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Revelación no es una Moda

 

Alguna vez me habrás oído hablar, en este mismo espacio, respecto a cuál es la verdadera habitación de Dios. Y allí llegamos a la idea de que esa habitación, ese lugar, se llama Sion. Que no es un simple concepto, es un lugar.

Es un lugar dónde y desde el cual, Dios ha trazado sus diseños para toda la creación, desde la eternidad hasta la eternidad. Estoy en certeza que esto debe ser comprendido como absoluta verdad, porque es la única manera en que luego podremos entender todo lo demás que viene.

Quiero decir con esto que, al igual que en una escuela, debemos aprobar este tema. Porque si no lo aprobamos, todo lo demás nos va a parecer una total y absoluta locura. Porque la revelación de Dios, es progresiva. Y algo que es estratégico es que tú sepas dónde puedes ir desarrollando lazos estratégicos para poder crecer en la revelación de su verdad.

Ya sabemos que es verdad cuando la Biblia dice que Dios habita en los cielos, pero que es lo mismo que si tú le dice s a alguien que yo vivo en Argentina. Seguramente te van a preguntar: ¿Y en qué lugar y dirección de Argentina vive el hermano? Te hago la misma pregunta: ¿En qué lugar y dirección de los cielos vive Dios? Única respuesta bíblica: en Sion.

Y el texto que resume perfectamente todas estas cosas, es el Salmo 76. Allí nos vamos a encontrar con cuatro pasos muy claros que tienen que ver con lo que luego denominaremos como la morada del Señor. Te invito a examinarlo juntamente conmigo y extraer de allí los principios elementales.

(Salmo 76: 1) = Dios es conocido en Judá; en Israel es grande su nombre.

(2) En Salem está su tabernáculo, y su habitación en Sion.

En principio, quiero recordarte que cuando lees el término “habitación”, aquí, estás leyendo la palabra “morada”. Y aquí en este salmo podrás ver con claridad, las que son las cuatro moradas de Dios. Repasémoslas juntos, si es que tienes tu Biblia abierta.

Este proceso de cuatro moradas que vemos aquí, es particularmente revelador cuando entendemos que Dios se manifestó, en el Antiguo Testamento, justamente en estas habitaciones. Dice en el versículo primero, que es conocido en Judá.

¿Recuerdas ese versículo que dice que Dios habita en la alabanza de su pueblo? Muy bien, eso es lo que dice en esta primera parte, porque Judá significa Alabanza. Entonces, es cierto que Dios habita en la alabanza de su pueblo, pero cuando termina la alabanza, ¿Qué pasa con la habitación?

Se termina, también. Y la presencia del Señor, desaparece. Esto es cierto. Entendiendo esto es que David levantó y organizó un sacerdocio para que por cuarenta años no cesara la adoración en el templo. Él fue muy sagaz, fue muy inteligente.

Él simplemente partió de esta verdad: si Dios habita en la alabanza de su pueblo, si no dejamos de alabarle, su habitación será permanente. Y lo hizo. Logró crear una habitación para el Señor por cuarenta años. Y en esos cuarenta años, David nunca fue derrotado, nunca fue vencido.

Si nosotros solamente entendiéramos eso, ya saldríamos corriendo hacia la mejor congregación que encontremos, y le propondríamos que con un aporte solidario de todos, se sostenga una adoración continua en el templo.

Esto es algo que muchos ministerios han enseñado hace años. Sin embargo, por alguna inexplicable razón, nadie lo ha puesto en vigencia. Entonces, cuando nos enfrentamos con que la iglesia está siendo derrotada, que nadie sabe por qué no se puede avanzar mientras sus enemigos prevalecen, muchos caerán en cuenta que sus tiempos de adoración son tan endebles, tan fofos, la gente participa tan poco de ellos, que si no es posible la unidad en la adoración, mucho menos se podrán unir en el combate.

Hay una palabra profética no del todo entendida, todavía, que dice que los únicos que pueden adorar, son los hijos. Los siervos, no. Si tú quieres un test, un indicador de quienes son hijos y quienes son siervos, pon la iglesia adorar, y vas a encontrar visiblemente quienes son hijos y quienes son siervos.

Porque para adorar, es necesario morir. Solamente el que ha muerto a sí mismo y a su carne, puede adorar. Pero tú habrás visto como lo he visto yo en mi paso por las congregaciones, que hay gente que ni siquiera le gusta los tiempos de alabanza y adoración, y que procuran calcularlos para llegar con lo que más los entretiene, el mensaje. Hay una explicación para eso: esa persona no es convertida.

Dios nunca va a permitir que el enemigo prevalezca frente a una casa que sabe adorar. El cielo es fiel. Pero Judá no es solamente adoración. Si revisas un poco la historia del Antiguo Testamento, vas a encontrar que Judá termina siendo una de las pocas tribus que termina, después de la dispersión, como remanente del pueblo de Dios.

Va a llegar un momento en que apenas dos tribus sacan la cara frente a las doce que quedaron ahí, diez esparcidas, son dos las que van a mantener esta imagen. Y de hecho, hasta el día de hoy se habla de “los judíos”. No se habla de los efrainitas ni de los otros.

Se habla de Los Judíos, y judío viene de Judá, precisamente. La tribu de Judá terminó siendo el estandarte, el último baluarte de este diseño. De hecho, Jesús desciende de la tribu de Judá. El diseño de Judá, fue victorioso un tiempo, justamente en tanto y en cuanto David legó y su hijo Salomón gobernó.

Después que Salomón muere, el diseño de Judá va cayendo. Ya para la época del Nuevo Testamento, vas a darte cuenta que Judá perdió todo lo que era. Tanto que al punto que Judas, el traidor, es de la tribu de Judá.

Por eso dice que Dios es conocido en Judá. El conocimiento de Dios que se mantiene en la tribu de Judá llega, hasta más o menos, la época de Jesús. Y ahí queda. Pero fíjate que fue un conocimiento que no llegó a llevar a este pueblo a la salvación. ¿Estás entendiendo eso?

En la segunda parte de este versículo, dice: En Israel es grande su nombre. A diferencia de Judá, Israel es el nombre del padre de Judá. El primer nombre de él, era Jacob, pero que luego Dios se lo cambia por Israel. Y ahora vas a ver una progresión más que impresionante.

Van a darse cuenta que Israel es más grande que Judá. Porque Judá es una tribu, pero Israel son las doce tribus. Y dice aquí que en Israel es grande su nombre. Uno de los graves problemas de la iglesia dividida, es que no podemos expresar la grandeza de Dios.

Si tú lees Juan 17, cuando se dice que ellos sean uno como tú y yo, Padre, somos uno para que el mundo crea, es tremendo comprobar como la división afecta, precisamente, la grandeza de Dios. Las iglesias divididas, muestran un Dios pequeñito.

O sea: cada uno tiene su propio modelo de Dios. Por eso no quiero saber nada con Fulano ni con mengano, sus modelos de Dios no son similares a mi modelo de Dios. Pero hay un problema: la palabra dice que ni9nguna casa dividida prevalece.

¿Cómo encarar una unidad genuina, entonces? Es complicado, pero muy contundente en lo que a mí se refiere y, seguramente, a muchos como yo. Yo no puedo ni quiero unirme a gente que dice que el Espíritu Santo ya no habla. Yo no quiero unirme a lugares que están llenos de masones. Yo no quiero unirme con ministros que niegan la eficacia del poder de Dios. Yo no quiero unirme con gente que niega la autoridad de la palabra, y tampoco quiero unirme con gente que bajo el barniz dudoso del ecumenismo terminan siendo subordinados de ritos y filosofías paganas.

