Hay una palabra que se utiliza en diferentes asuntos que yo quisiera que hoy subrayes y tengas muy en cuenta porque marca la verdadera diferencia entre nuestra fe y lo que el mundo secular, en esencia mayoritaria, practica, enseña, predica y cultiva. Esa palabra es Filosofía.
¿Qué cosa es la filosofía? Yo creo que casi todos nosotros, por mucha o poca instrucción intelectual que hayamos recibido, hemos tenido que aprender en el colegio o en la universidad, quién era Sócrates, Platón o Aristóteles.
Técnicamente, la palabra filosofía, que es de donde viene Sofía, precisamente, que es el nombre de una diosa, quiere decir “amor a la sabiduría”. Pero la sabiduría a la que hace referencia esta palabra, no es de ninguna manera la sabiduría que vemos en Proverbios 7.
No tiene nada que ver la Sofía griega, con la sabiduría de la Biblia. Son dos cosas completamente diferentes. Dentro de lo que es la filosofía griega, nos encontramos con que es, de alguna manera, un modelo mental que busca explicar toda la realidad haciendo énfasis solamente en los pensamientos.
¿Qué hace el filósofo? Busca y rebusca en su pensamiento para encontrar un punto de verdad. Piensa, piensa y piensa. ¿Qué es el hombre? ¿Qué es el mundo? ¿Qué es la vida? ¿Qué es la eternidad? ¿Qué es Dios? ¿Qué es la naturaleza? ¿Y dónde encuentra las respuestas? En su propio pensamiento.
Es como pescar en un acuario. Ellos pescan respuestas, explicaciones, soluciones, en sus propios pensamientos. El cristianismo, en cambio, no busca explicaciones en lo que pensamos; busca explicaciones en la revelación. Porque la base del conocimiento de la iglesia, es la revelación.
¿Te has puesto a pensar alguna vez, que Dios encontró la manera de evitar que su pueblo levante estructuras de honra a sus antepasados? Lo repito: ¿Se han puesto a pensar que Dios, de una forma u otra, evitó que se levantaran lugares físicos, donde la gente honrara a los grandes hombres de Dios del pasado?
Ejemplo: Moisés. ¿Dónde está enterrado? Nadie lo sabe. Dice la Biblia que Dios mismo lo enterró. ¿Por qué? Porque considerando cómo es Moisés y cuán importante fue su papel para con su pueblo, y conociendo el corazón del hombre, no hubiera sido nada extraño pensar que, al pasar los años, de existir un lugar de sepultura de Moisés, se hubiera levantado un centro de idolatría hacia él.
Y si no lo crees, piensa tú ahora en otras tumbas. Piensen ustedes dónde está enterrado David. Tampoco lo sabemos. Así que, sea por la conquista de otros pueblos, sea por la migración forzosa, sea porque Dios intervino de una manera directa como en el caso de Moisés, sea por la razón que sea, Dios evitó que su pueblo mire atrás.
Dios no quiere que miremos atrás. De hecho, la música con la que el Señor me dio dirección de ambientar mis primeros trabajos en las emisoras de radio, fue una que hacía hincapié en su letra, precisamente de eso: Dios no me trajo hasta aquí para volver atrás, decía.
Tenemos amor y tenemos respeto por esas personas del pasado, pero nadie construye un futuro mirando atrás. Entonces Dios intervino, vez tras vez, para evitar que su pueblo cayera en una tendencia natural que nosotros tenemos. “Este es el púlpito desde el cual predicó este tremendo hombre de Dios. Y esta era su Biblia preferida”.
Cuando nosotros miramos la historia y empezamos a rendirle culto, automáticamente nos desconectamos de la revelación que Dios tiene, para Él hacernos ver la historia como Él la vio. Entiende esto: Dios está comprometido con su pueblo, y Él mismo intervino en la escritura de ese libro que llamamos Biblia.
