Creo que la palabra pañales es internacional en grado sumo y no necesita que yo la aclare para los hermanos no argentinos. Todos coincidiremos en que es un elemento poco menos que insustituible en la vida de los niños. Cambiarlos una y otra vez, es la tarea que madres, padres o allegados realizan con amor durante todo el tiempo que dure la incontinencia natural por etapa de crecimiento sin quejas ni lamentos. Claro está que, si transcurrida esa etapa y ya el niño crecido lo suficiente como para controlar sus funciones biológicas, tener que ejercer la misma tarea determinaría una contrariedad y un fastidio lógico y comprensible, salvo en casos de enfermedad o vejez. Con la vida cristiana, sucede algo más o menos similar.
Escuché hace muy poco tiempo a un ministro del Señor al cual respeto mucho, tener una expresión llena de humor al respecto, pero no por eso exenta de verdad total. Él, además de tener un ministerio sumamente específico y casi de primera línea en lo conceptual, también tiene una iglesia de la cual es el pastor principal. Y su lamento, (Que podría ser también el mío y el de miles y miles más), era que en muchas ocasiones, el tener que atender a la gente con sus problemas diarios, cotidianos y hasta inocentes, en muchos casos, le imposibilitaba dedicarse más tiempo a lo que realmente el Señor le había mandado a hacer. Hace algunos días, cuando le consultaron cómo estaba su iglesia, respondió que no sabía y que esa era una pregunta para los nuevos pastores, ya que él la había dejado en manos de otros para dedicarse a tiempo completo a su ministerio. Y allí fue donde dijo: “Mi tiempo de cambiar pañales, ya pasó”.
Me quedé pensando un largo rato en sus palabras, porque soy uno más de los que tienen un mandato claro por parte de Dios, que a veces no podemos cumplimentar debidamente por causa de nuestra compasión y amor para con aquellos que por cualquier vía nos piden ayuda. Yo ya he dicho en más de una ocasión que, por cada correo que recibo con consultas relacionadas con la palabra del Señor, que en suma es la síntesis ministerial me corresponde, recibo no menos de veinte con distintos problemas domésticos en los que se me pide consejo, oración, ayuda o participación como mediador. Nunca me negué a responder eso ni tampoco dejé a nadie sin al menos una palabra de consuelo, guía o dirección. Pero sigue siendo cambiar pañales, a eso lo tengo más que claro. Y si nuestra tarea bíblica como ministros es la de perfeccionar (Que es madurar) a los santos, créeme que pensando en lugar de ellos y no dejándolos pensar por sí mismos, no estoy precisamente colaborando para eso.
Estos son los postreros tiempos de los que Pablo le habla a Timoteo, de eso no tengas dudas. Porque siempre pensamos que decir postreros tiempos tenía que ver con diez o veinte próximos años. Pero esa era una conclusión a la cual habíamos llegado por suponer que la Biblia estaba hablando de los últimos tiempos de nuestra vida. Y en un marco de ochenta años de vida promedio, diez o veinte estaba bien para últimos tiempos. Pero ocurre que cuando la Biblia habla, siempre lo hace en sentido de iglesia, de cuerpo, nunca individualmente. Y si la iglesia tiene ya más de dos mil años, decir últimos tiempos sería hablar de doscientos o trescientos años finales. Estamos dentro de eso, no tengo dudas. Y porque así estamos, es que veo no sólo necesario, sino también inteligente acudir a esa escritura, con la finalidad de saber qué es lo que estamos viviendo, con qué nos tendremos que encontrar y qué clase de personas se acercarán a nosotros. Estudiarlo lo más concienzudamente que podamos, será la mejor forma de reemplazar la tarea de cambiar pañales por la de alimentar tropa adulta.
(2 Timoteo 3: 1) = También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos.
