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Tecnología de Guerra

Siempre cuento una anécdota que viví en mis primeros años de creyente, en el marco de una iglesia bautista convencional, llena de gente bien intencionada, estudiosa, inteligente y diligente, pero fría espiritualmente y, para peor, ignorante de cuestiones casi elementales para sobrevivir.

Un matrimonio que había llegado de otra iglesia un tanto más progresista que la nuestra, había reunido suficiente material sobre guerra espiritual como para atreverse a dictar un curso al respecto. Consiguieron a duras penas el permiso del pastor y anunciaron que un domingo por la mañana, esos cursos comenzarían a dictarse en uno de los salones de la escuela dominical y que quien quisiera asistir, podía hacerlo inscribiéndose.

Con mi esposa decidimos hacerlo y nos inscribimos. Estábamos con mucha expectativa porque, a pesar que no conocíamos absolutamente nada del tema, “algo” en nuestro ser interior nos decía que sí, que eso era efectivamente así y que nos convenía de sobremanera aprender a luchar y defenderse de un enemigo que no da tregua, creas o no en él, su existencia o en sus demonios.

Ese primer domingo de clase creo que salimos más temprano que de costumbre, tal era nuestra emocionada expectativa. Llegamos a la zona de la escuela y, al no poder ubicar cuál era el salón donde se dictaba el curso, se nos ocurrió preguntarle a una antigua hermana que estaba por allí.

“Hermana, -le dijimos- ¿No sabes en qué salón se da el curso de guerra espiritual?” Claro, nosotros hicimos la pregunta con la mayor inocencia y espontaneidad, pero cuando vimos abrirse desmesuradamente los ojos de la pobre mujer, entendimos el nivel de ignorancia que todavía existía entre los miembros antiguos de la congregación.

“¿Guerra espiritual?”, exclamó casi con una mezcla de incredulidad, espanto y sensación de estar hablando con un par de locos. “¿Qué es eso?”, añadió. Pobre. No sólo ignoraba el inicio del curso, sino que además ignoraba absolutamente todo sobre el tema. Es más: Ignoraba que existiera tal guerra. Hablo de una cristiana de años y años, de cargos y cargos y de influencias e influencias en esa iglesia.

Pero no es ella la excepción. Muchas veces cuando escuchamos el término "Guerra Espiritual" no podemos evitar pensar en gritos, excesos, "ataduras", inmadurez, etc. Permítanme esbozar algunos conceptos que muestren aspectos más interesantes de este tema.

Es cierto que algunos sectores de la iglesia en el pasado (y quizás aún hoy) han hecho un uso abusivo de la liberación –como de otras tantas cosas- pero pienso que de ninguna manera podemos excluir o ignorar aspectos de la Palabra de Dios porque simplemente hubo un exceso en cierta práctica. Una posición más central sigue siendo la que Pablo recomendó, "… escudriñar todo y retener lo bueno…".

Uno de los problemas que tenemos que resolver para encarar correctamente este problema es la cosmovisión que hemos adquirido. Los conceptos se encargan de modelar nuestra conducta y percepción de las cosas, en cierta forma aún determinan la manera en que reaccionamos a las circunstancias de la vida.

Probablemente la mayoría de nosotros no tenemos mucha dificultad con la teoría o la teología de la guerra espiritual, pero tenemos dificultades cuando empezamos a aplicarlas. La razón de tal dificultad es que tenemos un problema de concepto.

Podemos hablar teológicamente sobre el mundo espiritual sin ningún problema, pero cuando intentamos traer el mundo espiritual al sistema de explicación de los fenómenos en nuestras vidas, tenemos grandes problemas.

Lo digo en palabras simples, el mundo espiritual no es "muy real" para nosotros. En muchos aspectos de nuestra vida somos muy materialistas (por lo menos más de lo que nos gustaría admitir) para nosotros las personas son más importantes de los seres espirituales, desafortunadamente esto se aplica muchas veces de igual forma al Espíritu Santo como a los seres demoniacos. Es por eso que el dilema "¿Será de Dios?" es tan frecuente entre tantos hermanos.

Intentemos resolver este problema lo más sencillamente posible. Todos (o casi todos) los cristianos estamos de acuerdo que existe un demonio o muchos, que se oponen a la obra de Dios, que es un ángel y que Cristo lo venció. El problema radica en ponernos de acuerdo en el papel, la influencia y la manera que él opera hoy. Otro problema es la actitud de la iglesia frente al enemigo. Vamos paso a paso.

