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El Tiempo de la Iglesia

(Zacarías 6: 1) = De nuevo alcé mis ojos y miré, y he aquí cuatro carros que salían entre dos montes; y aquellos montes eran de bronce. (Recuerda que el bronce es símbolo de juicio)

(2) En el primer carro había caballos alazanes, en el segundo carro caballos negros, (3) en el tercer carro caballos blancos, y en el cuarto carro caballos overos rucios rodados.

(4) Respondí entonces y dije al ángel que hablaba conmigo; Señor mío, ¿Qué es esto?

(5) Y el ángel me respondió y me dijo: Estos son los cuatro vientos (En la versión SEV dice “espíritus” en lugar de vientos) de los cuatro cielos, que salen después de presentarse delante del Señor de toda la tierra.

(6) El carro con los caballos negros salía hacia la tierra del norte, y los blancos salieron tras ellos, y los overos salieron hacia la tierra del sur.

Zacarías profetizó lo referente a los tratos del Espíritu de Dios (representados arriba por caballos de diferentes colores en los cuatro carros) en lo que tiene que ver con un remanente que saldría de Babilonia (la confusión) para restaurar la Casa del Señor en Jerusalén. Ellos tenían que pasar primero por entre los dos montes de “bronce” del juicio de Dios, antes de que pudieran calificar para tan importante obra. En el versículo 11, Josué (Jesús en hebreo), el hijo de Josadac el sumo sacerdote, recibe una corona de plata (el símbolo de la redención) y oro (el símbolo de la naturaleza de Dios), junto con la siguiente palabra:

(Verso 12) = Y le hablarás, diciendo: así ha hablado Jehová de los ejércitos, diciendo: he aquí el varón cuyo nombre es el Renuevo, el cual brotará de sus raíces, y edificará el templo de Jehová.

(13) Él edificará el templo de Jehová, y él llevará gloria, y se sentará y dominará en su trono, y habrá sacerdote a su lado; y consejo de paz habrá entre ambos.

(Verso 15) = Y los que están lejos vendrán y ayudarán a edificar el templo de Jehová, y conoceréis que Jehová de los ejércitos me ha enviado a vosotros. Y esto sucederá si oyereis obedientes la voz de Jehová vuestro Dios.

Por supuesto, todo esto tuvo lugar como ejemplo y sombra de los tratos históricos de Dios con el judío de carne y hueso. Sin embargo, también profetiza lo que está por sucederle al Israel de Dios espiritual al término de esta era del Evangelio, el cual también fue enviado a los gentiles.

En el capítulo 6 del Apocalipsis veremos, en forma ampliada, la profecía de los caballos de Zacarías 6, y aclarada también, incluso en una dimensión más grande, en lo relacionado con el plan y el propósito de Dios para la restauración de Su Casa (nosotros somos el Templo de Dios, según 1 Corintios 3:16). Esto se cumplirá “no con ejército ni con fuerza,” sino con los tratos del Espíritu en y por medio de una compañía profética que ayudará a preparar al pueblo de Dios para la segunda venida del Señor, así como Juan el Bautista preparó el camino para la primera venida del Señor Jesús, el Cristo. (Ver Isaías 40:1-8).

El pacto de Dios (el librito) debe ser abierto y aplicado en las vidas de aquellos que sean llamados a este ministerio, hasta que él se convierta en parte de ellos (los que deben comerse el librito). Cuando esto ocurra, tendrán no solamente otro mensaje o revelación de parte de Dios, sino que deberán convertirse en el mensaje y en la revelación de Dios. Como lo dijo el profeta Isaías en los tiempos antiguos:

(Isaías 8: 18) = He aquí, yo y los hijos que me dio Jehová somos por señales y presagios (En otra versión dice “prodigios”) en Israel, de parte de Jehová de los ejércitos, que mora en el monte de Sión.

Este mensaje les será abierto, revelado y aplicado solamente a aquellos que sigan al Cordero. El camino del Cordero es el camino de la Cruz. Es el camino del juicio al Hombre Viejo, con todas sus concupiscencias y apetitos, hasta que estemos formados plenamente en el Hombre Nuevo en Cristo, “hambrientos y sedientos de justicia.”

