ellos, piensas como el cielo. Dios ama la crisis, porque es la única manera que Dios puede demostrar su poder. ¿Qué hizo con los jóvenes prisioneros de Nabucodonosor? Dios dijo: ¡Mételos en el fuego! ¿Por qué? Porque quiero demostrarme a mí mismo, dijo.

Nuestra fe no tiene temor del fuego ardiente. A Dios le encanta la crisis. Daniel y los leones. Dios dice: ¡Mételo! Porque yo le voy a demostrar al gobierno, le voy a demostrar a este sistema, que mi pueblo duerme cuando hay leones. Los hijos de Dios y ciudadanos de Su Reino no le temen a la crisis, más bien resplandecen durante ellas. Recuerden a esos soldados que estaban poniéndole los clavos en las manos a Jesús. Y la sangre comienza a brotar. Y Dios mira a esa sangre y a esos clavos y ¿Sabes lo que piensa? ¡¡¡Salvación!!!

El mundo te mira que todos los domingos vas a esa iglesia y piensa. En ese lugar le están enseñando que es hija de un Dios Todopoderoso, pero resulta que por una antigua deuda está perdiendo su casa, ¡Qué vergüenza! Pero Dios mira y dice: ¡No! ¡Esa no era tu casa permanente! ¡La que ahora voy a darte es diez veces mejor que esa que hoy pierdes! ¿Algo personal? A mis 48 años de edad, vino una reestructuración en la gran empresa en la que trabajaba y me tocó quedar fuera.

¿Te imaginas? Si es duro quedarte sin trabajo a los treinta años en un país con posibilidades, lo que tiene que haber sido con 48 años en un país que en ese momento se caía a pedazos. Recuerdo que en oración dimos gracias con mi familia por esa situación y declaramos, decretamos en el nombre de Jesús que iba a tener un trabajo mejor y con el doble de salario. ¡Todavía hoy me lamento no haber declarado que iba a ganar cuatro o cinco veces más y no sólo el doble! Porque sucedió exactamente así antes de cumplirse un mes de mi cesantía. Funciona.

El poder de la percepción. Lo que sea que le nombres a una cosa, ese nombre viene a ser su realidad. Repito: el nombre que le pongas a algo, viene a ser la realidad de esa cosa. ¿Sabes por qué? Porque para ciertas culturas, la palabra crisis no existe en sus idiomas. Por ejemplo, China, Japón, Malasia. Y mira esta información. La palabra china que usan para decir crisis, es la misma palabra que usan para decir oportunidad, Así que mientras todos nosotros nos pasamos repitiendo ¡Crisis! ¡Crisis! Esos asiáticos dicen ¡Oportunidad! ¡Oportunidad!

Así que, si por un momento te atreves a imitar a esos asiáticos en su concepto de vida, dile a ese problema que te viene persiguiendo y atormentando: ¡Oportunidad! ¡Oportunidad! Y no se trata de promocionar culturas ni razas ni nacionalidades, se trata de que entiendas que es exactamente como Dios ve a lo que tu estas viendo como crisis. Y la otra: lo que cada cosa signifique y represente para ti, será lo que va a controlar tu respuesta a esa cosa.

Por eso es que, como hemos podido comprobar, los ciudadanos del Reino pueden dormir en medio de una tormenta. ¿O no dormía plácidamente Jesús en una barca, mientras una tremenda crisis climática amenazaba con destruirlos a todos? Por una gran casualidad, ¿No te estará sucediendo algo parecido, hoy, en tu vida? ¡Duerme tranquilo! ¡Deja que los demás se preocupen y se asusten! Tu sólo confía. Mientras Él dormía y confiaba, los discípulos se desesperaban y vociferaban de terror. Parecían latinoamericanos.

¿No estás así en algunas ocasiones, cuando tus cosas no andan bien? ¿No es como si te preguntaras por qué Él sigue durmiendo mientras a ti todo el mundo parecería venírsete encima? Recuerda lo que Jesús les respondió a ellos cuando lo zamarrearon a los fritos muertos de miedo. ¿Por qué me despiertan? Les dijo. ¡Maestro, mira, nos estamos hundiendo! Ese es tu problema, les respondió. Usas demasiado tus ojos naturales.