Y lo hizo de muchas maneras. Él mismo hizo que nadie se olvidara de lo que estos hombres hicieron bajo su dirección. Él mismo lo hizo. Yo creo que a ninguno de nosotros nos parecería algo tremendo si a algunos se les ocurriera levantar en una plaza céntrica de una gran ciudad, un monumento a la Biblia.
Porque todo lo que queda, se convierte automáticamente en algo inmóvil. Y se lo establece en un tiempo y en un momento del que ya no puede trascender más. Hoy día, las Biblias que estamos utilizando, están cargadas en los teléfonos. Y eso, después de seleccionar cuál versión te interesa más tener.
Yo no puedo imaginarme qué clase de Biblia y bajo qué aplicaciones o sistemas estaremos leyendo dentro de veinte años. Porque curiosamente, los medios para extender el conocimiento, están cambiando demasiado rápido. Su evolución es casi vertiginosa.
De hecho, el contenido de la palabra, sigue siendo el mismo, pero la manera en que se presenta es lo que ha cambiado mucho. En el afán de rendirle culto yo a algo, corro el riesgo de quitarle a Dios el derecho de extenderme hacia adelante.
¡Es que a este edificio lo levantó con enorme esfuerzo el abuelito! Claro, ¿Pero no necesitaríamos ahora tirarlo abajo y construir algo más grande y moderno? ¡No! ¿Cómo vamos a derrumbar lo que el abuelito levantó con tanta dedicación y esfuerzo? ¡Es que ese espacio está desaprovechado y no tenemos donde estacionar los autos!
¡No podemos hacer eso! ¿Y por qué no? ¡Porque ese es el diseño que el abuelito recibió de Dios en ese momento! Puede ser, no lo dudo. Pero, en el mejor de los casos que así realmente hubiera sido, déjame decirte que los diseños de Dios, en su gran mayoría, son temporales. Sólo Dios es eterno.
Fíjate en el tabernáculo. Sirvió y fue muy útil en un momento, en un tiempo. No tendría el menor sentido de que hoy día levantáramos un tabernáculo, ¿No crees? ¿Qué quiero decir con esto? Lo dicho: que la iglesia hoy día sigue siendo la iglesia, siempre que reciba revelación. De otro modo es club religioso. Hay muchos.
¿Y qué vendría a ser, exactamente, revelación, hermano? Respuesta simple: es entender lo que dios está hablando hoy. No ayer ni antes de ayer: Hoy. Porque muchos de ustedes seguramente entienden muy bien lo que Dios habló a través de la historia bíblica, pero… ¿Entiendes lo que Dios está hablando hoy?
Fíjate; hay una lucha jurídica muy fuerte, en este tiempo y en muchos países, respecto a los homosexuales. No hace mucho tiempo, se trató una ley en uno de los estados de los Estados Unidos, por la cual el propietario de un negocio podía decidir si deseaba o no atender a un homosexual. Por su orientación sexual, no por otra cosa.
Y resulta ser que una parte de lo que llamamos la iglesia, allí, se ha puesto a favor de esa ley. Ellos dicen que por la misma ley con la que un comerciante puede decidir no venderle a un homosexual, un pastor también puede decidir no casarlo si se lo piden.
Porque resulta ser que hoy no es así, ya que si una pareja de homosexuales llega a una iglesia y pide casarse, el pastor de esa iglesia está obligado por el gobierno a aceptar. Según la ley actual el pastor no puede negarles ese servicio.
Porque eso se llama discriminación sexual y, de negarse, puede tener un serio problema que, llegado el caso, puede comprender juicio, condena y hasta cárcel. Interesante, ¿Verdad? Estas batallas, en estos momentos, si tú te pones a pensar, son batallas ideológicas.
Son argumentos peleando contra otros argumentos. Hace poco, hubo un caso de una mujer que fue querellada por dos lesbianas. Esta mujer fue criada como hija por esas dos mujeres. Y lo que más resalta ella, es que toda su vida necesitó un padre.
Todo esto que tú estás viendo es lo que te lleva a pensar qué clase de generación de ha tocado vivir, ¿Verdad? Literalmente, lo que estamos presenciando es una lucha de ideas impresionante. Se ha levantado el estado islámico, aparece ISIS.
