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Una Iglesia Profética

El levantamiento de una iglesia profética, es una iglesia que es una señal en la sociedad. Y todo comenzó preguntándonos, ¿Qué cosa es una iglesia profética? ¿Cómo se mueve en el Espíritu? ¿Cómo debe operar si se considera profética?

Si tuviera que colocar una definición sintética, sería la de ser sensible a lo que Dios está diciendo y haciendo hoy, y tener la habilidad para encarnarlo en el momento. Eso nos llevaría a convertirnos de inmediato en una señal para nuestra generación, en un patrón, un standard, un modelo.

Una de las cosas que busqué para ver por qué la iglesia primitiva era una iglesia profética, que dejó una señal, una huella en la historia de la iglesia, de manera que hoy todavía estudiamos la iglesia primitiva, para extraer principios de los cuales nosotros podríamos aprender, fue la causas: una fue que vieron a Jesús. 

Tú jamás serás efectivo hasta que no tengas una revelación personal de Jesús. No solamente estar contentos porque Él nos salvó, sino tener una revelación personal del propósito de Cristo. Ellos experimentaron personalmente el conocer a Jesús.

Pablo dijo: “Por no haberlo conocido, soy uno que nació fuera de tiempo, soy un abortivo, porque no llegué a verlo”. Pero lo vio por revelación divina. Tuvo un encuentro con él camino a Damasco, cuando ese poder lo tumbó al suelo, no sé si de un caballo, de un camello o de sus propios pies, sólo sé que se fue al suelo de la misma manera que se han ido muchos a los cuales luego hemos criticado por bulliciosos.

Ahora mismo, es mucha la gente que está en la iglesia pero que no ha tenido un verdadero encuentro con Dios, sino que convencidos, han transicionado hasta llegar a dónde están, pero no han tenido ese impacto, ese encontronazo con Dios, con Jesús, que es el que nos da una pasión que consume todo lo tradicional.

Ellos se paraban todos en la doctrina de los apóstoles. Esa es otra cosa que les dio mucha fortaleza en el principio. Pero si fuéramos a buscar los principios que la hicieron una iglesia profética, número uno, eran un pueblo receptivo, totalmente obediente.

Eran un pueblo de ciento por ciento obedientes. Era gente que oraba en contra de lo que cualquier otro oraría. Cuando hubo una persecución y ellos se subieron al aposento, no oraron para que no hubiera persecución, oraron para que Dios le diera de nuevo, y ellos siguieran haciendo precisamente lo que le habían prohibido hacer.

Era una iglesia que se unió cuando encarcelaron a Pedro, y oraron hasta que Pedro no salió de la cárcel no dejaron de orar. Era una gente totalmente obediente a los principios, no los abandonaban en crisis, no los abandonaban a mitad de camino, se unían de una manera impresionante.

Eso me trae a la número dos: no era simplemente una iglesia que venía el domingo, sino que experimentaron una relación fuerte. Estos eran amigos en la iglesia, fuera de la iglesia, durante la semana, durante el fin de semana y en todas partes.

Toda esta gente estaba unida por una relación que iba más allá de lo que era la concurrencia a la iglesia. Si algunos de nosotros quisiéramos que Dios nos visitara, tendríamos que cambiar algunas cosas. Si no tenemos contacto los unos con los otros, Dios no nos va a visitar.

Si nosotros no tuviéramos pacto el uno con el otro, Dios no nos va a visitar. Porque Dios sólo visita gente de pacto. Las relaciones apropiadas, siempre atraen la presencia de Dios. Dios siempre bendice cuando la relación es apropiada.

Después que hizo a Adán y Eva, los bendijo. Y los bendijo cuando eran dos, no cuando todavía era uno solo. Ya estaba hecho uno, pero hasta que no estuvieron hechos los dos, no fue la bendición. Dios busca relación, Él siempre creó al hombre para tener relación, comunión.

Y vemos que en la iglesia primitiva, había este tipo de relación; una relación que iba más allá de la cristiandad, eran uno en pacto; entendían lo que era un pacto. No solamente con Dios, sino el uno con el otro. Su fuerza era su fuerza, su dinero era su dinero, su apellido era su apellido; eran uno en pacto. Número tres, en Colosenses capítulo 3, vamos a ir allá para que lo vean.

(Colosenses 3: 16) = La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, (La traducción del inglés nos dice que more ricamente. O sea que el principio número tres, para que la iglesia se pueda convertir en una iglesia profética, es que la Palabra de Dios more ricamente en nosotros.

