En un mundo de presiones crecientes, lleno de inseguridad, la Biblia nos ofrece una base sólida de consejo y orientación. Ella es el mejor fundamento para la fe y la práctica del cristiano; es nuestra única regla de fe y práctica.
Podemos afirmar con convicción que Dios nos habla hoy a través de la Biblia con la misma claridad y fuerza con que el Espíritu Santo inspiró quienes la escribieron. Por eso es nuestro deber, como hijos de Dios, abrir sus páginas cada día, pidiéndole al Espíritu Santo que nos hable a través de ellas.
La Biblia es la Palabra de Dios y a través de ella, Dios, – Repito -, nos habla hoy. Frente a las ambigüedades crecientes y las confusiones que imperan en nuestros días en materia de fe y práctica, conviene recordar que la Biblia sigue siendo el fundamento más seguro, incambiable y normativo del creyente.
Como el apóstol Pedro, afirmamos que tenemos la palabra profética más segura a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones.
Entendiendo primero esto: que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.
Sin embargo, cabe preguntarnos si Dios habla hoy exclusiva y únicamente a través de la Biblia. Muchos cristianos sinceros afirman esto y en consecuencia desestiman como legítimos el ejercicio de los dones de revelación que imparte el Espíritu Santo: palabra de ciencia, palabra de sabiduría, discernimiento de espíritus, profecías y otros dones, al igual que las visiones y sueños son despreciados o rechazados como espurios, falsos o fuera de lugar.
Generalmente se enseña que Dios ya ha hablado y que volverá a hacerlo algún día, pero que en el presente Dios sólo habla a través de la palabra escrita tal como la tenemos registrada nosotros en la Biblia. Cualquier otra palabra es pura fantasía o puede ser una herejía peligrosa, cuando no un ejercicio engañoso.
A estas afirmaciones se agrega, en sinceros cristianos, la convicción de que con la muerte del último apóstol y con ello el cierre del canon del Nuevo Testamento, ha cesado toda revelación divina y Dios sólo habla a través de la Biblia inspirada.
Quizás nosotros podemos decir, aquí y ahora, que la manera principal y normativa en que Dios nos habla hoy es a través de la Biblia y que en ella encontramos todo lo necesario para nuestra salvación, pero la Biblia no es la única manera en que Dios nos habla hoy.
De hecho, la misma palabra nos indica que los cielos cuentan la gloria de Dios y la expansión o el firmamento anuncia la obra de sus manos. Pero además, Job en seña que Dios habla por medio de los sueños y de manera audible en el oído.
(Job 33: 14-17)= Sin embargo, en una o dos maneras habla Dios; pero el hombre no entiende. Por sueño, en visión nocturna, cuando el sueño cae sobre los hombres, cuando se adormecen sobre el lecho, entonces revela al oído de los hombres, y les señala su consejo, para quitar al hombre de su obra, y apartar al varón de la soberbia.
No obstante lo dicho, quisiera en este trabajo confrontar la afirmación que Dios habla hoy con el interrogante: ¿Habla Dios hoy? Que nos llevará al título elegido para este estudio: “Oye su voz”…
La idea al levantar este interrogante es encontrar en la Palabra de Dios las razones y las maneras por las cuales Dios nos está hablando hoy, además de lo que Él nos dice de manera objetiva, normativa y autoritativa en la Biblia.
En conformidad con lo que Dios nos dice en la Biblia, porque no puede haber diferencias entre una cosa y la otra, hay tres razones: 1) Hay una razón de carácter lógico.- 2) Hay una razón de carácter experiencial.- 3) Hay una razón de carácter bíblico.
UNA RAZÓN LÓGICA
El primer argumento lógico que podemos levantar, es que dios siempre es el mismo y no cambia. Si dios habló directamente a los autores de la Biblia y Dios no cambia, ¿Por qué no habría de hablar directamente a sus hijos, hoy?
Ponemos seriamente en duda la credibilidad de Dios en nuestro mundo secularizado, agnóstico y ateo, si decimos que Él, hoy, no habla de la misma manera que ayer, o por alguna decisión o razón se le ha ocurrido cambiar su manera de actuar y proceder.