Si quieres tener una idea cercana a lo que Pablo quiere decir cuando rotula como peligrosos a estos días, observa el vocablo utilizado en el original: chalepos. ¿Sabes qué? Chalepos es sinónimo de ásperos, salvajes, difíciles, dolorosos, fieros, dañinos, duros de tratar. La palabra pretende describir a una sociedad desprovista de virtudes y abundante en vicios. La única razón por la cual esto se describe como peligro, está inscripta en la primera carta de Pablo a Timoteo, cuando en 4:1 le dice: Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios. Apostasía. Más allá de cualquier acepción gramatical que los diccionarios relacionan con algo que ellos llaman “religión”, lo cierto es que la palabra implica algo así como “colocarse fuera de”. Por lo tanto, lo que este verso dice y se convierte en un peligro general, es que si alguien decide colocarse fuera de la fe en la que ha venido conduciéndose, será víctima de espíritus engañadores que influirán en las personas justas que lo introducirán en doctrinas falsas. Sólo quiero hacerte una pregunta: ¿Cuál es el sitio adecuado para que alguien predique doctrina falsa? Acertaste. La iglesia. ¿Y qué sucederá cuando eso comience a ocurrir? Aparecerán los hombres (O mujeres, es genérico), con las características delineadas para que tú sepas que estás en los tiempos postreros, que son complicados y peligrosos.
(2) Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, (3) sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, (4) traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, (5) que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita.
Diecinueve adjetivos endilgados a un hombre genérico desbarrancado en estas cosas por una simple razón: haber apostatado de su fe y haberse inclinado hacia otras prácticas no relacionadas con nuestro evangelio. ¿Tú crees que hay que esperar muchos años para que eso se produzca? ¿No hay, al menos en las inmediaciones de tu congregación, gente que ha dejado a un lado las rutinas tradicionales de la iglesia, para destinar tiempo a otras prácticas aparentemente inofensivas o inocentes, vinculadas al orientalismo, a la ciencia o a los rudimentos seculares de la psicología como ciencia neutra? Por ese motivo quiero, ahora, hacer un relevamiento de estas calificaciones, para que puedas definirlas bien y fijarte si por una de esas grandes casualidades, han aparecido por tu iglesia o por otra en la cual puedas servir de ayuda
1 – Hombres amadores de sí mismos . Esto se llama Autoestima en líneas generales. Y es un conjunto de percepciones, pensamientos, evaluaciones, sentimientos y tendencias dirigidas hacia nosotros mismos, hacia nuestra manera de ser y de comportarnos. La psicología y, en muchos casos hasta la propia sanidad interior desarrollada en la iglesia, tienen como premisa elevarla en la persona con la finalidad de que se ame bien, se respete y esencialmente se valore. Claro está que en este texto no se está refiriendo a carencias, precisamente, sino a excesos. Y el exceso de autoestima llevará, indefectiblemente, a una consideración y evaluación de nosotros mismos altamente sobredimensionada. Eso siempre desembocará en injusticias cometidas hacia los demás, pretendiendo estar ejerciendo justicia hacia nosotros. En la opción, un líder con estas características siempre tendrá tendencia a hacer cosas que lo hagan quedar bien a él, por encima de como puedan quedar conceptuados sus liderados.
2 – Avaros. La avaricia es una inclinación o deseo desordenado de placeres o posesiones. Va de la mano con la codicia, que es el afán excesivo de riquezas, sin necesidad de querer atesorarlas. Ambas constituyen parte de los llamados pecados capitales, y han sido incluidas en lo que llamamos vicios. Si quieres relacionarlo con nuestros ambientes, será suficiente leer lo que Pedro dice en su segunda carta, en 2:1-3, donde leemos: Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras. (Aquí tienes tus doctrinas de demonios) , y aún negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado, y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme. No me gusta hacer hincapié en lo ya dicho, pero si hablamos de palabras fingidas, yo personalmente, he oído unas cuantas, y en su mayoría, destinadas a “convertir” billeteras.
3 – Vanagloriosos.- La vanagloria es la presunción y jactancia, (Mayoritariamente pública), respecto a los propios méritos y cualidades. Quiero recordarte que en el mundo secular esto es absolutamente corriente y casi considerado normal. En periodismo profesional, por ejemplo, (Y de esto conozco algo), reconocer un error es considerado negativo porque hace declinar la credibilidad futura, mientras que ensalzar o sobredimensionar un acierto, es estimado exactamente lo opuesto. De hecho, a partir de estos conceptos muy arraigados en el ambiente, cada escrito gráfico de diarios o revistas, cada programa de televisión o radio, son verdaderos festivales de la vanagloria, donde se dan a conocer todos los “brillantes” éxitos de sus protagonistas, al tiempo que se silencian totalmente sus errores. Ahora te pregunto: ¿Qué diferencia puedes ver con algunos de tus domingos eclesiásticos cuando, entre la música de la alabanza y la adoración, se suelen hacer esos anuncios internos que siempre tienen mucho más que ver con éxitos y aciertos que con errores cometidos?