Que esté integrada en nuestra vida. Que la Palabra esté tallada en nuestro espíritu. Cristo dijo. Si tú permaneces en mí y mi Palabra permanece en ti, entonces puedes pedir lo que quieras y yo lo voy a hacer. Es decir que, una visitación de Dios, tiene como requisito que la Palabra de Dios more en ti y esté tallada en ti. Que sea aquello que te responde y te lleva a la victoria en el momento indicado.

Tú no consigues que el poder de Dios se desate, hasta que la palabra de Dios more ricamente en ti. Necesitamos estudiar, no simplemente escuchar un mensaje. Poca gente estudia. No hay material de verdadero estudio en las librerías cristianas, sólo hay libros que promocionan ministerios.

¿Sabes qué dicen algunos viejos hombres de Dios respecto a esto? Que somos el reflejo del corazón del pueblo. Todos queremos que la gente aprenda, pero el problema radica en que los que están al frente de esos lugares, no son ministros del Señor, son vendedores de libros.

Entonces te encuentras con estadísticas de literatura que le dicen a estos vendedores, con mucho acierto, que ese material no es demasiado buscado por la gente. Entonces ellos hacen la más lógica, no lo traen. ¿Para qué se van a clavar con libros que se apolillan en los estantes y nadie los compra?

No ocurre eso, fíjate la incongruencia, con las llamadas novelas cristianas. Yo doy gracias a Dios y bendigo ricamente a sus autores, pero convengamos que cuando se habla de ficción, se habla de algo que no es real, sino producto de la imaginación de un hombre. Entonces no me queda otra que preguntar: ¿Ficción en la iglesia, habiendo tanta verdad sin descubrir, todavía?

Lo peor del caso es que algunas de estas novelas tienen argumentos heroicos, tales como cristianitos anónimos peleando a brazo partido con terribles demonios y derrotándolos. Y ahí salen otros hermanitos sin conocimiento a hacer guerra espiritual en sus iglesias o en sus barrios y pagan graves consecuencias por estar sin respaldo divino. Convengamos que esta estrategia le ha salido muy bien al diablo, hay una enorme cantidad de lectores para esta categoría de literatura.

Dicen los que conocen más que yo sobre esto, que la literatura de enseñanza cristiana en idioma español ha sido reducida a un treinta por ciento, y que así y todo, los libros que más se venden, siempre tienen menos de sesenta páginas.

Me quedo con una conclusión de un viejo profeta del Señor: “Al pueblo latino no le gusta estudiar ni escudriñar. Tienen más éxito los CD o DVD con mensajes desarrollados, masticados y hasta digeridos que aquellos que obligan a estudiar y pensar.

Pero aquí estamos viendo que ninguna visitación de Dios llegará a nuestras vidas hasta que la palabra de Dios more ricamente en ellas. Que se entienda cabalmente, más allá de un devocional que, entre nosotros, fue un invento sin base bíblica hecho para lograr que la gente, al menos lea algo.

Recuerda cómo fue la batalla de Jesús en el desierto enfrentando las tentaciones; cómo la palabra de Dios salió con convicción de su boca, lo que nos deja en evidencia que, lo que tú entiendes de la palabra, es lo que te liberta.

Por eso dice que el conocimiento de la verdad te hará libre, no simplemente la verdad. Hay gente a la cual la verdad le ha andado dando vueltas en derredor toda su vida y jamás lograron conocerla. No le funciona. Número cuatro. Ahí mismo donde estábamos.

(Colosenses 3: 16) = La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales.

Estamos hablando de una adoración que tenga enseñanza, armonía y sabiduría. No cualquier canción. Armonía, enseñanza y sabiduría en salmos y cánticos espirituales. Esta es una adoración mucho más alta que simplemente tocar música.

Aquí se nos está hablando de que estos son los indicadores de cuando una iglesia es profética. Donde en la adoración, nos pueden llevar a un nivel donde se crea el salmo del Señor en nuestro espíritu; y el salmo, lo que trae, es armonía, exhortación y sabiduría.

O sea que el mismo cántico espiritual es parte de una enseñanza. Y fíjate que la estadística que te compartía antes sobre Biblias y libros, te la comparto ahora con respecto a la música. Y con asombro vemos que, mientras todo lo demás estuvo bajando en un treinta o cuarenta por ciento, la música ha subido en un trescientos por ciento.

