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La puerta de la verdad

Cuando el hombre tiene que tomar decisiones, casi siempre se encuentra frente a dos puertas. La Puerta de la Verdad y la Puerta de la Mentira. Finalmente, él habrá de decidir por cuál ha de pasar. Con esa decisión, obviamente, introducirá un elemento importantísimo en su vida, ya que de allí en más, toda ella habrá de responder al sentido de su decisión. Cuando eso sucede en la iglesia, la problemática se extiende más porque, además de su propia vida, esa decisión personal de un hombre, podrá también gravitar notoriamente en la vida de muchísimas personas. Esto, que parece mera filosofía existencial, es una verdad bíblica que hoy vamos a escudriñar, vamos a descubrir, vamos a revelar y vamos a colocarla en el lugar, quizás, al cual usted acude todos los fines de semana en búsqueda de todo lo que necesita para crecer.

¿Por qué se enojaban los fariseos con Jesús? Principalmente, porque él no se sometía a todos los rituales que ellos habían implementado y no respetaba de ninguna manera las viejas y acostumbradas tradiciones. No les interesaba en absoluto que la Ley, la Palabra divina de entonces, no los respaldara. El hecho de que “siempre se hizo así” parecía más que suficiente para convencer a cualquier hombre de obedecer sin cuestionar. Pero sucede que Jesús no era “cualquier hombre”, y por lo tanto jamás se sujetó a ellos.

Hoy, en muchos lugares, está sucediendo más o menos lo mismo. Ya no son aquellos fariseos y su Torá, naturalmente, sino modernos ministros implementando sus doctrinas denominacionales. ¿El argumento? El mismo. “Siempre se ha hecho así, y aquí no va a venir usted, ahora, a cuestionarlo. ¿Quién es usted?” Es verdad, quien soy yo. Pero, y perdón por la relación pero no puedo sustraerme: ¿Quién era Jesús? ¡El Hijo de Dios encarnado, hermano! ¡Ah, sí, claro! ¡Después que te lo enseñaron en la Escuelita bíblica lo dices con tanta seguridad! ¡Qué viveza! ¿Pero quien podía verlo así en aquellos momentos?

Bajo la luz de estas historias, antiguas y al mismo tiempo contemporáneas, vamos a ver ahora con detenimiento una palabra clave y tres sujetas a ella. Cuatro cosas que en el correr de las enseñanzas clásicas y tradicionales, no siempre nos ha permitido ver lo que realmente dice la Biblia, sino lo que cada sector ha dispuesto que se debe ver. La palabra principal es Puerta y sus circundantes: Redil, Rebaño y Pastor. Hay un capítulo entero en el evangelio de Juan que habla de Jesús, -dice allí-, como el verdadero pastor, como el buen pastor, como el pastor que conoce a sus ovejas. ¿Quién puede discutir eso? Absolutamente nadie. Sólo una cosa: si Jesús es el pastor verdadero, el bueno, el que conoce a las ovejas, ¿Quiere decir eso que habrá pastores que no son verdaderos, que no son buenos y que no conocen ni les interesa las ovejas?

(Juan 10: 1)= De cierto, de cierto os digo: el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ese es ladrón y salteador.

Vamos a dejar aquí algo bien en claro, porque es básico para entender el resto. Un redil, es lo que cualquiera de nosotros que hayamos andado por el campo alguna vez, conoce como un corral. Un predio cercado por alambrados, cercos o lo que sea, para ser usado como sitio para encierro de animales. Contrariamente a lo que muy románticamente hemos predicado y enseñado por años, la Biblia habla en menos pasajes de Redil, (sólo en cuatro), que es lugar de encierro, pero varias veces más de Rebaño, (que son ocho), que es un grupo dinámico, andante, que se mueve, que no está quieto, fijo ni reducido a un lugar.

