En primer término le voy a plantear un simplismo íntimamente relacionado con la guerra espiritual de la que tanto se habla. ¿Cuántas veces ha leído u oído usted expresiones tales como: …Dice un proverbio chino, que…; o sino: “Reza un viejo proverbio árabe, que…” Nadie va a discutir la validez que ambas cosas tienen dentro de la literatura o de la sabiduría popular. Cualquier expresión milenaria de esas, le va a enriquecer a usted tanto un texto como un discurso, y le otorgará un nivel intelectual muy apreciado. Porque la gente normalmente acepta de muy buen grado todas esas cosas. Y no sólo que lo hace sin chistar ni cuestionar absolutamente nada de lo que usted diga sino, incluso, hasta envidiando un tanto su cultura. Sin embargo, deberé decirle que no sucede lo mismo con un proverbio bíblico. ¿Cuántas veces leyó usted u oyó que un proverbio de la Biblia fuera utilizado en textos o discursos de esa misma gente? Es como que se lo considera bastante fuera de moda y, además, de menor volumen cultural. ¿Me puede explicar usted el motivo? Como no sean razones de clara índole espiritual, no encontrará otras. Guerra espiritual, Materia Uno.
(1 Reyes 4: 30)= Era mayor la sabiduría de Salomón que la de todos los orientales, y que toda la sabiduría de los egipcios.
(Verso 32)= Y compuso tres mil proverbios, y sus cantares fueron mil cinco.
Salomón, autor de los proverbios, dice que era más sabio que todos los orientales. (Podemos incluir aquí a los chinos, por ejemplo, que son los que más prestigio de sabiduría milenaria tienen) y que los egipcios, (Incluyendo de este modo al mundo árabe) ¡¡Y lo tenemos en la Biblia!!
Ahora bien: ¿Qué es un proverbio? La palabra original traducida aquí es MASHAL. Es una parábola, una máxima un adagio, un símil, una alegoría. En suma: una especie de lección objetiva o ilustrada. Este sustantivo viene del verbo MASHAL, que quiere decir: “Comparar, Ser similar”.
De acuerdo con el libro de los proverbios parecería ser que estas máximas constituyen un dicho corto que contiene, – a modo de tesoro escondido -, o misterio, una verdad. Sin embargo, la evidencia del Antiguo Testamento nos muestra que es mucho más que eso. Al largo discurso de Balaam que encontramos en el libro de los Números desde el capítulo 23, verso 7, hasta el capítulo 24 y verso 24, se le llama MASHAL.
A veces, se refiere a una persona o una nación que Dios señala como ejemplo, tal como podemos leer en 1 Reyes 9:7: …Y yo cortaré a Israel de sobre la faz de la tierra que les he entregado; y esta casa que he santificado a mi nombre, yo la echaré de delante de mí, e Israel será por proverbio y refrán a todos los pueblos; o en el salmo 69:11: …Puse además cilicio por mi vestido, y vine a serles por proverbio.
El mejor por qué de su creación lo encontramos en Eclesiastés 12: 9-10, donde leemos: …Y cuanto más sabio fue el predicador, tanto más enseñó sabiduría al pueblo; e hizo escuchar, e hizo escudriñar, y compuso muchos proverbios. Procuró el predicador hallar palabras agradables, y escribir rectamente palabras de verdad. Las razones se encuentran en los primeros seis versos del proverbio primero que en este trabajo vamos a investigar, a desmenuzar, a escudriñar, así como le gusta a usted y, – obviamente -, así como mucho más me gusta a mí.
(Proverbios 1: 1)= Los proverbios de Salomón, hijo de David, rey de Israel.
Para entender sabiduría y doctrina,… Dice ENTENDER. ¿Y qué significa Entender? Exactamente “Tender hacia”. Esto es: adoptar una tendencia determinada hacia algo o alguien. Tener una idea clara de las cosas; es la facultad de comparar, juzgar o introducir. Sin embargo, la pista más clara la da una definición sintetizada en una sola palabra: razón. Cuando hablamos de razón o de raciocinio, indefectiblemente lo estamos vinculando con la mente, con el intelecto. El mundo incrédulo no necesita fe ni espiritualidad para entender. La prueba la constituyen los innumerables hombres muy sabios e inteligentes que son decididamente ateos. Pero hay que hacer una salvedad: entender un proverbio es una cosa y cualquier persona inteligente está en condiciones de hacerlo; basta con que tenga un mínimo indispensable de madurez, en este caso, intelectual. Es decir: punto primero: un proverbio exige un ejercicio de la mente que tiene como recompensa poder tener acceso a la comprensión de un grado de sabiduría humana y las bases estructurales de una doctrina.
