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Multitud no es Victoria

Siempre decimos que si a Dios se le antoja, puede usar en su favor hasta las piedras; y es verdad. Pero tan verdad como que por norma, Dios no puede usar a todo el mundo, a menos que llegue a cierto nivel.

Dios sólo llamó y conformó ministerios para madurar gente. Usted puede tener una iglesia con dos mil miembros, es más; puede salvar a toda su ciudad y hasta toda su provincia o estado, pero así y todo, nunca va a terminar con el mandato. Porque el fin es madurar al pueblo. Cuidado: Es posible madurar gente sin doctrina. La prueba está en que tenemos mucha gente religiosa e inmadura y mucha gente que no conoce a Dios y que sin embargo sí es madura.

A veces, traducimos como ministerio al simple hecho de transmitir doctrinas y dogmas. El trabajo del ministro, (Y le recuerdo que TODOS somos ministros competentes, según Dios) es madurar a una persona. Eso es discipular. Por allí nos da pena predicar profundamente porque muchos no entienden. Entonces “alivianamos” el mensaje. Lo que Dios quiere es exactamente lo contrario: que usted crezca. Una cosa es la iglesia y otra cosa es el montón refugiado dentro de un templo. Fuimos llamados a madurar, no a entretener.

(Lucas 18: 35)= Aconteció que acercándose Jesús a Jericó, un ciego que estaba sentado junto al camino mendigando; y al oír la multitud que pasaba, preguntó qué era aquello.

La gente, cuando oye algún alboroto, inmediatamente se pregunta: ¿Qué está pasando allí? Mucha gente junta, atrae mucha gente. No necesariamente con propósito, pero la atrae. Conclusión: tener multitudes es bueno, pero no significa necesariamente tener propósito definido.

Una iglesia, en la que pasan un par de cosas impactantes, crece sola. Sin campañas, promoción ni trabajo. Aunque esté en error. Porque la mucha gente atrae a más gente. Examínese; si usted llega a una ciudad que no conoce, ve una iglesia con veinte miembros y otra donde hay más de mil y no cabe un alfiler; ¿A cuál se supone que entra usted? Ya tengo la respuesta, entonces ahora le pregunto: Si esa del ejemplo es una ciudad que usted no conoce; ¿Cómo sabe si bíblicamente la de mayor cantidad de gente está mejor plantada que la otra de veinte miembros?

Lamentablemente le tengo que decir que en la Biblia, Dios nunca hizo nada a través de grandes multitudes. Es más; si había mucha gente, las mandaba a su casa y después elegía a dos o tres y hacía. Porque el propósito de Dios no es la suma de gente, sino la calidad en espíritu de la gente. Mire esto:

(Hechos 19: 23)= Hubo por aquel tiempo un disturbio no pequeño acerca del Camino, (Cuidado; Camino con mayúsculas, significa: Evangelio) Porque un platero llamado Demetrio, que hacía templecillos de Diana, daba no poca ganancia a los artífices; a los cuales, reunidos con los obreros del mismo oficio, dijo: varones, sabéis que de este oficio obtenemos nuestra riqueza;

Usted conoce la historia. Pablo entró en Efeso y empezó a triturar a la diosa Diana. No hizo mapeo, cartografía ni seminarios de Guerra Espiritual. Es más; según el procónsul, ni siquiera blasfemó contra ella. Es decir: ni la mencionó en oración. Hay un estilo de guerra espiritual que la iglesia tiene que entender y que va más allá de una caza desenfrenada de demonios sueltos.

Ahora fíjese en esto: Pablo estuvo dos años en la escuela de Tiranno ministrando a doce hombres, no en un tremendo congreso internacional ministrando a una multitud. Le estoy hablando de Pablo, el mejor predicador de su tiempo. Razonando y persuadiendo. Es decir: construyendo una mentalidad nueva, distinta, novedosa si usted quiere.

¿Cuál fue el resultado? Los dejó en una condición tal de madurez que, cuando se fue, dijo que no era responsable de la sangre de nadie. Y todo Efeso experimentó una revolución, Diana fue destruida y nadie necesitó atarla ni sujetarla.

Mire: un Principado, – y Diana lo era -, es un poder tras un principio. Es un poder espiritual apoyado por un credo o principio terrenal. Usted ata un espíritu en una ciudad y, mientras usted ora, él no opera. Pero cuando usted se va, él se levanta nuevamente y, mientras haya mentalidades que le dan acceso, sigue reinando muy orondo, y si no mire lo que ocurre con la religiosidad y la idolatría.