En el momento en que Jesús está diciendo esto, el Redil, el corral, el lugar de encierro, era la Ley. Hoy son los templos, las doctrinas denominacionales, los reglamentos internos congregacionales y los estatutos eclesiásticos. De todos modos es pueblo de Dios y, para llegar a él, -dice-, se debe pasar por la puerta. Cristo dirá más adelante, “Yo Soy la Puerta”. Entonces lo que concretamente dice es que quien no entra al pueblo de Dios, hoy, a través de Cristo, es ladrón y salteador. Ahora bien: ¿El ladrón y salteador, hay que entender que era Satanás? En esencia, lógicamente que sí, pero no personalmente, ya que no es omnipresente. Pero tiene muchos personeros, servidores, ministros denominados como “ángeles de luz”. A la vista de este texto, entonces, ¿Cuál será el personaje central, el sustantivo, el protagonista aquí? Sin dudas: el ladrón y salteador. Alguien que llega a llevarse lo que no le pertenece.

(2) Mas el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es.

De movida nomás, vemos algo que en la realidad, no siempre se ha obedecido. Pastor no es un título obtenido en un seminario o instituto, ni una materia de cinco años a cursar en una buena universidad. Pastor es una función que, si se cumple, es legítima, y que si no se cumple, es falsa. POIMEN es la palabra y significa: un apacentador (después te digo lo que significa), un guiador, uno que cuida, que atiende, que alimenta y protege al Rebaño. Ojo: no dice que es el dueño del Rebaño. Puede ser, sí, el dueño de un Redil, pero esa es otra historia. Ahora bien: lo más importante de todo: ¿Por dónde debe pasar el pastor? Por la puerta, por Cristo. ¿Y qué es, entonces, si no pasa por esa puerta? Ladrón y salteador, ministro de Satanás.

(3) A este, (Habla del pastor genuino) abre el portero (¿Quién será el portero? ¿Escuchó usted alguna vez un mensaje sobre el portero?) Y las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre, (¿Con más de cien miembros?¡Hummm!.) Y las saca.

¡Un momento! ¿Leí bien? ¿Estamos hablando de uno que pasó por la puerta, que es pastor genuino, que entra al Redil y que saca al Rebaño? Así parece, no? ¿Y para donde lo saca? Simple y claro: fuera del redil. A buscar buenos pastos que dentro del redil no hay. ¿Cuál será el Redil, hoy? La estructura eclesiástica, una pesada carga heredada por años. ¿Y por qué dice que las saca? No lo dice aquí, pero queda implícito: Cristo es libertad, jamás encierro o estrechez, y mucho menos prohibiciones. ¿Cuántos habrá allí que desearían ser libres para predicar, orar, estudiar y no pueden porque, o bien no se les permite o bien están asfixiados por los compromisos de una congregación y no les queda tiempo? Pero mire como sigue:

(4) Y cuando ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas: Y las ovejas le siguen, porque conocen su voz.

Dice que va delante de ellas. Pero de las propias, de las auténticas, de las genuinas, eh? No de las arrimadas o agregadas por conveniencias. ¿Qué es ir adelante? Es tener una convicción, una certeza, una visión ESPIRITUAL, no hablo de obras, escuelas, comedores o mutuales, Espiritual. Y salir a ejecutarla. Los demás van a sumarse seguramente, porque el Espíritu Santo es uno y coherente, y jamás puede dar diez visiones a un mismo cuerpo. ¡Pero eso no pasa, hermano! Debe ser porque el Espíritu Santo no está presente en la mayoría de las visiones que lo invocan.

(5) Mas al extraño no seguirán, sino huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.

El extraño, le recuerdo, viene a ser el que no entra por la puerta, Cristo, sino por otra parte, es decir: el ladrón y salteador. Dice que las ovejas no lo seguirán. Sin embargo, vemos que hay mucha oveja siguiendo a muchos extraños. ¿De las propias? ¡Ah, no sé! Las propias no siguen al extraño, huyen de él. Las llaman rebeldes, insujetas, herejes y blasfemas, pero se mantienen firmes y no se dejan llevar de la nariz al pozo por ningún ciego. “Yo huiría, hermano, pero adónde? Lo lamento, no tengo esa respuesta.

