Vamos a ver. Decimos que esta es una guerra espiritual y que así debemos pelearla. Entonces la pregunta que cabe, es: ¿Por qué peleamos? Porque pertenecemos a una generación que vive este tiempo. Nuestro ministerio se denomina Tiempo de Victoria, pero ya he dicho muchas veces que eso es lo que viene, no lo que está ocurriendo, precisamente, en este tiempo. Lo actual es “Tiempo de Guerra”. Peleamos, entonces, porque pertenecemos a la generación que debe pelear. No estamos peleando porque se nos ha ocurrido a nosotros. A esta guerra espiritual no la inventamos nosotros. No es una onda nueva, como algunos la quieren calificar para no permitir que eso suceda en sus congregaciones.
Esto no es ninguna onda. Esto nació en el corazón de Dios. Dios primero estableció una guerra porque le dijo a Abraham: Número uno: Seré tu escudo. ¿Para qué querría un escudo alguien que no va a pelear? Es decir que, lo primero que le dijo Dios a Abraham, fue: a partir de hoy vas a tener problemas. Entonces, ¿Cuántos quieren caminar en fe y en Dios? Si es así, tengo que decirle que ya está en problemas. Pero ¡Animo! Dios es su escudo. Número dos: Dios le dijo: En tu caminar conmigo, vas a tener problemas y galardones; de eso se trata la vida cristiana. Si a usted le han predicado solamente galardones, tiene usted un evangelio incompleto. Falsa doctrina.
Cuando usted decide ser cristiano, se introduce usted en el problema más grande en el que pueda meterse en su vida. Ya no entra en un problema material, mete su vida en un mundo espiritual. Donde usted no puede ya manejar las cosas materialmente o humanamente, sino que tiene que manejarse espiritualmente. Lo que Dios dijo, fue: este problema es más grande de lo que usted es, y voy a necesitarle a usted y a todas las generaciones que vengan detrás suyo, porque yo quiero bendecirle, pero no me alcanza con su vida. Allí empezó a tomar forma esta guerra.
¿Cuántos de ustedes que hoy me leen, desde que son cristianos, han comenzado a tener problemas? ¿Sí? ¡¡Qué bueno!! Eso significa que sí son cristianos. “Es que… a mí no me enseñaron eso…” No importa. A mí tampoco. Hemos tenido una doctrina correcta, pero incompleta. Correcto y completo no es lo mismo. Pablo, cuando vino a los Tesalonicenses, en la primera carta y en el capítulo 3, les dijo: Hermanos: he venido a completar vuestra fe.
Ahora; si necesitamos completar algo, es porque a ese “algo” le falta algo para estar completo. Porque él no dijo “Vengo a cambiarles la fe”, sino que dijo: “Vengo a completársela”. Nosotros, muchas veces, hemos estado peleándonos para ver si lo que estamos creyendo está bien o está mal. Mire: lo que yo puedo decirle es que es posible que nosotros, en nuestras congregaciones, estamos haciendo un montón de cosas bien, pero las cosas buenas no son el producto que compra el mundo. El mundo no va a comprar el evangelio porque usted tenga una buena doctrina; el mundo va a comprar nuestro evangelio, cuando nuestro evangelio esté completo y lo vean operar.
Vamos por partes: ¿Cuántas veces, al estar predicándole el evangelio a alguien del mundo incrédulo, nos espantamos cuando esa persona nos dice que tiene fe? ¡No! Decimos. ¿Cómo va a tener fe si es un inconverso? ¡Es que tiene razón! Porque el mundo tiene fe, porque sin fe es imposible vivir, no sólo agradar a Dios. Ese señor, sale una mañana de su casa y va y se para en una esquina a esperar el bus que lo lleve a su trabajo. ¿Se ve venir el ómnibus? No. ¿Y entonces por qué lo espera? Porque sabe que va a venir. ¿Y por qué sabe que va a venir? Porque confía, en este caso, en su sistema de transporte urbano. ¿Se da cuenta usted que eso, es una especie de “certeza de lo que espera y convicción de lo que aún no está viendo? Es fe. Claro, una fe que no le alcanza para irse al cielo. Apenas le sirve para llegar al centro de la ciudad y a su trabajo. Su tarea, entonces, mi querido hermano, es sembrarle una fe más grande que la que tiene, para que entonces sí se pueda ir al cielo. Pero claro; a eso usted lo podrá hacer si usted mismo tiene esa calidad de fe. Porque si usted no sabe por donde anda ni para donde va…
Dios nos dice que tenemos una guerra generacional y que es mucha la gente que pagó un precio por ella. Entonces, la pregunta del principio, acaba de ser respondida: Ahora sé por qué peleo: peleo por una herencia. Para ver las promesas de Abraham cumplidas en mi vida en su tiempo.