Tres tipos de actitudes y tres tipos de personas Los racionalistas compulsivos. He podido comprobar que existen tres tipos de respuestas hacia el tema de la Guerra Espiritual; el primer grupo de personas son muy bien descritas en el siguiente testimonio de un traductor de Wycliffe (Vulgata):

"Fui a la selva del amazonas en 1963 para empezar un ministerio entre el pueblo Apurina….Hasta donde sé, yo fui el primero en desafiar el dominio de Satanás sobre este pueblo, un dominio completo a través de los siglos.

Mi principal propósito al estar allí era ver si podía sacar a las personas de la casa de Satanás y llevarlos a la casa de Jesús, ver si podía transferirlos del reino de las tinieblas al reino de la luz. Pero, desafortunadamente, a pesar de mi título de Maestría en Teología y de haber leído toda la Biblia varias veces, no estaba consciente de estas verdades (sobre guerra espiritual).

¡Me propinaron una buena paliza!; la recibí sin misericordia, hasta que ya no podía más. Satanás "trapeo" el suelo conmigo. No sabía cómo defenderme, en realidad no comprendía lo que sucedía, era un escéptico con respecto a la actividad de los demonios.

Oh si, sabía que existían Satanás y los demonios ya que la Biblia es clara y enfática en ese aspecto, pero sabía muy poco sobre su manera de operar y virtualmente nada sobre el uso de nuestras armas, ya fuera para defender o para atacar.

Mi trasfondo teológico, tanto el formal como el informal, era estrictamente tradicional…. Mis profesores me transmitieron la idea de que un siervo de Cristo era intocable o que estaba exento del ataque demoniaco; esa clase de cosas no serían ningún problema para nosotros."

Quizás no tenemos que ser misioneros en un lejano pueblito para pasar por las desafortunadas experiencias del testimonio anterior, pero estoy convencido que muchas veces podemos llegar a sentir emociones muy parecidas a las descritas por ese sincero hermano.

El primer grupo de personas son aquellos que quieren tener una actitud esencialmente racional al fenómeno espiritual, algo que no critico pero que considero poco sabio por la sencilla razón que el mundo espiritual no responde a patrones que humanamente podemos entender.

Lo curioso de este grupo es que fueron capaces de admitir la obra de la salvación por gracia (una experiencia espiritual y profunda) con naturalidad y fe, pero les significa muy dificultoso poder abrir su entendimiento al mundo espiritual.

Sin embargo, también tenemos la contrapartida. Definitivamente un grupo grande de hermanos han tomado una actitud radical en cuanto al mundo espiritual, incluyéndolos casi de manera obligada en todo lo que ven y hacen.

Como es lógico suponer esto implica un desequilibrio que muchas veces provoca aversión (por la alergia que nos produce). El "ver demonios en todas partes" es un comentario común y en muchos casos, con ciertas bases.

Ciertamente hay un grupo con más ventajas para poder expresar la verdad de Dios sin adulteraciones. Lamentablemente es el grupo menos numeroso. Tienen la gracia de buscar la opinión de Dios antes de expresar sus conclusiones, aún en temas que son muy nuevos o "delicados".

Estos hermanos han aprendido que muchas veces Dios está por encima de sus conclusiones "…camino de Dios?…" Ezequiel 18:25. Es muy bueno estar abierto al Espíritu de Dios al momento de enfrentar cosas que no entendemos o nos cuesta aceptar.

Aunque a la mayoría no nos guste admitirlo, existen declaraciones en la Palabra que muestran sin lugar a dudas la relación entre la condición espiritual de la Iglesia (o los hijos de Dios) y la condición de la tierra.Veamos algunos ejemplos:

Génesis 3:17 Adán y Eva (el pecado de Adán trae maldiciónsobre toda la creación). Génesis 4:10 Sangre de Abel (Clama venganza y contaminala tierra).Josué 7: 20-21, 25-26 El pecado de Acán (Contamina la tierra delpueblo de Dios)Para poder mostrar algunos ejemplos más contundentes quisiera transcribir un par de versos más.

(Levítico 19: 29) = No profanarás a tu hija, haciendo que ella se prostituya, para que no se prostituya la tierra y se llene de maldad.

(Levítico 18: 24-25) = No os contaminaréis con ninguna de estas cosas, porque con todas estas cosas se han contaminado los pueblos que yo echo de delante de vosotros. La tierra ha sido contaminada; por eso castigué la maldad de ellos sobre ella, y la tierra vomitó a sus habitantes.

