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Trayendo a Dios a la Casa

A veces me pregunto si los cristianos tenemos conciencia respecto al uso del legendario, clásico y tradicional “amén” dentro de los templos evangélicos. ¡Hola! ¿Cómo estás, hermano? Y el otro responde: ¡Amén! ¿Amén? ¿Qué sentido tiene ese amén allí? No lo sé, pero se usa. Lo he oído muchas veces y te mentiría si te digo que jamás lo he usado yo mismo. Las muletillas religiosas se te pegan como garrapatas.

Pienso en eso, veo a muchos todavía adheridos a esos costumbrismos casi irracionales y me pregunto si podría, en ese marco, referirme por ejemplo a lo que vendría a ser en términos espirituales y prácticos un sacerdocio según el orden de Melquisedec.

Ustedes saben que hay un orden sacerdotal que está emergiendo. A eso lo podemos ver en Hebreos capítulo 7 sin irnos hasta allí porque voy a ir en otra dirección. Porque hay mucho para hablar de ese orden. Podría escribir y grabarte no menos de diez o quince estudios extensos sobre el tema.

Y aunque te diera descripciones precisas y específicas, creo que no me alcanzarían esa cantidad de trabajos para determinar y delinear lo que verdaderamente significa Melquisedec para nosotros. Sin embargo, por causa del tiempo, el espacio apto para los servicios de MP3 en la Web y mi propia posibilidad de concreción, me llevan a tener que darte, al menos, lo que consideramos más esencial.

Porque, una de las cosas que viene a ser este sacerdocio, es restaurar el dominio en la iglesia del Señor, que es como si estuviera hablando de restaurar la autoridad del creyente en el marco del Reino. Sin embargo, aquí no estoy refiriéndome a eso, sino a la autoridad de Dios. Porque si hablamos de dominio, debemos hablar del dominio de Dios, no del tuyo.

Porque yo creo que en el casi desenfrenado énfasis de levantar al hombre de su baja autoestima, nos hemos olvidado que fuimos comprados por un alto precio. Y esto significa claramente que no nos pertenecemos a nosotros mismos, tal como se difunde y promociona desde el mundo secular.

Entonces, eso nos deja bien establecido que, por más autoridad que tengamos, ya sea en el plano espiritual como en el estructural, el que tiene auténtico y genuino dominio sobre nosotros, es Dios. Y lo que Él espera, es que se lo demos voluntariamente, pero ¿Sabes qué? Él sigue siendo soberano.

Una de las cosas que hemos estado viendo últimamente en lo que hemos estudiado, es que si vives en el espíritu de la ley, eres totalmente libre. Porque vimos que la palabra libertad, en su esencia original, tenía que ver con estar libre de obstáculos para hacer lo que debemos hacer y no hacer lo que nosotros queremos ser.

En el libro de Malaquías, hubo cuatrocientos años de silencio porque Dios se enojó con el pueblo. Es imperativo que la iglesia entienda que no queremos tener a Dios enemistado con nosotros. Cuando Dios se aísla y retira su dominio de la iglesia, no se va por un mes, se va por un buen rato.

Y las veces que lo vemos en la historia bíblica, se va por cien años, por cuatrocientos, en fin, por muchos años. Estuvo cuatrocientos treinta años el pueblo en Egipto, estuvo setenta años en cautiverio en Babilonia, estuvo cien años cuando el tiempo de Samuel se fue del tabernáculo y, en Malaquías, no dijo nada por espacio de cuatrocientos años.

Impresionante, ¿Verdad? Se enoja y anda mudo y sin hablarnos por cuatrocientos años. Muy similar a nosotros. Nosotros a veces nos enojamos con alguien de nuestra casa y pretendemos seguir estando en nuestra casa sin hablarnos con alguien que vive bajo nuestro mismo techo.

Lo que pasaba con la gente, es que en lugar de vivir en el espíritu de la letra, vivía en la letra. Y al vivir en la letra, entonces el dominio de Dios se perdía. En verdad Dios, cuando dio la ley, no quiso cautivar a nadie. La ley es un vehículo para traer a Cristo, que es gratis.

Él quería que viviéramos en el espíritu de la letra. Cuando Él dijo: “Escúchame, vas a tener que llevar adelante ciertos órdenes de sacrificio”, esos órdenes de sacrificio se tenían que llevar a cabo porque estábamos pecando.

O sea que, si no pecábamos, no teníamos por qué hacer esos sacrificios. Es decir que Dios te daba la ley para revelarte que tú necesitabas algo, porque no estabas haciendo algo, y de ninguna manera para cautivarte a tener que hacer lo que Él dijo. Vete a Jeremías capítulo 7 un momento para que entiendas lo que estoy diciendo.

(Jeremías 7: 21) = Así ha dicho jehová de los ejércitos, Dios de Israel: añadid vuestros holocaustos sobre vuestros sacrificios, y comed la carne.

(22) Porque no hablé yo con vuestros padres, ni nada les mandé acerca de holocaustos y de víctimas el día que los saqué de la tierra de Egipto.

¿Será que Dios está loco? ¿Se le perdió un tornillo o se olvidó que hizo escribir los libros de Levíticos y Números? Él le está diciendo al pueblo que Él nunca dijo que sacrificaran nada. ¡Pero si todos los libros de Deuteronomio, Éxodo, Levítico, Números, en detalle nos hablan de cómo degollar los animales, qué parte comer, que parte no comer, cómo quemarla, cuándo, qué hacer con las partes, dónde rociar la sangre, todo.

Sin embargo, este verso nos dice que Dios les dice que nada les mandó sobre holocaustos. Pero nosotros sabemos que sí lo hizo, pero de ninguna manera con la intención que ellos quedaran prisioneros del rito. Lo hizo para que ellos entendieran a ese rito, y luego al ver la realidad, ese rito desapareciera.

La iglesia anda prisionera igual, todavía. Nos hemos quedado con los ritos, y la esencia de lo que el rito representa, no se hace. Nos ministramos unos a otros con la imposición de manos, pero no nos ministramos unos a otros como seres humanos.

Es más fácil orar por alguien que hacerse responsable de alguien. Yo sé que llevo inquietud a los oyentes cuando toco temas así, pero sopórtame, es por tu bien espiritual. Es más fácil pasar la bandeja con las copitas de vino y los trocitos de pan que darles de comer a los que menos tienen, durante la semana hasta que consigan trabajo y se recuperen.

Sin embargo, eso es lo que los ritos significan, y Dios sólo registra las realidades, y no las sombras. Estamos hablando de devolverle a Dios el dominio que en este tiempo no puede ejercer. Porque nosotros tenemos ciertos barullos congregacionales a los que solemos llamarlo dominio de Dios, pero no lo es.

Hay una dimensión superior que Dios está trayendo a su casa, que no hemos experimentado nunca. Y que no podremos sortearla sin el dominio corporal de Dios en su casa. Cuando Israel tenía eso, no se moría nadie. Cuando a Israel se le moría uno, decían: ¡Un momento! ¡Dios no está con nosotros!

Hoy se mueren de todos los colores y la gente sigue cantando que Dios está con ellos. Hay un nivel al que queremos llegar, donde si antes de la cruz, ellos creían que perder un ser era no tener a Dios con ellos, eso hoy es sombra de lo que debe venir.

Porque todas esas cosas, lejos de ser lecciones de historia hebrea, fueron escritas como ejemplos para nosotros, hoy. Porque si algo me dice a mí que va a haber una gloria corporal, va a haber una plenitud de Dios que tiene que llegar a su casa, donde vamos a ser reconocidos como iglesia genuina porque Dios está en nuestro medio, nada menos.

No porque cantemos acerca de Dios, o porque digamos las cosas de Dios, o porque practiquemos los ritos que alguna vez Dios estableció como base para estudiar una esencia. Lo veremos cuando comprobemos que la esencia se ha tragado a la sombra.

La encarnación de su palabra. La plenitud de Cristo a través de nosotros. Y para allá es que se está encaminando la iglesia genuina. Y para eso es que viene este orden sacerdotal. Recuerda que este orden sacerdotal no es un orden de pastores o de líderes, sino un reino de sacerdotes. Esta es la mentalidad que tiene que permear la iglesia.

(Verso 23) = Más esto les mandé, diciendo: escuchad mi voz, y seré a vosotros por Dios, y vosotros me seréis por pueblo; y andad en todo camino que os mande, para que os vaya bien.

El asunto es la obediencia. O sea que, si hubiera entendido para qué eran los sacrificios y hubieran obedecido su voz, no hubieran pecado y no hubiesen necesitado sacrificios. Pero ellos prefirieron hacer sacrificios todos los años y nunca obedecer su voz.

Vamos a llevar a eso a una escala más entendible en nuestra vida cotidiana. Si tú tienes un hijo y está cursando la escuela, y tú le dices que quieres que haga la tarea, el trabajo de hogar, y que si no lo hace lo va a castigar; ¿Cuál será la motivación, el castigo o tener que hacer la tarea?

La ley, allí, es: te voy a castigar si no haces el estudio. Entonces, algunos estudiantes eligen el castigo y todos los días se castigan. Eso es rito. Dicen: yo sé que por no hacer esto, debo ser castigado por espacio de una hora. Entonces me castigo y cumplo con la sentencia antes de cometer el delito.

Eso es calcular el costo, y si no es muy caro lo pagan. Así consiguen hacer lo que quieren hacer de todas formas. ¿Quiénes de los me escuchan podrá decir que nunca hizo en su vida anterior a Cristo, (O posterior) algo así? Sin embargo, el motivo de la ley es que cumplas con la tarea, no que seas castigado.

Por eso es que tenemos que seguir buscando qué forma de castigo es necesaria para que produzca lo que queremos y no para que él se sienta más cautivo o prisionero. Cuando Jonás fue a profetizar, él dijo “cuarenta días y vas a ser destruido”. Pero en el corazón de Dios nunca estuvo la idea de destruir a Nínive.

En el corazón de Dios, Él dice: “Si profetizo algo que es drástico, se convierte el corazón y lo puedo perdonar, porque hay ciertas leyes que tienen que operar para yo operar en gracia. Sin arrepentimiento no fluye, necesito lograr que se arrepientan, así que voy a ajustar las clavijas bien fuerte.

El que no entendió lo que quería Dios, fue Jonás. Jonás se quedó en la letra y ustedes conocen la historia. Pero el corazón de Dios, es: si aprieto lo suficiente, si las palmadas que le doy al niño se meten en su memorial, no lo vuelve a hacer.

Ustedes recuerdan que en el tabernáculo había dos partes, y una vez al año se traía el arca. Estamos hablando de la sombra, porque la sombra es tipología de la realidad. Esa arca representaba la gloria, el dominio, la manifestación de Dios en aquel lugar y el gobierno.

Ahora bien: si la caja o arca no estaba en el Lugar Santísimo, la actividad se reducía a ritos sin valor. Si la caja no estaba en su lugar, el orden sacerdotal que practicaba sus servicios, los rendía sin valor, sin propósito.

Igual es con la iglesia. Aquello que representa la caja, es lo que identifica si somos iglesia o no. Sin la caja, nuestras reuniones sólo serían ritos. Y yo no llamo a la caja “manifestación de altar”, sino que vamos a ver qué significaba la caja en la palabra.

En la palabra, la caja no significaba que yo te pusiera la mano en la cabeza y tú te fueras al suelo, o se te pusiera la piel de gallina, o que te sintieras espectacularmente, o que se te diera por llorar o temblar en su presencia.

Las manifestaciones del Espíritu santo son muy importantes y las necesitamos, pero lo que Dios representa a través de la caja, no tiene nada que ver con ministración de altar. Lo reitero, así pasa en algunas de las iglesias estructurales que conocemos.

En Éxodo 33, Moisés le dijo al Señor: “Yo no quiero ir a ninguna parte si tú no vas con nosotros”. Dios le dijo: “Bueno, pero entonces yo te voy a enviar un ángel, y voy a echar al cananeo, jebuseo y a todos los feos que están en tu medio.”

O sea que lo que quiero decir es que es posible que Dios no vaya contigo, y te dé inercia, poder de penetración. Que dé victoria en batallas. Que echara a los heveos, jebuseos y a todo el mundo. Conquistar tierras, o sea: crecer numéricamente. Y sólo tener un ángel, y no la presencia de Dios.

Estamos hablando de que lo que Dios le ofreció a Moisés fue una iglesia pujante en el siglo veintiuno. Que conquista tierras, que derriba a su enemigo, que penetra en prosperidad, donde fluye leche y miel. Sin embargo, Dios dijo: “No voy”.

