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La Única Revolución

Cuando usted oye hablar de Revolución, ¿En qué piensa? Seguramente que, mayoritariamente, en guerras, batallas, puja de poderes y sangre. Sin embargo, hoy quiero mostrarle a través de este trabajo, que es posible otra forma de revolución. Es más; quiero dejarle en evidencia que el evangelio, cuando es predicado de manera genuina y sin adulteraciones humanas sectoriales, es decididamente revolucionario.

(Juan 13: 34)= Un mandamiento nuevo os doy: que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros.

“…En esto conocerán que sois mis discípulos: en que rechacen y no tengan bienes materiales ni posesiones de ninguna clase…” ¿Es esto lo que dijo Jesús? No. Absolutamente no. “…En esto conocerán que sois mis discípulos: en que leáis siempre la Biblia y la llevéis constantemente debajo del brazo con vosotros…” ¿Es acaso esto lo que dijo? Tampoco. “…En esto conocerán que sois mis discípulos: por la validez de vuestras doctrinas y tesis redundantes…” Ni por asomo. ¿Entonces? Quizás… “…En esto conocerán que sois mis discípulos, en que crucéis tierras y mares, valles y montañas, distribuyendo folletos y ganando almas…” ¿Esto fue? Podrá sonar irreverente, pero tampoco fue esto, aunque sea esto lo que una gran parte de esos discípulos están haciendo.

Sin embargo Cristo no dijo ni por asomo ninguna de estas cosas. Dijo que hay tan solo un medio prioritario por el cual el mundo se convencerá que somos realmente discípulos suyos, y éste es el amor que tengamos los unos para con los otros. No somos discípulos de una teoría ni de una doctrina, no somos discípulos de una institución, somos discípulos de Jesucristo. ¡Nada menos!

Es aquí y en el marco de esta enseñanza donde, generalmente, la duda invade a muchos y la pregunta a los más audaces: ¿De qué clase de amor me están hablando? Porque siempre me ha dado la sensación que el amor conforme a mi corazón es una cosa y el amor conforme al corazón de Dios es muy otro. Pablo nos habla de “un amor genuino”. Entonces la re-pregunta se impone: ¿Qué es un amor genuino? Un amor de carácter divino. ¿Divino? Sí, divino. Porque el amor divino es imparcial, no hace acepción de personas. Es el mismo para el rey y soberano que para el que limpia las letrinas. ¡¡¡Hermano!!! ¿Cómo se le ocurre? ¿Qué como se me ocurre? ¡Ya quisiera yo ver como lo hacen en tu iglesia!

Dice la palabra que el amor no pide nada. Pero por favor, entienda bien; nada para sí mismo, lo cual nos está diciendo que esta clase de amor divino no es egoísta como el amor humano. Pero exigencias sí que tiene. Porque el amor nos exige, entre otras cosas, doblegar el orgullo de mi corazón, negarme a mi ambición de poder terrenal, a mis ansias de honores, de reconocimientos, de distinciones materiales. Pregunto: ¿Tendrá algo de malo o pecaminoso a la vista de los hombres, que en una congregación, una noche, hagan ascender a la plataforma a alguien que ha cumplido un buen servicio, le entreguen una plaqueta enmarcada en madera de cedro y la iglesia toda le brinde su aplauso y su reconocimiento? ¡No! ¿Qué puede tener de malo esto? ¡Ah, no sé! Pregúntele al Señor que ha dicho que no es esa su voluntad ni su propósito para con sus obreros.

El amor verdadero, asimismo, es algo que tiene que aprenderse lentamente en la que yo considero es la dura escuela de la vida. Puede haber alguna crisis, de acuerdo, pero toda crisis que no vaya seguida de un proceso de recuperación acaba por ser muy pronto un tumor maligno. Entienda bien esto, por favor: ninguna clase de crisis comienza mostrándose como tal. Generalmente se manifiesta levemente, como un pequeño problemita de sencilla resolución. Por algún desconocido motivo, se va dejando sin resolver hasta que un día se aparece en toda su monstruosa dimensión y nos desmorona ante nuestros ojos el ochenta por ciento de cualquier ministerio que podamos haber construido.

El amor que fluye de la plenitud del Espíritu Santo es, antes que otra cosa, comunicativo. Lo que resulta de la plenitud del Espíritu Santo, es: …Someteos los unos a los otros… ¿No ha sentido usted alguna vez el irresistible deseo de borrar de la Biblia este embarazoso versículo? ¿No? Entonces seguramente usted jamás ha sido líder de ninguna cosa ni piensa serlo. Porque si hay un versículo tremendo para los líderes, ese versículo es este, el que nos manda someternos los unos a los otros, por igual, y no solamente los muchos a ciertos pocos, que es lo que más profusamente hemos enseñado, aprendido y puesto por obra.