Es difícil convencer al mundo acerca de un Dios que habló directamente a Moisés, Elías, a Pedro y a Pablo, pero que ya no nos habla a nosotros hoy. ¿Qué clase de Dios será éste? ¿Es un Dios de segunda categoría, acaso? ¿Es un Dios que se ha quedado afónico o mudo? ¿Es un Dios como los dioses de este mundo, que están parados como palmeras y no hablan porque son dioses mudos?
Si la gente lee en la Biblia acerca de un Dios que es igual ayer, hoy y siempre, y que habló a personas, a seres humanos iguales a nosotros por varios miles de años y luego les decimos que ya no lo hace más porque too lo que tiene para decirnos está publicado en un libro, yo creo que escandalizamos a la gente, y lo que es más grave, mostramos una inconsistencia tal que somos portadores de más incredulidad de la que ya hay.
Dios sigue comunicándose hoy, como lo hizo siempre; y esto no es porque se nos ocurre, sino según está testificado en la Palabra de Dios que es la Biblia. Esto es lo que enseña la Biblia: que Dios es el mismo y no cambia.
La palabra dice que es el mismo ayer, hoy y por los siglos. Pero además Dios sigue hablando como lo hizo ayer. La propia Biblia como registro autoritativo de la palabra de Dios, exige que creamos que Dios sigue hablando como lo hizo ayer.
Si un libro no puede ser convalidado por la experiencia; ¿Cómo lo calificamos? Cuando un libro se escribe usando un lenguaje científico, fenómenos científicos, pruebas científicas, imágenes científicas y etc. etc., pero que no tiene nada que ver con la realidad, ¿Cómo lo llamamos?
Ciencia-Ficción, así lo llamamos. Cuando un episodio determinado, por ejemplo en el pasado, se da en una determinada geografía utilizando nombres conocidos o, incluso, personajes históricos y todo lo demás, pero esa novela histórica no refleja lo que dicen los documentos sino lo que dice el novelista, ¿Cómo lo llamamos? Ficción.
Ahora, si este libro que tú y yo hemos creído y adoptado como manual permanente de vida y sano y necesario alimento cotidiano, ¿Es ficción? No. ¡No es ficción! Y la razón por la cual no es ficción es que nuestra experiencia nos dice que Dios sigue hablando hoy como lo hizo ayer. El Dios que habla aquí, en esta página impresa, es el Dios que me habla a mí y el que también puede hablarte a ti si te atreves, por fe, a oír su voz.
Por eso sé que esta palabra no es ficción; porque lo que Él me dice a mí, coincide con esta palabra y lo que dice en esta palabra escrita coincide con lo que me habla a mí. Pero es el mismo Dios viviente que no cambia y que sigue hablando hoy; que no se ha quedado mudo ni afónico.
Si la Biblia descansa sobre el hecho de que dios habla, entonces parece lógico creer que sigue hablando hoy, a menos que la Biblia diga lo contrario. Pero la Biblia no dice lo contrario. La Biblia dice que Dios habla hoy.
LA propia teología cristiana, – No sólo la Biblia -, y como resultado de la experiencia cristiana, además de ser expresión de las escrituras cristianas, exige que creamos que Dios sigue hablando hoy como lo hizo ayer.
Negar la frescura de la Palabra de Dios es caer fácilmente en una teología muerta o, lo que es más grave: en una teología de la muerte de Dios, como fue el trágico resultado de los teólogos de finales de la década del sesenta, que empezaron a decir por todo el mundo que dios había muerto. Por supuesto, porque su teología había muerto. Y había muerto precisamente porque ellos estaban muertos…
Ahora bien: ¿Qué clase de teología estamos haciendo? Algunos predicadores o maestros han ido a seminarios e institutos y otros no, pero todos pretenden ser teólogos. Cada vez que alguien se instala en un púlpito o toma un micrófono para enseñar algo, le guste o no, está haciendo teología. Porque Teología, no es otra cosa que un discurso acerca de Dios. Así que te agrade o no te agrade el título, si haces lo que te dije, eres un teólogo.