Quiero que entiendas que, lo que estamos llamando “la presencia de Dios”, no es lo mismo que lo que la hemos llamado hasta hoy. Cuando éramos niños, identificábamos las cosas según el entendimiento de niños, pero hoy vivimos en un nivel donde la iglesia, aunque tú seas niño, ya no lo eres.

Ya tienes cierto tiempo de existencia, que demanda cierto nivel de mentalidad a los cuales queremos llegar. Dios le dijo a Moisés: “No te preocupes, yo destruyo a todo el mundo y hago de ti a otra nación”. Nota que Dios no necesita demasiada gente para garantizar presencia en su medio.

Él dijo: “si quiero los puedo expulsar a todos, me quedo solamente con Moisés y hago otra nación”. Ustedes conocen la historia; Moisés defendió al pueblo, porque su consumación no era ser grande, sino consolidar el destino del pueblo. Ese es el verdadero corazón de lo que nosotros llamamos un líder.

Hoy en día si Dios les llega a hacer esa oferta a algunos líderes, dejan a toda velocidad la iglesia y se van con Dios. “¡Sí, Señor! ¡Échalos, nomás y haz de mí una gran nación!” Así que nuestra identidad como iglesia está atada a lo que representa esta arca.

Fíjate que en Éxodo 33 dice: “¿Cómo sabrá la gente que nosotros somos tu pueblo, si tu presencia no va con nosotros?”. O sea que lo que nos identifica como iglesia no son los mantos, ni las prendas raras, ni las Biblias bajo nuestros brazos ni nuestro hablar raro.

Lo que nos identifica como iglesia no son las hermosas y pegadizas canciones, la mayor o menor cantidad de gente, nuestros pomposos títulos habilitantes ni ciertas credenciales globales. Lo que nos identifica como pueblo de Dios es que Él esté en nosotros.

Y recuerda que la presencia no es aquello que nos hace grandes o nos expande, que nos tare número o nos da victoria ni prosperidad. Quiero que entiendas que hay un cambio de mentalidad en la iglesia que tú, como hombre del Señor, tienes que conocer para poder llevar a la iglesia a una próxima dimensión con Dios.

O sea, entonces, que la presencia no es piel de gallina ni las cosquillas en la carne; tampoco es las lágrimas rodando en los altares o ese sacudirse tan singular que todos hemos visto en todas las congregaciones del planeta.

La presencia no es necesariamente caer bajo el poder de Dios, aunque lo incluya. Tampoco es la risa o el gozo ni el ponerse a brincar como becerros de la manada. Repito: todo eso es bueno y parte de nuestras vivencias como creyentes y nos bendice grandemente cuando se manifiesta.

Pero, lo que estamos llamando Presencia, está mucho más allá y en otra dimensión que este nivel de actividad eclesiástica tradicional y clásica. Eso que yo quiero expresar, es lo que Dios quiere restaurar. Quiero que entiendas que estoy hablando contigo, no con el hermanito que justo no escuchó este estudio.

Estoy hablando con toda la iglesia, y eso me incluye. Claro está que no me refiero a esa que está atada con una cinta alrededor del púlpito como si fuese una cerca particular y personal bajo un rótulo parecido o similar a Dios es Amor u otro lema por el estilo.

No estoy hablando de esa clase de gente. No tenemos tiempo para eso. Estoy hablando con la iglesia que tiene la capacidad de llevar a la iglesia ignorante a una próxima dimensión con Dios. Está tratan do de emerger, está tratando de construir un sacerdocio, y va a tratar primero con los que tienen toda la gracia y toda la oportunidad de ser los que van adelante.

Como siempre lo ha hecho. Comienza por lo más grande, pero si no funciona, se va al desierto y levanta a cualquiera. La experiencia de Moisés con dios en aquel lugar, le puso por nombre al lugar, Jehová Shama.

Así que, número uno: el arca es la vivencia de que Dios está en tu medio. Quiero que veas lo que representa el arca. Evidencia de que Dios está en su medio. Número dos: el arca es el propósito por el cual la gente se congrega. Número tres: el arca representa lo preciso y lo exacto de la dirección del viaje o la jornada. Porque el arca era la que dirigía la jornada del pueblo.

O sea que no se equivocaban, no erraban, porque el arca dirigía. Si no es porque vamos a describir que se fue, no tenemos dirección exacta ni precisión. Andamos persiguiendo cualquier viento que se levanta. Recuerda que estamos describiendo la presencia de Dios. Cómo se fue y como la vamos a traer.

Número cuatro: el arca es aquello que neutraliza el clima de las condiciones hostiles del desierto. Es un termostato divino. Si hacía frío, se manifiesta como columna de fuego; si hacía calor, como nube, o sea: la presencia de Dios, aclimata el ambiente.

Un termostato divino. Cuando está pesado, te aliviana; cuando está liviano, te pone carga. La presencia te mantiene donde debes estar, para que no haya frivolidad en la iglesia. Número cinco: la presencia te da victoria en tiempos de guerra. Esto es lo que representa el arca, y esto es lo que se ha ido de la iglesia.

Hubo un tiempo en que el arca se perdió a manos del filisteo. No la caja, la presencia. La caja andaba por ahí. No la caja, sino lo que la caja representaba. La caja andaba por ahí, de mano en mano. Pero Dios no estaba involucrado en ese pasamanos de la caja.

Todo fue resumido en una palabra: Icabod. Caos espiritual, anarquía espiritual. Resumido, la gloria partió. Y hay dos cosas que debemos revisar. Las condiciones que rodean a la partida del arca, o las que identifican la razón por la que se fue el arca, o el gobierno de Dios. Y la otra, es: ¿Cómo la volvemos a traer?

Estos son principios de reforma, de sacerdocio Melquisedec, que viene a reformar a la iglesia. No a restaurar, no a avivar; a reformar. La restauración es pintar la casa, pero una reforma es cambiarle el fundamento. Normalmente se debe destruir la mayor parte de la casa para hacerlo.

Está sucediendo, mis amigos. Vamos a ir a 1 Samuel. Y vamos a ver allí la historia de Elí y vamos a sacar unos principios de ahí, cuando la gloria partió de Israel. Cuando el arca se fue. Ya lo he enseñado en algunas ocasiones a esto, pero si me lo olvido yo no me cuesta nada suponer que a ti te puede pasar lo mismo. Entonces lo reitero una y otra vez, todas las veces que sean necesarias. Setenta veces siete.

1 Samuel capítulo 2. Recuerda que Elí representa un tiempo de reforma espiritual, donde la iglesia está transicionando del tiempo de Jueces a un tiempo profético. Era otro orden sacerdotal. De los nazarenos, a ministerios proféticos.

Era una transición drástica, similar al tiempo de hoy. Y un orden levítico que todo lo hace por ritos y por cosas externas. Hay una gente que conoce a Dios sólo por fe, no necesita ritos para sentir que han tenido su encuentro íntimo con Dios.

(1 Samuel 2: 12) = Los hijos de Elí, eran hombres impíos, y no tenían conocimiento de Jehová. (Recuerda que la ministración del tabernáculo, era llevada a cabo por los hijos de Elí. Y Elí representa al orden que se está removiendo, el orden que está siendo sustituido).

(13) Y era costumbre de los sacerdotes con el pueblo, que cuando alguno ofrecía sacrificio, venía el criado del sacerdote mientras se cocía la carne, trayendo en su mano un garfio (Un tenedor) de tres dientes, (14) y lo metía en el perol, en la olla, en el caldero o en la marmita; y todo lo que sacaba el garfio, el sacerdote lo tomaba para sí. De esta manera hacían con todo israelita que venía a Silo.

(15) Asimismo, antes de quemar la grosura, venía el criado del sacerdote, y decía al que sacrificaba: da carne para asar para el sacerdote; porque no tomará de ti carne cocida, sino cruda.

(16) Y si el hombre le respondía: quemen la grosura primero (Eso era lo que ordenaba la ley) y después toma tanto como quieras; él respondía: no, sino dámela ahora mismo; de otra manera yo la tomaré por la fuerza.

(17) Era, pues, muy grande delante de Jehová el pecado de los jóvenes; porque los hombres menospreciaban las ofrendas de Jehová.

Nota que el menosprecio de las ofrendas de Dios es un pecado muy grande delante de Jehová. Eso es constante en todos los tiempos. Aquí vemos que la administración de la iglesia estaba siendo llevada a cabo por los hijos de Elí.

No hace falta recordar mucho de la historia ya que la hemos leído muchas veces. Entendemos que los muchachos no se estaban portando bien. Sus testimonios no eran precisamente los que su papá el sacerdote necesitaba para ser estimado por su congregación. Fíjate como sigue.

(Verso 22) = Pero Elí era muy viejo; (Pese a que Elí era, en efecto, un hombre de cierta edad, la palabra viejo, aquí, tiene que ver con incapacidad para liderar. Un hombre que ya no traía dirección.) y oía de todo lo que sus hijos hacían con todo Israel, y cómo dormían con las mujeres que velaban a la puerta del tabernáculo de reunión.

(23) Y les dijo: ¿Por qué hacéis cosas semejantes? Porque yo oigo de todo este pueblo vuestros malos procederes.

(24) No, hijos míos, porque no es buena fama la que yo oigo; pues hacéis pecar al pueblo de Jehová.

(25) Si pecare el hombre contra el hombre, los jueces le juzgarán; más si alguno pecare contra Jehová, ¿Quién rogará por él? Pero ellos no oyeron la voz de su padre, porque Jehová había resuelto hacerlos morir.

Quiero que entiendas que, cuando hay un cambio de sacerdocio, un cambio de comportamiento no te salva. No es cuestión que te portes mejor. Este es otro día que requiere otro tipo de liderazgo. Requiere otra gente que tiene otra configuración interna.

La forma en que está hecha, el carácter de esa persona. La forma en que piensa. No es la capacidad de doctrina, o entender un mensaje. El cambio no es relativo a un mensaje. El mensaje sólo articula el cambio.

Pero para liderar esta generación, hacen falta ciertas dinámicas internas que sólo Dios teje dentro de la persona cuando nace. Que están maduras para el tiempo en que la generación las necesita. Que son diferentes a la que tenía esta gente.

Es como un competidor en una carrera de relevos. El que le toca correr el primer tramo, tiene capacidades o destrezas físicas diferentes al que le toca correr el último tramo. Normalmente, el que corre último es intrépido, y tiene una sola cosa en mente: cruzar.

Cuando va llegando se arroja de pecho, y el primero nunca lo ha hecho. Quizás corre más rápido que el otro, pero aquel es más intrépido. Aquel corre más con el corazón que con los pies. Aquel se lo dan último y todavía cree que llega primero.

El que viene adelante, depende de la velocidad de dárselo al segundo. Pero el que va último depende de cruzar, no importa cuando lo reciba. Dentro de estos dos corredores, hay dos distintos hombres que sólo Dios crea, y que ninguna doctrina puede cambiar.

La generación que se arroja desde aviones, o parapentes, o esquíes de nieve, es la de hoy. La de ayer, por más intrépida que fuera, no lo habría hecho jamás. Porque la generación de hoy es así. Es normal entre ellos arrojarse desde el extremo de una montaña.

En mis tiempos y sin exagerar, correr en bicicleta era una aventura. Porque éramos otra clase de personas y no estábamos hechos con intrepidez. Claro está que estoy hablando de manera masiva, claro que hay excelentes y muy honrosas excepciones.

Cuando Dios levanta una generación, levanta otra clase de hombres. Salvos y no salvos. Estoy hablando de la humanidad, no de la iglesia. En este tiempo vive un tipo de gente. En otros tiempos, vivió otro tipo de gente. Salvos o no salvos.

Y cuando hay una transición, el líder se escoge de entre la gente, que está en la generación. Normalmente, Dios saca al líder de esta generación, de debajo de las narices del líder de la generación previa. Pero viene con otro espíritu, como Josué o Moisés.

Moisés tenía un espíritu “de mantenimiento”. Él pudo sacar, por intrepidez, al pueblo de Egipto. Pero no tenía nada en sí que pudiera dividir la herencia. El que era administrador para hacer eso, era Josué. Sólo que Josué amaba tanto a Moisés, que Moisés tuvo que morir para que Josué cruzara.

Porque Dios tiene un plan eterno, que no depende de los bienes del hombre. Los hombres, en todo caso, son parte del plan eterno de Dios. Y como para Dios no existe la muerte porque estar ausente del cuerpo es estar presentes con Él, se los lleva.

