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¿Quieres Caminar Sobre las Aguas?

Quiero compartir en el inicio de este trabajo, el pasaje que para mí, narra uno de los milagros más extraños que, entiendo, hay en el Nuevo Testamento. Y no digo extraño por incredulidad, sino por mensaje. Tú sabes que cada milagro de Jesús encerraba un mensaje a futuro. No fue sencillo hallarlo en la historia de Jesús y Pedro caminando sobre el agua.

(Mateo 14: 25) = Más a la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar.

(26) Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: ¡Un fantasma! Y dieron voces de miedo.

(27) Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!

(28) Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas.

(29) Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús.

(30) Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame!.

(31) Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?

(32) Y cuando ellos subieron en la barca, se calmó el viento.

(33) Entonces los que estaban en la barca vinieron y le adoraron, diciendo: verdaderamente eres Hijo de Dios.

Un examen típico de los milagros de Jesús indicará claramente que estos eran demostraciones del poder de Dios para aliviar el sufrimiento o para llenar alguna necesidad obvia: la sanidad de los enfermos, la resurrección de muertos, la liberación de demonios, la alimentación de las multitudes y aquel cuando convirtió el agua en vino.

Pero, ¿Caminar sobre el agua? ¿Cómo se le ocurre que alguien va a caminar sobre las aguas? Jesús sí porque él era el Hijo de Dios; además, la barca ya había partido y él venía a reunirse con sus discípulos. Pero, ¿Por qué Pedro? Ya él estaba en la barca.

Sin embargo, cuando en su típicamente impulsiva manera le grita: “Señor, si eres tú, mándame que vaya a ti sobre el agua”, y luego la definitivamente sorpresiva respuesta de Jesús cuando simplemente le dice: “Ven”. ¿Ven? ¿Cómo que vaya? ¿Estás seguro, Señor?

¿Por qué endosaría el Señor y tomaría parte en un suceso sobrenatural que, en vez de llenar una necesidad real, tenía todas las características del truco de algún mago? Estoy seguro que parte de la respuesta está en lo que el Señor quiere que aprendamos y experimentemos en el área de la oración y de la fe.

Pedro pidió a Jesús que le permitiera duplicar esa hazaña milagrosa de desafiar la fuerza de la gravedad, era movido por el mismo deseo profundo residente en todos nosotros cuando oramos para que Dios intervenga sobrenaturalmente.

“Dios, necesitamos tu ayuda sobrenatural en esta situación”. Jesús concedió que pedro caminara por un poder más allá del suyo propio, indicando claramente la voluntad de Dios para Él y para nosotros. La evidencia abrumadora de las Escrituras testifica que Dios quiere que oremos y que él se deleita en responder cuando lo hacemos.

En este tiempo, se ha hecho mucho énfasis (Y apropiadamente) sobre cómo vivir juntos como miembros del pacto que hacemos con la familia de Dios, de cómo honrar y servirnos el uno al otro. También es apropiado volver a enfatizar y a reafirmar nuestra creencia en el deseo que Dios tiene de oír y de responder a nuestras oraciones.

No podemos leer el Nuevo Testamento y su enseñanza sobre la oración, sin sentir una creciente expectativa en el corazón. Cuando leemos las promesas extravagantes de Jesús con respecto a la oración, nos impulsa a encarar las situaciones más difíciles con las palabras del mismo Jesús: Para Dios, todo es posible. He aquí algunas de esas promesas.

(Mateo 7: 11) = Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿Cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?

(Marcos 11: 20) = Y pasando por la mañana vieron que la higuera se había secado desde las raíces.

(21) Entonces Pedro, acordándose, le dijo: Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado.

(22) Respondiendo Jesús, les dijo: tened fe en Dios.

(23) Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho.

(24) Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá.

(Mateo 17: 20) = Jesús les dijo: por vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: pásate allá, y se pasará; y nada os será imposible.

(Juan 14: 12) = De cierto, de cierto os digo: el que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre.

(13) Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.

(14) SI algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré.

Un erudito hizo la siguiente observación con respecto a estas copiosas promesas bíblicas: “Jesús tenía que estar loco o tenía que ser Dios para hacer aseveraciones tan extravagantes y exóticas con respecto a la oración.”