La segunda pregunta, es: ¿Qué posibilidades tenemos de ganar? Usted declara victoria y esa es una expresión de fe. Nadie arriba a una expresión de fe sin un proceso. Si alguna vez le predican que usted va a llegar a algo y no le dicen como, muy probablemente nunca va a llegar a ninguna parte. Si le dicen que tiene que ser santo, pero no le dicen cómo serlo, es muy difícil que llegue a ser santo.
¿Sabe algo? Yo creo que esta guerra es digna de ser ganada. Pero lamentablemente tengo que decirle algo más: ya hay mucha gente que ha perdido. ¿Y sabe qué es lo curioso? No dependía de Dios el que se ganara o se perdiera, porque Dios quiere que todos ganemos. Dependía de nuestra actitud. A propósito de esto, quiero hacerle ver una historia bíblica, una especie de foto bíblica. Recapitulemos. Sé por lo que peleo, ya, pero ahora voy a ver qué posibilidades tengo de ganar. Voy a extraer, de los cuatro 0primeros capítulos del primer libro de Samuel, algunos versículos que servirán para plasmar esa pintura que le mencionaba.
(1 Samuel 1: 1)= Hubo un varón de Ramataim de Zofim, del monte de Efraín, que se llamaba Elcana, hijo de Jeroham, hijo de Eliú, hijo de Tohú, hijo de Zuf, efrateo.
(2) Y tenía él dos mujeres; el nombre de una era Ana, y el de la otra, Penina. Y Penina tenía hijos, más Ana no los tenía.
Y todos los años aquel varón subía de su ciudad para adorar y para ofrecer sacrificios a Jehová de los ejércitos en Silo, donde estaban dos hijos de Elí, Ofni y Finees, sacerdotes de Jehová.
(4) Y cuando llegaba el día en que Elcana ofrecía sacrificio, daba a Penina su mujer, a todos sus hijos y a todas sus hijas, a cada uno su parte.
(5) Pero a Ana daba una parte escogida; porque amaba a Ana, aunque Jehová no le había concedido tener hijos.
(6) Y su rival la irritaba, enojándola y entristeciéndola, porque Jehová no le había concedido tener hijos.
(7) Así hacía cada año; cuando subía a la casa de Jehová, la irritaba así; por lo cual Ana lloraba, y no comía.
(8) Y Elcana su marido le dijo: Ana, ¿Por qué lloras? ¿Por qué no comes? ¿Y por qué está afligido tu corazón? ¿No te soy mejor yo que diez hijos?
(9) Y se levantó Ana después que hubo comido y bebido en Silo; y mientras el sacerdote Elí estaba sentado en una silla junto al pilar del templo de Jehová, (10) ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente.
(11) E hizo voto, diciendo: Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar a la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, sino que dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida, y no pasará navaja sobre su cabeza.
(12) Mientras ella oraba largamente delante de Jehová, Elí estaba observando la boca de ella.
(13) Pero Ana hablaba en su corazón, y solamente se movían sus labios, y su voz no se oía; y Elí la tuvo por ebria. (14) Entonces dijo Elí: ¿Hasta cuándo estarás ebria? Digiere tu vino.
(15) Y Ana le respondió diciendo: No, señor mío; yo soy una mujer atribulada de espíritu; no he bebido vino ni sidra, sino que he derramado mi alma delante de Jehová.
(16) No tengas a tu sierva por una mujer impía; porque de la magnitud de mis congojas y de mi aflicción he hablado hasta ahora.
Capítulo 2: 12)= Los hijos de Elí eran hombres impíos y no tenían conocimiento de Jehová.