Yo creo en la oración guerrera y la utilizo, pero la guerra efectiva no se limita a atar a los demonios, sino a cambiar la mentalidad de la gente a través de la Palabra de Dios revelada.  No se olvide que el principio apostólico va por encima del principio profético. De otro modo usted se puede descoser gritando, pero el espíritu sigue reinando.

Usted fíjese lo que pasa en Efeso cuando llega Pablo. Demetrio reunió a gente con un oficio similar al suyo. Cuando una reunión es entre gente de un mismo oficio, la reunión es fuerte. Cuando los oficios son diferentes, ya no lo es tanto. La gente que convocó Demetrio tenía muy claro el propósito de esa reunión. Todos vivían de lo mismo y estaban preocupados por el mismo tema. Usted, si quiere, compare.

(Verso 8)= Y entrando Pablo en la Sinagoga, – Una sinagoga, por si usted no lo ve claro, era el centro máximo de expresión religiosa de ese tiempo -, habló con denuedo por espacio de tres meses, discutiendo, – esto quiere decir RAZONANDO, no peleándose -, y persuadiendo acerca del reino de Dios.

Pero endureciéndose algunos y no creyendo, maldiciendo al Camino, delante de la multitud, se apartó Pablo de ellos y separó a los discípulos, discutiendo cada día en la escuela de uno llamado Tiranno.

¿Qué vemos aquí? Dos cosas: Primero: que la gran mayoría no entendió. Segundo: que Pablo se llevó con él a los que sí habían entendido. Esto no le otorga a usted ninguna credencial para irse porque se le ocurre y dividir su congregación, pero lo cierto es que Pablo, aquí, sí lo hizo.

(Verso 10)= Así continuó por espacio de dos años, de manera que todos los que habitaban en Asia, judíos y griegos, oyeron la palabra del Señor Jesús.

¿Usted me está diciendo que con sólo doce fulanos toda Asia oyó la Palabra? Y sí…somos un ejército que tiene infantería, artillería, tanques, aviones, misiles; pero las grandes batallas, suelen ganarse merced al trabajo anónimo y silencioso del servicio de inteligencia. Cada uno de ellos vale por cien de los otros. Son verdaderos Rambos. Tienen un común denominador que los diferencia: EXCELENCIA. ¿Cuántos se dieron cuenta que en este tiempo la iglesia necesita verdaderos Rambos espirituales? Ahora mire:

(Verso 28)= Cuando oyeron estas cosas, se llenaron de ira, y gritaron, diciendo: ¡Grande es Diana de los Efesios!

Y la ciudad se llenó de confusión, y a una se lanzaron al teatro, arrebatando a Gayo y Aritarco, macedonio, compañeros de Pablo.

Y queriendo Pablo salir del pueblo, los discípulos no le dejaron.

También algunas de las autoridades de Asia, que eran sus amigos, le enviaron recado, rogándole que no se presentase en el teatro.

Unos, pues, gritaban una cosa, y otros otra; porque la concurrencia estaba confusa, y los más no sabían por qué se habían reunido.

Vemos que en el verso 28, el grupo inicial se reunió con un mismo oficio y con el propósito de discutir qué hacer acerca del problema de los templecillos de Diana; el grupo grita a una sola voz. Hay unidad en el propósito, sea malo o bueno.

Pero la gran mayoría de los que luego se acercaron, en cambio, tenían unidad en cuanto a la actividad común, pero el fundamento espiritual de ese congregarse era una confusión. Tenían acuerdo en su actividad, pero confusión en su fundamento.

Porque está diciendo que LOS MAS, es decir: la mayoría, ¡no sabían para qué se habían reunido! Es decir que la multitud de la reunión comenzó a traer a más gente, pero aquella gente que se arrimó no tenía ni idea de por qué ni para qué se habían reunido el grupo original. Pero allí estaban, gritando igual.

Es decir: muchos se arrebataron en el espíritu del momento, pero no tenían propósito eterno; sólo estaban congregados por causa de una actividad. El primer grupo tenía entendimiento, pero el segundo fue atraído por el ruido que hacían los otros. Lo mismo sucede, a veces, en el mundo eclesiástico.

Tenemos un núcleo de gente que sí sabe lo que quiere; el resto porque está unido por actividades. Esto no suma al propósito del reino. Sin llegar a dividir, confunde. Podemos tener miles de personas congregadas y al mismo tiempo no ser efectivos en el avance del propósito de dios, reduciendo nuestras reuniones a puro activismo más parecido a entretenimiento que a propósito. Mire el verso 37, está hablando el procónsul:

(Verso 37)= Porque habéis traído a estos hombres, sin ser sacrílegos ni blasfemadores de vuestra diosa.