(Apocalipsis 6: 1) = Vi cuando el Cordero abrió uno de los sellos, y oí a uno de los cuatro seres vivientes decir como con voz de trueno: ven y mira.

(2) Y miré, y he aquí un caballo blanco; y el que lo montaba tenía un arco; y le fue dada una corona, y salió venciendo, y para vencer.

Somos nosotros lo primero que el Señor quiere conquistar. ¿Permitiremos que Él lance las flechas de Su verdad a todos los escondrijos secretos de nuestro ser, hasta cuando seamos blancos y puros? Ahora hay juicio con misericordia para aquellos que se sometan a los tratos de Dios.

(3) cuando abrió el segundo sello, oí al segundo ser viviente que decía: ven y mira.

(4) Y salió otro caballo, bermejo; y al que lo montaba le fue dado poder para quitar de la tierra la paz, y que se matasen unos a otros; y se le dio una gran espada.

La espada de la verdad puede cortar muy profundamente. Jesús dijo que él no había venido a traer la paz, sino una espada. Cuando aceptemos los términos del pacto de Dios, las cosas se harán cada vez más difíciles, en lugar de mejorar para nuestro hombre material. El Espíritu de Dios empezará a rebanar y a cortar nuestros viejos apetitos, nuestros planes, nuestras ambiciones, nuestros sentimientos, nuestros deseos.

Cuando se nos aplica la roja sangre de Jesús, Su muerte llega a ser nuestra muerte, así como Su vida llega a ser nuestra vida. El doble propósito del ministerio del Espíritu de Dios se hace más claro. Por una parte, Él quiere acabar y destruir al Hombre Viejo que heredamos de Adán, nuestro antepasado. Por la otra, Su propósito es el de bendecirnos y prosperarnos en el Hombre Nuevo en Cristo, hasta cuando lleguemos a la madurez (a la perfección).

(5) Cuando abrió el tercer sello, oí al tercer ser viviente (La versión SEV dice “animal”) que decía: ven y mira. Y miré, y he aquí un caballo negro; y el que lo montaba tenía una balanza (Versión SEV dice “yugo”) en la mano.

(6) Y oí una voz en medio de los cuatro seres vivientes, que decía: dos libras (SEV “cheniz”) de trigo por un denario, y seis libras (Chenices) de cebada por un denario; pero no dañes el aceite ni el vino.

A nuestro modo material de pensar, le parecen muy oscuros los caminos del Señor. Sus pensamientos no son nuestros pensamientos; sus caminos no son nuestros caminos. Sin embargo, Él “suplirá todas nuestras necesidades conforme a Sus riquezas en gloria.” Él empieza dándonos “una medida de trigo por un denario.” Él es el trigo (pues “el hombre no vivirá sólo de pan, mas de toda palabra que sale de la boca del SEÑOR”). Un denario, (una moneda) era el salario de un día. Dios espera que nosotros nos pongamos al día con Él, desde el amanecer hasta el crepúsculo. Vamos a depender de toda palabra Suya, para que podamos aprender a “andar en el Espíritu, y a no satisfacer los deseos de la carne.” Este es el camino de la verdadera práctica de la redención que Jesús ha provisto para nosotros en nuestra Pascua espiritual (la fiesta material se celebraba en el tiempo de la primera cosecha del trigo).

Si somos fieles en lo poco, se nos dará mucho más. Se nos darán “tres medidas de cebada por un denario.” Se nos darán dones y bendiciones para que podamos, a la vez, bendecir a los demás. Todavía se espera que nosotros “obremos (vivamos) nuestra salvación con temor y temblor,” y nos ganemos nuestro “denario” (poniéndonos al día con el SEÑOR). Pero aprenderemos a descansar de nuestras propias obras, para que podamos andar en Sus obras, en las obras de la fe (ver Santiago 2:20-26). La siega de la cebada se hacía en el tiempo de la fiesta de Pentecostés. Las bendiciones y los dones de nuestro Pentecostés personal (simbolizados por el número 3) corresponden a lo que es necesario para satisfacer nuestras propias necesidades, y las exceden. El bautismo del Espíritu de Pentecostés (las arras de nuestra herencia en Cristo) tiene el propósito de llevarnos al ministerio (al servicio) para los demás.

