Si bien es cierto que la Tierra Prometida es un lugar de lucha, no lo es menos que también es un lugar de reposo. No se nos promete un relajamiento, sino algo diferente: reposo. Ya hemos visto en alguna otra ocasión y formando parte de otros estudios, lo que significa verdaderamente el reposo según la óptica de Dios. Relajamiento es no hacer nada por la nada misma. Reposo es seguir haciendo lo que Dios dice pero con el acompañamiento de un descanso perfecto y preciso que Dios nos otorga exactamente cuando lo necesitamos. De allí que tiene lugar una especie de fenómeno vital en nuestra vida cristiana cuando abandonamos el desierto de la autosuficiencia y pasamos a conquistar la Tierra Prometida de la plenitud de Dios.
Porque sin ninguna duda puedo decirle, sin otra autoridad que mi propia vida y mi propio testimonio “pre-conversión”, que la vida en ese desierto de sentirse autosuficiente para todas las cosas termina por destruirnos, por hartarnos, por agotarnos y derruirnos como personas. Quizás sea por ese motivo que muchos de nosotros, en nuestra vida supuestamente “cristiana”, nos encontramos trabajados y cansados. Y es a nosotros (Mucho más allá de que también lo sea para el mundo incrédulo, tal como se enseña en todas nuestras congregaciones), a quien Jesús nos asegura que si estamos trabajados y cargados, Él nos hará descansar. A nosotros. Porque nosotros lo conocemos y podemos acudir a Él, mientras que el mundo podría llegar a hacerlo una vez que alguien se lo haya presentado. No antes. Nunca antes. Jamás antes. ¿Alguien lo había visto así?
(Hebreos 4: 1-11)= Temamos, pues, no sea que permaneciendo aún la promesa de entrar en su reposo, alguno de vosotros parezca no haberlo alcanzado. (Quiero que entienda usted bien lo que dice aquí y no se equivoque como tantos que he conocido. Dice que parezca no haberlo alcanzado a ese reposo. No dice que no lo haya alcanzado. Es promesa de Dios y, como toda promesa de Dios, es sí y es amén. Por lo tanto, si no hay reposo en su vida, revise qué es lo que le está creyendo al enemigo, porque él es quien le ha convencido con sus mentiras que no tiene reposo y, por lo tanto, a usted le parece que no lo tiene).
Porque también a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva como a ellos; pero no les aprovechó el oír la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron. (Principio espiritual básico para una auténtica vida de creyente: No alcanza con que usted concurra a una iglesia todos los domingos y se sature con la palabra de Dios que allí pudiera enseñarse o predicarse. Será necesario que usted coloque a esa actitud, fe en esa palabra, porque de otro modo, ésta jamás le será manifestada.)
Pero los que hemos creído entramos en el reposo, de la manera que dijo: Por tanto, juré en mi ira, no entrarán en mi reposo; aunque las obras suyas estaban acabadas desde la fundación del mundo.
Porque en cierto lugar dijo así el séptimo día: y reposó Dios de todas sus obras en el séptimo día.
Y otra vez aquí: no entrarán en mi reposo.
Por lo tanto, puesto que falta que algunos entren en él, y aquellos a quienes primero se les anunció la buena nueva no entraron por causa de desobediencia, otra vez determina un día: Hoy, diciendo después de tanto tiempo, por medio de David, comos e dijo: Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones.
Porque si Josué les hubiera dado el reposo, no hablaría después de otro día.
Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios.
Porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas.
Procuremos, pues, entrar en aquel reposo, para que ninguna caiga en semejante ejemplo de desobediencia.
Las grandes historias de la Biblia fueron escritas no tan solo para ofrecer materia prima a los fabricantes de entretenimientos y así divertir a los niños de la Escuelita Dominical. Pablo nos recuerda que …fueron escritas para nuestro ejemplo y amonestación… Eso no quiere decir, sin embargo, que deban tomarse los relatos bíblicos como meras plataformas para el lanzamiento de moralejas adecuadas. Eso se llama “fábula”. Así construyó el inefable Esopo las suyas. En lugar de relatos bíblicos, historias con animales. Fábulas. De sólo decirlo temblamos. ¿No es a eso, – le dice Pablo a Timoteo -, que habrán de inclinarse los falsos maestros o predicadores de los últimos tiempos? Haga su propia reflexión: ¿qué es lo que mayoritariamente oye usted de la mayoría de los predicadores? Historias bíblicas con una reflexión humana a la manera de una moraleja adecuada. ¿No son fábulas? El pueblo necesita Palabra genuina. La oveja necesita alimento nutritivo.