4 – Soberbios.- La soberbia no es un asunto único e individual, sino una suma de aptitudes y actitudes que producen en una persona un efecto muy singular. Tiene que ver casi en nivel de sinónimo con la altanería, la altivez, la arrogancia, el engreimiento, el envanecimiento, el estiramiento y otros. Curiosamente, el diccionario de la lengua española en este rubro, le añade una palabra que nos resulta más afín a nosotros que a ellos: satánico. No por nada tenemos una paráfrasis del salmo 138 que conocemos con aquello de que Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes, que es la repetición modificada del verso 6, donde literalmente dice: Porque Jehová es excelso, y atiende al humilde, mas al altivo mira de lejos. Me pregunto y te pregunto: ¿De qué puede entrar en soberbia el hombre delante del trono de Dios? Absolutamente en nada, hasta el menos inteligente y lúcido puede verlo claramente. ¿Y entonces como entiendo que haya tanta soberbia? La de afuera, por desconocimiento de Dios y una vida al margen de Él. La de adentro, por ignorancia y vendas mágicas puestas en los ojos espirituales por una razón simple: no están buscando la verdad, sino algo que les haga sentir bien. No es lo mismo.
5 – Blasfemos.- La blasfemia tiene definición en áreas seculares que dicen mucho más que las nuestras propias. Un artículo en la conocida enciclopedia básica que anda en la web, consigna que es una irreverencia hacia lo venerado: Añade que en muchas culturas está muy mal visto y hasta llegan a tener categoría de delito penado por la ley que llega, en casos extremos de países con gobiernos teocráticos, hasta la pena de muerte. Pero al final del comentario está, lo que yo entiendo, es el ingrediente que nos hará pensar muy seriamente en nuestras propias formas: dice que en muchos idiomas, las blasfemias se pueden maquillar, (Esto es: disimular, ocultar, camuflar), empleando eufemismos, que es una palabra o expresión que sustituye a otra más grosera, impertinente, violenta o considerada tabú. Todo lo que hagamos o digamos supuestamente en beneficio del Reino de Dios, pero ocasionando merma en la fe y las convicciones de quienes nos lean o escuchen, o una idea distorsionada o tergiversada de Dios, es blasfemia. Y no es poca cosa, como que si está dirigida hacia el Espíritu Santo, es considerado un pecado sin posibilidades de perdón. Por ejemplo, atribuir una manifestación del Espíritu Santo a Satanás. ¿Te ha tocado vivir algo así alguna vez? Despégate de aquello, pide perdón a Dios por tu ignorancia y vuelve a estudiar el asunto.
6 – Desobedientes a los padres.- Antes de ir directamente a lo expresado, quiero que entiendas algo esencial, puntual y específico. Luzbel, o Lucero (Que significa “portador de luz”) era un ángel de alto rango que operaba casi como mano derecha de Dios. Se corrompió su corazón, anheló ser el eje de la adoración, emular a Dios e, incluso, superarlo. Para mecanizar todo ese pensamiento, lo primero que debió hacer fue desobedecer las directivas que Dios le daba, del mismo modo en que Dios se las daba a otros del mismo rango y nivel. Esto quiere decir que, si la historia de lo que llamamos “el mal”, nace de la desobediencia, cuando nos encontramos con expresiones de ella, en lo que sea, estamos hablando de influencias satánicas en las mentes de quienes la ejercitan. Quiero decir con claridad que toda desobediencia a una directiva divina y santa, es motivada por rebelión influida por Satanás y sus demonios. Esto también es válido para los hijos con sus padres, siempre y cuando las órdenes de éstos no estén en oposición al propósito y la voluntad de Dios. La palabra es clara cuando dice que los hijos deberán obedecer y honrar a sus padres, pero también cuando añade que éstos deberán respetar a sus hijos.
