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La Hora de Jeremías

La Biblia contiene una serie de relatos literales, históricos, sociales y hasta políticos que encierran, en su interior, principios espirituales que emanan de la esencia misma de Dios. Lo primero, puede entenderse, analizarse y hasta evaluarse a partir de nuestras mayores o menores riquezas intelectuales, pero lo segundo, por ser patrimonio de la inspiración del Espíritu Santo, deberá ser revelado por el mismo Espíritu a todos aquellos que deseen poseerlo. Y en el marco de esa actitud, el libro de Jeremías nos despierta, a partir de un capítulo que nos mostrara el Señor para este tiempo, a una nueva ventana en el ámbito espiritual. La del juicio inexorable que más tarde o más temprano llegará, en primera instancia, sobre la propia casa de Dios, sobre su propio pueblo, y en segunda instancia, con el resto de la humanidad. Juicio, usted ya lo sabe, no es nada más que una separación de lo verdadero de lo falso. Olvide destrucciones en masa, planetas cayendo sobre su cabeza y toda esa parafernalia con que el diablo ha sabido adornar estas premoniciones haciendo que la gente tenga miedo. Y quien tiene miedo, aunque entre al evangelio, lo hace de la mano del adversario que, como todos sabemos, es el dueño del imperio del miedo. Es la hora en que la iglesia genuina, entonces, tome conciencia que ha llegado otra hora: La Hora de Jeremías. ¿De qué se trata? Acompáñeme a verlo desde la propia palabra.

(Jeremías 7: 1)= Palabra de Jehová que vino a Jeremías, diciendo: (2) Ponte a la puerta de la casa de Jehová, y proclama allí esta palabra, y di: Oíd palabra de Jehová, todo Judá, los que entráis por estas puertas para adorar a Jehová.

(3) Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Mejorad vuestros caminos y vuestras obras, y os haré morar en este lugar.

(4) No fiéis en palabras de mentira, diciendo: Templo de Jehová, templo de Jehová, templo de Jehová es este.

La triple repetición de “templo de Jehová”, es una práctica literaria usada para destacar una rase o concepto. La mera repetición de la frase representa confiar en palabras de mentira, ya que la protección y bendiciones de Dios sólo vienen si se vive de acuerdo con su voluntad. Es frecuente y casi cotidiano oír, hoy, en cualquier templo autodenominado como “cristiano”, que sus responsables aseguran desde los púlpitos o los altares, algo similar a lo que aquí leemos: “templo de Jehová es este”. Sin embargo, también resulta cotidiano observar que no siempre esa aseveración es correcta, ya que son muchas las congregaciones muy bien aceitadas y organizadas que no viven conforme a la voluntad de Dios. Por eso Dios les dice que mejoren sus caminos. Si no lo hacen, también les anticipa que no los dejará morar en ese lugar. ¿Qué lugar? El lugar en el Espíritu en el que Dios se mueve y se manifiesta.

¿Y en qué deberían esos cristianos mejorar sus caminos? ¿Por qué Dios no estaría satisfecho con sus comportamientos? Mire: hay un texto en el libro de Miqueas que resulta más que esclarecedor. En Miqueas 3:11 leemos con relación a este mismo asunto: Sus jefes juzgan por cohecho, y sus sacerdotes enseñan por precio, y sus profetas adivinan por dinero; y se apoyan en Jehová, diciendo: ¿No está Jehová entre nosotros? No vendrá mal sobre nosotros. Claro; no es eminentemente textual, pero a grandes rasgos esto es lo que se oye en muchos sitios. “Hagamos cualquier cosa en el nombre del Señor, total si Él está en su iglesia, ¿Qué podría pasarnos? Es la enorme y triste confusión de creer que la iglesia es el templo y que Dios –efectivamente- puede ser burlado por los hombres sagaces y astutos. Olvídelo.

