De cada cien creyentes que oyen hablar de Guerra Espiritual, sólo cincuenta aceptan y creen que esta guerra es real, vigente y concreta. Los otros cincuenta, sin resignar cierto tipo religioso de fe en Dios, o no lo cree o, creyéndolo un poco, tiene tanto miedo que, – piensa -, si no se mete en los asuntos del diablo, el diablo no se meterá con él. No sé si verdaderamente habrá conocido a Cristo este creyente; lo que sí te puedo asegurar es que si piensa de este modo, no conoce al diablo.
Ahora bien; de los cincuenta que creen, no vamos a encontrar más de cinco o seis que tengan bien en claro como es esa guerra, cuales son sus características y, esencialmente, en que terreno o terrenos se lleva a cabo. Hoy, tomando por base ciertos elementos muy precisos quizás ya conocidos pero tal vez no recordados, te voy a mostrar cuales son esos terrenos que, a modo de título, hemos denominado Los campos de Combate.
Terreno Nº 1: LA TIERRA.
Terreno Nº 2: LOS CIELOS,
Terreno Nº 3: EL CORAZÓN DEL HOMBRE.
(1 Samuel 17: 1-10)= Los filisteos juntaron sus ejércitos para la guerra, y se congregaron en Soco, que es de Judá, y acamparon entre Soco y Azeca, en Efesdamín.
(2) También Saúl y los hombres de Israel se juntaron, y acamparon en el valle de Ela, y se pusieron en orden de batalla contra los filisteos.
(3) Y los filisteos estaban sobre un monte a un lado, e Israel estaba sobre otro monte al otro lado, y el valle entre ellos.
¿Ve algo raro? No lo hay. Esto es terrenal, concreto y natural. Hay dos ejércitos ubicados uno frente al otro. Hay un campo de nadie en el medio y hay una batalla incierta, de fuerzas parejas, a punto de comenzar.
(4) Salió del campamento de los filisteos un paladín, (Esto es: un “mediador”, alguien que podía decidir el resultado de una batalla particular con un solo enfrentamiento con otro paladín procedente del campo contrario) …el cual se llamaba Goliat, de Gat, y tenía de altura seis codos y un palmo. (Si tenemos en cuenta que cada codo constaba aproximadamente de cuarenta y cinco centímetros y el palmo casi treinta, Goliat, – debo decirte -, andaba más o menos por los tres metros de altura… (!!!)
(5) Traía un casco de bronce en su cabeza, y llevaba una cota de malla; y era el peso de la cota cinco mil siclos de bronce. (Debo aclararte que esto representa casi sesenta kilos. Y estamos hablando solamente de la cota, eh? Ni siquiera hemos tenido en cuenta, aún, a la armadura.)
(6) Sobre sus piernas traía grebas de bronce, y jabalina de bronce entre sus hombros.
(7) El asta de su lanza era como un rodillo de telar, y tenía el hierro de su lanza seiscientos siclos de hierro; e iba su escudero delante de él. (Seis cientos siclos es el equivalente a siete kilos – le ruego que siga sumando -, Sigue siendo todo total y absolutamente terrenal; no hay nada que indique algo de tipo celestial, asmático o sobrenatural, ¿No le parece? Prosiga:)
(8) Y se paró y dio voces a los escuadrones de Israel, diciéndoles: ¿Para qué os habéis puesto en orden de batalla? (Atención con lo que viene. Sin dejar de ser terrenal, en términos bélicos o castrenses, lo que dice Goliat es toda una “acción psicológica” tendiente a presionar a su enemigo subestimando sus preparativos.) ¿No soy yo el filisteo, y vosotros los siervos de Saúl? Escoged de entre vosotros un hombre que venga contra mí. (Y sí; estudiándolo desde el ángulo estrictamente literal, esto no parecería ser más que la explotación de una ventaja que verdaderamente existía.)
(9) Si él pudiere pelear conmigo, y me venciere, nosotros seremos vuestros siervos; y si yo pudiere más que él, y lo venciere, vosotros seréis nuestros siervos y nos serviréis.
(10) Y añadió el filisteo: hoy yo he desafiado al campamento de Israel; dadme un hombre para que pelee conmigo.
Usted piense lo que quiera, pero los combates entre los paladines o “mediadores”, eran usuales en algunos campos de batalla de la antigüedad. Por lo tanto, lo que hemos visto hasta ahora es la guerra en el plano natural, terrenal. Lo que sigue, en cambio, ya altera un poco las cosas y cambia la escenografía.