7 – Ingratos.- La ingratitud es una actitud de desagradecimiento, de falta de reconocimiento por favores recibidos. En nuestra sociedad contemporánea, es mucho más que moneda corriente; es casi una forma de conducción en aras de alguna clase de provecho personal. Préstamos que no se devuelven y concluyen en largos juicios donde todas las partes que otorgaron salen perjudicadas, mientras que las que recibieron se benefician con la desactualización de los valores. Avales o garantías otorgadas por buena voluntad, parentesco o amistad que terminan con el garante debiendo pagar los gastos de quien le pidiera el favor sin que a este se le mueva un músculo, al contrario, sintiendo que le corresponde eso por ser más pobre que su benefactor. Eso, el mundo. Eso, la sociedad secular, incrédula, impía y pecadora. ¿Y la iglesia? O, mejor dicho: ¿Lo que conocemos como la iglesia? Con mucho de todo esto incrustado en su seno, pero con una ingratitud mucho mayor y más trascendental: la que se experimenta contra Dios mismo. ¿O no has visto a supuestos hermanos hacer cualquier cosa que los beneficia en algún modo, con la gracia, (Que es favor) de su salvación, argumentando doctrinas denominacionales que les aseguran que hagan lo que hagan esa salvación no se perderá?
8 – Impíos.- La impiedad es, quizás, una de las palabras que más ha confundido al pueblo de Dios. Porque los rudimentos seculares del idioma español han determinado que, definitivamente, la consustanciemos con la compasión o la lástima. Entonces pensamos y decimos que le damos algo al que ha tocado a nuestra puerta como mendigo, “por piedad”. O por la misma causa ayudamos al desvalido o hambriento. Sin embargo, si repasamos nuestra Biblia en todos los textos donde esta palabra está presente, veremos que no es ese el significado que ella le otorga. Cuando habla de ciertos personajes célebres, dice que eran “hombres piadosos”, lo cual no implica que hicieran caridad o beneficencia, sino que eran fieles creyentes. Porque a eso es a lo que la Biblia le llama Piedad, al que se conduce conforme al Espíritu. Piedad es una especie de diminutivo de Espiritualidad. Por lo tanto, un impío, es alguien que no se maneja de ese modo, esto es: un incrédulo, un ateo, un agnóstico o cualquier otra catalogación que se invente para vivir fuera de Dios. Porque el mal no es una consecuencia de un error, es un resultado de una decisión: vivir fuera del ámbito espiritual de Dios. Me pregunto, aquí también, si esto debemos limitarlo al mundo secular.
9 – Sin afecto natural.- Para poder entender e interpretar debidamente la falta que se expresa en el texto, habrá que consignar en primer término cuál es su significado. El afecto natural, es el cariño o la simpatía que se experimenta hacia una persona emparentada por alguna clase de vínculo. Todos somos conscientes en que vivimos tiempos en los que esa clase de afecto, (Al que también llamamos amor), brilla por su ausencia en muchísimos hogares. Se asesinan sin la menor consideración o compasión a hijos, hijas, esposos, esposas y hasta madres o padres por cuestiones que en casos espantan por lo simples, como evitar sostenerlos económicamente, por ejemplo. También existe un desprecio llamativo por miembros de la familia, pasándolos a un segundo lugar detrás de amigos a veces con rango de desconocidos recién llegados. Ahora bien; si tenemos en cuenta que unan familia, sea como sea su relación doméstica, es la célula principal en base a la suma de tal se compone una iglesia, entonces me temo que el asunto ya no es solamente bíblico o teológico, sino contundente y real. Porque no sería extraño pensar que, en algún remoto lugar, estas generales de la ley también incluyen a las familias de pastores y líderes, lo cual es un golpe mayor si se toma desde lo ejemplificador.
10 – Implacables.- Alguien implacable, es alguien severo o inflexible, alguien que no se puede aplacar. Aplacar, mientras tanto, es mitigar, sosegar o suavizar la fuerza de algo o la excitación del ánimo. Esto, en el mundo secular, está directamente emparentado con la ira, con el enojo y, en muchos casos, directamente con la agresividad y la violencia física, que en casos llega hasta el homicidio. Dentro de la iglesia, (Porque la Biblia se escribió para la iglesia, no para el mundo incrédulo), alguien implacable tiene directa relación con el legalismo. Nunca en ninguna otra área de pensamiento se ha podido ser tan cruel, tan despiadado y tan…implacable, como con ciertos principios legalistas que todos conocemos lo suficiente como para no confundirnos. He sido testigo cercano y menos cercano de ataques furibundos, llenos de saña y cizaña para con divorciados, mujeres con ropa censurada, jóvenes en pecado de fornicación y cosas por el estilo, dejando de lado el amor de Dios para ingresar directamente en un juicio sumarísimo con sentencia incorporada y ejecución al amanecer por lapidación emocional. El correr de los tiempos, lejos de amainarlo, lo ha incrementado, pero gloria a Dios porque también han salido siervos suyos a mostrarlo en su cruda realidad.