Cuando vivimos en Dios por medio de la apropiación personal de la Pascua y de Pentecostés, empezamos a esperar con grandes posibilidades la Fiesta de los Tabernáculos. Los Tabernáculos es la fiesta de la plenitud, la fiesta de toda la cosecha. Si se nos ha dicho que esperamos una medida de trigo en la Pascua, y tres medidas de cebada en Pentecostés, ¿Qué podremos esperar en la Fiesta de los Tabernáculos? ¿Acaso siete medidas de aceite y de vino? ¿O diez medidas? ¿O doce medidas? En vez de esto, se nos pone de presente una solemne advertencia: ¡“No hagas daño al vino, ni al”!

El aceite de la unción y el vino de la nueva vida en Cristo pueden ser “dañados,” si no tenemos cuidado con nuestra bendición de Pentecostés. Nuestros dones espirituales y nuestras bendiciones pueden ponerse en el altar y valernos de ellos para fomentar el Reino de Dios, si seguimos buscando “primero el Reino de Dios y Su justicia,” o pueden ser usados para el provecho personal. A aquellos que opten por el provecho personal y se valgan de los dones y de las bendiciones de Dios para procurar la satisfacción de sus insaciables apetitos carnales, se les permitirá tener por el momento su “olla de guisado” a expensas, después, de su “primogenitura.” Aquellos que se valen del ministerio y/o de los dones espirituales para el provecho personal, tarde o temprano dañarán el aceite y el vino. Tarde o temprano, la gran discrepancia entre su modo de obrar y lo que ellos dicen, hará que caigan en la trampa.

(7) Cuando abrió el cuarto sello, oí la voz del cuarto ser viviente, que decía: ven y mira.

(8) Miré, y he aquí un caballo amarillo (La versión SEV dice “verde”) y el que lo montaba tenía por nombre Muerte; y el Hades le seguía; y le fue dada potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con mortandad, y con las fieras de la tierra.

Alguna vez, Dios se arrepintió de haber hecho al hombre de carne y hueso, y juró destruirlo (ver Génesis 6:1-7). Dios no se afana por rehabilitar nuestro viejo ser con sus viejos apetitos carnales y con sus deseos, él se afana por destruirlo. Él no descansará hasta cuando el hombre viejo esté muerto y enterrado con Cristo. “De manera que el que es en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todo es hecho nuevo” (2 Corintios 5:17). Muchos de nosotros creemos esto en teoría, pero Dios quiere que ello se manifieste realmente en la práctica para que, por medio del Espíritu, “mortifiquemos las obras de la carne.”

Al caballo verde le es dado poder sobre la cuarta parte de la tierra (la tierra es el símbolo del pueblo de Dios). Es digno de observar que la primera vez que esta fracción (un cuarto) se emplea en las Escrituras es con respecto al sacrificio de la mañana y de la tarde en Éxodo 29:40, donde la cuarta parte de un hin de aceite y la cuarta parte de un hin de vino se dan junto con los sacrificios de la mañana y de la tarde. Jesús, el sacrificio de la mañana (del Día de Gracia), derramó Su aceite y Su vino. Él hizo únicamente la voluntad del Padre al obedecer, incluso, hasta la muerte en la cruz. Ahora, en el sacrificio de la tarde, Dios está buscando a aquellos que estén dispuestos a seguir los pasos de su Maestro, y a derramar el aceite y el vino en el altar de Sus propósitos, en lugar de valerse de la unción y de la nueva vida que Él les ha dado para sus propios propósitos.

(9) Cuando abrió el quinto sello, vi bajo el altar las almas de los que habían sido muertos por causa de la palabra de Dios y por el testimonio que tenían.

(10) Y clamaban a gran voz, diciendo: ¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra?

(11) Y se les dieron vestiduras blancas, y se les dijo que descansasen todavía un poco de tiempo, hasta que se completara el número de sus consiervos y sus hermanos, que también habían de ser muertos como ellos.