Él nunca pierde a nadie. Quien sufre es el que se queda, pensando que el otro se murió. Para nosotros no existe la muerte. Cuando alguien se muere, lo que hace es pasar a la vida. De manera que cuando muere un hermano, no hablamos de qué se murió, decimos que pasó a la vida eterna.

(Verso 26) = Y el joven Samuel iba creciendo, y era acepto delante de Dios y delante de los hombres. (Nota que el nuevo mover viene creciendo, mientras que el viejo está establecido.)

(27) Y vino un varón de Dios a Elí, y le dijo: Así ha dicho Jehová: ¿No me manifesté yo claramente a la casa de tu padre, cuando estaban en Egipto en casa de Faraón?

(28) Y yo le escogí por mi sacerdote entre todas las tribus de Israel, para que ofreciese sobre mí altar, y quemase incienso, y llevase efod delante de mí; y di a la casa de tu padre todas las ofrendas de los hijos de Israel.

(29) ¿Por qué habéis hollado mis sacrificios y mis ofrendas, que yo mandé ofrecer en el tabernáculo; y has honrado a tus hijos más que a mí, engordándoos de lo principal de todas las ofrendas de mí pueblo Israel?

(30) Por tanto, (O sea: hay consecuencias) Jehová el Dios de Israel dice: Yo había dicho (¡Oh! ¡Oh! Nota que Dios sí se retracta de las cosas que ha dicho) que tu casa y la casa de tu padre andarían delante de mí perpetuamente; (Es verdad, lo había dicho. Son cositas que a veces van en contra de nuestras doctrinas, pero siguen siendo verdades escondidas) más ahora ha dicho Jehová: nunca yo tal haga, porque yo honraré a los que me honran, y los que me desprecian serán tenidos en poco.

¿Tienes idea cuánta gente está despreciando el mover de Dios, hoy? ¿Quieres saber cuál es la relación de Dios con ellos? Fíjate el final de este texto que te leí: los tiene en poco. Porque esto no es una opción, es una necesidad.

(31) He aquí, vienen días en que cortaré tu brazo (Esto es, el alcance de tu ministerio, la influencia, el perímetro de alcance) y el brazo de la casa de tu padre (Ahora está hablando de tu simiente. Si tu padre tuvo tres hijos, ya le voy a cortar el brazo y vas a tener menos de ahora en adelante) de modo que no haya anciano en tu casa. (Parece que nadie va a llegar a viejo en el árbol familiar).

(32) Verás tu casa humillada, mientras Dios colma de bienes a Israel; y en ningún tiempo habrá anciano en tu casa.

(33) El varón de los tuyos que yo no corte de mi altar, será para consumir tus ojos y llenar tu alma de dolor; (O sea. Si dejo a uno en el ministerio, es para que te saque los ojos. Mientras tanto a los demás, los saco del ministerio. Nadie me entrará al altar, y si dejo a uno, es para que saque tus ojos. Tremenda profecía. ¿Cuántos dan gracias a Dios porque no es suya?) y todos los nacidos en tu casa morirán en la edad viril.

Esto es importantísimo, porque recuerda que en aquel tiempo la gente se identificaba por su genealogía. Suponte que tú eres un nieto de Elí y vayas a pedir a tu novia. Y el padre te diga: ¿Y tú quién eres? Yo soy Fulano, hijo de Zutano. Zutano, hijo de Merengano. Merengano hijo de Fulano, y Fulano, hijo de Elí. ¡Párate ahí! ¡Lárgate! Te vas a morir a los treinta años, no quiero que te cases con mi hija. Porque dice en otra versión que mayores de treinta años, ninguno.

(34) Y te será por señal esto que acontecerá a tus dos hijos, Ofni y Finees: ambos morirán en un día.

(35) Y yo me suscitaré un sacerdote fiel, que haga conforme a mi corazón y a mi alma; y yo le edificaré casa firme, y andará delante de mi ungido todos los días.

(36) Y el que hubiere quedado en tu casa vendrá a postrarse delante de él por una moneda de plata y un bocado de pan, diciéndole: te ruego que me agregues a algunos de los ministerios, para que pueda comer un bocado de pan.

Nota que va a levantar un sacerdocio, y el que quede del sacerdocio anterior, viene para servir al sacerdocio que se está levantando. Hay ciertos principios, aquí, encerrados, que si me pongo a detallarlos a lo que Dios está haciendo hoy, mucha gente se ofende.

Porque cree que porque tenían previas posiciones aquí, ya eso sería suficiente. Recuerda la escuela. Tú eras el distinguido de tu clase de quinto, pero cuando pasaste a sexto no pasaste como distinguido, ahí tuviste que comenzar desde cero para llegar a serlo.

(Salmo 78: 59) = Lo oyó Dios y se enojó, y en gran manera aborreció a Israel.

(60) Dejó, por tanto, el tabernáculo de Silo, la tienda en que habitó entre los hombres.

¿Qué está diciendo aquí? Que Dios se fue en este tiempo en Silo, Dios desapareció. Lo primero que dice aquí en Samuel, es que había un sacerdocio que no era apto. La palabra viejo significa que no tenía la habilidad de dirigir al pueblo, que no tenía dirección, no tenía visión.

Otra cosa que vemos es que los hijos, o aquellos que administraban el templo, hacían como les venía en gusto y gana. El padre les decía que hicieran algo de una determinada forma y ellos respondían con una actitud que mostraba que ellos lo harían que como a ellos les pareciera.

Entiende esto que es básico: todo vacío, en la iglesia, es llenado por espíritus religiosos. Cuando no hay visión de Dios y liderazgo divino, eso se reemplaza y se llena con actividad religiosa. Es algo automático.

Te voy a enseñar a discernir las dos. Cuando hay visión, las actividades sirven a un propósito común que siempre es igual, es constante. Cada actividad, cada reunión, cada canción, cada mensaje, cada programa, produce el mismo producto.

Si no es así, entonces la gente está siendo desviada de un enfoque, y está sirviendo a los programas, en lugar de que esos programas sirvan a una visión. Todo programa, toda actividad, debe producir un producto con íntima relación y parentesco con la visión de Dios.

El producto básico de la visión de Dios, es una calidad de persona. Lo que estamos produciendo, es gente. No cantidad, calidad. Una calidad de persona, un estado de ser, una manera de pensar, que sea excelsa para Dios en la tierra.

Estamos hablando de la estatura del varón perfecto, estamos hablando de teleosis, una gente capaz de decirle a Dios: “Haz lo que quieras, porque yo existo.” Gente madura. Todo lo que Dios da para la iglesia, lo da dentro del contexto de que sea medio para un fin que es madurar gente.

O sea que no queremos gente si no la ponemos a madurar. Por ejemplo: toda canción debe educar a alguien. Si solamente la entretiene, no es nacida del Espíritu. Y las canciones que no son nacidas del Espíritu, no tienen nada que hacer en nuestras reuniones.

Dios no está levantando solistas, precisamente. Si usted tiene condiciones y talento para cantar, crea algo para nutrición corporal. Si tu visión es grabar un CD o un DVD, llegaste tarde, esa etapa ya pasó. La idea es llevar al pueblo a un nivel de adoración que no ha experimentado.

Si te haces famoso como solista, te has hecho tú, no te hizo Dios. Yo sé que digo esto y alguien ahí se está enojando conmigo. Dios te bendiga, pero sigue siendo cierto. Yo no tengo la culpa si justo me escuchaste hoy, cuando ya tenías hasta fecha en el estudio para grabar.

Sin embargo, lo peor de toda esta profecía no es las cosas que Él dijo, sino que Dios se fue. Que al decir esto, desapareció. No la caja; Dios. No el arca; Dios. O sea, en otras palabras: todo lo que el pueblo estaba haciendo, no estaba relacionado con el corazón y el propósito de Dios.

Extraigamos algunos principios de aquí: Nº1: La gloria de Dios se va, el arca de Dios se va, el dominio o la presencia de Dios se van, cuando hay un kairos de líderes sin visión. Cuando hay un kairos, una estación, un tiempo, una sazón de Dios, un período de tiempo, cuando los líderes no tienen visión.

Visión, te explico, no son ocho puntos en un papel. Visión tampoco son diez puntos sobre un papel. Esas son estrategias, son cosas que se hacen para obtener un resultado. Visión es el desarrollo terrenal de aquello que está escrito del destino profético de ese hombre.

Ustedes existen para encarnar el destino profético de quien les muestre una visión. La visión es el futuro de tu vida en Dios. Visión es la habilidad de ver dentro del destino profético del llamado de un hombre. De manera que la visión es constante, pero flexible.

Y además, siempre se desliza de acuerdo con el entendimiento que traigas. Eso es lo que falta enseñar en las iglesias. Visión es: yo tengo un llamado y, cuando yo empiezo a entender mi llamado, veo a la visión como una obligación de profetizarle a la gente porque Dios me llamó a ser profeta.

Y por ahí empieza, pero cuando voy madurando ya empiezo a verlo desde otra perspectiva. Es el mismo llamado, el mismo destino, pero ya no lo veo como un simple acto de imponer las manos. Ahora lo veo como una gente profética que sabe cómo invertir en la tierra para que Dios tenga éxito.

Sigue siendo una dimensión profética, pero no ya para beneficio personal sino para extensión del Reino. Distinta perspectiva. Entonces, la visión cambia de acuerdo con tu nivel de estatura espiritual. Por eso, cuando hay cambios en la iglesia, es porque el hombre ha entendido más sobre su futuro.

Visión es la línea de ver dentro del llamado o el destino profético de una persona que Dios ha llamado. Por eso, dentro de cualquier tipo de liderazgo que tú obtengas, tiene que haber algo que te muestre que debes rendir cuentas al cielo por lo que supones ha sido tu visión.

Nº2: Eso elimina todas las iglesias que tienen gente como producto de seminarios, pero que no tienen llamado. Porque si no tienes llamado, no tienes nada que ver ni construir. Visión es la habilidad de ver dentro del llamado. Porque si no estás llamado, ¿Qué vas a ver?

Entonces, esas son las iglesias que se tienen que entregar al puro activismo religioso, para que el pueblo crea que están haciendo algo. Te estoy diciendo cuándo es que la gloria se va. Con iglesias, con hombres que no tienen visión.

Otra cosa que tiene mucho que ver con líderes capaces de liderar, porque dice que debe ser anciano o viejo porque sólo así podrá liderar o dirigir al pueblo. Sin embargo, la palabra líder, en este contexto, es la habilidad de poder dirigir o llevar al pueblo a una nueva jornada.

No se necesitan años, se necesita llamado, visión y dirección. No hay tal cosa como un líder estático. Porque la misma palabra, liderar, indica que está llevando al pueblo al punto “A” o al punto “B”. Liderar, indica que alguien te está siguiendo. Incluye movimiento.

(Hechos 20: 17) = Enviando, pues, desde Mileto a Éfeso, hizo llamar a los ancianos de la iglesia.

¿A quién llamó? A los ancianos. Claro, sabemos que la iglesia se lidera por ancianos. Nosotros llamamos al líder de la iglesia, pastor. Es un término tradicional que seguramente nadie va a cambiar. Pero en verdad, y más allá de las deformaciones surgidas en el siglo diecinueve, el líder y el pastor son dos cosas totalmente distintas, diferentes.

Por propia naturaleza, un buen pastor, seguramente sería un mal líder. Porque liderazgo tiene que ver con gobierno, y pastorado tiene que ver con servicio. El que pastorea, está sirviendo a la gente, mientras que el que lidera, está liderando a la gente.

Son dos funciones opuestas. Dice el Salmo 23 que cuando hay un buen pastor, al pueblo nada le falta, así que el trabajo del pastor se determina por la necesidad de la gente. Pero el que lidera no está mirando al pueblo, está mirando allá lejos, el horizonte.

Está buscando adónde dirigirse, adónde invertir, quebrando las limitaciones, invirtiendo en gobierno y hacia adelante, ese hombre es un líder, no es un pastor. Pero se ha entendido con el correr de los tiempos que, cuando se habla del líder de la iglesia, se está hablando del pastor. Eso es incorrecto.

Si creemos que el líder de la iglesia es un pastor, la expectativa de la iglesia es nula, está equivocada. Porque esperan que este hombre haga algo para darles lo que él no está capacitado para darles.

Por eso jamás acepté ni acepto que, más allá de un modismo tradicional que entiendo y asumo, que alguien me rotule como pastor. No lo soy, no lo seré, no he sido llamado a eso. Y “eso”, es relacionado con el pastor bíblico, no con el actual gerente de una empresa llamada iglesia. De eso ni siquiera puede haber llamado de Dios por una sencilla razón: no es de Dios.