Dios nunca permitirá que sus promesas y su poder se usen aparte de sus propósitos. Por lo tanto, él ha protegido sabiamente esas extravagantes promesas de lo que la oración puede hacer para que no se mal usen ni abusen y las ha rodeado de ciertas condiciones. La siguiente, es una lista de siete condiciones que dios espera que cumplamos si queremos conectarnos con los recursos divinos en el cielo por medio de la oración.

Primero: Dios quiere que pidamos después de haber perdonado y de haber recibido perdón. Aquí es donde cabe perfectamente este pasaje muy conocido: Marcos 11:25: Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas.

No me gusta darle a los contenidos bíblicos una interpretación o una difusión opuesta a la positiva y alentadora para lo cual fueron insertados en la Escritura, pero a todas luces es mi deber advertirte que, si no perdonas o no pides perdón a quienes hayas o te hayan ofendido, me temo que tu oración tendrá estorbo y obstáculo cierto para ser respondida.

Segundo: Dios quiere que pidamos y sigamos pidiendo. En Lucas 18, Jesús narra la historia de una viuda y de un juez injusto, al cual venía de día y de noche reclamándole justicia. Finalmente, el juez le dio lo que quería para que no lo siguiera molestando.

(Lucas 18: 4) = Y él no quiso por un tiempo; pero después de esto dijo dentro de sí: aunque ni temo a Dios, ni tengo respeto a hombre, (5) sin embargo, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea que viniendo de continuo, me agote la paciencia.

El verdadero propósito de la parábola es estimular la perseverancia en la oración. Ser fiel en la oración es seguir pidiendo. La perseverancia es una condición muy requerida para obtener resultados. ¿Eso significa que Dios responde tu oración por simple repetición?

¡Ni lo sueñes! No se trata de un método o de un truco de oración, se trata de evidenciar delante de Dios un corazón perseverante, que es como estar diciendo que, pese a todo lo opuesto que las circunstancias pudieran mostrar, tú sigues creyendo que Él hará lo que le pides.

Tercero: Dios quiere que pidamos con fe. Mateo 21: 21= Respondiendo Jesús, les dijo: de cierto os digo, que si tuviereis fe, y no dudareis, no sólo haréis esto de la higuera, sino que si a este monte le diereis: quítate y échate en el mar, será hecho.

Hay muchas escrituras, demasiado numerosas para citar, que indican que nuestras oraciones deben ir mezcladas con fe, eliminando toda duda. La fe, según Hebreos 11:6, es algo que todos los cristianos debemos tener si queremos agradar a Dios.

La duda y la incredulidad causan un corto-circuito en el poder de la oración. Nos ayudará saber que la duda es fe mal colocada. Dudar es expresa fe en el diablo en vez de fe en Dios. Jesús exhortó continuamente a sus discípulos a tener fe y a no dudar. La duda encoge la fe y la deja sin efecto.

Ahora bien: la pregunta que siempre surge indefectiblemente en estos casos, es: ¿Y qué hago cuando me doy cuenta que no tengo la fe suficiente? Pídela a Dios. La fe es un don de Dios y Él la dará a los que se la pidan sin medida y sin más condicionamiento que el de ser fieles y límpidos.

Cuarto: Dios quiere que pidamos poniéndonos de acuerdo juntos con otros. Mateo 18: 19= Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquier cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos.

En ocasiones, la clave para recibir la respuesta de Dios en la situación, es ponerse de acuerdo con otro. Cuando un marido y su esposa se ponen de acuerdo, o cuando los miembros de un grupo oran juntos, acordando precisamente la naturaleza y el contenido de la petición, con confianza y expectativa común de que Dios provee3rá la respuesta, la armonía de ese acuerdo abre el camino para que Dios actúe. La falta de acuerdo o de armonía puede impedir que la gracia de Dios se manifieste en la situación.

Esto se da en la mayor parte de los casos, en el plano matrimonial. ¿Quieres orar por algo bueno, noble, puro y relacionado ciento por ciento con los intereses del Reino, y descubrir con sorpresa que Dios no te responde positivamente tu oración, cosa que en su momento no puedes entender? Peléate con tu mujer.

Si lo haces, no sólo tendrás un problema matrimonial, sentimental y emocional, sino que además pasarás a tener un serio problema espiritual. Porque las mejores oraciones, las más impactantes y certeras respecto a lo que sea, miles de hombres y mujeres la han logrado simplemente poniéndose de acuerdo en pareja.

Quinto: Dios quiere que pidamos una vez que nos hayamos reconciliado el uno con el otro. Mateo 5: 23-24: Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda.