(11) Oyendo Saúl y todo Israel estas palabras del filisteo, se turbaron y tuvieron miedo.
Tome debida nota de esto. No hay escritura que hable o que haga referencia a cobardía por parte del ejército de Israel, ni de Saúl, pero aquí dice que tuvo miedo.
(12) Y David era hijo de aquel hombre efrateo de Belén de Judá, cuyo nombre era Isaí; el cual tenía ocho hijos; y en el tiempo de Saúl este hombre era viejo y de gran edad entre los hombres.
(13) Y los tres hijos mayores de Isaí habían ido para seguir a Saúl a la guerra, eran: Eliab el primogénito, el segundo Abinadab, y el tercero Sama;
(14) Y David era el menor. Siguieron, pues, los tres mayores a Saúl.
(15) Pero David había ido y vuelto, dejando a Saúl, para apacentar las ovejas de su padre en belén. (David iba y venía; tocaba el arpa para Saúl cuando él experimentaba una recaída, o cuidaba del rebaño de su padre cuando mejoraba. Esto explica por qué no estaba junto a Saúl en ese momento.)
(16) Venía, pues, aquel filisteo por la mañana y por la tarde, y así lo hizo durante cuarenta días. (¿Cuarenta días? ¿Será casualidad? Una pregunta: ¿Por qué sería que si este grandote salía a desafiar al ejército todos los días, durante más de un mes, nadie parecía reaccionar?)
(17) Y dijo Isaí a David su hijo: Toma ahora para tus hermanos un efa (Es decir: entre treinta y cinco y cuarenta litros) de este grano tostado, y estos diez panes, y llévalo pronto al campamento a tus hermanos.
(18) Y estos diez quesos de leche los llevarás al jefe de los mil; y mira si tus hermanos están buenos, y toma prenda de ellos.
(19) Y Saúl y ellos y todos los de Israel estaban en el valle de Ela, peleando contra los filisteos. (Esto es figurativo; peleando es un decir; naturalmente aún no había batalla, sólo preparativos. Sin embargo, como vamos a ver más adelante, la batalla ya estaba instalada en otro lado.)
(20 Se levantó, pues, David, de mañana, y dejando las ovejas al cuidado de un guarda, se fue con su carga como Israel le había mandado; y llegó al campamento cuando el ejército salía en orden de batalla, y daba el grito de combate. (Está muy claro: Israel, metido en una guerra interna que no quiere, busca la pelea real.)
(21) Y se pusieron en orden de batalla Israel y los filisteos, ejército frente a ejército.
(22) Entonces David dejó su carga en mano del que guardaba el bagaje, (Algo así como el encargado de la logística) y corrió el ejército; y cuando llegó, preguntó por sus hermanos, si estaban bien.
(23) Mientras él hablaba con ellos, he aquí que aquel paladín que se ponía en medio de los dos campamentos, que se llamaba Goliat, el filisteo de Gat, salió de entre las filas de los filisteos y habló de las mismas palabras, y las oyó David.
(24) Y todos los varones de Israel que veían aquel hombre huían de su presencia, y tenían gran temor.
Aquí está el campo de combate número dos: el miedo, terrorífico, paralizante, en este caso a causa de la imponencia de Goliat, instalado ya en el corazón de los hombres que conformaban el ejército de Israel. Segundo campo de combate espiritual, entonces: el corazón del hombre.
(25) Y cada uno de los de Israel decía: ¿No habéis visto aquel hombre que ha salido? Él se adelanta para provocar a Israel. Al que le venciere, el rey le enriquecerá con grandes riquezas, y le dará su hija, y eximirá de tributos a la casa de su padre en Israel.
Si se “pesca” la intención, es como si estos hombres estuvieran acicateando a alguien para que motivado por las ofertas, se decidiera a enfrentarse con el gigante paladín Goliat.
(26) Entonces habló David a los que estaban junto a él, diciendo: ¿Qué harán al hombre que venciere a este filisteo, y quitare el oprobio de Israel? Porque, ¿Quién es este filisteo incircunciso para que provoque a los escuadrones del Dios viviente?
Esta es la reacción de un creyente ante la batalla que se produce en el corazón: 1) Evaluar la calidad del premio porque la derrota no figura en su mente.- 2) Otorgarle prioridad, por celo santo, al oprobio de Israel por encima del que parecería ser “lógico” miedo a Goliat.- 3) Cuando se refiere al gigante, lo califica de “incircunciso”. Con eso puntualiza dos cosas: lo considera fuera del pacto del Dios de Israel y, si recordamos la terminología usada, lo tilda de soberbio.- 4) Eleva el desafío desde el campo de combate natural y literal, al divino.