Lo que tenemos que hacer es entender que, para que no se vaya la gloria de Dios, necesitamos líderes. Y me estoy refiriendo a gente con un llamado relacionado con llevar al pueblo a otra dimensión espiritual, no a tiranos que se hacen pintar su casa con los hermanos bajo el barniz de servir al Señor. Sí, al señor pastor.

Porque hoy todavía es impensado que en una iglesia cualquiera salga a dar hoja de ruta espiritual en una típica tarea de liderazgo divino, alguien que no sea el pastor. No sólo está mal visto, sino que es peligroso para el status familiar y financiero de ese pastor.

Podrán ser muy buenos pastores, a eso no lo discuto y que Dios los bendiga grandemente por ello, pero no son líderes, no tienen mandato gubernamental, no se están ni pueden estar moviéndose en el ámbito espiritual requerido para ello.

No tienen visión, no tienen dirección, no van a ninguna parte. Toda su visión concluye con lo que estiman como buena o regular calidad del culto, sujeción silenciosa e incondicional de su gente y crecimiento numérico de sus congregaciones. Muy pobre para ser Dios.

El caso es que la iglesia se lideraba en aquel entonces por ancianos. Y si nos ponemos reglamentaristas, que los hay y muchos, nos encontramos con que la de anciano, es la posición más alta que bíblicamente vemos de una iglesia local.

Así se organizaban aquellos pioneros. No muy enganchados con lo que Dios quería, pero según su modo de ver las cosas. Un hombre, anciano misionero, dueño de la visión y una serie de otros hombres elegidos por este para que lo ayudaran a cumplimentar su visión.

Aquí, en el texto de Hechos 20 que estábamos leyendo, Pablo se despide de esos ancianos. Y quiero que entiendas que, a idioma de hoy, Pablo estaría hablando de lo más importante que hay en cada iglesia, que hoy es el pastor. Pero cuando termina su discurso, por allá por el verso 28, y concluye su discurso para con los ancianos, porque con ellos es que estaba hablando, les dice:

(Verso 28) = Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, (¿Cómo que obispos? ¿Con quiénes estaba hablando? Con los ancianos. Pero ahora los llama obispos. ¿Para qué?) para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre. (Apacentar es poimano; poimano es la palabra que da origen a la nuestra pastorear).

O sea que son: ancianos, luego rotulados como obispos, pastoreando. ¿Entonces en qué quedamos: son obispos, son pastores o son ancianos? Ahora vemos que los tres títulos que han dividido a tanta gente en la iglesia, en realidad constituyen un solo hombre.

Anciano es la posición que ocupa, obispo es su función, y el producto es un pastor. La gran verdad no enseñada casi nunca es que el pastoreo se lleva a cabo por un multi-liderazgo, no por uno solo. Deben pastorear todos, desde el apóstol hasta el evangelista, pasando por el profeta y el maestro.

¿Y el pastor? Pastor puede ser, por ejemplo, el encargado de una célula de hogar. Ese hombre o mujer que tiene a ocho o diez hermanos con los que se ve cada semana y de los que conoce todo o casi todo en el entorno de sus vidas.

Ese puede ser pastor porque conoce muy bien a cada oveja. Pero como se ha armado una estructura tan grandilocuente sobre esa función, nadie se atreve a entender o aceptar que lo es. No sea que el pastor principal lo tome a mal, se enoje y ordene cerrar esa casa y esa célula.

Ahora bien; obispo, es la palabra episkopas, y tiene que ver con uno que supervisa, o vela por sobre de. Sin embargo, debo aclarar algo con relación a iglesias muy antiguas y afirmadas sobre todo en Latinoamérica. La palabra obispo es bíblica, no hay discusión. Pero no tiene nada que ver con obispado, si es que esto habla de alguien que nuclea una serie de iglesias bajo su mando. Eso no es bíblico.

Este obispo, la palabra episkopas significa, estamos hablando de líder, y sin líderes se va la gloria. Recuerda que una de las cosas que hacía el arca, era traer precisión en la dirección. Pero la trae a través de un hombre. Todo lo que hace Dios lo hace a través de un hombre. También el enemigo. Si no hay un referente es imposible que Dios te pueda dirigir.

La palabra episkopas, significa “visitación de Dios”. En Lucas, cuando Cristo hablaba sobre Jerusalén, decía: Jerusalén, Jerusalén, cuántas veces quise traerte como la gallina trae a sus polluelos; has perdido la episkopas de Dios.

Le quiso decir que se había perdido la visitación de Dios. Ahora bien, dentro de la palabra líder, que está el ancianato, que está lo que es el obispo, que se supone que pastorea la iglesia, o que se encarga de que nada le falte, ya sea por delegación o por administración personal, existe la dinámica de preparar el corazón del pueblo para las venidas de Dios.

O sea que el hecho de que tú eres líder indica que tu función es la de preparar al pueblo para las venidas de Dios. Y digo las venidas, porque lo que nosotros llamamos “un mover de Dios”, es un acercamiento del hombre a Dios y esto es una venida, un refrigerio.

Ahora bien; cuando un líder o un pastor le dan la espalda al mover presente de Dios, ya no es líder. Porque el trabajo del líder es preparar el corazón del pueblo, precisamente, para el próximo moer de Dios. Y ahora se pone peor, porque en el momento en que tú prohíbes acceder a ese mover, inmediatamente al no hacer lo que debes hacer, te conviertes en enemigo de Dios.

Por eso Él dijo: “Yo tenía en mente matarlo, de todas maneras, así que no trates de convencerlo.” ¿Cuántos dan gracias a Dios por la Gracia? O sea que cuando se va la presencia de Dios, lo que queda ahí es una forma que niega el poder. Puedes existir veinte años, pero Dios no está ahí.

Y para que la gente sienta que Dios está ahí, tienes que entrar al mundo del Espíritu y traer una manifestación. Porque de otro modo limitas a Dios a una ocasional manifestación en el altar. Pero la iglesia no tiene inercia, no se está moviendo.

Es una forma bien sutil de creerse que uno está en la onda. Pero la onda no es una actividad, la onda es una dirección. Episkopas, preparar al pueblo para una visitación de Dios. El trabajo de un líder es, precisamente, encargarse de que cuando Dios haga algo, el pueblo esté en expectativa de recibirlo.

Si te pones a mantener el mover previo, automáticamente le das la espalda al mover presente. Y como consecuencia, eres piedra de tropiezo a los que vienen moviéndose, porque ahí tú dejas de liderar a tu ganado, y todas estas ovejas ahora no pueden beber del agua fresca, porque tú no crees en ella.

No porque eso esté por encima de tu entendimiento, o porque este mover te bendijo ya no lo quieres soltar. Claro que cuando hay un líder, en la naturaleza del líder está liderar y seguir. Él nunca se estanca. El líder nunca está satisfecho con llegar aquí, porque sabe que la garantía y razón de su existencia, es la jornada.

Es migración constante. El líder no está pensando en llegar, está pensando hasta dónde va a llevar a sus liderados, hasta dónde lo llevará Dios a él. ¡Es que Cristo viene! Aún después que Cristo venga, tú tienes vida eterna. ¿Qué vas a hacer después, sentarte?

(1 Samuel 2: 25) = Si pecare el hombre contra el hombre, los jueces le juzgarán; más si alguno pecare contra Jehová, ¿Quién rogará por él? Pero ellos no oyeron la voz de su padre, porque Jehová había resuelto hacerlos morir.

Cuando un sistema está saturado de error, sin arrepentimiento, se va la gloria de Dios. Cuando hay errores que Dios intenta corregir, y envía mensajeros que te señalan las cosas que tú no veías a través de tu propia unción, pero hiciste caso omiso.

No te olvides que prevaricar, es ver y entender, pero darle la espalda. Prevaricar. Ver, calcular costo y seguir como veníamos. Hoy en día, con los sistemas de comunicación que hay, nadie puede tener la excusa para no saber qué quiere Dios de su pueblo en este tiempo presente.

Con eso quiero decirte que, la gente que no se está moviendo, directa y puntualmente está prevaricando. O sea: está mostrando un sistema que está saturado de error, sin ninguna intención de arrepentirse.

Llevamos veinte años predicando lo mismo, y el mensaje está cambiando. Y cuando cambie, se quedaron. Y da lo mismo donde suceda. Donde no hay un clamor eterno que dice cambio constante. Donde la gente está satisfecha con el logro presente. Tiene que haber algo que siempre está clamando por un cambio. Y no hay nadie haciéndolo. Nº 3: Donde hay una deshonra abierta a las cosas sagradas de Dios.

(Verso 29) = ¿Por qué habéis hollado mis sacrificios y mis ofrendas, que yo mandé ofrecer en el tabernáculo; y has honrado a tus hijos más que a mí, engordándoos de lo principal de todas las ofrendas de mi pueblo Israel?

Una deshonra abierta a las cosas sagradas de Dios. O sea: cuando la gente hace caso omiso a las cosas sagradas. Cuando los ministros hablan en contra de una palabra que se está predicando por mandato divino. Una deshonra abierta a las cosas sagradas de Dios.

El llamarle a la obra de Dios “obra de Satanás por medio de un hombre”. Eso es exacta y puntualmente lo mismo que le pasó a Jesús. Cuando dice que blasfemaron contra el Espíritu de Dios, se refería que hablaron mal de una obra de Dios llamándola obra de Satanás.

Dice que para eso no hay perdón. Y de eso está llena la iglesia, tú y yo lo sabemos. Hoy, todavía, ven algo que no entienden y dicen que no es de Dios. Claro, no dicen que es satánico, pero por lo que dicen y cómo lo dicen, lo están dando por sobreentendido. Y tú sabes cómo reacciona nuestra gente ante esa clase de acusaciones.

Cuando la gente no responde a lo que el pastor quiere hacer, por medio de aguantar sus ofrendas o sus diezmos, es una deshonra abierta a las cosas sagradas de Dios. Nº 4: Cuando las cosas de Dios se convierten en cosas secundarias.

Hay gente que pretende proteger tanto a la oveja, que a veces hasta la protege de lo que Dios quiere hacer con ella. Cuando proteges más a tú casa que a lo que Dios quiere hacer con tu casa. Ahí es cuando Dios se va.

Tu iglesia, tu departamento, tu célula, tus niños, tu familia. Abraham entregó a Isaac en el monte Moriah. Y para Abraham nunca fue un asunto grave entregar a su hijo, porque la noche anterior a la que Dios le dijo que lo entregara, él se acostó a dormir.

¿Cuántos de ustedes se acostarían tranquilamente a dormir después que Dios les dijera que tienen que entregar a sus hijos? Él nunca se preocupó porque se dijo: si este es el hijo que Dios me dio, le pertenece y yo debo entregárselo. No sé si Él me va a dar otro después o me va a resucitar a este, pero ahora debo entregarlo sin dudar.

Y se fue al pie de la montaña y le dijo a sus siervos: esperen aquí que yo voy a adorar y vuelvo. Entiende: Abraham nunca titubeó. Pero fue recién cuando él hizo eso que Dios dijo: ¡Ahora sé! ¿Qué no sabría Dios? Ahora sé que no me retendrás nada. Aquí hay un principio muy importante: el temor a Jehová se expresa o se manifiesta por la posición que Dios ocupa en tu vida. Aún, por encima de tu primogénito.

Examina lo siguiente: tocar el arca era equivalente a caer patas para arriba y morir. Sin embargo, cuando el arca fue a para a las manos de los filisteos, ellos la llevaron de aquí para allá como les dio la gana y no les pasó nada. ¿Sabes por qué? Porque Dios se había ido de allí. El cajón hueco y vacío no significaba nada. Era mortal cuando estaba la presencia de Dios en ella.

Eso es lo que pasa en la iglesia, que a veces el formato es el mismo, y con la inercia que ya trae el formato, nos creemos que Dios está en el asunto. Pero en muchos casos ya Dios se fue. El día en que el Nuevo Testamento fue declarado, la nueva orden fue declarada y Cristo fue a la cruz, ese mismo día había un sacerdote sacrificando un cordero.

Era un paralelo. Cuando Cristo muere en la cruz, había un sacerdote haciendo lo que hacía anualmente. Todos los años funcionaba, algo pasaba en la casa de Dios. Se sentía algo que confirmaba que Dios había dicho, una vez más: “He perdonado a mi pueblo por otro año”.

Pero en el momento en que lo nuevo se declaró, aquel día no se sintió nada en el templo. Dios se trasladó, de un mega-edificio a un aposento alto. Llevaron el arca en manos de filisteos. Y los filisteos eran un pueblo que les gustaba añadir dioses a sus dioses.