(5) Pero si mejorareis cumplidamente vuestros caminos y vuestras obras; si con verdad hiciereis justicia entre el hombre y su prójimo, (6) y no oprimiereis al extranjero, al huérfano y a la viuda, ni en este lugar derramareis la sangre inocente, ni anduviereis en pos de dioses ajenos para mal vuestro, (7) os haré morar en este lugar, en la tierra que di a vuestros padres para siempre.

Aquí en el verso cinco, se destaca algo que muchos ministros cristianos deberían tener muy en cuenta: que para recibir la bendición de Dios, es necesario hacer prevalecer la justicia entre el hombre y su prójimo. Es cotidiano y hasta normal ver la injusticia en el mundo secular, ateo, impío y pecador, pero resulta muy triste observarla en lo que llamamos iglesia.

El verso seis nos puntualiza que proteger al extranjero, al huérfano y a la viuda, es un ingrediente esencial del orden social divino. En la escritura se destaca a menudo esta preocupación. La práctica de la verdadera fe en nuestros días supone asumir una actitud de compromiso social hacia los necesitados. En la tipología, vale aclararlo, el extranjero es aquel que no pertenece por nacimiento a la familia de Dios, sino que ha llegado de adulto y ha sido adoptado como tal; el huérfano es el que carece de la presencia permanente del Padre celestial y la viuda, es aquella iglesia donde Cristo no representa la imagen del esposo, sino que sus caminos se desandan en base a reglamentos, estatutos y ordenanzas conforme a la sabiduría humana.

(8) He aquí, vosotros confiáis en palabras de mentira, que no aprovechan. (¿Existirá hoy alguna congregación que esté confiando, a sabiendas, en palabras de mentira que no aprovechan?)

(9) Hurtando, matando, adulterando, jurando en falso, e incensando a Baal, y andando tras dioses extraños que no conocisteis, (10) ¿Vendréis y os pondréis delante de mí en esta casa sobre la cual es invocado mi nombre, y diréis: liberados somos; para seguir haciendo todas estas abominaciones? (Esto parece tan incoherente de realizar que, se supone, ha sido escrito como fruto de un exceso de celo y cuidado, verdad? No se confunda. La tierra está llena de púlpitos desde los cuales se falsifica la palabra de Dios en la suposición que, pese a esa falsedad, ese pueblo podrá ponerse delante de Dios sin que éste atine a hacer nada al respecto. ¿Cómo se puede caer en la tentación de pensar que Dios es tonto?)

(11) ¿Es cueva de ladrones delante de vuestros ojos esta casa sobre la cual es invocado mi nombre? He aquí yo también lo veo, dice Jehová.

Esto último parecería ser el resultado de la mera práctica de asistir a la casa de Dios como toda obligación del creyente. Quiero recordarle que esta práctica religiosa también fue condenada por el propio Jesús. En tres de los cuatro evangelios hay referencias muy claras al respecto, mire: Mateo 21:13= Y les dijo: Escrito está: Mi casa, casa de oración será llamada; más vosotros la habéis hecho cueva de ladrones. (Marcos 11:17)= Y les enseñaba, diciendo: ¿No está escrito: mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones? Más vosotros la habéis hecho cueva de ladrones. En Lucas 19:46 prácticamente dice la misma cosa que en estos dos mencionados. ¿Por qué diría esto Jesús? ¿Acaso por algo circunstancial, de ese tiempo, o quizás previendo que durante las épocas venideras podría seguir siendo así No lo sé. Usted tiene la respuesta. ¿Qué sucede en su congregación? ¿Es casa de oración o cueva de ladrones?

(12) Andad ahora a mi lugar en Silo, donde hice morar mi nombre al principio, y ved lo que le hice por la maldad de mi pueblo Israel.

(13) Ahora, pues, por cuanto vosotros habéis hecho todas estas obras, dice Jehová, y aunque os hablé desde temprano y sin cesar, no oísteis y os llamé, y no respondisteis; (14) y haré también a esta casa sobre la cual es invocado mi nombre, en la que vosotros confiáis, y a este lugar que di a vosotros y a vuestros padres, como hice a Silo.