Creo que fácilmente podemos deducir la relación a la que hago referencia. Pero si el pecado produce maldición y contamina la tierra, porque eso es lo que prácticamente se nos dice en todo el contexto de la escritura, ¿Qué sucede con la obediencia?

Nos proporciona salud ecológica. (Levítico 26: 4) = yo daré vuestra lluvia en su tiempo, y la tierra rendirá sus productos, y el árbol del campo dará su fruto.

Nos otorga salud económica. (Levítico 26: 5) = Vuestra trilla alcanzará a la vendimia, y la vendimia alcanzará a la sementera, y comeréis vuestro pan hasta saciaros, y habitaréis seguros en vuestra tierra.

Nos brinda seguridad personal y civil. (Levítico 26: 6) = Y yo daré paz en la tierra, y dormiréis, y no habrá quien os espante; y haré quitar de vuestra tierra las malas bestias, y la espada no pasará por vuestro país.

Nos asegura supremacía sobre los enemigos. (Levítico 26: 7-8) = Y perseguiréis a vuestros enemigos, y caerán a espada delante de vosotros. Cinco de vosotros perseguirán a ciento, y ciento de vosotros perseguirán a diez mil, y vuestros enemigos caerán a filo de espada delante de vosotros.

Produce crecimiento. (Levítico 26: 9) = Porque yo me volveré a vosotros, y os haré crecer, y os multiplicaré, y afirmaré mi pacto con vosotros,

Consigue Innovación y creatividad. (Levítico 26: 10) = Comeréis lo añejo de mucho tiempo, y pondréis fuera lo añejo para guardar lo nuevo.

Es notorio e indudable que, a través de todos estos textos, se puede concluir que nuestra actitud tiene un papel redentor o condenador sobre la creación material de Dios. Esta relación se puede expresar muy bien en el siguiente gráfico.

Cuando menciono el hecho de que la Iglesia tiene un papel redentor sobre la creación estoy parafraseando lo que Pablo lo dijo con tanta claridad hace ya tanto tiempo, cuando en su carta a los Romanos, en lo que nosotros ahora definimos como capítulo 8 y versículo 19, dice:

Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. Esto implica una responsabilidad muy grande, quiere decir que depende de nosotros como Iglesia y depositarios de la autoridad de Dios el saber bendecir con nuestra obediencia y nuestra palabra la maravillosa creación de Dios.

Ahora bien; llegado a este punto de nuestro desarrollo un tanto técnico, debemos hacernos la pregunta mucho menos técnica y sí eminentemente práctica:¿Cuál el papel del enemigo con la creación?También a esta pregunta la Biblia es enfática, podemos leer algunas respuestas que se nos dan:

Pablo nos da su impresión sobre Satanás en 2 Corintios 4:3-4. Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es imagen de Dios.

El propio Jesús lo llama de una manera muy singular. (Juan 12: 31) = Ahora es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera.

Una vez más, el apóstol Pablo, lo califica de otra manera. (Efesios 2: 1-3) = Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.

Y otra vez Juan, el apóstol amado, que define un tiempo y una situación. (1 Juan 5: 19) = sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno.

Tal vez muchos pastores y teólogos no comparten esta relación pero es evidente por la Palabra (y no lo pueden negar) que Jesús tuvo que enfrentarse con el enemigo o dicho de otra forma el Diablo no se hizo ningún problema a la hora de tratar de poner en aprietos a Jesús (cosa que no logró).

Los apóstoles que siguieron la obra del maestro tampoco fueron libres de esta relación de enfrentamiento. Muchos de ellos sufrieron y vencieron durante su vida. ¿Qué ha sucedido con la iglesia (Bueno realmente con algunos sectores de ella) que ha llegado a pensar que no va a tener problemas con él si todos los que vinieron antes de nosotros si lo tuvieron?

No pretendo convencer a ninguna persona que empiece a buscar problemas, pero una cosa es evidente, al haber sido hechos hijos de Dios, hemos sido constituidos enemigos del Diablo. Pablo dice, cuando relata su conversión en Hechos 26:16-18, lo que le fue transmitido por Cristo:

Pero levántate, y ponte sobre tus pies; porque para esto he aparecido a ti, para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto, y de aquellas en que me apareceré a ti, librándote de tu pueblo, y de los gentiles, a quienes ahora te envío, para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe, que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados.

¿Cuál debería ser nuestro papel como hijos de Dios frente al enemigo y con relación a la creación?