Entonces la llevaron y fueron atacados por tumores, en realidad hemorroides. Eso te demuestra que Dios tiene sentido del humor. ¿Te imaginas? Y no es un invento nuestro, en las viejas Biblias fieles al hebreo, no dice tumores, dice hemorroides.

Luego llevaron el arca a Gad y una vez más, tumores. Y luego la llevaron a Ecrón y lo mismo. Dios de alguna manera jugaba con los filisteos. Pero lo que yo quiero extraer de todo esto es algo muy singular. Cuando estos filisteos reciben el arca, el precio es muy grande.

Reitero: le salieron tumores y el clamor era muy grande. Casi vociferaban: “¡No queremos el arca, aquí; llévatela!” Y es el mismo clamor que se escucha en medio de la transición en el pueblo de Dios, y créeme que asusta.

El precio de la gloria, es muy alto. Llévate eso que tú llamas dominio o presencia, para otra parte. Déjame a mí en mi pequeña huerta carismática. Es la todavía mayoritaria reacción ante esta palabra predicada o enseñada: llévate eso de aquí.

La iglesia no quiere pagar el precio. El precio es muerte. Llevaron el arca a una ciudad y no se les ocurrió mejor idea que sacarle la tapa y ponerse a curiosear en la vara de Aarón y todas esas cuestiones. Murieron cincuenta mil setenta en aquel día.

Eso como resultado de ver la rebelión del hombre sin haber atravesado la gracia de Dios. Cuando tratas con la rebelión del hombre sin la mesa del propiciatorio, lo que ocurre es muerte. La rebelión del hombre sólo se puede tratar a través de la tapa. La tapa es con gracia. No puedes remover la gracia para atender los asuntos de rebelión del hombre.

(1 Samuel 7: 1) = Vinieron los de Quiriat-jearim y llevaron el arca de Jehová, y la pusieron en casa de Abinadab, situada en el collado; y santificaron a Eleazar su hijo para que guardase el arca de Jehová.

(2) Desde el día que llegó el arca a Quiriat-jearim pasaron muchos días, veinte años; y toda la casa de Israel lamentaba en pos de Jehová.

Ahí dice veinte años, pero muchos días es mucho más que los veinte años. Los veinte años que menciona, son los veinte años últimos, en que empezó a inquietarse el pueblo porque ya no tenían arca. Pero el arca permaneció fuera del pueblo todo el tiempo del reinado de Samuel, todo el tiempo del reinado de su hijo, y todo el tiempo del reinado de Saúl, nadie preguntó por el arca.

Como resultado, el arca desapareció del pueblo por espacio de cien años. Y es en los últimos veinte años que empieza la inquietud de que: “Oye, ¿Qué pasa? Estamos yendo a la iglesia y no está pasando nada”.

O sea que la vida de la iglesia fue reducida a ritos sin gobierno y sin dominio. No dominio del hombre, dominio de Dios sobre el hombre, es decir: Reino establecido. El Reino de Dios se establece en sumisión voluntaria.

A Él sea la gloria, a Él sea el dominio. Lo que eso significa es que tú le das a Él, permiso para que gobierne tu vida. Te doy dominio sobre mí. Él reina y gobierna donde la sumisión es voluntaria. El Reino se establece en sumisión voluntaria.

Si te tiene que decir que lo hagas, entonces Él no reina ahí. Por eso no creemos de ninguna manera que alguien deba pedir el diezmo o pedir ofrendas. Y mucho menos utilizar manipulación emocional dirigida hacia la culpa para obtenerlo. Eso es hechicería, donde quiera que lo hagas.

Si tú no traes lo que sea con alegría, decisión, certeza y voluntariamente, yo no lo quiero. Y tú podrás pensar lo que quieras respecto a mí, que quién me creo que soy, que si soy soberbio, que si hay orgullo o amor propio, pero déjame decirte que hasta que no lleguemos a esa estatura, Cristo no puede venir.

Lo que sí podemos hacer, si quieres, es jugar a la iglesia por dos mil años más. Pero tiene que manifestarse una gente en la cual Cristo gobierne. Y donde pica el pez, siempre, es con el dinero. Dos cosas que siempre atrasa a la iglesia: el dinero y quién manda aquí.

El mayor problema, siempre, es: ¿Por qué eres tú el que manda y por qué yo tengo que darte mi dinero? El Reino se establece en obediencia voluntaria. Obediencia establece Reino. Desobediencia fue lo que interrumpió el Reino.

Cuando Adán desobedeció, el Reino de Dios en él partió. No dejó de ser, el Reino siempre es, pero en los hombres ya no era porque Adán lo echó fuera. O sea: “No me digas qué hacer, yo haré lo que me dé la gana”. ¡Paf! Se fue el Reino.

El Reino no es un lugar, el Reino es la influencia del gobierno de Dios sobre lo que le pertenece. Él tiene derecho a reinar, pero no lo ejerce si tú no se lo das. No hay autoridad sin relación. Yo puedo tener autoridad sobre gente con la cual me relaciono. Por eso el espíritu denominacional no funciona, porque se ejerce autoridad sobre gente desconocida.

Son principios. Lo que quiero enseñarte es que yo tengo autoridad sobre mi hijo siempre y cuando tenga relación con él, no simplemente porque lo haya concebido. Si yo me la paso parrandeando y jamás veo a mi hijo, cuando llego a casa no puedo empezar a darle órdenes, porque me va a decir: ¿Y tú quién eres?

La autoridad siempre es relativa a la relación que tú tienes con la persona. Eso me trae a otro principio: sin relación no hay autoridad. Toda autoridad es relativa a una relación. Por ejemplo: tu mujer es la que manda en la cocina, no eres tú el que manda allí. Porque ella es la que se relaciona en ese lugar de la casa, no tú.

El Reino se establece en obediencia voluntaria. Por eso Cristo tuvo que perfeccionarse, tuvo que hacerse obediente. ¿Cómo hacerse? ¿Me estás diciendo que Cristo no era obediente? Ese es otro estudio. Hebreos 5 dice que Él aprendió obediencia por lo que padeció.

Y uno no aprende lo que ya sabe, así que obviamente antes de esos padecimientos no la tenía. Y estamos hablando del Hijo de Dios, fíjate. Él tuvo que aprender obediencia. Y tuvo que ser perfeccionado, y eso también me dice que lo que se perfecciona es porque antes no estaba perfecto; de otro modo no hubiese sido necesario perfeccionarlo.

Seguimos hablando del Hijo de Dios. No pongas esa cara religiosa, entiende, es Biblia. Él es el patrón, Él te está enseñando cómo llegar a lo que Él es. Y no vamos a llegar a lo que Él es, el Reino establecido en nosotros, sin primero aprender obediencia por lo que padecemos.

Los sufrimientos que vienen nos llegan a todos por igual, pero si no aprendes a obedecer por el sufrimiento, te vuelve a llegar el mismo. La idea es que Él cayó en un pozo y dijo: ¿Ah, sí, eh? ¡Aquí no vuelvo a caer!

Nosotros tenemos una banda de problemas todos los años y no los cambiamos. Obediencia es lo que establece el Reino. Cuando yo digo que el gobierno de Dios se fue, una gran parte de la iglesia transformó el liderazgo en despotismo. ¿Pedir permiso al pastor para casarse? ¿En qué Biblia lo leyeron? ¡Por Dios! Con el permiso paterno es más que suficiente. Y eso si son menores. Libertad trae obediencia.

La solución para un mal gobierno nunca será ausencia de gobierno, sino un buen gobierno. No vamos a terminar si no estamos sujetos al señorío de Cristo. No hay tal cosa como independencia divina en el Reino. Pero anda que ver con hombres ni jerarquías eclesiásticas.

Salimos para entrar de uno equivocado a uno correcto. Lo que pasa es que el sabor amargo levanta paredes de defensa para entrar en lo próximo. El próximo mover de Dios requiere que nos sometamos a Él. Autoridad sujeta a autoridad sujeta. No me negocies por menos.

La presencia de Dios en un lugar se ve donde hay un orden divino. Que tú llegas a ese lugar y hay algo en el ambiente que te obliga a comportarte diferente. Es un orden establecido, nadie lo ejerce, nadie te pone las reglas, pero tú sabes que existe y es real.

Es lo mismo a cuando tú entras a una casa que no es la tuya. Hay casas que tú entras y sabes que te puedes sentar donde se te ocurra y conducirte como quieras, pero hay otras que tú entras y te quedas parado hasta que alguien te invite a sentarte y ni se te ocurre hacer algo fuera de lugar. Orden divino.

Algo que deja el hombre de esa casa aun cuando no esté presente, que sigue reinando en su ausencia. Eso se llama cultura. La cultura se edifica por la articulación de las palabras y la edificación en la casa. Se entiende, la gente sabe lo que se espera de ellos, no se necesita decirlo.

Una persona entra a ese lugar vestida de un modo improcedente y, la convicción que le entra ni bien pone sus pies en ese lugar es tan grande que, si puede y tiene forma, en el mismo baño va y se cambia. Ha habido algo en el ambiente que le ha dicho: estas fuera de orden.

El Reino. Dios quiere volver a su casa. Quiero que entiendas. Ahora me fui un poco más profundo a lo que significa: Dios se fue de la casa. Y tiene que regresar. La pregunta, es: ¿Qué hacemos para regresarlo?

Quiero decir algo de la iglesia, pero quiero que entiendas que no fue dicho para tu iglesia, sino en general, para toda la tierra. La iglesia está operando sin autoridad divina por sobre ella. Mensajes de radio, televisión e internet, concierto de jóvenes, marchas y agrupaciones de oración que no demuestran gobierno de orden divino.

Que sólo es una pérdida de tiempo y dinero que no dice nada y sólo sirve para proyectar a cierto predicamento a figuritas y figurones más parecidos a pavos reales barnizados de santidad que a extender el Reino tal el mandato.

Hay enorme cantidad de cristianos que llaman a las emisoras de radio para felicitar a la hermanita tal y cual por su cumpleaños y cantarles una canción en su homenaje, o felicitar a la perrita o el gatito del vecino y añadir a cada tontería de esas un aleluya o gloria a Dios que justifique que la saquen al aire.

Te cuentan un testimonio durísimo donde el oyente dice que ha sido atacado por el diablo de manera feroz y que ha perdido todo o casi todo menos la vida pero que sigue firme amando al Señor y siendo salvo, te deja pensando que ese oyente tiene mucha fe, pero también te deja pensando adonde estaría el poder de Dios en ese momento para con ese pobre hombre…

Luego tienes los conciertos para jóvenes. Hermosos, bulliciosos, alegres, coloridos, muy rítmicos y contagiosos, pero dando solamente gozo y alegría al corazón de los jóvenes, pero en absoluto una gloria concreta para Dios. Obviamente, que lo que en estos casos suele llamarse la gloria de Dios es un gran aplauso o una gran ovación, la que en realidad es motivada por la música o el ambiente y no por la presencia de Dios en el asunto.

El tema es que lo que tú le das para nacer, es lo que vas a tener que darle para mantenerlo. Si tú le has dado para nacimiento a la música, música le tendrás que dar para mantenerlo. Si se la quitas, se te va. Si no tiene la convicción de necesitar a Cristo para ser salvo, tiene una convicción endeble.

Ten cuidado que lo que se da a luz por la actividad y no por convicción y arrepentimiento. Claro, son cositas que nos hacen felices porque por lo menos están en la tienda, están con nosotros. Pero hay más. Sin arrepentimiento, no hay salvación.

Te puede entrar por la oreja, decir la oración del pecador veinte veces y no te salvas. Decir la oración del pecador, no te salva. Lo que te salva es el arrepentimiento, que sólo viene por un encuentro con Dios. Tenemos la iglesia llena de gente no salva.

Por eso muchos de ellos llevan la vida que llevan. Por eso hay consejería pastoral las veinticuatro horas al día. Dios quiere volver a su casa. No se trata de hacer una reforma para estar un poco más libres. Ahora lo que falta es penetrar en ese embudo que nos lleva a la única tierra donde Dios verdaderamente reina. ¿Qué hay que hacer para regresar? ¿Qué tendríamos que hacer para que regrese esa dimensión que nos hace falta?

(1 Crónicas 13: 1) = Entonces David tomó consejo con los capitanes de millares y de centenas, y con todos los jefes.

(2) Y dijo David a toda la asamblea de Israel: si os parece bien y si es la voluntad de Jehová nuestro Dios, enviaremos a todas partes por nuestros hermanos que han quedado en todas las tierras de Israel, y por los sacerdotes y levitas que están con ellos en sus ciudades y ejidos, para que se reúnan con nosotros; (3) y traigamos el arca de nuestro Dios a nosotros, porque desde el tiempo de Saúl no hemos hecho caso de ella.

