La Sujeción Mutua

Hemos enseñado en este espacio, en alguna oportunidad, que la única sumisión posible en la iglesia, es la sumisión mutua. Hemos visto, también, que la sumisión mutua es una consecuencia de la sumisión a la autoridad de Cristo. Cuando algún creyente está expresando la autoridad divina en la iglesia, haremos bien en reconocerla y estar sujetos a ella. Rebelarse contra la autoridad divina, es rebelarse contra Cristo, porque no hay autoridad divina sin Jesucristo como su autor. En otras palabras, rechazar las palabras de alguien cuando estas expresan el pensamiento de dios, es rechazar la autoridad divina.

La sujeción que está cimentada en nuestra sumisión a Dios, que es el fundamento para todo en la senda espiritual, siempre está enmarcada en el amor. El amor siempre está abierto para aprender y escuchar lo que los demás tienen que decir. Al mismo tiempo, el amor está dispuesto a amonestar a los que flaquean, sin temor a que esto dañe la relación. El amor rechaza la espiritualidad del tipo “hazlo por ti mismo”, “estrella solitaria” y “trabaja por tu cuenta”, pero valora la interdependencia del Cuerpo. Se da cuenta que al ser miembros los unos de los otros y de que poseemos el mismo linaje, nuestras acciones tienen un profundo efecto sobre los demás. El amor reprueba el cristianismo individualista y privatizado, pero afirma su necesidad de los otros miembros del Cuerpo.

El amor es dulce, amable y agradable; sin embargo, cuando enfrenta los horrores del pecado, es perspicaz, combativa e inflexible. El amor es paciente, respetuoso y gentil, nunca es estridente, degradante o dictatorial. El amor repudia los reclamos de autoridad ostentosos y engreídos, más está marcado profundamente con humildad y mansedumbre. El amor no es fláccido o sentimental, sino vivamente perceptivo y penetrante. Si bien el amor siempre ofrece sus recursos para ayudar a los demás, nunca manipula ni impone su propia voluntad. El amor nunca se fuerza, se demanda o se obliga. Ya que la sujeción mutua siempre se expresa en amor, genera una cultura de seguridad y salvaguarda espiritual.

Mientras que al amor nos impele a aceptar la responsabilidad de ser los “guardas de nuestro hermano”, prohíbe que nos convirtamos en entrometidos impertinentes. En efecto, somos llamados a representar la voluntad del Espíritu Santo los unos a los otros, pero nunca a sustituir Su persona o reemplazar Su obra. En este respecto, la sujeción mutua no es una licencia para investigar los asuntos íntimos de nuestros hermanos para “asegurarse” que están caminando correctamente.

En ninguna parte la Biblia da libertad a los cristianos para examinar a sus hermanos acerca de sus inversiones financieras, cómo hacen el amor con sus esposas u otras áreas de intimidad. Esta clase de investigación innecesaria, que se practica a guisa de “responsabilidad legal” forma parte de las cosas de que están hechas las sectas autoritarias, y que finalmente convertirán a cualquier comunidad de creyentes en una olla de presión de inconformidad. (Por supuesto, si un creyente desea, voluntariamente, confiar a alguien más estos asuntos personales, no hay problema. Pero es una elección y no una obligación.)

(Romanos 14: 1)= Recibid al débil en la fe, pero no para contender sobre opiniones. (¡Cuánta paz habría en las congregaciones si, al menos, un cincuenta por ciento de ellas, respetaran fielmente esta palabra!)

(2) Porque uno cree que se ha de comer de todo; otro que es débil, come legumbres.

(3) El que come, no menosprecie al que no come, y el que no come, no juzgue al que come; porque Dios le ha recibido.

(4) ¿tú quién eres, que juzgas al criado ajeno? Para su propio Señor está en pie, o cae, pero estará firme, porque poderoso es el Señor para hacerle estar firme.

(5) Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente.

