Hablamos de ella en cada mensaje; la mencionamos en cada predicación o en cada enseñanza. Usted escuchó cada uno de esos mensajes y recibió cada una de esas predicaciones y enseñanzas. Usted ya la conoce como palabra: se llama Gloria. La pregunta que me queda en el inicio de este breve trabajo, entonces, es: ¿Qué sabe de la Gloria como Gloria misma?
¿Qué dicen los libros que es la Gloria? Dicen, entre otras cosas, que es la enorme satisfacción de sentirse elevado por encima de todo lo habitual, de todo lo acostumbrado. Es el placer de ser protagonista, partícipe o participante de algo que los demás no pueden hacer. ¿Ejemplos? Varios. En el deporte, en los negocios, en la política, en la vida social, en el ambiente artístico y, como no podría ser de otro modo, en el ambiente religioso, esto es: en la iglesia local. No en el ambiente espiritual, no se confunda, sólo en el religioso. Lo espiritual es divino, lo religioso es humano. Por esa causa.
Ya ha sido dicho y es una irrenunciable verdad: todo lo que no es para la gloria de Dios, indefectiblemente será para vanagloria, que es como decir para una especie de glorificación de nosotros mismos. ¿Qué se glorifica en su lugar de congregación? ¿Es la figura de Jesucristo o la de algún determinado personaje “importante”? Si es lo primero, hay larga vida abundante. Si es lo segundo, hay peligro inminente. ¿Por qué?
Porque Dios siempre protege su gloria. Si quiere, Él puede mostrarle a usted una leve llovizna de su gloria; puede participarle de esa llovizna húmeda y cálida; puede convertirle a usted, por amor a su nombre, en protagonista o semi-protagonista de ella, pero siempre es y será SU gloria, no la suya. Haga usted lo que haga; haya recibido usted lo que haya recibido de Él, sea usted quien sea y signifique usted en el ambiente cristiano lo que signifique, por su propio bien, Dios, jamás habrá de cederle a usted un gramo de su gloria.
1 – ¿CÓMO ES LA GLORIA DE DIOS?
En el libro del Éxodo, capítulo 24, dice que es como fuego abrasador; Éxodo capítulo 40 lo asemeja a una nube que lo cubre todo; 1 Reyes da cuenta que los sacerdotes no pudieron resistirla. El salmo 19 dice que son los cielos los que le cuentan y le muestran a usted esa gloria; Según Lucas capítulo 2 viene acompañada de un gran resplandor; Según se cuenta en el libro de los Hechos con relación al padecer de Esteban, la gloria de Dios permite morir con paz, con gozo y sin experimentar ni miedo ni dolor.
(1 Corintios 3: 18)= Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.
2 – ¿QUÉ ES GLORIARSE EN DIOS?
David, en el Salmo 34, se gloría en Jehová a través de su alma, esto es: con sus emociones, sus sentimientos, su voluntad y su intelecto. A todo esto, el Salmo 44 dice que debemos gloriarnos en Él, todo el tiempo. Isaías asegura que el pueblo de Israel se gloriará por la justificación. Romanos separa la condición de judío y el culto obediente de la ley por el gloriarse en Dios. Las cartas a los Corintios hablan de la importancia que se le da a la gloria, cuando se nos dice que si queremos gloriarnos, debemos gloriarnos en el Señor.
3 – ¿COMO CUMPLIMOS CON EL DEBER DE GLORIFICAR A DIOS?
1 – CON ALABANZA
(Salmo 22: 23)= Los que teméis a Jehová, alabadle; glorificadle, descendencia toda de Jacob, y temedle vosotros, descendencia toda de Israel.
2 – CON BUENAS OBRAS
(Mateo 5: 16)= Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.
3 – LLEVANDO FRUTO
(Juan 15: 8)= En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.
4 – CON UNIDAD ESPIRITUAL
(Romanos 15: 6)= para que unánimes, a una voz, glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo.
5 – CON UNA ENTERA CONSAGRACIÓN
(1 Corintios 6: 20)= Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro espíritu, y en vuestro cuerpo, los cuales son de Dios.
4 – ¿COMO ALABAMOS A DIOS?
En principio, la alabanza no es una decisión religiosa ni una opción congregacional, es una orden universal. “Todos los pueblos te alaben”. La alabanza es perpetua: “Ofrezcamos siempre a Dios sacrificios de alabanza”. Se alaba con cánticos: “Cantad a Jehová”. Y con instrumentos musicales: arpa, salterio, etc. Finalmente, hay cuatro razones para alabar: 1) Somos linaje escogido; somos real sacerdocio; somos nación santa y somos pueblo adquirido por Dios.
5 – ¿COMO EXALTAMOS A CRISTO?
Teniendo muy en cuenta que fue recibido arriba y sentado a la diestra (El poder) de Dios. Porque resucitó de los muertos venciendo a la muerte y a Satanás. Porque Dios mismo lo exaltó y le dio un nombre que está sobre todo nombre. Y porque en los cielos se grita a gran voz que el Cordero inmolado, es digno de tomar El Poder, las Riquezas, la Sabiduría, la Fortaleza, la Honra, la Gloria y la Alabanza.
6 – ¿COMO AGRADECEMOS A DIOS?
Si bien nos exhorta a agradecer a Dios por las bendiciones, no se sabe muy bien siempre cómo hacerlo. En principio siendo realmente agradecidos. Dando gracias en todo. Bendiciendo su nombre y publicando sus obras con júbilo.