Yo no tengo ni la menor gana de unirme con todos los ministros auto denominados como cristianos del planeta. Yo quiero unirme, si los encuentro, sólo con aquellos que hayan bebido de la misma copa de revelación que alguna vez yo he bebido.

Dios jamás nos va a pedir que nos unamos con los fariseos. ¡No se lo pidió a Jesús! ¿Ustedes creen que si se lo hubiera pedido, Jesús no hubiera obedecido? Por eso es que cuesta tanto encontrar y encontrarnos. Por eso y por simple desconfianza. ¿Espiritual? ¡Sí, pero producto de experiencias malas!

Claro está que la gran mayoría de los ministros debemos entender algo que es muy simple si lo vemos superficialmente, pero muy tremendo si lo profundizamos. La unidad no es una elección por simple opción, la unidad es un mandato. ¿Y qué hará un hijo de Dios con un mandato de su Padre?

Esto, repito, no tiene absolutamente nada que ver con el ecumenismo, Dios me libre y me guarde, como decía mi abuela. Tampoco tiene que ver con unir a toda forma de vida que asegura ser cristiana. Estamos hablando solamente de aquellos que en el espíritu tienen la misma genética que Dios ha puesto en mi vida.

Hoy Dios quiere ser conocido grandemente en Israel. Por eso, definitivamente, hay muchas cosas que hacer en las ciudades de los países. Por eso habla de unidad, no de individualismo. Hacer las cosas como Israel, con todas sus tribus.

Claro que es inevitable que estos procesos no empiecen con una persona. Pero luego vendrán otros y se formará un equipo, o un ejército si quieres verlo así. Ahí es donde hay que bajar el primer estandarte, porque ya no es un grupo, es Israel. Pero somos Israel cuando nos unimos.

Claro está que al igual que un hombre pasa por procesos, también una ciudad pasará por procesos. Y cuando hay una ciudad que está en proceso, la iglesia puede activar dos cosas: o termina de ganarla, o termina de perderla.

Ya no podemos seguir con las organizaciones de monumentales eventos que traen a miles de personas a escuchar a diez conferencistas hablando de importantísimos y maravillosos temas que a los cinco días de concluido el evento ya nadie recuerda. Y lo peor, a los tres meses cuando se realiza otro evento en otro lugar, va la misma gente con los mismos problemas.

Es necesario cumplir con un proceso. Todo el libro de Génesis te muestra el proceso. Nada en la creación se cumple sin un proceso. No podemos empujar por compromisos grupales ciertos procesos que luego no podremos sostener.

Ya no tiene sentido. Hoy día existen no menos de quinientos ministerios tremendos, hermosos, pero pretenden realizar todos los cambios ellos solos, sin compartir ni apelar a los demás, como si estuvieran compitiendo para ver quien llega primero y se queda con el botín. ¿Eso es la iglesia?

¡Eso es educación mundana! Donde se suponía que todos debíamos aprender a hacer de todo y ser aptos y capaces para todo. Y terminaban como tenían que terminar por una simple cuestión de lógica: no siendo capaces para nada. Los colegios enseñaban eso. ¡No funcionó!

Porque todo tiene que ver con tener muy en claro a qué te llamó Dios como ministerio. A mí, a enseñar. Listo, supongo que todo lo que me queda de vida lo utilizaré para enseñar. Si Dios no cambia de idea y me designa para otra cosa nueva que aún no conozco, seguiré donde me puso. Por mi cuenta no haré absolutamente nada que no sea esto.

Porque la realidad genuina está en el cuerpo. Y cuando digo cuerpo, que se entienda una vez más; no me estoy refiriendo a una congregación evangélica en especial, a una denominación evangélica en especial y ni siquiera a la iglesia evangélica en especial; me estoy refiriendo a los creyentes genuinos que Dios conoce en sus corazones, donde quiera que ellos estén hoy.

Entiende esto: tú vas a poder dar lo que tengas que dar, en proporción directa al desgaste que tengas haciendo algo. Si le dedicas el cuarenta por ciento de tu tiempo, te va a dar de fruto, el cuarenta por ciento. Siempre será la cosecha proporcional con la siembra. Nadie que siembre tres semillas puede esperar cosechar diez plantas.

Ahora hablemos del conocido, promocionado y hasta vituperado ministerio del pastor. ¿En qué dedica su tiempo y su energía un pastor? ¿Cuántas reuniones hay en la semana? ¿Y qué hace él fuera de los horarios de reunión? ¿Cómo esperas tener fruto al cien si apenas estás rindiendo al treinta?

Hay pastores que están haciendo cosas en sus iglesias que las podrían estar haciendo personas con mediano entrenamiento. Y está dejando de ver aquello que realmente es importante. Independientemente de que Dios no armó al ministerio pastoral para fabricar gerentes. ¡Pero el ministerio del pastor es bíblico, hermano! Sí, pero no esto…

Lo primero que necesitas es enfrentar el rechazo en tu propio corazón. Tienes que dejar de pensar que porque no puedes hacer algo ya eres descalificado. Tienes que dejar de compararte con otros hombres. Y en honestidad y en humildad, debes reconocer que hay muchas cosas que otros pueden hacer mejor que tú.

Eso es lo correcto, porque no existe ningún cuerpo donde uno de sus miembros compita con otro miembro. Ese cuerpo se autodestruye si lo hace, todos lo sabemos. ¿Y por qué no podemos verlo en este cuerpo que llamamos la iglesia? Porque hay mucha venda mágica puesta por el enemigo.

Haz una prueba, ahora, conmigo: Si Dios te dijera que sólo puedes hacer una cosa en el resto de tu vida para servirle bien, ¿Qué le pedirías hacer? Una sola cosa. Es una pregunta complicada. ¿Por qué? Porque de hecho, hacemos más de una cosa, aún hoy.

Por eso es que somos muy activos, pero muy poco especializados. Y por ser poco especializados, es por eso que carecemos de excelencia en la mayoría de lo que hacemos. Sabemos un poco de todo, pero nada en profundidad. ¿Te será fácil responder esa pregunta?

Te advierto que si lo haces con seguridad, tienes tu futuro ministerial resuelto, y sin errores. Y mientras más rápido puedas encontrar eso, más fértil podrá ser tu vida. Porque vas a enfocarte en lo que de verdad está ardiendo en tu corazón.

En tercer lugar, dice: En Salem está su tabernáculo. ¿Recuerdas al tabernáculo, verdad? La tienda. ¿Sabes qué significa Salem? Paz. ¿Te has puesto a pensar que era en el tabernáculo en donde los hijos de Israel encontraban paz con Dios?

Porque era el lugar donde se trabajaba el pecado. En Salem, está su tabernáculo. Considera algo más: el tabernáculo, era una habitación transitoria. Era un campamento temporal. ¿Qué quiere decir? Que temporalmente estaba edificado. Hoy día no podemos tener tabernáculos. Ya no, ya pasó.

Y termina diciendo el texto: Y su habitación en Sion. Escucha: era tan fuerte esto en la mentalidad del sacerdote del Antiguo Testamento, que había un grupo de salmos, que se llamaban “los cánticos de Sion”. Y hasta te puedo decir cuáles eran.

El salmo 46, el salmo 48, el salmo 87 y el 122. Incluyendo, claro está, este salmo 76. Ese grupo de salmos, que llamaban “los cánticos de Sion”, porque eran en esos cánticos, donde se descorría el velo de Sion. Estamos en claro hasta aquí, ¿Verdad?