(6) El que hace caso del día, lo hace para el Señor; y el que no hace caso del día, para el Señor no lo hace. El que come, para el Señor come, porque da gracias a Dios; y el que no come, para el Señor no come, y da gracias a Dios.

(7) Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí.

(8) Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos o que muramos, del Señor somos.

(9) Porque Cristo para esto murió y resucitó, y volvió a vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que viven.

(10) Pero tú, ¿Por qué juzgas a tu hermano? O tú también, ¿Por qué menosprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo.

(11) Porque escrito está: vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla, y toda lengua confesará a Dios.

(12) De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí.

Esto nos muestra que nunca jamás deberemos perder de vista el hecho de que la Biblia concede un alto valor a la libertad cristiana individual y a la privacidad. Por consiguiente el respeto por estas virtudes debe ser alto entre los creyentes. A menos que exista una buena razón para sospechar que un hermano o hermana están en pecado, es profundamente anticristiano husmear y entrometerse en los asuntos domésticos. Sin embargo, la realidad de nuestros días, nos dice exactamente lo contrario. Por cada congregación en la que, con las reservas y los pormenores del caso, al menos se respeta bastante la vida íntima y privada de sus miembros, hay no menos de cinco que se manejan exactamente a la inversa, y en algunos casos, de un modo que camina por el filo de la cornisa con relación a su similitud con una secta. Conozco por lo menos un caso, de un joven matrimonio que se decidió a abandonar una de estas congregaciones controladoras, sacudidos por las similitudes que hallaron entre su ex congregación y los testimonios relatados en el libro “¿Iglesia o Secta?” Sin comentarios.

(1 Timoteo 5: 13)= Y también aprenden a ser ociosas, andando de casa en casa; y no solamente ociosas, sino también chismosas y entremetidas, hablando lo que no debieran.

Como cristianos, no podemos andar metiéndonos en todo o diciendo cosas que no convienen. Por esta misma razón, si un creyente está luchando con algún “pecado oculto”, el amor demanda que busque y que reciba ayuda de la iglesia.

Es decir que, resumiendo, la sujeción mutua a la autoridad divina no es control, sino ayuda. No es ni oficial, ni legal, ni mecánica; es funcional, es espontánea y es orgánica. Cada vez que la transformamos, aun con las mejores intenciones, en una institución humana, surge amenazador el peligro, no importa el nombre que se le ponga.

(Proverbios 11: 14)= Donde no hay dirección sabia, caerá el pueblo; mas en la multitud de consejeros hay seguridad.

(Proverbios 15: 22)= Los pensamientos son frustrados donde no hay consejo; mas en la multitud de consejeros se afirman.

(Proverbios 24: 6)= Porque con ingenio harás la guerra, y en la multitud de consejeros está la victoria.

Cuando invitamos a que otros entren en nuestra vida, dejamos abierta la puerta para que el Señor nos anime, corrija, motive y proteja. Es por ese motivo que el libro de los Proverbios repetidamente acentúa que en la multitud de consejeros hay seguridad. El amor, entonces, es el peregrinar divino que proporciona protección espiritual (Y que gracias a Dios que no es tan estrecha como los corazones de algunos que están bajo su protección) A fin de cuentas, solamente el amor tiene una “cobertura” de poder.

(Proverbios 10: 12)= El odio despierta rencillas; pero el amor cubrirá todas las faltas.

(Proverbios 17: 9)= El que cubre la falta busca amistad; mas el que la divulga, aparta al amigo.

(1 Pedro 4: 8)= y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados.

