Adiferencia de cualquier otro libro de la Biblia, el Apocalipsis es el único que no fue escrito por inspiración del Espíritu Santo, sino dictado directamente por Cristo cuando se le apareció a Juan en la isla de Patmos.
Si nos atenemos al contenido, no debería llamarse el Apocalipsis, sino La Revelación de Jesucristo. De hecho, algunas versiones vienen con un nombre similar a ese. No de modo correcto y preciso, pero ese es otro asunto que trataremos en otro estudio.
Contiene tres bendiciones: 1) Para el que lee.- 2) Parar los que escuchan.- 3) Para los que guardan las cosas allí escritas. Ha sido leído y releído por neófitos y eruditos en Teología, pero casi todos han coincidido en que es una de las escrituras más “oscuras” desde el punto de vista de su análisis.
Lo que sucede es que las cuatro clásicas metodologías de interpretar las escrituras, (Premilenaristas, postmilenaristas, historicistas y espiritualistas), jamás han logrado ponerse de acuerdo con sus símbolos y profecías.
Particularmente, creo que han perdido soberanamente el tiempo discutiendo. Y cuidado: no voy a caer en el facilismo contemporizador de decir que todos tienen razón y que lo que los divide es de forma.
Lo que sí quiero decir es que, luego de leer atentamente la Biblia, no he hallado ningún versículo que hable de que Dios sea Premilenario, Postmilenario o Histórico. Lo que si dice, – mal que les pese a unos cuantos -, es que Dios es Espíritu. Punto.
El libro es una esencia del Reino y el Reino es infinitamente mayor que la propia iglesia. Su influencia es sobre todo y sobre todos. La iglesia debe reconocer y sujetarse a ese reinado. Las naciones terminarán por reconocerlo y sujetarse a él; la iglesia sólo es el instrumento. Se divide en tres secciones: 1) Las cosas que has visto.- 2) Las cosas que son.- 3) Las cosas que han de ser después de estas.
(Apocalipsis 1: 12-16 y 20)= Y me volví para ver la voz que hablaba conmigo; y vuelto, vi siete candeleros de oro, y en medio de los siete candeleros, a uno semejante al Hijo del Hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por el pecho con un cinto de oro.
Su cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve; sus ojos como llama de fuego; y sus pies semejantes al bronce bruñido, refulgente como en un horno; y su voz como estruendo de muchas aguas.
Tenía en su diestra siete estrellas; de su boca salía una espada aguda de dos filos; y su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza.
El misterio de las siete estrellas que has visto en mi diestra, y de los siete candeleros de oro; las siete estrellas son los siete ángeles de las siete iglesias, y los siete candeleros que has visto, son las siete iglesias.
La mejor traducción de CANDELERO, es LÁMPARA. El candelero es una luz que se consume. Una lámpara se alimenta de aceite, unción, espíritu. Si las siete lámparas son las siete iglesias, cada una es o debe ser un centro de luz, es decir: de revelación.
La unidad de la iglesia, mientras tanto, consiste en la relación común de cada iglesia con el Señor mismo, quien está presente en medio de ellas.
En su mano derecha, el Señor sostiene los mensajeros y en esto se revela el verdadero lugar que ocupa el ministerio de la iglesia cristiana, sea el ministerio de la enseñanza con autoridad, como ha sido dado por medio de los apóstoles, el ministerio de las declaraciones proféticas, el ministerio de evangelización o el ministerio del oficio pastoral.
Ningún hombre puede ser un mensajero del Maestro y de la iglesia, salvo que sea sostenido por la mano derecha del Señor Jesús, e interprete, no sus propias ideas respecto al bienestar de la iglesia, ni el deseo de la iglesia en cuanto a sus funciones, sino la voluntad del Maestro.
El mensajero no tiene autoridad en sí mismo, ni la iglesia en la cual se encuentra puede darle esa autoridad. Su autoridad es una autoridad comunicada por el Hijo del Hombre, quien es Señor y maestro de toda la iglesia. Cualquier otra cosa, es invento de hombre, imitación, Babilonia.
