La Bendición del Espíritu de Temor a Jehová

El arte de aborrecer el mal, eso es en grandes rasgos, el epicentro del Espíritu de temor de Dios. Incluye un cierto perfeccionamiento de la santidad, que en alguna medida se basa esencialmente en el temor de Cristo. Es ampliamente reverencia, y no miedo. El miedo viene de otro lado.

(Jeremías 32: 40) = Y haré con ellos pacto eterno, que no me volveré atrás de hacerles bien, y pondré mi temor en el corazón de ellos, para que no se aparten del mí.

Hablar del pacto eterno entre Dios y su pueblo es innecesario, todos lo conocemos. Añadir que Él no piensa volverse atrás de lo que promete, tampoco. Sin embargo, enfatizar en que es Él quien ha puesto la reverencia y el temor santo en nuestros corazones, sí es necesario. Porque nos deja en evidencia la razón y el motivo por el cual se necesita ejercitarlo y ejercerlo.

(Deuteronomio 10: 12) = Ahora, pues, Israel, ¿Qué pide Jehová tu Dios de ti, sino que temas a Jehová tu Dios, que andes en todos sus caminos, y que lo ames, y sirvas a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma; (13) que guardes los mandamientos de Jehová y sus estatutos, que yo te prescribo hoy, para que tengas prosperidad?

Aquí Dios presenta sus requerimientos mediante una serie de verbos muy activos que hacen referencia a varias actitudes. Temas, andes, ames, sirvas, guardes. Los verbos denotan fidelidad a Dios y se explican en la continuidad de este pasaje.

Procedimientos Reverentes

(2 Crónicas 19: 7) = Sea, pues, con vosotros el temor de Jehová; mirad lo que hacéis, porque con Jehová nuestro Dios no hay injusticia, ni acepción de personas, ni admisión de cohecho.

(8) Puso también Josafat en Jerusalén a algunos de los levitas y sacerdotes, y de los padres de familias de Israel, para el juicio de Jehová y para las causas. Y volvieron a Jerusalén.

(9) Y les mandó diciendo: procederéis asimismo con temor de Jehová, con verdad, y con corazón íntegro.

Aquí nos queda más que claro que Dios está muy lejos de algo de lo que la iglesia estructural, nominal, religiosa y babilónica no lo está tanto: injusticia, acepción (O discriminación) de personas y cohecho, que como todos sabemos es equivalente al soborno, a la coima.

Sería bueno empezar a enseñar que con auténtico y genuino temor santo a Dios, esto puede empezar a modificarse. Sería excelente como iglesia ser centros de justicia e igualdad de trato, además de no aceptar una moneda como supuesta ofrenda a cambio de cargos o posiciones.

Esto sólo puede conseguirse mediante el cultivo permanente de la verdad por sobre cualquier mentira conveniente, de esas que algunos sectores supuestamente cristianos siguen denominando como
“piadosas”, y esencialmente con alta integridad de corazón.

Limpieza, Longevidad, Sabiduría

(Salmo 19: 9) = El temor de Jehová es limpio, que permanece para siempre; los juicios de Jehová son verdad, todos justos.

Aquí tienes la mejor prueba de que el temor a Jehová no es ese miedo cervical que experimentamos de vez en cuando. Porque aquí dice que es limpio, mientras que ese miedo de origen satánico es sucio, maloliente y tenebroso.

(Salmo 34: 11) = Venid, hijos, oídme; el temor de Jehová os enseñaré.

(12) ¿Quién es el hombre que desea vida, que desea muchos días para ver el bien?

El temor de Dios no es algo que se trae por dentro ni que se introduce por estridencias externas. El temor de Dios es algo, incluso, que puede enseñarse como parte de una mecánica de conductas que nos llevarán, -según leemos-, entre otras cosas, a vivir muchos días sobre esta tierra.

(Salmo 111: 10) = El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; buen entendimiento tienen todos los que practican sus mandamientos; su loor permanece para siempre.

Leímos que el temor de Dios es algo limpio, transparente, que nos permite juzgar con equidad y clara justicia. También que es un factor preponderante a la hora de tener una larga vida sobre la tierra. Y ahora lo concluimos con lo que para mi gusto, es la esencia pura del temor a Dios: la sabiduría. Sin ella, apenas seremos monigotes llevados por vientos extraños de un lado para el otro.

Los Valores del Temor Santo

(Proverbios 1: 28) = Entonces me llamarán, y no responderé; me buscarán de mañana, y no me hallarán.