Descansan aquellos que han muerto para su propio camino. Se les han dado sendas ropas blancas (es decir, un vestido blanco especial o único para cada uno de ellos). Esto no es sólo una justicia imputada. Esto no es sólo la cubierta de Cristo sobre la perversión de nuestra propia carne y de nuestra carnalidad. Esto es justicia verdadera al caminar en el Espíritu por medio de las tribulaciones de la vida diaria, hasta que haya muerto verdaderamente el hombre carnal que tenemos dentro de nosotros, el Hombre Viejo que heredamos de Adán. Esto se aplica, por supuesto, a todos los vencedores que han muerto físicamente y se han ido para estar con el Señor; sin embargo, al final de os tiempos, hay también una mención en las Escrituras para aquellos que “viven, que quedan” todavía y hayan muerto para su propio camino y para sus deseos.

(12) Miré cuando abrió el sexto sello, y he aquí hubo un gran terremoto (Esto es: un sacudimiento o un despertamiento entre el pueblo de Dios); y el sol se puso negro como tela de cilicio, y la luna se volvió toda como sangre; (13) y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como la higuera deja caer sus higos cuando es sacudida por un fuerte viento.

(14) Y el cielo se desvaneció como un pergamino que se enrolla; y todo monte y toda isla se removió de su lugar

(15) Y los reyes de la tierra, y los grandes, los ricos, los capitanes, los poderosos, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes; (16) y decían a los montes y a las peñas: caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero; (17) porque el gran día de su ira ha llegado; ¿Y quién podrá sostenerse en pie?

Para aquellos que han muerto para el viejo hombre carnal, y han llegado a la madurez en el Hombre Nuevo, “el sol se pondrá negro como saco de cilicio,” las cosas de este mundo perderán su esplendor y su atracción. Ellos verán la “luna (la iglesia) como sangre.” La iglesia bajo el gobierno del hombre material (simbolizado por el rey Saúl en Israel) es un revoltijo sangriento de luchas y altercados que, incluso, abren la puerta a la brujería. Los vencedores de Dios suspiran por una Luna Nueva que ya no menguará, por una luna que brillará como el sol (ver Isaías 30:26). Las “estrellas caerán” como higos extemporáneos. Aquellos que “brillan” ahora, merced a los dones sin la virtud ni la madurez correspondientes en sus existencias, caerán en ese día (el Día del SEÑOR). Esto también se aplica a “los principados y potestades en los cielos.” Porque el acusador de nuestros hermanos será derribado cuando haya sobre la tierra un pueblo que ha muerto a la práctica real de sus propios caminos y deseos.

Los cielos se abrirán como un libro ante tal pueblo, de la misma manera en que los cielos estuvieron abiertos para Jesús cuando Él salió de Su bautismo en el río Jordán. La promesa de Dios de que “todo lo que pidiereis en mi nombre, esto haré,” incumplida hasta ahora, se hará realidad, porque éste es un pueblo que no pedirá en la forma equivocada (ver Juan 14:13; 16:26).

Y el temor del SEÑOR descenderá una vez más sobre los hombres de la tierra (la Iglesia). Los “reyes de la tierra, y los príncipes, y los ricos, y los capitanes, y los fuertes, y todo siervo y todo libre,” se darán cuenta, de pronto, de que ellos han estado tomando en vano el nombre del SEÑOR cuando se han valido de la bendición, de la provisión, de la unción y de los dones de Dios para sus propios propósitos.

(Apocalipsis 8: 1) = Cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media hora.

(2) Y vi a los siete ángeles que estaban en pie ante Dios; y se les dieron siete trompetas.

Cuando haya silencio en el cielo delante del trono, entonces las trompetas del mensaje de Dios revelarán la Fiesta de las Trompetas al comienzo del grande y terrible Día del SEÑOR. Entonces prevalecerá un mensaje claro mediante vasos puros.

