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Las Cinco perlas de Pablo

A mí personalmente me gusta mucho Pablo. Lo leo como debe leerse, teniendo en cuenta su propio consejo: examinándolo todo y rescatando lo bueno. Porque Pablo es Pablo, pero también es carne. Y no siempre pudo hacer todo el bien que quería, sino que a veces se encontraba haciendo el mal que no quería. Igual que cada uno de nosotros.

En ese marco, en la carta a los Romanos, Pablo desgrana una serie de conceptos que concluyen, en uno de sus pasajes, con cinco verdaderas perlas talladas en forma de preguntas, que leídas superficialmente, no parecen decir gran cosa, pero que vista con amor de escudriñar, arrojará lo que tú recibirás en este día, aquí y ahora.

Porque, si hay una característica cuando leemos la Biblia que no podemos ignorar, es la que determina que nos resulta muy complicado separar el mensaje del mensajero. Y no es algo antiguo, hasta el día de hoy vivimos lo mismo.

Si alguien debe buscar a alguien que predique sobre un arca, ¿A quién se supone que buscaría? ¡A Noé, obviamente! Si hubiera que hablar de edificar un templo, desde la óptica bíblica y escritural, ¿A quién recurrirías? ¡A Salomón, a David!

Porque el mensaje y el mensajero, siempre van juntos. Entonces me temo que vas a tener que armarte de mucha paciencia y concedérmela cuando algo no te resulta claro, porque yo menos que nadie estoy en condiciones de poder separar el mensaje del mensajero.

Cuando los creyentes tenemos problemas, no siempre entendemos de arranque que la solución no está tanto en la consejería o la psicología, aunque las respeto y las valoro, sino en la Palabra. Cuando le prestas debida atención a lo que Dios viene hablando, te vas a dar cuenta que Dios no hará nada sin decírtelo primeramente.

Él nos habla claramente de antemano, pero el mayor problema es que nosotros no lo podemos oír. Nuestro corazón, a veces, está como nublado, como bloqueado y no puede o sencillamente no quiere ver todas las cosas.

(Romanos (8: 27) = Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos.

(28) Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.

(29) Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.

(30) Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.

(31) ¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿Quién contra nosotros?

(32) El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿Cómo no nos dará también con él todas las cosas?

(33) ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica.

(34) ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.

(35) ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?

(36) Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; somos contados como ovejas de matadero.

(37) Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.

(38) Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, (39) ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

Cuando leemos esta palabra, la leemos desde el plano de lo que el apóstol Pablo ha visto a través de la revelación que el Espíritu ha traído a su vida, uno se da cuenta que las pretensiones de Dios, no han cambiado a través de toda la historia.

Dios no nivela sus pretensiones hacia abajo. Él espera que nosotros podamos sintonizar nuestro corazón con el suyo. Dios no rebaja su pensamiento, no es como nosotros que, a veces por edad, empezamos a decir: ¡Y bueno! ¡Después de todo no es tan malo! Dios no rebaja, tiene una medida para nosotros.

Que si Jesús fue el primogénito de un tipo de persona que cumple su propósito en la tierra, Dios no espera nada, porque si Cristo fue el primogénito, de cada uno de nosotros tendrá que emanar la misma imagen que había en Cristo.

Porque Cristo fue el primogénito. Dios no dice como a veces nosotros pensamos que dice: “¡Y bueno, Cristo era Cristo!” Ese es un pensamiento humanista que nos gusta a nosotros en un rincón del corazón porque justifica nuestros errores.

Tengo una noticia para darte. Dice la palabra y lo acabamos de leer, que la medida del Padre, es su Hijo. Que el molde, por así llamarlo, es su Hijo. Entonces, si nosotros podemos entender eso aunque sea en el plano de la fe, vamos a poder entender todo lo que dice la Palabra.

Porque fíjate algo: en la carta que Pablo le escribe a los Romanos, ¿Qué es lo que tanto le preocupa? Las cartas que Pablo les escribe a los Corintios y a los Romanos, son las más largas que el apóstol tuvo que redactar. ¿Qué es lo que Pablo intenta decir?