(Verso 22)= Pero Elí era muy viejo; y oía de todo lo que sus hijos hacían con todo Israel, y como dormían con las mujeres que velaban la puerta del tabernáculo de reunión.
(23) Y les dijo: ¿Por qué hacéis cosas semejantes? Porque yo oigo de todo este pueblo vuestros malos procederes.
(24) No, hijos míos, porque no es buena fama lo que yo oigo; pues hacéis pecar al pueblo de Jehová.
(Capítulo 3: 1)= El joven Samuel ministraba a Jehová en presencia de Elí; y la palabra de Jehová escaseaba en aquellos días; no había visión con frecuencia.
(Verso 7)= Y Samuel no había conocido aún a Jehová, ni la palabra de Jehová le había sido revelada.
(8) Jehová, pues, llamó la tercera vez a Samuel. Y él se levantó y vino a Elí, y dijo: Heme aquí; ¿Para qué me has llamado? Entonces entendió Elí que Jehová llamaba al joven.
(9) Y dijo Elí a Samuel: Ve y acuéstate; y si te llamare, dirás: Habla, Jehová, porque tu siervo oye. Así se fue Samuel, y se acostó en su lugar.
(Verso 13)= Y le mostraré que yo juzgaré su casa para siempre, por la iniquidad que él sabe; porque sus hijos han blasfemado a Dios, y él no los ha estorbado.
(14) Por tanto, yo he jurado a la casa de Elí que la iniquidad de la casa de Elí no será expiada jamás, ni con sacrificios ni con ofrendas.
(Verso 18)= Y Samuel se lo manifestó todo, sin encubrirle nada. Entonces él dijo: Jehová es; haga lo que bien le pareciere.
(Capítulo 4: 1)= Y Samuel habló a todo Israel. Por aquel tiempo salió a Israel a encontrar en batalla a los filisteos, y acampó junto a Eben-Ezer, y los filisteos acamparon en Afec.
(2) Y los filisteos presentaron la batalla a Israel; y trabándose el combate, Israel fue vencido delante de los filisteos, los cuales hirieron en la batalla en el campo como a cuatro mil hombres.
(Verso 4)= Y envió el pueblo a Silo, y trajeron de allá el arca del pacto de Jehová de los ejércitos, que moraba entre los querubines; y los dos hijos de Elí, Ofni y Finees, estaban allí con el arca del pacto de Dios.
(5) Aconteció que cuando el arca del pacto de Jehová llegó al campamento, todo Israel gritó con tan gran júbilo que la tierra tembló.
(Verso 17)= Y el mensajero respondió, diciendo: Israel huyó delante de los filisteos. Y también fue hecha gran mortandad en el pueblo; y también tus dos hijos, Ofni y Finees, fueron muertos, y el arca de Dios ha sido tomada.
(18) Y aconteció que cuando él hizo mención del arca de Dios, Elí cayó hacia atrás de la silla al lado de la puerta, y se desnucó y murió; porque era hombre viejo y pesado. Y había juzgado a Israel cuarenta años.
(Verso 22)= Dijo, pues: Traspasada es la gloria de Israel; porque ha sido tomada el arca de Dios.
La Biblia dice aquí que el pueblo de Israel oyó. Samuel habló a todo Israel. Samuel fue el último juez de Israel. Los jueces fueron un intento de Dios para establecer el dominio del pueblo de Israel en la tierra. Pero fíjese que el libro de los Jueces termina diciendo, en 21:25: En estos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que bien le parecía. Es decir que había una tremenda crisis de liderazgo, y eso había producido un enorme desorden; literal y espiritual.
Pero hay una mujer llamada Ana que decide hacer algo en nombre de Dios. Ahora recuerde algo: todo lo que en el Antiguo Testamento es uno, en el Nuevo Testamento, somos todos; en Cristo. Siempre tenga presente eso. En el Antiguo Testamento, había un templo, en el Nuevo Testamento todos somos templos; en el Antiguo Testamento había un rey, en el Nuevo Testamento, todos somos reyes; en el Antiguo Testamento había un sacerdote, en el Nuevo Testamento, somos todos sacerdotes. Eso vino a hacer Cristo; que aquellos “uno”, hoy sean “todos”.
