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Mayordomos del Reino

Uno de los refranes populares que mayor credibilidad parecería tener, es aquel que dice que “Cada hombre tiene su precio marcado en su frente”. Suena fuerte e imposible de relacionar con un cristiano fiel y verdadero. Sin embargo, si hemos de tener los pies bien plantados sobre las duras realidades que nos toca observar, sabemos muy bien que, en muchos casos, este adagio ha incluido a personas que se autodenominan como “cristianas”.

Es que, indefectiblemente, todo pero absolutamente todo, pasa por la fe y la confianza. Cuando ellas están ausentes o limitadas, las cosas invariablemente serán muy diferentes. Porque si hay certeza de lo que se espera y convicción de lo que no se ve, sumido a la confianza de saber que, suceda lo que suceda Dios siempre será fiel y estará allí, no hay modo de sucumbir ante la componenda, el cohecho, el soborno, el “arreglo” o como quiera que se llame en su país a la compra por parte de un hombre de la voluntad de otro.

Y aunque este parecería un tema muy de este tiempo, donde las corrupciones ambientes en el mundo secular e incrédulo (Con cierta participación, a veces, en círculos que se estiman no tan incrédulos) son tan proliferantes, hay un relato en la Biblia que pasa por este costado y sienta precedente histórico a una de las máximas debilidades del ser humano. Es un hecho que, en una primera y quizás somera lectura, podría llegar a determinar entendimientos desviados.

Es más: este estudio no nos llegó como revelación del cielo, sino a partir de propuestas de hermanos que, en una primera instancia, no llegaban a interpretarlo, especialmente con relación a algunas respuestas que Jesús produjo allí. Como nadie nace sabiéndolo todo y un maestro del Señor según Efesios 4:11 depende pura, única y exclusivamente de Él y no de su sabiduría humana, debimos orar y escudriñar con extrema delicadeza y precaución esperando, confiados, que el Espíritu Santo quisiera revelarnos el resto, a los fines de que esta escritura salga, definitivamente, de la oscuridad y pase a la luz del conocimiento. En el final, usted verá si eso ha sido así o todavía falta.

(Lucas 16: 1)= Dijo también a sus discípulos: había un hombre rico que tenía un mayordomo, y este fue acusado ante él como disipador de sus bienes.

Comencemos por ver qué es un mayordomo. Los vocablos griegos EPITROPOS y DIKONOMOS, conllevan una misma idea de administración y superintendencia, control de asuntos domésticos y servicios en bien del amo. Muy bien; en este caso, dice que se trataba del administrador de un hombre rico. Y que fue acusado de derrochar el dinero de su patrón. Al margen de la verdad que pudiera haber en esto y de cómo prosiga la historia, nadie se ha tomado aún el trabajo de analizar quien o quiénes lo acusaron y cuál fue la especial motivación para que lo hicieran. Tratándose de un hombre rico, bien puede haber sido alguien que tratara de congraciarse con el amo, a los fines de recibir alguna prebenda, o bien pudo tratarse de alguien que le estaba “moviendo el piso” al mayordomo, con la finalidad de quedarse con su función, la que sin dudas tiene que haber estado muy bien remunerada. Esto no ha quedado en la historia, todavía hoy es moneda corriente en cualquier sitio de trabajo. El caso es que el hombre rico, no lo dudó.

(2) Entonces le llamó (El patrón a su mayordomo) y le dijo: ¿Qué es eso que oigo acerca de ti? Da cuenta de tu mayordomía, porque ya no podrás más ser mayordomo.

A juzgar por su reacción, no parecería ser un hombre demasiado justo ese patrón. Independientemente de la dosis de verdad que pudiera haber en la acusación (Que luego se verá que sí la había) fíjese que en el mismo momento en que le pide que le rinda cuentas para conocer e indagar si verdaderamente hubo mal desempeño de sus funciones, ya le está comunicando que, como quiera que resulte la investigación y la rendición de cuentas, el mayordomo va a quedar cesante, ha perdido su trabajo y para a ser un desempleado. ¿Por qué? Es la pregunta que surge inmediatamente. Quizás porque ese amo sabía de antemano que la acusación tenía bases de verdad o, sencillamente, porque ya le había perdido la confianza. Entonces es bueno reflexionar y le ayudo: ¿Cuál hubiera sido SU reacción al oír algo así?