Yo no quiero hacer de esto un estudio paralelo, pero a veces hay cosas que debemos escudriñarlas más profundamente para poder entenderlas. Pablo, en toda la carta que él escribe a cristianos que están en Roma, se preocupa prioritariamente que esa gente entienda bien algunas verdades.

¿Por qué? Porque desde Roma y desde la capital del imperio, se iban a propagar muchísimas verdades y muchísimos pensamientos, que si no estaban bien diseñados y bien plasmados, así como se iba a repartir lo malo, también Pablo creía que se iba a influenciar con lo bueno.

Por eso es que Pablo les escribe a los Romanos, cosas que no escribe en ninguna otra carta. Porque Pablo sabía, y en la mentalidad apostólica nosotros también sabemos, que hay iglesias que tienen influencia mundial.

Por eso es que en la Biblia no hay una carta escrita para cada iglesia abierta; hay una carta escrita para cada iglesia de influencia universal. Por eso es que yo respeto muchísimo lo personal y particular, y se lo dejo a gente que Dios ha levantado para eso. Mi deber es hablar para la generalidad que produce influencia concreta en cada región.

Pablo, lo que está escribiendo es algo muy fuerte. La carta a los Romanos contienen sesenta y cinco preguntas que Pablo se formula a sí mismo. Imagínate, si Pablo tiene que hacerse sesenta y cinco preguntas, ¿Qué nos queda a nosotros?

Pablo, en la carta, se pregunta sesenta y cinco cosas. Es la única carta de Pablo que tiene tantas preguntas. Sesenta y cinco. A lo mejor tú, si buscas mejor, tal vez puedes encontrar alguna más. Yo conté sesenta y cinco.

¿Qué, pues, diremos? Miserable de mí, ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? Es una carta llena de preguntas. ¿Por qué? Porque Pablo no les escribe esta carta a los líderes de esa iglesia; se la escribe al corazón de cada una de esas personas que ha creído en Dios.

Es una carta que va dirigida a gente como nosotros, para que nuestra alma se entere que nuestro espíritu recibió a Cristo. Sería bueno que en este momento, donde quiera que estés, digas: “Mi alma, debe enterarse que mi espíritu recibió a Cristo”.

Porque hay personas que han recibido a Cristo, y en su espíritu hubo un impacto de Dios, pero sus cuerpos y sus almas todavía no se han enterado. ¿Por qué todavía tenemos que estar enseñando que debemos cambiar nuestra forma de pensar? Porque nuestra mente todavía no se enteró que nuestro espíritu aceptó a Cristo.

Es como que hay un abismo muy grande y espacioso entre lo que sucede en nuestro espíritu y nuestra alma. Cuando la Biblia dice que David tenía el corazón de Dios, la palabra corazón ha sido la palabra más difícil de definir en el evangelio.

Porque cuando los predicadores hablan del corazón, la mayoría no sabe de qué se está hablando. ¿Sabes lo que es el corazón? Es la parte tuya que debe entrarse que tu espíritu ha sido regenerado. El corazón es la radio que se sintoniza con Dios.

Tú puedes estar sintonizado con el espíritu, pero como Pablo lo dice, “el espíritu sabe cómo interceder”. El problema es que el alma no sabe. ¿Sabes lo que es madurez y perfección en Dios? Nada más, y nada menos, que tener un corazón sintonizado con lo que Dios está haciendo hoy.

Un cristiano maduro es alguien que camina en la misma frecuencia que la que está caminando Dios. No solamente salvo, sino que en su mente y en todo su ser, está entendiendo lo que Dios está haciendo. ¿Sabes por qué David tenía el corazón de Dios? Porque él pudo caminar en su vida sintonizado en la misma frecuencia de Dios.

Perfección y madurez no tienen que ver con el aspecto exterior, o sea: lo que nosotros vemos en las personas. Perfección y madurez significa que tú y yo estamos sintonizados y produciendo en nuestras vidas, lo que Dios quiere producir en el cielo.

No lo olvides: Dios ha predestinado, para nosotros, algo. Lo único que falta es levantar esos cimientos, para que nuestro corazón esté sostenido en lo que Dios quiere que esté sostenido, que no siempre es lo mismo que lo que suponen los hombres que es.

Nosotros hemos visto la palabra de revelación en dos dimensiones. La primera, es que hemos recibido revelación de la palabra de Dios, y la segunda es hemos podido ponernos de acuerdo en que no somos todo lo que deberíamos haber sido.