(Mateo 15: 1) = Entonces se acercaron a Jesús ciertos escribas y fariseos de Jerusalén, diciendo: (2) ¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de los ancianos? Porque no se lavan las manos cuando comen pan.

(3) Respondiendo él, les dijo: ¿Por qué también vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición?

Para cuando este texto es hablado, podemos ver a un Jesús metido en una época muy compleja. Jesús no aparece en la época de mayor gloria de Israel. ¿Recuerdas cuál fue la época de mayor gloria? La de David. Esa fue la edad de oro de Israel.

Jesús llega en la parte decadente. Ya en Israel, había habido mucha mezcla. Ya los samaritanos, habían minado parte de la cultura. Ya se había levantado una estructura tan fuerte de corrupción dentro del sacerdocio, que aún había padrinazgos dentro del templo, con relación a las ofrendas y a las familias sacerdotales.

La gente común no creía, en general, en los sacerdotes. Los habían visto enriquecerse. Por el otro lado estaba Roma, que para los romanos, Judea siempre era un lugar muy conflictivo. Los judíos eran muy revoltosos. Tanto que los romanos tenían una guarnición permanente allí, con el fin de sofocar cada una de las rebeliones que cada tanto ellos inventaban.

Estaban cansados de tener que pagar tributo todo el tiempo. Por el otro lado, ya había habido grupos guerrilleros dentro de los judíos, que empezaron a trabajar, más o menos, en el año 150 o 180 antes de Cristo, para derrocar toda esta corrupción, pero también levantándose contra el imperio.

Era una época muy complicada. Jesús llega, y todo estaba dividido, había un espíritu de contienda, había una desesperanza muy intensa en la gente. El pueblo de Israel fue muy bendecido, porque recibió el depósito de la palabra, antes que los otros pueblos de la tierra.

Ellos recibieron una ley que, literalmente, vino de parte de Dios para ellos. Y esa ley estaba diseñada por Dios, para dirigir sus relaciones entre ellos y entre Dios y ellos. Entonces, cuando Dios llega a ese escenario tan con fuso, tan conflictivo, encuentra una nación dividida.

En este pasaje en particular, Mateo 15, pasa algo muy interesante: Jesús estaba comiendo con los discípulos, y se acercan unos hombres, que según dice textualmente el relato, eran escribas y fariseos. Le dicen: ¿Por qué tú permites que tus discípulos rompan la ley?

Lo interesante es que ellos no estaban rompiendo la ley, porque en ninguna parte de la ley decía que deberían lavarse las manos para comer. Eso estaba escrito en unos libros que se llamaban La Tradición, es decir: la Mishná.

Eran libros, comentarios de la Biblia, o mejor dicho, comentarios de la ley. Y aquí es donde quiero poner algo en tu corazón que necesito lo entiendas. Cuando Dios sacó al pueblo de Israel de Egipto, no estaba en su corazón que haya sacerdotes.

No estaba en su corazón que exista una tribu que sea sacerdotal. Lo que decía él, era esto: me serán una nación de reyes y sacerdotes. Lo que Dios quería, no era que la tribu de Leví sea la única que podía entrar al tabernáculo.

Él quería que todas las tribus puedan llegar a su casa. Eso estuvo en el corazón de Dios, siempre. Me seréis una nación de reyes y sacerdotes. Eso era lo que él quería. Pero, pasó algo: la dureza del corazón del hombre.

Ellos se corrompieron, y a causa de esto, Dios escoge a una tribu, que fue la única que se puso de parte de Dios. Quiero que entiendan: el proyecto sacerdocio, estaba destinado a fracasar. ¿Sabes por qué? Lo termino de decir: porque nunca estuvo en el corazón de Dios. Tengo una pregunta y, si quieres, déjala sin respuesta: ¿Estará en el corazón de Dios el ministerio pastoral tal como se ejecuta hoy?

Lo mismo que con lo otro que fue un fracaso desde el principio, un rey para Israel. ¿Quería Dios que haya un rey en Israel? ¡No! Samuel se levanta, entonces, y les dice: ¿quieren un rey a quien tengan que diezmar? ¿Qué les quite lo mejor de la tierra? ¿Qué ponga a sus hijos de esclavos? ¿Qué tome a sus hijas para su servicio privado y personal?

¿Quieren un rey para que les llene la cabeza de impuestos? ¿De verdad quieren eso? Tremendo. ¿Y sabes qué dijo la gente? ¡Sí, eso queremos! Pero, ¿Por qué? Porque queremos vivir igual que los otros reinos de la tierra.

¡De acuerdo!, casi vociferó Samuel: ¡Van a tener un rey, pero no digan que no se los advertí! Y ahí es donde aparece Saúl en escena. Entonces, si ustedes leen la historia de los reyes, es un fracaso tras otro fracaso. De caer a tropezar, de tropezar a resbalarse y de resbalarse a patinar.

Porque eso ya estaba diseñado a fracasar. ¿Por qué? Porque todo lo que no está en el corazón de Dios desde el principio, está diseñado a fracasar. Una buena pregunta, aquí, sería: ¿Pero y entonces por qué Dios lo permite? Respuesta simple: porque Dios le concedió al hombre escoger su destino.

Le dio gobierno. ¿Y sabes cuál es el peor error de Dios si lo vemos como hombrecillos presuntuosos? Darnos libertad. Estoy convencido que la libertad es un engaño. ¿Por qué dice eso que está en contra de lo que dicen los demás, hermano? Porque cuando tenemos libertad, tendemos a irnos a la esclavitud.

La historia y la razón te demuestran que el hombre tiende a la esclavitud. ¿O no se siguen votando en muchísimos países, gobiernos que hacen campaña previa basada en una especie de paternidad total? Parecería ser que el esclavo, en el fondo, vive mejor que el libre.

¿Cómo va a decir eso, hermano? Mira; hay países que eran verdaderas potencias, en tanto que todavía eran colonias. Cuando se independizaron, se dividieron en veinte. Y aparecen el hambre, el narcotráfico, las guerrillas, los militares, los golpes de estado y vuelta a empezar.

¿Me quieres explicar por qué, cuando eran colonia, todos parecían vivir bien, tranquilos y felices? Parece de un cinismo mayúsculo lo que te estoy diciendo, pero es una realidad visible, créeme. No estuvo en el corazón de Dios ni tener sacerdotes, ni tener reyes.

Él quería que todo su pueblo fueran reyes y sacerdotes. ¿Qué pasa con el sacerdocio? Cuando Dios levanta a Moisés, no lo levanta para ser sacerdote. Ojo con esto; lo levanta para ser el conductor, el referente, el líder si quieres, que los iba a sacar de Egipto.

Moisés fue levantado para sacar a esa gente de la esclavitud de Egipto a la tierra prometida. ¿Y cuál va a ser la tarea de Moisés? No la de ser sacerdote. Él se excusa de eso. ¡No quiere ser sacerdote! Entonces será su hermano mayor el que terminará asumiendo ese rol.

Después del pecado, después de toda la crisis que se da con los hijos de Coré, y se instituye el sacerdocio, entonces de acuerdo: la tribu de Leví me servirá. Dios le pone condiciones, conociendo el corazón del hombre. La tribu de Leví no puede, por ejemplo, tener herencia terrenal. ¿Por qué? Porque si su corazón está en lo terrenal, no va a poder servir al Señor con integridad.