Aquí quedará claro un concepto que nadie podrá dejar de lado ni soslayar. ¿Es Dios quien coloca su nombre en un sitio? Aquí dice que sí lo es. ¿Es Dios quien sacude el polvo a los que deshonran su nombre haciéndose representantes ilegales del Dios que jamás aceptaría ser representado por ellos? Sí señor, también es Dios quien lo hace. ¿Lo hace, acaso, en silencio y sin preaviso Dios a esto? En absoluto. Dice que habla una y otra vez y que recién cuando se convence que no se lo quiere oír es cuando actúa. ¿Sigue el hombre confiando en una casa de mampostería por sobre la presencia de Dios como se hacía en este tiempo? Sin dudas; todavía hay muchos para los cuales “la iglesia” es la casa, el templo, el salón, las bancas, las butacas. Basta. Usted es la iglesia. Le guste, no le guste, lo acepte o no lo acepte; no le hace.

 La expresión “desde temprano” que se usa en el verso 13, significa “repetida y seriamente” o “una y otra vez”. Lo confirma lo expresado en 2 Crónicas 36:15 cuando leemos: Y Jehová el Dios de sus padres envió constantemente palabra a ellos por medio de sus mensajeros, porque él tenía misericordia de su pueblo y de su habitación. 

(15) Os echaré de mi presencia, como eché a todos vuestros hermanos, a toda la generación de Efraín.

(16) Tú, pues, no ores por este pueblo, (¡Oh!) ni levantes por ellos clamor ni oración, (¡Oh! ¡Oh!) ni me ruegues, porque no te oiré.

Quizás los acontecimientos a que se alude en el capítulo 26 pertenecen a los versos 15 y 16. Se le pide a Jeremías que no ore por este pueblo, como corresponde a un profeta. No existe, virtualmente, esperanza alguna para este pueblo por sus constantes rebeliones. Sin embargo, Jeremías en su momento, oró por ellos. Porque en el capítulo 18 y verso 20, vemos que Jeremías le dice a Dios: ¿Se da mal por bien, para que hayan cavado hoyo a mi alma? Acuérdate que me puse delante de ti para hablar bien por ellos, para apartar de ellos tu ira. Yo me pregunto cuantos hermanos sinceros, fieles, estarán hoy orando por congregaciones infatuadas en sus rebeliones humanistas. Cuantos habrán recibido ya la directiva de Dios de no orar más porque ellos no quieren salir de sus vanidades. Y cuantos, pese a ello, al igual que Jeremías, seguirán firmes en su intercesión cotidiana.

(17) ¿No ves lo que estos hacen en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén?

Es la misma pregunta la que Dios le hace a usted hoy mi amado hermano: ¿No está viendo lo que otra parte de lo que llamamos iglesia está haciendo adentro de los templos, a través de las organizaciones cristianas y desde las manipulaciones emocionales o materiales de sus miembros? ¿De verdad usted sigue pensando que debemos callar y hacer como si todo estuviera bien? No es eso lo que Dios dice aquí. Es verdad, nos dice que no tenemos por qué tomarnos justicia por nuestra propia mano ni tampoco tomarnos a empellones con los ministros falsos o asalariados, pero de ninguna manera eso equivale a mentir ante los ojos del mundo para hacer creer que todo está perfecto e inmaculado. Cuidado: el mundo, a su modo, también tiene discernimiento.

(18) Los hijos recogen la leña, los padres encienden el fuego, y las mujeres amasan la masa, para hacer tortas a la reina del cielo y para hacer ofrendas a dioses ajenos, para provocarme a ira.