Y que conste que, de la música que había incrementado su venta en un trescientos por ciento, sólo un diez por ciento de eso era inspiración de Dios. El resto es vamos a ver qué hacemos para completar el CD en la grabación.

Solistas. Trescientos por ciento. Cuatro paredes de música, tres folletos, dos biblias. Cuando quiero comprar una biblia tengo que encargarla con tiempo. Pero si hago un movimiento torpe dentro del salón de ventas, tumbo al suelo una pila de CD o DVD de música supuestamente cristiana.

No es una tontería, las canciones nos pueden preparar para el próximo mover de Dios, si obedecemos lo que ellas dicen proféticamente. Eso, si es que son proféticas. Por eso tenemos que llegar a ese nivel, para que a través de las canciones, Dios nos hable. 

Proféticos, salmísticos, que Dios nos hable a través de un cántico espiritual. Este no es un cántico aprendido, estamos hablando de salmos. Este es un fluir del Espíritu que tenemos que aprender, si es que vamos a terminar siendo una iglesia profética.

Después que la iglesia primitiva estuvo un rato experimentando este tipo de ministración, hubo una gran apostasía. Ya para el tercer siglo, la iglesia ya se había mezclado con la política, permitiendo así que el sistema del mundo entrara.

Hasta que luego vino el tiempo de la reforma que todos conocemos. La reforma fue algo muy bueno, pero conjuntamente a lo bueno, sucedieron otras cosas que quiero iluminar. Número uno, hubo una poda, es decir: se podó la iglesia.

Cada vez que Dios va a visitar la iglesia, antes de hacerlo, la poda. Hoy mismo, si observas con cuidado, vas a darte cuenta que Dios está podando varias áreas. Ahí es donde hay un reajuste de prioridades, motivaciones, las agendas privadas salen a relucir, una evaluación interna que Dios trata directamente con tu espíritu.

La visitación de Dios, requiere que primero se pode al pueblo. Recuerda que Dios poda para producción. Todos estos son requisitos indispensables si es que vamos a convertirnos en una iglesia profética. Va a haber una evaluación interna.

También, así como sucediera en el tiempo de Lutero, va a haber una comprensión de la autoridad del creyente. Ahí fue donde el creyente comenzó a entender que no necesitaba ser aconsejado por otro, sino que él mismo podía hablar con Dios; él mismo podía echar fuera demonios.

Y también vino el sacerdocio, para reducir y extinguir el campo que existía de distancia entre el clérigo y la gente. Y todo esto fue un desatar poderoso de parte de Dios, pero, hay que reconocer que en medio de todo esto, también perdimos algunas cosas buenas.

Quiero que me escuches en el espíritu cuando lo digo, por ejemplo: la iglesia Católica o romana que estaba en pie cuando vino la Reforma, tenía estructura autoritaria, y en un esfuerzo tremendo de libertad, medio como que nos pasamos de largo y fuimos a parar a cierto libertinaje, como producto de haber sido demasiado permisivos. Y, asimismo, perdimos el respeto natural por la estructura no humana sino divina de la iglesia.

Perdimos el conocimiento y el reconocimiento de Dios y del poder que tiene la iglesia. La iglesia fue reducida a una institución de servicio, cuando la iglesia tiene tanta autoridad como para, incluso, corregir hasta tus comportamientos.

Esa es la verdadera iglesia. Claro, los romanos lo llevaron a tal extremo que, entonces, produjeron un éxodo que se fue hasta el otro extremo. Pero, dentro de esos dos extremos, hay un balance que permite y determina reconocer la legitimidad y el poder que encierra la iglesia genuina, independientemente de las imitaciones, sus abusos, sus fraudes y hasta sus delitos.

Entiende esto. Tú, en tu vida natural, no puedes elegir quién es tu padre. Sin embargo, en lo natural, la gente elige quién será su líder, cuál será su iglesia y hasta quién deberá ser su cobertura. Déjame decirte que en el espíritu, eso no es así.

Como estará esto de la estructura institucional de tergiversado y torcido, que llegamos al extremo de que, en algunas denominaciones, la iglesia es la que elige a su pastor. Suponiendo que eso fuera bíblico, que no lo es, ¿Cómo encajamos la tipología de una tímida ovejita eligiendo quien la va a cuidar?

