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Prevenir es porvenir

A la vista de las cosas que suceden en las congregaciones, muchos cristianos se espantan y dicen: ¡Qué tiempos estamos viviendo! En el día de hoy, aquellos que proponen normas filosóficas, materialistas o científicas en lugar de las bíblicas, y que quizás aseguran tener el Espíritu, amenazan seriamente el propósito de los cristianos. Sin embargo, esto no es nuevo; no es producto de los tiempos que estamos viviendo. La carta de Judas, (De quien muchos dicen que era hermano de Jesús) habla ya de eso. Y concluye evidenciando que el poder de Dios es capaz de impedir que caigamos en esos errores aunque nuestra responsabilidad es crecer en la verdad por medio de la oración en el Espíritu Santo y anticipar así nuestra salvación final, la Biblia es el recurso que poseemos y escudriñar estar carta, hoy, tiene un respetable valor. Un capítulo y veinticinco versos.

(Judas 1: 1)= Judas, siervo de Jesucristo, y hermano de Jacobo, a los llamados santificados en Dios Padre, y guardados en Jesucristo; (2) misericordia y paz y amor os sean multiplicados. (Este término SANTIFICADOS que se usa aquí, a pesar de que todos sabemos que quiere decir APARTADOS, en este texto está utilizado como Amados y como Llamados.)

(3) Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos. (Esto nos está diciendo que debemos contender “ardientemente” por nuestra fe bíblica, sin dejarnos engañar por alternativas o alteraciones humanistas, por importantes que parezcan. Cuando dice “ardientemente”, está queriendo decir: no académicamente, no técnicamente, no teológicamente. Ardientemente.)

(4) Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo.

Primero: dice que algunos hombres van a entrar “encubiertamente” a la iglesia. Yo no puedo ni siquiera imaginarme que de pronto, un hombre que jamás pisó una iglesia se nos infiltre al frente de una congregación para arruinarnos, así que no hay dudas que esos hombres van a salir de dentro mismo de la iglesia. Dice que serán impíos, es decir: no píos, no espirituales. Estamos hablando, entonces, de gente humanista, intelectual, materialista operando en las congregaciones. Y no desde el último banco, sino desde el máximo sitial. Porque, de otro modo no podrían convertir la gracia en libertinaje. Lo que usted debe hacer, siempre, es rechazar a cualquiera que enseñe que la gracia es algo así como “El permiso de Dios para pecar”.

Aparentemente, Judas está dejando de lado momentáneamente, la redacción de otra carta que estaba escribiendo, o bien se disponía a escribir a estos cristianos, para alertarlos sobre los falsos maestros que se han infiltrado en la iglesia. La expresión del verso 3 de La fe que ha sido dada a los santos, hace referencia a la doctrina apostólica impartida a los creyentes en los primeros días de la iglesia. Esta es la enseñanza que está siendo tergiversada y por la cual los cristianos deben contender. La corrupción de la fe se manifiesta en una conducta egoísta y falta de amor, estilos de vida sensuales e inmorales, y doctrinas distorsionadas o engañosas.

(5) Mas quiero recordaros, ya que una vez lo habéis sabido, que el Señor, habiendo salvado al pueblo sacándolo de Egipto, (Que es como decir: Jesucristo salvándolo a usted sacándolo del mundo) después destruyó a los que no creyeron. (Atención: por más que tenga usted veinte años en la iglesia, sea salvo, tenga siete cargos a cada cual más importante, un doctorado en teología y un master en divinidades y cinco radios, tres canales de televisión y dos páginas de Internet, si no cree, puede ser destruido. Simplemente porque sin fe es imposible (no difícil, complicado, duro, Imposible) agradar a Dios.)

(6) Y los ángeles que no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada, los ha guardado bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día.

Los ángeles que abandonaron su propia morada a los que se alude aquí, son probablemente los mismos mencionados como “Hijos de Dios” en el libro del Génesis 6:1-4, de acuerdo con las enseñanzas judías del siglo primero, especialmente en el libro apócrifo de 1 Enoc, descendieron ángeles y cohabitaron con las mujeres que vivían antes del diluvio. De allí que el pecado de estos ángeles caídos se compare con la “inmoralidad sexual” asociada con Sodoma y Gomorra. Los primeros cristianos conocieron y utilizaron esos escritos, a pesar de que no los consideraban parte de las sagradas Escrituras. Aunque la Biblia no aclara como cayeron estos ángeles, está claro que ahora se hallan confinados, aguardando el juicio del gran día, después que Cristo regrese y los malvados sean echados “al fuego eterno” preparado para el diablo y sus ángeles. Su situación ilustra la suerte de los incrédulos.