Y luego vienen los chiitas y los sunitas. Una tremenda pelea entre ellos. ¿Es religión? No, es una tremenda pelea de ideas. ¡Qué batallas más impresionantes estamos presenciando! Y a todo esto, me pregunto: ¿Dónde está la iglesia para dar su presente al respecto? Dando una idea o una palabra. ¿Dónde está?
¿Por qué la iglesia, en la mayoría de las ciudades, ya no es una voz profética? Respuesta: porque la iglesia ha entrado, en un período de pobreza moral. Dije, Pobreza Moral. Por causa de que la iglesia ha tolerado el pecado interno, ha perdido la autoridad de ser una voz profética.
Se han tolerado abusos muy graves y groseros, líderes en adulterio, manipulaciones emocionales tremendas y hasta robos abiertos y desvergonzados. Y sin que se dieran cuenta sus miembros activos y pasivos, la autoridad de la iglesia empezó a declinar y finalmente caer.
Cualquier hijo de Dios que acceda a la revelación del Padre va a darse cuenta que el sello distintivo del profeta, es la autoridad. Entonces, a causa de haber perdido la pureza moral, también se ha perdido la autoridad. Por lo tanto, a los únicos que ciertos líderes pueden exhortar, es a los propios creyentes, porque el mundo no los va a escuchar.
¿Y por qué no los va a escuchar? Porque no los ve moralmente correctos. Eso está significando, en palabras bíblicas, que la iglesia como institución global, ya no es ni la luz ni la sal de la tierra. LA iglesia sólo es la luz y es la sal, cuando mantiene un standard moral, que impide que su autoridad caiga.
Tú no te das cuenta, pero todo aquello que la iglesia tolera y que Dios no tolera, hace que el mundo meta su levadura adentro de nuestra cultura. Comenzó siendo muy visible en los Estados Unidos, pero hoy es una realidad en Latinoamérica también. Por causa de su impureza moral, la iglesia ha perdido su voz profética.
Entonces, cuando Jesús llama a sus discípulos y les dice: ustedes son la luz del mundo, Él les está dando el papel y el rol que la iglesia debe tener en todas partes. Porque ser la luz, no tiene que ver con entender lo que es la luz. Si fuera por eso, todos ustedes manejan la luz todos los días, y hasta muchos de ustedes seguramente saben bastante de electricidad.
Pero lo cierto es que ninguno de nosotros necesitamos ser ingenieros eléctricos para saber lo que es la luz y usarla. Lo cierto es que Dios no ha puesto su iglesia en nuestro ambiente para seamos seres anónimos, somos una voz potente en la comunidad.
Lo que nosotros decimos, no puede ni debe ser lo que nosotros pensamos de la comunidad, sino lo que Dios mismo piensa de ella. Y si tú puedes hacer algo por ese lugar de la comunidad, hazlo. Pero si ya no puedes hacer demasiado, olvídalo; Dios va a encargarse de limpiar esos lugares.
¿Así de contundente? ¡Así de contundente! ¿No hemos dicho que todo lo que tenemos está aquí porque Dios lo quiso? Así que cuando hay excesos de cosas que si no se exceden son buenas, (Las lluvias, por ejemplo), no es fruto de una casualidad.
¿No te llama la atención cuando ocurren algunas cosas inexplicables, que muy pocos kilómetros más allá, a veces tan sólo metros, no ha sucedido absolutamente nada? Dios tiene precisión casi quirúrgica para hacer lo que debe hacer sólo en los lugares en donde debe hacerlo.
No es poca la gente que deberá perder todo lo que tiene para poder entender definitivamente quién es Dios. Ocurre que nosotros, por querer ser más buenos que Dios sin consultarlo a Él, buscamos brindarles ayuda a aquellos a los que Dios tal vez ha desechado. ¿Será así de malo, Dios? No lo sé, pero piensa. En pleno diluvio y con toda esa gente ahogándose, ¿Hubieras sido uno de los que hubiera abierto las puertas del arca para dejarlos entrar? En el juicio de Dios, el hombre no participa.