(3) Entonces el mayordomo dijo para sí; ¿Qué haré? Porque mi amo me quita la mayordomía. Cavar, no puedo; mendigar, me da vergüenza.

No sé si usted alguna vez pasó por el drama de perder un trabajo, pero si lo vivió, sabe muy bien lo que este hombre estaba experimentando. Y más allá, reitero, de si había sido infiel o no con su amo. Aunque la Biblia no lo diga claramente, no cabe dudas que este hombre, el mayordomo, o bien tenía ya algunos años como para pensar en salir a ganarse la vida trabajando físicamente, o bien el trabajo sedentario lo había debilitado. Seguidamente, vemos que más allá de cuál hubiera sido su condición social antes de ejercer esa mayordomía, ese trabajo lo había convertido en alguien delante de la sociedad de su tiempo y, a partir de ello, imagínese usted el grado de vergüenza que podía llegar a experimentar si tenía que salir a pedir limosna delante de, quizás, los mismos con los que habría compartido momentos desde su sólida posición de mayordomo. Esto no es un hecho aislado y antiguo que sirve para una moraleja. Este es un hecho que, en más de una oportunidad, hoy, ha tenido expresiones bien concretas en nuestra sociedad contemporánea, y muy especialmente en mi país, la Argentina.

Estoy de acuerdo, el “status” no es un invento de los “gauchos de las pampas”. Está tan globalizado como la gran parte de las cosas en el mundo. Y es una palabra que encierra factores íntimos tan profundos y gravitantes que, alguna vez, seguramente algún siervo del Dios Altísimo encontrará la Palabra de Dios que lo pueda tratar debidamente, desmenuzar bíblicamente y proporcionar la revelación exacta del Espíritu Santo que ponga las cosas en su lugar. No tanto en un mundo incrédulo que ni siquiera sabe quién es el Espíritu Santo, sino en el propio pueblo de Dios donde, lamentablemente, esta palabra no está ausente del todo. Inmediatamente a esta reflexión, sin embargo, este buen hombre de pasa al segundo paso natural: La Estrategia.

(4) Ya sé lo que haré para que cuando se me quite de la mayordomía, me reciban en su casa.

Nos queda aquí en clara evidencia, que lo que más le interesa a este hombre, no es ya mantener su trabajo a partir de su manutención, sino la posición en la que va a quedar luego delante de la sociedad. De esa misma sociedad a la que él, desde su posición de mayordomo, es notorio que no había considerado ni tratado demasiado bien y que, por este motivo, es que imagina la marginación y el descrédito como represalia. El término que él utiliza como SE ME QUITE, allí y con relación a su trabajo, está encerrado en la palabra MATHISTEMI, y tiene como significado y traducción literal: “Poner al lado” o “Poner a un lado”. La palabra indica un cambio de un lugar a otro, una remoción, una transferencia, una recolocación. En este caso, la acción resulta negativa, pero Colosenses 1:13 lo muestra desde el lado positivo, cuando dice: El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado (METHISTEMI) al reino de su amado Hijo. Una vez elaborada la estrategia, entonces, el hombre va a comenzar a hacerla efectiva.

(5) Y llamando a cada uno de los deudores de su amo, dijo al primero: ¿Cuánto debes a mi amo?

De este verso, la única duda que surge, es la que conlleva la misma pregunta que el administrador le hace al deudor. ¿Cuánto debes? La duda, es: ¿No sabía él lo que el otro estaba debiendo? Si era un administrador global de los bienes de su patrón, (Y aparentemente, lo era) no podía desconocer de ninguna manera esa información. Entonces, ¿Por qué hace la pregunta? Es un estilo de seducción por estrategia dialéctica. A partir de lo que indudablemente iba a ser una respuesta honesta y cierta por parte del deudor, él iba a tener facilitado su camino para poner en marcha el plan que había pergeñado. Observe.

