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Los Árboles, ¿Mueren de Pie?

Si bien me tocó nacer en un pequeño poblado de una provincia agrícola de Argentina, cuando tenía seis años, mis padres se fueron a vivir a una casa que les prestaba una industria textil donde ambos habían conseguido empleo. Lo impactante de esa vivienda, era que formaba parte de un pequeño conglomerado de casas, (Unas quince, aproximadamente) construidas con las maderas de los contenedores en los que habían llegado las maquinarias de la empresa desde el exterior, y enclavadas en medio de un frondoso monte de altísimos eucaliptos, plantados con la finalidad de utilizarlos como alimentos de las primarias calderas de la fábrica. Así que mi vida de mi primera infancia, transcurrió en medio de árboles, a los que aprendí a identificar, tratar bien y ver crecer. Nunca imaginé que, con el correr de los años, mi fe en Cristo me iba a convertir, precisamente, en un monte.

Porque todos nosotros, creyentes fieles y genuinos, en realidad, somos monte. También somos camino, obviamente. Porque abrimos brechas con las revelaciones. Pero Dios nos compara con los árboles. Y esa no es una ocurrencia mía porque me agraden los árboles. Mira lo que dice Isaías 60:21 = Y tu pueblo, todos ellos serán justos, para siempre heredarán la tierra; renuevos de mi plantío, obra de mis manos, para glorificarme. O sea que los verdaderos hijos de Dios, son aquellos a los que Él llama mi plantío. Es que el diseño de Dios está ligado a los árboles. Fíjate que no existe tal cosa como un rey de los árboles. Tampoco hay un líder al cual los demás árboles deban seguir, o le pidan consejo. Ellos, en su diseño primordial, son dadores. En todo el sentido de la palabra. Te cuento que los árboles fueron formados antes que se formara el sol. Ellos se alimentan directamente de la luz de lo que yo llamaría, el día primero.

Y cuando ellos toman lo malo, que, en este caso puntual, sería como decir cuando toman el dióxido de carbono ambiente para sí mismos, ellos hacen esa fotosíntesis de esa luz del primer día, que como todos sabemos, es la luz de Dios. Y lo devuelven a nosotros convertido en oxígeno, en aliento de vida. En pneuma, si es que lo quieres en idioma bíblico. Sin ese pulmón, como supongo que ya sabrás largamente, nada funcionaría. Nosotros vemos a los árboles como a cada uno de nosotros. Porque si nosotros nos conectamos con esa luz del primer día, también nos volvemos árboles dadores. Un árbol no pide nada, lo da todo. No sólo están unos junto a otros, sino que sus raíces van bien profundas, y se conectan y hasta se hablan. Ellos pueden ser excelente morada. Cómo cambiaría el cuerpo de Cristo si cada uno de nosotros fuéramos más árboles. Más dadores. Y no estoy hablando de cosas materiales, como podrás imaginarte.

El árbol absorbe el dióxido de carbono, que es malo para nuestra salud, y lo convierte en oxígeno, para enriquecer la atmósfera. La palabra madero, en el original, es la palabra ets, y significa eso: árbol. O sea que Jesús muere en un madero, para llevarse todo lo malo y convertirlo en algo que sale de él, la resurrección, que es el oxígeno de Dios, la vida misma, que sale de la muerte, es transformada y convertida en vida. Jesús es en sí mismo el árbol de la vida, el primogénito de un gran plantío. Marcos 8:22-24 = Vino luego a Betsaida; y le trajeron un ciego, y le rogaron que le tocase. Entonces, tomando la mano del ciego, le sacó fuera de la aldea; y escupiendo en sus ojos, le puso las manos encima, y le preguntó si veía algo. Él, mirando, dijo: Veo los hombres como árboles, pero los veo que andan. No es que Dios se hubiera equivocado, como que no le salió bien el milagro. En el mundo espiritual, él estaba viendo lo que nosotros no vemos, como es realmente el plantío de Jehová.

Hay un pasaje muy interesante en el libro de Isaías, capítulo 11 los dos primeros versos. Es muy conocido, pero de alguna manera respalda lo que estamos mostrando. Isaías 11:1-2 = Saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces. Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová. Presta atención que esto es una conexión entre esa vara, los siete espíritus de Dios y la menoráh. La menorah es esa lámpara de siete brazos que seguramente habrás visto. Porque esos siete brazos de la menorah, tienen hojas, tienen frutos. Literalmente, la menorah es un árbol. Un árbol que iluminaba. Luego, este árbol que iluminaba se hace carne, y es Jesucristo mismo, que absorbe todo lo malo, todo lo contaminado, para luego soltarlo y exhalar la verdadera vida de Dios nuevamente. Esto, cambió la atmósfera de toda la tierra. Oxígeno es aire. Aire es viento. Y viento es pneuma, es Espíritu.