Piénsalo así: ¿Dios destruyó algo, y tú vas a ir a edificarlo sin su orden? ¿Y cómo le llamarás a eso, obediencia? Bueno, parecería ser todo lo contrario, ¿No crees? ¡Es que no entiendo! ¿Y quién te dijo que debes entender a Dios? ¿No te han enseñado que debes creer y confiar en él, lo entiendas o no?
Eso, sumado a mi antigua profesión, me enseña a mí que no leemos los periódicos ni vemos las noticias por la televisión con los anteojos correctos. Nuestras formas de interpretar ciertas noticias no pasan por la palabra de Dios, a veces pasan por otros intereses no tan santos.
Recuerda esto: la base de la iglesia, es la revelación. Por eso, no debes preguntar tus dudas a los pastores, a los líderes, a los apóstoles, a los profetas o a nosotros, los maestros. Debes preguntárselo a Él. ¡Él te lo dirá! Lo ha venido haciendo desde siempre, sólo hay que acercase a su trono con confianza.
Y no se trata de que algunas de las cosas que pasan no nos duelan. ¡Claro que nos duelen! Pero estos no son temas para moverse con emociones. ¿No leíste que es engañoso el corazón del hombre? La mente de Cristo está disponible para nosotros.
Pero resulta ser que la gente toma la Biblia y se pone el chip, predica y habla. Toma la Biblia y les enseña a sus hijos. Se sienta a comer y ora por los alimentos. Pero cuando sale de esa atmósfera, empieza a funcionar con su mente natural. Ve la televisión o lee el periódico y ya quiere ponerse a orar y ayunar por cuanto problema esté publicado allí.
¡Espérate! ¿No es nuestra plataforma base que nada sucede sin que Dios esté en control del asunto? Y eso, es tan verdadero para ti y para mí, como para el presidente de mi nación o el presidente o primer ministro del tuyo. Para el que vive en un gran edificio de la gran ciudad, como para el que vive en una humilde choza de una perdida aldea.
Así sea en la paz de nuestros países como en la metralla y la muerte de los lugares violentos, esa verdad de Dios es la misma. No seamos los cristianos más veloces del oeste americano y disparemos vigilias, ayunos y jornadas de ayuda internacional, sin antes preguntarle al Señor por qué ocurre lo que ocurre. ¡Él lo sabe!
Y si la que está en problemas por algún desastre natural es una o varias iglesias, quizás sea porque esas iglesias debían pasar por esos problemas. En el año 1994, cuando ese tremendo tsunami azotó Indonesia, gente que conozco me contó que el tsunami en su viaje arrasador no derrumbó una sola iglesia cristiana, aunque sí lo hizo con todas las mezquitas y con cuanto templo budista encontró. ¿Casualidad?
¡Es que tenemos que ayudar! No, estás equivocado. Lo que tenemos que hacer, es obedecer a Dios. ¡Entonces por lo menos tenemos que orar! No, tenemos que obedecer. ¿Y qué vamos a obedecer si nadie sabe lo que tiene que hacer? Y si no sabes lo que tienes que hacer, ¿Por qué quieres hacer cosas?
¡Uy, mira, se acaba de derrumbar la torre de Babel! Oh, vamos, hermanos, llevémosle ladrillos a esa pobre gente que ha quedado sin nada para que puedan reconstruir lo que perdieron. ¿Quién te dijo que hagas eso? ¡Es nuestro deber como cristianos, hermano! No, nuestro deber como cristianos es obedecer a Dios.
¡Pero es que nos van a acusar de faltos de solidaridad! ¿Sabes? La solidaridad es parte de una cultura humana y mundana. Los cristianos no somos solidarios, somos misericordiosos. Y hay una gran diferencia entre solidaridad y misericordia, mírala en tu diccionario.
Dios es misericordioso, así que nosotros debemos ser misericordiosos, también. Pero Dios no es solidario, es misericordioso. En pocas palabras, lo que hoy día llamamos cristianismo, es mayoritariamente, humanismo con Biblia.