La Fiesta de las Trompetas se celebraba el primer día del séptimo mes (Levítico 23:24; Números 29:1). Ahora estamos a punto de entrar en el primer año del séptimo milenio, cuando se cumplirá espiritualmente para el pueblo de Dios el mensaje de la Fiesta de las Trompetas. Así como la redención de la Pascua se cumplió con la muerte y resurrección de Jesús, y las primicias de Pentecostés se cumplieron en la efusión del Espíritu Santo, nosotros esperamos con placer anticipado la plenitud de nuestra herencia con el cumplimiento de la Fiesta de los Tabernáculos.

La Fiesta de los Tabernáculos tiene tres partes: 1) La Fiesta de las Trompetas, el primer día del séptimo mes; 2) el Día de la Expiación, el día décimo del séptimo mes, y 3) la Fiesta de los Tabernáculos durante siete días, a partir del décimo quinto día del séptimo mes. En la actualidad hay alguna incertidumbre en cuanto a la fecha exacta en que esto tendrá lugar.

(Salmo 81: 3) = Tocad la trompeta (La versión SEV dice el “shofar”) en la nueva luna, en el día (Tiempo) señalado, en el día de nuestra fiesta solemne.

Los meses judíos empezaban el día de la luna nueva, por lo cual les resultaba imposible establecer con absoluta certeza la fecha exacta de la Fiesta de las Trompetas. Podía ser hoy, o quizás mañana. El Sanedrín tenía que ver realmente la luna nueva, con el fin de dar la autorización para que se tocara la trompeta. Esto, a su vez, iniciaba el horario para el Día de la Expiación, el día décimo, y para el comienzo de la Fiesta de los Tabernáculos, el día décimo quinto.

Hoy nos encontramos en una situación similar con respecto al comienzo del séptimo milenio (que es el Día profético del SEÑOR). Podía empezar este año, o el entrante. La única manera de decir con seguridad que hemos entrado verdaderamente en el Día del SEÑOR, es observar la “luna nueva” (según el modo que tiene Dios de computar el tiempo, primero es la tarde y después la mañana en la composición del día). El profeta Isaías habla de una “cosa nueva”. Esta es la manifestación colectiva del pueblo de Dios de una manera diferente a la que siempre hemos visto. Esta es una manifestación colectiva de un orden completamente nuevo, que refleja la luz del Hijo de Dios, haciéndose cada vez más y más brillante hasta que la “luna” brille como el sol en el nuevo día de Dios. Esta es una congregación en la propia naturaleza de Dios, en lugar de ser una congregación en torno a un mensaje, o a un ministerio, o a un grupo determinado, ya sea una congregación denominada o innominada, como lo hacemos nosotros ahora.

Esta “luna nueva” empezará como una pequeña rendija de luz en la obscuridad de alquitrán del “reino de Saúl,” e irá aumentando a medida que la Casa de David (la manifestación colectiva de Dios en el Hombre Nuevo) se fortalezca, en tanto que se desmorona la Casa de Saúl (la manifestación colectiva del pueblo de Dios bajo el Hombre Viejo, tan talentosa como ella pueda ser). Esta luna nueva se convertirá en luna llena para el “décimo quinto día” del séptimo mes (que simboliza el séptimo milenio), y ya no menguará. En el horario de Dios respecto al “décimo día” del “séptimo mes,” que es el Día de la Expiación, todos aquellos que no “afligieron sus almas” serán “cortados de entre el pueblo de Dios.” Esta es la razón para el mensaje de la Fiesta de las Trompetas. Este mensaje es para preparar y advertir al pueblo de Dios en el sentido de que ellos deben abandonar su propio camino; que deben abandonar sus apetitos y deseos carnales; que deben poner en el altar todo vestigio del Hombre Viejo, para que Dios pueda limpiar colectivamente a Su pueblo en el Día de la Expiación. En el Día de la Expiación, el juicio caerá sobre cualquier residuo que quede del Hombre Viejo en el pueblo de Dios.

(Mateo 13: 40) = De manera que como se arranca la cizaña, y se quema en el fuego, así será en el fin de este siglo.

(41) Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo (Otra versión dice “que son estorbo”), y a los que hacen iniquidad, (42) y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes.

(43) Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos para oír, oiga.