(6) Él dijo: (Se está refiriendo al deudor) cien barriles de aceite. (Aquí, literalmente, dice BATOS en lugar de Barriles, lo que estima la deuda en unos 3.700 litros) y le dijo: toma tu cuenta, siéntate pronto, y escribe cincuenta.

(7) Después dijo a otro: y tú, ¿Cuánto debes? Y él dijo: cien medidas de trigo. (Esto, literalmente, son cien “coros”, un equivalente a 37.000 litros) él le dijo: toma tu cuenta, y escribe ochenta.

(8) Y alabó el amo al mayordomo malo por haber hecho sagazmente; porque los hijos de este siglo son más sagaces en el trato con sus semejantes que los hijos de luz.

Convengamos que a primera vista, este versó último no alcanza a entenderse, ya que nos muestra a un patrón estafado, elogiando al hombre que precisamente, lo ha estado estafando. El texto de la Nueva Versión Internacional, sin embargo, con un par de palabras traducidas con mayor amplitud, ofrece otro panorama. Allí dice: Pues bien, el patrón elogió al administrador de riquezas mundanas por haber actuado con astucia. Es que los de este mundo, en su trato con los que son como ellos, son más astutos que los que han recibido la luz.

Es indudable que esta traducción muestra una faceta diferente del mismo tema. Es más: donde dice ADMINISTRADOR DE RIQUEZAS MUNDANAS, en otras versiones, dice “Administrador deshonesto”, y en otras más: “Administrador de Injusticia”. La duda en el sentido de por qué el amo alaba ese comportamiento malo, entonces, parte desde la base de que el amo, es de la misma estirpe deshonesta del mayordomo, pertenece a la misma calidad de hijos de este siglo, lo cual no habla de un período de cien años, sino de Cosmos, que se interpreta como Sistema; Sistema mundano. Y señala que en ese sistema, la astucia, que dicho sea de paso no es una virtud de los cristianos, sino un patrimonio de los hijos del diablo, no sólo es bien vista sino reconocida aún por los mismos que pudieran haber sido perjudicados por ella. En la Argentina, mi país, esto no es desconocido ni excéntrico. Por años el mundo ha estado alabando algo que se ha dado en llamar “viveza criolla”, que no es otra cosa que esa misma astucia.

En cuanto a nuestra calidad de hijos de la luz, no es ocurrente. Ante la pregunta de quién era el Hijo del Hombre por parte de sus discípulos, Jesús les responde: Ustedes van a tener la luz sólo un poco más de tiempo (Jesús les está anticipando su muerte) caminen mientras tienen la luz, antes de que los envuelvan las tinieblas. El que camina en tinieblas no sabe adonde va. Mientras tienen la luz, crean en ella, para que sean hijos de la luz. Simple. Somos hijos de luz porque creemos en Cristo, que es la luz del mundo. Esto, según Juan 12. Pablo lo corrobora, en Efesios 5, cuando dice: Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz.

Y en 1 Tesalonicenses 5 lo vuelve a decir pero con un alcance que, de pronto tiene que ver hasta con nuestra juventud y alguien de sus dudas: Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas. Esta expresión “Hijos de luz”, además, refleja también indudablemente el trasfondo judío de Pablo. En el lenguaje hebreo se utiliza la frase “hijo de…” para identificar lo que es característico de ser persona: Bernabé, por ejemplo, significa “hijo de la consolación”. El título de “hombre esforzado” que tomó para sí mismo el rey Saúl en medio de la batalla, se describe literalmente en hebreo como “hijo del poder”. Los cristianos, entonces, disfrutamos del esplendor de la luz y evitamos potencialmente destructivas sorpresas de la noche.