Y si en el Antiguo Testamento usted lee que hay una Ana, es porque esa Ana representa lo que todos debemos ser. Pero también hay un Elí, lo que nos dice que todos podemos llegar a ser como Elí. Usted es quien elige el modelo. La Palabra dice que en medio de ese caos, una mujer llamada Ana, se va a orar al templo; todos conocen la historia, y Ana lee los días que ella está viviendo, y dice: Señor, ¿Cómo es posible que en este templo haya tanto desorden? ¿Cómo es posible, Señor, que en el templo haya un hombre que ni siquiera es capaz de reprender a sus hijos y decirles: señores, lo que ustedes están haciendo, no está bien y tiene que abandonarlo inmediatamente?
Ana comenzó a orar e hizo un trato con Dios: “Señor…hagamos una sociedad; tú me das un hijo, a pesar que soy estéril, y yo te fabrico de él, un profeta.” Cuando tenemos la visión de crear una generación que exalte y glorifique el nombre del Señor, todo lo que necesites para eso, Dios te lo dará. Sea un milagro físico, económico o material. La Biblia dice que si buscamos el reino de Dios y su justicia, las cosas vendrán por añadidura. ¿Quiere usted ganar esta guerra? Sólo hay un camino: Que usted entienda qué es lo que Dios quiere hacer en este día, que se arroje de cabeza en ese propósito y, si para eso su cuerpo necesita un milagro de sanidad, Dios lo hará.
Ana le dijo: “Señor, yo soy estéril, pero tú no puedes hacer nada si no tienes una mujer”. Dios dijo: Tiene razón esta mujer. Hicieron el trato. ¿Cuántos querrán hacer un trato con Dios en este día? Hemos hecho tratos con el diablo con mucha mayor facilidad. En el siglo tercero, después de Cristo, la Iglesia se sentó y negoció la guerra con Satanás. Satanás entonces les dijo: está bien, yo no los persigo más, pero les fabrico una iglesia a mi modelo. Yo les voy a poner un orden eclesiástico distinto al que tienen ahora. Entonces la iglesia salió de las catacumbas y se metió en los palacios, y se sentó en las mesas de la negociación con el diablo. Ni nosotros te molestamos a ti, ni tú nos molestas a nosotros. Entonces se creó una religión que llevó a Dios a callarse por un lapso de mil años.
Así fue que la iglesia permitió que entraran dentro de ella, cosas que no estaban en la mente de Dios. Si verdaderamente quiere usted ganar esta guerra, nunca se siente a negociar con Satanás, no permita que el diablo tenga nada de usted. Jesús dijo: ahí viene el príncipe de este mundo; pero él nada tiene en mí. Propóngase, desde este día, que Satanás no tenga nada en usted y nada en la iglesia. Ore para que en la iglesia no haya nada de origen diabólico. Cuando la iglesia se sentó a negociar con Satanás, Dios se ausentó por mil años. Y no fue hasta que un hombre se enojó contra eso que Dios volvió a tratar con la iglesia. Mil años después, como en el 1500, Dios apareció nuevamente porque un hombre decidió hacer retroceder lo que se había metido dentro de la iglesia. Hermano: yo creo sinceramente que estamos viviendo ese tiempo. Dios está levantando una generación de Anas que jamás se va a sentar a negociar con Satanás, sino que va a negociar con Dios y le va a decir: Señor, si estás dispuesto a hacer algo en la tierra, yo quiero ser una matriz fecunda para lo que tú vas a hacer.
La Biblia dice que Ana se levantó y que, junto con ella, se levantó Penina. Es decir que a toda Ana, le corresponde una Penina. Es como la ley de física. Una acción siempre determina una reacción. Mientras Ana se limitó a ir todos los domingos al culto del brazo de Elcana, todo estuvo bien. El problema empezó cuando decidió participar en una clínica de Guerra Espiritual. Porque allí oyó que formaba parte de una generación que tenía que hacer retroceder al diablo, empezando por el templo y terminando por el mundo. Porque siempre que Dios comienza una gran obra, empieza por el templo. La Biblia dice que el juicio de Dios también comienza por la casa de Dios.
Si usted quiere librar una guerra victoriosa, tiene que saber que el primer círculo donde va a guerrear, es adentro de la iglesia. ¿Sabe quien mató a Lutero? La iglesia. ¿Sabe quien mató a Cristo? No fueron los romanos, fueron los judíos. La guerra siempre comienza cerca suyo.