Moisés tuvo la inspiración de ser un libertador. Sin embargo, más tarde, se sintió totalmente frustrado cuando sufrió el reproche de un israelita que le dijo: “¿Piensas matarme como mataste al egipcio? Él tenía un celo real y genuino a favor del pueblo de Dios, pero trató de desarrollarlo por medio de sus propias acciones. Este fue su error. Lo mismo sucede con muchos de nosotros hoy en día. Tratamos de librarnos por nosotros mismos de nuestras peñas y frustraciones, y lo que es más, de sus consecuencias, por medio de nuestros propios esfuerzos.
La forma en que Israel fue librado de la esclavitud en la tierra de Egipto es una imagen viva de cómo nosotros somos librados de la esclavitud del pecado. Somos esclavos del pecado, al igual que los israelitas lo eran de los egipcios. Posteriormente Dios los libertó, por medio de juicios que cayeron en forma selectiva, sobre los hijos de Egipto pero no sobre los que estaban protegidos por la sangre del cordero Pascual. El paralelismo es claro: no habrá juicio para aquellos que han sido lavados por la sangre de nuestro Señor Jesucristo.
Moisés tenía razón. Confió en Dios cuando todos estaban murmurando, presos del pánico. Este es el distintivo del verdadero hombre de Dios. Esto es lo que lo distingue, realmente, a un líder espiritual. A mí no me gusta utilizar este término: “líder”. Porque es un término inglés que significa algo así como “uno que le ha ganado en competencia a todos y ha llegado primero a la meta”. No es eso lo que Dios imaginó para su iglesia. Jamás podría haberlo planeado así: hombres luchando entre sí con cualquier arma factible para llegar primero al cargo vacante con el fin de ocuparlo. El liderazgo cristiano no existe. Y si lo hubiera, jamás sería ocupado por el mejor, el más rápido o el más hábil a la hora de competir; sencillamente sería ocupado por aquel a quien Dios levanta, independientemente si resulta simpático a los hombres de la estructura eclesiástica o no. Esto es así: cuando todos los demás se aferran a los tranquilizantes, dominados por el pánico, el hombre de Dios permanece de pie y espera la misericordia de su Señor.
Los israelitas pisaron el lecho del mar Rojo, con los carros del faraón pisándoles los talones. Es una exacta tipología de la batalla espiritual a la que hoy por hoy está sujeto el creyente. Lo mismo que sucediera con aquel Faraón, sucede hoy con Satanás. Él arde en deseos, no sólo de perseguir implacablemente, sino también de alcanzar y destruir absolutamente a los nuevos convertidos. Uno de los más caros errores que la iglesia haya cometido hasta hoy, es el haber predicado a Jesucristo a la gente, y cuando ésta lo descubre, lo acepta y lo hace su Señor, calla ocultándole la realidad de la tremenda guerra en la cual esa persona se ha metido bajo la excusa diabólica de: “…es demasiado nuevo como para hablarle del diablo, se va a asustar y se va a ir…” La gran mentira de todas las mentiras. Y como tal, obra del infierno con grandes dividendos en el pueblo de Dios.
La iglesia de este siglo veintiuno es muy similar a los israelitas. Una iglesia del desierto, atrapada en las redes del mundo, hambrienta de las ollas de carne de Egipto, murmurante e inconformista. La mayoría de estos pseudo cristianos “aggiornados” por pensamientos filosóficos, cientifistas o psicológicos, se comporta de un modo tal que es como si estuviera diciendo: “Oigan…ya sabemos que nos vamos al cielo y por supuesto que deseamos ir allí, pero…¿No podemos llevarnos con nosotros algunas cosas de Egipto? Sin embargo, el plan de Dios para con ellos, era el rebosar espiritual. Jamás pretendió que su pueblo subsistiera con maná durante toda su huida. El cruzar el desierto era tan solo una corta etapa del camino.