La Pascua. ¿Ubicas? Pregunto: ¿Qué redime la Pascua? Redime a los primogénitos. LA Pascua no trata con el pecado, ese es un error. El manda el último juicio, por causa de Egipto, que es la muerte de todos los primogénitos.

Pero, para proteger a su pueblo, instituye la Pascua para que la Pascua sea la acción profética para proteger a los primogénitos. Si tú eras el hijo segundo, no tenías ningún problema. Tu hermano mayor era el que estaba en problemas serios.

La Pascua no trató con el pecado, trató con la primogenitura. Después que Dios instituye el sacerdocio, dice algo que es demasiado tremendo: “Todo primogénito de Israel, es mío”. ¿Por qué? Por causa de la Pascua.

Pero, aquí se genera un problema, y mira en los problemas que metemos a Dios; lo obligamos a firmar un papel en donde ahora una sola tribu puede servir a Dios. Entonces, ¿Cómo puede servir a Dios alguien que es primogénito, pero que no es de la tribu de Leví?

Porque cuando dice que todo primogénito es suyo, significaba que iban a ir a servirlo a Él en el templo. Pero sólo puede servirlo Leví. Entonces empieza la aritmética estadística. Por cada nuevo nacido, primogénito, en Israel, que no sea de la tribu de Leví, tiene que integrarse un sacerdote de la tribu de Leví, al servicio.

En proporción había el mismo número de levitas en servicio que los nacidos como primogénitos en Israel. Escucha: cada mes decían; (¡Cada mes!) han nacido cuarenta y tres varones primogénitos entre todas las tribus. Listo. Necesitamos cuarenta y tres levitas para que pasen al servicio.

Porque los levitas sustituían a los demás. ¡Qué enredo! ¿Verdad? Todo por el pecado. Entonces, los levitas eran los únicos que podían entrar al Lugar Santo. Iban cada día a presentar el incienso, dos veces al día. Ahí aparecía muchas veces el ángel del Señor, aparecía Dios en su nube, hablaba con ellos, y la gente estaba afuera, mirando.

Entonces salía luego el sacerdote y les decía: “¡Dios me ha dicho esto!” Y era ovacionado. Cuando ellos reciben los libros: pentateuco, profetas, ¿Quiénes los administraban? ¿Quiénes los copiaban? ¿Quiénes los guardaban? Los sacerdotes. Los escribas.

¿Qué acceso tenía el ciudadano común de la tribu de Rubén, o de la tribu de Dan? Ninguno. Entonces, allí es cuando aparece el misticismo. ¿Qué te ha dicho Dios para mí? ¿Qué dice Dios que va a hacer? ¿HA dicho algo? Porque tú eres de la tribu de Leví y yo soy apenas de la tribu de José, y no puedo hacer otra cosa que presentar mi cordero allí.

¡No puedo entrar más allá! Entonces, los sacerdotes empiezan a preguntarse qué era lo que debían decirle a la gente. ¿Cómo entiendes este pasaje? A mí me parece tal cosa. ¡No!  A mí me parece otra tal cosa. ¿Y por qué no las anotamos? ¡Qué interesante lo que estás diciendo!

Y junto con el libro de la ley, que son los treinta y tantos libros que tú conoces, empiezan a hacer otro libro de comentarios del libro de la ley. A esos comentarios le llaman La Tradición. Y tenían la misma autoridad que los libros de la ley.

Tanto, que en Mateo 15, un fariseo, no un neófito, un entendido, le pregunta a Jesús: ¿Por qué permites que tus discípulos quebranten la ley? ¡Suprema ignorancia! ¡Eso no estaba en la ley! Es que para ellos, La Tradición tenía el mismo peso de autoridad que la ley.

Te doy un ejemplo gráfico: la Biblia dijo a través de Moisés: si la mujer da motivo de repudio, el marido se divorcia. Entonces, la pregunta es esta: ¿Qué es motivo de repudio? Te explico, repudio es rechazo. ¿Por qué causa, entonces, tú podrías rechazar a tu esposa?

¿Por qué no se tomó el trabajo, Moisés, de escribir el detalle, la letra chica? No harás ningún trabajo el día de reposo. ¿Ordeñar la vaca es trabajo? ¡Claro que sí, pero había gente que decía que no! ¿Por qué? Porque si no la ordeñas periódicamente a la vaca, comienzan a dolerle sus ubres.

¡Entonces quémame el becerro! No, porque eso es hacer trabajar. Te hago una pregunta: ¿Dios dio la ley para libertad o para esclavizar? ¡Obvio, para libertad! Pero terminó esclavizándolos. Entonces empezaron, imagínate, hay tres escuelas de judíos.

Unos decían: es el adulterio la única causa que da motivo de repudio, porque si la mujer adultera, el marido tiene derecho de romper el matrimonio. Otros decían: está bien eso, pero infidelidad al margen, ¿Qué pasa si ella no lo respeta y lo honra?

¿Qué pasa si en lugar de servirle le arroja en la cara el desayuno? Si se mueve con mala actitud. Eso también es motivo de repudio, él tiene derecho a divorciarse. Y había una escuela, la tercera, que un motivo de repudio significaba no haber hecho una reverencia cuando él pasaba.

Entonces un marido bien sinvergüenza, que ya tenía en su mente otra cosa, iba a uno de esos grupos conforme como coincidiera con lo que quería utilizar para obtener su divorcio. Y así con todo lo demás. Habían bastardeado tanto esa ley que por momentos lindaba con lo ridículo.

Por eso nos encontramos con gente que le formula a Jesús preguntas que hoy sencillamente estimaríamos como idiotas. “Señor, si una oveja cae a un pozo en día de reposo, ¿Debo sacarla o dejarla allí hasta el día siguiente?”

Haz trabajar un poco tu mente que para algo el Señor la puso allí, en medio de tus orejas: ¿Tú crees que para eso dio Dios la ley? Otra: ¿Qué se considera un rico? ¿Quién es un rico? ¿Hay una medida puntual de dinero o posesiones para determinar si alguien está bien, está acomodado o es rico?

Todo eso que anda por allí como detrás de una bruma, era la realidad del pueblo de Israel en la época en que Jesús aparece. Y Él se llenaba de coraje, porque este pueblo manoseó la ley. E hizo de la ley su instrumento, para manipular a otros. Así era.

Por eso Jesús le responde con tanta dureza: “¿Y acaso no es pecado anular el mandamiento de mi Padre?” ¿Cuándo lo anularon? En otra parte Jesús dice: “Vuestras tradiciones han anulado mi mandamiento”.

En esa época, si alguien te preguntaba qué debía hacer para ser salvo, tú tenías tres posibles respuestas. Si pudiéramos entender las dificultades que existían en el momento en que Jesús aparece, nos daríamos cuenta que Él fue puesto en una posición horrible.

La gente venía y le preguntaba cosas delante de los demás, sabiendo ellos lo que ellos ya entendían. Ahí estaban los que no creían en la resurrección, diciendo: ¿Y de quién será mujer cuando resucite? ¡Hermosos sinvergüenzas!

Eso es tentar, no hay dudas. Ellos no querían aprender, querían encontrar un punto, un motivo, un fundamento para poder decir que eran ellos los que estaban en lo cierto y él equivocado. Te puedo mostrar algunos correos, hoy, siglo veintiuno, hombre común muy lejos de aquel Jesús, que están en la misma onda.

Lo sorprendente de todo esto, es que Jesús nunca pudo ser manipulado. ¡Ese es mi referente! ¡Ese es mi modelo! Él siempre salía por otro lado. Como en este caso. Los deja plantados. En el verso 4, incluso, les dice los mandamientos.