En el huerto del Edén, yendo más atrás, estaban todas las etnias que iban a poblar la tierra, representadas en árboles simbólicos. Muchas naciones han utilizado árboles como símbolos de sus culturas. Árboles nativos y autóctonos de su territorio y otros que fueron importantes para ellos en su desarrollo. Fíjate que el concepto de Cultura, tiene inevitable relación con el concepto de Cultivo, como algo que va creciendo y va aumentando. Es indudable que Dios pensó a cada etnia como árbol, por eso no es raro que cada árbol tiene su propia identidad. Su propia forma de absorber nutrientes y responder con frutos. Cada etnia también tiene esa propia identidad. Cuando Jesús viene, también es un árbol, del cual nosotros absorbemos la cultura del Reino. Es un árbol luminoso, que tiene los siete espíritus, que está resplandeciendo. Él mismo lo dice, cuando dice que Él es la vid verdadera. Separados de mí, ustedes no pueden hacer nada. Él es el árbol, Él es el plantío. Luego, Pablo dirá que nosotros fuimos injertados en un árbol, también. Un árbol de fe, en este caso.

Un cerebro, si lo observas con cuidado, todo su sistema nervioso, es un árbol. Si vemos el árbol de la vida, contra el árbol del conocimiento del bien y del mal, eso tiene que ver con el pensamiento de Dios, contra el pensamiento del hombre. El gran pecado fue cambiar nuestra forma de pensar respecto a la forma divina con que Dios vio toda la creación. Cambiamos eso por el gobierno y el pensamiento del hombre. Si vemos las diferentes culturas y sus distintos modos de ver la vida, encontramos que los árboles también simbolizan el pensamiento de Dios y los pensamientos de los hombres. Por eso nosotros, dependiendo de que tipo de árboles seamos, será el fruto que produzcamos. Por sus frutos los conoceréis, dice la palabra. Habla de la emanación, que es lo que emana de ti como para que cambie la atmósfera del lugar donde vives. Por eso es que en Apocalipsis 2:7, dice: El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios.

Plantío. Conjunto de plantas, dice ser. Plantas de Dios en la tierra. ¿Lo somos? Creo que hoy no se está construyendo una iglesia como plantío, sino una iglesia como invernadero. Donde cada uno de nosotros está sembrado en una pequeña maceta diferente y siendo cortados por distintas circunstancias de la vida, cuando lo que debemos buscar es ser trasplantados a la tierra nueva donde somos vivificados. Cuando estás plantado en una maceta, estás limitado a que alguien te dé de beber. Y a eso lo va a hacer cuando quiera, cuando pueda, cuando no se le olvida. Y te dará agua o el infecto líquido que encuentre o tenga a mano. O a lo mejor con todo el amor del mundo viene y te corta todos los días todas aquellas partes que esa persona o tú mismo piensas que te sobran o te faltan. En cambio, cuando eres plantado en la tierra, cuando estás dentro de tu diseño, porque ningún árbol fue diseñado para estar plantado en una maceta nunca, cuando estás en tu diseño y tus raíces pueden profundizar hasta encontrar esa agua de vida y que te salgan cuantas ramas tengan que salir, recién allí creces y tienes potencial. Y para que seas morada de cuanto pájaro se le ocurra hacer nido en ti, estarás en una dimensión diferente.

Y hay un concepto muy importante que es la raíz del árbol. Las raíces del árbol, no solamente van a comunicar mensajes, sino que también se van a comunicar el agua. Van a comunicar de donde se están nutriendo. Porque es muy importante el agua que bebe un árbol. Y si no alcanzas a dimensionarlo, mira este texto que está en Ezequiel 31: 3-18 = He aquí era el asirio cedro en el Líbano, de hermosas ramas, de frondoso ramaje y de grande altura, y su copa estaba entre densas ramas. Las aguas lo hicieron crecer, lo encumbró el abismo; sus ríos corrían alrededor de su pie, y a todos los árboles del campo enviaba sus corrientes. Por tanto, se encumbró su altura sobre todos los árboles del campo, y se multiplicaron sus ramas, y a causa de las muchas aguas se alargó su ramaje que había echado. En sus ramas hacían nido todas las aves del cielo, y debajo de su ramaje parían todas las bestias del campo, y a su sombra habitaban muchas naciones. Se hizo, pues, hermoso en su grandeza con la extensión de sus ramas; porque su raíz estaba junto a muchas aguas.