Es imposible calcular el valor de las bendiciones y de la gracia de Dios que se han perdido por las visiones y las contiendas entre los hermanos. Una iglesia dividida ora con un corazón igualmente dividido a un Dios entristecido por ello. No nos extrañemos si recibimos tan poco de lo que Dios ha prometido. La efectividad de la oración aumenta en razón directa a la reconciliación. Es imposible ponerse de acuerdo si primero no hay reconciliación.

Sexto: Dios quiere que le pidamos sujetos a su voluntad. Jesús oró en Getsemaní tal cual lo rescata Lucas 22:42: Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. Muy pocos de nosotros llegaremos a enfrentar una situación tan desoladora como la que Jesús vivió esa trágica noche; no obstante, su ejemplo es un modelo para nuestras oraciones.

Decir No se haga mi voluntad, sino la tuya, es más que un escape por falta de fe. Significa una renuncia profunda de nuestros deseos menores para aceptar su propósito mayor. Expresado en la forma correcta, indica que no estamos tratando de forzar a Dios para que satisfaga nuestros deseos ni estamos torciendo su brazo en favor de alguna causa, que aunque parezca altruista, está en realidad dirigida para la edificación de nuestro propio reino. Es mejor decir: “Dios, he orado lo mejor que he podido, pero si tú tienes algo diferente para esta situación, con gusto lo recibo.”

Y lo principal: cuando decimos al Señor que se haga Su voluntad y no la nuestra, si no es una frase de circunstancias y realmente lo que decimos es lo que pensamos, recién allí hemos comenzado, aunque más no sea tímidamente, a crucificar de verdad nuestra carne.

Séptimo: Dios quiere que le pidamos, y punto. Santiago 4:2: Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. Esta frase está cargada de verdad.

Muchos de nuestros sueños, esperanzas y proyectos, no se llegan a cumplir, no porque sean contrarios a la voluntad de Dios, sino porque no van alimentados con oración. Recuerda lo dicho: todo fracaso, es un fracaso de oración.

Tal vez se considera esta declaración un tanto exagerada, pero sí se ha observado que hay muchos cristianos fieles y maduros que se concentran tanto en “la obra del Señor”, que se olvidan de pedir ayuda al Señor de la obra. No importa como sea la situación, si no hemos orado presentándosela a Dios, no hemos hecho todo lo que debemos.

Y aquí llegamos, entonces, a la gran pregunta: ¿Cómo responde Dios a la oración? Estamos de acuerdo que Dios oye y contesta las oraciones, una vez cumplidas las condiciones. Examinemos las diferentes maneras que Dios tiene para responder. Esto nos puede ayudar a reconocer y a aceptar sus respuestas si vienen en otras formas o por medios distintos de lo anticipado.

Además, no podemos, en realidad no deberíamos, pedirle a Dios que bendiga algo que ya nosotros hemos decidido cómo y cuándo hacer. En realidad, lo que sí debemos hacer es pedirle a Él las instrucciones y luego sí, recién entonces, movernos en dirección a dónde Él lo ha dispuesto.

Dios puede decir “Sí” en la forma que esperamos su respuesta cuando oramos. Nos puede dar lo que pedimos exactamente como lo anticipamos. Oramos por la sanidad de un amigo y es sanado. Le pedimos una suma específica de dinero y la recibimos.

Personalmente, estoy persuadido que es la forma de respuesta que más encaja con nuestra naturaleza sumamente egocéntrica. Nos seduce orar por algo y que todos vean que Dios nos respondió afirmativamente de inmediato. Claro, eso es precisamente lo que nos impide ubicarnos en todas las formas siguientes de respuesta.

Dios puede decir “Espera”. Muchas veces oramos dentro de la voluntad de Dios, pero nos impacientamos. El horario de Dios no es el nuestro. Hay un grave inconveniente con el tiempo. Mientras a nosotros nos juega en contra porque se nos agota, a Dios le resbala totalmente, Él es eterno. Somos nosotros los que usamos el antiguo reloj pulsera, o los proverbiales celulares, que nos marcan nuestros tiempos. Dios no usa reloj ni celulares. Y eso, créeme, sigue siendo un obstáculo para el hombre carnal.