(29) Por cuanto aborrecieron la sabiduría, y no escogieron el temor de Jehová.

Recuerda: es posible orar y no tener respuesta y que el responsable no sea Dios. Es posible llamar y no ser escuchado porque has errado el camino de la obediencia, y en lugar de proteger tu vida convenientemente mediante el sabio temor de Dios, eliges el libertinaje de una supuesta independencia.

(Proverbios 2: 4) = Si como a la plata la buscares(A la sabiduría), y la escudriñares como a tesoros, (5) entonces entenderás el temor de Jehová, y hallarás el conocimiento de Dios.

Aquí hay una perla que si la recogemos y cultivamos, podemos enriquecer notablemente en lo espiritual. Dice que debemos escudriñar la sabiduría para llegar a tener un entendimiento claro de lo que significa el temor de Dios. Y que sólo cuando lleguemos a ello, conoceremos de verdad al Santo de Israel.

(Proverbios 8: 13) = El temor de Jehová es aborrecer el mal; la soberbia y la arrogancia, el mal camino, y la boca perversa, aborrezco.

Es indudable que para ser un hijo de Dios genuino, debes sentir como Dios siente y aborrecer lo que Él aborrece. Sólo el temor de Dios te llevará a aborrecer un mal que no siempre aborrece ese pueblo que se llama cristiano a sí mismo. ¿O no hemos visto soberbia y arrogancia en la iglesia, y todo en el nombre de un Dios que, a-aparentemente-, ha ungido cierto ministerio?

(Proverbios 10: 27) = El temor de Jehová aumentará los días; más los años de los impíos serán acortados.

Mucho cuidado con esto, por favor. A ti que sueñas con vivir muchos años y ver crecer a tus hijos primero y a tus nietos más tarde. Que un texto bíblico te diga que el temor de Dios te hace vivir más años, puede pasar como una expresión poética, pero que otro te lo repita, es para ponerse a pensar que algo está queriendo decir Dios al respecto.

(Proverbios 14: 26) = En el temor de Jehová está la fuerte confianza; y esperanza tendrán sus hijos.

(27) El temor de Jehová es manantial de vida para apartarse de los lazos de la muerte.

¿Te gustaría ser uno de esos cristianos fuertes que encaran cualquier situación por peligrosa que sea, simplemente basados y sustentados en su total y absoluta confianza en Dios? Entonces deberás cultivar el temor santo a Su Presencia. Ah, y además también pelearás contra la muerte fuera de los términos que Dios permitirá para cada uno.

Proverbios 15: 33) = El temor de Jehová es enseñanza de sabiduría; y a la honra precede la humildad.

¿Puede esa clase de temor ser una enseñanza que te permita adquirir mayor sabiduría? Si utilizas para analizarlo la lógica griega que el espíritu de Grecia nos ha inculcado, absolutamente no. Pero resulta ser que el evangelio no tiene lógica griega, tiene poder de Dios para manifestación de Su Presencia. Y en ese ámbito, sí que puedes poseerla, tal como lo hizo Salomón.

(Proverbios 16: 6) = Con misericordia y verdad se corrige el pecado, y con el temor de Jehová los hombres se apartan del mal.

Quisiera que hoy, todos esos hermanos que por años han estado luchando con alguna clase de pecado u otro mal similar, lean este texto, escuchan esta exhortación y tengan la presencia de ánimo para ponerlo por obra de inmediato. Sólo con el temor de Dios los hombres pueden apartarse definitivamente del mal. De otro modo o con otras técnicas, ya quedó en evidencia que no funciona.

(Proverbios 19: 23) = El temor de Jehová es para vida, y con él vivirá lleno de reposo el hombre; no será visitado de mal.

Fíjate que no es ni casual ni somero que en cada ocasión que hablamos del temor de Dios, hablamos conjuntamente de vida. Vida física, longeva, larga y activa, pero también vida abundante y plena en eso que aquí se denomina como reposo, pero que en realidad significa aquello que el ser humano más busca durante toda su existencia: paz.

(Proverbios 22: 4) = Riquezas, honra y vida son la remuneración de la humildad y del temor de Jehová.

Ahora examina con cuidado esta palabra. Ya sabes por las anteriores que es sinónimo y resultado del temor de Dios, vida, que no es poca cosa precisamente. Pero fíjate que ahora se le añaden dos ítems que, si bien no son la prioridad absoluta para un cristiano, sí le ayudarán a consolidarse: riquezas y honra.

