Estudios » Crecimiento

Los otros mandamientos

Si existe dentro del pueblo de Dios, tanto sólido y maduro como nominal y frívolo, alguna palabra que implica un altísimo respeto casi reverencial ante la cual nadie o casi nadie puede permanecer indiferente, esa palabra es MANDAMIENTO.

Al oírla o pronunciarla, tanto eruditos como legos, tanto creyentes como ateos, tanto escudriñadores como cómodos oidores de la palabra, inmediatamente no pueden sustraerse de la inercia de irse a las viejas tablas de Moisés, a los antiguos diez mandamientos clásicos, en derredor de los cuales se han tejido y destejido cientos de interpretaciones, hipótesis, doctrinas y hasta reglas y estatutos que aun oprimen a sectores ultra-legalistas que decidieron minimizar la gracia del Nuevo Pacto.

Sin embargo y como siempre, la Biblia es mucho más clara que la posición teológica de muchos hombres y mujeres que dicen haberla estudiado. Lo que demuestra, -una vez más-, que la Biblia no necesita gente que la interprete, porque con la unción y la guía del Espíritu Santo, ella se interpreta sola y deja detalles muy claros que muestran, por ejemplo, que los diez mandamientos históricos y clásicos, no fueron los únicos.

Quédese tranquilo. No le voy a decir absolutamente nada que no pueda respaldar con la palabra clara. Creo que una de las negligencias más agudas que el ministerio del maestro ha cometido a lo largo de todo el historial de la iglesia, es haberse prestado a enseñar muchas cosas surgidas por decisión de hombres reunidos en convenciones, congresos y concilios, que no siempre tenían parentesco con lo que las Escrituras decían al respecto. Así que abra bien sus oídos, sus ojos y su corazón espiritual y deje que Cristo llene su entendimiento con su mente. Coincida o no con lo que le enseñaron y coincida o no con la doctrina denominacional del lugar donde usted se congrega. Las radios cristianas, por ejemplo, y a las que no me gusta denominar así, sino “creyentes haciendo radio”, no nacieron para financiar sectas; nacieron para fundamentar la sana doctrina que barre de un escobazo con cualquier posición sectaria, venga desde afuera o se encuentre muy adentro. ¿Y sabe qué lograron? Sacar de la esclavitud opresiva a tantos hermanos sumidos en la ignorancia.

Comencemos por lo que nosotros conocemos como LAS BIENAVENTURANZAS. ¿Quién es el osado, el atrevido, que se anima a verlos como mandamientos en lugar de bienaventuranzas?¿Con qué base? Bueno; por decir algo, con la que nos dice que Cristo jamás sugiere nada, que siempre ordena, manda, impone, que entre paréntesis, es el significado literal de la palabra MANDAMIENTO.

(Mateo 5: 1)= Viendo la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a él sus discípulos.

Preste atención a dos detalles: Jesús no predicaba de pie ni necesitaba de púlpitos o plataformas más elevadas. El simplemente se sentaba, al mismo nivel que los que le oían. Otra: dice que vinieron a él sus discípulos. Atención que no está hablando solamente de los doce; porque cuando se refiere a ellos, exclusivamente, los llama así: los doce. Obvio es, entonces, tener en cuenta que, en este caso, eran muchos más que doce.

(2) Y abriendo su boca, les enseñaba, (Era una enseñanza, no un consejo; un decreto real, no una sugerencia amistosa y humana; un mandato divino, una orden, un imperativo) diciendo: bienaventurados los pobres en espíritu, (Habla de humildad) porque de ellos es el reino de los cielos. (O sea que los soberbios o los fatuos, no tienen lugar ).

Hay que aclarar que la palabra BIENAVENTURADOS, es la palabra MAKARIOS, que viene de la raíz MAK y significa: "Algo grande" o "Algo de larga duración". También habla de alguien muy feliz o bendecido.

