Dentro de lo que es el estudio sistemático de interpretación bíblica, asunto al que no termino de adherir por las razones que ya he explicado sobradamente en otros trabajos donde me referí al dios pagano Hermes, del cual toma nombre esa materia, existe una que sí comparto: la de tomar las palabras en su contexto y nunca fuera de éste.
¿Qué significa tomar palabras dentro del contexto en la Biblia? Significa que debemos leer un relato global y no una serie sumatoria de versículos. La Biblia no fue escrita en versículos, a éstos los añadieron después siguiendo una teoría técnica griega, no cristiana.
Un contexto tiene que ver con todo lo que viene diciendo con anterioridad a lo que nos interesa, y todo lo que se diga al respecto posteriormente. La suma de todo es la base de lo que interpretaremos. Un caso que viene muy bien tocar en este trabajo, es el famoso rudimento evangélico de atar demonios.
¿Cuál es el texto que ha dado origen a esta práctica que muy bien conocen aquellos que militan en ministerios dedicados a la liberación? El que encontramos en Mateo 18:18, donde dice: De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo.
Es notorio y muy evidente que este versículo ha sido aislado para crear la doctrina de atar demonios, algo que cualquiera de nosotros seguramente ha visto u oído en más de una ocasión en sus respectivas iglesias. De allí que será bueno repasar el contexto inmediato.
(Mateo 18: 19) = Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos.
(20) Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.
Yo, personalmente, no sé tú, he escuchado más de una vez a personas que citan erróneamente este versículo con tristeza, cuando nadie llegó a una reunión convocada por la iglesia, convencidas de que Jesús no está ahí porque no hay dos o tres reunidos en su nombre. No serviría de nada que yo te diga ahora que eso no es correcto. Lo mejor es que permitamos a la misma escritura esclarecernos el punto.
(Mateo 18: 1) = En aquel tiempo los discípulos vinieron a Jesús, diciendo: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?
(2) Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos, (3) y dijo: De cierto os digo que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.
(4) Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es mayor en el reino de los cielos.
(5) Y cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como este, a mí me recibe
Examina con cuidado y sin necesidad de profundizar demasiado porque queda bastante claro y a la vista. Los versículos que van del 1 al 5, se refieren estrictamente a la actitud humilde de un niño. Conocí un grupo que implementaba un colorido ritual con simbólicos biberones que las personas simulaban beber como proclamación de “ser como niños”. Sin palabras.
(Verso 8) =Por tanto, si tu mano o tu pie te es ocasión de caer, córtalo y échalo de ti; mejor te es entrar en la vida cojo o manco, que teniendo dos manos o dos pies ser echado en el fuego eterno.
(9) Y si tu ojo te es ocasión de caer, sácalo y échalo de ti; mejor te es entrar con un solo ojo en la vida, que teniendo dos ojos ser echado en el infierno de fuego.
Aquí el mensaje central se muestra entre los versículos 6 al 9: hablan de no estorbar con el pecado a esos niños o a quienes son como ellos, y de lo doloroso que puede resultar desarraigar el pecado. Un niño puede pecar por ignorancia, pero un adulto no es ignorante y es responsable de sus actos.
(10)Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos.
(11) Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido.
(12) ¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y se descarría una de ellas, ¿no deja las noventa y nueve y va por los montes a buscar la que se había descarriado?
(13) Y si acontece que la encuentra, de cierto os digo que se regocija más por aquélla, que por las noventa y nueve que no se descarriaron.
(14) Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños.
Nota que los versículos que van del 10 al 14, hablan de que, cuando alguien es estorbado, es como una oveja perdida. En particular el versículo 14 debe entenderse así: “que se pierda”: del griego apólumi, que no es perder la salvación, sino perder la paz y la comunión con Dios.
Que quede claro que hasta aquí estamos hablando de tropiezos entre nosotros. De ninguna manera esto tiene que ver con el mundo incrédulo. Es más: la Biblia no fue escrita para el mundo, fue escrita para la iglesia. El mundo la lee con su intelecto y no entiende, el hijo de Dios la lee bajo guía y revelación del Espíritu Santo y sí la entiende.
(15) Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano.
Este es el primer paso para arreglar los conflictos entre hermanos (esto también estaba en la ley, en Lev 19.17). Tendrás que razonar con él. Me pregunto si en nuestras congregaciones se hace esto, hoy. ¿O tal vez es más cómodo y menos riesgoso actuar a escondidas y por detrás?