(Proverbios 23: 17) = No tenga tu corazón envidia de los pecadores, antes persevera en el temor de Jehová todo el tiempo;

Si ponemos una mano en nuestro corazón, como símbolo físico de ser absolutamente sinceros, tendremos que reconocer que en alguna ocasión, si no envidiamos, al menos prestamos atención al progreso o aparente felicidad o prosperidad de pecadores. Bien; aquí tienes tu respuesta: puedes arribar a lo mismo pero por la vía del temor a Dios, y te será mucho más seguro a futuro.

Temores Proféticos

(Isaías 11: 3) = Y le hará entender diligente en el temor de Jehová. No juzgará según la vista de sus ojos, ni argüirá por lo que oigan sus oídos; (4) sino que juzgará con justicia a los pobres, y argüirá con equidad por los mansos de la tierra; y herirá la tierra con la vara de su boca, y con el espíritu de sus labios matará al impío.

El profeta revela a Jesucristo de un modo claro y preciso. Expone su ministerio espiritual, a muchos años de concretarse en lo natural. Y consigna que el Padre le hará entender con diligencia el temor de Jehová, para que con ello en sus manos pueda ejercer y ejercitar todo lo que le ha sido entregado.

(Isaías 33: 6) = Y reinarán en tus tiempos la sabiduría y la ciencia, y abundancia de salvación; el temor de Jehová será su tesoro.

Cuando dice tiempo, aquí, dice et, por lo que habla de un tiempo en particular; una temporada, era, ocasión o algún período de tiempo. También puede significar los tiempos actuales o presentes. En contraste con olam, que denota lo limitado del tiempo.

Et puede ser una temporada, tal como la Pascua, la temporada de las lluvias o de cosecha. Asimismo, podría referirse a una etapa de la vida, “el tiempo de la vejez”, o “el tiempo de la angustia”, o el “tiempo de amores”, o “el tiempo es malo”.

Et se usa doscientas noventa veces. Aquí se habla de la fuerza que Dios dispensará a los creyentes, aún en medio de los tiempos inciertos de la época actual. Es una forma de vincular al temor de Jehová con su cuidado, protección y atención profética.

Temores Modernos

(Romanos 3: 18) = No hay temor de Dios delante de sus ojos.

Pablo está hablando de la sociedad secular. En todo caso, de hecho, de su sociedad contemporánea. ¿Y eso tiene alguna diferencia con la tuya o la mía, hoy? No, en absoluto. Es un mensaje que trasciende los tiempos porque emana de un hombre de naturaleza caída de antes y de ahora.

(2 Corintios 7: 1) = Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.

Esas tales promesas son que Dios morará entre nosotros, nos recibirá, y será nuestro Padre, y deben motivarnos para buscar la santidad tal como debe ser, en el temor de Dios. No hay modo de acceder a ella si no se pasa antes por este estadio espiritual.

(Efesios 5: 21) = Someteos unos a otros en el temor de Dios.

Este simple y escueto texto contiene, sin embargo, la llave maestra que da por tierra las falsas interpretaciones realizadas por ciertos oscurantismos oportunistas, respecto a la sujeción en todos sus órdenes. No existe tal cosa como sujeción de muchos a uno, sino una que se trata de una ida y vuelta, que es en suma la única interpretación posible de someterse unos a otros en el temor de Dios.

Diferentes Enfoques

"El temor de Dios" no es "el temor a Dios" y si "el temor de Dios, es el principio de la sabiduría" deja muy claro que se refiere al poder de hombre de "desear" el conocimiento divino del bien y del mal (pecado primigenio)

En eljudaísmoy elcristianismo, eltemor de Dioses uno de los dones delEspíritu Santo, el cual inspira reverencia de Dios y temor de ofenderlo, y aparta del mal al creyente, moviéndolo al bien. Es el don que nos salva del orgullo sabiendo que lo debemos todo a la misericordia divina. Por el temor de Dios se llega al sublime don de la sabiduría.

El temor puede ser saludable, hay un temor propio y otro impropio. El temor puede hacer que la persona proceda con la debidacautelafrente alpeligroy de este modo evite la calamidad; o puede ser mórbido y acabar con laesperanza, lo que debilita la resistencia emocional y puede llegar al extremo de ocasionar lamuerte.

El temor de Dios es saludable; consiste en un sentimiento de profundareverenciahacia elCreador, y es un temor sano de desagradarle por el aprecio que se tiene a suamor lealybondad, y debido también al reconocimiento de que es elJuezSupremo y elTodopoderoso, Aquel que puede castigar o destruir a los que le desobedecen.