Y mientras tanto, a todo esto, ¿Qué era lo que decía el pueblo? El pueblo decía: “¡Moisés! ¡El país está lleno de gigantes, somos como insectos a su lado! ¡No podemos entrar! ¡Jamás podremos poseer esa tierra! ¡Hoy también está llena de gigantes! ¿Y cuales serían esos gigantes? El budismo, el islamismo, el humanismo, doctrinas de hombre. Sin embargo, hay algo de lo cual no terminamos de darnos cuenta: el lugar de desafío, es también el lugar de la promesa y la plenitud. Hubo dos necios por Cristo en la historia: Josué y Caleb. Únicamente ellos estaban preparados para confiar en la palabra divina. Los demás se negaron a escuchar, y por tal causa, el peso de la victoria recayó sobre otra generación. En este tiempo hay congregaciones enteras que funcionan con sistema democrático. Realizan reuniones administrativas y someten a votación los asuntos de mayor importancia. El voto de la mayoría se interpreta como voluntad de la iglesia, que es como decir: voluntad de Dios. Fíjese qué paradoja. Si eso hubiera existido en los tiempos de Josué y Caleb, la victoria hubiera estado del lado de los incrédulos. Dios es dios, y lo que Él determina, se realiza. ¡No podemos vivir una vida victoriosa en el desierto!
Si comenzamos a trabajar por Dios dependiendo de nuestros propios esfuerzos, nuestro propio celo evangelístico, nuestra gran habilidad para predicar nuestros mensajes favoritos, utilizar tan solo unos pocos versículos prudentemente archivados en nuestra memoria, de cierto fracasaremos. Entrar en Su reposo, es cesar de todas nuestras obras propias. Hay una razón básica por la cual todos los creyentes podemos entrar sin ninguna duda en el reposo de Dios: Cristo ya entró por nosotros. Y hay algo más todavía, algo que es de indudable valor si es que usted va a servir para el reino. Ningún hombre puede servir al Señor de una manera efectiva sin estar seguro de que ha entrado en esta vida de reposo. La vida de Cristo resucitado. Porque solamente hay un camino que conduce en la vida espiritual a lo que más se parece al éxito humano, y ese camino es el camino de la fe. Ya sé que no descubro nada nuevo, pero es bueno que se lo reitere por si se le había olvidado con tanto ajetreo activista eclesiástico. Hay un pecado principal y básico en este siglo veintiuno. Es un pecado central en este marco de una sociedad poblada de máquinas, de apretar botones y de esmeradas etiquetas sociales: es el pecado del apuro y de la angustia. Dios no tiene apuro. Dios no usa reloj. Dios no festeja cumpleaños. Dios es eterno, ¿Lo recordaba?
(1 Pedro 5: 7)= …Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.
Pregunto: ¿Usted, es una persona que duerme bien? No se trata de un test de salud ni tampoco de estado mental, se trata de una averiguación que tiene que ver con un elemento básico dentro de la vida de fe: la paz interior. El dormir es algo muy precioso y necesario, y de ninguna manera debemos permitir que nada ni nadie nos roben ese privilegio. ¿Tiene usted una vaga idea sobre cuanta es la gente que no puede conciliar su sueño con normalidad durante toda la noche? ¿Estaba enterado que, – entre otras – el insomnio es una de las señales de presencia de influencia demoníaca en la vida de una persona? Los temores pueden quedar abandonados en el desierto, junto con las ansiedades, los intereses propios y las luchas por los honores espirituales.
Entonces viene, inexorablemente, la otra pregunta: ¿Está usted verdaderamente decidido a andar por el camino del discipulado? ¿Está dispuesto a seguir a Cristo y rendirle su vida a Él? Si es así, quizás le sorprenda saber que tiene frente a usted una senda muy áspera y tortuosa. Una de las cosas que Dios hace para nuestra ayuda es hacernos vislumbrar a través de la Escritura los peligros de una vida cristiana victoriosa. Es indispensable que usted tenga presente de modo continuo y permanente que los mayores enemigos no son los que han quedado atrás, sino los que están adelante. Que se caigan en el desierto, se abrasen con el fuego de su arena candente y se lastimen en mil sitios hasta llegar a correr peligro de muerte, no forma parte del plan divino para los creyentes que son los herederos de su tierra prometida.