Entonces dice que Penina se levantó, y dice que se burlaba. ¿Cuál fue el primer problema? ¡Se burlaba! ¿Ve? A cada Ana, le corresponde una Penina. Resulta ser que en hebreo, Penina, significa “la que enfrenta”. La Palabra dice que hacía rivalidad. Penina levantada en contra. Cada vez que usted le ponga pasión a su vida cristiana, tendrá una pasión con la misma intensidad en contra. Pero dice la Biblia que Ana, siguió orando.
¿Y Elí, mientras tanto? ¿Qué postura tomó el sacerdote, el pastor de la iglesia? ¡La trató de borracha! Menos mal que Ana no tenía puesta la vista en lo que la gente le decía, sino en lo que Dios le contestaba cuando estaba orando. Cuando usted nunca ora con Dios, allí es cuando solamente escucha lo que le dicen los que están cerca suyo. Y un día que Elí estaba saludando a los hermanos a la salida del culto, Ana le dijo mostrándole a “Samuelito”: “Pastor…¡Este es el producto de mi borrachera!” Y le metió un profeta en la casa de Dios.
Principios básicos de psicología metidos en la iglesia atribuyen los problemas al medio ambiente, a la situación económica imperante o a la cultura del entorno. Pero en un medio similar, Ana logró imprimir en el corazón de su hijo una estirpe profética y guerrera. Así que no me venga con que es un problema cultural, del medio ambiente o del mal humor del pastor. El problema es usted. Haga lo que hizo Ana y olvídese de lo que le rodea.
Ni siquiera los pésimos ejemplos de los hijos del sacerdote principal sacaron a Samuel del plan de Dios. ¿Cuál fue el resultado? Que Dios le reveló a él y no al líder la verdadera condición de la iglesia. El líder, para enterarse, tuvo que preguntarle a él. Principio muy importante: si usted quiere ganar esta guerra, tiene que aprender a soportar los malos ejemplos a su alrededor. Es en la iglesia donde hemos oído confesar ciertas clases de pecados que ni siquiera sabíamos que existían.
Dice la Biblia que Josías anduvo conforme a los caminos de David, su padre. Pero David no era padre de Josías. Sin embargo, sí fue el modelo paterno que el propio Josías adoptó. Padre no es necesariamente el que engendra, sino el que cría y forma. Usted elige quien son su padre y su madre y, por lo tanto, su modelo de vida. Más allá de la honra que igualmente le debe a los que le han dado la vida biológica.
Samuel no quiso el modelo de Elí. Él trajo el modelo de su mamá, el de su generación. Cuando usted tiene el modelo correcto, hermano, ni bien entra al modelo incorrecto, se da cuenta que no es como lo que le enseñaron. Allí es donde llega la prueba. O usted lo hace como ellos, o lo que ellos están enseñando comienza a hacerse a su manera. No se olvide que la mejor manera de detectar lo falso, es tener un buen conocimiento de lo verdadero. El cajero de un banco le caza al vuelo un billete falso y usted dice: ¡Que tremendo! ¿Cómo lo detectó si apenas lo miró? ¡Sabe por qué lo detectó tan rápido? Porque está harto de contar y contar billetes buenos. Está familiarizado con lo genuino; es imposible confundirlo con lo falso. Si usted conoce la verdad, nadie le engaña jamás.
Dios le dijo a Samuel: Hijo, tú no perteneces a esta gente. Le reveló la condición de la iglesia. Hoy está haciendo lo mismo con los que perseveran en ganar la guerra. Dios tiene que revelarle a usted la iglesia. No para que la critique, sino para que use todo lo que Él le ha dado para perfeccionar a los santos y para edificar el cuerpo. No es para que usted se haga famoso, abra una iglesia en la otra cuadra y comience a cobrar dinero por predicar por allí.