Lo dicho: Pablo nunca dijo nada acerca de Diana. No estaba orando en guerra espiritual contra la diosa. Lo que sí hizo fue cerrarle las puertas mediante un cambio de mentalidad de la gente.

Si la guerra espiritual funcionara tan ligeramente como muchos piensan o prefieren pensar, ya Argentina no tendría demonios. “Pero entonces, hermano; ¿Usted cree o no cree en la oración?” ¡Claro que creo! Pablo también creía. Y es más: fíjese que en un momento dado les dice a ellos que él oraba mucho más que ellos. Pero si no se le cambia la mentalidad a la gente, se anda en doble ánimo y así no se adelanta nada.

(Verso 38)= Que si Demetrio y los artífices que están con él tienen pleito contra alguno, audiencias se conceden, y procónsules hay; acúsense los unos a los otros.

Y si demandan alguna otra cosa, en legítima asamblea se puede decidir.

Lo que el procónsul está diciendo aquí es que este tipo de reunión no es legítima. Él señala que se necesita un fundamento legítimo para congregarse. Atención: Es posible tener congregación y no tener fundamento legítimo.

 

(Verso 40)= Porque peligro hay de que seamos acusados de sedición por esto de hoy no habiendo ninguna causa por la cual podamos dar razón a este concurso.

Una reunión sin propósito, es ilegal ante Dios y ante el Espíritu. Todo lo que hacemos tiene que tener un propósito y el propósito es relativo al avance del reino de Dios en la tierra, no a un montón de decisiones personales.

Cualquier tipo de congregación o reunión sin un fundamento espiritual es llamado ilegal, o fuera de orden divino. La iglesia tiene que estar conectada al propósito de Dios y no un congregarse determinados días a determinadas horas porque así se viene haciendo desde hace cincuenta años.

Ahora bien; ¿Cómo se logra esa conexión? Bien; recuerde la primera regla: madurar gente en la sociedad, no llenar su templo con gente.

La numerología matemática nunca fue el deseo de Dios. El único que contó números en la Biblia, fue David; y fue Satanás quien lo indujo. Y cuando lo hizo, a Dios le causó mucho enojo.

Sí se va a salvar la tierra; sí la vamos a llenar de su gloria; sí van a venir las masas; pero tendrá que ser a causa de la calidad, no del “llamador” de la cantidad. La calidad de Dios produce conversión; la cantidad del hombre produce adhesión. Además, la multiplicidad numérica aumenta el poder de la influencia en una iglesia.

(Verso 32)= Unos, pues, gritaban una cosa, y otros otra; porque la concurrencia estaba confusa, y los más no sabían por qué se habían reunido.

La cantidad de gente que usted tenga, le va a operar con presión de grupo. La Palabra nos dice: No corras con la multitud a hacer maldad. Esos grupos, generalmente, participan sin razonar, por simple arrebato por atmósfera del ambiente. A muchos les gusta estar en iglesias grandes porque ahí les es más sencillo y más probable hacer lo que se les da la gana. Otros, porque en grupo se envalentonan y hacen todo lo que solos, jamás se atreverían a hacer.

Mucha gente viene a la iglesia sólo a recibir individualmente: que ME cuiden, que ME eduquen los hijos, que ME aconsejen de mis barullos mentales, que ME conviertan a mi marido, que ME oren por mis dolencias, que le enseñen a MI mujer a sujetarse. Es decir: la Iglesia, una verdadera niñera social. Perdón: ¿Ese es el propósito de Dios? ¿A quien se le ocurre?

Fíjese: había un gran grupo que seguía a Jesús, pero estaba dispuesto a matarlo para poder conseguir lo que Él tenía. Cuando el ciego le gritó, alguien lo hizo callar. Bueno; el que lo hizo callar al ciego, era uno que andaba detrás de Jesús buscando lo mismo que el ciego suplicaba, me entiende?

(Éxodo 12: 35)= E hicieron los hijos de Israel conforme al mandamiento de Moisés, pidiendo de los egipcios alhajas de plata, y de oro, y vestidos.

Y Jehová dio gracia al pueblo delante de los egipcios, y les dieron cuanto pedían; así despojaron a los egipcios.

Partieron los hijos de Israel de Ramesés a Sucot, como seiscientos mil hombres de a pie, sin contar a los niños.

También subió con ellos grande multitud de toda clase de gentes, y ovejas, y muchísimo ganado.

Está muy claro. Israel salió de Egipto y con ellos una gran multitud. Israel sabía por qué salía, la gran multitud no. Ellos no entendían el propósito de Israel, pero veían el triunfo, el oro de los egipcios; les convenía seguirlos. Israel murió en el desierto por causa de esa multitud. No es nada nuevo, pero confirmémoslo.