Ponernos de acuerdo en lo que no se ha hecho y ver con mayor o menor claridad qué es lo que todavía tenemos que hacer, es producto de una revelación en dos dimensiones: primero, en el área personal y privada, y luego trasladada a lo masivo y en equipo, donde curiosamente todos llegamos a pensar y saber lo mismo casi en el mismo tiempo y momento. Revelación.

Esa revelación, mirando el pasado, es buena. Porque nos ha hecho ver que, si bien es cierto que hoy estamos caminando más o menos en la dirección divina, eso no es obstáculo para que sepamos con la misma claridad que hay muchas cosas que no hemos hecho bien.

Ahora bien: ponerse de acuerdo en el pasado no tiene mucho mérito, porque a veces lo que te hace poner de acuerdo es la evidencia, que el mundo se ha hecho pedazos delante de nosotros. Entonces no te queda otro recurso que decir “Vamos a ponernos de acuerdo y vamos a buscar una palabra de revelación”.

Y con esa palabra repasar el pasado y ver por qué todo lo que hemos hecho lo hemos hecho mal. A eso lo hemos visto en todos los niveles. Hoy es muy fácil agarrar a una persona y decirle: “¿Sabe por qué usted está así? ¿Sabe por qué a usted le pasó lo que le pasó? Y por esto, por esto y por esto.

Entonces tú dices: “¡Huau! ¿Cómo este fulano sabe todo lo que me pasa?” Simple, porque ya hemos manejado ese nivel de revelación. Tú estás pasando esto y esto, porque en el pasado tú has vivido esto y aquello.

Pero estamos enfocados en el pasado, y hoy Dios viene para revelarnos una palabra, pero no para que nos pongamos de acuerdo hacia atrás, sino para que no pongamos de acuerdo respecto a qué es lo que Dios va a mirar para que en los próximos días su gloria pueda ser manifestada.

Tú no necesitas fe para saber que eres un pecador. Tú necesitas ser redargüido para dejar de ser un pecador. No necesitas fe para saber que eres pecador, necesitas fe para creer que cuando Dios te da una palabra, algo va a suceder en el futuro.

El día que Dios vea en nosotros un corazón firme y edificado sobre los cimientos de la palabra, en veinticuatro horas podremos vivir lo que no hemos vivido en cincuenta años, porque Dios dice, y te lo acabo de leer, examina lo profundo del corazón.

Cuando Dios ve un corazón sintonizado, en un día puede redimir veinte años. Él está examinando nuestro corazón. Dios quiera todos podamos decir algo así: “La revelación de todo lo que he hecho mal, me ha hecho enormemente bien”.

Sin embargo, eso no es suficiente aunque parezca más que suficiente. Lo que ahora necesitamos es más revelación, pero esta vez para no volver a hacer el mal y, por contrapartida, en esa misma revelación y decisión, pueda acceder al bien.

¿Está claro? A eso es a lo que apunta Pablo en su carta. Por eso es que tú, con el pasado, te puedes poner muy de acuerdo con Dios. Porque hay una gran diferencia en ponerse de acuerdo y estar de acuerdo. Dios se pone de acuerdo con tu pasado. Tú estabas mal, y yo estaba bien.

Vamos a verlo así. En el pasado, mientras yo hice muchas cosas mal, Dios hizo todas las cosas bien. Entonces yo tengo, necesariamente, que ponerme de acuerdo con Él. Porque en esos momentos Dios y yo éramos casi adversarios. Y ponerse de acuerdo, es algo que sólo sucede entre adversarios.

Por eso dice la Biblia que si tenemos alguna clase de enemigo, lo mejor que podemos hacer es ir y ponernos de acuerdo con él. En el pasado, nosotros éramos adversarios de Dios y no nos poníamos de acuerdo con Él. Más bien nuestro acuerdo era con otro.

Pero Dios no hace cosas con los que se ponen de acuerdo. Dios hace cosas con los que están de acuerdo. ¿Sabes cuál es la diferencia entre ponerse y estar? Todas. Por eso tú no te puedes casar con un novio o una novia con los que se ponen de acuerdo.