Se describen dos clases detemor de Dios: el temor filial y elservil. El temor de Diosfiliales aquel por el que se detesta el pecado o se aparta de él, no por las penas con que son castigados los pecadores, sino porque aquello es una ofensa a Dios, algo que le desagrada a Él.

Por otra parte,temor serviles el que evita el pecado por la pena que lleva consigo. Es decir, como se ha dicho, "hay tres estados en los que se puede agradar a Dios. O bien hacemos lo que agrada a Dios por temor al castigo y entonces estamos en la condición de esclavos; o bien buscando la ventaja de un salario cumplimos las órdenes recibidas en vista de nuestro propio provecho, asemejándonos así a los mercenarios; o finalmente, hacemos el bien por el bien mismo y estamos así en la condición de hijos".

Por otra parte, elEclesiastésprecisa qué se entiende por temor del Señor. No se trata de un sentimiento que aturde y agobia, que provoca rigidez mental o pequeñez de espíritu, anulando la voluntad. El temor del Señor nace más bien de la mirada clara que lleva a descubrir que sólo el Señor es digno del servicio del hombre; sus palabras, las únicas a las que se puede hacer caso; sus caminos, los únicos que vale la pena seguir; su ley, la única que merece sumisión.

Al mismo tiempo, el Señor es el único ante el cual puede humillarse el hombre. Él es el único Señor verdadero, como – de acuerdo al judaísmo y al cristianismo- lo ha demostrado con su inalterable y continua fidelidad a la confianza que los hombres han puesto en Él. Solamente de Él, y de nadie más, se puede decir que es clemente y misericordioso, perdona el pecado y salva del peligro. Sin embargo, también se dice que el temor del Señor es el único camino por el que el hombre llega a ser libre y a liberarse por completo.

El temor de Dios es una actitud de reverencia y respeto hacia Dios, que pasa progresivamente por las siguientes etapas:Una conciencia de que Dios es el dueño de nuestras almas, y tiene el poder de otorgarnos la salvación eterna o condenarnos a la destrucción. Aunque la motivación que genera este temor es completamente egoísta, es preferible a no tener ningún temor de Dios.

Una conciencia de que Dios está permanentemente mirando todo lo que pensamos, decimos y hacemos, y que Él tiene el poder para premiarnos o castigarnos de acuerdo a nuestra conducta; lo cual nos debería motivar a ser cuidadosos y apartarnos del mal.

Un deseo consciente y permanente de agradar a Dios en todo lo que hacemos y no ofender Su santidad.Un reconocimiento humilde de que Él es Dios y nosotros somos Sus criaturas, y por lo tanto, Él es digno de ser temido y reverenciado.

Desde la Poesía

Juan de los Ríos lo expresó así: ¡Venid, hijos, escuchadme; os enseñaré el temor del Santo de Israel! El temor del Dios de Israel es limpio, y permanece para siempre. Él es el principio de la sabiduría. ¿Dónde se encuentra la sabiduría del Altísimo?

En Cristo, en el Hijo del Santo de Israel están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento. Si rehusamos el llamado del Espíritu de Sabiduría, y no hacemos caso cuando él nos extienda su mano, si desatendemos su consejo, y no deseamos su reprensión; entonces él se burlará
cuando nos venga como tormenta lo que tememos, y se reirá cuando nuestra calamidad sobrevenga como torbellino, cuando venga sobre nosotros tribulación y angustia, porque odiamos el Espíritu de conocimiento, y no escogimos el Espíritu de temor de Dios.

Si recibes las palabras del Espíritu de sabiduría, y atesoras sus mandamientos en lo profundo de tu corazón, si a él das tu oído, e inclinas tu corazón al entendimiento, si lo buscas como buscas la prosperidad, y lo procuras como a tesoros escondidos, si clamas al Espíritu de inteligencia, y alzas tu voz al entendimiento, entonces entenderás el temor del Santo de Israel, y descubrirás el Espíritu de conocimiento, porque el Dios de Israel da el Espíritu de sabiduría, de su boca vienen el Espíritu de conocimiento y el Espíritu de inteligencia.

El temor del Santo de Israel es aborrecer el mal. El Espíritu de temor de Dios aborrece la arrogancia, la boca perversa y el mal camino. El corazón que teme a Dios no se aparta de Él. El temor del Señor multiplica los días. En él hay confianza segura.