¿Y qué hizo Samuel? Pues no respondió nada. ¡Qué prudente Samuel! Eso sí, cuando Elí le preguntó qué le había dicho Dios, Samuel no se hizo el distraído, ni le mintió ni minimizó las cosas. Fue frontal: “Jefe… Lo que me dijo es que el templo no está apto…”
¿Y el pueblo a todo esto? Haciendo lo mismo que solemos hacer nosotros. Acampó junto a Eben-Ezer y allí se pusieron a leer la Biblia, sentaditos, tranquilos. “Hasta aquí nos ayudó el Señor”. Pero los filisteos acamparon en Afec, que significa “Fortaleza para la confrontación”. Israel se quedó haciendo lo histórico. ¡Guau! ¡Aleluya! ¡Dios está con nosotros! ¡Se siente su presencia! ¡Adórale! ¡Gloria! Pero… ¿Sabe una cosa? Dios no estaba allí. “Sí… Puede ser… Pero, ¿Sabe hermano? ¡Esto es lo que hicimos siempre! Usted entiende…” Sí, yo entiendo. Pero lo que también sé es que ahora eso ya no sirve. Él no está. Se quedaron con aquel evangelismo romántico. “…Había las huellas de dos pares de pies en la arena… Luego quedó sólo una… ¿Qué pasó, Señor? ¡Es que allí era cuando yo te llevaba en brazos!” ¡Qué hermosa poesía! ¡Qué romántico! Pero absolutamente antibíblico. Si quedó una sola huella, es para que usted se apure, porque Dios ya se le fue. Hemos descuartizado la Biblia. Colocamos solamente lo lindo. Sentimentalismo carnal y almático; y además, sacrilegio espiritual.
Dice la Biblia en 1 Samuel 3, que la Palabra de Jehová escaseaba en aquellos días. Hacían de todo en el templo. Tocaban panderos, saltaban, danzaban, los cultos se llenaban, había buenas ofrendas. Pero no había palabra…
Quiero decirle algo aunque de pronto pueda causarle fastidio y hasta enojo. Si todo lo que usted hace en su templo no capacita a la gente para la confrontación, todo lo que está haciendo, es activismo sin sentido, se llame como se llame.
Condiciones para la guerra. ¿Por qué ellos perdieron la guerra? Porque estaban fuera del tiempo, no había palabra. Estaban proféticamente errados. Acamparon en un lugar histórico. Eben-Ezer. Pero Dios no estaba allí. Cincuenta años atrás, cantábamos canciones que plasmaban la presencia de Dios. Hoy, podemos seguir cantándolas, no hay problemas. Musical y poéticamente, son bellísimas. Pero Dios ya no viene a escucharlas. Está en otro lado. No puede haber guerra victoriosa sobre hechos históricos. Yo me alegro mucho por lo que Dios hizo hace veinte años con usted, pero usted tiene que vivir una vida fresca, usted tiene que vivir el hoy con el Señor.
Primero: estaban proféticamente errados. Segundo, acamparon en un lugar histórico donde Dios ya no estaba. Dios se mueve. Si usted no se mueve con Dios, Dios se va. Nunca le diga usted a Dios: “A partir de mañana, Padre”. Porque Dios le dice ¡Okey! Y se va, y vuelve dentro de mil años. Un día. Cada vez que Dios se fue, es porque se enojó. Y siempre que se enojó, fue porque vio demasiada gente que no le creyó.
Entonces ellos se hicieron demasiado tarde la gran pregunta: ¿Por qué nos habrá herido Dios? Esa pregunta se la tendrían que haber hecho antes, igual a como usted se la está haciendo hoy, ahora, a sí mismo. ¿Por qué Dios podría herir a un pueblo y no llevarlo por el camino de la victoria? Ellos se hicieron tarde y mal la pregunta. Debieron haberle preguntado cómo, en lugar de por qué.
¿Se da cuenta que Pedro, cuando va a pararse para predicarles a los judíos en Pentecostés, ya había dejado atrás que Dios le hablara durante cuarenta días a los discípulos, que les enseñara el evangelio? Estuvo tres días en la tumba, son cuarenta y tres. Pentecostés fue en el día cincuenta. La iglesia estuvo siete días arreglando cuestiones internas, antes de ser soplada por el Espíritu Santo en el capítulo 2. Pedro dice que antes de ponerse en pie ante el mundo y liderar una guerra contra el mundo, dice que se puso de pie ante los discípulos, metido en un cuartito a cinco cuadras del aposento alto, llamó a todos los hermanos y les dijo: “Señores; no podemos pararnos ante el mundo porque en Jerusalén tenemos un mal testimonio por causa de Judas, dejó un campo de sangre. Y él era parte del ministerio”.