“Has ganado a tu hermano” no significa ganarlo para Cristo, pues en tal caso no le llamaría hermano: se refiere a ganarlo en cuanto a restaurarlo a la comunión con Dios y con la iglesia. ¿Notable, verdad? Donde he estado sentado oyendo a alguien predicar sobre este texto, siempre me lo entregaron como parte del evangelismo. Error.
(16) Más si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra.
Versículo 16: esto también está en la ley (Deut.19.15). Lo que se procura, en primera instancia, es romper con la necedad, mientras que como segunda faceta está la de propender a un grado de justicia superior a la humana.
(17) Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano.
Vamos a poner algo en claro, blanco sobre negro. A los gentiles no se les recibía en el templo. Entonces, ¿Cómo hemos de proceder respecto a alguien que no se quiere reconciliar? ¡De la misma forma! Nuestro error, muchas veces, es tratar a incrédulos e impíos que concurren a la iglesia con la misma vara que a un hermano creyente sincero y fiel. Observemos cómo hasta aquí no se ha mencionado al diablo ni a los demonios.
(18) De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo.
Aquí, conforme al contexto que venimos observando, es indudable que se refiere a ejercer disciplina. Ten en cuenta que atar, viene del griego sujetar, apresar, ligar. Encadenar. Mientras tanto, desatar es aflojar las cadenas. Cuando la iglesia (Como asamblea global y no como institución humana) aplica disciplina, mantiene sujeto al infractor.
(19) Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos.
Es indudable que por más que deseemos incorporarlo a otra cuestión, esto se refiere a la decisión de los líderes o ancianos sobre la disciplina a aplicar. El acuerdo al que se refiere esta enseñanza es el relacionado con qué disciplina se impondrá al infractor que ha desechado la exhortación.
(20) Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.
Obviamente, esto no se refiere a las reuniones en tu congregación, no dice que si no han llegado dos o tres hermanos entonces Jesús no está allí. Aquí la Biblia se refiere a la reunión donde se decide la disciplina, en la cual participan los líderes y ancianos de la congregación y los testigos.
¿Y entonces qué tiene que ver todo esto con esa famosa doctrina de atar demonios? Veamos: la doctrina de atar demonios sobrevino muy recientemente, hace unos 20 años cuando mucho. No hay una enseñanza al respecto en toda la historia previa de la iglesia. Una revisión profunda como la que hemos hecho sobre estos versículos la echa por tierra.
Los siguientes versículos que vamos a examinar en Mateo 18 tampoco hablan de atar demonios, sino de perdonar y soltar del castigo. Nadie sabe explicar el porqué de la creación de esa supuesta doctrina, pero lo cierto es que la confusión reinó y eso se adoptó como bíblico, sin dudarlo.
(Mateo 18: 30) = Más él no quiso, sino fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase la deuda. (Nos queda claro: no quiso perdonarle la deuda, no quiso soltarle la deuda.)
La pregunta que nos va surgiendo en esta altura del estudio, es: ¿Dónde está el diablo en todo este capítulo? Mateo 18 habla del perdón, de lo que se hace con alguien que no se arrepiente -y con el que sí lo hace-. La disciplina en la iglesia la aplica el liderazgo en conjunto con la gente, pero la gran mayoría de los problemas se arreglan cuando un hermano exhorta al otro, sin necesidad siquiera de testigos.
Independientemente de lo que alguien pueda asegurar en lo personal respecto a una revelación del Espíritu Santo a probar por el sistema del hecho cumplido que nos ordena la Biblia, debo consignar que toda aplicación al capítulo 18 de Mateo que no tenga que ver con la disciplina y con el perdón es errónea.
Porque Jesús está diciendo “No quiero que se hagan tropezar unos a otros: si eso ocurre deben arreglarlo exhortándole, si el reprendido no rectifica disciplínenle (átenle a la disciplina de la iglesia), si reconsidera y enmienda perdónenle. Cuando se arrepienta, desátenle“. Y no es el único. Mateo 16:13-20 / Otro texto mal interpretado, Mira como dice:
(Mateo 16: 13) = Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?
(14) Ellos dijeron: unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas.
(15) Él les dijo: y vosotros, ¿Quién decís que soy yo?