Si tuviéramos problemas y dificultades con algún hermano o hermana en Cristo, la primera y primordial resolución que deberíamos tomar, es la de comprometernos en una lucha de oración en su favor. Si usted juzga a alguien como poco espiritual, Dios podría subsanar sus deficiencias por medio de sus oraciones. El Señor Jesús enfatiza específicamente que deberemos orar por nuestros enemigos. Entonces usted me mira con arrugas en su frente y me pregunta: “Pero hermano…¿Esto es tan…así?” Mire: yo no puedo decirle si esto es tan así o no. Lo que sí puedo decirle, es que Jesús lo dijo y Él no solía hablar por hablar, ¿Sabe? Entonces convengamos que orar por aquellos que son nuestros amigos del alma, no sólo es sencillo sino también placentero desde lo emocional. En esa oración están puestos el espíritu, el alma y el cuerpo. El problema viene cuando debemos orar por nuestros enemigos. Porque allí si no toma autoridad el espíritu, el alma y el cuerpo no quieren saber absolutamente nada y se resisten bravamente.

¿Y como haremos una cosa así? ¿Cómo conseguiremos vencer los deseos de asesinar a esa persona por la cual Jesús nos manda orar? Mire; un paso esencial que facilita bastante las cosas, es orar juntamente con la persona en cuestión. Haciendo esto, empieza usted a obrar el primer esfuerzo a favor de la mutua comprensión. Es algo vital si usted quiere desarrollar el amor. En 1 Corintios 13 se nos dice que el amor todo lo cree. El odio, el orgullo y el temor, siempre creen lo peor. ¿Entiende cuál es el principio básico aquí?

Hay muchos factores de circunstancias, parentesco o antecedentes, extendiéndose al pasado, que nosotros no podemos ni necesitamos conocer. Tenemos que tratar de comprender y creer lo mejor acerca de este hermano o hermana cristianos. Tenemos que hacernos cargo de sus problemas, dificultades y batallas espirituales, antes de juzgarle. Si alguien, de pronto, no nos trata como debería hacerlo y es más, hasta nos arremete, antes de sentenciarle o condenarle, decidamos perdonarle su ofensa y orar en su favor. ¿Por qué? Porque quizás sin proponérnoslo, hayamos hecho algo que tiene que ver con algún estigma o marca de su infancia y eso lo llevó a reaccionar de esa manera. Entonces diremos: ¡Pero yo no sabía! ¡Si lo hubiera sabido, otra hubiese sido mi reacción! Claro, pero usted no puede andar por la vida con un diván de psicoanalista a cuestas intentando que cada persona le abra su corazón para que usted pueda entender sus actos. ¿No es más fácil, rápido y concreto obedecer a Jesús?

Dijo en cierta ocasión Amy Carmychael: “Si yo puedo divertirme con una broma a expensas de otra persona; si puedo de cualquier manera herir a otro en la conversación o aún de pensamiento, entonces es que no sé nada del amor del Calvario. Si menosprecio a aquellos a quienes soy llamado a servir, y hablo de sus puntos “flacos” en contraste con lo que yo pienso que son mis puntos “fuertes”; si adopto una actitud de superioridad, es que estoy olvidando a Aquel que nos hizo diferentes. Veamos: ¿Qué es lo que tiene usted que no haya recibido? Esa es la pregunta que en términos globales, hace la Palabra de Dios. Si la olvido, es que no conozco nada del amor del Calvario.

Guárdese de menospreciar, hacer burlas, hacer bromas o reírse a expensas de otros. Todo esto puede impedir el amor y la unidad y contristar al Espíritu Santo de Dios. Es costumbre pagana y obviamente mundana ponerse de acuerdo cuatro o cinco para “tomar de punto” a uno que está en soledad y reírse de él, generalmente, por defectos que este tiene. Es tan frecuente y hasta corriente que muchos lo toman como “natural”. Y como tal, lo incorporan a las rutinas internas de la vida de la iglesia. Pero si el pastor toma a cuatro o cinco de sus más allegados y entre todos hacen bromas por la forma de vestirse pintoresca, excéntrica y colorida, amén de sin gusto estético, que tiene el hermanito humilde que se encarga de la limpieza del templo, eso en ninguna manera agrada a Dios. Es más, produce su aborrecimiento se trate de las jerarquías que se trate. ¿Por qué? Simple, lo dicho: Porque impide el amor y la unidad y contrista al Espíritu Santo que tiene que ser quien comanda cualquiera de las reuniones de esa congregación. ¿Entiende ahora?