¡Pero Señor! ¿Es que no ves? ¡Mira las aguas, las olas, el viento, la economía, el desempleo, la vivienda, los trabajos, los gastos! ¿Recuerdas cual fue su respuesta? Sí, les dijo: ¿Dónde está tu fe? ¿Lo puedes oír, todavía, hoy? Has perdido tu trabajo. Eres migrante y debes salirte del país donde fuiste a buscar mejores oportunidades, te has gastado todo el dinero de la indemnización, vas a perder tu casa, tienes las rodillas lastimadas de tanto postrarte para orar. Y ahí sale Dios y te dice: ¿Dónde está tu fe?

Aprende esto: la fe nunca es probada en tiempos buenos. No has nacido para andar recitando las escrituras, ¡Has nacido para vivirlas! Jesús dijo: ¿Dónde está tu fe? La fe, es una palabra griega que significa creer. Una convicción. Él les dijo: ¿Dónde está tu creencia? Dos días anteriores, Él les preguntó: ¿Quién soy yo? Y ellos dijeron: tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. ¿Tú lo crees? Entonces te lo voy a contar, porque lo crees. En una barca. ¡Es que nos vamos a ahogar, Maestro! ¿Ah, sí? ¡Entonces tú no lo crees!

Hace dos días tú mismo me dijiste que yo soy el Mesías, el Hijo del Dios viviente. ¿Y ahora no puedes creer lo mismo? Ustedes son hombres judíos, han leído la Torá, saben lo que dice acerca de mí. Dice que yo iba a morir crucificado sobre un madero. ¡En ningún lugar dice que yo moriría ahogado! Él dijo: nunca he visto al justo desamparado. Mi simiente. La que yo envié. ¿Tú lo crees, ahora? Las promesas de Dios son más poderosas que la crisis. Dile a alguien que tengas cerca: ¡Acuéstate! ¡Duerme tranquilo! ¡No hay tormenta ni crisis que pueda contigo si estás EN Cristo!

Debemos parar de vivir de acuerdo con lo que vemos, y empezar a vivir de acuerdo con lo que sabemos. Él sabía que era el Mesías, así que sabía que ocurriera a su alrededor lo que ocurriera, Él no podía ahogarse. Recuerda. Te protege en medio de la tormenta. El controlar la percepción no es negar la realidad. El controlar la percepción, controla tu respuesta a esta realidad. Jesús no dijo que no había viento o que no había olas. Lo que Él hizo fue demostrarles a esos hombres que nada puede destruir a un ciudadano del Reino.

Una crisis es solamente un cambio en el medio ambiente, pero requiere de ti una respuesta que no habías planificado. Es importante, esto, porque la crisis demanda acción. Una acción que tampoco habías anticipado. ¿Te divorciaste? ¡Eso es una crisis! Jamás planificaste divorciarte, pero ahora te toca vivir y adecuarte a varios cambios. Puedo darte infinidad de ejemplos, pero la base central de cada uno es una sola: no provocaste ni planeaste ninguna crisis, pero te toca responder a ella.

Una crisis, en suma, es una fuente dormida de creatividad dinámica e inmediata. Por eso es que generalmente y por mayoría, nunca puedes crecer cuando todo va bien. No hay nuevos inventos, a menos que antes no sobrevenga una crisis. Por eso cuando crees que estás en crisis porque has perdido algo, no alcanzas a escuchar la voz del Espíritu Santo que te dice que no, que no has perdido nada, que en realidad estás en época de promoción.

Jesús era creativo. Él tenía a cinco mil personas allá, sentadas en el campo. Por tres días. Sin comida, después de tres días. No había ninguna aldea cercana. No había tiendas, mercados, panaderías. No había pueblos de pescadores cercanos, estaban en el desierto. Jesús mira a sus discípulos y les dice la cosa más disparatada que se te pueda ocurrir. Cinco mil hombres, más las mujeres y los niños. ¿Once, doce mil? Y les dice a ellos, en el medio de un desierto sin nada encima y sin donde ir a comprarlo: ¡Denles de comer ustedes!

Ojo; no les dijo NOSOTROS le daremos de comer, sino que dijo USTEDES denle de comer a toda esa gente. Pero este no fu e el milagro. El milagro fue que Él creyó que dentro de ellos estaba la habilidad de solucionar eso. ¡No importa lo que estés pasando! ¡Dales tú de comer a los hambrientos! Piensa. Había una crisis de hambre en ese desierto, creada por Jesús al ir a hablarles allí.  ¿Y que les dijo Él? ¡Arréglenla! ¿Y que hicieron ellos? Exactamente lo que hacemos todos nosotros.