Perdimos el respeto por el poder y el gobierno que en verdad sí están encerrados dentro de lo que es la iglesia genuina del Señor. Las falsedades, errores, herejías y manipulaciones nos han hecho perder de vista lo real: la iglesia es de Dios y está capacitada para manifestar su poder.

Asimismo, y también a favor de la infinidad de barbaridades y abusos que llevamos vistos y hasta ministrados, también hemos perdido el respeto por el verdadero conductor espiritual de circunstancias. Dentro de la historia bíblica siempre ha existido un hombre encargado de ser pionero de algo que Dios comienza a tejer.

La sociedad no respeta en absoluto la palabra de la iglesia. Es que como ésta se ha comportado siempre dejándose llevar por intereses políticos, ideológicos o personales, siempre lo que tiene para decir es mirado desde una óptica muy similar a la que se usa cuando se oye a un funcionario.

De allí que a mí siempre me ha tocado decir que la iglesia del Señor no está puesta aquí en la tierra para sugerir. Yo puedo sugerirle cosas a un hermano que me escribe y me pide opinión sobre detalles de su vida cotidiana. Pero cuando se trata de la palabra de Dios, la iglesia no está para sugerir, está para decretar.

Eso, definitivamente se perdió, y de ese modo jamás se pudo, aún con las mejores intenciones y con el mismo Dios en el asunto, llevar a adelante una visión a corto o mediano plazo. Porque siempre las cosas que hay que hacer se hacen, “cuando se puede”. Déjame que te diga que la iglesia profética no opera así. Entra dentro de los patrones originales de la iglesia.

La iglesia tiene la responsabilidad, por ejemplo, de decirte a ti qué te conviene ver y qué te conviene oír. Y no es sectarismo ni mucho menos, es autoridad legal. ¿Cómo es posible que le permitamos a la escuela pública que nos dicte qué libros van a leer nuestros hijos, cuando en verdad la que sí debe dictarlo es la iglesia, que sabe de lo que está hablando? O debería saberlo, claro…

Sin embargo, obedecemos sin chistar a lo que la escuela pública dice, y si la iglesia ordenara que tal o cual libro no se debe leer, la mayoría corre más que rápido a comprarlo. Se perdió la visión genuina o se reemplazó por visiones personales llenas de ambición material.

Por eso es que el Proverbio dice que sin visión el pueblo se desenfrena, del mismo modo que el río pierde control, y deja de tener dirección sin no hay un dique de contención. La iglesia es la que debe discernir espiritualmente cuál es la tendencia espiritual adecuada para tu vida.

He dicho en más de una ocasión que, en lo concerniente a lo espiritual, cualquier prohibición es infantilismo, pero eso no quita ejercer una autoridad que se posee. Tú puedes ir al cine y ver lo que quieras, ir a la librería y comprar y leer lo que quieras y a las disquerías y comprar y escuchar la música que se te antoje.

Pero si la iglesia discierne que algo es negativo, tiene la obligación de decirlo, porque para eso es que Dios se lo ha mostrado. El resto es obediencia o desobediencia, y la conclusión final depende de ello, ya que será siempre consecuencia.

Hay ciertas cosas que la iglesia tiene autoridad para hacer, pero que en el nombre de una muy dudosa restauración se han perdido. Yo no creo que la escuela pública tenga el derecho de guiar a nuestros niños, tanto espiritualmente como educacionalmente.

La escuela no educa, sólo prepara mentalmente. Educación tiene que ver con escrúpulo y con moral, y eso sólo viene del hogar y tiene que ser hecho por el sacerdocio. Hay gente que estudia toda su vida en los mejores niveles y no por ello dejan de ser unos mal educados.

Número seis, Perdimos confesión. Número cuatro, era perdimos respeto espiritual del liderazgo y número cinco, perdimos el respeto espiritual por la palabra de la iglesia. Y número seis el que termino de darte: Perdimos poder de confesión.

De hecho, no estoy hablando de una cabina pequeña con un hombre sentado y, rejilla por medio, otro hombre contándole todas las cosas pecaminosas que hizo para que el otro hombre lo absuelva dándole un par de oraciones como penitencia, de hecho, no hablo de eso.

Pero no puedo ni evadir ni evitar tomar contacto con esa palabra que nos recomienda confesarnos nuestros pecados los unos a los otros. Esa es la misma palabra que nos asegura que si lo hacemos, Dios nos oye y pone en marcha de manera inmediata su perdón y limpieza para redención.