Los cedros no lo cubrieron en el huerto de Dios; las hayas no fueron semejantes a sus ramas, ni los castaños fueron semejantes a su ramaje; ningún árbol en el huerto de Dios fue semejante a él en su hermosura.  Lo hice hermoso con la multitud de sus ramas; y todos los árboles de Edén, que estaban en el huerto de Dios, tuvieron de él envidia. Por tanto, así dijo Jehová el Señor: Ya que por ser encumbrado en altura, y haber levantado su cumbre entre densas ramas, su corazón se elevó con su altura, yo lo entregaré en manos del poderoso de las naciones, que de cierto le tratará según su maldad. Yo lo he desechado. Y lo destruirán extranjeros, los poderosos de las naciones, y lo derribarán; sus ramas caerán sobre los montes y por todos los valles, y por todos los arroyos de la tierra será quebrado su ramaje; y se irán de su sombra todos los pueblos de la tierra, y lo dejarán. Sobre su ruina habitarán todas las aves del cielo, y sobre sus ramas estarán todas las bestias del campo, para que no se exalten en su altura todos los árboles que crecen junto a las aguas, ni levanten su copa entre la espesura, ni confíen en su altura todos los que beben aguas; porque todos están destinados a muerte, a lo profundo de la tierra, entre los hijos de los hombres, con los que descienden a la fosa.

Así ha dicho Jehová el Señor: El día que descendió al Seol, hice hacer luto, hice cubrir por él el abismo, y detuve sus ríos, y las muchas aguas fueron detenidas; al Líbano cubrí de tinieblas por él, y todos los árboles del campo se desmayaron. Del estruendo de su caída hice temblar a las naciones, cuando las hice descender al Seol con todos los que descienden a la sepultura; y todos los árboles escogidos de Edén, y los mejores del Líbano, todos los que beben aguas, fueron consolados en lo profundo de la tierra. También ellos descendieron con él al Seol, con los muertos a espada, los que fueron su brazo, los que estuvieron a su sombra en medio de las naciones. ¿A quién te has comparado así en gloria y en grandeza entre los árboles de Edén? Pues derribado serás con los árboles de Edén en lo profundo de la tierra; entre los incircuncisos yacerás, con los muertos a espada. Este es Faraón y todo su pueblo, dice Jehová el Señor. Creo que te habrá quedado más que en claro, que es diferente beber de las aguas de la vida, que beber de las aguas del abismo. Esto me dice a mí, que un árbol encumbrado, puede estar encumbrado por haber bebido de las aguas equivocadas.

Existe una ley de agricultura que también tiene una representación espiritual, y tiene que ver con la semilla. Dice que, si una semilla cae sobre un animal muerto, pero no hay agua a su lado, la semilla se podrá utilizar porque no se ha contaminado. Pero si junto a ese animal muerto hay agua, entonces deshazte de esa semilla, porque está contaminada. Eso nos muestra que, a un árbol, a una raíz, o a una semilla, sólo es posible contaminarlos por el agua. Eso, desde lo espiritual es importante entenderlo, porque te está diciendo que hoy hay corrientes espirituales que pueden estar contaminadas. Otras cosas no lo contaminan. Un árbol puede estar plantado en un lugar con una atmósfera totalmente tóxica y no sólo no se contaminará, sino que será capaz de absorber esa atmósfera y cambiarla por oxígeno puro. Lo que no puede cambiar es el agua. Si un agua está contaminada, no habrá elemento científico o técnico que pueda modificarla. Podrá sanearse la fuente y estará buena el agua que empiece a brotar luego, pero la que se contaminó, ya fue.

Cuando en esos fuertes veranos, el sol aprieta y quema, una persona rápidamente se irá a cobijar en la frescura de la sombra. Un árbol no puede hacer eso. Ante cualquier obstáculo no puede hacer nada. Lluvias, vientos, allí está el árbol. Si sus raíces están profundas y fuertes, resistirá lo que sea. Eso, para mi gusto, tiene que ver con esa famosa perseverancia de la que tanto hablan los salmos. La palabra estoico, significa fundamentado. Pero permanecer es divino. Por eso la palabra dice en Juan 15:5: Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. Esto nos dice que el verbo permanecer, es muy importante en el árbol de la vida. Y algo muy importante. Si un árbol no tiene raíces firmes y bien plantadas, no puede dar fruto.