¿A ti te gusta eso? A mí me gusta esto. Entonces, el lunes hacemos eso que te gusta a ti y el martes hacemos esto que me gusta a mí. Eso es ponerse de acuerdo. Eso, nunca funciona. Por eso es que con Dios nunca puedes hacer esa clase de tratos.

No puedes decirle: “Mira Señor, yo voy a orar y a leer la Biblia, pero…” No. Nada en Dios funciona poniéndose de acuerdo. Las cosas en Dios funcionan siendo, estando. ¿Sabes por qué? Porque ser y estar, es ser uno con Dios.

Para ponerse de acuerdo, se necesitan dos. Para estar de acuerdo, con un mismo Espíritu es suficiente. Dios no necesita negociar nada con nosotros. Él dice Su palabra, y yo estoy de acuerdo, que no es lo mismo que ponerme de acuerdo.

Para ponerse de acuerdo se necesita mucha alma, muchas emociones. El ponerse de acuerdo tiene que ver con tu mundo, tu cultura, toda tu forma de pensar. Puede pasarse toda una vida alguien tratando de ponerse de acuerdo con alguien.

Estar de acuerdo, en cambio, es algo que tú ves en el espíritu. Que no lo puedes entender acá, solamente lo puedes entender en tu espíritu. La gran pregunta en esta parte del asunto, es: ¿Estás de acuerdo con Dios o tratas de ponerte de acuerdo con Él?

Porque si estás de acuerdo, no vas a tardar nada en entender las cosas que Dios haga, mientras que si procuras ponerte de acuerdo, jamás vas a entender nada de lo que diga o haga Dios. Allí es donde Pablo apunta, allí es donde quiero llegar.

El apóstol, en este caso, no tiene mejor idea que, dentro del marco que te anticipaba de las auto preguntas, Pablo se formula cinco, específicamente, que tienen que ver con tu corazón, con su estado y con las posibilidades ciertas de identificarte con Dios.

Pablo, en el capítulo 8, dispara todo lo que nosotros acabamos de leer. Que la imagen de su Hijo Jesucristo, es la medida del Padre para cumplir el propósito de Él en la tierra. Por eso Él es primogénito, y a todos nosotros nos hace a Su imagen.

¿Puedes ver eso? El problema es por qué Pablo llega a esa conclusión. Porque en el capítulo 7, Pablo ha usado quince veces la palabra “mí”. Las cinco preguntas que Pablo se hace a partir del verso 31 tienen base en el 30, donde dice la palabra predestinó, esa es la expresión clave.

Porque la palabra “predestinó” significa “Dios no improvisa con nosotros”. O sea: Dios no actúa sobre la marcha. Dios es un Dios de pre-destinación. Para la palabra predestinación, hay dos significados en la Biblia. Uno es la palabra que significa “Conocerlo todo”. Dios lo conoce todo.

Pero no es esa la palabra que sale allí. Acá la palabra es otra, es próskopos, que significa “Dios lo determina todo”. Porque si no te da la idea de: “Y bueno, si Dios lo sabe todo, ¿Por qué no me lo dijo antes lo que me iba a pasar?

Es que no, Dios no te predestina en función de lo que Él conoce de ti, sino que Él te ha predestinado a ti en función del propósito que Él ha sembrado dentro de ti. Por eso, alguien dijo algo muy bonito: “Tú no puedes manejar predestinación, si antes no has manejado salvación.

Tú caminas por la vida y te encuentras con una puerta que dice “salvado”. Entras a esa salvación a través de Cristo, y cuando lo haces, a tus espaldas esa puerta se cierra. Y cuando te das vuelta, en la puerta cerrada porque ya eres salvo, lees un letrero que dice: “Buena tu determinación, porque estabas predestinado para serlo”.

Dios no ha improvisado con nosotros. Tú no fuiste salvo por casualidad. Tampoco estás allí escuchándome porque estabas mal o aburrido, tú estás ahí porque había una predestinación global sobre tu vida que tú has decidido seguir porque has obedecido la voz interna del Espíritu Santo.