(16) Respondiendo Simón Pedro, dijo: tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.
(17) Entonces le respondió Jesús: bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.
(18) Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.
(19) Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.
(20) Entonces mandó a sus discípulos que a nadie dijesen que él era Jesús el Cristo.
Este pasaje, hasta donde yo mismo he podido comprobarlo, también se ha sacado de contexto para sostener esa curiosa e inexistente doctrina de atar demonios. Pero resulta ser, y esto también está delante de tus ojos, que este pasaje tampoco habla absolutamente nada sobre el diablo.
Las llaves son un símbolo de autoridad, más concretamente de la autoridad de la Palabra de Dios, en este caso para abrir y tener acceso al reino de los cielos. Se nos da autoridad para usarlas: Pedro fue el primero en hacerlo al predicar a judíos y a los gentiles, con lo cual les desató, haciéndoles libres del pecado.
Cuando predicamos y las personas aceptan a Jesús en sus vidas, los estamos desatando. Pero cuando no aceptan la Palabra, quedan atados: a eso se refiere la Biblia con “atar y desatar“ Si los cristianos de la actualidad comprendiéramos mejor el tema de la disciplina en la iglesia, caeríamos menos en el error de malinterpretar estos pasajes bíblicos. Un caso de disciplina: Primera de Corintios 5. +++++
(1 Corintios 5: 1) = De cierto se oye que hay entre vosotros fornicación, y tal fornicación cual ni aun se nombra entre los gentiles; tanto que alguno tiene la mujer de su padre.
(2) Y vosotros estáis envanecidos. ¿No debierais más bien haberos lamentado, para que fuese quitado de en medio de vosotros el que cometió tal acción?
(3) Ciertamente yo, como ausente en cuerpo, pero presente en espíritu, ya como presente he juzgado al que tal cosa ha hecho.
(4) En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, reunidos vosotros y mi espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesucristo, (5) el tal sea entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús.
Veamos algunas cuestiones muy exactas y puntuales. En el versículo 2, Pablo dice que el pecador sea quitado. En el siguiente, que ya ha juzgado, es decir, ha tomado la determinación de quitar al pecado En el verso 5, ser entregado a Satanás significa dejarlo en sus dominios, atado, subyugado.
Esto nos deja en evidencia que los ancianos, supervisores o líderes son responsables de ejercer tal disciplina para que el pecador se arrepienta. Sobre el ejercicio de la autoridad y la aplicación de la disciplina estudia si quieres 2 Corintios 12:20-21, 13:1-2.
(2 Timoteo 2: 16) = Más evita profanas y vanas palabrerías, porque conducirán más y más a la impiedad.
(17) Y su palabra carcomerá como gangrena; de los cuales son Himeneo y Fileto, (18) que se desviaron de la verdad, diciendo que la resurrección ya se efectuó, y trastornan la fe de algunos.
(19) Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: conoce el Señor a los que son suyos; y: apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo.
(20) Pero en una casa grande, no solamente hay utensilios de oro y de plata, sino también de madera y de barro; y unos son para usos honrosos, y otros para usos viles.
(Timoteo 1: 18) = Este mandamiento, hijo Timoteo, te encargo, para que conforme a las profecías que se hicieron antes en cuanto a ti, milites por ellas la buena milicia, (19) manteniendo la fe y buena conciencia, desechando la cual naufragaron en cuanto a la fe algunos, (20) de los cuales son Himeneo y Alejandro, a quienes entregué a Satanás para que aprendan a no blasfemar.
Quiero que entiendas bien esto sin que te choque lo que has leído o te parezca demasiado severo. Himeneo y Fileto no estaban siendo vasos útiles, estaban deshonrando al Señor. En consecuencia, Pablo no lo dudó y ejerció disciplina.
Según la primera carta a Timoteo que también has leído, Himeneo ya había sido disciplinado (fue atado); su mención en la segunda carta nos muestra que éste siguió en sus malos caminos. Esto que sugiere Himeneo pidió perdón y le permitieron entrar (fue desatado) pero volvió a dar mal fruto. Finalmente Pablo lo ató: ya no se le permitió más el acceso. Fin del caso.
(Tito 3: 10) = Al hombre que cause divisiones, después de una y otra amonestación deséchalo, (11) sabiendo que el tal se ha pervertido, y peca y está condenado por su propio juicio.