Hay una escritura muy interesante en Lucas 13:18-19: Y dijo: ¿A qué es semejante el reino de Dios, y con qué lo compararé? Es semejante al grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su huerto; y creció, y se hizo árbol grande, y las aves del cielo anidaron en sus ramas. Para que te quede más que claro, te cuento que esta palabra, anidaron, aquí, significa permanecer. Las aves, al hacer sus nidos allí, permanecieron. Otra cosa hubiera sido si solamente se paraban en sus ramas a cantar y luego se iban. Porque hacer un nido en un árbol, para un pájaro, significa un acto de seguridad. Tiene confianza en ese árbol y allí fabrica su nido, pone sus huevos, cría a sus polluelos y, en definitiva, aporta su parte para la aparición de una nueva generación.

Es interesante ver cómo, en las diferentes estaciones, los árboles tienen sus hojas, estas envejecen, son expulsadas y, cuando llega la primavera, rejuvenece, parecen resucitar en algunos casos y vuelven a mostrarse con todo su esplendor y verdor, como si ayer hubieran sido plantados. Y pueden pasar mil años haciendo eso. En cambio, nosotros, e incluyo a animales, aves y peces, envejecemos y cumplimos un ciclo para luego extinguirnos en la tierra. En cambio, los árboles, no. Ellos se modifican y siguen. Eso pasa en nuestro espíritu, pero no en nuestro cuerpo. Nuestro espíritu sí pasa por tiempos en donde debe expulsar cosas envejecidas y luego, al recibir nutrición o revelación, ese espíritu es vivificado y vuelve a tener sus simbólicas hojas verdes. En invierno, cuando parecen muertos, los árboles no lo están, sólo están con sus fuerzas concentradas en otros puntos de sus estructuras.

Voy a compartirte varias escrituras que tienen que ver con árboles. En cada una de ellas, veremos la semejanza, el símbolo, la tipología de nuestra naturaleza. Génesis 3:8 = Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto. Olvida la historieta de ese anciano de larga barba blanca paseando y un hombrecillo y una mujercilla asustados escondiéndose. Esa pareja representa la carnalidad que, cuando se encuentra delante de la presencia de Dios, en lugar de enfrentarlo o someterse, elige esconderse en medio de los hijos genuinos, los que andan en el espíritu. Pero serán descubiertos, porque Dios sabe discernir entre árboles y maleza.

Éxodo 9: 25 = Y aquel granizo hirió en toda la tierra de Egipto todo lo que estaba en el campo, así hombres como bestias; asimismo destrozó el granizo toda la hierba del campo, y desgajó todos los árboles del país. He visto esto mismo con mis propios ojos, en aquella época en que vivía en ese enorme monte de gigantescos eucaliptus. Una terrible tormenta de granizo cayó una mañana en ese lugar. Cayeron piedras del tamaño de una pelota de tenis, conjuntamente con otras de menor tamaño, pero en gran cantidad. No menos de veinte centímetros de granizo en el suelo. ¿Juicio sobre aquella población? No lo sé, yo todavía no estaba dentro del Reino, pero estimo que si, que pudo ser eso. Desgajó muchísimos árboles. ¿Sabes por qué? Porque lo que cayó no fue agua de vida, sino agua congelada, sin sustancia, sólo con destrucción.

Hoy te dije que entre los árboles no hay un rey, que es un grupo, un plantío, una suerte de equipo que empuja todo hacia adelante, sin que exista uno que se destaque o se presente como líder estrella. Pero esto es así, por algo que se relata en el capítulo 9 del libro de los Jueces. Escucha y lee con atención. Jueces 9: 8-15 = Fueron una vez los árboles a elegir rey sobre sí, y dijeron al olivo: Reina sobre nosotros. Mas el olivo respondió: ¿He de dejar mi aceite, con el cual en mí se honra a Dios y a los hombres, para ir a ser grande sobre los árboles? Y dijeron los árboles a la higuera: Anda tú, reina sobre nosotros. Y respondió la higuera: ¿He de dejar mi dulzura y mi buen fruto, para ir a ser grande sobre los árboles? Dijeron luego los árboles a la vid: Pues ven tú, reina sobre nosotros. Y la vid les respondió: ¿He de dejar mi mosto, que alegra a Dios y a los hombres, para ir a ser grande sobre los árboles? Dijeron entonces todos los árboles a la zarza: Anda tú, reina sobre nosotros. Y la zarza respondió a los árboles: Si en verdad me elegís por rey sobre vosotros, venid, abrigaos bajo de mi sombra; y si no, salga fuego de la zarza y devore a los cedros del Líbano.