Hay algo que a cualquier costo debemos comprender: todos los hombres han sido creados a la imagen de Dios. Y sobre esta base, revisaremos que el clásico y legendario versículo de Juan 3:16 nos dice que Dios amó al mundo. Esto, obviamente, incluye a las personas no creyentes. Podemos ver a personas en las calles sucias, perdidas y repulsivas; sin embargo, son imagen de Dios. ¿Pueden nuestros corazones repudiar a aquellas personas que por alguna razón no nos gustan, cuando comprendemos que Dios las amó y que Jesús murió por ellas? Algunos miembros de iglesias han tergiversado este versículo y nos han convencido que Cristo murió por los cristianos, cuando la verdad genuina es que Él lo hizo por todos y por cada uno de los hombres y mujeres del planeta. Incluidos, claro está, los brujos, satanistas, hechiceros y homicidas. Dios amó al mundo y por el mundo dio a su único Hijo. Yo mismo estoy dialogando con usted, aquí, e intentando compartir alguna enseñanza que bendiga su vida, porque un día Dios me amó cuando estaba en el mundo, perdido y sin esperanzas. De otro modo, jamás se habría dado este diálogo, ¿Entiende?

(Mateo 7: 12)= sí que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas.

Si podemos ir a corregir a alguien sin dolor en nuestros corazones, es que no conocemos el amor del Calvario. Por el contrario, si yo tengo miedo de decir la verdad por no perder el afecto de una persona, o de que la persona afectada me pueda decir: “¿Qué te importa?”, o si tengo miedo de perder mi reputación de carácter amable; es decir: si pongo mi nombre antes que el bien en sí mismo, es que no conozco el amor del Calvario. Ahora repase la o las congregaciones que conoce. ¿Lo hizo? Seguramente ha encontrado a decenas, o cientos, o millares de personas dignas que jamás ponen sus nombres por delante del bien que desean hacer en nombre del reino de los cielos. ¡Gloria a Dios por ellos! Son el auténtico remanente de Dios en la tierra. ¿Cómo dice? Ah…que también ha visto a otros que hacen exactamente lo inverso… Bien; déjelos allí. Dios es un excelente pagador, y así como siempre digo que le pagará a usted conforme a la rectitud de su corazón, así también tengo que aclararle que eso será para bien o para mal de su vida. Porque Dios es justo.

Los que somos llamados, por ejemplo, a predicar, tenemos una gran ventaja. Es mucho más fácil para nosotros comprender nuestra completa incapacidad. Cuando vamos a una plataforma o a un micrófono, nos apercibimos más fácilmente de la responsabilidad que es puesta sobre nosotros. Sabemos que no somos dignos, que no conocemos la palabra de Dios como debemos; nos damos cuenta de cuán poco vivimos una vida auténtica de oración e intercesión. A veces hemos sido hechos conscientes por otros predicadores, de que trabajamos confiando en nosotros mismos, y por falsos motivos. Con más facilidad que otras personas nos damos cuenta de lo que realmente somos, y comprendemos que no somos tan consagrados como lo suponen nuestros oyentes.

(2 Corintios 12: 9)= Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.

Ahora pregunto: ¿Se ha dado el caso de que algún demonio de discordia, de ácida crítica, de malas interpretaciones, de murmuraciones y confusiones, parecería haberse confabulado con otros en contra suyo? Muy bien; en ese momento, que todos sabemos perfectamente que es de gran tensión, le pido que recuerde estas palabras: …MI Gracia te basta… Quiera Dios fortalecer este sentimiento, dejándolo bien fijado en lo más profundo de su sub-conciencia; pues sin ello, ninguna brillantez externa de barniz religioso le llevará con triunfo a través de la guerra que tiene delante suyo.