Muchas de las palabras que Jesús habla en los evangelios, sólo tienen sentido cuando entendemos esto que te estoy diciendo. La dificultad de ese momento. Ahora escucha esto. En este proceso, se pierde algo que Dios siempre quiso. Él siempre quiso hablar con todos.

Y quiso revelar su voluntad, a todos. Dios nunca quiso estar detrás de un velo. Nunca quiso ser el tesoro de una tribu. Nunca quiso eso. Él quiso que todo su pueblo sean reyes y sacerdotes. Si tú lees Pedro, allí dice: “Al que nos hizo reyes y sacerdotes”.

¿Sabes cuál es una de las palabras más aborrecibles para Dios? Laico. Es horrible, porque no existen laicos en Dios. El laicado, es un término que aparece en el segundo concilio, y lo que hace es ahondar más la brecha entre los que son sacerdotes y los que son el pueblo común.

¿Te digo dónde debe llegar la reforma? Se le debe devolver el sacerdocio completo a la gente. Claro que eso significa que algunos imperios deban caerse. No me interesa si esos imperios son bien intencionados o no, no reafirman la palabra de Dios y punto.

(Colosenses 2: 8) = Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo.

El día de hoy, aún para los que no somos judíos, hay un peso de tradición sobre nuestras cabezas. Y algo más: todavía a nosotros nos sigue afectando el peso de nuestra tradición. ¿Sabes por qué? Porque la tradición modeló nuestra cultura. La tradición, aborta la fe.

Y voy a decirte con cierta autoridad algo que quizás en principio hasta pueda asustarte. Nosotros le hemos dado un peso de autoridad a la Biblia, como libro, que Jesús no le dio. ¿Él dijo que cuando viniera la traducción Reina Valera conoceríamos todas las cosas, porque ella los guiará a toda verdad, y les recordará lo que yo les enseñé?

No. Jesús decía que cuando venga el Espíritu Santo nos guiaría a toda verdad. Jesús nunca jamás esperó que la Biblia, como libro, dirija nuestra fe. Y antes que me escribas algo como reacción, déjame decirte algo más:

Estoy seguro que tú no permitirías que tus hijos o tus hermanos lean un libro escrito por alguien que tenía el carácter moral de Salomón. Te desafío a que encuentres en la Biblia, a una persona más inmoral que Salomón. ¿Cuántas mujeres tenía? Trescientas. Y además, setecientas concubinas.

Hermano varón que me escuchas, ¿tú permitirías que tu hermosa hija de quince años lea un libro escrito por un hombre que tuvo trescientas esposas legales y setecientas amantes autorizadas, y que evidentemente sólo piensa durante todo el día en el sexo?

Sin embargo, Salomón está ahí. Un hombre corrupto. El padre de la masonería, que se desvió de Dios. Tenemos varios libros de él. Que poco provecho tienen al espíritu, es filosofía pura. El canon de la Biblia, no fue elaborado por gente de Dios.

El primer canon, lo hace un hombre llamado Justino Mártir, que era admirador de Sócrates. Tan fuerte, que él se vestía con la toga de los cretenses, aún como “creyente”. Era fanático de la cultura griega. Tal es así que en el primer orden de libros que se hace en el año 120 o 130, no aparece ningún libro escrito por judíos, porque él los aborrecía.

Ese es el primer canon de la Biblia. Pero…y entonces… ¿Cómo deberemos dirigir nuestra fe? ¡Por el Espíritu Santo! Y utilizaremos como manual de consulta a la Biblia, como quien usa un diccionario. Pero mi guía, es el Espíritu Santo. Porque Jesús dijo que cuando el Espíritu Santo venga, Él nos guiaría a toda verdad.

¿Pero es importante conocer la Escritura? ¡Claro que es importante! No me alcanza el tiempo para conocerla más o meditar más de ella. Y busco permanentemente conocer más de ella. Pero ¿Sabes qué? Pero mi autoridad suprema no puede ser esta, es el Espíritu Santo.

Sin embargo, hay una corriente dentro de la iglesia que defiende que la Biblia es la autoridad suprema. ¿Sabes quiénes son ellos? Son los hijos de Grecia. Aquellos que creen que a Dios lo puedes conocer sólo por el conocimiento intelectual y la razón, y no por la revelación.

Si era tan importante que nosotros conozcamos a Dios por los escritos, ¿Por qué Jesús no permitió que le escribieran lo que Él hablaba, mientras Él hablaba? ¿Por qué el primer evangelio tiene que aparecer más de treinta años después? Por presión de la iglesia.

No le costaba nada a Jesús llamar a alguien y encargarle que anotara todo lo que Él decía para que luego la gente lo pudiera estudiar y recordar. Y no estoy hablando de suposiciones, había una profesión muy reconocida en la época que era la de los escribas, gente que se ocupaba precisamente de eso, de tomar nota y escribir lo que alguien decía en el momento en que lo decía. Un antiguo taquígrafo.

Pero a Jesús nunca le preocupó eso, ¿Sabes por qué? Porque él sabía que lo que necesitaba su iglesia, iba a venir después de él. Se llamaba Espíritu Santo. Y él estaba a cargo de conducir a la verdad a todos sus hijos. La Biblia nunca va a poder contradecir al Espíritu Santo. Pero el Espíritu Santo sí puede contradecir a la Biblia.

¿Eso hace decaer, entonces, la necesidad de estudiar la Biblia? ¡No, para nada! Debes estudiarla, necesitas salir de la ignorancia. Sólo lo que ya no puedas aprender en la Biblia te lo va a revelar el Espíritu Santo. Pero lo elemental y básico de Dios, no te lo va a enseñar el Espíritu Santo si está en la Biblia.

Quiero decir con esto que la pereza nunca es apoyada por Dios. Tú debes esforzarte en conocer a Dios. Puedes leerla, tomar notas, rallarla donde debas recordar. Pero va a llegar un momento en que la Biblia no alcanzará para contestar a todas tus preguntas.

Dice: Conozco un hombre, en Cristo, que hace catorce años, no sé si en el cuerpo, no sé si fuera del cuerpo, Dios lo sabe, el tal fue arrebatado hasta el tercer cielo.

Y conozco al tal hombre, si en el cuerpo o si fuera del cuerpo no lo sé, Dios lo sabe, que fue arrebatado al paraíso, y escuchó palabras inefables, que al hombre no se le permite expresar.

Pablo, ¿De quién está hablando? De él mismo. ¿Sabes qué está diciendo? Lo que escuché hace catorce años en el tercer cielo, no se lo puedo decir. O sea: las catorce cartas que él escribe, no fueron tomadas del tercer cielo.

Quiere decir que si él escribiría aún eso, imagínate lo que saldría. Lo que vio hae catorce años allá, no lo puede decir, no hay palabras para poder decirlo. Y este hombre larga catorce cartas impresionantes, que hasta el día de hoy estamos leyendo apenas, sin saber qué fue lo que vio allá y qué fue lo que Dios le dijo.

Si la Biblia como libro fuera tan determinante, ¿Qué fe tenían los primeros cristianos, si no tenían Biblia para ellos? La iglesia más poderosa que hubo en la tierra, no tenía Biblia. Sólo tenía al Espíritu Santo. ¿Eso quiere decir que la reforma de la que estamos hablando, va a anular la Biblia?