Humanismo con Biblia, donde el hombre sigue siendo el centro de todo. Y no lo es. ¿Cómo va dar un estudio tan largo, hermano? ¡A la gente no le gusta! ¿Cómo va a poner ese texto? ¡A los hermanos no les agrada! La gente no lo entiende. ¿Ah, sí, eh?
¿Y a ti quien te dijo que yo doy los estudios y pongo los textos para la gente? ¡Yo grabo y publico lo que mi padre me ordena! Y si a ti te gusta, gloria a Dios. Y si no te llega a gustar, gloria a Dios! Porque yo soy y quiero seguir siendo un ministro del Señor, no un asalariado sostenido con tu dinero. ¿Está claro?
Pero hoy el concepto eclesiástico mayoritario impone hacer cultos para la gente. No importa si Dios no se agrada de lo que ellos hacen. No importa si a Dios le caen horribles esas canciones que se cantan. Lo que importa es que la gente esté feliz allí adentro y se vaya contenta a su casa. Así vuelven. ¿Qué se supone que eres, un buen restaurante?
Ese es el humanismo cristiano. ¡Ayudamos a todos! Déjame decirte que la iglesia no es eso. Nunca estuvo en el corazón de Dios que su iglesia sea eso. La iglesia es la columna y el baluarte de la verdad. Claro que lo peor es la presión social, incluso dentro de nuestro mismo ambiente.
Las reuniones de los consejos pastorales tienen más de comentarios sobre la violencia, la inseguridad, el terrorismo y los dilemas económicos, que los milagros o cualquier otra muestra del poder de Dios manifestado en sus congregaciones. ¿Será porque ya no los hay?
En una reunión a la que asistí, ante la preocupación por los asaltos y robos que había en esta ciudad, alguien propuso sacar a los intercesores de mejor nivel a las calles. Y se levantó un joven pastorcito de una pequeña iglesia de barrio y preguntó: ¿Y para qué, para que encima les roben las Biblias? Listo.
Entonces sale alguno de los que yo mismo he oído muchas veces y dice que no, que la iglesia tiene que estar donde la gente sufre. Si me permites, no voy a negar que a mí también me duele que la gente sufra, pero me parece que ese hombre y yo hemos leído dos Biblias diferentes.
Yo aprendí que nos debemos a Dios, no a los hombres. ¡Pero hermano! ¿Usted no ha leído nada respecto a la violencia? Sí, claro que he leído. Todavía conservo la antigua rutina de prensa de leerme casi todo lo que me llega a primera hora de la mañana, después de orar y leer la Biblia.
¿Y no vamos a hacer nada al respecto? Yo creo que estamos haciendo bastante, pero no pienso mover ni un dedo para hacer algo que el Padre no me diga que haga. Lo que veo hacer a mi Padre, eso hago, dijo Jesús. Lo que oigo decir a mi Padre, eso digo. ¡Es el Cristo! ¡Él es mi referente y modelo! ¡Soy cristiano!
¿Entonces, a Dios no le importa el sufrimiento de la gente? Sí le importa. ¿Y cómo resuelve eso, Dios, si se puede saber? Simple: dejó a su iglesia, su tesoro más grande. ¡La dejó acá, para que lo resolvamos nosotros! Dios no nos pide que edifiquemos su casa, Él lo hace.
Porque la Biblia dice que si Él no edifica, en vano trabajamos. Pero, ¿qué nos pide Él? ¡Qué edifiquemos una sociedad justa! Ningún país va a ser mejor si tiene mayor cantidad de templos evangélicos cristianos. Pero sí empezará a serlo si, en cada uno de los templos que ya existen, se empiezan a formar creyentes más honestos, justos, sinceros, íntegros y libres de toda hipocresía.
¿Sabes qué estoy esperando como hijo de Dios genuino y fiel? Que llegue el día que no sea necesaria la sanidad interior dentro de las congregaciones. Que funcionen afuera, para tratar el alma herida de los que todavía no conocen a Dios y mostrarles que hay un camino que garantiza la victoria.