Discernir un proverbio, en cambio, ya no tiene nada que ver con lo intelectual, sino con lo espiritual, cuestión a la que el mundo secular ya no tiene acceso ni puede tenerlo, a menos que cambien interiormente por influencia del Espíritu Santo. Después dice …para conocer razones prudentes… – CONOCER. En un diccionario normal, CONOCIMIENTO, se ubica casi en un mismo plano que ENTENDIMIENTO. Es normal que así sea, ya que esos diccionarios han sido elaborados desde el plano estrictamente humanista.
Pero si vemos detenidamente la Escritura, nos vamos a dar cuenta perfectamente que la Biblia usa la palabra “Conocer” en un plano diametralmente distinto al de “Entender”. Dos ejemplos: lo usa para delinear una relación sexual, y eso nos deja un principio altamente valioso: conocer no es tener información; conocer es tener intimidad con lo que se expone, algo a lo que sólo puede tener acceso el creyente, el pueblo de Dios. Y después el clásico de Oseas 4:6: …Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento… Esto no habla de información, de estudios académicos, de seminarios intelectualizados. Hablan de intimidad. Son muchos los que entienden a Dios, pero muchísimos menos los que CONOCEN a Dios, esto es claro y visible. Conocimiento, entonces, es síntoma, también, de madurez, pero en este caso, espiritual.
(Verso 3)= Para recibir el consejo de prudencia; – Esto es muy importante. Quizás la base del crecimiento, la madurez, la ejecutividad y la victoria prometida. Interpretamos la terminología RECIBIR de acuerdo con el idioma y su significado humanista y secular. Por ejemplo: decimos que un boxeador, en un combate, RECIBE un golpe, y eso no es correcto. Al boxeador en cuestión, en realidad, le propinan un golpe que él no tenía ni la más mínima intención de recibir. Fue entrenado para evitarlo, no para recibirlo. Llamamos recepción lo que en verdad, es imposición, algo que se le viene encima a usted sin que usted quiera evitarlo. El Espíritu Santo no entra en su vida llevándose por delante todo lo que encuentra, avasallándolo a usted. Entra si usted le otorga permiso, si usted lo autoriza. Toda su obra, obviamente, se cumple si primero cuenta con su habilitación legal. De lo contrario ni entra, ni lo bautiza a usted, ni lo llena ni hace nada por su vida ni con su vida. No recibimos una mala noticia, simplemente nos llega cuando así sucede. No recibimos consejo de prudencia a menos que estemos dispuestos a aceptarlo. Y digo esto, porque son muchos, hoy, los que todavía suponen que RECIBIR unción es pasar al frente a que alguien le imponga sus manos en la cabeza, aunque ni siquiera esté convencido que eso sea real y mucho menos de desearlo. Usted RECIBE cuando usted reconoce que necesita, cuando usted anhela poseer, es decir: cuando usted se abre voluntariamente.
Proverbios 19:20 es bastante claro cuando le dice que si recibe la corrección será sabio. Eso, es muy distinto a que alguien lo corrija, a usted le moleste y hasta se ofenda y termine por no prestarle atención y no aceptar esa corrección. Allí, la consecuencia, inevitablemente, será a la inversa: llegará usted a viejo tan necio, fatuo, vanidoso, terco y soberbio como hasta hoy, se da cuenta? RECIBIR lo que el discernimiento le muestre de un proverbio, entonces, es recibir verdad y madurez. Es decir: los pilares de: …Justicia, juicio y equidad.
(Verso 4)= Para dar sagacidad a los simples. – Esta es la palabra justa: Sagacidad. Porque en muchas ocasiones se nos ha sugerido ser “astutos” a la hora de proclamar el evangelio. Es más: hasta se nos ha predicado eso basándolo en un versículo bíblico que no dice eso. Es más: hay traducciones bíblicas demasiado “populares” que, sin revisar originales, directamente en ese verso han introducido la palabra Astutos… Imposible. La astucia es una condición y un patrimonio satánico, no tiene ni puede tener vinculación alguna con los creyentes. ¡Tiene que prestar mucha atención a cómo habla, a las palabras y a los términos que usted utiliza y, si están bien, porque de otro modo y dada la importancia que la palabra tiene para atar y desatar vaya uno a saber que lindo problema puede armar con su vida simplemente porque entendió lo que no era o porque lo entendió a la inversa!