Empezamos a pensar, pensamientos viejos. ¡Una crisis requiere creatividad! Los discípulos de Jesús pensaron en ir a otra aldea a buscar comida, pero sería un trayecto que les llevaría por lo menos tres días entre ir y volver. ¡No se les ocurrió ni por las tapas que podría existir otra forma! Por esa misma razón muchos de ustedes han perdido lo que han perdido. Pero Dios no está angustiado ni amargado. Está sentado en el cielo y te dice: ¡Vamos! ¡Vamos! ¡Hazlo tú! ¡Puedes! En mi nombre, ¡Todo lo puedes! Sólo sal de la tradición y crea algo nuevo.

Somos imagen y semejanza de un Dios Creador, ¿Verdad? ¿Y entonces por qué tradicionalmente nos comportamos, nos formamos y nos resignamos a ser empleados de otros? ¿No somos capaces de crear algo nuevo? Está comprobado y probado. Una crisis, crea creatividad, valga el hermoso juego de palabras. Dios nos prometió la crisis. Es impresionante como la gente religiosa, especialmente la gente carismática, aman rescatar las promesas positivas de Dios.

Bendíceme. Sáname. Libérame. ¡Gracias! Bendíceme. Dios suplirá. El Señor es mi pastor y nada me falta. ¡Yo lo reclamo! Ese es un creyente débil. Lo que Dios te promete es que para todo hay un tiempo, una temporada. Hay una promesa genuina de Dios que te dice que para todo hay un tiempo, un momento. Eclesiastés capítulo 3, versículo 1. Todo tiene su tiempo. Mira lo que le hace decir a Salomón:

Eclesiastés 3: 1-8 = Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado; tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar; tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de endechar, y tiempo de bailar; tiempo de esparcir piedras, y tiempo de juntar piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de abstenerse de abrazar; tiempo de buscar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de desechar;  tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar;  tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz.

¿Alguien me ayuda a definir qué significa esto? Gracias. Significa que todo es temporal. Esta es una de las promesas más importantes de la palabra. Todo tiene un tiempo. ¿Cuántos de ustedes piensan así? ¿Estás bien con el dinero hoy? ¿Si? Es sólo por un tiempo. ¿Estás en bancarrota y no te alcanza ni para comer, hoy? Es sólo por un tiempo. ¡Es promesa! ¿La puedes creer? Déjame que te muestre algo que quizás nunca has visto.

Génesis 8: 22 = Mientras la tierra permanezca, no cesarán la sementera y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, y el día y la noche. Esta es una promesa. Mientras que permanezcas en la tierra, habrán días y noches. Yo sé que algunos de los que me oyen, hoy, están en la noche. ¡Él lo prometió! Pero también prometió que el día se avecina. O sea que cuando te estremezca la noche, no cometas suicidio. ¡Porque todo es sólo por un tiempo!

No puedes de ninguna manera tener una fe solamente de día. Dios quiere que tengas fe de Reino, esa fe que también funciona de noche. Cree en la oscuridad, lo que Él te dijo cuando era de día. Recuerda que Dios no sacó a aquellos tres muchachos del fuego. Él entró al fuego con ellos. ¿Cómo podrías dudar, anden como anden tus cosas hoy, que Él no está contigo también? Lo que importa no es donde tú estés, sino en donde Él esté. Y Él está contigo.

Daniel 2: 20 = Y Daniel habló y dijo: Sea bendito el nombre de Dios de siglos en siglos, porque suyos son el poder y la sabiduría. (21) Él muda los tiempos y las edades; quita reyes, y pone reyes; da la sabiduría a los sabios, y la ciencia a los entendidos.

¿Está claro o se necesita explicación? ¿Quién cambia los tiempos y las temporadas? ¡Él tiene el poder para cambiar los tiempos y las temporadas!  Y además, la sabiduría, para saber cuando hacerlo. El sabe que ahora no vas a crecer, entonces en su sabiduría dice: ¡Voy a cambiar la temporada! Estás a punto de descubrir algo de tu propia persona, que jamás supiste que tenías. Porque la crisis va a hacer que tú pienses en cosas que jamás pensaste que serían posibles.

La presión produce progreso. Así cuando aparezca una crisis, en lugar de lamentarte o quejarte, dale gracias al Señor por esa presión que te obliga a crear y mejorar. La protección más grande en contra del cambio, es esperar que esta va a llegar. Esperar que Dios te va a proteger y va a hacer lo que sea por Él mismo. Por eso es que tantos de ustedes suelen estar tan deprimidos y frustrados con Dios. ¿Por qué? Porque no entiendes que es sólo por una temporada. La mejor manera de protegerte es saber que esto va a cambiar.