Habiendo entendido Mateo 18 podemos comprender mejor este pasaje. Se trata de un consejo casi pastoral, o apostólico, de Pablo para Tito. En este caso la persona queda ligada o atada a su pecado hasta que se arrepiente.
El Antiguo Testamento dice “tu pecado te alcanzará”, es decir que pagarás las consecuencias de tus faltas. Por eso es tan importante lidiar con el pecado escondido, para no permanecer atados a la impiedad.
Si uno peca contra alguien y no le pide perdón, queda atado. Santiago dice que algunos están enfermos como consecuencia de los pecados que han cometido. La disciplina es una expresión del amor de Dios porque libera a sus hijos, los desata. Es por eso que el Señor sólo disciplina a quienes son realmente sus hijos. Tengo otro ejemplo.
(Hechos15: 24) = Por cuanto hemos oído que algunos que han salido de nosotros, a los cuales no dimos orden, os han inquietado con palabras, perturbando vuestras almas, mandando circuncidaros y guardar la ley, (25) nos ha parecido bien, habiendo llegado a un acuerdo, elegir varones y enviarlos a vosotros con nuestros amados Bernabé y Pablo.
Los apóstoles se reunieron, ejercieron autoridad y no ataron a los gentiles a la ley. Analizaron el caso y desataron a los gentiles del yugo que los judíos querían ponerles. Su determinación les condujo a establecer orden y pusieron orden y disciplina.
Así, con todos estos pasajes y sus respectivos contextos, concluimos que la Biblia no habla de atar demonios. Jesús no nos mandó a atar demonios, sólo a echarlos fuera. De hecho, cuando leemos lo que Él hizo, tiene que ver con esto y no con atarlos.
En el capítulo 12 de Mateo y en los versos que van del 22 al 37, encontramos algunos puntos.Resumo el texto diciendo que cuenta cómo Jesús sana a un endemoniado y los fariseos le acusan de haberlo hecho por Beelzebú. El les responde que un reino divido no prevalece.
En ese tenor, el verso 27, dice: Y si yo echo fuera los demonios por Beelzebú, ¿por quién los echan vuestros hijos? Por tanto, ellos serán vuestros jueces.
Es importante aclarar que cuando dice “hijos” se usa un hebraísmo para referirse a los discípulos de los fariseos, no a hijos carnales. Es decir, se les llama hijos a los discípulos. Y esto es muy bueno aclararlo, porque de otro modo entramos por una vía muerta y vamos a parar a cualquier parte.
El versículo 29, mientras tanto, es el texto controversial: Porque ¿cómo puede alguno entrar en la casa del hombre fuerte, y saquear sus bienes, si primero no le ata? Y entonces podrá saquear su casa.
Jesús no está enseñando que nosotros debamos atar. Está hablando sobre sí mismo. Y cuando se refiere al hombre fuerte está hablando, ahora sí, del Diablo. Está diciendo “¿cómo habría podido YO irrumpir en los dominios de la maldad para deshacerla si no hubiera atado, con autoridad de Dios, al Diablo?
Quedaba claro con esto que, como lo indica el contexto, respondía a quienes les acusaban de echar los demonios por Beelzebú. Debe entenderse que estas cosas las hace Jesús como Dios, y que sólo Él las puede hacer (como llamar a las cosas que no son como si fueran por ejemplo). Es decir, esta acción de atar al Diablo es exclusiva de Jesús.
Nos encontramos seguidamente con el verso 32 Allí leemos: A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero.
Atención: la blasfemia contra el Espíritu Santo según el contexto consiste en atribuirle autoridad a Satanás, conceder que el Diablo hace lo que, en realidad, sólo puede hacer el Espíritu Santo. Al referirse al pecado imperdonable, Jesús le está hablando a los fariseos, es decir, este pecado no lo pueden cometer los cristianos.
Yo he visto cometer este pecado a cristianos en la década de los años noventa, cuando en Argentina hubo un gran despertamiento y el Espíritu Santo conmovió y removió estructuras. Muchos de esos cristianos tradicionales y conservadores, expresaban desde sus púlpitos que eso que se veía era obra de Satanás.