¡No! La reforma, lo que va a hacer, es devolverle el papel que le corresponde al Espíritu Santo. Porque se ha hecho algo presuntuosamente, quiero que veas dónde está el error. Así como los judíos le dieron a la tradición el mismo peso que la ley, los evangélicos le han dado a la Escritura, la misma autoridad que al Espíritu Santo.

E, incluso, lo han complicado más, porque no son pocos los que todavía dicen y enseñan que, después de Hechos, el Espíritu Santo ya no habla. Y eso es grave, porque nos da a entender que ya no tenemos al Espíritu Santo para acudir en búsqueda de toda la verdad, y que sólo nos queda la Escritura.

Hay algo que en todos o casi todos nuestros países de lo que llamamos la América Latina, se llama Folklore. El Folklore es el nombre que se le da a esas cosas invisibles que se adoptan como realidad. El Folklore es parte de la cultura.

Entonces, pregunto: ¿Por qué crees que tenemos, hoy día, a muchachos creyentes cantando reggaetón, o cantando cumbia a lo que llaman alegre música cristiana? Soy profesor de música, entiendo algo de eso, si bien tengo algunos años, no creo ni tengo planes de ser retrógrado, pero creo que algo no está funcionando.

El sonido ambiente de esa clase de música, de esos ritmos contra los cuales no tengo absolutamente nada porque en todo caso representan una cierta y determinada cultura que debo respetar es, sin embargo, de una calidad y cualidad que permite que sólo escuchemos su percusión acompasada, su música estridente y casi nada de su letra.

Cualquiera que lo oye lo asume como expresión cultural de un sector poblacional llamado salsero. Lo que no tengo en claro para nada es qué diantres tiene que hacer la iglesia, allí. Yo pienso en esto: si los mismos jóvenes que durante el día cantan esos ritmos, por la noche cantan himnos, ¿Cuándo estarán adorando al Señor en espíritu y en verdad, en el día o por la noche?

Si la respuesta es que por la noche, pregúntales con qué sentido hacen lo que hacen de día, entonces. Y si la respuesta es que durante el día, entonces pídeles por favor que por la noche no vengan, que nos podemos arreglar igual a capella sin ellos. Es mejor eso que la hipocresía.

En palabras de un tremendo moreno puertorriqueño, predicador, profeta de los años noventa, llamado Rinaldo Texidor, “Cuando tú no tienes una cultura propia, adoptas la cultura que te rodea.” Entonces, ¿Por qué tendríamos, hoy día, a cristianos cantando esos ritmos?

Porque esos ritmos, tienen una forma cultural actual. Corresponde a un segmento de la población, tiene todo un entorno, tiene una historia. Porque si le hablo de algo de mi país como es el tango, el tango nace en los puertos. Era una música y un baile directamente asociado con  los prostíbulos de los muelles.

Era patrimonio de las clases más bajas de Buenos Aires. Por eso es un baile tan sensual, tan erótico y me quedo corto. Y yo, argentino y todo, conocedor y durante muchos años cultor de esa música de tango, jamás pude entender cómo podemos hoy tener música cristiana con ritmo de tango.

Claro, lo primero que te rebaten es que no se lo baila, sólo se lo canta. Creo que no me explico. Esto expresa toda una cultura. Lo bailaban las prostitutas para seducir a los marineros. ¿Quiénes cantaban el reggaetón? Los mafiosos. Los grupitos vinculados a los inmigrantes de América. Ellos son los cultores de esta música.

Entonces, ¿Qué pasa? Cuando no se tiene una cultura de Reino, del Reino de Dios, de manera automática se absorbe la cultura que te rodea. Entonces, si en una congregación argentina se cantan letras cristianas con música de tango, se está dejando en evidencia una enorme pobreza. La pobreza de manifestar que el Reino no tiene una cultura propia, cuando en realidad sí que la tiene.

Y lo que se hace, en definitiva, no es nada más que repetir la cultura de afuera, con la ilusa esperanza de estar captando nuevos adeptos por ese medio. ¿Dios necesitará adeptos? ¿No era que es Él el que añade a los que van a ser salvos?

Y déjame decirte que cuando se toman culturas prestadas, la que prevalece es la cultura más fuerte. Entonces, si lo que está afuera penetró el muro de la iglesia, significa que somos tan débiles, tan poca cosa, que terminamos bailando todos ese ritmo en el culto simplemente porque no tenemos otra cosa más fuerte para repeler eso.

Es sencillamente un choque cultural. Pero si se encontrara en Dios una cultura, de ninguna manera se permitiría que nada de eso entre a nuestras vidas. Este no es un asunto teológico, ni pastoral, ni profético ni apostólico, simplemente es un tema cultural. Por cultura o por carencia de cultura.

Y la cultura, genera tradición. En esa iglesia donde en un tiempo se cantaba tango, A corto o mediano plazo, también se lo va a bailar, lo he visto hacer. Porque es una simple cuestión de inercia cultural y culto a una tradición que a ningún argentino del mundo secular puede molestar, al contrario.

Entonces, esta cultura, la cultura que te rodea, consciente o inconscientemente, busca que tú seas alcanzado y marcado. Hoy tienes por ejemplo la cultura del tatuaje. Tienes que tener una marca en tu cuerpo porque es la cultura de hoy día.

Ya no se queda en la música, ya no se queda en la literatura, ya no se queda en el cine o cualquiera de estas antiguas y conocidas expresiones, no. ¡Ahora te quieren marcar el cuerpo! Hace cincuenta años eso ni siquiera se veía. Hoy día encuentras personas a las que no les alcanzas a distinguir una fracción libre de piel.

Deben entender los que todavía no entienden sobre estas cosas, que cada tatuaje significa que le perteneces, que eres propiedad de. ¿Pero qué tiene de malo ponerme un pequeño corazón con el nombre de mi esposo? ¡Claro, porque tú le perteneces! ¿Verdad?

Y así quedará: tú pasas a pertenecerle a tu esposo por completo. ¿Y qué tiene de malo, eso; si es mi esposo? Poca cosa, que tú no le perteneces a tu esposo ni a ninguna persona humana, tú le perteneces al Señor, y con esa marca le estás diciendo que no quieres pertenecerle a él, sino al que figura en la marca.

¡Es que yo soy bien cristiano y estudioso de la palabra, por eso me he tatuado una cruz! ¿Qué cosa? ¿Entendí mal o terminas de decirme que la Biblia avala un tatuaje de una cruz? ¡Es así! Pablo lo dice: ¡Llevo las marcas de Cristo en mi cuerpo!

Si tu hijo te llega a salir con una de esas, puedes explicarle con demostración práctica cuales eran las marcas de Cristo que Pablo llevaba. Hazle sacar la camisa y toma un látigo con puntas de plomo aguzado y apunta a su espalda. ¡Esas eran las marcas de Pablo! Tres veces recibió cuarenta azotes menos uno.

¿Tú debes creer que te estaba haciendo una broma, verdad? No, mira; tengo excelente sentido del humor y muy seguido me oyes decir cosas pretendidamente graciosas, para sacar de ti una sonrisa. Sin embargo aquí no te estoy haciendo ninguna broma. Hay supuestos grupos de tatuadores cristianos que funcionan con ese versículo como estandarte.

Déjame decirte algo por si todavía no lo has experimentado: la cristiandad ha creado monstruos. LA tradición es muy capaz de torcer lo más puro en algo vil. Jesús fue muy violento. Nunca negoció con la cultura y la tradición. Nunca.