(9) Y yo os digo (Ahora el que va a decir lo que piensa de todo esto, es Jesús) ganad amigos por medio de las riquezas injustas, para que cuando estas falten, os reciban en las moradas eternas.

Este es el verso que de alguna manera se encuentra en cierta oscuridad de revelación. La parábola del mayordomo deshonesto ilustra, en cierta forma, la mayordomía de la riqueza. Es más que obvio que Jesús de ninguna manera aprueba el fraude que este hombre ha realizado, pero sin embargo aprueba y hasta elogia su prudencia para usar las oportunidades del presente para incrementar su futuro patrimonio. Es que este hombre no vaciló en estafar a su propio patrón (El que dicho sea de paso no era mucho mejor que él) no ya para hacerse de más dinero, sino para ganarse la simpatía de los deudores, que luego tendrían que ser quienes le consiguieran algún trabajo o medio de vida acorde con sus posibilidades. Jesús, entonces, lo que deja en evidencia aquí, es que las riquezas injustas, no son un elemento que nos deba hacer perder el sueño, ya que para lo único que sirven, son para cimentar amistades que nos permitan acceder mediante Jesucristo, a las moradas eternas.

A propósito de este verso, hay otra versión que lo traduce de esta manera: Por eso les digo que se valgan de las riquezas mundanas para ganar amigos, a fin de que cuando estas se acaben haya quienes los reciban a ustedes en las viviendas eternas. Aquí salta mucho más a la vista que, de lo que se está hablando, es de la validez de las relaciones humanas, muy por encima de las comerciales o materiales. Jesús de ningún modo sugiere aquí que una persona deba comprar su entrada al cielo, sino que pone de relieve que la forma en que se ejercita la mayordomía constituye una prueba de nuestra relación con Dios.

Claro; hay muy poca formación al respecto como para entender que la Biblia pueda referirse, en su textualidad, a las formas que los hombres pueden implementar para interrelacionarse. Nos hemos creído que todo se trata de la mayor y más alta de las espiritualidades y se acabó. Cuidado: nadie dice que no deba andarse y vivir en el Espíritu, ya que eso es así y no se discute. Lo que sucede es que una gran mayoría de cristianos (Porque el mundo no la conoce ni la lee) no tiene en claro en absoluto que la Biblia es, además de la Palabra de Dios, un verdadero manual de vida.

Hay algunos otros textos que tienen que ver con este principio. Mateo 6:19 dice: No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones (Como nuestro mayordomo del relato) minan y hurtan. Y luego el verso 24, que más adelante será parafraseado en nuestro pasaje base. Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá a uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas. En el capítulo 19 y verso 21, hay otro relato emparentado. Allí Jesús le dice a un joven rico que le acaba de preguntar que bien tendrá que hacer para acceder a la vida eterna: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoros en el cielo; y ven y sígueme. Lucas 11:41, agrega: Pero dad limosna de lo que tenéis, y entonces todo os será limpio; haced bolsas que no se envejezcan, tesoro en los cielos que no se agote, donde ladrón no llega ni polilla destruye.

(10) El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto.

Este es un claro principio de honradez que, de alguna manera, pinta de cuerpo entero al mayordomo. Sin embargo los códigos mundanos valoran estas fallas y las convierten en valores positivos. De allí que el amo alabara su comportamiento, que es como decir: Me estafaste, ¡Pero qué inteligente eres! ¿Recuerda Mateo 25:20? Y su Señor le dijo: bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu Señor.

Sobre esta palabra, no han sido pocos los hombres y mujeres de Dios que predicándolo, han sugerido la reflexión para con aquellos que, distraídamente quizás, suelen traerse “pegados” de sus trabajos seculares, elementos que no les pertenecen, y que son propiedad de sus patrones. ¡Pero mire si Dios me va a hacer problemas por esa tontería que me traje! No. No le va a hacer problemas, pero usted no estará siendo fiel en lo poco y, por lo tanto, Él se lo va a pensar dos o tres veces antes de darle lo mucho. Y la otra es: ¿Le da generosamente usted a Dios o, por el contrario, le está robando? Porque si le estuviera robando, aunque sea una cosa minúscula, y yo tengo una empresa, es muy probable que no le de trabajo en ella, ya que si ha sido capaz de robarle al Dios Todopoderoso y Omnipotente que todo lo ve, ¿Cómo no me va a robar a mí, si tiene la oportunidad, que no tengo ninguno de los atributos de Dios?