11 – Calumniadores.- La calumnia es una acusación falsa, hecha maliciosamente para causar daño. Viene del verbo calumniar, que es atribuir a alguien falsamente y con malicia palabras, actos o intenciones deshonrosos. Es de gran “estima” en los ambientes de la política, ya que ha sido útil, es y quizás siga siendo eficaz para bajar el favoritismo de ciertos candidatos y, por contrapartida implícita, elevar la consideración de otros. También es frecuente y con amplia difusión en los ambientes artísticos o deportivos. Punto y parte con el despreciado y vilipendiado mundo secular. Pregunto: ¿Es la calumnia algo que forme parte del acontecer diario de una iglesia cristiana? No me respondas con rencores ni odios, sólo hazlo con serenidad y amor desprovistos de emocionalismos incontrolables. No puedo mentirte, ya conozco tu respuesta. A menos que hayas tenido la bendición extra y providencial de parte de Dios de caer en un lugar casi paradisíaco, a esto lo habrás vivido de cerca, de menos cerca o a la distancia, como la mayoría plena de los que alguna vez estuvimos dentro de un templo. Sólo añadiría una reflexión: cuando la calumnia se produce en la iglesia, tiene un encono, una crueldad y un desparpajo muy superior al del mundo secular. Y esto no es casual ni circunstancial. Satanás goza dando de su libreto en los ambientes que supuestamente deberían comandar los hijos de Dios.
12 – Intemperantes.- Una persona intemperante es alguien inmoderado y sin templanza, (¿Te suena este término? Debe sonarte; es uno de los frutos del Espíritu) Creo que con esto ya estaría dado el mensaje clave y esencial para un cristiano, ¿No es cierto? Porque si el mundo secular anda repleto de gente intemperante, no sólo es comprensible sino que también resulta lógico y coherente con su condición espiritual. Ten en cuenta que la templanza, valor que está ausente en la intemperancia, es uno de los frutos que el Espíritu Santo suma al Amor, que es el fruto principal y, como consecuencia de éste, anida en el corazón de los auténticos y genuinos hijos de Dios y miembros selectos del Reino de los Cielos, y no se puede esperar que ese mundo incrédulo no sólo lo posea, sino que ni siquiera lo conozca. Pero en la iglesia es diferente. Cuando un hermano cae en intemperancia, no se lo debe condenar ni fusilar al amanecer, pero sí debe ser objeto de la predicación del evangelio y de manera completa, sin recortes doctrinales denominacionales, porque es más que evidente que no ha sido lleno del Espíritu Santo como lo fue Jesús, que no lo necesitaba, y como debe ser en todos nosotros que sí lo necesitamos para ser lo que Dios ha dicho que seríamos.
13 – Crueles.- Podríamos definir a la crueldad con decenas de palabras lindas y atinadas para la ocasión, pero lo cierto es que se trata de algo que produce tanto daño, tanto en lo inmediato como en lo pasado, que solamente se me ocurre una que, pese a ser muy dura, es la que más sintetiza el significado. La crueldad es la falta total de compasión y sensibilidad para con el sufrimiento ajeno. En mi país todavía duele en el corazón de los unos y los otros, (Ideológicamente hablando), lo sucedido promediando los años setenta. Terrorismo civil y estatal batallaron para ver, precisamente, quién ostentaba mayor crueldad. Hoy se ha descubierto –y se juzga judicialmente-, que el terrorismo de estado, por tener mecanismos propios de un gobierno, tuvo el lamentable primer lugar en esa crueldad, fundamentalmente porque la tortura sistemática no es precisamente una acción de guerra. Cuando se trata de un combate entre dos fuerzas opuestas, sean cuales fueren esas fuerzas y el incentivo que las anima, la crueldad solamente se presenta cuando Satanás influye en las mentes de las personas. Hasta aquí lo secular. En lo interno eclesiástico, me limito a retornar a lo dicho en el 10, implacables. Tú ya sabes de qué hablo, sobre todo si eres parte de alguna de esas áreas que el legalismo implacable y cruel se ha solazado en agredir en el nombre de un Dios que jamás agredió a nadie.