Un cristiano recién convertido, con todo su vocabulario erróneo y su mal expresada doctrina, puede tener más fe y confianza en la obra de Cristo que el cultivado “Señor-Vida-Profunda”, que conoce todos los términos de moda utilizados en teología. Muy a menudo ignoramos la invitación de entrar en esta herencia, y permanecemos errantes en el gran desierto de los lamentos. Y vuelvo a repetirle un principio con poder y entidad de precepto básico: La Tierra Prometida es un lugar de lucha, pero con una diferencia en contrario con el desierto. Además de un lugar de lucha, también es un lugar de victoria.
Si alguno de nosotros no está dispuesto o no se encuentra preparado para esta lucha, es mejor que se retire, le deje el lugar a otro y busque algún trabajo más sencillo para realizar. En suma, lo que intento decirle es que, si no va a ser útil en la pelea contra el enemigo, lo mejor que podrá hacer es no estorbar a los que sí están dispuestos a batallar. Y que conste que estoy hablando de cristianos genuinos, no de los nominales que sólo marcan su tarjeta-reloj en el ingreso de cada culto. El diablo no arroja sus dardos sobre los cristianos nominales. No pierde su tiempo en aquellos que no son importantes para Dios. A estos ya los tiene atrapados. No creo que el diablo se preocupe mucho por abatir a un hombre que ya está caído. Más bien trata de herir a los que permanecen en pie, esto es, a los discípulos activos. Busca con fiereza a los que dicen: “Sí Señor, yo te seguiré. Y me negaré a mí mismo”. Cuando Satanás ve a alguien que está siguiendo a Cristo resueltamente, forma inmediatamente un Consejo de Guerra con todos los ángeles del infierno y, juntos, planean el ataque a gran escala.
Produjo en mí un verdadero impacto la expresión de un hombre de Dios que un día dijo: “Una vida victoriosa tiene sus peligros”. ¿Peligros en una vida victoriosa? ¿Estará seguro este buen hermano o se le habrá ido la mano en sus precauciones? En absoluto. El primer peligro de una vida victoriosa es el orgullo. El prototipo de la verdadera consagración es la persona espiritualmente equilibrada que cuando se le halaga, no lo toma en serio. Pero no es el único peligro. El segundo, tiene que ver con contraer un espíritu de crítica. Los psicólogos suelen decir muy a menudo que las cosas que estamos más propensos a criticar en la vida de los demás, son precisamente aquellas cosas que no marchan del todo bien en nosotros mismos. No acostumbro a darle a la ciencia en ninguna de sus expresiones el primer sitio en lo absoluto, ya que ese lugar siempre lo ocupará la Palabra de Dios. Pero estoy dispuesto a reconocer que, en este caso específico, los psicólogos tienen bastante razón.
(Filipenses 4: 8)= Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.
Siempre me he preguntado con qué objeto o por qué razón están estas palabras en la Palabra de Dios. Estoy absolutamente convencido y creo firmemente que son parte de la revolución que Cristo vino a traer en la vida de cada hombre. Es una revolución que sustituye el espíritu negativo de quejas, por una ideología positiva y victoriosa. Una revolución que sustituye el criticismo y el buscar faltas en los demás, por un espíritu de conquista, una revolución que pasa por encima de las equivocaciones y supera los errores porque mira más lejos, mira el plan de la soberanía de Dios. Ahora voy a decirle algo que lo dejará infinitamente más tranquilo: Dios, en su infinita paciencia y soberanía, se complace en solventar y sacar buenos resultados de nuestros propios errores.
Hay una verdad irrebatible: cuando hacemos el descubrimiento de que nuestro pastor, por ejemplo, no es lo que nosotros pensábamos; que no es un Pablo ni un Esteban, ni un Amós, ni un Jeremías, sino un discípulo neófito, como la mayoría de nosotros, nuestros ojos se volverán a dios y se verán libres de su espíritu de crítica. Pero hay que ser honestos y claros: una gran mayoría de pastores que censuran con virulencia a ese espíritu de crítica que anida en los miembros de sus congregaciones, han hecho todo lo posible por convencer a esa gente que ellos eran una especie de súper ministros que todo lo pueden y todo lo consiguen. Por lo tanto, no ocurre sino una simple consecuencia de una falsa enseñanza.