Nunca olvides esto: la primera impresión que Dios tiene de ti, no es tu pecado. La primera impresión de Dios sobre tu vida no es la que tuvo tu familia cuando te vio borracho, drogado, perdido. La primera impresión de Dios es ver a alguien a quien Él ya predestinó para este camino. Y se goza cuando eres sensible y obediente y lo tomas. Y se entristece cuando no lo haces y te pierdes.

Pablo dice, y dice bien claramente, el que nos predestinó, nos llamó, nos justificó, y también glorificó. Esto está muy lindo, Pablo dice toda la teoría. ¡Qué bien! Pero después hace cinco preguntas que yo quisiera que ahora veamos.

Cinco preguntas, entre más de sesenta que te dije que él se había formulado a sí mismo en el marco de toda la carta. Cinco preguntas que son que para que lo que Dios predestinó para ti y para mí, se cumpla en nuestras vidas. ¿Te interesa?

Cinco respuestas que te van a ayudar a tener la imagen del primogénito reinando en tu vida. Dios no tiene que bajar a entenderme a mí. Soy yo el que tengo que subir en entendimiento y aprender a obedecer a Dios y comprender esto.

1.- ¿Qué, pues, diremos a esto? ¿Si Dios con nosotros, quién contra nosotros? Este es el primer cimiento que tu corazón tiene que fortificar desde el primer día de tu vida. Yo estoy protegido si camino en el propósito.

Entonces tú dices: ¿Protegidos? ¿Y esa tremenda cantidad de casos donde suceden cosas tremendas que nadie puede impedir? Esa es una pregunta que viene desde el alma. ¿Por qué digo esto? Porque desde el alma se ha enseñado en todas las iglesias que el propósito de Dios es que tú vivas cien años.

Y es allí donde mucha gente se desvía del original, porque cuando le toca vivir una separación física de temprana edad, no puede entender que eso sea parte del propósito de Dios y se enoja. Ahí es cuando Dios, si alguien pudiera oírlo, diría: Entonces yo debo haber fracasado, porque mi hijo se murió a los treinta y tres…

Entonces, toda la teología de los viejos cabezones almáticos que están en la iglesia, no puede explicarte para qué quieres que un feroz y bruto de esos que abundan en los templos viva noventa años si van a ser para que les haga la vida imposible por noventa años a todos los que tiene cerca.

Entiende esto: Dios nunca dijo que vas a vivir mil años, Dios dijo que Él va a estar cerca de ti, protegiéndote y guardándote, todos los días de tu vida, aunque sin decir cuántos en cada caso. Lo que a ti debe importarte es que, sean los que sean, durante todos esos días, si Dios está contigo, ¿Quién podrá estar en contra de ti?

Si hay algo que había en Jesús y que necesariamente tiene que haber también en cada uno de nosotros si seguimos declarando pomposamente que somos su cuerpo en la tierra, es ese sentido de protección en su vida, donde Él sabía que nadie lo podía matar si su Padre no lo permitía por algo.

Entiende esto. Suceda lo que suceda, ocurra lo que ocurra, tú y tus hijos, además de recibir salvación por decisión, están protegidos hasta el fin de su ciclo. Nada se escapa del propósito y de la mano del Señor.

David dijo ¿Por qué te abates, alma mía? ¿Sabes por qué David dijo eso? Porque allí estaba hablando el espíritu de David. El espíritu de David le estaba hablando a su alma. Porque tu espíritu jamás tendrá un solo conflicto con Dios. La que los va a tener a todos, es tu alma.

Hay una historia de un mártir del primer siglo. Era un discípulo directo de uno de los apóstoles. Este hombre fue tan perseguido por la causa del Señor que, en un momento determinado, él fue y se metió en una cueva.

Este hombre se escondió y los soldados pasaban por la entrada de la cueva y no lo veían. Él vio, sobrenaturalmente, cómo unas arañas tejían una tela espesa en la entrada de la cueva donde él se había metido. Un soldado iba a entrar a revisarla, pero el otro no lo dejó, diciendo: ¿Para qué vas a entrar? ¿No ves que hay una tela de araña? ¡Eso significa que nadie ha entrado aquí por meses!

El soldado no entró y así fue librado este mártir de la fe. Este mártir de la fe escribió esto cuando salió en libertad. Él dijo: Con Dios, una tela de araña, es un muro. Pero sin Dios, un muro es una tela de araña. Dios no necesita doctrinas ni filosofías para protegernos. Sólo necesitamos creer en su palabra.