(4) Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación. (No te habla de los llorones permanentes por cuestiones particulares, sino de los que sienten dolor agudo a nivel de llanto por los perdidos. Fijese cómo andaremos, que este pasaje dio origen, en algunos lugares, a lo que yo llamo oración lloriqueada. Es como que se supone que Dios, a mayor lamento y a mayor litros de lágrimas, mayor poder va a hacer fluir. Qué lástima. No han entendido nada. Dios no se mueve por lástima; Dios se mueve por fe.

(5) Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad. (Por favor; no confundir mansedumbre con pasividad; con eso que en algunos círculos llamados cristianos, todavía se sigue denominando "resignación cristiana". No existe tal cosa. Manso es tranquilo, sereno, íntegro. Sustancia interior de alguien que sin embargo es: firme, fuerte e inconmovible.)

(6) Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. (Ojo: esta no es una puerta dogmática o fundamentalista abierta a la guerrilla, la subversión armada y revolucionaria de cualquier color. Aunque estuviera guiada por las mejores intenciones sociales y la más alta sublimidad de sus ideales. Te habla de hambre y sed de la justicia de Dios, que es como decir: venga tu reino y hágase tu voluntad.)

(7) Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. (Aquí también ha existido error. Se ha confundido, a veces misericordia con permisividad. Iglesias llenas de pecado luchan hoy por no morir sin hacer nada con ese pecado, frenados por lo que ellos llaman misericordia. La palabra MISERICORDIA, es la palabra ELEEMON y proviene de la raíz ELEEO, que significa "tener misericordia" y ELEOS, que es "Compasión activa". Nunca permisividad o hacer la vista gorda).

(8) Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios. (No habla de una limpieza física, aunque claro está que la incluye. No es buen testimonio un creyente mugriento, sin desodorante y oliendo a fritura. Habla de limpio en lo que la palabra (KATHAROS) significa: sin mancha, puro, sin contaminación. ¿Dónde encontrar, hoy, corazones no contaminados?

(9) Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios. (Una vez más conviene hacer la aclaración para que nadie se confunda y, mucho menos, tergiverse el ideal de Dios. No habla de los pasivos que se aguantan cualquier cosa que les haga el enemigo. Eso es estoicismo, cuestión bastante cercana al satánico masoquismo, que es una predilección por todo aquello que produce sufrimiento, dolor. Un hijo de Dios, es alguien portador de paz, es cierto, pero también de victoria, no alguien sumido en un galopante estrés y una permanente sensación de derrota.)

(10) Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, (no habla de delincuentes perseguidos por la policía, habla de hijos de Dios perseguidos, a veces, por el fariseísmo moderno de ciertos sectores de la iglesia institucional) …porque de ellos es el reino de los cielos.

(11) Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo.

Este pasaje ha sido muy predicado, muy analizado, muy estudiado y, en muchos casos, ha servido para avalar comportamientos inadecuados en el pueblo de Dios. Rebeliones sociales, políticas y hasta violentas, han sido fundamentadas en que si a causa de ellas se recibe persecución, esto ya estaba escrito aquí y cuenta con el beneplácito de Dios. No es así. El texto es claro y la historia también. Por lo tanto, el principio espiritual que salta de estos versículos no puede llevar a confusión o a error. Dice que cuando seamos vituperados, o cuando se nos calumnie o ataque por SU CAUSA, seremos bienaventurados. No cuando nos convirtamos en transgresores a las leyes establecidas, sean justas o injustas. Y atención: la historia nos muestra que, desde el pueblo de Israel hasta nuestros días, la persecución siempre llega desde los sectores religiosos que conviven con la iglesia, no desde afuera como se nos ha enseñado no sé por qué. La prueba, la corroboración de esto, está en el verso que sigue:

(12) Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros. (¡Quiénes persiguieron a los profetas, el Sanedrín o los romanos? ¿El mundo o la iglesia?)

Aquí finalizan las bienaventuranzas, pero quiero rescatar algunos versículos más porque es lo que necesito para que lo vea por usted mismo sin necesidad de que nadie se lo enseñe. Sal de la tierra.

(13) Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿Con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres.