Dos palabras lo dicen todo: autoridad y redención.

Autoridad. Cristo ha depositado su autoridad sobre la Iglesia, para que esta se constituya en Columna y baluarte de la verdad. Así se puede leer en 1 Timoteo 3:15, donde textualmente leemos: Para que si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad.

Existe una relación directa entre el pecado del pueblo y la pobreza de la tierra y su economía (aunque algunos "intelectuales" se agotan tratando de negarlo).Dicho de otra forma, mientras más idolatría, pecado y corrupción hay en una nación mayor es la pobreza y la carencia económica.

El opuesto lógico nos permite ver que mientras el pueblo busca el perdón de Dios y abandona su conducta pecaminosa, Dios mueve su corazón para prosperarnos económicamente como nación, tal como se lee globalmente en el segundo libro de las Crónicas, capítulo 7 y versos 13 y 14. Allí dice:

Si yo cerrare los cielos para que no haya lluvia, y si mandare a la langosta que consuma la tierra, o si enviare pestilencia a mi pueblo; si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.

La Iglesia es la única que tiene la autoridad para proclamar el señorío de Cristo a una nación y a los lugares celestiales.Redención. Podemos como iglesia ponernos entre el mundo y el enemigo a fin de interceder por la salvación de ellos.

A veces tenemos la extraña tendencia a espiritualizar demasiado algunas cosas y olvidamos que aunque nuestra ciudadanía está en los cielos, vivimos en un mundo material que nos afecta e influye sobre nosotros de manera positiva o negativa.

Permíteme demostrarte que a veces nos vamos hasta "el tercer cielo" y nos olvidamos de las necesidades de los que nos rodean.¿Recuerdas haber orado alguna vez porque se haga realidad algún decreto o ley que te beneficie como persona, como familia, como miembro de una nación?

¿Cuándo fue la última vez que en tu iglesia oraron por las nuevas leyes y códigos que el gobierno piensa aprobar en un futuro próximo? ¿O es que debemos enterarnos que "algo" se esté maquinando en contra del propósito o la voluntad de Dios, para recién reaccionar?

¿Cuándo fue la última vez que oraste sobre un mapa de tu país e intercediste para que sus fronteras no sean lugares desolados, o para que dejen de una vez de hollarlos como nación, para que puedan recuperar la dignidad de sentirse ciudadanos o para que el narcotráfico, o la violencia no encuentren refugio en tú nación?

Cuando hablo de redención me refiero a que tenemos la autoridad de legislar la creación desde los lugares celestiales, con oración, con intercesión, con súplica y misericordia.Creo que el grueso almidón de la teología nos ha cauterizado un poco nuestra sensibilidad y pido que el Señor nos ayude a entender la gran responsabilidad que el Hijo de Dios nos ha dado.

Lo que sucede es que cuando hablamos de guerra espiritual, inmediatamente pensamos en tomas de ciudades o en demonios feroces y horripilantes oprimiendo la vida de las personas. Sin embargo, la realidad nos muestra que deberíamos estar pensando en varios niveles y, como consecuencia lógica, atacarlos de una manera ordenada, no dispersa o alocada.

Los niveles no se pueden saltar o evadir, tal como si quisiéramos, en la escuela, pasar de primero a cuarto grado sin tocar el segundo ni el tercero. Justamente, uno de los errores que más hemos visto en las iglesias, es salir a tomar su ciudad, cuando ni siquiera sacaron los demonios que venían de generación en generación sobre sus cabezas, o hermanos sinceros pero inconscientes, que se ponen a echar fuera demonios de otras personas cuando todavía cuentan con varios en su interior que no han sido reprendidos ni expulsados.

Algunos estudios medianamente serios al respecto han dado a conocer por lo menos seis niveles específicos de guerra espiritual. Estos niveles tienen que ver todos con áreas determinadas a las cuales deberemos combatir de manera diferente.

No es una ciencia exacta, pero bien vale la pena conocerlos. Son los niveles: Personal, Terrestre, Iglesia, Aires, Ciudad o nación y Armagedón. ¿Qué significa cada uno? Te lo detallo tal cual lo he recogido de esos estudios. Tú, luego, orarás y pedirás mayor luz para lo que a tu propia guerra convenga o corresponda.

1 – PERSONAL: Este primer nivel tiene su tiempo y preparación. Ya te lo dije, nadie puede avanzar del primero al quinto grado sin pasar por los intermedios. Por lo tanto, nadie puede arrojarse alegremente a la guerra del cuarto nivel, por ejemplo, si no han transitado debidamente los tres primeros. Y, esencialmente, sino está bien en el primero, este que he mencionado.