Dios es el que determina hasta dónde vamos a llegar en nuestro andar. Si vas a vivir noventa años, pregúntate para qué. ¿Va a ser para darles trabajo a los demás o para producir el propósito de Dios?

Dios habita la eternidad. Dios no habita en calendarios. Dios habita en la madurez de sus hijos. ¿Sabes por qué todavía Dios no ha producido su propósito en la tierra? No es porque esté esperando que nazca el hombre perfecto, sino que está esperando la madurez de su iglesia.

2.- El que no escatimó a su propio Hijo, ¿Cómo no nos dará también con él todas las cosas? ¿Sabes qué es prosperidad? Prosperidad es eso: tener todo para el tamaño de mi proporción. Una bicicleta para Wesley, un arca para Noé, un ejército para David. Cuando decimos que en Cristo todo lo podemos, ¿Pensamos por un momento que si Él no escatimó a su Hijo, menos lo va a hacer negándonos algo a nosotros?

¿Tú crees que Dios se va achicar por un salario que tú necesitas para poder vivir? El que tomó la primera gran decisión universal, es el mismo que ahora hará el resto de todas las cosas. Vivamos con todo lo necesario y con mucho más para dar.

3.- ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Mira hermano, cuando tú camines en el genuino propósito de Dios, va a aparecer gente que te va a acusar. El acusador. ¿No es lo primero que aprendiste de ver y oír a otros, criticar todo lo que otro hace en lugar de mejorar lo tuyo?

Nadie viene a cobrarte ni a facturarte tu pasado, si Dios te perdonó, tú debes caminar en ese perdón. Abraza la palabra y cree que nunca más nadie puede condenarte y mucho menos señalarte con su dedo si tú estás caminando hacia la gracia de Dios.

Misericordia es castigo merecido que no me dieron. Eso es misericordia. El castigo que merecías y no te dieron. Pero gracia, es lo que no te merecías y sin embargo igualmente te lo dieron. Estamos protegidos, provistos y justificados.

4.- ¿Quién es el que condenará? Nadie puede tener en tu contra una sentencia en nada. Nadie puede sentenciar cómo va a ser tu economía, nadie puede sentenciar cómo va a ser tu eternidad, nadie puede sentenciar cómo va a ser tu ministerio.

Porque el Señor es el que ha marcado sentencia y juicio sobre nosotros. ¡Todas las cosas ayudan a bien, pero si amamos a Dios! No es un decreto sí o sí como tan ligeramente se enseña, es una promesa condicionada en un mínimo de decisión y voluntad. Esto es una vida sin culpas.

Jamás viviremos una vida sintiendo culpa. La culpa no es Dios; Dios es responsabilidades, pero no culpa. Es el alma la que siempre anda buscando sentirse culpable. Le encanta dar y sentí lástima por sí misma. Algo que Dios creó jamás será digno de lástima.

5.- ¿Quién nos separará del amor de Cristo? Eso se llama intimidad. El alma siempre quiere escaparse de la intimidad con Dios. El espíritu, dice Pablo, siempre está dispuesto. El alma está ocupada en otras cosas. Presionada por horarios, por actividades, por los problemas que surgen.

El alma es una lupa que sobredimensiona las cosas pequeñas hasta llevarlas a la medida de catástrofes. Esa estrategia satánica logra que el tiempo que tú habías dispuesto para adorar, alabar, orar y leer la palabra de Dios, deba ser usado en otras cosas que no producen ni edifican nada.

Esas son las cinco perlas de Pablo, sembradas para que tú y yo las recojamos y las utilicemos para crecimiento y madurez. Separar del amor de Cristo. ¿Sabes quién puede separarnos del amor de Cristo? Nuestro yo. Más conocido como Ego. Más difundido gramaticalmente como egoísmo.

Ese es el único que puede. Si Dios con nosotros, ¿Quién contra nosotros? ¡Yo! Entiende esto: somos más padres de nuestro futuro, que hijos de nuestro pasado. Tú no serás poderoso por causa de lo que otros han sido, sino de lo que tú mismo puedas llegar a ser si fortaleces tu corazón.

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enero 1, 2015 Néstor Martínez