Ya que la sujeción mutua es radicalmente diferente de la subordinación unilateral a las estructuras autoritarias, no debe confundirse con el igualitarismo altamente individualista, moralmente relativo y tolerante que distingue al pensamiento post moderno. La sujeción mutua, tenemos que admitirlo y enfrentarlo con madurez, es muy costosa. La verdad pura es que a nuestros egos no les gusta sujetarse a nadie. Como criaturas caídas que somos, queremos hacer mayoritariamente lo que a nuestros propios ojos está bien sin interferencia de los demás. Te pregunto: ¿Qué tiene más mérito a los ojos del mundo, una persona sumisa, obediente y dependiente, o una persona indomable, en permanente rebeldía y con una vida en total y absoluta independencia? Ya tienes la respuesta. Yo no la voy a discutir en el mundo porque el mundo es lo que es desde siempre. Lo único que quiero recordarte es que el reino de Dios, tiene sus propias leyes.

A esto se nos ha enseñado en cualquiera de los lugares en que nos hayamos podido congregar. Y no ha estado mal que se hiciera, porque la Biblia está llena de esas mismas conclusiones. Lo que ha ocurrido, paralelamente, es que a favor de una verdad inexorable, aparecieron los oportunistas, mercaderes y asalariados de la religión que han cometido toda clase de abusos, desde lo espiritual hasta lo material y hasta físico. A esto también hay que decirlo. ¿Qué diciéndolo corremos a la gente de nuestras iglesias? Es preferible a que los metamos en algunas de ellas con engaños, sabiendo nosotros cómo son las cosas. La iglesia jamás podrá juzgar al mundo por su corrupción si tiene corrupción en su propio seno.

(Romanos 3: 10)= Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; (11) no hay quien entienda. No hay quien busque a Dios.

(12) Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.

(13) Sepulcro abierto es su garganta; con su lengua engañan. Veneno de áspides hay debajo de sus labios; (14) su boca está llena de maldición y de amargura.

(15) Sus pies se apresuran para derramar sangre; (16) Quebranto y desventura hay en sus caminos; (17) y no conocieron camino de paz.

(18) No hay temor de Dios delante de sus ojos.

La proclividad a rechazar la autoridad divina está profundamente arraigada en nuestra naturaleza adámica. Por esto, recibir corrección, admonición y censura de otras personas de nuestra misma condición, no sólo es difícil sino también arriesgado. La Escritura en Proverbios 18:19 nos dice que un hermano que se ofende es más difícil de ganar que una ciudad amurallada. De aquí que la dificultad de corregir a los demás, junto con el temor a la confrontación, hace muy penoso para nuestra carne obedecer al Señor en áreas donde debemos expresar Su autoridad. Es mucho más fácil dejar pasar las cosas y orar por nuestros hermanos equivocados que intentar, al menos, confrontarlos amorosamente.

Ya que la sujeción mutua está enmarcada en el amor, tiene sus raíces en la misma naturaleza de la Deidad. Por naturaleza, Dios es Comunidad. Es decir que el Dios único incorpora una Comunidad de tres personas que eternamente comparten sus vidas una con la otra. A esta verdad se la conoce con el histórico nombre de Trinidad. Dentro de lo que es la Deidad, el Padre se derrama en el Hijo, el Hijo se da a sí mismo sin reservas al Espíritu y el Espíritu se ofrece a sí mismo al Padre. Y dentro de esta danza divina de amor y sujeción, no existen jerarquías. Hay solamente sacrificios y sujeción mutuos. Ahora mira estos textos:

(Juan 14: 28)= Habéis oído que yo os he dicho: Voy, y vengo a vosotros. Si me amarais, os habríais regocijado, porque he dicho que voy al padre; porque el Padre es mayor que yo.

(1 Corintios 11: 3)= Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y dios la cabeza de Cristo.

En contra, incluso, de lo que puedan haberte enseñado en relación a estos textos, ninguno de los dos contradice el principio que te mostré, porque salta a la vista, aquí, la sujeción voluntaria del Hijo al Padre como la parte que le corresponde en esta relación de mutua sujeción.

(1 Juan 4: 8)= El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.