Él es fuente de vida, para evadir los lazos de la muerte. Él es instrucción de sabiduría. Con el Espíritu de temor de Dios el hombre se aparta del mal. Me deleitaré en el temor del Santo de Israel. Mejor es lo poco en el temor del Señor, que gran riqueza, y tormento con ella.

El temor del Señor conduce a la vida, para dormir en paz sin ser tocado por el mal. La recompensa de la humildad y del temor del Señor son la riqueza, el honor y la vida. Viviré siempre en el temor del Santo de Israel.  No envidiaré a los pecadores. Me deleitaré en el temor de Dios. El temor del Dios de Israel es mi tesoro.

El Temor en Tu Vida

La naturaleza humana está incapacitada para odiar al mal. El Espíritu Santo nos capacita para odiar el mal a través del Espíritu del temor de Dios. El temor de Dios es una de las características del Espíritu Santo.

Odiar el mal es aborrecer el pecado. Aborrecer el mal es morir al pecado. Temer a Dios es morir al pecado. El creyente no persevera en el pecado. El que persevera en el pecado no teme a Dios. El temor de Dios no vive en los que viven para el pecado.

El cristiano ha muerto al pecado, porque teme a Dios. Todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte. Porque somos sepultados juntamente con Cristo para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva, en el temor de Dios. Y no estoy hablando de un mero acto simbólico en una piscina de un templo, estoy hablando de bautismos interiores.

Nuestro viejo hombre, el hombre sin el temor de Dios, fue crucificado juntamente con Cristo, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado, a fin de que aborrezcamos al mal.

Los creyentes en Cristo aborrecemos al mal, nos consideramos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.En nuestro cuerpo mortal debe reinar el temor de Dios y no el pecado. No obedecemos al pecado en sus concupiscencia, porque tememos a Dios. El temor de Dios nos capacita para desobedecer al pecado.

Porque el temor de Dios mora en nosotros, no presentamos nuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad. Nos presentamos a Dios como vivo de entre los muertos. Presentamos nuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia.El temor de Dios reina en nosotros, porque estamos bajo la gracia, y no bajo la ley.

No hay ninguna condenación para los que están en Cristo Jesús; pues en ellos reina el temor de Dios. Ellos no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Temer a Dios es vivir conforme al Espíritu. Los que son de la carne no temen a Dios.

Ocuparse de la carne trae como consecuencia la muerte. Aborrecer al mal trae vida y paz. Los que no temen a Dios no pueden agradar a Dios; pues ellos viven según la carne. Si el Espíritu de Dios mora en nosotros, tenemos el temor de Dios. El que no tenga el temor de Dios en su corazón no es de Cristo; porque el Espíritu de Dios nos capacita para temer a Dios. Todos los que son guiados por el temor de Dios, son hijos de Dios.

Andemos en el Espíritu, andemos en el temor de Dios, y no satisfagamos los deseos de la carne. Odiemos el mal.Manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas.Más el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.

El temor de Dios reina en los que son de Cristo, pues ellos han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.Si el temor de Dios reina en nosotros, vivimos por el Espíritu, y andamos también por el Espíritu (Romanos 6-8; Gálatas 5).

La Opinión Superior

La Biblia tiene mucho que decir acerca del temor. De hecho menciona dos tipos específicos de temor. El primer tipo es beneficioso y debe ser fomentado. El segundo tipo es un detrimento y no sólo debe ser disuadido sino conquistado. El primer tipo de temor es el temor del Señor.

Este tipo de temor no es necesariamente miedo que signifique estar temeroso de algo. Más bien es una impresionante reverencia por Dios; una reverencia por Su poder y gloria. Sin embargo, también es un apropiado respeto por Su ira y enojo. En otras palabras, es un reconocimiento de todo lo que es Dios, lo cual viene a través de conocerlo a Él y todos Sus atributos

Por todo esto, se puede ver que el temor del Señor debe ser fomentado. Sin embargo, el segundo tipo de temor mencionado en la Biblia no es beneficioso y debe ser no sólo disuadido, sino derrotado. Este es el “espíritu de cobardía” mencionado en 2 Timoteo 1:7 donde dice, Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder de amor y de dominio propio. Así que podemos ver desde el principio que este “espíritu de temor” no viene de Dios.

Sin embargo, algunas veces estamos temerosos; algunas veces este “espíritu de temor” nos vence, y para vencer este temor necesitamos confiar en y amar a Dios totalmente. Primera de Juan 4:18 nos dice, En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor.