7 – ¿COMO HONRAR A DIOS?
Adorándolo en su hermosura. Engrandeciéndolo. Exaltándolo.
8 – NO SUCUMBIR A LA HONRA MUNDANA
La llamada honra mundana suele ser ofrecida como soborno. Es una especie de tributo al éxito o la riqueza. La honra mundana es transitoria. Es un impedimento para la fe.
9 – ¿CUANTO VALOR TIENE LA GLORIA DE LOS HOMBRES?
(1 Pedro 1: 24)= Porque: toda carne es como hierba, y toda la gloria del hombre como flor de la hierba. La hierba se seca, y la flor se cae.
10 – TODA LA GLORIA ES DE DIOS
(1 Pedro 4: 11)= Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.
Una de las tareas que le tocaban a los levitas era la de cuidar todos los utensilios que se usaban en el tabernáculo. A ellos se les había encargado mantenerlos en óptimas condiciones y listos para usarlos en cualquier momento. Me imagino que esto significaba lavar, limpiar y pulir estas herramientas que eran de oro, plata y piedras preciosas. Al tener que hacer uso de cualquiera de los utensilios, estos tenían que estar listos, limpios y bien cuidados.
¿Cuál será la aplicación actual de esto para nuestras vidas y nuestros ministerios? Bueno, los utensilios eran herramientas e instrumentos que servían para apoyar el servicio al Señor. Estaban en el tabernáculo justamente para asistir en todo lo que tenía que ver con ministrar al Señor, y por eso era importante que esta “herramienta” siempre estuviera lista, dispuesta y preparada para cuando uno de los sacerdotes necesitaba hacer uso de cualquiera de ellas. Los utensilios son aquellas cosas que tenemos para asistirnos y apoyarnos en el servicio al Señor. Visto d esta manera, creo que es fácil ahora entender cuales son los “utensilios” de hoy en día: los dones, las habilidades, los “regalos” que da Dios para ayudarnos a servirlo mejor.
Debemos recordar siempre que los dones que tenemos son para que Él pueda recibir gloria de ellos, y no para ninguna otra razón. Estos dones que nos ha dado son nuestros “utensilios” para servir mejor al Señor. Por eso es importante que como sacerdotes del Nuevo Pacto, usted y yo tengamos un compromiso de mantener en óptimas condiciones nuestros utensilios, para que en el momento en que tengamos que disponer de ellos, estén pulidos, brillantes, limpios y listos para dar realce al servicio del Señor.
Aquellos “levitas” que no limpian y preparan sus utensilios son los que siempre están ofreciendo las cosas a medias, mal hechas, mal preparadas y de muy mal gusto. Como sacerdotes del Nuevo Testamento, nuestros utensilios, nuestros dones y nuestras habilidades, dados por Dios mismo, deben estar siempre preparados en máximas condiciones, para poder ofrecer nuestros “sacrificios de alabanza”.
Una de las cosas que más desconcierta al hablar de los dones que Dios nos ha dado, es el descuido, o el tomarlos con menosprecio. Cuantas veces hemos oído o visto a ciertas personas decir algunas cosas tales como: “TENGO que dirigir la alabanza”; “TENGO que predicar”; “TENGO que trabajar en una campaña evangelística”; “TENGO que ir a la radio”; “TENGO que esto, TENGO que aquello…” Cuando debería existir una mentalidad de privilegiado. El que Dios haya depositado estos dones en vasos tan feos como lo somos nosotros, es una dicha, un regalo, un verdadero privilegio, no un esfuerzo del que tengamos que renegar.
La gloria de Dios empieza en una real consagración, continúa en una progresiva y profunda limpieza y termina en la base fundamental del evangelio y la Vida Eterna: La Fe. Todos recordamos cuando nuestras madres nos insistían en que nunca llegáramos a comer a la mesa con las manos sucias. ¿Por qué sería esto? ¿Por que querían molestarnos y darnos una cosa más que hacer, entre todas las que ya nos habían encargado? ¿Sería que no tenían otra cosa que hacer que recordarnos hacer cosas que, para nosotros, en el momento parecían absurdas y tontas? ¿Habrán sido estas las razones? No. La razón principal por la que nuestras madres querían que nos acercáramos a la mesa con las manos limpias, era por motivos de higiene y salud. Ellas sabían que para tomar los “utensilios” con los que íbamos a llevar alimentos a nuestra boca, teníamos que tener las manos limpias, para no llenar nuestro cuerpo de gérmenes y microbios que nos podían traer alguna enfermedad. Ellas insistían en que nos laváramos las manos para nuestro propio bien. Hay una aplicación tremenda en esta verdad. Cuando usted y yo tomamos los utensilios del Señor, ¡debemos hacerlo con las manos limpias! Es una deshonra hacer uso de los dones y de las habilidades que el Señor en su gracia nos ha dado, si nuestras manos no están limpias.
(Isaías 52: 11)= Apartaos, apartaos, salid de ahí, no toquéis cosa inmunda; salid de en medio de ella; purificaos los que lleváis los utensilios de Jehová.
Moisés, en pleno camino al frente del pueblo sacado de Egipto, en un rapto de fe, de deseos y de euforia valiente, le pide a Jehová que le muestre su gloria.
Dios mismo, a través de su santa palabra, se encarga de responderle hipotéticamente a Moisés, a usted, a mí y a todos los que reclamamos pública o privadamente esa pretensión cuando dice: “¿No te he dicho que si CREES, verás la gloria de Dios?