Otro de los peligros sobre el cual me es necesario alertarlo a usted, y que existe en forma muy real en toda vida cristiana victoriosa, es el peligro de llagar a acostumbrarse a las cosas espirituales. A medida que vemos el poder de Dios actuando, respuestas a la oración y eventos imposibles en la vida de muchas personas, puede que terminemos encallecidos por esos sucesos milagrosos hasta el punto de no darles mayor importancia. No estoy diciéndole que usted deba desmayarse ante cada milagro de Dios, estoy puntualizándole que jamás deberá tomarlos como una cosa más alrededor de su vida. Es Dios en acción y eso no es poca cosa.
La Biblia nos dice que hay gozo en los cielos aún por un solo pecador que se arrepiente, pero algunas veces nosotros no reaccionamos a menos que se conviertan una docena. Es decir que, mientras los ángeles saltan de gozo por un alma que se entrega a Cristo, nosotros ante el mismo hecho, lo juzgamos como casual, como parte de una rutina “laboral” y no compartimos un ápice de su gozo. En cambio sí que estamos sumamente dispuestos a hablar todo lo que nos dejen de aquellos que se han convertido por nuestra palabra y por nuestra obra, y estamos seguros de que los tales en que nosotros hemos intervenido son conversiones reales y genuinas. Pero entonces, ¿Y las conversiones que se han producido por la tarea de otros hermanos? De esas dudamos. Que Dios nos perdone a todos por estar demasiado familiarizados con las cosas santas, y por gozarnos de nuestras propias victorias, menospreciando las de los otros, y olvidando que si no accionara el Espíritu Santo jamás habría ni UNA sola conversión.
Esta familiaridad puede convertirse en algo estremecedor en los cultos de las iglesias. Algunas veces nos juntamos para participar de la Cena del Señor en la iglesia y hay menos espíritu de alabanza en nuestros corazones que si estuviéramos tomando un desayuno de entre semana, en nuestra casa.
Otro de los peligros de la vida cristiana, es el ascetismo. A veces nos hacemos la vida difícil para poder decir que tenemos una vida difícil. Debemos ser cuidadosos para actuar equilibradamente y mantener nuestros principios y creencias en justo balance. Pablo decía que sabía padecer escasez, pero también tener abundancia. Pero si el ascetismo es un problema, mayor es el polo opuesto: la pereza y el amor a la vida fácil, grave mal en la iglesia de nuestros días. Este es uno de los peligros más terribles y tiende a atacar de un modo especial a los obreros del Señor que piensan que nadie les controla el tiempo, particularmente cuando ocupan un puesto de autonomía e independencia. La iglesia carece de soldados, porque carece de hombres y mujeres dispuestos a trabajar con ardor y sin reparar en esfuerzos.
El peligro de fondo, es el escándalo. Desde el mismo momento en que Dios comienza a usarnos, el diablo busca sin descanso un motivo de escándalo. Le encantaría pescarnos en un momento de debilidad, en un escape de flaqueza y obtener así una fabulosa historia para contar a diestra y siniestra. Uno de los sectores donde más tratará de atacarnos es en el de la pureza moral. La mayor falta de David no fue su relación con Betsabé, – debilidad de la carne, después de todo -, sino estar ausente de la batalla. Esto nos amonesta y nos advierte de los peligros de un solo minuto en que nos apartemos del lugar al que Dios nos ha llamado.
Grandes peligros rodean al cristiano victorioso y debemos estar prevenidos contra todos ellos. 1 Corintios 10:12 dice: …El que piensa estar firme, mire que no caiga… Pero Pablo sigue mostrándonos en el versículo que sigue la provisión de Dios para sus hijos en medio de todos los peligros, y escribe: …No nos ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana, pero fiel es Dios… La tentación siempre está a la puerta, donde quiera que estemos y como quiera que estemos; la tentación puede sobrevenir. Enfréntese a ella y, con la ayuda de la gracia de Dios, obtendrá victoria en lugar de derrota. Con esa misma ayuda que jamás deberá desestimar, podrá tomar una herencia que tiene desde el principio, pero que nuestra propia autosuficiencia nos impide ver, primero, y poseer, como Dios quiere que se haga, después.