(Números 11: 1)= Aconteció que el pueblo se quejó a oídos de Jehová; y lo oyó Jehová, y ardió su ira, y se encendió en ellos fuego de Jehová, y consumió uno de los extremos del campamento.

Entonces el pueblo clamó a Moisés, y Moisés oró a Jehová, y el fuego se extinguió.

Y llamó a aquel lugar Tabera, porque el fuego de Jehová se encendió en ellos.

Y la gente extranjera que se mezcló con ellos tuvo un vivo deseo, y los hijos de Israel también volvieron a llorar y dijeron: ¡Quién nos diera a comer carne!

¿Quién produjo en el pueblo el deseo de comer carne? Una multitud que continuaba buscando. Siempre hay gente que quiere seguir comiendo maná viejo. Porque se les hace más fácil, no tiene que trabajarlo. No conoce el propósito.

“¡Ay hermano! A mí me gustaba más como se predicaba antes, era más sencillo; un versículo, un mensaje de veinte minutos y todos nos íbamos contentos…” No importa si lo que se predicaba tenía que ver o no con el versículo que se había leído. La cuestión era no pensar tanto y, fundamentalmente, no estar obligado a leer la Biblia…

Ellos estaban con Israel, pero no estaban con dios ni conocían su corazón. Pero así y todo, por numerología, inyectaron una mentalidad al pueblo. Hoy, a la iglesia, le sucede algo muy parecido. No vienen por el propósito, el objetivo o el llamamiento, vienen por conveniencia; e inyectan su mentalidad a los santos.

Dios nos llamó a madurar gente, no a perder tiempo con el que no entiende. Y le explico por qué: estamos leyendo la Biblia, no a un buen comentarista, amén?

Comienzan a oír una palabra y recuerdan lo angosto de la enseñanza primaria. Pese a eso, aparentan estar en la verdad presente. Y en vez de presionar para crecer, avanzar y madurar, presionan para lo contrario. Entonces llevan a la iglesia a encogerse para que a todo el mundo le guste y aparentan conformar una iglesia contenta con el mover presente. Pero Dios nos llamó a madurar gente. La palabra misma nos dice que Dios no construye su casa con una multitud mixta.

(Esdras 4: 1)= Oyendo los enemigos de Judá y de Benjamín que los venidos de la cautividad edificaban el templo de Jehová Dios de Israel, vinieron a Zorobabel y a los jefes de las casas paternas, y les dijeron: edificaremos con vosotros, porque como vosotros buscamos a vuestro Dios, y a él ofrecemos sacrificios desde los días de Esar-Badón rey de Asiria, que nos hizo venir aquí.

Zorobabel, Jesús, y los demás jefes de casas paternas de Israel dijeron: no nos conviene edificar con vosotros casa a nuestro Dios, sino que nosotros solos la edificaremos a Jehová Dios de Israel, como nos mandó el rey Ciro, rey de Persia.

La multitud mixta, no participa de la construcción del templo. Estamos viendo un tiempo de reforma y, en los tiempos de reforma, vamos a ver separación entre lo que es la gente de propósito y las multitudes; gente que recibe a Jesús, pero que no sirve a Dios. Gente que no se pierde un culto, una reunión, un servicio o como le guste llamarlo, pero que no adelanta el propósito de Dios. Por eso es que hay un énfasis en abortar todo lo que sean relaciones políticas o de conveniencia. La verdad es que si usted va a hacer lo que Dios quiere que haga, no va a poder estar bien con todo el mundo. Apunte al trigo; de la cizaña, en su tiempo, se va a encargar el Señor.

(2 Reyes 17: 24)= Y trajo el rey de Asiria gente de Babilonia, de Cuta, de Ava, de Hamat y de Sefarvaim, y los puso en las ciudades de Samaria, en lugar de los hijos de Israel; y poseyeron a Samaria, y habitaron en sus ciudades.

(Verso 29)= Pero cada nación se hizo sus dioses, y los pusieron en los templos de los lugares altos que habían hecho los de Samaria; cada nación en su ciudad donde habitaba.

(Verso 33)= Temían a Jehová, y honraban a sus dioses, según la costumbre de las naciones de donde habían sido trasladado.

Hasta hoy hacen como antes: ni temen a Jehová, ni guardan sus estatutos ni sus ordenanzas, ni hacen según la ley y los mandamientos que prescribió Jehová a los hijos de Jacob, al cual puso el nombre de Israel.