Número siete: hemos perdido el respeto por algunos de los fundamentos básicos de la iglesia. Cuando a Cristo le pidieron señales de los últimos días, Él dijo: sólo hay dos. Uno, Jonás. Como Jonás entró en la tierra tres días, esa es la señal de arrepentimiento. Dos: habló sobre Salomón, la enseñanza del Reino. Arrepentimiento y Reino, son las únicas dos señales de los últimos días.

Va a haber una restauración plena de lo que son ministerios de fundamento, que traen arrepentimiento y establecen el Reino. Eso tiene dos propósitos. El primero, oír de Dios. Si no tienes ministerios de fundamento cerca de ti, no oyes de Dios.

En segundo lugar, para que tengamos representación en el cielo. O sea, el oír de Dios de parte de los ministerios de fundamento, es la representación de Dios en la tierra. Del mismo modo que Dios es representado en la tierra, nosotros también tenemos voz en el cielo.

Claro, tú podrás decir que para qué, si Dios es Dios y Él no necesita que nosotros hablemos por Él. Escucha: tú tienes influencia en el cielo, porque de acuerdo con tu oración, el cielo se mueve. Necesitamos, entonces, la representación de nuestra voz en el cielo, tanto como la representación de la voz de Dios en la tierra.

Por eso es que necesitamos apóstoles y profetas. Jesús fue el representante de Dios en el planeta Tierra, pero también nos representó delante del trono. Es un mediador. Nosotros tenemos que restaurar este orden. Tenemos que tener hombres sacerdotales que nos sirvan como oráculos de Dios.

La palabra dice que aquel que vaya a hablar, que hable como oráculo de Dios, pero al mismo tiempo, que nuestra voz tenga autoridad, para que también sea escuchada en el cielo. Un ejemplo para eso, es Sodoma y Gomorra.

Si no fuese así, entonces Sodoma y Gomorra hubiese sido destruida juntamente con los justos. Pero la oración del justo puede mucho, dice Santiago. Los profetas son señales. Los ministerios proféticos son ministerios-señales; son pioneros.

Jeremías, por ejemplo, era un profeta que siempre lloraba, pero su llanto era una señal. Isaías era un ministerio sacerdotal; él fue una señal. Hoy Dios está levantando ministerios-señales para el tiempo presente. Ministerios letreros para el tiempo presente.

Ministerios que sirvan de patrón. Que trabajen toda una vida simplemente para dejar un letrero en la carretera y así, los que vienen luego, sabrán para dónde tienen que tomar y qué atajo les conviene para llegar antes a destino.

¿Qué es lo que entorpece este nacimiento? ¿Qué tipo de cosas entorpecen el nacimiento de una iglesia profética? Lo primero: un líder egocéntrico. Alguien así siempre va a estancar el fluir de Dios. Porque siempre va a activar su propio deseo.

   Es un requisito indispensable en un ministerio profético, tener a un líder que esté totalmente entregado a la voz y a la voluntad de Dios. Uno que no va a tener en cuenta que rostro pone el pueblo y cambiar el mandato de Dios conforme a sus conveniencias.

Porque hay quien se apoya en el rostro del pueblo para intercambiar el mandato. Si eso ocurre, jamás seríamos proféticos. Lo segundo, un pueblo que no responda. ¿Recuerdan cuando Moisés subió al monte? Él fue a buscar la palabra, la dirección de Dios. Y Dios le dijo que en realidad Él no quería darles una ley, pero había que hacer algo urgente porque si no el pueblo se iba a desenfrenar.

Y cuando él venía bajando escuchó un sonido que no era ni de alabanza ni de guerra, era más bien de fiesta, y de fiesta bien pagana. ¡Estaban adorando un becerro! Gente que no se acondiciona para recibir la palabra de Dios, destruye el propósito de Dios.

Las palabras que Dios nos va a dar como ministerios proféticos, precisan que nosotros estemos acondicionados para recibirlas. Algunos no reciben de Dios porque no están listos para responder. Por causa que no están listos para responder, aún frente a la revelación, ellos no la reciben. Porque Dios sólo le imparte al que tiene intención de responder.

La impartición viene cuando Dios descubre que en ese corazón, lo que hay es una intención de obedecer, entonces la deposita. Mientras tanto la escucha pero no entra. Esto es aquello que Él había predicado un solo mensaje, y dijo: “A estos les he dado a entender, pero a ellos no”.