Miremos con mayor atención lo que ocurrirá cuando Dios hable por medio de un mensajero profético colectivo en la Fiesta de las Trompetas:

(Apocalipsis 8: 1) = cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media hora.

(2) Y vi a los siete ángeles que estaban en pie ante Dios; y se les dieron siete trompetas.

(3) Otro ángel vino entonces y se paró ante el altar, con un incensario de oro; y se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los santos, (La versión SEV dice directamente que el incienso SON las oraciones de los santos) sobre el altar de oro que estaba delante del trono.

(4) Y de la mano del ángel subió a la presencia de Dios el humo del incienso con las oraciones de los santos.

(5) Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó del fuego del altar, y lo arrojó a la tierra; y hubo truenos, y voces, y relámpagos, y un terremoto.

Obsérvese que cuando el acusador de nuestros hermanos ha sido derribado, y hay silencio delante de Dios, el altar de oro del incienso (la oración de los Santos) ha sido restablecido dentro del Lugar Santísimo, y Dios puede restaurar ahora Su altar de bronce (Su pacto bajo Sus términos y condiciones, en lugar del altar que ha sido profanado por el hombre) para que Él pueda multiplicar Su remanente. Las trompetas que suenan son el resultado del fuego de Dios sobre Su restaurado altar celestial.

(6) Y los siete ángeles que tenían las siete trompetas se dispusieron a tocarlas.

(7) El primer ángel tocó la trompeta. Y hubo granizo y fuego mezclados con sangre, que fueron lanzados sobre la tierra; y la tercera parte de los árboles se quemó, y se quemó toda la hierba verde.

La palabra que va a venir en esta hora no es una palabra tierna o complaciente que cae como la lluvia, haciendo que toda simiente (buena o mala) crezca en el huerto, como ha sido el caso hasta ahora con la efusión del Espíritu Santo en la Era de la Iglesia. Esta es una palabra que cae como “granizo y fuego mezclado con sangre.” Esta es una palabra que abrasa, que destruye, que mata.

A lo largo de todas las Escrituras, los árboles se emplean para describir la vida de los hombres. Un tercio de los árboles (que simbolizan un tercio del pueblo de Dios) pasarán por el fuego y serán purificados de su rebeldía. Los otros dos tercios de los árboles no se mencionan en el libro del Apocalipsis. La aclaración se encuentra en el pasaje de Zacarías.

(Zacarías 13: 8) = Y acontecerá en toda la tierra, dice Jehová, que las dos terceras partes serán cortadas en ella, y se perderán; más la tercera quedará en ella.

(9) Y meteré en el fuego a la tercera parte, y los fundiré como se funde la plata, y los probaré como se prueba el oro. Él invocará mi nombre, y yo le oiré, y diré: pueblo mío, y él dirá: Jehová es mi Dios.

Este es el juicio que empieza desde la Casa del SEÑOR. Dios se vale de un pequeño remanente de vencedores para dar una palabra fuerte y vehemente al resto de Su Casa.

En el principio, aun antes de la caída, Dios le dio al hombre “toda hierba que hace simiente” para su alimento. Las hierbas que producen semilla (buen fruto) son plantas como el trigo y la cebada. En el versículo siguiente, Dios dio a las bestias “toda verdura de hierba” para su alimento. Las bestias estaban destinadas a comer “toda verdura de hierba,” es decir, las hojas, el pasto. El hombre estaba destinado a comer la “simiente,” o el fruto.

Incluso, en el aspecto orgánico, existen diferencias significativas en el sistema digestivo del hombre y el de los animales. El hombre tiene que comer su grano molido y horneado como pan, en tanto que los animales pueden comer simplemente las hojas de hierba, o el heno, y digerirlas. El grano tiene que madurar con el fin de que el hombre lo utilice como alimento. Los animales pueden comer la hierba en cualquier etapa de madurez. Únicamente las hierbas que dan fruto (grano) pueden alimentar al hombre, mientras que las “cizañas” (las hierbas que producen hojas y flores, pero no fruto) pueden, no obstante, alimentar a los animales.