14 – Aborrecedores de lo bueno.- En el caso humano, la palabra tiene un significado claro: tener o sentir aversión u odio hacia alguien o algo. Claro está que cuando se habla de que Dios aborrece el pecado, si bien es coherente con todo el ejido del evangelio, no se termina de entender a Dios experimentando ese sentimiento. El diccionario bíblico lo explica así: El verbo castellano está cargado de tonos emotivos y significa, algunas veces, abominar; otras, abandonar o dejar y, finalmente, aburrirse de una persona o situación. En el aborrecer bíblico también entran estos diversos matices, y además, a veces, está preñado de ira, odio o mala voluntad hacia una situación o hacia una persona. Aborrecer al prójimo o al hermano es pecado a los ojos de Dios. Quien aborrecía a su mujer y la abandonaba sin justo motivo era castigado y debía recibirla de nuevo. Pero la ley afirma que cuando existen causas legítimas para abandonarla, entonces el marido no tiene la obligación de juntarse a ella de nuevo. Cuando los sentimientos que unen a dos personas están basados meramente en la carne, el aborrecimiento puede ser un peligro muy posible. En la Biblia, «aborrecimiento» puede designar, a veces, un grado inferior de amor. Ahora lleva todo esto apuntado a lo bueno y te quedará una imagen humana deplorable.
(Romanos 1: 28) = Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen; (29) estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidio, contiendas, engaños y malignidades; (30) murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, (31) necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; (32) quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican. (Aquí tienes los motivos por los cuales sucede lo que venimos detallando más arriba. Lo opuesto sería lo que sigue, con relación a los obispos).
(Tito 1: 7) = Porque es necesario que el obispo sea irreprensible, como administrador de Dios; no soberbio, no iracundo, no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, (8) sino hospedador, amante de lo bueno, sobrio, justo, santo, dueño de sí mismo, (9) retenedor de la palabra fiel tal como ha sido enseñada, para que también pueda exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen.
15 – Traidores.- La traición es una violación de la fidelidad o la lealtad a la que se ha comprometido alguien. Esto se ve en gran medida a nivel matrimonial. El adulterio de una u otra parte es un socavón terrible para cualquier relación y la lleva a terminarse de modo abrupto y doloroso, con gran padecimiento por parte de los hijos, cuando los hubiera. Traición también es cuando alguien se abusa de la confianza de otra persona y comete actos en su beneficio que perjudican precisamente a aquel o a aquellos que confiaron en él. En el plano espiritual, traición es cuando alguien que dice ser amante del Señor y fiel a sus preceptos y principios, se vuelca a la adoración o el culto de dioses extraños. Esto es considerado adulterio espiritual, ya que la iglesia a la que decidimos adherirnos y formar parte, (No estoy hablando de congregaciones locales, aunque en algunos casos las incluya), es la novia y futura esposa del Cordero. Dentro del ambiente del pueblo cristiano sería impensable esta actitud, pero los cientos de hechos conocidos y otros tantos que no conocemos, nos llevan a pensar lo contrario.
16 – Impetuoso.- Siempre, cuando me ha tocado leer este texto, me he preguntado la razón por la cual esta particularidad está insertada en este contexto. Porque si leemos las acepciones que el ímpetu posee, no se ve en ellas algo contraproducente o pecaminoso. Dice que es un movimiento fuerte, acelerado o violento, pero añade también que es la energía y la eficacia con que se desempeña algo. Examinándolo con más atención que la superficial, llegamos a la conclusión que el ímpetu, si se convierte en atropellamiento, está en contraposición con la paciencia, la serenidad y la sobriedad con que se llama a los hijos de Dios a moverse en su medio ambiente. No parecería ser este exceso de energía vital y humana, un producto de unción espiritual, sino más bien una reacción del alma ante señales ciento por ciento humanas y sobredimensionadas en la ansiedad y el deseo de hacerlo todo ya y pronto, cuando para Dios todas las cosas llevan su tiempo kairos que es un cronos muy particular y pausado.