(6) Esta alegoría les dijo Jesús: (Acá está. Esto va dedicado a todos los que defenestran las revelaciones, las tipologías y los símbolos, asegurándonos que la Biblia dice lo que dice, y no se puede imaginar ninguna otra cosa por muy paralela que parezca. Amén, pero aquí dice ALEGORÍA y, alegoría, que yo sepa, quiere decir escribir, hacer o decir una cosa pero que en realidad significa otra.) Pero ellos no entendieron qué era lo que les decía. (¡Ánimo! Los discípulos tampoco le entendían al principio)

(7) Volvió, pues, Jesús a decirles: de cierto, de cierto os digo: yo soy la puerta de las ovejas.

Cristo dice yo soy la puerta, así que no caben dudas que la única manera de estar apacentando un Rebaño es en Cristo y por Cristo. ¡Hermano! ¡Qué novedad! ¡Cualquiera lo sabe! Está bien, yo no le digo que no se sepa, le digo que no se hace en una gran proporción. Y a esto, Dios ya lo sabía, ya que dice por medio de Jeremías 23:1-2, ¡Ay de los pastores que destruyen y dispersan las ovejas de mi rebaño! (Dice Rebaño, no dice Redil.) dice Jehová. Por tanto, así ha dicho Jehová Dios de Israel a los pastores que apacientan a mi pueblo: vosotros dispersasteis mis ovejas, y las espantasteis, y no las habéis cuidado. He aquí que yo castigo la maldad de vuestras obras, dice Jehová. Y eso no es todo. También habla por Ezequiel 34:2, diciendo: Hijo de Hombre, profetiza contra los pastores de Israel; profetiza, y di a los pastores: así ha dicho Jehová el Señor: ¡Ay de los pastores de Israel, que se apacientan a sí mismos! ¿No apacientan los pastores a los rebaños? (Y dice otra vez Rebaño, no Redil)

(8) Todos los que antes de mí vinieron, (Está hablando de oportunistas, simuladores) ladrones son y salteadores (¿Está claro que aquí hay dos opciones, no? Cristo por un lado y ladrones y salteadores por el otro) pero no los oyeron las ovejas. (Y ellos se enojaron, las persiguieron, las humillaron, las calumniaron, les prohibieron la entrada, las echaron, hablaron con otros ladrones y salteadores para que tampoco las recibieran)

(9) Yo soy la puerta (Segunda vez que lo dice. ¿Serían sordos los discípulos o esto era muy importante?) El que por mí entrare, será salvo; (Esto es simple: si el que entra al Rebaño por Cristo, es salvo. El que entra por otra parte, que es ladrón y salteador, no lo es. ¡Hermano! ¡Qué duro! ¿Duro? ¡Estoy leyendo la Biblia, no opinando ni creando doctrina!) Y entrará, y saldrá, y hallará pastos. ¿(¿Qué quiere decir con “entrará y saldrá?” No se refiere, esto es seguro, a que se puede vacilar entre el estar en Cristo un momento y fuera de Cristo al siguiente. No, seguro. De lo que sí habla es de libertad, de moverse dentro del reino como la oveja quiera, siempre que su fundamento sea Cristo. ¡Claro que sí puede ser libre!

(10) El ladrón (O sea: el ladrón y salteador del cual venimos hablando, el que no entra por la puerta, el que no entra por Cristo) no viene sino para hurtar y matar y destruir; (¡Un momento! A mí me enseñaron que este ladrón era el diablo, no un falso pastor! Lógico. Satanás no es tonto y está, efectivamente, detrás de todo esto, usufructuándolo a su favor, pero tergiversó un poquito esta palabra con una intención: mientras la gente no vea a un demonio entrando a la iglesia, jamás va a pensar que alguien quiere robarle, matarlo o destruirlo. Y mientras se queda sentadito esperando al demonito ese, el ladrón, el salteador, el asalariado, el falso pastor, se lo come de a pedacitos) yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.