(27) Y el pueblo le respondió las mismas palabras, diciendo: así se hará al hombre que le venciere.
(28) Y oyéndole hablar Eliab su hermano mayor con aquellos hombres, se encendió en ira contra David y dijo: ¿Para qué has descendido acá? ¿Y a quien has dejado aquellas pocas ovejas en el desierto? Yo conozco tu soberbia y la malicia de tu corazón, que para ver la batalla has venido.
Aquí hay dos cosas para señalar: 1) Eliab, desde el plano estrictamente humano, reacciona adversamente a las palabras de David sobre Goliat porque las consideró un insulto hacia el ejército de Israel-Nación. 2) Desde lo íntimo Eliab como no entiende la fortaleza espiritual de David, toma su osadía y falta de un temor que a él le sobra, como una fanfarronería desplegada para conseguir prestigio.
(29) David respondió: ¿Qué he hecho yo ahora? ¿No es esto mero hablar?
(30) Y apartándose de él hacia otros, preguntó de igual manera; y le dio al pueblo la misma respuesta de antes.
(31) Fueron oídas las palabras que David había dicho, y las refirieron delante de Saúl; Mira Saúl; no es por nada, eh? Pero por allí anda un loco suelto que parecería tener suficientes ganas de suicidarse como para enfrentar al filisteo que nos está provocando) …y él lo hizo venir.
(32) Y Dijo David a Saúl: No desmaye el corazón de ninguno a causa de él; tu siervo irá y peleará contra este filisteo.
Nadie puede explicárselo: ¿De qué nivel de inconsciencia saca esta valentía David? LA batalla en el corazón se desarrolla de acuerdo con el estado de ese corazón.
(33) Dijo Saúl a David: no podrás tú ir contra aquel filisteo, para pelear con él, porque tú eres muchacho, y él un hombre de guerra desde su juventud.
Decididamente, Saúl enfoca la cosa desde la lógica y los ojos naturales. Lo único que puede ver es que Goliat es un soldado veterano, potente y fuerte, y David una pequeña molécula insignificante, valiente, es verdad, pero sin la menor idea de lo que es un combate, un duelo de paladines.
(34) David respondió a Saúl: tu siervo era pastor de ovejas de su padre; y cuando venía un león, o un oso, y tomaba algún cordero de la manada, (35) salía yo tras él, y lo hería, y lo libraba de su boca; y si se levantaba contra mí, yo le echaba mano de la quijada, y lo hería y lo mataba.
Aparentemente, una vez más, David está haciendo alarde de su valor, de su falta de miedo y de su decisión. Esto que cuenta lo estaría mostrando como un guerrero imbatible desperdiciado en el cuidado de algunas ovejas.
Sin embargo, lo que David empieza a hacer aquí en adelante, es trasladar un combate que, habiendo empezado en lo terrenal, siguió en el corazón de esos hombres para, merced a su firme convicción, ser llevado donde debe estar: en las regiones celestes.
(36) Fuese león, fuese oso, tu siervo lo mataba; y este filisteo incircunciso será como uno de ellos, porque ha provocado al ejército del Dios viviente.
1)= David le saca toda connotación nacional y terrenal a la guerra y a la amenaza.- 2)= Para David, Dios no es ídolo mudo, ni ausente, ni muerto; ¡Es Dios viviente!
(37) Añadió David: Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo. Y dijo Saúl a David: Ve, y Jehová esté contigo.
Es notorio que la fe de David, sustentada en su conocimiento del poder de Dios, es lo que le permite confiar a ciegas sin pensar ni temer por lo que ve. Si pudo antes con osos y leones, no tiene por qué no poder ahora con el gigante.
Tanta es su fe que hasta el propio Saúl siente que algo extraordinario va a pasar y, a pesar que si se dejara llevar por el mínimo sentido racional de la lógica militar y guerrera, autorizar este combate sería como firmar la sentencia de muerte para David, decide darle el pase real y la derecha libre.
Consejo: no desperdicie usted las pequeñas oportunidades. Comprenda que ellas nos preparan para las grandes batallas.
(38) Y Saúl visitó a David con sus ropas, y puso sobre su cabeza un casco de bronce, y le armó la coraza. (Esto es la indumentaria que se usaba debajo de la armadura).