Últimamente se entiende equivocadamente que el “hombre fuerte” de una ciudad es el más influyente, o el más rico y poderoso. Han aparecido así nuevas falsas doctrinas, como la que sostiene que hay que “atar” mediante oración al hombre fuerte de una región para que se convierta y apoye la obra de Dios (o los propios deseos de los falsos profetas) con sus riquezas, o para que su influencia nociva termine. Tal doctrina no aparece en la Biblia: no hay un sólo pasaje donde los apóstoles lleguen a una ciudad y busquen al hombre fuerte para atarlo.
La palabra “atar” que se utilizó significa nuevamente ligar, inhabilitar, subyugar (mantener bajo yugo, bajo autoridad o sujeción) Observemos el contexto de este pasaje: Jesús había soltado a un endemoniado por medio de su palabra. Nosotros desatamos a las personas con la predicación de la palabra.
En el contexto podemos observar la obra de Cristo en la cruz y la derrota de Satanás. Jesús lo subyugó en la cruz, por medio de su sangre inhabilitó al diablo, vino a deshacer las obras del maligno. Antes de Cristo no hay registros de atar demonios. David tocaba el arpa y el demonio se iba y Saúl entraba en paz (dice el texto que el demonio era de parte de Dios, o sea, Dios lo permitía).
Jesús aquí estaba demostrando ser más poderoso que el diablo. Veamos el mismo pasaje en Lucas 11: (Lucas 11:21-22) = Cuando el hombre fuerte armado guarda su palacio, en paz está lo que posee. (22) Pero cuando viene otro más fuerte que él y le vence, le quita todas sus armas en que confiaba, y reparte el botín.
Es alegórico que el diablo tenga un palacio. Lo que queda claro es que Jesús es más fuerte que el diablo y le vence: ¡pero le vence Él, Jesús, no nosotros! Ninguno de nosotros puede vencer al Diablo sin Jesús. Aquí Lucas usa la palabra “vencer”, que significa subyugar. Vencer y atar a fin de cuentas (en el original) son sinónimos. Nosotros no vencemos al diablo, eso lo hizo Jesús.
Ahora una pregunta dirigida a quienes creen o predican la doctrina de “atar demonios“: Si lo atamos el domingo en el templo, ¿Qué sucederá luego? ¿Acaso se desata el lunes? … porque él anda como león rugiente buscando a quien devorar. ¿Cómo no ven la contradicción en atar y atar a los demonios en una ciudad… y que tal acción no surta ningún efecto? Han atado por años al “demonio del narcotráfico” o de la prostitución por ejemplo, y ¡estos pecados no sólo no disminuyen sino que se multiplican! Se afanan en efectuar campañas masivas o hasta vuelan en helicópteros sobre una región para atar al Diablo, se llenan de activismo y, tristemente, dejan de lado la predicación de la Palabra.
Jesús dijo: en mi nombre echarán, expulsarán fuera demonios. Jesús venció al Diablo, eso quiere decir que éste ya no tiene dominio y poder sobre todos: una vez que somos de Jesús nosotros ejercemos la autoridad de Jesús para inhabilitar la obra del diablo. Pero lo hacemos por la Palabra, por la predicación, no meramente por declarar que atamos o desatamos. Veamos un ejemplo final:
(Apocalipsis 2: 10) =No temas en nada lo que vas a padecer. He aquí, el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel, para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida.
Jesús no le recrimina aquí a la iglesia en Éfeso el que no estuvieran atando demonios o haciendo guerra espiritual para ser librados de la tribulación. Debe entenderse que la prueba y la tribulación son parte de la vida cristiana y no deberían ser la ocasión para llenarnos de temor, sino la oportunidad para mostrar fidelidad y confianza en Dios.
Ese falso evangelio moderno que habla de que no nos puede pasar nada malo (tragedias, tormentas, vientos) afecta a la gente porque no le muestra la verdad respecto a la soberanía de Dios y sus propósitos. En su segunda carta a los Corintios, el apóstol Pablo habla de un mensajero del Diablo que lo abofeteó. Pablo no se puso a atarlo ni a hacer guerra espiritual para liberarse. En contraste, entendió el propósito de Dios al permitir aquello: que el apóstol no se engrandeciera, que no se envaneciera.
Este tipo de doctrinas “de victoria total” en la vida son de origen oriental, han proliferado la iglesia contemporánea y nadie debería adoptarlas.Les animo a estudiar a fondo el contexto de los pasajes y a enseñar sólo lo que la Biblia enseña.