¿Qué podía haber hecho él en un asunto como el que veíamos en Mateo 15 respecto a no lavarse las manos para comer? Pues reunir a sus muchachos y explicarles que era mejor no buscarse problemas innecesarios, que fueran y se lavaran las manos y asunto arreglado. ¡Vayan y lávense, quizás así los ganaremos!

Y como esta situación, decenas, centenares. Normalmente, modificar lo que no deberíamos modificar para alegrar por allí a parientes no creyentes. ¿Qué te cuesta? ¿Acaso tu Dios que es amoroso te va a mandar al infierno por eso? No, pero Jesús jamás negoció un centímetro con la tradición. Por algo debe haberlo hecho así. ¿Quién soy yo para simular ser más bueno que él?

¡Un momento, hermano! ¡Jesús se dejó circuncidar! Cuidado, eso no era una tradición, eso era un mandato de Dios. Y no lo hizo por él. Lo hizo para honrar la palabra y para que Juan no tenga un tropiezo. Ese es todo un tema a profundizar en cualquier momento.

Pero además hay otra razón por la cual él se circuncidó. Porque la circuncisión es una ley para el Antiguo Testamento. Y Jesús vivió en el Antiguo Testamento, no en el Nuevo. O sea que esa hojita que dice Nuevo Testamento, está fuera de lugar. No pertenece a ese lugar.

Porque todos los evangelios son parte del Antiguo Testamento. Por esa razón es que Jesús cumplió toda la ley. ¿Y entonces, dónde empieza el Nuevo Testamento? Empieza el día en que Pedro entra en la casa de Cornelio. Ahí empieza el Nuevo Testamento.

Porque la salvación llegó a los gentiles. Pentecostés, era una fiesta judía. En Pentecostés no había gentiles. El Nuevo Testamento empieza cuando pedro, con la llave que Jesús le había dado cuando le dijo que a él le daría las llaves del Reino de los Cielos, abre la puerta de la salvación a la casa de Cornelio.

Ese día empieza el Nuevo Testamento. Empieza la última era. Todo lo anterior, los primeros cuatro evangelios y alrededor de diez páginas primeras del Libro de los Hechos, pertenecen al Antiguo Testamento. ¿Te das cuenta que hasta eso está mal?

¿Te das cuenta que en el original no había citas de capítulos y versículos? ¿Y que los versículos en muchos casos nos generan un problema? Por eso hablamos de reforma. Entonces no será fortuito que alguien aparezca y pregunte: ¿Qué es la reforma?

Técnicamente, es un proceso de volver al diseño original. Claro está que para volver al diseño original, primeramente tú tienes que poder verlo. Porque si no lo estás viendo, ¿Cómo puedes volver a un lugar que no estás viendo? Ajá, ¿Y cómo lo veo? Ya te lo dije: agarra todo lo que sabes, y ponlo delante del Señor, y suéltalo.

Sé perfectamente que alguien puede ofenderse o molestarse por esto que estoy diciendo, pero déjame decirte que tú tienes derecho de fastidiarte cuando alguien te toca algo que es tuyo. Y debo decirte una vez más que nada de lo relacionado con el Reino de Dios, es nuestro; ¡Todo es suyo!

Todo lo que tienes, más lo que yo tengo; lo que ahora estés viendo y lo que yo veo mientras grabo esto; y lo que yo estoy diciendo y tú escuchando, no es nuestro. Ni es mío lo que sale ni es tuyo lo que llega. Todo es de Él. Y sale porque me tiene misericordia a mí y te llega por Su gracia a ti.

Debemos quitar todo lo de nuestros ministerios que no corresponda al diseño del Padre. ¡No tiene sentido insistir con lo pasado! Y además hay otro problema: no lo vemos todo, no lo sabemos todo. Esto es progresivo, y a medida que se transitan estos nuevos caminos, se van viendo otros que desde lejos no se veían.

En el Antiguo Testamento, hay algunos ejemplos de reforma. Quiero mencionar algunos de estos puntos con la mayor rapidez que pueda, porque no quiero alargar más este trabajo. El gran problema de Israel, siempre fue la idolatría.

Entonces, pasaba el tiempo y ellos, una vez que quedaba atrás la presión del opresor, o de los que venían y les robaban, lenta y paulatinamente empezaban a girar sus ojos hacia los ídolos. Y un tiempo después ya estaban postrados frente a las imágenes de Baal o Asera.

Y se levantaban en algunos casos los jueces para confrontar eso, y en muy pocos casos, los reyes. Claro está que, el hecho de ir y tumbar un ídolo, no era de ninguna manera una reforma. La reforma, para ser reforma, indefectiblemente que necesitaba de algunos elementos más.

Por ejemplo, hablemos de Asa. Asa fue un rey que trató de hacer lo bueno. Cuando hablo de reforma en el caso del Antiguo Testamento, he partido de este hecho. Estoy diciendo que el problema de Israel era la idolatría, entonces pregúntate qué cosa tenía que ser la reforma.

Era volver al diseño de quitar la idolatría y retornar al Dios del cual no se puede hacer imagen, y punto. Entonces, en ese proceso, se tiraban abajo santuarios, se expulsaba a los sacerdotes de esos lugares y una serie de cosas anexas más.

¿Y qué pasa con el rey Asa? Asa hace tres cosas. Una, quita los ídolos, tal como se lo relata en 1 Reyes 15, versos 12 y 13. Pero hizo algo más, y por eso te digo que la reforma es algo más que simplemente confrontar a los demonios.

La segunda cosa que hizo, fue reparar el altar del templo. ¡Mira que interesante, reparó el altar del templo! Eso está en 2 Crónicas 15:8. ¿Y por qué reparó el altar del templo? Porque en el proceso de decadencia, cuando el sacerdocio se tuerce, descuida la casa del Señor.

En este caso, era un edificio temporalmente levantado por Dios, o por ellos mencionando a Dios, pero que era un modelo, era un diseño de lo que Dios le había entregado en esencia a David. Claro; el gran problema de la idolatría, es que en lugar de mirar a quien debes mirar, desvías tu mirada, y nadie puede conducir un vehículo mirando a los costados.

Desviaba la atención de la gente de tal manera que, se chocaba con lo que se le cruzara. Para el momento en que se generaba eso, ya había habido mucho daño. ¿Qué pasaba? ¿Quiénes empezaban con este problema? ¿Quiénes empezaban con este cuento?

Normalmente, los sacerdotes. Cuando te he dicho que no fue el diseño de Dios tener sacerdotes, ni tener una tribu preferida para el sacerdocio, es precisamente el combustible de este cuadro. Se le pide algo a esta tribu, que esta tribu no tiene la capacidad de sostener.

Porque detrás de cada culto, había un sacerdote. En algunos casos era el rey que se casaba con una mujer no judía, para hacer alianza con otro pueblo, y la mujer judía traía sus ídolos, traía a sus sacerdotes, traía a sus demonios.

Eso pasó con Salomón. Salomón no sólo se casó con tantas mujeres, sino que se casó con mujeres a las cuales él les permitió que ellas les construyeran templos a sus dioses. No sólo que toleró la impureza y la inmoralidad, sino que además él mismo toleró e incentivó, con dinero del templo, que se edificaran altares a dioses extranjeros.

Y todo eso con las ofrendas de la gente. Fue muy malo, porque un pueblo como tal, no puede desviarse solo a la idolatría. ¿Qué pasó cuando están en el desierto al pie del Sinaí y Moisés está arriba? ¿Por qué no se hacen un becerro ellos?