Y era un solo grupo, un solo mensaje. Algunos entendieron, y otros no. A ellos se les da a entender que solo lo entendieron los que tenían la intención de obedecer. Y los que no tenían ninguna, se quedaron con la mandíbula caída preguntándose y preguntando qué era lo que había dicho.

Hasta que no estemos listos para obedecer la impartición de Dios, Él nunca toma lugar en nuestras vidas. O sea que hay gente que ya viene con corazón predispuesto, no estamos hablando de bueyes perdidos. Estos son principios que nos muestran dónde estamos y para dónde vamos.

Toda clase de revelación que tú no recibes, es por causa de que tu corazón no está dispuesto a responder, así que necesitamos acondicionarnos para recibir la palabra de Dios. O sea que tenemos que tomar decisiones en nuestras vidas antes que escuchar. No son exposiciones bíblicas, son mensajes de parte de Dios que demandan una acción inmediata.

Y cuando la gente no viene con la intención de tener una acción inmediata, en el mundo del espíritu se bloquea la impartición de eso. Sin embargo, gracias a Dios, otros sí han crecido muchísimo, y se puede notar el cambio en la gente a medida que reciben lo que Dios y no el hombre va mandando.

Cualquier cosa que mi espíritu me de testimonio que Dios está tratando de decir a través de la revelación, yo voy a decir que sí. Si mi espíritu da testimonio, ya digo que sí aunque todavía no lo entienda. Ya vengo predispuesto, pero al contrario. Si Dios me entrega algo, yo voy a correr con ello.

Eso es muy distinto a que si entiendo lo que dices a lo mejor lo abrazo. Ya eso no es un corazón condicionado. Lo tercero, como obstáculo, es cuando no hay estructura a través de la cual trabajar. Y no estoy hablando de estructuras religiosas, sino espirituales. Es muy diferente lo uno de lo otro.

Lo cuarto, es los espíritus no preparados. Es impresionante cómo le cuesta al latino obrar en el espíritu. Y lo único que yo sé que te prepara el espíritu para estar sensible a lo que Dios va a decir, es orar en el espíritu. Me refiero concretamente a orar en lenguas y a solas, para edificar el espíritu.

Hay mucha gente de sabiduría que sostiene que, si no se tiene la habilidad de sensibilizar al espíritu mediante el idioma espiritual de las lenguas, es prácticamente imposible que se reciba revelación. No lo estoy aseverando yo porque, al tener don de lenguas, no es mi problema. Sólo estoy repitiendo lo que he oído a gente con cierta experiencia en esto.

Incluso añaden más: enseñan que la oración en lenguas tiene que estar ejercitada diariamente, con la finalidad de mantener al espíritu en comunicación permanente con el cielo. Orar en lenguas no interfiere nada de lo que hagas porque no usas tu mente. Esa oración no pasa por el alma, viene del espíritu.

Porque, escucha, es posible hacer cosas espirituales y no estar en el espíritu. Esto nos sucede muy a menudo al cantar en la alabanza. Queremos cantar bonito para agradar a Dios y dejamos de sentir espiritualmente lo que estamos cantando. Alabanza no es recurso técnico, es sintonía con Dios.

Lo quinto, es falta de respaldo. Eso tiene que ver cuando la gente le roba el honor a Dios. Y muchos se preguntarán cómo pueden robarle el honor a Dios. Lo haces cuando no das honra a los que verdaderamente vienen enviados por el Señor.

Veamos: tú entras en mi página Web y te pones a leer o escuchar los audios. ¿Puedo preguntarte para qué? Seguramente que vas a responderme que porque tanto uno como lo otro, te bendice y alimenta. ¡Amén! Pero escucha esto: Si tú decides entrar aquí a escuchar lo que digo y no tienes intenciones de obedecerlo, tú estás deshonrando a Dios. Y no por quién sea yo, sino por quién es Él.

Ejemplo, los profetas. Hay tres dimensiones de profecía. Lo primero, el espíritu de la profecía. Eso se encuentra en 1 Corintios 14:3, donde dice que es para exhortación, edificación y consolación. Ninguna de esta trae dirección. Ninguna de estas es directiva.

Esto es el espíritu de profecía. En Samuel 19, cuando Saúl vino a la compañía de profetas no siendo un hombre profético, ni teniendo intenciones de profetizar, cuando se acercó a la escuela de profetas, la nube lo consumió y él también comenzó a profetizar con ellos.