Es importante observar que en las Escrituras hay, exactamente, 66 versículos que mencionan la hierba o el pasto. También hay 66 libros en la Biblia. Existe una correlación entre el concepto de “hierba” en lo material, y la “palabra” en lo espiritual. Dios dijo que “…el hombre no vivirá sólo de pan, mas de toda palabra que sale de la boca del SEÑOR…” (Deuteronomio 8.3 SEV).Y Jesús los une en Marcos cuatro:

(Marcos 4: 26) = Decía además: así es el reino de Dios, como cuando un hombre echa semilla en la tierra; (27) y duerme y se levanta, de noche y de día, y la semilla brota y crece sin que él sepa cómo.

(28) Porque de suyo lleva fruto la tierra, primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga; (29) y cuando el fruto está maduro, en seguida se mete la hoz, porque la siega ha llegado.

Tómese nota de las tres etapas del desarrollo que se operan en la simiente (la palabra) después de ser plantada: “primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga (el grano maduro o fruto).” El hombre carnal que esté alimentando sus “apetitos animales” con la provisión de Dios, puede alimentarse, no obstante, con la “hierba” y con la “espiga” (o flor). El toma las bendiciones y la provisión de la Pascua y de Pentecostés y las aplica vorazmente a la realización de los deseos del Hombre Viejo que ha heredado de Adán, olvidándose del hecho de que esta clase de provisión terminará por acabarse.

(Isaías 40: 5) = Y se manifestará la gloria de Jehová, y toda carne juntamente la verá; porque la boca de Jehová ha hablado.

(6) Voz que decía: da voces. Y yo respondí: ¿Qué tengo que decir a voces? Que toda carne es hierba, y toda su gloria (Versión SEV “misericordia”) como flor del campo.

(7) La hierba se seca, y la flor se marchita, porque el viento (Espíritu) de Jehová sopló en ella; ciertamente como hierba es el pueblo.

(8) Sécase la hierba, marchítase la flor; más la palabra del Dios nuestro permanece para siempre.

Al sonar la primera trompeta de la Fiesta de las Trompetas al comienzo del Día del SEÑOR, “toda la hierba verde será quemada.” Esto significa que la provisión o el sustento de la palabra de Dios ya no estarán disponibles para aquellos que pretenden usarla para su provecho personal. El día del SEÑOR empezará con una gran hambruna, “no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra del SEÑOR”. La persona que pretenda andar con un pie en el Espíritu, y con el otro en la carne, se sentirá tan desesperada como el rey Acab cuando buscaba por todo el reino, tratando de encontrar suficiente pasto para mantener vivos aunque fuera unos pocos caballos.

Será como en los días de José en Egipto. Aquellos que no deseen morir de hambre espiritual tendrán que renunciar a su modo de vivir en la carne, porque la única provisión que Dios tendrá hoy, será la provisión para vivir en el Espíritu. “…Si viviereis conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu mortificáis las obras del cuerpo, viviréis” (Romanos 8:13 SEV). José no guardó heno y pasto para el pueblo de Egipto con el fin de que ellos alimentaran a sus animales y vivieran de sus rebaños. Él guardó grano maduro. Cuando golpearon los siete años de hambre, lo primero que el pueblo tuvo que entregar a José fueron sus animales, que son ejemplo y sombra de la lujuria y de los deseos carnales.

(Génesis 47: 17) = Y ellos trajeron sus ganados a José, y José les dio alimentos por caballos, y por el ganado de las ovejas, y por el ganado de las vacas, y por asnos; y les sustentó de pan por todos sus ganados aquel año.

En este ejemplo, el pueblo terminó por entregarle todo a José, incluso sus propias personas y sus tierras, con el fin de conservar sus vidas. Cuando las trompetas de Dios sigan sonando, esta palabra dura, que cae como “granizo y fuego mezclados con sangre,” devastará y destruirá todo refugio material para la tercera parte de los “árboles” que Dios va a consumir por el fuego, del mismo modo que va a quemar sus propios deseos carnales y su forma material de hacer las cosas. Para lo que está representado por esta tercera parte, el refugio del mar (el mundo) o de las naves (los grupos sectarios) llegará a su término.