Cuando los gobernantes, después de una conveniente acción psicológica, llaman voluntarios para una guerra, aunque esa guerra sea incomprensible y notoriamente perdida de antemano, la gente corre igual a presentarse. Cuando el rey Jesús hace el mismo llamamiento a su pueblo, la gran mayoría mira para otro lado. …Es que…hermano…somos hijos del rigor… ¿Ah, sí? Pero si el rigor viene desde los cielos, así sea para su crecimiento y su maduración, tampoco le agrada, no es así? Entonces, ¿Entiende o no entiende que el problema no es ni intelectual, ni social, ni anímico, ni ideológico, sino que es netamente y enteramente espiritual? Veamos: ¿Qué sucedería si usted fuera convocado al frente de batalla de una guerra a defender su país y, cuando llega, no tiene mejor idea que hacer música, encender luces de colores y pensar formas de entretener a los soldados en batalla? Usted sería inmediatamente juzgado por traición por un Consejo de Guerra y muy probablemente ejecutado. Muy bien: ¿Tiene usted idea cuantos son los cristianos que andan reclamando y armando shows musicales y de entretenimiento en tiempo de guerra?

Deberíamos venir a la mesa del Señor llorando al pensar que hemos sido salvos por una gracia tan costosa como la de su muerte. ¡Es tan fácil para todos nosotros acostumbrarnos y llegar a quedar endurecidos e indiferentes a lo que Jesús hizo en la cruz por nosotros! Nuestra suficiencia no es Cristo más los amigos; Cristo más el servicio; Cristo más la posición; Cristo más las almas. Somos completos solamente en Él. Esto no es ocurrente ni ficticio. Ha sido escrito porque hay muchos, pero muchísimos cristianos que creen estar haciéndolo bien, pero que sin embargo no obtienen victoria de lo que hacen, sencillamente porque han alterado el orden de prioridades y no tienen a Cristo como único sostén, sino que intentan sostenerse, además, por sus actividades religiosas o eclesiásticas.

Todos nosotros buscamos ser aceptos, todos queremos ser solicitados, necesarios, mimados y atendidos. Si esperamos encontrar al marido o la esposa ideal, que cumpla todo esto en nosotros, vamos a tener algún día cercano, sin dudas, un profundo desengaño. Ningún esposo o esposa pueden llenar los más profundos anhelos de nuestros corazones, porque nosotros hemos sido hechos para Dios.

Enterarnos de toda la “toda-suficiencia” de Cristo es una cosa, pero apropiársela y experimentarla en nuestra propia vida es otra cosa muy diferente. Aquí es donde ingresa el concepto básico del título: El Evangelio de Jesucristo es una Revolución. ¿Revolución? Sí, Revolución. Pero atención: No habrá Revolución alguna para aquellos que simplemente “juegan a ser consagrados”, o se guían por emociones. No habrá Revolución para la persona que no está dispuesta a negarse a sí misma, tomar su cruz cada día y seguirle. Somos demasiado proclives a culpar a los demás o al mismo Dios por la que es nuestra condición espiritual deficitaria. ¿Y como luchamos contra eso? Produciendo en nuestros ámbitos más conmoción que devoción. Las congregaciones compiten a ver cual de ellas ofrece cosas más impactantes y espectaculares. La gente va a una y a otra en búsqueda de eso y, para tener acceso a la probabilidad de hallarlo, abona un ticket, un boleto, una entrada que, elegantemente, se denomina “ofrenda”. Esto no es Revolución. ¿Qué es Revolución? Tres pasos en esencia, mucho más en lo global.

1 – REVOLUCIÓN EN NUESTRA VIDA DE ORACIÓ

Uno de los más desalentadores fenómenos que tienen lugar en la iglesia en el día de hoy, es la falta de oración, tanto privada como en grupo. Es increíble cuán poca oración hay por lo general en las iglesias evangélicas. Cuando se anuncian reuniones de oración, asiste muy poca gente. Noches de oración, reuniones de oración en casas de familia, días de oración y ayuno, que tuvieron un lugar tan importante en la iglesia primitiva, son hoy día nada más que reliquias históricas del cristianismo. En nuestra era la gente está demasiado ocupada para orar. La iglesia ha buscado toda clase de sustitutos para la oración a fin de cumplir la tarea que le fue ordenada y que sólo puede cumplir con oración.

La principal preocupación del diablo es impedir que los santos oren. Nada teme de los estudios bíblicos, ni del evangelismo práctico, sin la oración. Se burla de nuestros trabajos; se ríe de nuestros esfuerzos y de nuestra sabiduría, pero tiembla cuando oramos. Si usted quiere hacer una comprobación práctica de lo que le estoy diciendo, observe su iglesia o cualquiera de las que conozca cercana. ¿En qué áreas de la iglesia han sucedido en los últimos años, hechos que determinaron alguna sanción disciplinaria? Si no los hubo, gloria a Dios, pero si los hubo, seguramente habrá sido en las áreas de Alabanza o de Oración. Esas son las dos cosas que más irritan a Satanás y, si no los cubrimos debidamente, con los que allí ministran se las agarra. Esencialmente las bandas de música que son formadas por muchachos y muchachas muy jóvenes, suelen ser objetivos del movimiento diabólico infiltrado dentro de los templos. Él sabe muy bien que si introduce pecado en los grupos de alabanza y adoración o en los de oración, ninguna de esas actividades serán productivas.