¡Es que…yo no quiero saber nada con la teología! ¡Yo solamente hablo lo que me dice el Espíritu! Está bien, pero cuando abres la boca, ya estás haciendo teología. Por más que te inspire el Espíritu Santo, estás haciendo teología. La pregunta, es: ¿Qué clase de teología?
¿Estamos haciendo una teología detrás de un escritorio? ¿Estamos haciendo una teología puramente subjetiva? ¿Una teología con aroma a naftalina? ¿Una teología que se basa nada más que en algunas verdades ya establecidas y creídas por todos y lo único que hacemos es un “refrito” de lo mismo, cambiando el vocabulario, los términos y los conceptos, pero más de lo mismo o, por el contrario, una teología que es el resultado del diálogo que todos los días tenemos con el Señor a través de su Palabra y del diálogo escuchando la voz de Dios en nuestro corazón?
La verdadera teología cristiana es siempre el resultado de la experiencia cristiana conforme al testimonio de las escrituras bajo la inspiración del Espíritu Santo y para la extensión del Reino. Lo demás es para gastar papel y tinta en algún libro, o para infatuar a aquellos que pueden creerse teólogos con mayúsculas, pero que todavía no conocen bien a Dios.
Si queremos una teología viva, si queremos un mensaje relevante para nuestros días, es necesario que afirmemos la verdad de que Dios habla hoy y tiene una palabra fresca para las personas. Que lo que dios nos dice es para que lo trasmitamos a otros, y lo compartamos con los demás. Y creo que esta es una razón lógica: Dios es el mismo y no cambia.
UNA RAZÓN EXPERIENCIAL
Pero, ya quedó dicho, hay también una razón experiencial. Y al hablar de una razón experiencial, tenemos que tener en cuenta dos tipos de experiencia: la experiencia histórica y la experiencia contemporánea.
La experiencia histórica de miles de creyentes en Cristo respalda el concepto que Dios no dejó de hablar después que se completó el Nuevo Testamento. A partir de Pentecostés, la historia del cristianismo registra múltiples instancias de manifestaciones del Espíritu Santo. El testimonio de estas manifestaciones, es astronómico.
Es mentira, y quiero ser bien enfático porque esa mentira nos ha llegado a nosotros, que los dones y las manifestaciones del Espíritu terminaron en la era apostólica. Se equivoca el autor de un libro que estuvo circulando hace algún tiempo y que sostiene esa posición.
No es cierto, incluso históricamente, que los dones cesaron. Y fácilmente se puede probar. Los dones continuaron, los ministerios siguieron, las manifestaciones siguieron dándose. Las caídas no son un invento o un divertimento de esta época. Han estado presentes de una u otra manera a lo largo de todo el testimonio cristiano y de toda la historia cristiana.
La impresión sorprendente que queda una vez que se analiza la evidencia de las fuentes primarias de la historia del cristianismo, es que la acción del Espíritu Santo a lo largo de los siglos posteriores a los tiempos apostólicos, es exactamente la misma que testifican las páginas del Nuevo Testamento.
Los carismas, especialmente el d profecía, continuaron a lo largo del período post-apostólico y después del establecimiento del Canon. Uno de los grandes padres de la iglesia y al cual debemos el establecimiento de los más grandes dogmas históricos cristianos, como fue Tertuliano, que ministró en el norte de África, en la ciudad de Cártago, hacia fines del siglo segundo, nos da un testimonio precioso.
Lo voy a reproducir textualmente de uno de sus obras, en su tratado sobre el alma. Tertuliano hace clara referencia al ejercicio de la glosolalia, (Nombre técnico o incrédulo del don de lenguas), unida a la profecía allí en la congregación de Cártago. Dice Tertuliano alrededor del año doscientos o doscientos diez…
“Hay entre nosotros en este momento, una hermana cuya suerte es que ha sido favorecida con diversos dones de revelación; que ella experimenta en el Espíritu, mediante visiones extáticas durante los ritos sagrados del día del Señor en la Iglesia. Ella conversa con ángeles, y a veces, incluso, con el Señor. Oye y ve comunicaciones misteriosas. Entiende los corazones de algunos hombres, y a aquellos que están en necesidad les distribuye remedios.