Buena idea. Es como si tú una mañana te levantas y vas donde el pastor y le dices: “Mira, yo tengo como treinta años viniendo a la iglesia y todavía no he visto a Dios. ¿Qué te parece si hacemos algo al respecto?” Vamos a traer el arca.

Imagínate, en todo el tiempo de Saúl, nadie invocó el arca. Te digo: es bien fácil ir a la iglesia y creerse que hemos sido visitados por Dios. Hoy en día, lo popular es tomar una manifestación del altar y, a través del marketing televisivo hacerlo bien popular, para que la gente crea que hay un gran avivamiento nacional.

O sea: magnificar algo pequeño que pasa en un altar, que por otra parte debe ser común, y como no está pasando nada, entonces vamos a poner una pantalla gigante ahí afuera para que todo el mundo se crea que Dios está de pensionista indefinidamente por aquí.

¿Qué está pasando? ¡Es que es Dios, que se está moviendo aquí de una manera tremenda! Escucha: Dios siempre que se movió lo hizo de una manera tremenda. La gente tenía ataques incontenibles de risa en los años ochenta, no había que esperar los noventa ni el dos mil para tenerlo.

Cuando venían los evangelistas antiguos, que eran evangelistas apóstoles, entraban a una ciudad, se cerraban las barras. Si mucha de esa gente hubiera resucitado muertos, seguramente que se hubieran vuelto a morir de un ataque al corazón por el impacto. Dios siempre se está moviendo. Aquí vemos a David que quiere hacer algo.

(4) Y dijo toda la asamblea que se hiciese así, porque la cosa parecía bien a todo el pueblo.

(5) Entonces David reunió a todo Israel, desde Sihor de Egipto hasta la entrada de Hamat, para que trajesen el arca de Dios de Quiriat-jearim.

Parece muy buena idea, vamos a hacerlo todos juntos. Queremos unidad en el cuerpo de Cristo. Vamos a traer el arca, todos, ¿Qué les parece? Vamos a ver cómo se hace, segundo libro de Samuel. Hay ciertas cosas que están prescriptas, que si no las haces como debes, no se pueden hacer. Cuando hablamos de precisión, es puntualmente a eso que nos referimos.

El segundo libro de Samuel, precisamente, nos habla de eso, de precisión. Hay ciertas cosas que hay que hacerlas de acuerdo al patrón. Si no se hacen de acuerdo al patrón, no se ha hecho nada. Recuerda esto: las buenas intenciones, no aseguran ni garantizan la venida de Dios. Las buenas obras, sin ir más lejos, a veces son las peores obras desde la óptica que nos habla de las obras correctas.

(2 Samuel 6: 1) = David volvió a reunir a todos los escogidos de Israel, treinta mil.

Observa esto: la primera vez, David se equivocó, erró el blanco. Trajo a todo el mundo, quería que todo el mundo participara, que no se quedara afuera nadie. Ven tú, tu mujer, tu hermana, tu tía del campo, tu gato, tu perro y todo lo que diga llamarse cristiano. Mételos todos en la iglesia, que después de todo, todos somos hermanos.

Lo que te voy a decir ahora, si quieres o te molesta, ignóralo, pero no deja de ser cierto. Mientras sigamos tratando al diablo de hermano, jamás lo vamos a poder echar fuera de donde se ha metido. Recuerda siempre que Satanás trabaja de adentro. De afuera, nada nos puede vencer, es promesa.

No pongas esa cara de incrédulo. Si tú fueras Satanás, y supieras que no eres omnipresente, o sea que no puedes estar como Dios en todas partes y al mismo tiempo, ¿Adónde te meterías para poder producir más daño, adentro o afuera? Las puertas del Hades no prevalecen, eso es afuera. ¿Y adentro?

Ahí es donde seguramente te meterías, porque sólo podrías estar en un solo lugar por vez. ¿Dudas? Piensa. ¿Quién mató a Abel? Caín. ¿Quién descubrió el pecado de Noé? Sus hijos. ¿Quién mató a Jesús? ¿Los filisteos? ¿Roma? La iglesia.

El problema siempre ha sido adentro, los enemigos de Dios siempre han estado adentro. Afuera está el mundo, y de tal manera amó Él al mundo. El mundo es el campo de la misión, el mundo no tiene problemas, el mundo está haciendo lo que sabe hacer: pecar, porque son pecadores.

Eso es más que sencillo. Lo que tenemos que discernir es al lobo que anda vestido de oveja. Ese es el que no conocemos. Eso no quiere decir que no sea al revés, que no pueda hacerlo por ignorancia. Pero sigue siendo loco. La palabra les llama “los mutiladores del cuerpo”.

Esa era la batalla que tenía Pablo con la iglesia; falsos apóstoles. La palabra “falso” significa “actores”. O sea que si Pablo estuviera hoy en tu iglesia diría: “¡Aquí hay muchos actores!”. Gente que se mete a hacer cosas que en realidad no tiene ningún llamado para hacer. Simuladores religiosos.

Por más que lo hagan de buena voluntad, en muchos casos, no sirve; no es Dios, es carne. Estamos volviendo a esos tiempos. Saliendo del desierto y entrando a Canaán. Donde la tienda de Acán se pone patas para arriba a ver qué hay en tu casa. Porque lo que hay en tu casa le está deteniendo la victoria a los genuinos.

Entonces, como eso está deteniendo la victoria del auténtico cuerpo, se deberá poner tu casa patas para arriba. Antes, en el desierto, eso no sucedía; todo era corporal. Todo el mundo andaba bendecido porque Dios estaba en su medio. En Canaán, es: si tú no aplicas los principios, Dios se va de allí.

Todos quisiéramos que fuera más fácil la cosa, pero no hay otra. Nos toca a todos por igual. ¿Qué hizo David? David volvió a reunir a todos ¿Quiénes? Porque ahora no llamó al montón, ¿A quién llamó? A los escogidos. Treinta mil. Treinta es el número de la madurez. Escogió a todos los maduros.

(Verso2) = Y se levantó David y partió de Baala de Judá con todo el pueblo que tenía consigo, para hacer pasar de allí el arca de Dios, sobre la cual era invocado el nombre de Jehová de los ejércitos, que mora entre los querubines.

(1 Crónicas 15: 25) = David, pues, y los ancianos de Israel y los capitanes de millares, fueron a traer el arca del pacto de Jehová, de casa de Obed-edom, con alegría.

No cualquiera. Los capitanes de millares eran los capitanes más altos que existían en aquel tiempo. O sea: eran hombres escogidos, hombres de rango superior. Es decir que, para que esto que se fue regrese, vamos a tener que seguir a los verdaderos rangos de Dios, y no a cualquier posición eclesiástica. Si no sabemos seguir a los hombres escogidos de Dios, que normalmente no son los famosos, no vamos a traer de regreso el arca a la casa de Dios.

(Verso 28) = De esta manera llevaba todo Israel el arca del pacto de Jehová, con júbilo y sonido de bocinas y trompetas y címbalos, y al son de salterios y arpas.

Es decir que, el principio número uno para traer el arca, es: involucrar hombres escogidos que guíen el mover, e involucrar a todo el cuerpo en este proceso. O sea: es un reino de sacerdotes que sigue a los hombres correctos y no a las posiciones estructurales.

Antes éramos leales a las posiciones. Si alguien te decía que se llamaba tal o cual cosa, ahí entregábamos la vida. Ahora hay que discernir cuál es la voz que Dios ha levantado para este tiempo. Y eso, independiente de los títulos, porque normalmente las voces auténticas, no traen títulos.

Porque esa voz no es alguien que se resalta. Esa voz es la de alguien que involucra al pueblo en la transición. Todo el pueblo fue involucrado, pero no todo el pueblo tocó el arca. Ese es el Primer Principio: gente escogida que puede apuntar a las dimensiones más altas de la iglesia.

Si no tienes hombres de rango superior, no puedes comandar una reforma. Capitanes de a millares son los más altos que existen. Necesitamos gente de dominio en el mundo del espíritu. Gente de gobierno en el mundo del espíritu, que pueda dirigir el corazón del pueblo.

La reforma requiere apóstoles. La palabra “escogido” es la palabra bachur. Significa “Alguien desarrollado plenamente; maduro, gubernamental y militante”. Déjame darte una parábola que está en el libro de los Jueces, para que pueda ver por ti mismo todo esto.

(Jueces 8: 29) = Luego Jerobaal hijo de Joás fue y habitó en su casa.

(30) Y tuvo Gedeón setenta hijos que constituyeron su descendencia, porque tuvo muchas mujeres.

(31) También su concubina que estaba en Siquem le dio un hijo, y le puso por nombre Abimelec.

(32) Y murió Gedeón hijo de Joás en buena vejez, y fue sepultado en el sepulcro de su padre Joás, en Ofra de los abiezeritas.

(33) Pero aconteció que cuando murió Gedeón, los hijos de Israel volvieron a prostituirse yendo tras los baales, y escogieron por dios a Baal-berit.

(34) Y no se acordaron los hijos de Israel de Jehová su Dios, que los había librado de todos sus enemigos en derredor, (35) ni se mostraron agradecidos con la casa de Jerobaal, el cual es Gedeón, conforme a todo el bien que él había hecho a Israel.

(Jueces 9: 1) = Abimelec hijo de Jerobaal (Este es el hijo de la concubina, recuerda), fue a Siquem, a los hermanos de su madre, y habló con ellos, y con toda la familia de la casa del padre de su madre, diciendo: (2) Yo os ruego que digáis en oídos de todos los de Siquem: ¿Qué os parece mejor, que os gobiernen setenta hombres, todos los hijos de Jerobaal, o que os gobierne un solo hombre? Acordaos que yo soy hueso vuestro, y carne vuestra.

Si tienes algo de experiencia en intrigas palaciegas, podrás ver perfectamente que Abimelec, el hijo de le concubina, se estaba promocionando a sí mismo para gobernar al pueblo, por encima de sus setenta medios hermanos. ¿Habrá tenido éxito?

(3) Y hablaron por él los hermanos de su madre en oídos de todos los de Siquem todas estas palabras; y el corazón de ellos se inclinó a favor de Abimelec, porque decían: nuestro hermano es. (¡Tuvo éxito!)

(4) Y le dieron setenta siclos de plata del templo de Baal-berit, (O sea que lo compraron), con los cuales Abimelec alquiló hombres ociosos y vagabundos, que le siguieron. (Es decir que este no era apóstol, ¡Se hizo apóstol!)

(5) Y viniendo a la casa de su padre en Ofra, mató a sus hermanos los hijos de Jerobaal, setenta varones, sobre una misma piedra; pero quedó Jotam el hijo menor de Jerobaal, que se escondió.

(6) Entonces se juntaron todos los de Siquem con toda la casa de Milo, y fueron y eligieron a Abimelec por rey, cerca de la llanura del pilar que estaba en Siquem. (Ahora vamos a ver la parábola).

(Verso 8) = Fueron una vez los árboles a elegir rey sobre sí, y dijeron al olivo: reina sobre nosotros.

(9) Mas el olivo respondió: ¿He de dejar mi aceite, con el cual en mí se honra a Dios y a los hombres, para ir a ser grande sobre los árboles?

(10) Y dijeron los árboles a la higuera: anda tú reina sobre nosotros.

(11) Y respondió la higuera: ¿He de dejar mi dulzura y mi buen fruto, para ir a ser grande sobre los árboles? (Nota que los árboles, es decir, la vegetación, entienden más el propósito que los hombres. Entonces, como la higuera no quiso)

(12) Dijeron luego los árboles a la vid: pues ven tú, reina sobre nosotros.

(13) Y la vid les respondió: ¿He de dejar mi mosto, que alegra a Dios y a los hombres, para ir a ser grande sobre los árboles?

(14) Dijeron entonces todos los árboles a la zarza: (La más pequeña de todas) anda, tú, reina sobre nosotros.

(15) Y la zarza respondió a los árboles: si en verdad me elegís por rey sobre vosotros, venid, abrigaos bajo mi sombra; (¿Qué sombra?)

Te fijas, aquí hay una sutileza, porque el requisito no es solamente que la gente te elija, sino que la gente elija lo correcto. Hay gente que se justifica diciendo: “Bueno…pues a mí me eligieron”. La reforma tiene que ser liderada por la gente que Dios escoge, no por la gente que el pueblo elige.