Aquí encontramos la cuarta palabra clave del proverbio que viene como consecuencia de las tres primeras: DAR. Y le agrega la palabra exacta que sí se debe predicar: SAGACIDAD. Que de ninguna manera es astucia. Sagacidad, es: Ingenio, estrategia, inteligencia y originalidad para resolver situaciones. ¿Y a quien va dirigido? A los simples. Ahora bien: ¿Quiénes son los simples? ¿Los analfabetos, los marginados sociales, los que no fueron a la facultad? Para nada. Los simples son aquellos que, ya sea por ignorancia propia o porque han recibido instrucción sólo religiosa, creen fielmente que cada vez que están en problemas. Dios va a venir porque sí, mágicamente, y los va a sacar del atolladero. No se olvide que si usted es co-heredero, Dios va a trabajar CON usted, no PARA usted. Y usted tiene que poner su sagacidad para encarar los chubascos que le arma el diablo o su propia carne. Hasta donde usted pueda; el resto, lo que no está a su alcance, a eso sí que lo va a hacer el Señor.
Dice Proverbios 8:5: Entended, oh simples, discreción; y vosotros, necios, entrad en cordura. – ¿Cuántos saben que la cordura, a veces, es como que se ha ido de la iglesia? Mire la consecuencia de tener sagacidad. Proverbios 8:12: Yo, la sabiduría, hábito con la cordura. – ¿Y qué resultado nos trae esto? La respuesta la encontramos en Proverbios 2:10-11: Cuando la sabiduría entrare en tu corazón, y la ciencia fuere grata a tu alma, la discreción te guardará, te preservará la inteligencia. – Por eso el verso 4 de Proverbios 1, que es el que estamos estudiando, agrega: …Y a los jóvenes, inteligencia y cordura.
(Verso 5)= Oirá el sabio, y aumentará el saber, – Primero: hay que ser sabio para estar dispuesto a oír. Y no le estoy hablando de oír a los doctores en teología o a los master en Divinidades porque eso es fácil, accesible y da cierto nivel, cierto… status al oyente; hablo de oír a los ungidos de Dios con sabiduría, que llegado el caso pueden ser analfabetos, rústicos, viles o necios; y esto no es tan sencillo. ¡Desobediente! Vives quejándote de los pocos resultados de tu ministerio y le cargas las culpas a todos los que te rodean, a la congregación, a los brujos, a los hechiceros de la calle, a los espiritistas del barrio, a los curanderos de la región y hasta el propio diablo. Pero no te das cuenta que no se aumenta tu conocimiento porque, por soberbia espiritual, no estás dispuesto a oír lo que Dios quiere que oigas.
Proverbios 9:9 agrega: Dad al sabio, y será más sabio; enseña al justo, y aumentará su saber. Pero si la quiere más clara, Proverbios 14:6 se la da: …Busca el escarnecedor la sabiduría y no la halla; más al hombre entendido, la sabiduría le es fácil. – El verso 6 del Proverbio 1, remata este concepto.
(Verso 6)= Para entender proverbio y declaración, palabras de sabios, y sus dichos profundos.
Aquí hay otras dos palabras claves que tienen muchísimo que ver con la mayoría de nuestras iglesias: DICHOS PROFUNDOS. He oído tanta crítica a siervos de Dios portadores de palabra profunda que realmente, en todas esas ocasiones, he terminado preguntándome qué se le está enseñando a la iglesia. ¿Dependencia del poder de Cristo o dependencia de la organización interna de la congregación?
Siempre traigo el mismo ejemplo porque, pese a lo repetido, es total y absolutamente válido, y muestra como, a veces, alguna organización, (Cosa que no es mala en sí misma, que tiene que existir y que de hecho, una gran parte de nosotros forma parte de alguna), en lugar de hacer o mecanizar lo que Dios dice en su palabra, coloca su opinión personal en determinados hechos porque, – dicen -, suena más lógico, más creíble y menos…fantasioso.
Porque dos o tres hombres entendieron, – con la mejor de las voluntades e intenciones -, que derrumbarse al suelo ante el poder de Dios podría perturbar la salud mental de la gente y llevarla a un delirio místico peligroso, ingobernable y poco saludable, y amparados en lo expuesto como probable hipótesis por importantes y prestigiosos – aunque no necesariamente ungidos -, comentaristas, más el aporte de algún aún más dudoso historiador secular, la inventaron un caballo a Pablo en su viaje a Damasco, cuando se encuentra con el Señor. Y así se lo han explicado y enseñado a millares de hermanos: que Pablo se cae al suelo porque ese caballo se asustó con la aparición y lo desmontó violentamente. Atención: es auténtica verdad que la tesis no es descabellada en absoluto y que muy bien podría haber sido así, efectivamente. Pero lo cierto es que si usted busca en los capítulos 9, 22 y 26 del Libro de los Hechos, donde el apóstol relata una y otra vez esos sucesos, ¡Al famoso caballo usted no lo encuentra por ninguna parte!