¡Que hermosura es este pasaje! ¡Con que calidad y calidez te muestra la invencibilidad de optar por la fama del mundo a la seguridad de ser parte del Reino de Dios! ¿Qué responde el olivo? Simple: que no va a abandonar a unción que ha recibido del Espíritu Santo, para aceptar ser líder de una estructura creada por hombres religiosos. ¿Y la higuera? Lo mismo, pero en este caso a lo que estaría más cercano al corazón del pastor genuino, un corazón de amor, de dulzura para con sus pastoreados y con cuidado y precaución de ser testimonio viviente. La vis no es menos clara, cuando rechaza esa tentación y se queda atesorando su revelación permanente, cosa a la que ningún doctor en teología que no tenga fe puede acceder. Y, finalmente, la zarza, que aparentemente lo acepta, pero les pide algo imposible, mientras que les adelanta lo que luego sucederá.

1 Crónicas 16:33 = Entonces cantarán los árboles de los bosques delante de Jehová, Porque viene a juzgar la tierra. ¿Cantarán los árboles? ¿Es que los árboles pueden cantar? Ya lo sé, parece ser una sencilla simbología de gozo de la creación por la presencia del Dios de todo poder, en claro juicio contra todo lo que la contamina, pero… ¿Estamos seguros que eso es todo? La teología tradicional siempre ha enseñado, por ejemplo, que los salmos son una serie de hermosos poemas hebreos, pero todos los que hemos entrado en el ámbito del Espíritu del evangelio, sabemos que no es sólo eso, sino que esos salmos también están llenos de revelación fresca para hoy. ¿Entonces? Aquí se está hablando de nosotros, que somos los únicos que podríamos ponernos a cantar con gozo en el momento en que veamos que nuestro Dios se acerca para juzgar al mundo. Cualquier otra cosa, se aterrorizará o algo peor.

Mateo 3:10 = Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego. De acuerdo, puede que en lo literal, haya sitios donde esto se esté haciendo hoy mismo, pero…¿Y en lo espiritual? Creo que no necesitas que yo te explique o te enseñe lo que ya el Espíritu Santo te ha mostrado con claridad. Judas 1:12 = Estos son manchas en vuestros ágapes, que comiendo impúdicamente con vosotros se apacientan a sí mismos; nubes sin agua, llevadas de acá para allá por los vientos; árboles otoñales, sin fruto, dos veces muertos y desarraigados. No es mi intención presionar a la Biblia para que diga lo que quiero que diga, pero…¿No le ves una tremenda similitud con todo lo que hemos visto, oído, vivido y hasta padecido en tantas y tantas de las llamadas iglesias de nuestras distintas esferas cristianas? ¿De verdad vas a aceptar y creer que Dios dejó escrito esto sólo para que disfrutemos su prosa?

Apocalipsis 8:7 = El primer ángel tocó la trompeta, y hubo granizo y fuego mezclados con sangre, que fueron lanzados sobre la tierra; y la tercera parte de los árboles se quemó, y se quemó toda la hierba verde. Ángel, aquí, es un mensajero que puede ser humano. Esa trompeta es en realidad el instrumento espiritual que lo convierte en un vocero de Dios. Y lo que sucede a continuación de la difusión de lo que Dios dice, trae un juicio inmediato, que es la manera divina de separar lo verdadero de lo falso. No lo ejecuta un hombre, sino el Espíritu Santo, que es el propietario del fuego santo, con participación de la sangre, que tiene que ver con la redención. Todo eso es arrojado sobre toda carne, que es en este caso esa tierra, pero sólo una tercera parte de esos árboles, que son su plantío, se quemó.

Contrariamente a lo que hemos creído hasta hoy, no fueron los malos los que se incineraron, sino los buenos, los genuinos. ¿Cómo lo pruebo? Porque el que los quema es el fuego del Espíritu Santo, y eso no viene para destruir, sino para vivificar. Porque incluye lo que llama hierba verde, que es en suma la palabra auténtica de Dios, por fuera de todo discurso humanista. Si esta tercera parte no es lo que en tantos pasajes Dios determina como su remanente santo, no sé de qué te estoy hablando. Porque remanente es lo que queda de, una proporción o porcentaje de. Esto, también encaja a la perfección con lo que se señala en Mateo 22:14, cuando se nos dice: Porque muchos son llamados, y pocos escogidos. Los llamados, son los que constituyen un gran monte santo, pero los escogidos, sólo los que perseveraron hasta el fin sin doblegarse a ningún viento de tormenta, y que tienen sus raíces metidas hasta lo más profundo. Arboles que jamás morirán de pie, porque son eternos.

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mayo 27, 2025 Néstor Martínez