ABUNDANCIA, aquí, es la palabra PERISSOS, y significa superabundancia, excesivo, rebosante, más que suficiente, profuso, extraordinario mucho más de lo necesario, y es lo que Dios promete a los que entran al Rebaño por la puerta. ¡Pero yo conozco a mucha gente de la iglesia que no tiene una vida abundante, hermano! Sí, yo también, pero repito: se entra por la puerta, por Cristo, Él es la prioridad. A veces, esa prioridad se altera y pasa a ser: la iglesia como institución, la congregación local, el templo, la denominación, la doctrina, la actividad, el ministerio o el pastor. Nadie dice que esto no tenga valor, lo que decimos es que ninguno de ellos son: La Puerta.

(11) Yo soy el buen pastor; (Cristo es el buen pastor; el resto es imperfecto) el buen pastor su vida da por las ovejas. (¿Cuántos pastores conoces así? Hay algunos. ¡Gloria a Dios por sus vidas! Pero también tenemos que dejar la puerta abierta a la verdad: no son todos así)

La prueba de que el pastor es una función y no un título religioso jerárquico, es que en la profecía de Isaías, ya lo preanuncia. En 40:10 y 11, dice: He aquí que Jehová el Señor, vendrá con poder, y su brazo señoreará; he aquí que su recompensa viene con él, y su paga delante de su rostro. Como pastor apacentará su rebaño; en su brazo llevará los corderos, y en su seno los llevará; pastoreará suavemente a las recién paridas. En la otra punta, en el libro del Apocalipsis, cuando viene hablando de la multitud salida de la gran tribulación, en el capítulo 7 y verso 17, dice: Porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a fuentes de aguas de vida; y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos.

(12) Mas el asalariado, y que no es el pastor, (¿Quién se supone que es el asalariado? Aquí le dice que es uno que no es el pastor, aunque evidentemente está ocupando su lugar. O sea: es el ladrón y salteador que entró al rebaño pero no por Cristo, que es la puerta, sino por otras vías: influencias, arreglos entre familias influyentes, elecciones democráticas, asambleas con metodologías seculares o negociaciones políticas. ¿Y a qué entra? El verso 10 dice que a robar, matar y destruir el rebaño. ¿Pero será posible que verdaderamente sea así? No sé, mire a su alrededor; ¿Qué es lo que ve?) De quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa.

(13) Así que el asalariado huye, porque es asalariado, y no le importan las ovejas.

Desde el momento mismo en que el propio Dios instaura la comparación entre sus hijos y un rebaño de ovejas, (Y aquí merece una aclaración: he dicho rebaño y no redil, porque un rebaño tiene libertad y un redil es una especie de cárcel, de prisión). Desde ese momento, queda algo muy en claro: Dios ama a cada una de sus ovejas, tal como son, con sus virtudes y sus defectos. Se preocupa por su bienestar, por su alimentación, por su salud y por su felicidad. Obvio es, entonces, que si el pastor es uno de los cinco ministerios básicos, ha sido dado para que se maneje con esa misma óptica.

Muchos cumplen esa función; son pastores. Otros conducen la congregación, la institución, con inteligencia y cierto éxito, pero no prestan demasiada atención a la gente, derivan todo a “ministerios especializados”. Estos no son pastores, son, -si usted quiere-, ancianos, líderes, obispos o gerentes de religión. Y hay otros que usan a la oveja para su propio beneficio, la manipulan emocionalmente, le sacan provecho, si se les va alguna jamás saldrán a buscarla porque, dicen arrogantes, es su deber venir a avisar que se va y por qué lo hace, como si existiera algún rebaño donde eso fuera posible. Son asalariados, falsos pastores, lobos rapaces vestidos de ovejas, ladrones y salteadores llegados para hurtar, matar y destruir.