Ya sea durante la lectura de las escrituras, o en la entonación de los Salmos, o en la predicación de sermones, o en el ofrecimiento de oraciones; en todos estos servicios religiosos ella encuentra material y oportunidad para sus visiones.
Posiblemente nos puede haber ocurrido que mientras esta hermana nuestra estaba absorta en el espíritu, que hayamos predicado de una manera inefable acerca del alma.
Después que la gente es despedida, la conclusión del culto sagrado, ella tiene el hábito regular de informarnos cualquiera puedan ser las cosas que ha visto en visión. Porque todas sus comunicaciones son examinadas con el cuidado más escrupuloso, en orden a que su verdad pueda ser probada.
Los carismáticos tienen treinta años; los pentecostales más de cien. Este es Tertuliano, padre de la iglesia en el siglo doscientos y fundador de la teología occidental. Si hubo alguna declinación en el ejercicio de los carismas, esto resultó del proceso de institucionalización de la iglesia y de la creciente autoridad centralizada de determinados ministerios o liderazgos, que comenzaron a concentrar ellos el ejercicio de todos los dones y en particular el de profecía.
Hacia fines del siglo segundo, comienzan a verse las primeras manifestaciones de este inexorable proceso de institucionalización. No es porque el Espíritu no estaba dispuesto a actuar, es que la iglesia se institucionalizó y los líderes comenzaron, por una serie de circunstancias históricas de las que ni siquiera ellos mismos eran responsables, a concentrar todos los carismas y se quedaron con todos los carismas.
Y todavía hay muchos creyentes, hoy, que dicen: sí, sí, de todos los dones el que queda hoy es el de profecía, pero la única profecía que admiten es la que puede acompañar la predicación del máximo liderazgo del lugar.
¿Saben por que hoy se están recuperando los dones en la iglesia? Porque muchos siervos se han atrevido y decidido, actuando en el Espíritu, a largar nominalmente esos dones y derivarlos en su única propietaria según la palabra: LA IGLESIA.
¿Saben por qué se están levantando profetas, evangelistas, maestros, administradores, gente que hace ayuda, gente con don de oración, gente con dive3rsas gracias, dones y carismas de parte del Señor? Porque el liderazgo ha comenzado a entender que su tarea es preparar a los santos para la obra del ministerio, pero para poder ellos cumplir con ese ministerio necesitan las herramientas que Dios ha provisto por el Espíritu Santo para que lo puedan hacer y cuanto más sueltan a los creyentes a hacer la tarea de expandir el reino y asumen su rol de conductores, los que reciben la visión y llevan adelante esa visión, y entrenan y capacitan y orientan a sus ovejas, empiezan a aparecer los carismas inmediatamente en la iglesia.
Pero donde todo el ejercicio de los dones o la autoridad ejecutiva está concentrado en un solo hombre, especie de hombre orquesta, mesías contemporáneo o iluminado siglo XXI, jamás esos dones se van a manifestar en donde la palabra dice que deben manifestarse: en la iglesia.
Dios ha continuado hablándole a la iglesia, y a través de la iglesia, al mundo. Y es porque Dios sigue hablando que la iglesia tiene la misión apostólica en el mundo. Los cesacionistas, aquellos que afirman que los dones, los carismas y las manifestaciones de Dios han cesado, fundamentan la terminación del ministerio apostólico con la muerte del último de los apóstoles y con ello terminan por negar, tácitamente, el carácter apostólico de la iglesia de Jesucristo.
La iglesia no es apostólica porque se fundamenta en las escrituras apostólicas, sino también porque como dicen las Escrituras, tiene un don apostólico y un ministerio apostólico. Explícame donde está la evidencia de la conclusión de los ministerios apostólicos y proféticos y adonde el aval para la prosecución de los ministerios evangelísticos, pastorales y magisteriales. ¿Por qué tres sí y dos no?