Esto está muy claro; la sal ha sido puesta para sazonar lo insípido. Ahora: si por alguna causa eso no sucede, ¿Para qué sirve? Pues para nada. Es basura. No hay sal que pueda salar la sal. Deberá ser arrojada fuera y pisoteada, quemada y destruida conjuntamente con la hojarasca, la cizaña y tantas cosas más que no sirven para nada.

Después le toca el turno a la luz. A la nominación, por parte de Cristo, de los creyentes, como luminares; como gente colocada en un lugar no para traer más oscuridad y confusión dogmática o doctrinal, sino luz, revelación fresca; palabra viva, eficaz y activa para hoy.

(14) Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte (Un monte, en la Biblia, siempre habla de un lugar más alto que lo anterior) no se puede esconder.

(15) Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud (Ninguna iglesia puede ser luz del mundo encerrada dentro de las cuatro paredes de un templo) sino sobre el candelero, (Ya lo hemos estudiado; el candelero es la iglesia que Dios quiere, así se dice en Apocalipsis) y alumbra a todos los que están en casa.

(16) Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.

Recapitulemos. Según se nos ha enseñado a muchos de nosotros alguna vez, y aun hoy se sigue enseñando en no pocos lugares, estos son más o menos, algo así como "sabios consejos de Jesús" fruto de sus enseñanzas y predicaciones en el marco de su ministerio.

Dice que tenemos que tener un espíritu humano pobre, para que el Espíritu Santo de Dios pueda hacer la obra; que tenemos que llorar por los perdidos o por los que, a pesar de congregarse, todavía andan en tinieblas; que tenemos que ser mansos, serenos, sobrios, templados, íntegros, reales, veraces, transparentes; que tenemos que tener permanentemente más hambre y sed de Dios; que tenemos que evidenciar tanta misericordia como Él tiene de nosotros mismos; que debemos mostrar un corazón limpio, recto de toda contaminación espuria llena de intereses personales, sectoriales o privados; que tenemos que ser portadores de paz, nunca de contienda, así creamos que es "contienda santa"; que tenemos que ser la sal que le cambie el sabor a las doctrinas mundanas y seculares inundadas de filosofía, humanismo, sicología o cientifismo y que tenemos que ser la lámpara que alumbre en la oscuridad.

Ahora bien: leemos todo esto, según nuestros modos y costumbres religiosas de leer la Biblia y pensamos: "¡Qué sabiduría hermosa tenía el Señor!" Comprobamos una y otra vez que sus "consejos", aparte de ser muy prácticos, son efectivos y viables. Después de leerlos una y otra vez resolvemos: ¿Cuáles vamos a seguir?¿Qué consejos de esos vamos a incorporar a nuestra vida? Mandamientos… – ¿Cómo? – …No son consejos, son mandamientos… – ¡No!¡Mandamientos son los diez, los de las tablas. Esos deben guardarse y respetarse. – …Estos también… – ¡Pero no! Estas son…sugerencias amorosas de Jesús a sus discípulos! – No. Cristo es Dios. Dios jamás sugiere. Dios ordena, manda, impone.. – ¡Vamos!¿De dónde saca usted que estos son mandamientos?

Simple; he leído el capítulo 5 del evangelio según Mateo. Lo he seguido atentamente desde el versículo 1 hasta el 16. Si me detengo allí, caigo en el mismo error de tomar todo esto como consejos prácticos; pero si sigo la lectura, dentro del mismo contexto, primero me voy a encontrar con los versos 17 y 18 que aluden al respeto de Cristo por la ley, y después, en el verso 19, la claridad meridiana de algo que siempre estuvo escrito allí…

(19) De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos.

(20) Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

¿Hace falta más? Yo, hombre, hijo de Dios, quiero entrar en el reino de los cielos y ser llamado grande allí. Yo, maestro, estoy confrontado por Cristo a enseñar estos mandamientos puntualizando, una vez más, que no son ni consejos ni mucho menos sugerencias graciosas. Son mandamientos divinos; tienen esa entidad aunque ÉL los llame "pequeños". Ahora. Usted tómelos o déjelos, pero ya está avisado. Por la palabra misma y por mí, que sólo soy uno más de los que debe enseñarla sin contaminación de carne humana. ¿Qué hacer, entonces, con estos pequeños mandamientos del Señor?