El mutuo compartir que ocurre consistentemente en la Trinidad es la piedra angular del amor, y es la razón misma por la que Juan pudo decir que “Dios es amor”. Si Dios no fuera comunidad, no podría haber habido nadie a quien Él amara antes de la Creación, por el hecho de que amar requiere la presencia de dos o más personas. La iglesia, como la comunidad del rey, debe reflejar la relación recíproca de amor que ocurre dentro de la Deidad. Y ya que no hay jerarquía en la Deidad, tampoco la hay en la iglesia, no tiene razón, motivo ni respaldo alguno para que la haya. Existe solamente sujeción mutua gobernada por una preocupación que lleva al auto sacrificio.

El Nuevo Testamento es muy explícito cuando usa el tema de la familia para aplicarlo a la iglesia. Por naturaleza, la iglesia es una extensa familia, una comunidad que cara a cara examina mutuamente sus valores, discute mutuamente sus sentimientos, confiesa mutuamente sus pecados, y conversa mutuamente sobre sus decisiones pendientes. Dentro del entorno familiar de la iglesia, la sujeción mutua y la responsabilidad de rendirnos cuentas crean unidad, construyen el amor y proveen estabilidad, fomentan el crecimiento y dan un significado más rico a la vida cristiana. Por contraste, en las jerarquías, la sujeción y la responsabilidad legal son típicamente punitivas y legalistas. Por estas razones, las jerarquías generalmente producen temor, inseguridad, sospecha, dominación y control.

Conocí a un matrimonio, (Que desde ya, no es el único), que andaba con problemas. El punto era que mientras ella, que no era un dechado de virtudes, al menos tenía algo de madurez y estabilidad, él era un chico tremendamente inestable, inmaduro y, para colmo de todos los colmos, tremendamente machista. Tan machista como el pastor que ambos tenían, ya que sin siquiera preocuparse por saber como eran verdaderamente las cosas, el consejo transformado casi en mandamiento que les dio, fue que, sea como sea, y se tratara de lo que se tratara, ella debía hacer lo que su marido le ordenara, ya que para eso él era la cabeza del hogar y ella, como decía la palabra, debía estar en callada sujeción a él. Sé perfectamente que a una gran cantidad de hermanos, no les estoy contando nada nuevo. Sé que a muchos, también, les podría hasta parecer una herejía que yo dijera otra cosa diferente porque, piensan, la Biblia dice exactamente eso, nadie puede discutirlo. Es verdad, pero ahora te voy a mostrar, mi amado hermano que te guías por el “Pequeño Tiranus Despóticus Ilustrado”, que la Biblia, en realidad, no dice solamente eso.

(Efesios 5: 22)= Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; (23) porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y Él es su Salvador.

(24) Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también lo estén las casadas lo estén a sus maridos en todo.

Está todo muy claro. La razón parecería estar del lado masculino. Porque yo te vengo diciendo que la sujeción es mutua, pero tú lees este verso y tienes derecho a preguntarme: ¿Y adónde dice aquí que la sujeción es mutua? ¡Aquí, hermano, lo que dice, es que la mujer tiene que estar sujeta al marido EN TODO y punto! ¡Y punto, eh? ¿Y qué hacemos con lo que sigue?

(25) Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, (26) para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra; (27) a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha.

(28) Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama.

Después que terminé de leerle este pasaje al matrimonio del cual te contaba, le pregunté a la chica: Hermana, ¿El pastor, por una casualidad, te dijo también que tú no estabas obligada a amar a tu marido, ya que esa era una obligación para el hombre solamente? – ¡No! –me contestó- ¡No me dijo eso en absoluto. Es más, ni siquiera hablamos de eso! – ¿Sabe que pasa, hermano? -terció el muchacho-, nunca podría haberle dicho eso porque la palabra dice que tenemos que amarnos los unos a los otros. ¡Usted debería saberlo a esto! Ah, sí, le contesté. Por supuesto que debería saberlo. Y lo sé. La palabra dice, a quien quiera leerla, exactamente eso, tienes razón hermano. Pero, pregunto: ¿No dice también por allí, que debemos someternos, que es sujetarnos, unos a otros? – Bueno, sí, pero no es lo mismo. – ¿Ah, no? ¿Y quien dijo que no es lo mismo? – Bueno; el pastor me dijo que siempre se habló de la sujeción en esos términos y no puede él venir a modificarlo ahora. – Ah, ¿Y la esposa del pastor, piensa lo mismo? – ¡No!, casi gritó ella. ¡La pastora piensa como usted, pero el que manda en la iglesia es el marido, entiende? Sí, entiendo. Lo que entiendo es que, evidentemente, ya no tenemos un matrimonio con problemas, tenemos dos.