Este capítulo, si quieres llamarlo así, es el más importante y clave. Consiste en sacarnos todos los demonios que podamos tener en nuestras vidas, esto es: maldiciones sin cortar, fortalezas en la mente, vendas mágicas que nos pueda haber puesto el enemigo. Esto incluye, si es necesario, sanidad interior y una búsqueda hambrienta de Dios, una fresca unción personal y principalmente, aprender a oír a Dios.

2 – TERRESTRE: Una vez que el primer nivel está medianamente esclarecido y controlado, entramos en la batalla terrestre. Se entiende que, como ya estamos bien y armados, podemos llevar con cierta certeza y menor riesgo el poder del Espíritu a los que todavía están atados y perturbados por el diablo. Esto se trata de batallar contra las fortalezas demoníacas de la gente, echar fuera demonios, sanar enfermos y discipular bajo los principios del Señor Jesucristo.

3 – IGLESIA: Aquí se trata de examinar, evaluar y descubrir a los principales demonios que hay sobre las iglesias. Saber cómo entraron y de qué manera están gobernando las vidas de quienes habitan en centenares de iglesias auto denominadas como cristianas. Espíritus inmundos que producen chismes, divisiones, legalismos, adulterios, fornicaciones, divorcios, celos, promiscuidad sexual y otras por el estilo.

4 – AIRES: Este nivel se trata de ver cómo desenmascarar al diablo en los medios de comunicación, quien es, qué hace y cómo son sus estrategias frente a las iglesias y sus líderes. Cómo son los ataques del diablo cuando se decide tomar los aires para Cristo.

Cómo funciona el ocultismo y cómo es que se puede vencer. Aquí se comienza a desenmascararlo a nivel de ciudad, de un barrio o de una nación. Se trata, asimismo, de comprobar cuáles son nuestras armas para esta tarea, conjuntamente con el rol que ocupa la intercesión.

5 – CIUDAD-NACION: Aquí entramos en el terreno de la cartografía, una tarea de la que seguramente o mínimamente tienes novedades, aunque para explicarla debería invertir un estudio entero. Es un modo de iniciar un plan estratégico de invasión y conversión impactante en toda una ciudad. El rol que juega la unidad en esos casos, es vital. Jamás daría una conferencia sobre este asunto en UNA iglesia o congregación; sería para todas en conjunto o no sería. Hasta hoy no ha sido. ¿Se entiende?

6 – ARMAGEDÓN: Aquí estamos hablando de la que será la última gran guerra contra el anticristo, que no es una persona sola, (Aunque la incluya); sino un sistema guiado y basado, precisamente, en doctrinas que se oponen a Cristo.

Finalmente, deberemos preguntar y preguntarnos, porque así nos corresponde, qué es lo que la Biblia dice respecto a la guerra espiritual. Y debemos hacerlo para no caer en exageraciones o subestimaciones, ambas cosas muy negativas y peligrosas para los hijos de Dios.

En principio, reitero que hay dos errores primarios cuando se habla de guerra espiritual: sobre enfatizarla y subestimarla. Algunos culpan de cada pecado, de cada conflicto y de cada problema a los demonios que necesitan ser expulsados.

Otros ignoran completamente la realidad espiritual y el hecho de que la Biblia nos enseña que nuestras batallas no son contra personas de carne y hueso, sino contra poderes espirituales. La clave para el éxito, si es que lo puedo llamar así aunque no me gusta el término, es encontrar un balance adecuado en la misma Biblia.

Algunas veces, Jesús expulsó demonios de cierta gente, pero también en otras ocasiones sanó a mucha gente sin mencionar para nada lo demoníaco. El apóstol Pablo enseñó a los cristianos a librar batallas contra el pecado en ellos mismos, en Romanos 6, y también a librar luchas contra el maligno. De ambos hay escritura que respalda.

(Efesios 6:10) = Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza.

(11) Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo.

(12) Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.

Este pasaje nos enseña algunas verdades cruciales. En primer lugar, que sólo podemos estar fuertes en el poder del Señor. En segundo término, que es la armadura de Dios la que nos protege. En tercer orden, que nuestra batalla es contra fuerzas espirituales de maldad en el mundo invisible del espíritu.