(Juan 10: 17)= Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar.

(18) Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre.

Primer modelo: Jesús recibe un mandamiento de Dios Padre que no tiene nada que ver con los diez de las tablas de la ley de Moisés. Y ese mandamiento, esa orden, le impone entregar su propia vida. ¿Y qué hace ÉL? ¿Lo analiza, lo reflexiona, lo sopesa, lo cuestiona, lo evalúa, busca consejos o ideas en otros? No. Simplemente hace lo que un hijo debe hacer: obedece. Le cueste lo que le cueste, obedece. Así es. Otro, mire…

(Juan 12: 49-50)= Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar.

Segundo modelo: Cristo jamás predicó lo que se le dio la gana, lo que le pareció correcto y ni siquiera lo que ÉL podía suponer que la gente necesitaba. Él recibió mandamiento expreso sobre lo que tenía que decir y cómo lo tenía que decir. Cristo, hoy, es la Iglesia. Ahora: ¿La iglesia sigue fiel a este mandamiento o, por el contrario, ha adaptado el mensaje a sus intereses, sus ideas, sus principios particulares, sectoriales, doctrinales o denominacionales? Le recuerdo: trasgresión sigue siendo pecado, aunque esté revestido con una piadosa capa de buena voluntad y deseos sinceros de hacer el bien. Y lo que está en juego, fíjese, no es mera teología; mire como cierra este pasaje. Verso 50:

(50) Y sé que su mandamiento es vida eterna. Así, pues, lo que yo hablo, lo hablo como el Padre me lo ha dicho.

Me parece que es como para prestarle debida atención. Está en juego nada menos que la vida eterna. Y lo que viene es más delicado todavía, mire:

(Juan 13: 34)= Un mandamiento nuevo os doy (Aquí no te deja ni la menor posibilidad de que usted se confunda. Es un mandamiento nuevo, no un consejito práctico, una sugerencia permisiva o una buena idea amistosa. Es un mandamiento. Y un mandamiento, o se obedece o se transgrede. ¿Y cuál es?) …que os améis unos a otros, como yo os he amado, que también os améis unos a otros.

Aquí, lo que hago, es mirar retrospectivamente, que es como decir: mirar hacia dentro de mí mismo. Lo segundo que hago, es decirle que sí; que lo y la entiendo. Llevo bastante ya viendo la suma de odios, resentimientos, amarguras y rencores que se pueden acumular en una sola vida a través de no muchos años. ¡Claro que lo entiendo! ¿Y, quiere una buena noticia? ¡El Señor también lo entiende! Si yo, humano, falible, imperfecto-, he visto bastante, imagínese todo lo que EL lleva visto de su Creación…

Y por eso siempre estuvo, está y estará dispuesto a oírle, a escuchar sus dramas, su confesión, sus luchas. Está dispuesto a perdonárselo todo. Pero tendrá que confesar y arrepentirse, porque un mandamiento es una orden imperativa, ineludible; o se obedece, o se transgrede. Y el mandamiento dice que tenemos que amarnos los unos a los otros como ÉL nos amó a nosotros. Es más: en otros textos dice que este es el mayor de los mandamientos (Mateo 22). Entonces, si este es el mayor de los mandamientos, su trasgresión lo convierte en el mayor de los pecados, no?

Está bastante claro ya. Además de las tablas de Moisés, Cristo dio también mandamientos que deben ser obedecidos por nosotros, sus discípulos: ¿Lo confirmamos?

(Hechos 1: 1)= Escribe Lucas y dice: En el primer tratado, oh Teófilo, hablé de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar (2) hasta el día en que fue recibido arriba, después de haber dado mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido.

Esto habla de una transferencia de autoridad y misión. Son condiciones laborales ministeriales para el tiempo presente y mientras no se obedezcan, ni hay autoridad ni posibilidades ciertas de cumplir misión alguna.