(7) Como Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, las cuales de la misma manera que aquellos que habiendo fornicado e ido en pos de vicios contra naturaleza, (Tome nota de esto por las dudas que alguna vez le vengan a predicar un evangelio más abierto, que contempla diversas alternativas o conductas sexuales diferentes) fueron puestas por ejemplo, sufriendo el castigo del fuego eterno.

¿Cuántas veces ha oído, en alguna predicación, por ejemplo, hablar de Sodoma y Gomorra? Decenas, cientos, o miles, qué sé yo su “antigüedad eclesiástica” ¿Y cuántas veces oyó hablar de Adma y Zeboim? Sí, ya me imagino su cara. Si no ha pasado por algún buen seminario o instituto bíblico, o simplemente no ha sido un lector demasiado atento de las escrituras, estoy seguro que no tiene usted ni la más mínima idea de para qué lado quedan Adma y Zeboim. Y es lógico le voy a decir, nadie o casi nadie habla de ellas. Pero ¿Sabe algo? Adma y Zeboim, eran las ciudades vecinas a Sodoma y Gomorra, de las cuales, dice la Biblia, y como ejemplo, también fueron castigadas del mismo modo que Sodoma y Gomorra. ¿Por qué se supone que las habremos dejado de lado? ¡Hermano! ¡Es que no hay referencias de ellas en la Palabra! ¿Ah, no? En el libro del Génesis, 19:20 encontramos algo. Allí dice: He aquí ahora esta ciudad, (Y se refiere a una de ellas) está cerca para huir allá, la cual es pequeña; dejadme escapar ahora allá. (¿No es ella pequeña?) Y salvaré mi vida.

Esto se lo dice Lot a los ángeles portadores del juicio y la sentencia que le habían avisado lo que iba a suceder. Esa ciudad pequeña a la que aquí se alude y a la que Lot quiere irse, es Adma, que es llamada por el nombre de Zoar en el texto que está en el libro de Deuteronomio 29:23 y a las que luego se han de mencionar como destruidas. ¿Entonces? Entonces queda a ojos vista que no las hemos tenido en cuenta por una actitud que todavía sigue siendo muy frecuente, esencialmente en nuestros países latinoamericanos, y a la que yo encuadraría con la rotulación de “discriminación edilicia”, que nos lleva a pensar que sólo tienen importancia las grandes ciudades y no tanto las más pequeñas. ¿Será por eso que, como ha dicho más de una vez Marcos Witt, a Dios le place levantar hombres de esos lugares pequeños porque de ese modo se asegura que toda la gloria será para él?

(8) No obstante, de la misma manera también estos soñadores mancillan la carne, rechazan la autoridad y blasfeman de las potestades superiores. (Esto, pasado en limpio y despojado de la clásica lexicografía bíblica a la que tanto adherimos a riesgo de que nadie nos entienda, significa que se trata de gente que hace lo que se le da la gana, aún con las mejores intenciones, sin que se les cruce por su mente ni por un momento de prestar atención a qué es lo que verdaderamente Dios quiere)

(9) Pero cuando el arcángel Miguel contendía con el diablo, disputando con él por el cuerpo de Moisés, no se atrevió a proferir juicio de maldición contra él, sino que dijo: el Señor te reprenda.

Algunos muy antiguos escritos de origen cristiano, parecerían indicar que esto que le acabo de leer procedía de una obra judía titulada: “El Testamento”, (o “La Ascensión”) de Moisés, en el que el diablo le disputó a Miguel el derecho de enterrar a Moisés, argumentando que le asistía ese derecho por causa de que Moisés había asesinado a un egipcio. En el libro de Deuteronomio se dice que el entierro de Moisés fue divinamente arreglado. El arcángel, es evidente, no se atrevió a proferir juicio de maldición, (esto es BLASPHEMIA en griego; recuerda que maldición no es necesariamente insulto sino algo dicho para mal) aún contra el diablo, lo cual se compara con el hablar presuntuoso de los falsos maestros, lo cual se determina como BLASPHEMEO en griego.