Este pasaje nos muestra que el trasfondo siguió siendo el mismo desde que salieron de Egipto. La misma mentalidad. Viajaban y siempre traían gente que no tenían que traer y se subdividía el propósito de Dios. Ni servían a Dios ni le hacían rendir culto correcto a sus dioses. Es decir: cada uno trajo su propia cultura. Y Dios dice: si tú no defines tu cultura, la iglesia te define a ti…

La cultura es lo que se siente cuando usted entra a un templo. Es el orden divino al cual todo el mundo se somete. Cuando alguien entra a nuestra casa, percibe una atmósfera a la cual se somete automáticamente. Hay casas que evidencian una situación de desorden espiritual; no hace falta demasiado discernimiento para sentirlo. Otras muestran inmediatamente ese orden. Y no porque haya alguien dando órdenes; donde hay orden, cada uno sabe lo que tiene que hacer. Así es la iglesia.

Esto se hace por medio de lo que usted dice, por como lo dice, por como lo canta. Si usted siempre sugiere la ofrenda, jamás tendrá el ciento por ciento del diezmo. La Palabra nunca dijo que la ofrenda fuera voluntaria; lo que sí es voluntaria es la cantidad. Si se enseña la verdad, la gente aprende la verdad. Si no queremos ofender o buscamos ser simpáticos, nunca tendremos el ciento por ciento de nada.

En cada templo, en la entrada, tendría que haber un par de canastas. Usted llega, pasa por allí, deja su ofrenda y después participa de la reunión. Si pasa de largo, usted no es iglesia, es visita. Porque la Palabra dice que no tiene que venir con las manos vacías. ¿Qué hace viniendo con las manos vacías? Son leyes. Dios nunca sugiere; Él ordena. Usted obedece o se rebela. Punto.

(Nehemías 10: 28)= Y el resto del pueblo, los sacerdotes, levitas, porteros y cantores, los sirvientes del templo, y todos los que se habían apartado de los pueblos de las tierras a la ley de Dios, con sus mujeres, sus hijos e hijas, todo el que tenía comprensión y discernimiento.

Note, en el tiempo de la reforma, quiénes eran los que se congregaban: los que tenían entendimiento y discernimiento. Cuando Nehemías y Esdras comienzan a restaurar y traen el libro de la palabra, y comienzan a hacer una reforma, hacen un pacto y renuevan con Dios, vemos que la gente que está congregada es gente de entendimiento y discernimiento.

Esto es un proceso. Esa es la plomada que sirve para evaluar el nivel y la rectitud de lo edificado. Dios no puede juzgar naciones sin tener una casa sobre la cual pararse, que esté bien aplomada.

En Amós 7:1, vemos que tres veces trata Dios de traer juicio a la tierra, pero los profetas detienen su mano. Pero luego, cuando va a hacerlo la última vez, el profeta no puede detener su mano.

(Amós 7: 1)= Así me ha mostrado Jehová el Señor; he aquí él criaba langostas cuando comenzaba a crecer el heno tardío; y he aquí era el heno tardío después de las siegas del rey.

Y aconteció que cuando acabó de comer la hierba de la tierra, yo dije: Señor Jehová, perdona ahora, ¿Quién levantará a Jacob? Porque es pequeño.

Se arrepintió Jehová de esto: no será esto tampoco, dijo Jehová el Señor.

Me enseñó así: he aquí el Señor estaba sobre un muro hecho a plomo, y en su mano una plomada de albañil.

Jehová entonces me dijo: ¿Qué ves Amós? Y dije: una plomada de albañil. Y el Señor dijo: he aquí yo pongo plomada de albañil en medio de mi pueblo Israel: no lo toleraré más.

Cuando Dios encuentra una casa aplomada, en preciso nivel y recta donde pararse, entonces dice: ahora no hay quien me detenga. Pero mientras lo que está aconteciendo allá esté aconteciendo aquí, Dios no tiene donde pararse. Tiene que tener una casa a plomo. Plomo tiene que ver con perpendicularidad. Esto es rectitud, nivelo, firmeza, garantía.

Cuando Dios tiene un ejemplo, es cuando Dios dice: ¿No has visto a mi siervo Job? ¿Qué no hay como él en la tierra? Job es la iglesia. Satanás dice: ¡Eh! ¡Qué gracia! ¡Lo que pasa es que tú lo proteges mucho! ¡Suéltala un momento a ver qué pasa! ¿Quieres? – Está bien, – dice Dios -, pero no la puedes matar, entiendes? Entonces allí es donde comenzamos a pasar tiempos difíciles. A ver si el plomo se sostiene dentro de estos tiempos…

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enero 1, 2015 Néstor Martínez