(11) Pues si en las riquezas no fuisteis fieles, ¿Quién os confiará lo verdadero?

Esto tiene una implicancia mayor que la que puede verse muy a primera vista, someramente. “- ¡Ah, sí! ¡Mi pastor es buenísimo! ¡Tiene un amor! En lo que en cambio es un desastre, y él mismo lo dice y lo reconoce, es con el dinero. Entre lo que gana con su trabajo secular y lo que recibe como ofrenda de la iglesia, hace una muy buena entrada. Pero, así y todo, jamás llega mucho más allá del día 15 o 20 de cada mes sin quedarse sin fondos. Es muy mal administrador. –“Hay casos así, ¿No es verdad? Entonces la pregunta es: Si no sabe o no puede administrar cuatro pesos en este mundo, ¿Cómo hará para administrar las tremendas riquezas del reino en el ámbito espiritual?

(12) Y si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿Quién os dará lo que es vuestro?

Y aquí volvemos al principio. Se manejó con mucha astucia el mayordomo tratando de garantizar su futuro. Y es muy probable que, en ese ambiente y esos códigos, haya tenido éxito. Pero este principio que muestra Jesús, es vigente y sigue funcionando: aquel que no sabe, no puede, o no quiere administrar bien y con lealtad lo ajeno, no tiene entidad para acceder y utilizar bien lo propio. Del mismo modo; de la misma manera, esto es válido para la vida espiritual. Si usted no sabe administrar bienes personales, muy difícilmente podrá administrar ajenos. Eso es lo que mayoritariamente, ocurre en el seno de la iglesia del Señor.

(13) Ningún siervo puede servir a dos señores: porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.

Esto nos está dejando en evidencia varios conceptos que se encolumnan en un principio más que básico. Debemos emplear las riquezas materiales dentro del reino de Dios y de ninguna manera como lamentablemente hemos visto con asiduidad, para satisfacer nuestras ambiciones egoístas. No siempre alcanzamos a tomar dimensión que el mal uso de recursos financieros tiene, inevitablemente, consecuencias eternas.

Además, tal como se ha visto en la parábola de los talentos, Dios prueba normalmente la capacidad para recibir las verdaderas riquezas del cielo. (Esto es: lo que es nuestro) conforme al uso que hacemos de las posesiones materiales. No será extraño ni falto de coherencia que, alguien que es avaro con sus posesiones, presente luego cierta resistencia y reticencia para dar de gracia lo que de gracia ha recibido. Y, por el contrario, aquel que se muestra proclive a derrochar sus bienes, forme parte de aquellos a los que Jesús tuvo muy en cuenta cuando advirtió que no se debían arrojar perlas a los cerdos.

Se hace, asimismo, y al igual que lo que se expresa en Mateo 6:24, un llamado sumamente preciso y concreto a la lealtad. Una lealtad que tiene un único y proverbial protagonista: Dios, y un llamado muy firme de atención a cualquier tipo de ambiciones que puedan comprometer la calidad de nuestro servicio a Dios. La actitud que nosotros podamos tener para con el dinero, es una clara señal de la sumisión ante Dios o de la rebelión en su contra.

(14) Y oían también todas estas cosas los fariseos, que eran avaros, y se burlaban de él.