La fuente mayor de la desilusión en la vida, es esperar que las cosas nunca cambien. ¿De verdad crees eso? Te doy un ejemplo duro y doloroso, pero real. Te casaste con la mujer más hermosa del planeta o con el hombre más guapo del universo. ¿Crees que toda la vida que te espera estará así como estaba el día que te casaste? ¿Quieres saber como serán los cambios del futuro? Si eres hombre, mira a la madre de tu esposa. Si eres mujer, mira al padre de tu marido. Con eso que ves vas a dormir dentro de algunos años. Cambios.

¿Alguien podría entender o definir tu fe? Es simple: La fe, bíblicamente, es “certeza de lo que se espera y convicción de lo que no se ve” (Heb 11:1), no es optimismo barato. No es cerrar los ojos a la realidad, sino abrirlos a Dios en medio de ella, incluso cuando aprieta. La fe nace de oír la Palabra (Rom 10:17), no de repetir frases como loro espiritual. Abraham creyó y caminó sin GPS, confiando más en la promesa que en el mapa (Gen 12). La fe verdadera obedece: se mueve, se arriesga, y a veces tiembla, pero no se queda en el sillón.

No compra milagros ni manipula a Dios; descansa en su carácter, no en trucos religiosos. Jesús la comparó con un grano de mostaza: pequeña, viva y capaz de mover montañas, no de inflar egos. En la cruz, la fe aprende que confiar no evita el dolor, pero lo llena de sentido y esperanza. Por gracia somos salvos por medio de la fe (Ef 2:8): regalo recibido, no trofeo ganado. En resumen, la fe es tomar a Dios en serio, reírse un poco del propio control, y seguir caminando con Él.

Hay una realidad que no suena espiritual, pero que sí lo es: estar preparados para el cambio, cualquiera que este sea. Juan 16:1-2: Estas cosas os he hablado, para que no tengáis tropiezo. Os expulsarán de las sinagogas; y aun viene la hora cuando cualquiera que os mate, pensará que rinde servicio a Dios. ¡Ey! ¡Jesús está predicándole esto a sus discípulos! ¡Los van a echar de la iglesia! ¡Los van a perseguir! Y si alguien los mata, ¡Los demás van a pensar que hizo algo bueno! Eso les predicaba.

¿Qué crees que diría una iglesia carismática sobre esta predicación? ¡Ay! ¡Qué mensaje tan negativo! Sin embargo, Él les dijo que les decía todas esas cosas para que, cuando pasaran, no se sorprendieran. Espera cambios y contrólalos. Esa es la clave. No resistirlos. Porque nada es tan permanente como el cambio. El cambio es constante, todo cambia. Además, es inevitable. Porque e cambio, en todo caso, es el principio de la vida

Esto sólo es una advertencia. En el Reino de Dios, no existe la crisis. Y tú, eres un ciudadano del Reino de los Cielos. Eso quiere decir que estás en el mundo, pero no eres del mundo. Así que tú no puedes reaccionar o responder de la misma manera que reacciona o responde el mundo. Entiende. Durante una crisis, no podemos responder o reaccionar como lo hace el mundo secular. ¿Por qué? Porque estamos bajo otro gobierno.

Hay dos cosas que ocurren en la crisis: 1.- La gente ya no es tan bondadosa. El mundo pagano, deja de dar. 2.- Se comprometen los valores. Dos cosas que ocurren en la crisis. Dicho con mayor claridad. Cuando llega la crisis, la gente se vuelve corrupta. Empiezan a violar sus propias convicciones, porque quieren sobrevivir, así que dejan de dar. La única evidencia que eres ciudadano del Reino, es por tu forma de responder o reaccionar ante la crisis.

No comprometes ni tampoco dejas de dar. Porque esa, entre otras cosas, es la mejor evidencia que no perteneces al otro reino. Por eso el Señor dijo: Yo Soy Dios, Yo no cambio. Todo cambia, excepto Dios. Si tu fe está en Dios y no en tu trabajo, en tu salario, en tus ahorros o en lo que pueda representar seguridad, entonces estás en el camino correcto. Si es lo contrario, cualquier crisis, por leve que sea, te va a conmover tus cimientos y hasta puede hacerte tambalear.

Comentarios o consultas a tiempodevictoria@yahoo.com.ar

agosto 16, 2026 Néstor Martínez