¡Ah! Y después, ante otra caída manifiesta cuando Ananías le impone sus manos para que recupere su vista, al pobre Pablo le incorporan una cama, donde al parecer estaría acostado por causa de su ceguera y su debilidad. De aquí es de donde esta curiosa enseñanza, él se habría levantado después que las escamas se cayeron de sus ojos. Naturalmente, ¡Tampoco encontramos ninguna cama en la Biblia.!
Lo que sí leemos, en cambio, es que cuando Saulo se levanta después de su encuentro con Cristo, y a causa de su ceguera, dice Hechos 9:8: …Entonces Saulo se levantó de tierra, y abriendo los ojos, no veía a nadie; así que, llevándole de la mano, le metieron en Damasco. – Muy bien; ya que le gusta elaborar hipótesis sesudas o conjeturar, pues conjeturemos: si Pablo andaba a caballo, ¿Por qué diría que lo llevaban de la mano para entrar en Damasco? ¿No sería más lógico, fácil y natural llevarlo de las riendas de su cabalgadura? ¡Eh, bueno, pero…! Un momento: ¿Vamos a volver a acomodar la Biblia a nuestro antojo? ¡Ahhhh!
Las parábolas de Jesús, por ejemplo, eran dichos profundos para que, oyendo, no todos oyeran, sino sólo los que discernían. Y viendo, no todos pudieran ver, sino sólo los que entendían y querían recibir. Y no es poco. Abriré mi boca en parábolas, dice él, parafraseando al profeta. Pero el profeta no dice “parábolas”, fíjese:
(Salmo 78: 2)= Abriré mi boca en proverbios; hablaré cosas escondidas desde tiempos antiguos.
Ahora bien: ¿Cuántos, todavía, se quejan de mensajes demasiado profundos? “¡No entendemos nada!”, lloriquean. “¿Por qué no nos dices cosas más sencillas? ¿No ves que somos gente sin estudio? ¿O nos estás queriendo decir que para ser buenos cristianos teneos que pasar por una Universidad?”
Esto tiene parte de razón y otra parte de error. La parte de razón está en que andan muchos que, eufóricos por los conocimientos que determinados estudios teológicos le han proporcionado, ante la primera oportunidad de predicar, no dudan en desplegar toda esa artillería informativa que han asimilado y se lanzan a pergeñar tesis académicas que sólo había ido a escuchar la Palabra de Dios. Es lógico que nadie entienda nada, que encima se sienta con culpa de ser tan pobre en instrucción bíblica y que hasta bostece y se aburra ante esa clase magistral de historia y socio-política sobre antigüedades judaicas.
La parte de error, en cambio, está en que por ahí aparece un siervo ungido con palabra fresca y renovada; con revelación profunda de Dios para este tiempo presente, pero que como no estamos dispuestos a oír algo distinto a lo que nos enseñaron treinta años atrás, no sólo desestimamos porque nos hace pensar y por comodidad no tenemos ganas o nos obliga a leer la Biblia de nuevo, cosa que nos molesta porque: “Ya la leímos y ya la sabemos…” Dichos profundos.
(Verso 7)= El principio de la sabiduría es el temor de Jehová;
Aquí tengo que hacer un obligado paréntesis. Porque aquí habla del principio de la sabiduría. Y porque cuando dice “principio”, no se refiere a inicio o comienzo. Habla de principio, (ARCHE), como fundamento, diseño, base desde donde se habrá de edificar lo demás. ARCHE. De allí deviene nuestra palabra más conocida Arquitecto. El arquitecto es el que proyecta o diseña la edificación, que no es bendición como muchos pensábamos, sino construcción. Es decir que lo que le dice esta línea es que el diseño para construir su sabiduría depende del temor de Jehová.
Expresado de distintas maneras, este es el tema que se repite a lo largo de todo el texto como la clave, el medio, el secreto si usted quiere, para alcanzar la verdadera sabiduría. Cuidado que ese temor no es, – por ejemplo -, el terror que suscita el tirano, sino ese tipo de temor o respeto que nos lleva a obedecer al Ser más sabio del universo. Como que es quien lo creó…
En Job 28:28 confirma esto: …He aquí que el temor del Señor es la sabiduría. – El salmo 111:10 repite textual esta palabra agregando que buen entendimiento tendrán todos los que practiquen sus mandamientos. Y lo remata Eclesiastés 12:13 cuando señala que: El fin de todo el discurso oído, (Obviamente, sobre la sabiduría), es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre. – Bien, pero mire como termina el verso 7 del proverbio 1.