17 – Infatuados.- Es lo que también se conoce con el rótulo de fatuo. Una persona de esas características es una persona necia, poco inteligente, engreída y vanidosa. En el plano secular los podemos encontrar por miles, en su mayor cantidad, ocupando posiciones de liderazgo en empresas u otras áreas del comercio y la industria. La fatuidad tiene mucho que ver con el clásico jefe despótico que pretende someter por cualquier método a sus subordinados, en lugar de establecer una autoridad natural producto de una conducta coherente y transparente. Todos sabemos, (Por eso no se me contará como exabrupto), que dentro de las iglesias esto es moneda corriente. El acceso a un determinado grado de poder no suele producir afectación en los que Dios puso en ese lugar para tal menester, pero sí lo hace con otros que ingresan poco menos que por las ventanas, careciendo de los mínimos elementos espirituales como para erigirse en esas posiciones y pretendiendo mantenerlas y sostenerlas en base al miedo como forma de conducción de personas. Verdaderos pavos reales luciendo sus simbólicas plumas multicolores en sitios creados para la adoración humilde y fiel.
18 – Amadores de los deleites más que de Dios.- De alguna manera, esto tiene que ver con el hedonismo, que es una antigua doctrina filosófica basada en la búsqueda del placer y la supresión del dolor como objetivo o razón de ser de la vida. Es la doctrina que considera el placer como el fin de la vida, por lo que se deduce que los seres humanos deberíamos dedicarnos exclusivamente a vivir en su eterna búsqueda. Las dos escuelas clásicas del hedonismo, formuladas en la Grecia antigua, son la escuela cirenaica y los epicúreos. Señores: denuncio formalmente en este trabajo la prolífera actividad de los espíritus de Grecia infiltrados en nuestras congregaciones, sacando a la gente de las tareas pesadas y llevándolas solamente a aquellas que le producen placer, (aún los no santos), y también infiltrando en doctrinas denominacionales elementos de poder propios del mundo secular, tal es la democracia (Poder del pueblo), cuando la iglesia como cuerpo de representantes del Reino de Dios en la tierra, es una monarquía absoluta, donde existe un rey y todos nosotros súbditos incondicionales. Quien no acepte esto, será bienvenido en cualquier doctrina diferente, pero no en la del evangelio de Jesucristo.
(2 Pedro 2: 9) = Sabe el Señor librar de tentación a los piadosos, y reservar a los injustos para ser castigados en el día del juicio; (10) y mayormente a aquellos que, siguiendo la carne, andan en concupiscencia e inmundicia, y desprecian el señorío. Atrevidos y contumaces, no temen decir mal de las potestades superiores.
(Filipenses 3: 18) = Porque por ahí andan muchos, de los cuales os dije muchas veces, y ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo; (19) el fin de los cuales será perdición, cuyo dios es el vientre, y cuya gloria es su vergüenza; que sólo piensan en lo terrenal.
19 – Que tendrán apariencia de piedad.- Ya quedó dicho que la piedad no mes la compasión ni la lástima, según hemos aprendido del español argentinizado que hablamos por estas tierras. Es sinónimo de espiritualidad. Por tanto, un hombre piadoso es un hombre espiritual, un hombre impío es alguien que niega toda participación al espíritu u, como en este caso, una apariencia de piedad, es lisa y llanamente una apariencia o simulación de espiritualidad. Ahora bien; te pregunto: ¿Dónde alguien necesitaría presentarse con apariencia de espiritualidad? Acertaste otra vez: en la iglesia. Afuera no lo necesita. Esta clase de gente respecto a la cual Pablo previene a Timoteo, es gente que está dentro de las iglesias, que no necesariamente calienta bancos con sus posaderas, sino que pueden incluso hasta pertenecer al círculo privilegiado del líder del lugar o, directamente, puede ser éste mismo. De allí que Pablo no se conforma con advertírselo a su discípulo, sino que también menciona algo similar en su segunda carta a la iglesia de Tesalónica.
(2 Tesalonicenses 3: 6) = Pero os ordenamos, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que os apartéis de todo hermano que ande desordenadamente, y no según la enseñanza que recibisteis de nosotros. (Lo que equivale a declarar como doctrina cristiana básica a la basada en conceptos apostólicos y no en elucubraciones ligadas a la hermenéutica).