Toda la familia participaba en el culto a la Reina del Cielo, que era como se la denominaba a la diosa Istar de Babilonia. ¿Babilonia dijo? Sí, Babilonia. ¿Por qué? Porque en la tipología, Babilonia es la iglesia falsa, la paralela, la que parece que es genuina y no lo es. Entonces no es casual que los llamados aquí “dioses ajenos”, y que nosotros imaginamos como ídolos, fetiches o totems, no son otra cosa que esos ídolos que cotidianamente reciben toda la honra y la gloria en cualquiera de esas congregaciones falsas con que el diablo ha logrado burlar y engañar a tantos fieles y sinceros cristianos. ¿Ídolos? ¿Qué ídolos? Humanismo, Filosofía, Teología intelectual, Psicología y tantas otras ciencias y pseudo ciencias con que la iglesia falsa intenta reemplazar al poder y la presencia de Dios.

(19) ¿Me provocarán ellos a ira? Dice Jehová. ¿No obran más bien ellos mismos su propia confusión? (Atención con esto: generalmente, cuando la iglesia enfrenta una contrariedad, suele cargarle las culpas a Satanás. Entonces se convocan a los ministerios de Liberación y Guerra Espiritual (Que dicho sea de paso no son bíblicos) para que reprendan al maligno. ¿Sabe qué? Aquí dice Dios que son ellos mismos los que fabrican sus propias confusiones, no el diablo.)

(20) Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor: He aquí que mi furor y mi ira se derramarán sobre este lugar, sobre los hombres, sobre los animales, sobre los árboles del campo y sobre los frutos de la tierra; se encenderán y no se apagarán.

Este es un principio espiritual para tener muy en cuenta, ya que si bien está inserto, aquí, en un relato histórico y cronológico de un tiempo y una época, como todos los principios divinos, conserva su estado de vigencia permanente. El pecado del pueblo corrompe y atrae el juicio de Dios no sólo sobre ellos, sino también sobre toda la creación. ¿Se da cuenta ahora, el por qué de tantas barbaridades que cotidianamente ocurren en el mundo y que no suelen encontrar una explicación coherente y lógica que pueda esclarecerlo? Es el pecado. Desde el principio es el pecado y los seguirá siendo en tanto y en cuanto el hombre no lo abandone.

(21) Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Añadid vuestros holocaustos sobre vuestros sacrificios, y comed la carne.

(22) Porque no hablé yo con vuestros padres, ni nada les mandé acerca de holocaustos y de víctimas el día que los saqué de la tierra de Egipto.

(23) Más esto les mandé, diciendo: Escuchad mi voz, y seré a vosotros por Dios, y vosotros me seréis por pueblo; y andad en todo camino que os mande, para que os vaya bien.

Cabe aclarar porque así corresponde, que estos versículos no constituyen un rechazo a los sacrificios del Antiguo Testamento, pero sí enfatizan que los sacrificios carecen de valor si no son una expresión de un corazón devoto. ¿Cuál fue el mandato de Dios aquí? Sencillo: Escuchad mi voz…

¿Terminaron los sacrificios dentro del pueblo de Dios? ¡Ah, sí, hermano! ¡Por supuesto que terminaron! Yo era católico Romano y, desde el día que me convertí hasta hoy, jamás volví a hacer ninguno de aquellos clásicos sacrificios que acostumbraba a hacer. Ir caminando de tal a cual lugar, entrar de rodillas en tal o cual templo, etc. ¡Sí hermano! ¡Los sacrificios en el pueblo verdadero y genuino de Dios, terminaron! Esta es una verdad, pero con algunos claros y oscuros. Por ejemplo, el agotarse físicamente por alguna obra material porque, suponemos, Dios se va a mostrar muy satisfecho y agradecido con nosotros por cumplimentarla. Eso se ha aprendido porque, obviamente, se ha enseñado. ¿Habrá que repetir el mandato? Creo que sí. Dice Dios: Escuchen mi voz…