Jesús dice algo que se traduce más o menos así: Todavía tengo más cosas para decirles, pero se las voy a decir por el Espíritu Santo, más adelante. Esto nos lleva a la experiencia contemporánea. Millones de sinceros cristianos bíblicos, hoy, afirman recibir palabra de Dios a través de los dones de revelación o por medio de sueños y visiones. La fe de estas personas, con toda honestidad, puede ser calificada de una fe bíblica, evangélica. Pero ninguna de ellas afirmaría que Dios habla sólo a través de la Biblia.
Quienes critican con acidez la convicción de que Dios sigue hablando hoy, y condenan sus experiencias como subjetivismo, no siempre aplican la misma agudeza crítica para evaluar sus propias presuposiciones subjetivas que no tienen fundamento en la palabra de Dios.
La experiencia convalida la Biblia y la Biblia convalida la experiencia. Hay muchos cristianos que encuentran al Dios que habla en las páginas de la Biblia y en sus propias experiencias. Muchos cristianos podrían testificar como Pablo, de haber escuchado la voz del Señor hablándoles directamente.
Estos cristianos entienden que dios les habla hoy para cumplir mejor con la misión que tienen que llevar a cabo en el mundo. Ellos entienden que las necesidades humanas siguen siendo las mismas y tan demandantes como en el tiempo del Nuevo Testamento, y la respuesta de fe no ha cambiado. Las personas, hoy, siguen necesitando salvación, sanidad, liberación, dirección y esperanza, todo lo cual es obra del Espíritu Santo.
Limitar la acción del Espíritu Santo a una mera tarea de iluminación de las Escrituras, es pensar que Él sólo tiene que ver con la satisfacción de las necesidades intelectuales y no con la totalidad de la vida humana. Por eso una comprensión integral del evangelio demanda la afirmación de una acción integral y poderosa del Espíritu Santo tal como ocurrió en los días del Nuevo Testamento.
UNA RAZÓN BÍBLICA
Hemos visto una razón lógica y una razón experiencial: veamos ahora, finalmente, una razón bíblica. Ser cristianos significa, poder oír a Dios hablar. El cristianismo bíblico consiste en ser hijos e hijas de Dios; en identificarnos con la esposa de Cristo que es la Iglesia; en tener comunión con el Señor; en conocerle y ser conocidos por Él. Y todo esto presupone una relación personal y de diálogo con el señor. Es por el Espíritu Santo que nosotros podemos conocer a Dios.
Jeremías capítulo 31, dice: He aquí vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá; no como el pacto que hice con sus padres, el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto, porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová.
Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová. (Y esto es para nosotros que vivimos este nuevo pacto) …daré mi ley en su mente y la escribiré en su corazón y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo; y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: conoce a Jehová, porque perdonaré la maldad de ellos y no me acordaré más de su pecado.
El Espíritu Santo, es el que nos habilita para conocer a Dios. Podemos conocer su voz; Jesús dice en Juan 10: …Las ovejas le siguen, porque conocen su voz. ¿Conoces la voz del Señor? O solamente conoces la opinión del Señor?
Puedes conocer también su verdad. En Juan 15:6 Jesús dice: …Cuando venga el Espíritu de verdad. Él os guiará a toda verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere y os hará saber todas las cosas que habrán de venir.
Lo hace a través de la Biblia, pero te lo hace saber, también, a través de tu mente. Como dice Pablo: ¿Quien conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Más nosotros tenemos la mente de Cristo. Y lo que está en la mente de Cristo tiene que estar en nuestra mente.
Y cuando Cristo quiere sanar a alguien, tiene que poner en tu mente y en tu corazón lo que está en su mente y en su corazón para que tú lo hagas. Para que seas sus manos, sus ojos, su palabra hablada y para que lleve su consuelo.
Si Él quiere impartirte dones de su Espíritu Santo lo puede hacer mientras te estás duchando en tu casa. Pero quiere hacerlo, también, como Él personalmente lo haría, mirándote a los ojos. Imponiéndote sus tiernas manos e impartiéndote aquello que Él quiere darte para que le sirvas mejor. ¿Por qué privarnos de eso si lo tenemos en Cristo y si así lo dice la Biblia?
No hay indicación en el Nuevo Testamento de que las promesas que Jesús hizo a sus discípulos y a la iglesia primitiva, no sean también para nosotros hoy. ¡No somos kelpers en la historia del cristianismo ni cristianos de segunda!