Esto está en el corazón de David: traer una reforma. David es el único hombre, en tipología, que opera en sacerdocio y reinado: el orden de Melquisedec. Y vemos que, cuando estás cosas están vigentes en la tierra, el orden de Melquisedec es el necesario para traerlo.

David quiere producir para Dios, la verdad. La iglesia estaba reducida a ritos, y ahora él está trayendo esta reforma. Y lo primero que entiende, es que si va a haber una reforma para traer el poder de Dios a la iglesia una vez más, tiene que ser de acuerdo al patrón, y el patrón es que tienen que estar los hombres escogidos por Dios.

Escucha: en la Biblia, todos los escogidos por Dios operaron por fuera del sistema eclesiástico. Lamento mucho decir esto que parece herejía, pero te invito a comprobarlo en tu Biblia, no necesitas que yo te lo diga porque lo leí en la mía. Y si estaban adentro, Dios los sacó para cambiarles su manera de ser, con la finalidad de que pudieran ser lo que tenían que ser. Cómo es que hoy nos seguimos engañando, no lo sé. Número dos. Ay que regresar al protocolo divino.

(1 Crónicas 13: 9) = ^Pero cuando llegaron a la era de Quidón, Uza extendió su mano al arca para sostenerla, porque los bueyes tropezaban.

(10) Y el furor de Jehová se encendió contra Uza, y lo hirió, porque había extendido su mano al arca; y murió allí delante de Dios.

(11) Y David tuvo pesar, porque Jehová había quebrantado a Uza; por lo que llamó aquel lugar Pérez-uza, hasta hoy.

(12) Y David temió a Dios aquel día, y dijo: ¿Cómo he de traer a mi casa el arca de Dios? (Esto que dice David nos hace entender que hay una forma de hacerlo.)

(1 Crónicas 15: 1) = Hizo David también casas para sí en la ciudad de David, y arregló un lugar para el arca de Dios, y le levantó una tienda.

(2) Entonces dijo David: el arca de Dios no debe ser llevada sino por los levitas; porque a ellos ha elegido Jehová para que lleven el arca de Jehová, y le sirvan perpetuamente.

(3) Y congregó David a todo Israel en Jerusalén, para que pasasen el arca de Jehová a su lugar, el cual le había él preparado.

(Verso 11) = Y llamó David a los sacerdotes Sadoc y Abiatar, y a los levitas Uriel, Asaías, Joel, Semaías, Eliel y Aminadab, (12) y les dijo: vosotros que sois los principales padres de las familias de los levitas, santificaos vosotros y vuestros hermanos, y pasad el arca de Jehová Dios de Israel al lugar que le he preparado; (13) pues por no haberlo hecho así vosotros la primera vez, Jehová nuestro Dios nos quebrantó, por cuanto no le buscamos según su ordenanza.

Entiende esto: las buenas intenciones, nunca avanzan el propósito de Dios. Cuando hablamos de perpendicularidad, cuando hablamos de principio-témpano, cuando hablamos de integridad, cuando hablamos de transparencia o de precisión, nos referimos a hacer las cosas como el orden divino lo requiere, que normalmente confunde todo lo que es la lógica natural.

Esa es la forma en que se trae esto. Tiene que haber una forma específica. La primera vez la trajeron en un carro. ¿Qué significa el carro? La forma de traerla. ¡Es que yo soy prebisteriano! ¡Es que yo soy bautista! ¡Es que yo soy pentecostal! Basta. No le hace. El arca va en el frente y se acabó.

Ningún hombre le dice al arca que dirección tomar. Y el arca viene representada por hombres escogidos y punto, a otra cosa. ¡Es que no me gusta el vaso! Tíralo, si quieres, pero lo que trae, lo deberás tomar sí o sí. Estamos queriendo retornar el arca. Número tres:

(1 Crónica 15: 1) = Hizo David también casas para sí en la ciudad de David, y arregló un lugar para el arca de Dios, y le levantó una tienda.

Fíjate que la primera vez, David andaba moviendo el arca, pero no tenía donde llevarla. Así hay mucha gente hoy. ¡Vamos a hacer un avivamiento! ¿Para dónde estás llevando al pueblo? ¿Es en la dirección que Dios te da o es en la que a ti te parece buena?

¡Es que Cristo viene! Ya sé que Cristo viene, pero no me vengas con eso. Ya basta de fraseología evangélica. Estamos tratando con una generación muy inteligente, que por menos que sepa, si te descuidas ya sabe más que nosotros. No puedes decirle cualquier cosa como lo hacías antes.

Está todo en la web. A mí cuando era pequeño me daban botellitas de vidrio vacías y en desuso para jugar. ¡Hoy hay computadoras de bebé! ¡Es otro tiempo! ¡Es otra generación! ¡Hay discursos que se quedaron dormidos y atornillados en el tiempo y la tradición! ¡Nadie te los cree!

Mis nietos aprendieron a leer y a escribir mucho tiempo antes de comenzar su primer grado primario. ¡Antes no era así! La escuela primaria, para nosotros, era como un mundo tremendo que se nos venía encima. Hoy los chicos van a divertirse a esa misma escuela.

Dice que David preparó un lugar para el arca. Si tú quieres que Dios regrese a la casa, tendrás que prepararle un lugar acorde para Él. La palabra “preparar” es la palabra kuwn. Escucha lo que significa, te va a gustar esto.

Recuerda que la casa no es el templo, la casa eres tú. Por eso te digo que si tú quieres que el dominio y la presencia de Dios vuelvan a la casa, no interpretes que eso tiene que ver con algo que tú puedas sentir un domingo en el templo. No tiene nada que ver con eso, sino con la capacidad de que Dios gobierne tu vida.

Ahora bien; si tú quieres que Dios vuelva a la casa; si tú quieres que el dominio de Dios regrese a tu vida, tienes que preparar un lugar para Él. Y la palabra kuwn, que te estaba debiendo, significa: “traer algo a la existencia con el entendimiento de que su llegada es permanente.”

Colocar cosas en orden para la venida de alguien que no viene en el contexto de una visita. La iglesia se ha acostumbrado a prepararse para una visitación. Y Él no te quiere visitar. Dios fluye a través de muchos hombres, pero habita en muy pocos.

Ejemplo práctico y conocido dentro de nuestras tradiciones. Llega un pastor de improviso y sin anuncio previo a la casa de uno de los miembros de su iglesia. Antes de abrirle la puerta, el padre, la madre y todos los hijos limpian vertiginosamente la casa y, por falta de tiempo, meten toda la basura debajo de la alfombra.

Así no se prepara la casa para Dios. Tú no puedes esperar que Dios venga a habitar una casa donde hay basura debajo de la alfombra. Es mucha la gente, aún, que acomoda su vida temporariamente y con una sola y específica finalidad, no para agradar al Dios al que dice adorar y creer.

Esa g ente podrá ser depositaria de algún toque maravilloso del Espíritu porque Dios tiene misericordia de todos, pero no está preparada de ninguna manera para que Dios habite y camine con ellos las veinticuatro horas del día.

Dios no comparte su gloria con cosas o actitudes que la neutralizan. Y el evangelio moderno que tenemos, crea gente frívola, en donde la gloria de Dios no puede morar permanentemente. La frivolidad no es de Dios, aunque te parezca simpática y entretenida.

Madura. No dejes que tus emociones te derroten. ¿Pero usted no tiene emociones? Sí, pero las gobierno. Y cuando no las gobierno, tengo derrota, como cualquiera. No hay seres privilegiados o especiales en el Reino; hay seres conforme al corazón de Dios, pero falibles sino dependen de Él.

Kuwn. Remover todo lo que hay en la casa, que pueda ser incómodo para su presencia. Pero esto es teórico y no puedo dejarte así. ¿Qué significaba preparar la casa para David? ¿Adónde trajo el arca, David? A Sión.

Dentro del contexto que estamos hablando, para David, ¿Qué era preparar la casa? Sión estaba lleno de jebuseos. Bueno; preparar la casa, incluía arrojar fuera de Sión a los jebuseos. Jebuseo significa “el que pisotea las cosas sagradas de Dios”.

Eran los ocupantes de Sión, era la gente más persistente de todos los enemigos de Israel. Vamos a ver tres o cuatro escrituras para que veas qué pasó cuando trataron de hacer esto. Para que puedas comprobar por ti mismo, qué persistentes que eran.

(Josué 15: 63) = Más a los jebuseos que habitaban en Jerusalén, los hijos de Judá no pudieron arrojarlos; y ha quedado el jebuseo en Jerusalén con los hijos de Judá hasta hoy.

Estamos hablando de coexistencia. Una de las cosas que tenemos que hacer, para preparar la casa para su regreso, es tener muchísimo cuidado con quién o quiénes formamos alianzas o unidades. Coexistían, pero no eran de la misma raíz. Ambos vivían en Jerusalén.

(Jueces 1: 21) = Más al jebuseo que habitaba en Jerusalén no lo arrojaron los hijos de Benjamín, y el jebuseo habitó con los hijos de Benjamín en Jerusalén hasta hoy.

Fíjate que los hijos de Benjamín, eran los máximos peleadores, los guerreros por excelencia, casi profesionales. Si no podías vencer a alguien, ibas corriendo a buscar a un Benjamín. Pero con los jebuseos no pudieron y no les quedó otra que convivir.

O sea que había una mezcla, y David tuvo que tratar con ella para poder traer la gloria de Dios. ¿Estás viendo esto? Escucha: estos demonios, no eran demonios fáciles. Y no estamos hablando de gente del mundo, estamos hablando de cristianos con malas asociaciones.

Cristianos. Estamos hablando de ministerios asociados a ministerios incorrectos. ¿Sabes la cantidad de correos que recibo por mes ofreciéndome alianzas con ministerios que no conozco, pero que sin embargo me ofrecen enormes privilegios y ventajas, -según ellos, por compartir trabajo?

Estoy hablando hasta de los amigos personales que tienes fuera de la iglesia. De las iglesias que traen predicadores que no tienen absolutamente nada que ver con lo que allí se está viviendo y haciendo. Que te predican bonito una enorme verdad y al día siguiente te quieren expulsar por intentar ponerla por obra. Estoy hablando hasta de los socios de tu empresa. Mira el tipo de demonios que eran estos.

(Números 13: 29) = Amalec habita el Neguev, y el heteo, el jebuseo y el amorreo habitan en el monte, y el cananeo habita junto al mar, y a la ribera del Jordán.

¿Dónde dice que habita el jebuseo? En el monte, esto significa que era gente de altura, eran principados. Era gente que vivía en los altos. Y cuando hablamos de los altos, en la palabra, siempre se está hablando de dominio, de gobierno.

(Josué 11: 3) = Y al cananeo que estaba al oriente y al occidente, al amorreo, al heteo, al ferezeo, al jebuseo en las montañas, y al heveo al pie de Hermón en tierra de Mizpa.

Lo primero que tuvo que hacer David para regresar el arca, que tiene que ver con todo lo que hemos compartido en este trabajo, es que tuvo que tratar con ciertas asociaciones en su vida. Yo estoy hablando de que estas son posiciones que Dios debió haber ocupado.

Cuando Josué cruzó la tierra, era para que ellos heredaran la tierra, pero dejaron de militar, y ciertas áreas de la tierra, quedaron poseídas por los habitantes anteriores. Es tiempo que Dios tenga dominio en todas las áreas de nuestra vida, y no en las que tengamos menos guerra para establecer el reino de Dios.

Por ejemplo, y una vez más: las finanzas. Ahí hay un jebuseo, ¿Lo estás viendo? Era difícil entregarle ese terreno a Dios. Y esto no tiene nada que ver con manipulaciones para sacarle dinero a la gente, estos son principios.

Y son principios que valen para todos igual y nos hacen a todos del mismo tamaño alrededor del planeta. Son áreas difíciles para entregarle a Dios. Pero estamos hablando de terrenos altos poseídos por gente que no le pertenece, en el ritmo cíclico de la iglesia.

Estoy hablando de la cultura de la iglesia, de la mentalidad de la iglesia. Hay lugares altos que no son de Dios. Dios no regresa hasta que estos lugares altos estén sometidos. Está en la palabra como sombra para nosotros. No hay otro método.

Hay ciertas posiciones, dentro de nosotros, que deberían haber sido ocupadas por Dios hace mucho tiempo. Para algunos, es el matrimonio. Para otros, es el área del sexo conyugal. Para otros es la comunicación o articulación con los hijos.

Sin embargo, cuando viene David, están las dos tribus más grandes de Israel en guerra. Judá y Benjamín. Si Judá llegaba a dejar alguien vivo, venía Benjamín y lo destrozaba. Y ninguna de estas dos pudo llevar a cabo la limpieza entera del jebuseo.