(24) Y no oyeron ni inclinaron su oído: (Le recuerdo que inclinar el oído, es el mejor símbolo de oír esencialmente al que se encuentra – por cualquier causa –por debajo de nosotros) antes caminaron en sus propios consejos, (Hoy lo siguen haciendo. Cualquiera puede verlo en cualquier lugar) en la dureza de su corazón malvado, y fueron hacia atrás y no hacia delante, (Aprenda esto por favor: El camino de la fe, es un camino inclinado, una especie de pendiente ascendente. Cuando usted se detiene, en realidad cree que se detiene y se queda estático, quiero, pero la verdad es que cuando usted detiene su marcha en el camino de la fe, comienza a descender. ¿Y hacia donde desciende? Hacia atrás. Aquí lo dice y así es.) (25) desde el día que vuestros padres salieron de la tierra de Egipto hasta hoy. (Desde el día en que usted salió del mundo incrédulo, impío y pecador y entró en la jurisdicción divina del reino de los cielos. Desde el día en que aceptó a Jesucristo como Salvador y Señor.) Y os envié todos los profetas mis siervos, enviándolos desde temprano y sin cesar; (¿Sabe usted lo que significa enviar a sus siervos los profetas sin cesar? Pues exacta y precisamente eso: sin cesar. Que significa sin detenerse, sin pausa, de manera permanente, de modo continuado. ¿Podemos permitirnos rechazar y no escuchar eso? Desde ya que no, pero el pueblo de Dios lo ha hecho por demasiado tiempo. ¿Lo seguirá haciendo en esta hora?) (26) pero no me oyeron ni inclinaron su oído, sino que endurecieron su cerviz, e hicieron peor que sus padres. (Obedecer al Señor, esa es la premisa. No acentuar la preocupación por las prácticas rituales. Ese debe ser el principal interés de Israel y la iglesia.)

(27) Tú, pues, les dirás todas estas palabras, pero no te oirán; los llamarás, y no te responderán. (¿Quiere que le cuente una confidencia? Eso me está pasando, hoy, a mí. No lo leí en ningún libro ni lo escuché en ningún video. Todos los días me doy cuenta que hay mucha gente que comprueba con su Biblia que lo que digo es verdad y, por lo tanto, no pueden rebatírmelo ni censurármelo, pero así y todo, eligen no oírme. Y si me oyeran, deciden no responderme. Se acostumbraron al sistema religioso imperante. Se hicieron adeptos al sistema, se enviciaron con él. Es más: puede que hasta hayan sido empleados a sueldo por el sistema. ¿Cómo dejar eso? ¡¡Loco!!)

(28) Les dirás, por tanto: Esta es la nación que no escuchó la voz de Jehová su Dios, ni admitió corrección; pereció la verdad, y de la boca de ellos fue cortada.

Aquí hay algo muy claro: El hombre sabio, acepta el testimonio de Dios sobre las inclinaciones humanas a pecar y se mide a sí mismo a la luz de la palabra de Dios y no a partir de los halagos que recibe de los que lo rodean. ¿Sabe cuantos ministerios se han extinguido por causa de la adulación y por causa de que sus responsables creyeron esa adulación? Aceptar ser corregido nos ayuda, indefectiblemente, a saber después discernir entre lo falso y lo verdadero.

(29) Corta tu cabello, y arrójalo, y levanta llanto sobre las alturas; porque Jehová ha aborrecido y dejado la generación objeto de su ira.

No es poco lo que leemos al final de este verso. Dice que Dios aborrece y hace objeto de su ira. Nada menos que a toda una generación. Cortarse el cabello, le recuerdo, era en ese tiempo una señal de duelo. Hay dos referencias claras al respecto. Una en el libro de Job 1:20: Entonces Job se levantó, rasgó su manto, y rasuró su cabeza, y se postró en tierra y adoró. Y la otra en el libro de Miqueas 1:16: Ráete y trasquílate por los hijos de tus delicias; hazte calvo como águila, porque en cautiverio se fueron de ti.