Recuerdo haber elaborado hace mucho tiempo un trabajo que trataba respecto a uno de los males esenciales de nuestro tiempo: la ansiedad. Y en ese trabajo, además de todos los resortes que se mueven en torno a ese sentir, decía algo que hoy todavía sostengo con firmeza: la ansiedad es el mejor antídoto que tiene la fe. Pero hay una salida y es uno de los frutos del Espíritu Santo: la paciencia.

Dios puede decir “Sé más específico”. Dios no responde a las generalidades en la oración porque quiere que seamos específicos. Las oraciones generalizadas no tienen la suficiente intensidad o fe que necesitan. Las oraciones vagas en pro de “la paz del mundo”, o de “la unidad de la iglesia”, carecen de poder por su misma indeterminación.

Oí una vez una anécdota que tenía como protagonista a un señor que fue el descubridor, inventor y propulsor de lo que normalmente se conoce como mantequilla de maní. Era creyente. Un día le preguntó a Dios de qué estaba hecho el universo. Dice que Dios le dijo que estaba pidiendo demasiado. Entonces le preguntó de qué estaba hecho el hombre, a lo que Dios le respondió lo mismo, que estaba pidiendo demasiado. Y le sugirió que fuera más específico. Y allí fue donde le preguntó para qué había creado el maní. Al resto, tú te lo puedes imaginar.

Dios puede decir “No”. No es fácil llegar a creer que Dios conteste “no” a algunas de nuestras oraciones, especialmente para aquellos cristianos que piensan que lo único que tienen que hacer es confesar y confesar hasta recibir lo que piden.

La verdad es que aún después de haber cumplido con todas las otras condiciones, hay veces que Dios responde “no”. En Corintios Pablo dice que él pidió tres veces al Señor para que su aguijón en la carne se fuera y en todas ellas Dios le respondió que “no”. Sus palabras precisas, fueron: Bástate mi gracia. Es aparente en el caso de Pablo que Dios sabía que él necesitaba un problema con el que luchaba para impedir que se enalteciera por la extraordinaria grandeza de las revelaciones que había recibido.

Dudo que alguno de nosotros tenga esa razón en particular para recibir un “no” del Señor. Sin embargo, debemos de estar agradecidos cuando Dios responde negativamente a algunas de nuestras peticiones. Todos corremos el riesgo de pedir de manera egoísta y sin visión de futuro, de manera que una contestación afirmativa podría hacernos daño o causarnos dolor a nosotros o a otros. Es bueno saber que tenemos un Padre celestial que nos ama tanto que en ocasiones su gracia se extiende más allá de lo que esperamos.

Dios puede responder antes que pidamos. Si bien debemos saber las condiciones que tenemos que cumplir para recibir la respuesta a nuestras oraciones, nos alegrará saber que Dios puede obrar por iniciativa propia dándonos su provisión en formas que nunca pudimos imaginar. Una indicación de que estamos caminando dentro de los propósitos de Dios, son las bendiciones que aparecen inesperadamente sin solicitarlas.

Dios puede responder, dándonos sencillamente más de Sí mismo. Como ya lo hemos dicho, hay varias razones por las cuales nuestras oraciones no son contestadas en la forma que esperábamos. Podríamos estar pidiendo para hoy lo que Dios quiere darnos en el futuro; o pidiendo sin haber cumplido las condiciones; podría ser nuestra impaciencia o falta de madurez en lo que pedimos.

De una cosa podemos estar bien seguros: si somos honestos en nuestras peticiones, deseando sinceramente que se cumpla en nosotros la voluntad y el propósito de Dios, él nos responderá. Hay tiempos cuando Dios decide con sabiduría que lo que necesitamos más que nada no es lo que estamos pidiendo, alguna cosa o algún don, sino la presencia manifiesta de él mismo.

Cuando se hace un análisis final, él mismo es más precioso y más deseable que cualquier respuesta en particular. Cuando Jesús dice en respuesta a nuestras oraciones: He aquí yo estoy contigo siempre…hasta el fin del mundo, cualquiera sea nuestra petición, urgente o crucial, trasciende a un plano diferente.

La duda o la incredulidad, el mal entendimiento, nuestra ignorancia o fala de madurez pudieran a veces estorbar la respuesta de Dios. Pero si él decide manifestar su presencia con amor para sostenernos en la situación, eso solo convierte nuestra oración por finita y defectuosa que sea, en algo infinitamente valioso.

 

 

 

 

 

 

 

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mayo 16, 2017 Néstor Martínez