Escucha esto: el propósito de nuestra adoración es el llevar a la gente a la dimensión donde el espíritu de profecía fluya, y cualquiera de los componentes del cuerpo pueda fluir con una palabra de Dios. Porque la adoración es simplemente un vehículo para llegar a un nivel de presencia superior.

Esto es edificar. Y edificar, tiene que ver con construir, con equipar, con hacer fuerte, ser recto, dejar herencia. Tiene que ver con demoler estructuras que no son relevantes, y construir sobre estructuras que sí lo son. Eso es edificar, o sea: palabra de edificación.

Pero ninguna de estas palabras proféticas son direccionales. No dirigen a una persona, sólo son para animar o desafiar para que sigamos al frente y adelante. Esta clase de profecía no necesita ser juzgada por los ancianos. Esta es la nube presente de Dios.

El segundo nivel, en Romanos 12:6 dice que si algunos tienen el don de profetizar, que lo hagan liberalmente. Entonces, lo que estamos viendo aquí es que hay gente que tiene un don de profetizar, es decir que han desarrollado la habilidad de profetizar, de traer palabra de conocimiento, de sabiduría con regularidad.

A veces es asociado con un llamado de ascensión, ya sea profeta, apóstol, pero no necesariamente; puede ser cualquier persona en el cuerpo. Pero este don necesita ser juzgado por los ancianos de la iglesia.

Y cuando hablo de iglesia no necesariamente hablo de congregación, aunque en algunos casos la incluya. Hablo de gente madura capaz de juzgar algo por el espíritu y no por sabiduría humana o estudios superiores de teología. Pero el nivel más alto, que es de lo que estoy hablando ahora, es que haya una persona conforme a Efesios 4:11, que viene a ser algo así como la oficina del profeta.

(Mateo 23: 29) = ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque edificáis los sepulcros de los profetas, y adornáis los monumentos de los justos, (30) y decís: si hubiésemos vivido en los días de nuestros padres, no hubiéramos sido sus cómplices en la sangre de los profetas.

(31) Así que dais testimonio contra vosotros mismos, de que sois hijos de aquellos que mataron a los profetas.

(32) ¡Vosotros también llenad la medida de vuestros padres!

(33) ¡Serpientes, generación de víboras! ¿Cómo escaparéis de la condenación del infierno? (Escucha: ¡Está hablando con los líderes de la iglesia, no con una pandilla de drogadictos!)

(34) Por tanto, he aquí yo os envío (Está hablando en futuro, observa) profetas y sabios (Ahí están los apóstoles) y escribas; y de ellos, a unos mataréis y crucificaréis, y a otros azotaréis en vuestras sinagogas, y perseguiréis de ciudad en ciudad. (Esto, aún sigue siendo igual. Profetas, hombres sabios y escribas. Estamos hablando de ministerios-señales. Gente que nace para ser una señal. Hemos conocido algunos de ellos. Y los hemos discernido como válido en medio de tantos y tantos falsos enviados por Babilonia para confundir al pueblo.)

La profecía hace tres cosas: 1) Ilumina. Eso está en Efesios 1:17-18. 2) Te da información. Cuando le dijeron a Pablo que se iba a Roma le iba a suceder esto y aquello, él estaba recibiendo una información. Pero que conste que cualquiera de estas dos cosas, iluminación o información, si viene de parte de alguien no reconocido con oficio de profeta, deberá ser juzgado.

Quiero que lo entiendas bien, porque estamos hablando de iglesias proféticas, no de dones. 3) Revelación escritural. 2 Timoteo 3 dice que toda escritura es inspirada por Dios y sirve para corrección. Ahí vamos más allá de un don de enseñanza; ahí vemos que la palabra nos corrige. Y la revelación de la palabra puede ser exacta, puntual, infalible, sin errores.

La revelación de la palabra, es infalible. Porque hay veces en que el ministro habla por la autoridad que posee y no por inspiración de Dios. Pablo decía: “hablo yo, no el Espíritu”.  Y tenemos que aprender a juzgar cuando Dios te está dando una revelación y cuándo hay una interpretación humana. Es por eso que la iglesia anda enredada.

Porque a todo lo que se para en un púlpito le dicen Dios, cuando en un noventa por ciento es interpretación de hombre, que habla con las credenciales y el permiso de la oficina que está ocupando. Pero el permiso, es un consejo que viene de tu experiencia, mientras que la iluminación es algo que viene directamente del trono. Y siempre es mejor que la experiencia.