(30) Porque los hijos de Judá han hecho lo malo ante mis ojos, dice Jehová: pusieron sus abominaciones en la casa sobre la cual fue invocado mi nombre, amancillándola. (Quiero que note con exactitud que, lo que ofende terriblemente a Dios, no es el pecado del hombre por el pecado mismo; Él sabe que el hombre trae consigo la tendencia al pecado. Lo que ofende a Dios de sobremanera, es que ese pecado se manifieste en su casa de oración. Entonces la pregunta, será: ¿No habrá pecado, hoy, en la congregación de los santos? ¿No recibirá juicio toda esa congregación por causa del pecado de algunos?)

(31) Y han edificado lugares altos de Tofet, que está en el valle del hijo de Hinom, para quemar al fuego a sus hijos y a sus hijas, cosa que yo no les mandé, ni subió en mi corazón. (Cuando se refiere al fuego, habla del culto a Moloc, pero es válido para evaluar si, por una gran casualidad, no estaremos hoy haciendo una serie de cosas que Dios no nos mandó a hacer y que tampoco ni siquiera subieron en su corazón. Si esperamos agradarle por ello o recibir sus felicitaciones, estamos listos.)

(32) Por tanto, he aquí vendrán días, ha dicho Jehová, que no se diga más, Tofet, ni valle del hijo de Hinom, sino Valle de la Matanza; y serán enterrados en Tofet, por no haber lugar. (Sigue simbolizando las cosas con la misma rutina. Tofet, que es “un lugar alto”, en el valle de Hinom, en las afueras de Jerusalén, era donde se sacrificaban niños ante el altar de Moloc. Jeremías predijo que el lugar se convertiría en un cementerio. ¿El hoy? Lugares donde los seres humanos religiosos sacrifican cosas a un Dios que no s ellos ha pedido, habrán de convertirse en cementerios espirituales donde no existirá vida abundante ni aguas vivas.)

(33) Y serán los cuerpos muertos de este pueblo para comida de las aves del cielo y de las bestias de la tierra; y no habrá quien las espante.

(34) Y haré cesar de las ciudades de Judá, y de las calles de Jerusalén, la voz de gozo y la voz de alegría, la voz del esposo y la voz de la esposa; porque la tierra será desolada.

Este último verso contiene algunas cosas que en más de una oportunidad, han llevado a hombres de Dios a predicar destrucción en gran escala. No niego que lo parezca, pero llamar a todo eso “buenas nuevas”, es, creo, pecar de incoherencia. Lo que Dios nos muestra, preponderantemente, aquí, es que un día, cuando el ciclo y los tiempos se hayan cumplido, el bullicio y la alegría que hoy por hoy todavía vemos en los templos, se callará abruptamente. Ya no habrá mensaje porque el esposo ya no tendrá más nada para decirle a la generación incrédula que eligió no oír ni creer, y tampoco la iglesia levantará su voz en la sociedad porque esa sociedad también habrá tomado sus propias decisiones. Y con respecto a que la tierra será desolada, si bien esto se ha interpretado como que será el planeta quien lo sufra, también tiene que ver con la carnalidad. Cada vez que la Biblia dice Tierra, necesariamente dice “carne” y no planeta.

El pueblo de Dios, ¿Habrá de aguardar todas estas cosas para hacer lo que el Padre celestial ha mandado desde el principio de todos los principios? ¿No valdrá la pena ser obediente mucho antes y evitarse todo esto tan nefasto y tenebroso? El pueblo de Dios es un pueblo inteligente y debería tenerlo en cuenta. Y si no es todo lo inteligente que sería de esperar, es tiempo que ya lo sea. ¿A quien se le podría haber ocurrido, sino al diablo, que el Dios majestuoso, Todopoderoso y Soberano sentiría simpatía por gente ignorante, mediocre y robotizada? La hora de Jeremías está cercana, es necesario que la sepamos vivir.

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enero 1, 2015 Néstor Martínez