Porque la sanidad interior es para ellos, no para nosotros. No tienen el Espíritu Santo y por eso nadie los puede sanar. Por eso necesitan de alguien. Lo que no se puede entender es que los cristianos, teniendo el Espíritu Santo, tengan que depender de eso para poder ser más o menos útiles.
Sin embargo, el caso es que lo necesitamos. Es de esperar que en algunos años eso ya no sea así, porque lo normal dentro de la iglesia genuina del Señor, es sanarse. Y de todas las sanidades posibles. Las físicas, las almáticas y las espirituales.
El cuerpo humano, créeme, no necesita aprender a sanarse. Ya trae ese programa en su disco duro. Sólo debes operar la clave de ingreso. De todos modos, el cuerpo por sí mismo y solito, sabe sanarse sólo durante la noche mientras su propietario duerme.
¿O me vas a decir que tú debes enseñarle a tu rodilla a cicatrizar después que te caíste y te raspaste con sangre? ¡Tú rodilla cicatriza sola! ¡No necesita tu ayuda! ¿Por qué? Porque es cuerpo, es algo vivo. ¿Y entonces por qué deberemos enseñarle a nuestra alma a sanarse?
Dime por qué necesitas que alguien te ayude para superar las marcas emocionales del rechazo, si una cicatriz se produce y se forma sola. ¿Una cicatriz en tu dedo pulgar sí y una herida en tu alma no? Me pregunto qué cosa es la que no estamos haciendo bien. O qué cantidad de cosas.
Yo creo que tenemos la revelación suficiente. Lo único que nos falta, es vivirlo. ¿Qué se debe hacer con el adúltero, entonces? ¡Echarlo! ¿Cómo, no lo vamos a restaurar? No, échalo. ¿Pero no debemos tener misericordia y amor? Mira; si fue adúltero adentro, es porque no conoce a Dios, ni siquiera tiene temor de Dios.
Y tú no puedes ni debes tener parte alguna con los que no tienen temor de Dios. Nada. ¿Pero, no es demasiada dureza? A primera vista, tal vez parezca eso, cierto. Pero déjame decirte que esa cultura de tolerancia que hasta ahora se ha practicado, es lo que nos ha llevado como iglesia a una falta de credibilidad y respeto que espanta.
Entre otras causas, por eso estamos como estamos. ¿Cómo vamos a pretender que el mundo incrédulo respete a la iglesia del Señor si no la respetan ni sus propios miembros? ¿Qué hacía el pueblo cuando la hija de uno de los sacerdotes se prostituía? La quemaban.
El Dios de amor determinó que la quemaran. Eh… ¿Es que eso está vigente? La santidad nunca pasó de moda. Esta es munición gruesa y armamento pesado pesado. Claro; es mucho más fácil hablar de cómo funcionar en lo profético que de esto, ¿Verdad?
Es mucho más fácil y bonito hablar del tercer cielo, pero lamentablemente, alguien tiene que decirlo alguna vez. Aunque caiga antipático, aunque se gane enemigos serios. No le hace. El pecado sigue siendo pecado y la verdad sigue siendo la verdad.
¿Y dónde se pierde todo esto? Mira; la gente que cae en estas cosas, básicamente tiene que confrontarse con una sola pregunta: ¿Tienes temor de Dios, o no? Debemos estar en condiciones de reconocer cuando, una persona, actuó con intención, y cuándo fue engañado.
Y sólo se puede restaurar a las personas que fueron engañadas. No se puede restaurar a alguien que planificó el engaño. Hay una diferencia notoria, ¿La notas? Adán fue engañado, él no planificó eso. ¡Pero es que Dios restauró a David! Cierto, pero ni tú ni yo somos David. Si fuéramos David, entonces sería otro el trato de Dios para con nosotros. Pero no lo somos.
David es la excepción a todo. No somos David. Entonces, más allá de que lo profético es tan valioso y nos ha impactado tanto, y nos ha llenado el corazón de tantas cosas, nos damos cuenta que lo profético, lo que ha traído a nuestras vidas, es una mayor sensibilidad a la luz y a las tinieblas.