La iglesia está llamada a ser la luz que resplandece en la tiniebla del mundo. El mundo no sólo necesita esa luz, sino que la espera, pero la iglesia estará capacitada para llevar esa luz si vive en la luz que el rostro de Cristo creó para ella. Las lámparas no son fuente de luz; son portadoras de la luz.
Si Cristo es, (como se dice en Malaquías), el Sol de Justicia, las estrellas deberán girar en su torno. Y Él está en medio de las lámparas y las estrellas, en tanto éstas estén unidos a su alrededor y, obviamente, sujetas a SU luz (Revelación).
Además, la función de Cristo en la iglesia es sugerida por su vestimenta. Dice: Vestido de una ropa que llegaba hasta los pies y ceñido por el pecho con un cinto de oro. El vestido hasta los pies sugiere el derecho de gobernar y juzgar. Es la vestimenta de la autoridad judicial, no la del sacerdote.
Su cabeza y sus cabellos eran blancos como la blanca lana, como nieve. El cabello blanco es señal de edad y símbolo de eternidad. La blancura, lo sabemos, simboliza la pureza.
Sus ojos como llama de fuego. Símbolo perfecto de conocimiento infinito e infalible, ojos que traspasan y penetran; ningún secreto se le puede esconder. Él sabe todo lo que ocurre en la igl4eia, desde su máxima autoridad hasta el último de sus miembros.
Sus pies semejantes al bronce bruñido, refulgente como en un horno. pies simbolizan su proceder, el bronce es símbolo de fuerza, el horno es la purificación. Por eso Él camina en la iglesia – si lo dejan -, con absoluta pureza, sin contaminarse del mal sobre el que camina y con una fuerza tremenda que no ha de detenerse haya la oposición que haya.
Su voz como estruendo de muchas aguas. Esto es, primero, símbolo de la Majestad. El sonido del agua nos sobrecoge, nos empequeñece, pero al mismo tiempo nos produce paz y quietud. Es, es cierto, sonido de muchas aguas, es decir: mucho ruido, pero una sola voz.
Él le habla al arte, a la música, a la ciencia, a la literatura, a toda vida, a cada uno separadamente y a todo el conjunto. Muchas aguas, muchos mensajeros, muchos mensajes, pero una sola voz, una sola palabra, una sola revelación, una, una, una y una. Unidad.
Y tenía en su diestra siete estrellas. La mano derecha es señal de autoridad en la administración. Las siete estrellas son los ángeles de las iglesias, el lugar del perfecto reposo, perfecto poder, perfecta protección.
Los mensajeros deben escuchar esa única voz y repetir su único mensaje. Muchas aguas, distintas, diferentes, más o menos bulliciosas, mansas como lagunas, impetuosas como cataratas, vertiginosas como rápidos, rugientes como mar, o tranquila como lagos. Muchas aguas, pero una sola voz.
De su boca salía una espada de dos filos. Símbolo y tipología de su declaración de las cosas de los hombres. Él dijo que por nuestras palabras seríamos juzgados. Si nuestra palabra es SU palabra, ¿Cómo saldremos de ese juicio? ¡Más que vencedores! Ahora: ¿Qué pasa si no lo es? El doble filo, la doble acción, condena las faltas y aprueba las excelencias.
Su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza. Dice que Cristo es COMO un sol, no que es EL sol. Su gloriosa luz imposible de soportar con ojos naturales le da la autoridad para ser la luz (revelación) que supera toda otra luz. Bueno; ahora sí vamos al tema.
(Apocalipsis 2: 1-7)= Escribe al ángel de la iglesia en Efeso: el que tiene las siete estrellas en su diestra, el que anda en medio de los siete candeleros de oro, dice esto: Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos; y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado.
Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor.
Recuerda, por tanto, de donde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido.
Pero tienes esto, que aborreces las obras de los nicolaitas, los cuales yo también aborrezco.
El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, le daré de comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios.
En la época en que se escribió esta carta, Efeso era metrópoli de IONA, y sin duda una ciudad grande y populosa. Toda clase de gente se juntaba allí, los ricos y eruditos, como también los pobres y los analfabetos. La condición general de la vida era la de una comunidad opulenta, culta y corrupta.