Un poderoso ejemplo de esto es el arcángel Miguel en Judas verso 9. Miguel, como el más poderoso de todos los ángeles de Dios, no reprendió a Satanás en su propio poder, sino que dijo: El señor te reprenda.

Apocalipsis 12:7-8 dice que en el final de los tiempos, Miguel derrotará a Satanás. Aun así, cuando se presentó su conflicto con Satanás, Miguel lo reprendió en el nombre y el poder de Dios, no en el suyo propio.

Es sólo a través de nuestra relación con Jesucristo que nosotros, como cristianos, tenemos alguna autoridad sobre Satanás y sus demonios. Es sólo en su nombre que nuestra reprensión tiene algún poder. Ni se te ocurra intentarlo en el tuyo. Aparecerá algún diminuto demonio que te dirá: “A Jesús conozco, pero de ti no tengo registro, no sé quién eres.”

(Efesios 6: 13) = Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes.

(14) estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, (15) y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz.

(16) Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno.

(17) Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; (18) orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos.

Este texto nos da una descripción de la armadura espiritual que Dios nos da. Debemos estar firmes con el cinturón de la verdad, la coraza de justicia, el evangelio de la paz, el escudo de la fe, el yelmo de la salvación, la espada del Espíritu y orando en el Espíritu.

¿Qué es lo que estas piezas de la armadura espiritual representan para nosotros en la guerra espiritual? Debemos hablar la verdad contra las mentiras de Satanás. Debemos descansar en el hecho de que somos declarados justos por el sacrificio que Cristo hizo por nosotros.

Debemos proclamar el evangelio sin importar cuanta resistencia recibamos. No debemos vacilar en nuestra fe, no importa cuán fuertemente seamos atacados. Nuestra defensa principal es la seguridad de que tenemos nuestra salvación, y el hecho de que las fuerzas espirituales no pueden quitárnosla.

Nuestra arma ofensiva está en la Palabra de Dios, no en nuestras propias opiniones y sentimientos. Debemos seguir el ejemplo de Jesús en reconocer que algunas victorias espirituales solamente pueden ser posibles a través de la oración, intercesora y de guerra plena.

Jesús es nuestro mejor ejemplo para la guerra espiritual. Observa cómo Jesús manejó los ataques directos de Satanás tal como se lo relata en Mateo 4: 1-11. Esto nos muestra que la mejor manera de combatir a Satanás es la manera que Jesús nos mostró, esto es: citando la escritura. ¿Por qué? Porque el diablo no puede manejar la espada del Espíritu, que es la Palabra del Dios viviente.

El mejor ejemplo de cómo no comprometerse en una guerra espiritual, fueron los siete hijos de Esceva. ¿Cuál fue el problema? Ellos estaban usando el nombre de Jesús. Eso no es suficiente. Los siete hijos de Esceva no tenían una relación con Jesús, por lo tanto sus palabras eran carentes de cualquier poder o autoridad.

Ellos se estaban basando en una metodología: ¿Sabes qué? Hay cientos, miles de cristianos, (Algunos de ellos líderes de alto prestigio), que todavía piensan de la misma forma. Los hijos de Esceva no se basaban en Jesús, y no estaban empleando la Palabra de Dios en su guerra espiritual.

Como consecuencia, recibieron una humillante golpiza. Está ahí para que aprendamos, no para que imitemos. Satanás está vencido, es cierto, pero mientras le otorguemos derechos suficientes, hará estragos en la mayor proporción que pueda.

En resumen, ¿Cuáles son las claves para tener victoria en la guerra espiritual? Primero, que nos apoyemos total y absolutamente en el poder de Dios, no en el que supongamos que es nuestro, tal como un cargo o una posición dentro de las estructuras eclesiásticas.

Segundo, reprendamos en el nombre de Jesús, no en el de un credo, una denominación o una iglesia local. Tercero, protegernos con toda la armadura de Dios. Cuarto, librar nuestras batallas con la espada del Espíritu, la Palabra de Dios.

Recuerda algo muy repetido: cuando un demonio le dice a alguien que lo está reprendiendo que no está autorizado para hacerlo porque no es un pastor, por ejemplo, el demonio está mintiendo. Él sabe muy bien que cualquier hijo de Dios con las vestiduras blancas puede reprenderlo en el nombre de su Señor Jesucristo y él deberá abandonar esa posesión de inmediato.

Por último, debemos recordar que aunque libramos batallas contra Satanás y sus demonios, no cada pecado o problema necesita ser reprendido. Como dice Romanos 8:37: Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.

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enero 1, 2015 Néstor Martínez