(14) Yo soy el buen pastor; (Por si le quedó alguna duda, lo dice de nuevo) y conozco a mis ovejas, (Hay enormes congregaciones donde el pastor jamás llega a conocer a ovejas que de pronto hace más de diez años que están allí) y las mías me conocen, (Aquí está la explicación de por qué mucha gente se equivoca y, en lugar de apoyar a un siervo genuino de Dios, terminan haciéndolo con un asalariado. Dice el Señor que, si no conocen su voz a través del hombre, no son ovejas propias.) (15) así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; (Este es el principio básico de la sujeción: es a una autoridad que está sujeta a Autoridad, nunca a una autoridad sujeta a reglamentos, costumbres o tradiciones. Mucho menos a ocurrencias o conveniencias de hombres, ya que eso no es sujeción, eso es esclavitud) y pongo mi vida por las ovejas (Pastor: No se lamente si deja la vida en su ministerio. El Gran Pastor, ya lo hizo antes)

Hay un principio básico e inalterable aquí: el buen pastor siempre entrará al rebaño a través de una puerta llamada Cristo. ¿Sabe por qué? Porque para que ese buen pastor se atreva a hacerlo, tendrá antes la certeza de haber sido llamado precisamente por quien está a la puerta y llama. Ahora, cualquier otro método, más allá de si está aprobado, reconocido y hasta avalado por todas las convenciones, concilios, juntas y asociaciones humanas que usted quiera, no es Dios. ¿Cuántas veces ha oído a alguien decir: “Siento un llamado al ministerio pastoral”? Sería importante que, a cada hombre o mujer que verdaderamente sienta o crea tener un llamado así, alguien le pregunte: ¿Qué se imagina haciendo como pastor? Si su respuesta tiene que ver con ovejas, ovejas y ovejas, efectivamente, ha sido llamado. Ahora si esa respuesta tiene que ver con iglesia, iglesia e iglesia, yo lo miraría con cuidado. Una cosa es ser pastor para cuidar, apacentar y proteger gente y, otra muy diferente, para regir, dirigir o comandar congregaciones.

Dice que el pastor, el POIMEN, preponderantemente, es uno que apacienta. Buscando en los originales esa palabra, me encuentro con que APACENTARÁ, es la palabra RA’AH, y significa literalmente: pastorear, alimentar, vigilar, llevar el rebaño a pastar. Mucho cuidado con esto, por favor, para no equivocarnos. Dice que apacentar, es LLEVAR al rebaño a pastar, se supone que a un lugar donde se encuentran los mejores pastos que ese pastor habrá seleccionado. Pero una cosa es llevar el rebaño a pastar y otra muy distinta lo que mayoritariamente se ve: traer a un redil pastos de nuestra propia huerta, cualquiera sea su calidad nutritiva. Aparece buen pasto, por allí, gracias a Dios, pero también una enorme cantidad de paja seca que produce un tremendo raquitismo espiritual, hambre permanente y necesidad de buscar palabra donde quiera que se encuentre, con la consiguiente posibilidad del error que siempre está latente.

Tengo algo muy claro: si cada grupo cristiano de esta ciudad fuera un rebaño que come buenos pastos, (o sea gente con libertad para comer lo que sea más nutritivo), y no un redil hambriento (Esto es: gente encerrada y sometida en templos, obligada a comer a veces basura humanista, científica, filosófica o secular) yo estaría de más aquí y no llevaría diez años trabajando duro para traer siempre el mejor pasto que haya encontrado. A veces de mi huerta, a veces extrayendo lo bueno de otras huertas dignas de honrarse, aceptarse, creerse y ponerse por obra. No interesa como, lo que sí interesa es cumplir con un rol de un ministerio: llevar al rebaño a los mejores pastos, ¿O usted se piensa que yo me puedo creer que todos los que están allí, hoy, del otro lado, leyendo esto, están porque les resulto entretenido, o carismático, o simpático o porque les arrimo un mensaje sin compromisos? Habrá alguna proporción de “cholulismo” cristiano, no sé, quizás, pero sé muy bien el motivo por el cual usted está allí. Y usted también lo sabe. Y aquellos que tienen la obligación de cumplir con el rol de alfolíes, por el cual reciben diezmos y ofrendas, también lo saben. Pero como yo no represento riesgos porque he dicho mil veces que no pienso abrir ninguna iglesia propia y, por consecuencia, no me voy a llevar a nadie de ningún lugar…