¿Sabe qué estaba diciendo Pedro? “Señores; el Señor Jesús nos ha revelado durante cuarenta días que el viento que va a soplar es fuerte. Nosotros no estamos fuertes. El viento no sólo va a impactar al mundo, sino que va a reventar a la iglesia. Dios le dice hoy a usted que, si no solucionamos el problema de Judas, cuando el Espíritu Santo sople, nos va a quebrar. ¿Y qué hicieron? Solucionaron el problema de Judas. Y pusieron a otro discípulo.
¿Cuántos querrán ganar la guerra? ¿Cuántos quieren que su iglesia crezca en los próximos cinco años? ¿Cuántos quieren ver la gloria de Dios? Mire la iglesia hacia adentro, pídale una revelación a Dios de ese interior. Que no haya grietas, que no haya huecos vacíos, que no le falte una pieza. Comience por su vida: que no haya una sola grieta en su corazón. Ya vamos a ver cuales.
Se hicieron la pregunta y entonces dijeron: ¡Ah! ¡Traigamos el arca! Entonces, al ver el arca, el pueblo dio un grito de guerra. Al oír esto los filisteos, empezaron: ¡Ohhh! ¡Trajeron el arca! Entonces podemos suponer que habrá aparecido por allí algún filisteo más audaz, con demonio atrevido que les dijo: ¡Eh! ¡Llorones! ¡Vayan a pelear! Porque los demonios de depresión, son deprimidos. ¿Cuántos saben que hay demonios de depresión? Y bueno, porque es deprimido. Se mete dentro suyo y usted rápidamente toma la forma del espíritu. Un espíritu encorvado es porque es encorvado. Se mete dentro suyo y lo encorva. Eso es guerra espiritual. Un espíritu de ceguera, es ciego; un espíritu de sordera, es sordo. Finalmente, los filisteos vencieron la depresión y fueron a pelear contra un pueblo que seguía cantándole a Eben-Ezer. No sólo perdieron la guerra, ¡¡Perdieron el arca!!
¿Sabe usted cual fue uno de los problemas más graves del pueblo de Israel? Que nunca entendieron la presencia de Dios en medio de ellos. ¿Cuántos quieren tener victoria? Bueno; entonces usted tiene que saber cuál es la función de la presencia de Dios en su vida. ¿Sabe cuál era el problema? Elí sabía lo que era el arca. Por eso cuando viene el pobre muchacho y le dice: ¡Nos robaron el arca! ¿Qué hizo Elí? ¡Pum! ¡Se murió! Cuando usted sabe mucho pero no lo transmite a la generación que viene detrás suyo, su sabiduría termina matándolo a usted mismo. Elí sabía mucho, pero nunca se lo enseñó a sus hijos. No tenían una doctrina sobre la presencia de Dios.
¿Hay posibilidad de que ganemos? Sí. El secreto está en que usted entienda la presencia de Dios en su vida. El arca representaba la gloria de Dios. No era la gloria de Dios, sólo la representaba. Ahora; si el pueblo no se dejaba gobernar por la presencia y la gloria de Dios en sus vidas, el arca no pasaba de ser nada más que un simple cajón de madera. ¿Entiende? Todo lo que hacemos debe servir para ser uno y para ganar al mundo. ¿Cuántos personajes importantes o famosos han muerto en estos últimos tiempos? Decenas. ¿Y qué ocurrió cuando ellos murieron? Pues que antes de una hora, se sabía en todo el planeta de sus muertes. Murió Cristo, hace dos mil años, y todavía hay millones y millones de personas que ni siquiera sabe que nació. Hoy, la gloria de Dios es Cristo, y él dijo: “La gloria que tú me diste, yo se las he dado”. ¿Para qué? “Para que sean uno y para que el mundo crea que tú me enviaste.”
Todo lo que usted haga tiene que servir y ser para que el mundo conozca a Dios. Entonces usted llevará la gloria y el arca de Dios con usted y usted ganará finalmente esta guerra. Está escrito que será así, Sólo falta que aparezca quien tome el botín.