El libro de los Hechos da una detallada información sobre la creación de la iglesia de Efeso. De allí podemos rescatar que cuando Pablo estuvo en Efeso, empezó a enseñar en la sinagoga, y es un hecho notable que se lo permitieran hacer por espacio de casi tres meses.
El efecto de su predicación era el de siempre. Los desobedientes se endurecían manifestando un espíritu de oposición. Allí los apóstoles vieron que había llegado el momento de formar una iglesia. Él reunió a los discípulos fuera de la sinagoga, y habiendo obtenido la escuela de Tiranno, les empezó a predicar allí. Durante dos años la iglesia creció hasta que llegó a ser un centro de operaciones misioneras. La palabra de Dios se propaló a través de toda Asia como resultado de la enseñanza dada en Efeso.
¿Qué pasó después? Surgieron imitadores. Hombres que desearon alcanzar los mismos resultados pero sin tener el poder necesario. Las tentativas de imitar la obra del Espíritu a través de los siervos de Dios, siempre terminan desastrosamente para aquellos que las intentan.
El Señor se presenta a sí mismo como …el que tiene las siete estrellas en su diestra, el que anda en medio de los siete candeleros de oro. Es evidente que la iglesia de Efeso llenaba el verdadero ideal de la organización eclesiástica.
Se ve a Cristo como centro unificador y director de la iglesia, caminando en medio de las siete lámparas de oro, y teniendo en su diestra las siete estrellas. No se menciona ninguna otra cosa concerniente a Él en esta descriptiva visión.
La verdadera organización eclesiástica de la iglesia se sigue manteniendo, el ministerio ocupa su apropiado y exacto lugar. Aparentemente, todo es como debiera ser. No hay falta, ni descuido en la organización, ni en la obra, ni en su actitud, tal era así que ningún apóstol que estuviera de visita pudiera haberlas descubierto, o el mundo que la contemplaba pudiera haberlas notado.
Después sigue la aprobación de nuestro Señor, una aprobación tan notable, que nos haría preguntarnos: ¿Habrá algo que esté mal en esta iglesia? Si nosotros la hubiéramos visitado, nuestro informe hubiera sido que se trataba de una de las más notables que jamás hubiéramos vivido.
Yo conozco tus obras, dice Él. Esto tiene referencia al servicio que ella está prestando. La iglesia no era un club confortable para conservar la vida de unos pocos santos. Era una activa y agresiva congregación de santos.
Yo conozco tu arduo trabajo. Esta palabra tiene un significado más profundo, porque se refiere al esfuerzo que produce obras aún a costa del dolor. Hay muchos que se jactan que sus obras y dádivas no les cuestan nada.
Cuando eso es cierto la obra no tiene valor. Esta gente en Efeso no podía jactarse así, pues tras las obras estaba el trabajo. No estaban ofreciendo al maestro, a la iglesia, al mundo, cosas sin valor porque no les costaban nada. Sus obras tenían el precio de su trabajo.
Y tu paciencia. Esa es la actitud de persistencia en el trabajo que produce obras. Estas primeras tres palabras están íntimamente ligadas – obras, trabajo, paciencia, – y las palabras son aún más hermosas cuando recordemos que fueron pronunciadas por los labios del Señor Jesús. No es meramente la opinión de un apóstol o de un extraño. Es un fallo definitivo expresado por el Señor de la Iglesia.
Yo conozco que no puedes soportar a los malos. No se tolera ninguna impureza dentro de los límites de la iglesia. No tiene complicidad con las cosas malas de Efeso. Había guardado la comunión de los santos en contra de la entrada profana de hombres impuros. No había sido descuidada en la disciplina respecto a la vida.
Y has probado a los que dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos. LA iglesia había sido cuidadosa acerca de su doctrina, cuidadosa acerca de lo que escuchaba, caracterizándose por su discernimiento y su juicio acerca de los falsos maestros. No solamente observaba una disciplina perfecta para la vida de sus miembros, sino que ellos habían rehusado tolerar a los falsos maestros.
Y has sufrido y has tenido paciencia por amor de mi nombre. Su persistente fidelidad no siempre se había llevado a cabo bajo fáciles circunstancias. La persecución había rugido alrededor de ella, y sin embargo, se habían mantenido en sus obras.