Los insensatos desprecian día sabiduría y la enseñanza…
¡Pero no hermano! ¡No me venga ahora con eso de que para entender al Señor, que fue pobre, humilde y rústico como yo, ahora tengo que ir a una facultad a estudiar Teología! A mí, con lo que el Espíritu me da, me es suficiente! ¿Escuchó usted, alguna vez, hablar así? Bueno; como todo lo que rodea la confusión, aquí hay un poco de verdad y otro poco de sutil tergiversación de la verdad.
Primero, veamos la verdad: En ningún pasaje bíblico le dice a usted que, para ser un buen creyente, necesariamente tiene que hacer un doctorado en Teología. Es más: si tomamos como referentes a los fariseos, verdaderos doctores de la ley, lo que leemos es exactamente lo contrario. Segundo: el Espíritu Santo, efectivamente, es el que le va a dar a usted sabiduría, entendimiento y conocimiento para las cosas de Dios, pero con algunos pormenores.
Por ejemplo: ¿Quién dijo que Jesús era pobre y rústico? ¡Pero hermano! ¡Él era muy humilde! ¿Y quien te ha dicho a ti que pobreza y humildad son sinónimos? No sé si podría hallar por allí a ricos humildes, pero sí te puedo asegurar que conozco a muchos pobres orgullosos. Jesús era humilde, es verdad, pero no humildad de miseria o escasez material, sino humildad de humildad, ¿Me entiende? Jesús era hijo de un carpintero y, al mismo tiempo, lo era él también aunque en sus últimos tres años de tránsito terrenal no ejerciera esa labor.
Tener un oficio, en aquel tiempo, era síntoma de cierto nivel, no de miserable sin futuro ni inserción. Además, si rústico, por ejemplo, significa bruto, sin instrucción, quiero recordarle – y el pasaje que relata cuando se levanta a leer el rollo en la sinagoga lo demuestra -, sabía leer y obviamente también escribir, lo cual para su época, lo colocaba en una condición bastante superlativa con respecto a la gran mayoría de sus hermanos de raza.
Por lo tanto, cuando dice que los insensatos rechazan la sabiduría y la enseñanza, no está hablando de instrucción o de información; está hablando de revelación. “No… mire… hay que romperse mucho la cabeza para ver esa Escritura así como usted la ve; yo prefiero quedarme con la forma en que yo la vi hasta ahora; ¡No me pida que a esta altura de mi vida empiece a estudiar otra vez lo que ya tuve que estudiar cuando iba a la escuelita! Nadie le está hablando a usted de su escuelita bíblica ni de sus estudios. Le estoy hablando de revelación por escudriñar. ¿Usted puede ver, esa palabra, ahora, con mayor claridad? – “Y… sí… como ver la veo, es verdad, pero… ¿Sabe que sucede? … que soy diácono, y…” ¡¡¡BASTA!!! Obediente o insensato; esa es la opción siglo veintiuno, estamos?
Ahora, si se atreve a comenzar a ver la Biblia desde una óptica menos religiosa y más escudriñadora, termine usted solo de leer el resto del proverbio. Los versos 8 y 9 le dirán que recibir sabiduría es sinónimo de recibir Gracia, elemento que el hombre, por erudito que sea, no puede otorgar porque sólo viene de Dios.
Desde el verso 10 y hasta el 19, le mostrará que poseyendo sabiduría, podrá contrarrestar la seducción del engaño al que los pecadores le quieren someter y al cual mucho pueblo de Dios sucumbe por falta de conocimiento, es decir: de intimidad con Cristo.
Desde el verso 20 en adelante y hasta el 33, final del proverbio, la sabiduría, (A la que no pocos simbolizan como Cristo en persona), habla de sí misma. Volveos a mi reprensión; he aquí yo derramaré mi espíritu sobre vosotros, – No dice EN vosotros, no habla del sello interno de la salvación, habla de la llenura, de la plenitud – y os haré saber mis palabras. – Esto es revelación fresca; de otro modo no tiene sentido. (Verso 23)= Entonces me llamarán y no responderé; me buscarán de mañana, y no me hallarán. Por cuanto aborrecieron la sabiduría, y no escogieron el temor de Jehová, (Verso 28) Y, finalmente el verso 33: Mas el que me oyere, habitará confiadamente y vivirá tranquilo, sin temor del mal.