(2 Samuel 5: 6) = Entonces marchó el rey (David) con sus hombres a Jerusalén contra los jebuseos que moraban en aquella tierra; los cuales hablaron a David, diciendo: tú no entrarás acá, pues aún los ciegos y los cojos te echarán (queriendo decir: David no puede entrar acá.) Las próximas cinco palabras te mostrarán con quién estaba Dios.

(7) Pero David tomó la fortaleza de Sión; la cual es la ciudad de David.

Da toda la sensación que David era lo más parecido a una poderosa locomotora que venía subiendo el monte y arrasando con todo, mientras ellos lo miraban y esperaban riéndose y burlándose, convencidos y seguros que no iba a poder vencerlos.

El orden de David ni siquiera se tomó el tiempo para anunciarlo. Se acabó el jebuseo. Era otra orden de gente. Tú eres así. Tú tienes la autoridad. Abraham te dio todos los diezmos cuatrocientos años que se dictara una ley que hablara de diezmos, porque tú eres conforme al orden de Melquisedec. Reconozco tu autoridad, bendíceme.

Es otro Reino. No es de este mundo. ¿De dónde vienes? ¿Quién eres? ¿A qué vienes, para saber si puedo invertir en ti? De todos modos, yo reconozco tu autoridad, por favor, bendíceme. Abraham le dio el diezmo de la batalla y le entregó el botín de todo. Sin preguntarle nada. Melquisedec.

Ha llegado la hora de conocer a la gente por el espíritu, y no por sus credenciales, títulos o documentos habilitantes. La gente que viene a llevarnos al lugar donde Dios espera, no viene por esa senda, viene por su propia senda espiritual.

Pero fíjate que, según los jebuseos, la gente que le iba a dar problemas a David, eran los cojos y los ciegos. Gente que resiste la visión y gente que caminan tropezando y sin seguridad. Gente que tarda demasiado en decidir si se va a involucrar o no.

Los indecisos y los que resisten la visión son los que mantienen a Sión en cohabitación con los jebuseos modernos. La mezcla de gente. Gente que está entregada y gente que se resiste. Cojos y ciegos. Tenemos que remover eso en nuestro ser, para que Dios regrese.

Y por último, Número cuatro: la introducción de patrones de adoración. Nunca antes se había expresado amor, sumisión y admiración de corazón en la alabanza, hasta que llegó David. Antes era simplemente un rito. Y era todo lo que había.

David, no simplemente mejoró la alabanza cambiando los instrumentos, sino que le trajo otro orden. No mejoró la alabanza trayendo otros himnos; trajo otro orden. Hay dos principios primordiales para el sonido de la trompeta, de las campanas y de todo lo que se usaba para la alabanza. Número uno, congregar y número dos, elevar al pueblo al próximo nivel.

(1 Crónicas 15: 14) = Así los sacerdotes y los levitas se santificaron para traer el arca de Jehová Dios de Israel.

(15) Y los hijos de los levitas trajeron el arca de Dios puesta sobre sus hombros en las barras, como lo había mandado Moisés, conforme a la palabra de Jehová.

(16) Asimismo, (Y conforme a ese orden), dijo David a los principales de los levitas que designasen (Subraya eso) de sus hermanos a cantores con instrumentos de música, con salterios y arpas y címbalos, que resonasen y alzasen la voz con alegría.

Esa palabra, “alegría”, es gozo en el hebreo. La palabra “designasen”. Aquí la cuestión de la alabanza no es quien quiere participar, sino quien es designado para ello. La música es un componente activo de la cultura de la casa, la cual identifica la dimensión de su llamado.

La música tiene que construir una mentalidad que pueda articular cuál es el destino profético del hombre. No importa si se canta la misma canción que en la iglesia de al lado. ¿Qué es lo que hace que aquí suene diferente?

¿Qué te identifica? ¿Cuál es tu cultura? ¿Quién eres? Designar significa construir una pared, construir un muro dedicado a cierto ámbito. Muy importante. La gente designada para el ministerio de la música, tiene que construir un muro dedicado a cierto ámbito.

O sea: define los parámetros de tu existencia con la música. No es simplemente hacer sonar un teclado o una trompeta. Mientras más talento tengamos, más nos creemos que estamos alabando. Okey, si no tienes talento, ni te subas. Pero no es el talento el que va a construir el muro ese.

Lo que lo va a construir es lo que tú entiendes del llamado central. Por eso es que alguien tiene que elegir. No puede ser que porque tú eres músico, ya eres de la alabanza. Podrás ser muy buen músico, pero si no entiendes qué es lo que estoy queriendo construir, no puedes ayudarme a hacerlo.

Si no entiendes lo que yo estoy produciendo, no puedes acompañarme. Mi producto es una mentalidad de la gente. Si no entiendes qué tipo de mentalidad quiero yo construir en la gente, ¿Cómo la vas a construir con la música?

Por esa razón, no se trata de orar para que aparezcan músicos. Debes orar para que la gente entienda. ¿Cómo dice el texto? Que los instrumentos resonasen que se alzasen con alegría, esto es: con voz de gozo.

Por eso es que se cambia la palabra traducida por la genuina. El gozo es divino, la alegría es mundana y frívola. El gozo, a ver si me entiendes, es más un clamor de guerra que un alegre baile. Es una salida a un estado de crisis, no un placentero dominio de los sentidos.

Si estuviste por años metido en un ambiente de alto legalismo donde aplaudir era considerado pecado mortal, está bien; vete en paz y ponte a brincar, saltar y revolcarte por el suelo alegremente y sin culpas, te lo mereces. Pero eso no es ni gozo ni alabanza.

De lo que estamos hablando, es de la próxima fase con Dios que ya está aquí. Recuerda que nada se puede anunciar hasta que no se entiende, y si no se está entendiendo, es porque ya llegó. Está aquí. Hay gente que lo hace. Existe.

Hay una música que es alegre, pero que no es frívola. No es infantil. Es una música alegre, pero tiene un puño profético. Diseña claramente la imagen de todo lo que hemos estado viendo en estos estudios. Diseña, incluso, el llanto del corazón de Dios. Y la gente se alegra porque lo entiende, pero se mantiene sobria porque son responsables.

Esto no se produce a menos que tú entiendas lo que Dios quiere primero. Designar, y que la voz, sea una voz de, la palabra es renouna, gozo. Significa “una canción o sonido que expresa las idas de Dios”. Consistente con el mover presente y con lo que el mover refiere de la gente.

Repito la palabra: renouna, un sonido que expresa las idas de Dios, o sea: la tendencia espiritual a seguir, y no la que ya pasamos. Es decir que tiene que ser salmista. Hoy le llamamos salmista a cualquiera que parece tener once dedos tocando un piano.

Pero salmista es alguien que, básicamente, te dice qué está pasando en la próxima fase con Dios, a través de la canción que él crea. De esos, sobran los dedos de una mano para contarlos hoy en la tierra. Porque la mayoría de las canciones cristianas que oímos, no están al día con lo que Dios está diciendo. Sólo tienen buen sonido, linda letra o ritmo contagioso para que los discos se vendan.

Renouna: que expresa las idas de Dios y que sea consistente o relativo a lo que esa ida requiere de la gente. O sea que la canción te prepara para entrar. No entrar en la palabra, entrar en la próxima fase con Dios. Liderar. Epískopas. Uno que prepara el corazón del pueblo para las visitaciones de Dios. Quien quiera ser líder de la alabanza, tiene que estar ahí y entenderlo.

Cuando Martín Lutero rompió con las estructuras en la reforma, y clavó aquel clavo en la pared, por primera vez se cantaron canciones acordes al mover de Dios en ese tiempo. Eso fue súper ungido en su tiempo, hoy tal vez ya no lo es tanto, hay otro mover.

(Verso 19) = Así Hemán, Asaf y Etán, que eran cantores, sonaban címbalos de bronce.

(20) Y Zacarías, Aziel, Semiramot, Jehiel, Uni, Eliab, Maasías y Benaía, con salterios sobre Alamot.

Con salterios sobre Alamot. Y esto es muy importante, porque Alamot significa: “Pureza de vírgenes no diluida”. Nota como es la música: pureza de vírgenes no diluida. O sea: la canción de la alabanza tiene que comunicar la pureza y el corazón del mover de Dios sin diluirlo.

Es imposible lograr eso sin entender primero qué quiere Dios. Primero debemos parar todo esto y empezar a dar mensajes que digan exactamente lo que Dios está diciendo hoy. Partiendo desde allí podremos crear recién una nueva forma de música adecuada con lo que Dios está haciendo hoy.

(21) Matatías, Elifelehu, Micnías, Obed-edom, Jeiel Y Azazías, tenían arpas afinadas en la octava para dirigir.

Esta palabra, “dirigir”, aquí, es la palabra sheminith, y significa “fuerza de tu decreto o capacidad gubernamental”. Vamos a unir todo esto. Tiene que ser una música que tenga, incluida en su palabra, la descripción o la articulación que muestra para dónde va Dios.

Tiene que tener el gobierno, la intensidad, el rugir, el decreto para impartirte la mentalidad para llegar allá, y tiene que tener un sonido que no sea frívolo, sino que incluye la responsabilidad que conlleva a tenerlo. O sea: la música crea la mentalidad que expresa el mover.

Es imperativo que hagamos algo con la música, porque la gente cree más lo que canta que lo que se predica. Hoy, la música está trabajando en contra de lo que Dios está construyendo. Hoy florecen algunos mensajes fuertes, de crecimiento y maduración, mientras la música sigue con un look romanticón, bullicioso o alegre, casi como de carnaval.

De acuerdo, parecería haber gozo, pero no es ese. Te sientes como Moisés, que bajaba y decía: “¡Sí! ¡Hay capero no la canción correcta! ¡Gloria a Dios que no están cautivos! ¡Hay danza, pero esa danza es una celebración por algo no entendido! ¡No saben lo que están celebrando!

Estaban celebrando la salida, cuando lo que deberían estar celebrando es una manera de entrar. Después tienes los significados de esos nombres que veíamos en el verso 19. Hemán es uno que es fiel, leal; Asaf, uno que remueve las cargas y efectivamente congrega al pueblo; Etán, uno que te establece en aquello que cantas. Nota que la gente que ha escogido representa ciertas dinámicas operativas del ambiente que se crea.

¿Qué tiene que hacer la música? Establecerte en lo que estás cantando. Tiene que hacerte leal a lo que acabas de decretar. Y te tiene que remover las cargas para integrarte a ese mover efectivamente. O sea: es todo una estrategia, no una canción.

Suponte que luego de escuchar un trabajo como este, sale alguien que te crea una música acorde a esta mentalidad, la potencia que recibes desde lo espiritual a lo literal, te lleva a considerar que, efectivamente, quien lo ha plantado allí es un genuino salmista.

(22) Y Quenanías, principal de los levitas en la música, fue puesto para dirigir el canto, porque era entendido en ello.

Esa palabra que encontramos traducida como “canto”, es la palabra masa. Y tiene que ver con la carga profética de Dios. Hay alguien que está parado allá en la clásica y tradicional plataforma, encargado de transmitirle la carga al pueblo.

Ni el gozo ni la celebración de nada; la carga de Dios que tiene y que no lo deja dormir. Para allá vamos. Todas estas son las cosas que hay que hacer para que aquello que habíamos descripto como el poder de Dios, regrese a la casa. Que no es tu templo, es tu vida.

(1 Crónicas 16: 7) = Entonces, en aquel día, David comenzó a aclamar a Jehová por mano de Asaf y de sus hermanos:

¿Quién le dio la primera canción al líder de música? ¿Quién era el que estaba llamado? ¿Qué estaba haciendo David? Le dijo: este soy yo, esto es lo que estoy construyendo. Esta es mi visión, esta es mi mentalidad, esto es lo que no me deja dormir.

(1 Crónicas 25: 1) = Asimismo David y los jefes del ejército apartaron para el ministerio a los hijos de Asaf, de Hemán y de Jedutúm, para que profetizasen con arpas, salterios y címbalos; y el número de ellos, hombres idóneos para la obra de su ministerio.

No es cantar canciones alusivas, es profetizar con la música. Profético es ver lo que viene mañana, y establecer hoy lo que sea necesario para que la hostilidad de mañana no nos llegue a nosotros. Profetizar Evitar los errores del mañana porque los vimos desde hoy.

Mucha gente cree que profetizar es una palabra profética, pero profetizar es recibir la dimensión que nos pone a nosotros a vivir proféticamente.

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enero 1, 2015 Néstor Martínez