Sin embargo, nadie es perfecto, y Dios lo sabe. Así que Él ha esparcido generosamente ánimo contra el temor a través de la Biblia. Comenzando desde el libro del Génesis y continuando a través de toda la Biblia hasta el libro de Apocalipsis, Dios nos dice “No temas.”

Por ejemplo, Isaías 41:10 nos anima No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.Y de nuevo en Daniel 10:12, el ángel del Señor anima a Daniel: Entonces me dijo: Daniel, no temas; porque desde el primer día que dispusiste tu corazón a entender y a humillarte en la presencia de tu Dios, fueron oídas tus palabras; y a causa de tus palabras yo he venido.

Y en el Nuevo Testamento, Jesús dice, Así que no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos. (Mateo 10:31). Tan solo estos pocos versos, cubren muchos diferentes tipos de temor. Dios nos dice que no temamos estar solos, o estar demasiado débiles, o no ser escuchados, y no temer por nuestras necesidades físicas. Y estas exhortaciones continúan a través de la Biblia, cubriendo muchos diferentes aspectos del “espíritu de temor.”

Sin embargo, estos “no temas” dependen de nuestra habilidad para poner nuestra confianza y fe en el Señor. En el Salmo 56:11, el salmista escribe, En Dios he confiado; no temeré; ¿Qué puede hacerme el hombre? Este es un asombroso testimonio del poder de confiar en Dios. Lo que el salmista está diciendo es que, a pesar de lo que suceda, él confiará en Dios. Entonces, la total y completa confianza en Dios, es la clave para vencer el temor.

Confiar en Dios es rehusarse a ceder ante el temor. Es acudir a Dios aún en los tiempos más oscuros y confiar en que Él arregle las cosas. Esta confianza procede de conocer a Dios y saber que Él es un Dios bueno, quien sólo quiere dar a Sus hijos cosas buenas. Es como dijo Job, cuando estaba experimentando unas de las pruebas más difíciles registradas en la Biblia, He aquí, aunque él me matare, en él esperaré. (Job 13:15)

Una vez que hayamos aprendido a poner nuestra confianza en Dios, ya no tendremos temor de las cosas que vengan contra nosotros. Seremos como el salmista. …alégrense todos los que en Ti confían. Den voces de júbilo para siempre, porque Tú los defiendes. En Ti se regocijen los que aman Tu nombre.

Conceptos de Relevancia

La Biblia nos exhorta, a través de muchas escrituras tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento, a andar en el temor de Dios. Sin embargo, la enseñanza sobre el temor de Dios es una de las que menos se predica en nuestras iglesias hoy en día.

El concepto del “Temor de Dios” puede sonar contradictorio con la idea de un Dios amoroso y misericordioso. Sin embargo, veremos que el temor de Dios es esencial para tener un concepto apropiado de Dios, para vivir de una manera digna del Señor y para disfrutar plenamente de la libertad y la vida abundante que Cristo nos ofrece.

Después de haberlos liberado de la esclavitud en Egipto, Dios se reveló al pueblo de Israel de una manera majestuosa, porque quería crear en ellos una impresión permanente, una sensación imborrable de Su majestad y poder. Dios quería enseñarle a Su pueblo a temerle, a servirle y obedecerle con temor y reverencia, y apartarse del pecado.

Los israelitas entendieron lo que era el temor de Dios. No mostraron presunción ni orgullo. Ellos entendieron que Dios es digno de ser temido y obedecido, y que aún sus propias vidas dependían de la misericordia de Dios. Dios no es egoísta ni cruel. Aquí se demuestra lo que está en el corazón de Dios: El desea que le temamos y le reverenciemos para nuestro propio bien.

Es importante que tengamos un concepto apropiado y equilibrado de Dios. Dios es amoroso y bueno, pero también es un Dios santo, que odia el pecado. Dios nos ama tanto, que nos cela como un esposo a su esposa.

El no desea que le seamos infieles. Es importante para nosotros saber que Dios tiene todo poder para bendecirnos, pero también tiene el poder para juzgar y castigar al que hace lo malo. Un concepto equivocado de Dios, es peligroso.

El temor de Dios es una actitud de reverencia y respeto hacia Dios, que pasa progresivamente por las siguientes etapas: Una conciencia de que Dios es el dueño de nuestras almas, y tiene el poder de otorgarnos la salvación eterna o condenarnos eternamente en el infierno. Aunque la motivación que genera este temor es completamente egoísta, es preferible a no tener ningún temor de Dios.