Somos, igualmente, hijas e hijos de Dios. Que Pablo y que Pedro y que los apóstoles. Y que los cristianos que murieron en los circos romanos. Y que aquellos que mantuvieron encendida la llama del testimonio cristiano a lo largo de la Edad Media.
Y que aquellos que nos precedieron en el evangelio aquí. ¡No somos de otra categoría ni estamos hechos de otra fibra! ¡El Espíritu es el mismo! ¿Por qué no habremos de tener los mismos ministerios y los mismos dones, y escuchar de la misma manera que lo leemos en la Biblia, la voz de Dios?
Los dones son actuales y recién van a cesar cuando veamos a Dios cara a cara; cuando venga lo perfecto. Cuando venga Cristo y estemos en la Nueva Jerusalén, van a cesar un montón de cosas. Por ejemplo, una de las cosas que va a cesar es la Biblia.
Así que no la besuquee tanto ni haga del libro llamado La Biblia un fetiche, porque no va a necesitar conservarla hasta la eternidad. En el cielo no hay Biblia. La palabra la vamos a tener delante de nuestros ojos y la vamos a escuchar todo el día, y la vamos a tener plenamente viva, abierta e integrada, además de entendida permanentemente.
Hermano, en el cielo no hay escuela dominical, cursos bíblicos ni nada de eso que hoy te cuesta tanto esfuerzo y trabajo. ¡Aleluya! Pastores: en el cielo no hay diáconos, ni comisiones de control ni asambleas. ¡Aleluya! Por eso es el cielo.
(1 corintios 13: 9-10)= Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; mas cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará.
Lo lamentable es que hay cristianos, hoy día, que ni siquiera conservan lo que es en parte, y se quedan sin nada. En el cielo no hay lenguas; en el cielo no hay profecía; en el cielo no hay palabra de conocimiento, de ciencia o de sabiduría; ¿Para que? No lo necesitamos allí. Los dones son para cumplir tu misión y allí ya no hay misión que cumplir. Ser cristiano significa oír a Dios hablar hoy. ¿Oyes su voz o no?
El canon de la Biblia está cerrado. Sus verdades están definidas. Este es el registro normativo/autoritativo de la Palabra revelada de Dios que ha tenido su punto culminante en Cristo. Aquí está todo lo necesario para nuestra salvación.
Ahora: si el canon está cerrado y a esta palabra no se le puede agregar ni quitar nada, eso significa que todas las promesas que en este canon se encuentran, son válidas para nosotros hoy. De otro modo, necesitaríamos un tercer canon.
Hebreos, Antiguo Pacto, Nosotros, Nuevo Pacto. ¡¡No hay otro!!
Cuando viene alguien y dice: yo nunca oí hablar a Dios, así que Dios no habla hoy; o cuando alguien dice: yo nunca sané a nadie, así que Dios hoy no sana; u otro que señala: yo nunca hablé en lenguas, así que el don de lenguas ha cesado; estoy pensando que escucho a alguien que no es cristiano; que no está bajo el pacto hecho en la sangre de Cristo y que está escrito y registrado en las páginas de este libro.
La autoridad no está en mí ni en la iglesia, sino en la Palabra y la Palabra afirma que Dios habla hoy. Afirmar o negar algo a partir de la experiencia personal o la falta de ella y en contradicción con las promesas y enseñanzas bíblicas, no es bíblico ni cristiano. El Nuevo Testamento enseña que cualquiera que esté sujeto al señorío de Cristo puede vivir la experiencia de oír hablar a Dios hoy.
(Hebreos 8: 11)= Y ninguno enseñará a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: conoce al Señor; porque todos me conocerán, desde el menor hasta el mayor de ellos.
También se promete el Espíritu Santo a todo el que invoque el nombre del Señor.
(Hechos 2: 21 y 39)= Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo. // Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.
Y, finalmente, se enseña que el que cree en Jesús, puede hacer todo lo que Él hizo.
(Juan 14: 12)= De cierto, de cierto os digo: el que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aún mayores hará, porque yo voy al Padre.