En conclusión: Nº 1: para ser una iglesia profética, tenemos que crear una atmósfera donde la palabra de Dios tenga libertad para fluir y ser encarnada. Eso lo hacemos a través de nuestro corazón, de nuestra preparación, de nuestra música. O sea: venimos a participar de un servicio espiritual, no a recibir de él. A crear uno.

Donde lo que hay aquí, en las personas que sí tienen algo aquí, y hablo de los maduros, comience a fluir un ministerio corporal. Empezar a oír en el Espíritu los salmos y otros niveles. Es decir que, la gente tiene que venir ya sintonizada con Dios.

Que no vayan a pretender sintonizarse a un determinado lugar, sea salón, plaza o templo. Porque cuando esa gente sintonizada se reúne, donde quiera que lo haga, se crea un ambiente profético de inmediato. Pero no por la fama o prestigio del líder del lugar, sino por lo que ha traído cada uno.

Cuando la gente siente eso, no se va a ninguna otra parte. Porque allí no se están exaltando personalidades, no se necesitan habilidades humanas ni técnicas determinadas. Allí lo único que se siente, es verdaderamente la presencia de Dios. Y con eso alcanza y sobra, créeme.

Así que tenemos que crear ese ambiente. Claro, tú puedes decir que Dios es Dios y fluye donde le da la gana, pero no te creas. Cristo fue a Nazaret y ahí no pudo hacer nada, ¿Recuerdas? Hubo ocasiones, muy escasas pero puntuales, en las que el propio Jesús no pudo fluir en un determinado lugar de la manera que Él acostumbraba a hacerlo.

Así que debemos crear ese ambiente, y ese trabajo nos corresponde a nosotros, los más maduros. Porque los nuevos sí van a llegar muy cargados. A los que yo no espero que lleguen cargados son a ustedes, los que han madurado y están madurando junto conmigo.

Nº2: necesitamos de una iglesia que enseñe cómo entrar y cómo fluir. Crear esa clase de matriz en la que se puede llegar a cometer un error y poder continuar sin problemas. Y eso es lo que yo quiero que este trabajo haga en tu vida, que tú entiendas que para ser proféticos, tenemos que fluir.  Jamás se pone bueno antes de intentarlo. 

Nº 3. Tenemos que entender que somos un testimonio al mundo y a la iglesia. Eso significa que tenemos que superarnos. A la iglesia demandamos con un estandarte de conocimiento a que ellos suban a una nueva dimensión. Y par el mundo tenemos que ser un testimonio de arrepentimiento para ellos. Somos el testimonio de Dios en la tierra.

Para el mundo, que cause arrepentimiento, y para la iglesia, que les cause tanta vergüenza que no les quede otro camino que subir. Un patrón, una medida. Eso significa que hasta nuestra vida cotidiana tiene que cambiar. O sea: ser una voz en la comunidad, en tu escuela, en tu trabajo. Una voz. Que verte a ti sea sinónimo de escuchar la voz de Dios.

Nº 4: Una iglesia que abra nuevos niveles de profecía. Y que venga de lo que estábamos hablando, el ministerio corporal. Lenguas, interpretación. La palabra dice “busca profetizar”. Fluir profético conforme a lo que Dios determine para cada lugar, sin calcos, sin estereotipos, sin metodologías. Sin “esto se hace así porque allá funcionó así” No. Allá no es acá. Dios tiene planes, ¡Respétalos!

Nº 5: La iglesia profética tiene que entender que ella gobierna, en el espíritu, en la ciudad. Si eres profético, tarde o temprano, la gente va a acomodar sus servicios para que se le parezcan a los tuyos. Eso para que su gente no se vaya dónde estás tú. No importa. Dios lo va a usar igual.

Una iglesia profética. Que no es una iglesia donde necesariamente se profetiza, o se bendice a la gente con profecía personal. Nadie te dirá que conocerás a una hermanita rubia y que ella es la elegida de Dios para que sea tu esposa. Eso raya con el espíritu de adivinación. Un horóscopo cristiano.

Esto es otra cosa. Ser profético es ser una voz que expresa a Dios allí donde Él te ha puesto a vivir. De un modo que la gente que oye puede entender que Dios sí está hablando hoy. Y lo tiene que ver a través de nuestros testimonios de vida. Eso es Reino.

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enero 1, 2015 Néstor Martínez