Una conciencia de que Dios está permanentemente mirando todo lo que pensamos, decimos y hacemos, y que Él tiene el poder para premiarnos o castigarnos de acuerdo a nuestra conducta; lo cual nos debería motivar a ser cuidadosos y apartarnos del mal.

Un deseo consciente y permanente de agradar a Dios en todo lo que hacemos y no ofender Su santidad. Un reconocimiento humilde de que Él es Dios y nosotros somos Sus criaturas, y por lo tanto, Él es digno de ser temido y reverenciado.

Cuando Dios se manifestó al pueblo de Israel, les dio leyes para que pudieran expresar el temor de Dios en su conducta diaria.  La expresión “Yo Jehová” implicaba “Yo soy su Dios y a mi deben temer”. El temor de Dios es aborrecer el mal.

Dios no desea que simplemente seamos indiferentes ante el mal, y mucho menos que guardemos en nuestro corazón una atracción íntima hacia el pecado. Lo que Dios desea es producir en nuestros corazones un aborrecimiento profundo hacia el pecado y un amor por hacer lo bueno.

Por ejemplo: de nada vale que tú. te cohíbas de ver material pornográfico, si en tu interior todavía estás anhelando verlo y lamentándote porque no “puedes” verlo porque eres “cristiano”. ¡Lo mismo se puede aplicar a cualquier otro pecado que puedas imaginar!

El temor de Dios es sabiduría. La sabiduría nos llevará a ser precavidos y evitar meternos en situaciones que puedan inducirnos a pecar. No debemos tentar al Señor, ni sobre-estimarnos y abusar de Su gracia. 

Por ejemplo: si tú. tienes un problema con la bebida, lo más sabio será que no frecuentes lugares donde seas tentado a ingerir licor. Si tú eres un hombre, y tienes debilidad en el área de la codicia, no sería sabio que procuraras estar sólo en compañía femenina. El temor de Dios trae confianza y seguridad a los que andan en integridad. ¡El temor de Dios es fuente de vida porque trae verdadera libertad!

Aquellos que son carnales creen que la libertad consiste en poder dar “rienda suelta a la carne” y hacer lo que nos venga en gana. Pero el cristiano que es espiritual entiende que la verdadera libertad consiste en ser libres del pecado para poder hacer lo bueno.

¡No se necesita ser libre para hacer lo malo, ya el pecado es parte de nuestra naturaleza caída! Para esto fue que Cristo murió por nosotros, para liberarnos de la esclavitud del pecado y que pudiéramos vivir haciendo lo bueno agradando a Dios.

Hay cristianos que asocian “santidad” con “legalismo”. ¡Eso es trágico! Hay cristianos que piensan que ser libres significa “acercarse al mundo lo más posible sin pecar”. Tú los reconoces porque los oyes elaborando unos argumentos muy bien razonados para justificar su conducta carnal.

Puede ser que esas personas no vayan al infierno, pero lo triste es que sus conciencias se endurecen cada vez más al Espíritu Santo, y sus vidas son espiritualmente superficiales, sin poder, y permanecen derrotados y atados al pecado. Se pierden de lo mejor de Dios porque todavía aman su pecado. ¡Y después se sorprenden cuando les viene toda clase de problemas y tribulaciones!

Ya hay demasiados esclavos de la maldad en el mundo, como para que tú seas uno más. No se requiere de valor para hacer lo malo y obtener los aplausos y la aprobación del mundo. En cambio, sí se necesita coraje y valentía para atreverse a ser santo y vivir en contra de la corriente del mundo, pero ten por seguro que obtendrás la aprobación de Dios.

La Biblia nos enseña, en Santiago 4:6, “Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes”.Ahora bien: debemos entender que en el corazón de Dios no existe el deseo de rechazar a nadie, sino que la persona que no teme a Dios voluntariamente se excluye a sí misma de recibir el favor de Dios, y cosecha las consecuencias de su propio pecado.

Por ejemplo: Una persona que persista en la homosexualidad y la promiscuidad, no es extraño que contraiga el SIDA. Una persona que persista en el vicio del cigarrillo, no es extraño que contraiga un cáncer pulmonar. ¡Lo triste es que esas personas después culpen a Dios de su desgracia!

Algunos piensan que es en vano temer a Dios, ya que los impíos prosperan y los justos padecen. Sin embargo, no debemos olvidar que Dios es el Juez final, y que nuestro temor a Dios tendrá algún día su recompensa, en esta vida o en la venidera.