Porque ellos saben que no tienen autoridad. ¿Y entonces que hacen? Lo buscan a Aarón. ¡Aarón! Escucha: ¡Aarón vio los cielos abiertos! ¡Aarón vio desaparecer el ejército más poderoso delante de sus ojos! ¡Y no tiene miedo de hacer un becerro!

¿Cuál es el problema detrás de todo desvío? La gente pierde temor de Dios. Lo primero que la idolatría toca, es el temor de Dios. Cuando la gente pierde el temor de Dios, es capaz de hacer las peores cosas que puedas imaginarte.

Salomón empezó bien, pero terminó mal. En algún momento, él perdió el temor de Dios. Y no es el único ejemplo, hay otros. Cuando Moisés baja, le dice: ¿Qué has hecho? Y la respuesta es absurda y he oído en muchas ocasiones, a predicadores, tomarla casi en broma: “¡Es que tú demorabas, así que para entretenerlos arrojé un poco de oro a esa olla y salió este becerro! ¡Oia!

Siempre detrás del desvío en el corazón de un pueblo, hay una alianza oscura entre el sacerdocio y la gente. En ese proceso, se dañó el altar. ¿Y qué hace Asa? Repara el altar del templo. Y hace algo más: busca a Dios. 2 Crónicas 15:9.

Una vez que repara el altar, el levanta al pueblo para que busquen a Dios, oran, y dice que se produce algo así como lo que hoy denominaríamos como un pequeño avivamiento. Y la gente misma tumba sus imágenes y vuelve a Dios. Esa es una reforma. Allí tienen un modelo de reforma en el Antiguo Testamento.

Otra reforma interesante es la de Ezequías. Está muy documentada en la palabra. ¿Qué hace Ezequías? Remueve los ídolos y hasta los santuarios locales dedicados a Dios. Mucha era la gente que había levantado pequeños santuarios.

Dios determinó que fuera un lugar, sólo uno, el habilitado para recibir a su pueblo. Había un solo lugar para eso, estaba en Jerusalén. ¿Y qué pasó? Que la comodidad de la gente presionó a los sacerdotes para que estos levantaran pequeños templos, cosa que Dios jamás aprobó.

Una vez más lo voy a decir porque creo que no ha pasado de moda: la gente es cómoda. Entre leer su Biblia y orar por revelación, decide escucharme a mí. Gracias a Dios porque lo hacen y pueden alimentarse, crecer y madurar, ¡Pero Dios todavía los está esperando a solas!

Es mucha la gente todavía que dice amar a Dios, pero que lo único que busca es satisfacerse en su corazón ellos, primero. ¿Dónde está eso que dice: “no le daré al Señor lo que no me cueste”? Tienes que caminar varias cuadras para ir al lugar en donde adoras a Dios en compañía. ¡Camínalas, si no lo haces todos los días!

¿Qué hace Ezequías? Elimina los ídolos, pero además tira abajo a todos esos pequeños templitos. Que no tenían imágenes. Él los tira porque sabe que Dios escogió un lugar, no veinte. Establece en su reforma, la adoración en el templo, renovado y consagrado. 2 Crónicas 29:3.

Y a lo que te acabo de decir respecto a los santuarios locales, está en 2 Reyes 18:4. También es renovado el pacto de Dios con el pueblo. Y hay algo más. ¿Recuerdas a la serpiente de bronce? ¿Esa que hizo fundir Moisés por instrucción de Dios, cuando viene la plaga de las serpientes y toda la historia?

Tú sabes que en la época de Ezequías, la gente le rendía culto a eso. Le daban un nombre que ahora no recuerdo totalmente. Por eso es que Ezequías, lo que hace, es destrozar la serpiente de bronce. Quiero que tomes nota de lo fuerte que es esta reforma.

Porque para el judío promedio, Moisés era el súper héroe de Israel. Y la serpiente de bronce, fue hecha por Moisés. ¡Y Ezequías la destruye! ¿Cómo va a destruir a la santa serpiente que salvó a nuestros padres de aquellas serpientes ardientes?

¿Te imaginas la conmoción que provocó que él destruyera ese objeto? Ahora; ¿Dios quería que se destruya? ¡Sí! ¿Por qué? Porque estaba desviando la mirada. Por eso hoy puedo y debo decir que en una reforma, debemos destruir sin dudar todo aquello que quite nuestra vista de Él. Números 21:5-9.

También él abre las puertas del templo. ¡Habían cerrado las puertas! ¿Puedes creer? ¡Las cerraron! Justamente fue Acaz el que cerró las puertas del templo. Y este hombre, Ezequías, en 2 Crónicas 28:24, hace abrir las puertas del templo otra vez.

Después de que él pone bonito el templo, (Quiero recordarte que para Israel, el templo era todo, por eso es que lo menciono), conforme a lo que se cuenta en 2 Crónicas 30, Ezequías inaugura los cultos del templo y no sólo eso, también celebra una gran pascua. Tanto, que hace que dure siete días.

Es un caso muy7 inusual. Una pascua que dure siete días. E invita a gente de Judá y de Israel, cosa poco usual, también. Porque había habido una fuerte ruptura entre ellos. Y me queda una reforma más que también podríamos haber mencionado, que es la de Josías.

La reforma de Josías está en 2 Reyes 22. Él repara el templo otra vez. Y nota que en los tres casos, los tres son reyes, y los tres reparan el templo. ¿Qué puedes ver en eso? Diseño. Josías confronta la adoración falsa, y la destruye. 2 Reyes 23.

Además, Josías exhorta al pueblo y les dice algo bien tremendo. Les dice: va a venir desastre sobre nosotros, si no nos volvemos de corazón a Dios. Y eso provoca gran arrepentimiento. De allí que en la época de Josías, se provocó un avivamiento muy importante.

¿Qué fue visiblemente lo más importante que hicieron estos tres reyes? Hicieron que la fe de la gente volviera a enfocarse en Dios. Los tres reyes confrontaron la idolatría y las imágenes. Los tres reyes restauraron el templo. Noten que hay un diseño en esto.

Así como el anterior, Ezequías, destruye la imagen de la serpiente de bronce, Josías hace algo mucho más impresionante. ¿Sabes qué hace? Hace sacar los huesos de los sacerdotes de las religiones falsas, que habían muerto, y los hace quemar sobre los propios altares de ellos, para que contaminen a sus devotos.

Una que se me había olvidado decirte. ¿Sabes qué edad tenía Josías cuando hizo esto? ¡Dieciséis años! A los ocho años de estar reinando, él hace esta reforma. De hecho, la reforma de Josías según los historiadores, tuvo dos etapas, porque luego hace otra incursión, donde termina de tirar todo abajo.

Pero yo quiero que por un momento te imagines a un rey de sólo dieciséis años, ordenando que se desentierren los huesos de los sacerdotes falsos, que quemen sus huesos sobre esos templos paganos, y luego hizo destruir los templos con altares y todo.

Y todo frente a la gente que seguía esos cultos. Hay que tener lo que hay que tener para hacer algo así, ¿No te parece, hermano varón que me escuchas? Esto te deja una mínima conclusión: ¿Te das cuenta lo violenta que puede ser una reforma?

¿Y por qué se te ocurre que esta que está comenzando ahora, va a ser pacífica? El primer asesinato de la historia, fue por causas religiosas. Una reforma es algo muy fuerte y de ninguna manera es un juego eclesiástico más del que alegremente puede participar o no. En una reforma se produce el choque estrepitoso de dos modelos, y sólo uno podrá prevalecer.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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mayo 16, 2017 Néstor Martínez