Esto no se detiene allí. Pablo, en su primera carta a la iglesia de Corinto, ataca varias problemáticas que tienen que ver con una iglesia rebosante de fe y de dones, pero altamente desordenada. Precisamente, en el capítulo 14, esclarece varias cosas que tienen que ver con ciertos dones que hoy todavía parecen estar desajustados del propósito de Dios. Y lo remata:

(1 Corintios 14: 37)= Si alguno se cree profeta, o espiritual, reconozca que lo que os escribo son mandamientos del Señor.

Eso significa lisa y llanamente que aquellos que están dotados espiritualmente, tendrán que recibir estas instrucciones de Pablo como un mandato apostólico. Aquellos que las rechacen (¡Y cuántos quedan todavía!) serán responsables de las consecuencias derivadas de su ignorancia..

También especifica mandamientos muy puntuales como para que nadie se confunda.

(Efesios 6: 1)= Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo.

(2) Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; (Y a continuación te recuerda la promesa) (3) Para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra.

También hay mandamiento claro sobre aspectos teológicos, de esos que han sido causa de polémicas, disensos, divisiones, diversas doctrinas y, como consecuencia, nacimiento de lo que nosotros rotulamos como denominaciones, palabra que -obviamente-, no está en la Biblia en ninguna de sus traducciones..

(1 Timoteo 1: 3)= Como te rogué que te quedases en Efeso, cuando fui a Macedonia, para que mandases a algunos que no enseñen diferente doctrina, (4) ni presten atención a fábulas y genealogías interminables, que acarrean disputas mas bien que edificación de Dios que es por fe, así te encargo ahora.

(5) Pues el propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida, (6) de las cuales cosas desviándose algunos, se apartaron a vana palabrería, (7) queriendo ser doctores de la ley, sin entender ni lo que hablan ni lo que afirman.

¿Cuántos saben, hoy, aunque por ética y respeto, prefieran no decirlo, que una gran proporción de comentarios bíblicos están escritos por eximios teólogos cargados de prestigio, títulos y reconocimiento, pero sin la menor participación de la guía del Espíritu Santo? Resulta claro y notorio que, este mandamiento de Dios, no debe ni puede conducir a enfrentamientos y debates, sino al amor de Dios y los seres humanos.

(Hebreos 7: 17)= Viene hablando de Cristo y dice: …Pues se da testimonio de él: tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec.

(18) Queda, pues, abrogado el mandamiento anterior (el sacerdocio levítico que es externo) a causa de su debilidad e ineficacia (pues nada perfeccionó la ley) y de la introducción de una mejor esperanza, por la cual nos acercamos a Dios.

Esto significa que se abroga el mandamiento de la ley, porque es ineficaz, y se restaura la era de la Gracia, que como hemos visto, nos trae nuevos mandamientos para obedecer.

Mayor claridad todavía, con respecto a estos "otros mandamientos" lo arroja un texto que vemos en la primera carta de Juan. Allí, sin dudas, habla de Cristo; ni menciona a Moisés ni tampoco a Dios el Padre. Todo lo enfoca conforme al hijo: mire:

(1 Juan 2: 1)= Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; (¿Para qué escribe Juan?) Y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. (¿De quién está hablando? De Jesucristo.)

(2) Y él, (Jesucristo) es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.

(3) Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, (¿A quién? A Jesucristo.) Si guardamos sus mandamientos. (¿Los mandamientos de quién? Pues…de Jesucristo)

(4) El que dice: yo le conozco, (A Cristo) y no guarda sus mandamientos, (Los de Cristo, no los de Dios Padre, los de las tablas de Moisés) el tal es mentiroso, y la verdad no está en él; (5) Pero el que guarda su palabra, (La palabra de Cristo ES mandamiento.) En este verdaderamente el amor de Dios e ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él.

(6) El que dice que permanece en él, (En Cristo), debe andar como él anduvo.

Sigue hablando de Cristo y concluye, en el capítulo 3, verso 24, con lo siguiente:

(1 Juan 3: 24)= Y el que guarda sus mandamientos, (Los de Cristo) permanece en Dios, y Dios en él.

Comentarios o consultas a tiempodevictoria@yahoo.com.ar

enero 1, 2015 Néstor Martínez