. Aquí tienes una idea muy sintética de cada uno de los personajes que verás aparecer ante tus ojos cualesquiera de estos días en tu propia iglesia o en la de tu amigo. Ya sabes con qué vas a encontrarte y también sabes que no se trata de una casualidad coincidente sino de algo profetizado con mucha antelación por más de un siervo de Dios. La gran duda o pregunta que en estos casos la gente va a formularse, es: ¿Qué hacemos con estos personajes? ¿Hay que prestarles ayuda, atención, contención y buen trato con el fin de predicarles el evangelio y lograr que se conviertan? Esa sería una excelente opción según nuestros conceptos eclesiásticos, ¿No te parece? Sin embargo la palabra de Dios encarnada en Pablo no nos sugiere ni aconseja eso. Es más; suena como una orden de tono militar y sin posibilidad de apelación. ¿Leíste lo que dice al final del verso quinto? Dice: a estos (A todos estos que te he detallado con diecinueve ejemplos prácticos), evita.
¿Qué es evitar a alguien? Es, en primera medida, apartar, precaver, impedir que algo suceda; intentar evadirse o escaparse de alguna situación. Eso es evitar. ¿Verdad que no suena muy cristiano? Cierto, no suena conforme a lo que nosotros estimamos que es de buenos cristianos, pero no puedo impedir explicarte y recordarte que es exactamente eso lo que nos ordena, no ayudarlos ni caerles simpáticos. Porque no será la primera ni la última vez que, tras una ayuda de corte netamente emocional por sobre lo espiritual, cualquiera de estos personajes delineados aquí, no sólo desgasta al mejor y más bien intencionado de los hermanos, sino que incluso puede hasta llegar a ocasionarle perjuicios muy serios en su vida personal y familiar. Ahora ya lo sabes, no puedes decir que nadie te lo dijo. Si tienes ocasión de tomar contacto con personas de estas características, sencillamente hazte humo, a menos que el Señor te ordene algo diferente de un modo claro, específico y puntual para determinado caso. Yo he aprendido que no todo necesitado que golpea a mi puerta viene a que yo le predique el evangelio. En muchos casos, he descubierto que en realidad son ellos los que vienen a predicarme el suyo, y ya pasó el tiempo donde arriesgaba mente y espíritu oyendo doctrinas de demonios de labios de supuestas víctimas en búsqueda del verdadero Camino. Fíjate como lo profetiza Pablo en su tiempo con alcance perfecto al actual.
(2 Timoteo 3: 6) = Porque estos (Las diecinueve características de los personajes que hemos examinado) son los que se meten en las casas (En la Biblia, casa siempre es iglesia) y llevan cautivas a las mujercillas cargadas de pecados, (Estas también son iglesias locales) arrastradas por diversas concupiscencias.
(7) Estas (Las mujercillas o iglesias locales), están siempre aprendiendo, y nunca pueden llegar al conocimiento de la verdad.
(8) Y de la manera que Janes y Jambres (Magos que con recursos esotéricos procuraron resistir al poder de Dios que se proyectaba a través de Moisés) , resistieron a Moisés, así también estos resisten a la verdad. (Que te quede claro: se comparan a los hombres y mujeres propietarios de estas diecinueve características con magos ligados al ocultismo). Hombres corruptos de entendimiento, réprobos en cuanto a la fe.
(9) Mas no irán más adelante; porque su insensatez será manifiesta a todos, como también lo fue la de aquellos.
Tú ya sabes cómo concluye este pasaje. Pablo le da a Timoteo algunas pautas de conducta personal y corporal necesarias para edificarse y edificar a toda la gente que pueda estar realmente buscando a Dios con sinceridad, dejando a un costado para no perder el tiempo sin frutos, a todos estos hombres o mujeres emparentados con estos diecinueve espíritus distintos pero complementarios, con los que se visten de necesitados muchos de los que vienen en búsqueda de ayuda. Es con estos con los que tú y yo debemos tomar la decisión de no cambiar más pañales. Los que tuvieron oídos para oír, habrán oído y obedecerán: los que no tuvieron oídos para oír o no quisieron hacerlo, deberán buscar por sus propios medios con la madurez que ya deberían poseer y atesorar como producto de haber oído la palabra genuina por espacio de años. Recuerda que así como siempre he dicho que ser pacífico no es sinónimo de ser pasivo, o que ser manso no implica ser menso, ahora te digo que ser servicial, no implica ser cervical, que es como atarse a un yugo satánico que se nos presenta disfrazado de ángel de luz.