No por nada, esa palabra Ra’ah hace énfasis, precisamente, en el cuidado y la protección de los animales y se refiere, particularmente, a la provisión de buenos pastos. Este verbo, Ra’ah, aparece más de 170 veces en el Antiguo Testamento. Fíjese que en los principios de su vida, a David le tocó la tarea (no del todo bien conceptuada en aquella época) de alimentar los rebaños de su padre. Ese era el preanuncio de lo que vendría después: la tarea de alimentar los rebaños de su Padre celestial. Eso es Ra’ah: pastorear, cuidar ovejas, vigilar que nadie las lastime. Mucho de lo que hoy se ve no es el pastoreo bíblico, sino el ejercicio rígido de una especie de gerencia pragmática de una empresa religiosa denominada iglesia.

(Salmo 78: 71)= Detrás de las paridas lo trajo, para que apacentase (Ra’ah) a Jacob su pueblo, y a Israel su heredad, (72) y los apacentó (Ra’ah) conforme a la integridad de su corazón, los pastoreó con la pericia de sus manos.

(Salmo 23: 1)= Jehová es mi pastor; nada me faltará; (2) en lugares de deliciosos pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará. (Ra’ah).

(Salmo 80: 1)= Oh pastor de Israel, escucha: tú que pastoreas (Ra’ah) como a ovejas a José, que estás entre querubines, resplandece.

(Ezequiel 34: 22)= Yo salvaré a mis ovejas, y nunca más serán para rapiña; y juzgaré entre oveja y oveja. (23) Y levantaré sobre ellas a un pastor, y él las apacentará; (Ra’ah) a mi siervo David, él las apacentará, y él les será por pastor.

(Miqueas 5: 4)= Y él estará y apacentará (Ra’ah) con poder de Jehová, con grandeza del nombre de Jehová su Dios; y morarán seguros, porque ahora será engrandecido hasta los fines de la tierra.

(Mateo 18: 12)= ¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas (Esto quiere decir: una congregación de cien miembros) y se descarría una de ellas (Cae en pecado, estafa a alguien, miente, defrauda, adultera o, sencillamente, desaparece) ¿No deja las noventa y nueve (En manos y al cuidado de sus colaboradores, que en todas las congregaciones los hay y fieles) y va por los montes a buscar la que se le había descarriado? (Yo creo que si es un pastor que entró por la puerta, sí, seguro. Ahora si ha entrado por otro lado, también tomará letra no ya de esta Biblia sino de alguna disposición confeccionada y firmada por alguna junta de notables, que dice que no, que es la oveja la que tiene que venir a hablar con su pastor y avisarle que ha resulto irse o descarriarse)

Por eso la Puerta de la Verdad. Yo soy la Verdad, el Camino y la Vida, dijo el Señor. Y el que por él no entra, no entra, eh? ¡Pero hermano! ¿Y como me doy cuenta de eso? Ni se tiene que dar cuenta, sólo tiene que, entregarse a Cristo primero, y someterse a lo que su Espíritu Santo le diga después. El resto será sencillo, ya que el que entra por la misma puerta que usted, tiene al mismo Espíritu que usted y eso salta inmediatamente a la evidencia. En tanto que, el ladrón, que es salteador y asalariado y que no ha entrado por la Puerta de la Verdad, en algún momento le mostrará que anda en la mentira, porque quiera o no todavía está en las manos del Padre de Mentira y como el árbol se conoce por sus frutos, jamás árbol falso podrá dar fruto verdadero.

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enero 1, 2015 Néstor Martínez