2 – REVOLUCIÓN EN NUESTRO ESTUDIO BÍBLICO

Debemos ser, a toda costa, hombres y mujeres conforme al Libro. O bien el pecado nos apartará del Libro, o este Libro nos apartará del pecado. Los actores y actrices memorizan millares de líneas para recibir los aplausos de los hombres y el correspondiente dinero; pero los cristianos parecen carecer del más pequeño motivo para aprender de memoria y recrearse en la lectura de la preciosa Palabra de Dios.

Los cristianos hemos tomado a la Palabra de Dios como Espada del Espíritu, pero la hemos utilizado para golpearnos el uno al otro, en lugar de marchar juntos en una gran ofensiva, por amor a Cristo.

3 – REVOLUCIÓN EN NUESTRA DISCIPLINA

Para muchos de nosotros la palabra “disciplina”, resulta muy desagradable. Sin embargo, si estudiamos la historia de la iglesia veremos que las personas poco disciplinadas no han hecho mucho para Cristo. La razón básica por la que tenemos tanta dificultad en aceptar la disciplina es porque nos faltan altos motivos para nuestras actividades. Podemos tratar de asumir una falsa disciplina, pero nunca significará una respuesta genuina al amor de Cristo que nos constriñe.

(1 Corintios 9: 26-27)= Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire, sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado.

Pablo sabía lo que era vivir de acuerdo con la Palabra, y sabía lo que tenía que hacer, sin tratar de hacer lo que le diera la gana o lo que el diablo quisiera que hiciera.

Por cada versículo de la Biblia que habla de reposo, confianza, esperar en Él o permitirle a Él obrar por nosotros, hay, no muy lejos, otro versículo que habla de lucha, batalla, guerra, obediencia y de la necesidad de presentar nuestros cuerpos como sacrificio vivo, para hacer la voluntad de Dios.

Un revolucionario espiritual es un hombre que ha aprendido el equilibrio entre lo que Dios hace y lo que el creyente debe cumplir, con la fortaleza de Dios y la obra interna del Espíritu Santo.

A menos que conozcamos la disciplina controlada por el Espíritu Santo, seremos un fracaso en nuestra vida cristiana.

Una cosa es un apretón de manos de mutua tolerancia, el domingo por la mañana, a cualquier hermano o hermana en Cristo, y otra totalmente distinta, diferente, el mantener un ferviente amor mutuo que nos una en una fraternidad revolucionaria y dinámica.

El sutil orgullo que nos causa pensar que “nuestro grupo”, “nuestra iglesia”, “nuestra denominación” es mejor que las otras, ha de ser derribado y sustituido por el amor que ama a nuestro hermano más que a nosotros mismos y nos hace comprender que sin amor no somos nada.

Por demasiado tiempo, nosotros, los evangélicos, hemos ido por el mundo con una máscara religiosa, pretendiendo ser una cosa y viviendo de un modo totalmente diferente.

Los cristianos somos culpables de habernos forjado héroes espirituales atribuyendo gran reputación a ciertos hombres. Estos son a su vez empujados a la irrealidad, tratando de mantener aquella reputación y a veces terminan siendo apóstatas o neuróticos. Nada impide tanto la dirección acertada como buscar el honor y la alabanza de los hombres.

Una de las razones por las que tantos jóvenes están desilusionados de la iglesia, y a veces de sus mismos padres, no es tanto porque hayan visto fracasos, sino porque les ha tocado ser testigos de fingimientos y pretensiones espirituales. Muchos de ellos, en su momento, prefirieron dedicarse a la vida hippie o cualquier otra forma de bohemia y snobismo, sin hogar, que un pretendido cristiano evangélico de dos caras.

La idea popular de que la primera obligación de la iglesia es proclamar el Evangelio a las partes más remotas de la tierra, es falsa. Nuestra primera obligación es ser espiritualmente dignos de proclamarlo. Proclamar una clase de cristianismo degenerado a países paganos no es cumplir el mandato del señor, es pervertirlo.

Mucho más que una gran campaña de predicación por medios modernos, el verdadero testimonio es la manifestación espontánea de la vida de Cristo en los creyentes.

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enero 1, 2015 Néstor Martínez