Por los tratos de Dios para esta tercera parte, se volverán amargos los ríos y las fuentes de la iglesia bajo el control del hombre; el sol se obscurecerá (perderán sus deseos por las cosas de este mundo), y así sucesivamente. Hasta el final de la cuarta trompeta, parece que Dios quiere tratar principalmente con Su pueblo, porque el “juicio comienza desde la Casa del SEÑOR” (Ver 1 Pedro 4:17). Las tres trompetas siguientes (o ayes) pueden afectar tanto al mundo como al pueblo de Dios, del mismo modo que las tres primeras plagas de Egipto los afectaron a ambos.

Pero con la quinta trompeta, no se les permitirá a las “langostas” tocar la “hierba verde” de la cosa nueva que Dios está haciendo. Sólo podrán afligir a aquellos hombres que no tengan el sello de Dios en sus frentes (van a afligir a aquellos que no tengan la mente de Cristo y que pudieran estropear la nueva cosecha que Dios ha plantado). En Egipto, el granizo que destruyó el lino y la cebada (los símbolos que tienen que ver con Pentecostés), ¡Derritió y regó el trigo y el centeno! Las últimas siete plagas de Egipto sólo afectaron lo representado por “Egipto,” en tanto que fue prosperado el pueblo de Dios (representado por el trigo y el centeno) que vivía en “Gosén.” ¡El rayo candente que quema y destruye una cosecha, también suministra el nitrógeno que es esencial para la cosecha siguiente!

Aquellos que han pervertido los propósitos de Dios en Pentecostés, plantando un mensaje de “cebada” impura y tejiendo una cubierta de “lino” para reemplazar la cubierta de los tratos del Espíritu Santo, estarán expuestos y recibirán el trato correspondiente mientras que toda su obra es destruida.

(Isaías 28: 14) = Por tanto, varones burladores que gobernáis a este pueblo que está en Jerusalén, oíd la palabra de Jehová.

(15) Por cuanto habéis dicho: pacto tenemos hecho con la muerte, e hicimos convenio con el Seol; cuando pase el turbión del azote, no llegará a nosotros, porque hemos puesto nuestro refugio en la mentira, y en la falsedad nos esconderemos.

(Verso 17) = Y ajustaré el juicio a cordel, y a nivel de justicia; y granizo (De la palabra de las trompetas de Dios) barrerá el refugio de la mentira, y aguas arrollarán el escondrijo.

(18) Y será anulado vuestro pacto con la muerte, y vuestro convenio con el Seol no será firme; cuando pase el turbión del azote, seréis de él pisoteados.

(19) Luego que comience a pasar, él os arrebatará; porque de mañana en mañana pasará, de día y de noche; y será ciertamente espanto el entender lo oído.

(20) La cama será corta para poder estirarse, y la manta estrecha para poder envolverse.

(21) Porque Jehová se levantará como en el monte Perazim, como en el valle de Gabaón se enojará; para hacer su obra, su extraña obra, y para hacer su operación, su extraña operación. (Cuando Josué mandó al sol que se detuviera, en ejemplo y sombra del Día del Señor)

(22) Ahora, pues, no os burléis, para que no se aprieten más vuestras ataduras; porque destrucción ya determinada sobre toda la tierra he oído del Señor, Jehová de los ejércitos.

Ciertamente, el día del control del hombre sobre la iglesia terminará pronto; el día en que se le ha permitido al hombre representar a Dios de la manera en que al hombre le ha complacido, está casi para terminar. De ahora en adelante, Dios estará representado de la manera en que Él quiere ser representado. Él hará que Jerusalén (el pueblo de Dios) sea una vez más una alabanza sobre la tierra. De una vez para siempre, Jezabel será vencida y los hijos de Dios heredarán el Reino.

(Salmo 102: 11) = Mis días son como sombra que se va, y me he secado (El hombre viejo) como la hierba.

(12) Más tú, Jehová, permanecerás para siempre, y tu memoria de generación en generación.

(13) Te levantarás y tendrás misericordia de Sión, porque es tiempo de tener misericordia de ella, porque el plazo ha llegado.

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enero 1, 2015 Néstor Martínez