Este texto, deberé decirle, ha sido profusamente utilizado por aquellos que niegan furiosamente estar, como creyentes, en medio de una guerra espiritual. Ha sido predicado y enseñado muchas veces, para censurar arduamente las clásicas rutinas de echar fuera demonios y reprender a Satanás con el argumento que, si Miguel, que era nada menos que todo un arcángel no lo hizo, sino que se lo dejó a Dios para que lo hiciera, con qué fuerza o autoridad podríamos hacerlo nosotros que, naturalmente, somos mucho menos que un arcángel. Pero tendré que decirle que se olvidaron un pequeño detalle: Satanás, que en realidad era Luzbel, también tenía rango de arcángel. Entonces Miguel, por una simple cuestión de niveles y rangos en el reino, jamás podría contar con la autoridad propia de reprenderlo y, necesariamente, debería hacerlo Dios mismo. También es muy cierto que nosotros, los seres humanos, como creación, tenemos un nivel ampliamente menor que esos arcángeles y, por nosotros mismos, jamás tendríamos la autoridad o el poder para hacerlo. Pero se omite algo que es clave: Jesucristo, que es Dios mismo encarnado, está muy por encima de todos esos rangos y, cuando nosotros reprendemos al enemigo, lo hacemos en su nombre. Allí es donde nace nuestra autoridad y, lo que es más importante: se manifiesta!

(10) Pero estos blasfeman de cuantas cosas no conocen; y en las que por naturaleza conocen, se corrompen como animales irracionales. (Yo quiero recordarle, en este punto de la cosa, que la línea del discurso no ha sido alterada. Sigue hablando de aquellos que, aún formando parte del pueblo redimido, liberado, aun no terminan de creerlo. Para pasarlo más en limpio, Él no habla de la corrupción del mundo, habla de una corrupción que se ha metido dentro de la iglesia bajo la forma de la incredulidad. ¡Pero hermano! ¿Es posible eso? ¿Si es posible qué? ¡Que haya gente que va a una iglesia y sea incrédula! ¿Usted lo pone en duda? ¿Y por qué cree que todavía la iglesia no es gloriosa, sin mancha y sin arruga y más que vencedora?)

(11) ¡Ay de ellos! Porque han seguido el camino de Caín, y se lanzaron por lucro en el error de Balaam, y perecieron en la contradicción de Coré.

Así que ¡Ay de ellos!, no? ¿Y ay de quiénes? Sencillo y claro: de los incrédulos que tienen rango o jerarquía en la iglesia. Porque dice que siguieron el camino de Caín. ¿Y cuál fue el camino de Caín? No cuidar a su hermano, muy por el contrario, terminar por matarlo. ¿Será que nos está diciendo que muchos de nosotros no sabemos, no podemos o no queremos cuidar a nuestros hermanos y, llegado el caso, no vacilamos en matarlos espiritualmente? Ah, no sé; el que tiene oídos oiga. Y después dice que se lanzaron por lucro. ¿Usted sabe lo que es el lucro, no? Y agrega que en el error de Balaam. ¿Y qué será un error según la palabra? El término utilizado en los originales, aquí, es la palabra PLANE, que originalmente significa: Un andariego, un individuo errante. De aquí es de donde proviene, para los astros celestes viajeros en sus órbitas, el nombre de PLANETAS.

Metafóricamente, el vocablo se refiere a un andar desviado, un error. ¿Y cuál fue el error de Balaam? Aceptar dinero para maldecir al pueblo de Dios, recuerdas? ¡Hermano! ¿Usted me está diciendo que hay gente que por dinero no vacilan en dejar al pueblo de Dios, hoy, en maldición? No se lo estoy diciendo yo, ¡La Biblia se lo dice! Usted, sólo mire a su alrededor. Además, no se olvide que MALDECIR, no necesariamente es algo que deba meter dentro de la caja del ocultismo, el curanderismo o la brujería. En realidad, MALDECIR es “Decir mal sobre cosas divinas”, lo contrario a decirlas bien que es, como todos sabemos, BENDECIR. En cuanto a Coré, él dirigió una rebelión en contra de Moisés y Aarón y, por eso, junto con sus seguidores, fueron tragados por la tierra. Que puede tomarse literalmente, como también en la tipología simbólica, como que “fueron devorados por la carnalidad”. Todo lo que se oponga a la voluntad de Dios, que es decir a Cristo, combatiendo contra siervos genuinamente levantados, serán tragados por la tierra, que es decir: destruidos, extinguidos, aniquilados por su propia carne.