Algunos creen erróneamente que el Dios del Antiguo Testamento es un Dios de ira, al que se debía temer; y que el Dios del Nuevo Testamento es un Dios de sólo compasión, al que no hay que temer. Contrario a lo que algunos podrían pensar, Jesús no invalidó la enseñanza sobre el temor de Dios. Al contrario, la profundizó y la asoció al hecho de confesar o negar Su Nombre. 

La experiencia de Ananías y Safira sirvió para fundamentar a la iglesia en el temor de Dios y en la obligación de vivir en santidad delante de Dios. ¿Cómo supo Pedro que Ananías y Safira habían mentido? Gracias al don de la Palabra de ciencia.

En ocasiones, Dios usa los dones de discernimiento y de revelación profética para que los pecados ocultos de la congregación salgan a la luz. Dios hace esto para preservar la santidad de la iglesia, y para que haya en los miembros de la congregación una conciencia de la presencia soberana de Dios en la iglesia. En otras palabras, para que haya temor de Dios en la iglesia.

A menudo escuchamos sobre muchas estrategias para lograr el crecimiento de la iglesia. Sin embargo, en esta escritura podemos ver que los “métodos” de Dios para que la iglesia crezca son diferentes a los métodos humanos. El temor de Dios es un ingrediente fundamental para el crecimiento de la iglesia.

El temor de Dios debe inspirar al creyente a perfeccionar la santidad. En otras palabras, el temor de Dios nos hace conscientes de nuestra propia pecaminosidad, y de la necesidad que tenemos de que haya cambios progresivos en nuestro corazón y nuestra conducta, para agradar a Dios en nuestra forma de vivir. Un cristiano que no siente la necesidad de crecer en santidad es un cristiano estancado, que se ha vuelto complaciente con el pecado. En otras palabras, no está andando en temor de Dios.

Para un cristiano espiritual, “ocuparse de la salvación con temor y temblor” no significa vivir en temor de perder la salvación. Los cristianos podemos tener seguridad de que Cristo llevó en Su cuerpo el castigo por todos nuestros pecados, que hemos sido lavados por Su sangre, y que nuestros nombres están escritos en el Libro de la Vida.

Sin embargo, no debemos asumir la salvación ligeramente. Si alguno piensa que la salvación y la gracia de Dios son una garantía y una licencia para pecar y andar descuidadamente, si alguno toma el pecado con ligereza y abusa de la misericordia de Dios, lo más probable es que no haya comprendido en qué magnitud sus pecados ofenden a Dios, ni ha entendido lo que significa la salvación.  El temor de Dios es el fundamento que inspira la vida en santidad y consagración a Dios.

La santidad no es un llamado a unos pocos, sino un mandato de Dios a todos los creyentes. Cristo mismo, mientras vivió en la tierra, anduvo en temor de Dios y nos dio ejemplo de andar en temor y reverencia. Si El mismo tuvo que hacerlo así, nada debería hacernos pensar que nosotros podemos ser diferentes.

¿Alguna vez has pensado que Dios no escucha tus oraciones? Dios oye a los que les temen. No podemos acercarnos a Dios en actitud de arrogancia o auto-suficiencia. Cuando tú entiendas que no tienes derecho a exigirle nada a Dios, entonces tú habrás comprendido lo que significa que es por Su gracia que El responde nuestras oraciones. Dios tiene todo el derecho de demandar humildad y reverencia para poder escuchar nuestras oraciones.

Hoy en día, el mundo difícilmente considera un halago el ser conocido como alguien “temeroso de Dios”. Piense: ¿cómo te gustaría que te describieran tus conocidos? Cornelio fue reconocido como alguien temeroso de Dios y de buen testimonio. Ser conocidos como alguien “temeroso de Dios” es un elogio que todos deberíamos desear.

Comencé este mensaje relatando la forma en que Dios se manifestó al pueblo judío, en medio de una espesa oscuridad, nubes y relámpagos, y una montaña que se estremecía. Ellos experimentaron estas cosas en lo natural, pero nosotros hemos sido llamados a algo superior en lo espiritual.

Hemos recibido la revelación del Mesías de Dios, sido hechos partícipes de un mejor pacto, somos herederos de la salvación, hechos nuevas criaturas en Cristo, y el Espíritu Santo habita en nosotros.  Por todo esto, debemos servir a Dios con temor y reverencia, absteniéndonos de toca clase de mal, cuidándonos de no entretener el pecado ni abusar de la gracia de Dios.

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enero 1, 2015 Néstor Martínez