(39) Y ciñó David su espada sobre sus vestidos, y probó a andar, porque nunca había hecho la prueba. Y dijo David a Saúl: yo no puedo andar con esto, porque nunca lo practiqué. Y David echó de sí aquellas cosas.
(40) Y tomó su cayado en su mano, (El cayado era una especie de bastón rústico que los pastores usaban para guiar, proteger, estimular y contar sus rebaños) …Y escogió cinco piedras lisas del arroyo. (No es casual que fueran precisamente cinco; es el número de la Gracia, basado en la Trinidad: Padre – Hijo – Espíritu Santo, más sus hechos fundamentales: Creación y Redención) …y las puso en el saco pastoril, en el zurrón que traía, y tomó su honda en su mano, y se fue hacia el filisteo. (La honda se usaba con gran efectividad como arma de guerra. Los benjamitas eran tan diestros que podían partir un cabello en el aire con ella, como se cuenta en el libro de los Jueces capítulo 20 y verso 16. Era una pequeña bolsa de cuero, atada a dos largas cuerdas, también de cuero, sujetas a ambos lados. Se hacía girar sobre la cabeza una piedra colocada en la bolsa y se lanzaba a gran velocidad contra el blanco.)
(41) Y el filisteo venía andando y acercándose a David, y su escudero delante de él.
(42) Y cuando el filisteo miró y vio a David, le tuvo en poco; porque era muchacho, y rubio, y de hermoso parecer, (Es evidente que el perfil básico del soldado no era, para Goliat, ni joven, no rubio, ni bonito).
(43) Y dijo el filisteo a David: ¿Soy yo perro, para que vengas a mí con palos? (Lo dijo por el cayado) …y maldijo a David por sus dioses. (Entienda: ¿Necesitaba Goliat hacer eso? ¿NO resulta claro que la batalla YA estaba decididamente trasladada a los cielos, al ámbito de las regiones celestes, por los dos? Esto es clave.)
(44) Dijo luego el filisteo a David: ven a mí, y daré tu carne a las aves del cielo y a las bestias del campo, (Bravata, amenaza, asusta, subestima, vieja rutina, pero en lo íntimo, ¿Qué cree usted que pensaba Goliat?)
(45) Entonces dijo David al filisteo: tú vienes a mí con espada, lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado. (¿Cabe alguna duda que aquí hay una maravillosa, inexcusable e indiscutible tipología de la guerra espiritual? Lo que sigue, no es bravuconada, ni amenaza inconsistente de David; lo que sigue es palabra profética usada en batalla. PRE-DICAR, pre-anunciar, pre-declarar una victoria.)
(46 – 47)= Jehová te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré, y te cortaré la cabeza, y daré hoy los cuerpos de los filisteos (Ahora es Dios el que está hablando por boca de David) …a las aves del cielo y a las bestias de la tierra; y toda la tierra sabrá que hay Dios en Israel. // Y sabrá toda esta congregación (Vuelve a hablar David. ¿Congregación? ¿Qué congregación? ¿No hay una guerra?) …que Jehová no salva con espada y con lanza: (Con Espíritu) …porque de Jehová es la batalla, (No de exorcistas, no de ministerios de liberación, no de hombres o mujeres valientes, verdaderos canales de la unción que rompe yugos de esclavitud, no de especialistas, sino de Jehová, de Dios, de Cristo, del Espíritu Santo) …y él los entregará en nuestras manos. (¿Se da cuenta? Ya, en la batalla de los cielos, David deja de ser David y es Israel, el pueblo de Dios y Goliat deja de ser Goliat y pasa a ser “ustedes”. El Enemigo Vencido.
El resto de la historia es bien conocida. Dios no pierde ninguna batalla. Ni en los cielos, ni en la tierra ni debajo de la tierra; mucho menos en el corazón del hombre si ese hombre abre el suyo a Cristo. Tres cosas importantes para tener en cuenta:
1)= La batalla en la tierra se gana poniendo la carne al servicio del propósito de Dios.
2)= La batalla en el corazón se gana poniendo la mente en el pensamiento de Dios.
3)= La batalla en los cielos se gana llenándose con la guía, la sabiduría y el poder del Espíritu Santo.
No tema usted a la oposición, aún cuando parezca fuerte, y usted no pueda contar con un mejor apoyo.
No olvide que Dios puede usar sus limitados recursos, cuando estos están acompañados de una gran fe, para vencer los obstáculos que está enfrentando.