(12) Estos son manchas en vuestros ágapes, que comiendo impúdicamente con vosotros se apacientan a sí mismos; nubes sin agua, llevadas de acá para allá por los vientos; árboles otoñales, sin fruto, dos veces muertos y desarraigados; (En lo literal e histórico, los falsos maestros. Pero en lo conceptual y espiritual, todo incrédulo con rango en la iglesia son, definitivamente, nubes sin agua. Es decir que tiene aspecto de bendición pero en realidad están secos.) (13) fieras ondas del mar, que espuman su propia vergüenza; estrellas errantes, para las cuales está reservada eternamente la oscuridad de las tinieblas. (Fuerte, no?)

(14) De estos también profetizó Enoc, séptimo desde Adán, diciendo: He aquí, vino el Señor con sus santas decenas de millares, (15) para hacer juicio contra todos, y dejar convictos a todos los impíos de todas sus obras impías que han hecho impíamente, y de todas las cosas duras que los pecadores impíos han hablado contra él.

Judas, aquí, está citando a 1 Enoc, un libro popular del judaísmo temprano y respetado por la antigüedad cristiana. Este libro no forma parte de las Sagradas Escrituras, pero la enseñanza a la que aquí se hace referencia concuerda con la verdad bíblica. Judas considera que Enoc profetizó la Segunda Venida de Cristo, cuando los impíos serán juzgados. Y esto es muy particular, ya que en este último verso, esa palabra, IMPÍO, se encuentra escrita en diferentes derivaciones, cuatro veces, como para que no queden dudas de su significación. Le recuerdo que IMPÍO, es No Pío, No espiritual, es decir: carnal, incrédulo, así sea miembro de una congregación o pastor de ella. Lo que dice es que todos los no espirituales serán acusados de todas sus obras no espirituales hechas de una manera carnal y de toda la carnalidad que han hablado. La referencia a las santas decenas de millares está tomada del libro de Deuteronomio, capítulo 33. Los santos que acompañan a Cristo en el juicio, son los ángeles, a los que también podemos ver como Mensajeros.

(16) Estos (Y recuerde, estamos hablando literalmente de los falsos maestros, de los incrédulos con jerarquía eclesiástica) son murmuradores (¿Qué es un murmurador que es líder? Alguien que no va de frente, que si usted espera que le llame la atención por algún error que haya cometido, está bien listo. Usted se va a enterar un día de lo más contundente por la boca de ese hermanito que justo…¿Entiende?) Querellosos, (Son los que andan buscando quién los critica, en lugar de preocuparse del por qué se los critica y, fundamentalmente, de qué se los critica para ver si, por una de esas grandes casualidades, no es verdad) que andan según sus propios deseos, (Esto quiere decir: no conforme, necesariamente, a la voluntad de Dios, sino de acuerdo con la propia) cuya boca habla cosas infladas (¡Nuestro país ya es nuestro! ¡Cristo ya está viniendo! ¡Somos los mejores! ¡Dios está encantado con nosotros! ¡Esta iglesia va a entrar primero y va a ser felicitada!) Adulando a las personas para sacar provecho. (¡Pon una ofrenda grande, hermano! ¡Si total ya viene el Señor! ¿Para qué necesitarás la plata el día del arrrebatamiento?)

(17) Pero vosotros, amados, tened memoria de las palabras que antes fueron dichas por los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo; (18) los que os decían: en el postrer tiempo habrá burladores, (Habla de gente que burla y se burla de la voluntad de Dios y, por consecuencia, de todos los que genuinamente le aman) que andarán según sus malvados deseos.

Mire: la recomendación es tan pero tan clara, que creo que es por esa razón que no se enseña en una gran cantidad de congregaciones. Aquí no dice que se la aguante, ni que soporte, ni que se detenga media vida esperando que un demonio se transforme en santo. Lo que le está diciendo es que descubra, ponga en evidencia y rechace a cualquier ministro, (Ya sea apóstol, profeta, evangelista, pastor o maestro) que muestre cualquiera de estas tres actitudes por ejemplo: 1) Que siga sus propios deseos y no los que Dios tiene para ese lugar. 2) Que con comentarios e ironías, siembran la semilla de la división cuando dos sectores antagónicos, siguiendo el viejo consejo real: divide y reinarás. 3) Que no muestre evidencia alguna de que el Espíritu Santo mora y obra en su vida personal.

(19) Estos son los que causan divisiones; los sensuales, que no tienen al Espíritu.