Primera duda: ¿Cómo es que los fariseos oían lo que decía o veían lo que hacía Jesús? ¿Es que estaban allí, en primera fila, disfrutando de sus predicaciones? En absoluto. Ellos lo seguían a escondidas, subrepticiamente. Jesús lo sabía, pero eso no significaba que se cuidara en el momento de hablar. Segunda duda: ¿Por qué se burlarían de él? Obviamente, para descalificarlo. Es muy habitual descalificar a alguien a través de la burla. ¿Pero sabe usted cuando el hombre apela a la burla? Pues cuando no tiene ni la menor idea de lo que se está hablando o haciendo. ¿Le suena familiar?

Y esta mención no es ocurrente ni recurrente. Tiene que ver notoriamente con lo que luego Pablo desglosará tan nítidamente en su segunda carta a Timoteo, en el capítulo 3 y los versos 1 al 5, cuando describe a los que aparecerán en los últimos tiempos, a los postreros días, a los que categoriza como peligrosos, utilizando una palabra cuyo significado es: ásperos, salvajes, difíciles, dolorosos, dañinos y duros de tratar. La palabra describe a una sociedad exactamente como la actual: desprovista de virtudes y abundante en vicios. Bueno; en ese contexto, Pablo da una descripción por características que, con muy poca observación, podremos ver rápidamente a nuestro alrededor.

Hombres amadores de sí mismos, es lo primero que dice: Esta es, sin ninguna duda, la gran apología del egocentrismo. Jesús dijo que teníamos que crucificar nuestra carne, que es el equivalente a decir crucificar nuestro yo. Las ciencias seculares sugieren exactamente lo contrario. Por lo tanto, predicar como por allí se ha predicado sobre “hacer lo que siento”, omitiendo que el creyente no hace lo que “siente” sino lo que debe, conforme a la voluntad de Dios, lo sienta o no, es la expresión más clara de humanismo, cientifismo, liberalismo que, sumados, arrojan un feo resultado: incredulidad.

Avaros: Esto es indudable y altamente visible: por cada acto de generosidad y desprendimiento anti-materialista, hay cientos, miles de egoísmos materialistas, una evidencia más de lo dicho anteriormente. El drama no está en la avaricia del mundo secular e incrédulo. El drama, en todo caso, está realmente cuando esa avaricia aparece dentro de lo que llamamos Iglesia.

Vanagloriosos: No interesan las vanaglorias mundanas. Hay verdaderas empresas publicitarias encargadas de mecanizarlas. Interesa la vanagloria interna. Esa que nos hace ver, por ejemplo, en el frente de un templo de adoradores de Jesucristo, gigantescas fotografías del pastor con toda su familia, como si fueran estrellas de un espectáculo y el frente del templo, la marquesina. Lo más triste del caso es que generalmente se omite a la verdadera “estrella” de ese lugar, aquel que más que estrella es sol, Sol de Justicia.

Soberbios: El hombre, por su soberbia, fue quien le implantó a la iglesia el valor de las jerarquías posicionales. La Biblia jamás sugirió eso. De aquí en más, lo que usted quiera, aunque con esto, parecería ser más que suficiente.

Blasfemos: ¿A quién se le ocurre que un cristiano sincero puede ser un blasfemo? Simple. Con que asegure que viene de Satanás algo que emana del Espíritu Santo, ya está la blasfemia. ¡Y es contra el Espíritu Santo! Y no quiera usted saber nos ha mandado nuestro amoroso Padre celestial y nosotros nos hemos permitido rechazarla porque esto no se hace en nuestra denominación, o no es costumbre en nuestra iglesia o, sencillamente nos quita control, dominio y protagonismo en los cultos.

Desobedientes a los padres. Es un código de vida “normal” para la juventud. Lo contrario, la obediencia, es mirada como debilidad o falta de personalidad. A esto lo sabe todo el mundo. Como también sabe que no siempre los padres que reclamamos esa obediencia, cumplimos con lo nuestro que es simplemente Respeto.

Con esto redondeamos los elementos que nos permiten concordar nuestra calidad de buenos, regulares o deficientes administradores de los misterios y los tesoros de Dios. El crecimiento y la madurez cristianas, también tienen que ver con esto.

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enero 1, 2015 Néstor Martínez