Hoy día somos mucho más finos y precisos para distinguir esto. Y eso tiene que hacer que tú tengas la capacidad de obrar con mayor precisión y ser cada vez más certero. ¿Qué se hacía antes cuando había una espina incrustada en la piel de alguien? ¡Traían un hacha!
¿A ver, dónde está esa espina? Mejor dicho, dónde está esa mano, ese dedo, ese pie. ¡Ay mi madre! Hoy hay una pinza y una aguja, y se puede sacar la espina sin cortar el miembro donde está. Ese es el funcionamiento profético, ¿Entiendes?
Entonces, yo creo que podemos tocar estos temas con mayor precisión y sin ofender gratuitamente a nadie, aunque también sin defender lo indefendible, sea quien sea el responsable. Sin embargo, no es para identificar a Babilonia, porque eso es fácil. Es para identificar nuestra carnalidad.
Es para que te des cuenta que tú necesitas trabajar esto. Es para reconocer que todavía hay áreas de tu vida que deben ser juzgadas por Dios, porque estás tolerando cosas que a Él no le agradan. Debes poder trabajar en esto. ¿Por qué? Porque tu autoridad está en proporción directa con tu calidad moral.
¡Es que yo estoy en Cristo! Es que lo moral no tiene nada que ver con estar en Cristo. En Cristo todos podemos estar al ciento por ciento. La moral tiene que ver con el carácter y la conducta personal. Podemos juntarnos y hacer un seminario sobre los temas más importantes de la teología, pero estaremos caminando alrededor del problema mayor.
Porque a pesar de que todas esas clínicas y seminarios siguen siendo buenos, si no se reconoce el pecado dentro del cuerpo, ¿De qué nos servirá todo eso? Y es allí donde la iglesia se necesita. Es allí donde un líder se acerca a otro ministro y le pide que lo ayude porque está perdiendo a su hijo y no sabe qué hacer.
Es allí y así donde el cuerpo se sana a sí mismo. Es allí donde pueden sostenerse, porque esta lucha no es fácil. Ser moralmente correcto no es fácil para nada en un mundo inmoral. Ser luz en una tierra tan oscura, no es nada sencillo. No tiene ninguna gracia brillar en medio del brillo ambiente. Lo grave es brillar afuera.
Brillar en medio de los bancos, de las oficinas, de las fábricas, de los colegios, de las universidades. Es difícil brillar allí. Sin embargo, es allí donde Dios quiere que brillemos. Porque la luz es luz, cuando está manifestada en la oscuridad. Una pequeña linterna se pierde en un sitio que está todo iluminado, pero es un tesoro difícil de explicar cuando se la enciende en medio de la total y absoluta oscuridad.
La Biblia dice que la noche ya termina. Hay mucha oscuridad, hoy. Tú eres la luz. Quiero decir algo pero con suma prudencia: tú, donde quiera que habites, eres la única luz que tiene tu país, hoy. Ahora quiero preguntarte: ¿Te das cuenta de la responsabilidad que hay sobre tus hombros?
Por mi parte, yo soy argentino, e independientemente de las luchas bajitas entre las posiciones políticas que quieren hacerse con el gobierno de mi país, hay algo que es notorio: en la Argentina hay grandes focos de corrupción. En todos los niveles, incluido aquellos que otrora parecían incólumes.
Mi pregunta obligada, entonces, es: ¿Podrá la iglesia mantenerse fuera de cualquier clase de corrupción para poder ser juez de esas corrupciones mundanas? Y nota que estoy preguntando si podrá. Porque tengo más que claro que todavía no puede, porque también me ha tocado ver la corrupción interna.
Y eso no sólo es muy triste, es gravísimo delante de los ojos de Dios. ¿Será que esa parte de lo que llaman iglesia, en realidad no termina de creer que ese Dios exista y les pida cuentas alguna vez? ¿Será sólo simple incredulidad?