Hay una docena, por lo menos, de actitudes en un supuesto hombre de Dios que habrán de servir para mostrarlo tal cual es y, en consecuencia, abandonar cualquier sitio donde él (O ella) tengan alguna clase de autoridad: 1)= Que enseñe cosas muy líricas, casi románticas, muy eufóricas, pero que son imposibles de aplicar. 2)= Que tenga una conducta incoherente con la moral declamada en sus mensajes. 3)= Que hable de otra gente (Así no sea buena gente) de un modo innecesariamente irrespetuoso. Exhortar no es destruir. 4)= Que estando en un lugar, rechace la autoridad establecida en ese lugar, sea o no legítima. Si se está en un lugar, se adapta y se obedece o se va y se confronta luego. Jesús les dio duro a los fariseos, pero no ministraba con ellos. 5)= Que se muestre mucho más preocupado por el dinero que por el bienestar de aquellos a los cuales ministra. 6)= Que prometa cosas que no cumple ni puede cumplir. “Si ustedes me eligen pastor, van a ver como yo…! 7)= Que cambie constantemente el epicentro de su mensaje. 8)= Que no muestre ningún fruto de perseverancia. 9)= Que viva permanentemente quejándose de los demás y criticando con nombre y apellido, cargándole las culpas de todo lo que a él le ha salido mal. 10)= Que esté evidentemente motivado por el afán de lucro personal. 11)= Que se las ingenie para promoverse a sí mismo. 12)= Que se esmere en adular a cierta y determinada gente de la cual podrá obtener algún beneficio.

(20) Pero vosotros, amados, edificándoos sobre vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo, (Dice que la edificación del creyente, más que por la calidad de sus líderes, como más de una vez se nos ha dicho, se fundamenta en su propia fe y, esencialmente, en la santidad de esa fe. Es notorio aquí que Judas exhorta a sus lectores a edificarse a sí mismos con la doctrina apostólica. Una parte vital de ese crecimiento es orar en el Espíritu. Esa oración incluye el orar en nuestro propio lenguaje siguiendo la inspiración del Espíritu, orar con gemidos indecibles y orar en una lengua no conocida por el que ora.) (21) conservaos en el amor de Dios, esperando en la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna. (El consejo, la sugerencia, la recomendación, es: ora constantemente en el Espíritu. No porque hacerlo en la razón y el entendimiento sea malo, sino porque la oración en el Espíritu es altamente efectiva por lo directa. Conoce que esto promete con toda certeza edificarte en santidad, lo cual es indispensable si quieres edificar a otros. Persiste en una actitud y un comportamiento amoroso en el Espíritu Santo.)

(22) A algunos que dudan, convencedlos.

Esta palabra, “convencedlos”, no está hablando de argumentar y argumentar a los fines de convencer a alguno de lo que no tiene ganas de creer, sino de arrojar la luz suficiente con la ayuda de la divina presencia del Espíritu Santo para que alguien que oye, de pronto, sienta una tremenda y potente convicción. Primero, de pecado, que es la obra inicial del Espíritu, y luego de la fe en Cristo Jesús a través del cumplimiento de su palabra, que es la base del triunfo del evangelio de la cruz.

(23) A otros, salvad, arrebatándolos del fuego; y de otros tened misericordia con temor, aborreciendo aún la ropa contaminada por su carne.

Este es uno de los versos que fundamentan este ministerio que hoy toma contacto con su espíritu, con su oído, con su alma. Es el ministerio de la advertencia, de la exhortación, de la amonestación. Y no porque crea su responsable que se les sabe todas y que hay que pegarle un coscorrón a los demás. Es porque, quizás, se puede hablar a través de la palabra y también a través de la experiencia, de todas las vicisitudes vividas que hacen, esencialmente, que la comprensión y la misericordia no sean obstáculos para callar una verdad grande e irrebatible.

¿Pero entonces está mal decir que estamos bárbaros, que todo lo inmundo ya está derrotado y que nosotros ya somos más que vencedores? ¡No! ¿Cómo va a estar mal si es cierto? Además, siempre en el medio de la duda y de la crisis, hay que declarar victoria aunque no la veamos por ninguna parte. Pero eso no puede confundirse con un engaño que anestesie a la gente o en una inconsistente expresión voluntarista. La idea central, es: mientras haya posibilidad de enmienda, deberemos hacer todo lo posible para que nadie caiga en errores. La autocrítica, clausurada en nuestras congregaciones por considerársela como un “negativo espíritu de crítica” es, en verdad, una de las expresiones más claras y notorias de la humildad y sobria integridad.

(24) Y aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría, (25) al único y sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria y majestad, imperio y potencia, ahora y por todos los siglos. Amén.

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enero 1, 2015 Néstor Martínez