Ya que la iglesia local es un clan familiar, debe seguirse un modelo circular de poder y autoridad en vez de uno vertical. El enfoque del Nuevo Testamento al liderazgo de la iglesia, enfatiza el poder A FAVOR DE y el poder ENTRE, en lugar del poder SOBRE; la concesión de poder a todos en vez de a unos pocos; relaciones en vez de programas; vinculación en lugar de separación; conexión en ve de aislamiento; organismo en vez de organización, participación en vez de la pasividad del espectador; integración en vez de fragmentación; solidaridad en lugar de individualismo; espíritu de servicio en vez de dominación; interdependencia en vez de independencia; y enriquecimiento en lugar de inseguridad.

Nuestra cultura estimula la confianza en uno mismo, la autosuficiencia, el individualismo y la independencia, pero todas estas cosas son incompatibles con la tónica de la iglesia del Nuevo Testamento. Ya que Dios es Comunidad, nosotros como hijos de Dios, fuimos diseñados para vivir en comunidad. Nuestra nueva naturaleza, (Por medio de la regeneración), nos llama a esto. Cuando Dios dice que no es bueno que el hombre esté solo, no está otorgando una franquicia a la promiscuidad sexual ni nada que se le pueda parecer. Aprende que cuando Dios habla de hombre, no habla de género masculino, habla de Varón y Varona, porque Él no hace acepción de personas.

Así que, nosotros los cristianos no somos seres aislados. Como el Dios Trino, somos comunitarios y desarrollamos relaciones con los demás. Mientras que la doctrina moderna de la cobertura oscurece esta visión luminosa, el principio de la sujeción mutua la pone en un marcado relieve. En palabras sencillas, la naturaleza trinitaria de dios es fuente y modelo para toda comunidad humana.

Es dentro de la relación de amor que ocurre en el seno de la Deidad el principio de la sujeción mutua encuentra su verdadero valor. La sujeción mutua, por consiguiente, no es de manera alguna un concepto de origen humano. Ningún ser humano está capacitado carnalmente o a través de su alma, para ejercer sujeción mutua. Mas bien el hombre, por esencia, está formado para controlar, si lo dejan, a todos los demás hombres que pueda. Cuando eso se ve en el mundo ateo, pecador, incrédulo y pagano, se llama Tiranía. Me pregunto cómo deberemos llamarlo cuando sucede en algo que se llame iglesia.

Este tipo de sujeción, entonces, no surge de un concepto humano, sino de la naturaleza comunitaria y recíproca del Dios Eterno. Y es esta misma naturaleza que la iglesia está llamada a llevar. De esta manera, la sujeción mutua nos capacita para contemplar el rostro de Cristo en la misma trama y urdimbre de la vida de la iglesia.

Tomando prestado el lenguaje de cierto escritor, el concepto de autoridad y sumisión presentados en este día, pueden resumirse de esta manera: Otorga más autoridad a la iglesia que la que Roma da, confía más al Espíritu Santo que el Pentecostalismo, tiene más respeto por el individuo que el mismísimo humanismo, hace de los estandartes morales algo más obligatorio que el puritarismo, y está más abierta a cualquier situación dada que la Nueva Moralidad.

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enero 1, 2015 Néstor Martínez