Y no has desmayado. Tenían una gran reserva de fuerzas. Todo lo que habían realizado fue bajo el impulso y en el poder de una fidelidad inquebrantable.
Ahí está: tenemos una iglesia trabajando, persistiendo pacientemente en la labor que produce obras. Rehusando tener comunión con hombres malos con falsas filosofías de ciertos maestros y persistiendo en su fidelidad para con el servicio.
¿Cómo nos sentiríamos si, formando parte de esa iglesia, recibiéramos una aprobación como la que el Señor hace aquí? Gardel, por hacer una comparación vulgar, mundana y medio grosera, pero que usted entiende muy bien. Sin embargo…
Pero tengo contra ti que has dejado tu primer amor… ¿Qué es el primer amor? ¿Qué es perder el primer amor? El primer amor es matrimonial. Pablo, a los Corintios, les dice: Pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo. Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo. Eso es primer amor. Os he desposado con un solo esposo, primer amor. Temo que vuestros sentidos sean extraviados… Eso es perder el primer amor. Las cualidades del primer amor son la simplicidad y la pureza.
El amor es un misterio que tiene su más radiante revelación en la relación matrimonial, y el apóstol declara que allí se encuentra el símbolo más perfecto de la relación que existe entre Cristo y su Esposa. …Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia. Tipología perfecta de cómo la iglesia (Que es la esposa) debe amar a su esposo (Cristo) Otra: las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor.
Así el amor de la iglesia hacia Cristo se simboliza por el amor de la esposa al marido. Entonces: ¿Cómo es el amor de Cristo hacia la iglesia? Desinteresado, sin el menor pensamiento para sí mismo. Ahora: ¿Cómo es el amor de la iglesia hacia Cristo? La respuesta de amor, al misterio de amor, la sumisión de amor al perfecto amor.
El primer amor es el amor de los esponsales. Sus rasgos son sencillez y pureza, amor matrimonial, la respuesta del amor al amor, sujeción de un gran amor a un gran amor, la sumisión de un amor que se niega a sí mismo, a un amor que se niega a sí mismo. El primer amor es un abandono de todo por un amor que ha abandonado todo.
La iglesia de Efeso, (¿Será la única?) había tenido su primer amor, el amor de los esponsales, el amor sencillo, el amor sincero, el amor en el cual no se ocultaban motivos bajos, ni particulares, ni personales, ni privados.
Amor transparente, fiel y verdadero. Eso es lo que Cristo extraña y echa de menos en ellos. Eso es, en suma, lo que Él dice tener en su contra. Un amor ardiente, tierno, sin egoísmos, producto de la carnalidad y mezquindad humanas.
Ahora pensemos cuan infinitamente patética es esta única sentencia de queja. …Has dejado tu primer amor… La emoción, el entusiasmo y la energía, faltan. El Señor reconoció esto. Si Judas hubiera sido miembro de esta iglesia, no hubiera encontrado nada para criticar; criticó a María de Betania, y ¿Por qué?
Porque el amor de María de Betania sobrepasó los límites de la prudencia y de lo común. El amor no puede pasarse ni medirse. Desborda los canales que pretenden contenerlo. No podemos comprimirlo dentro de una fórmula matemática. No hace cálculos, adora en abandono y sobrepasa la aritmética.
La iglesia de Efeso era aún una iglesia notable, pero carecía del elemento de ese entusiasmo, que es imprudente a los ojos calculadores del mundo. Hay quienes se imaginan que esta falta de entusiasmo es una ventaja. Que Dios tenga misericordia de ellos.
Cristo confronta a esta gran iglesia y dice que, si bien hay mucho de excelencia en ella, está faltando ese primer amor. Que no se oye cantar alabanzas al Señor fuera de los templos, en los horarios y términos pre-concebidos. Como dice un poema: La iglesia llegó a ser / llena de fallas, al pretender no fallar. / Fríamente organizada, espléndidamente nula.
Primer amor perdido. Las cosas externas han quedado, pero el fundamento de las mismas ha sido debilitado. La fe, de la cual emana la obra se está debilitando. Amor, la base del trabajo, está menguando.
Esperanza, la base del trabajo, está menguando. Esperanza, la inspiración de la paciencia perfecta, está oscurecida. Cuando la fe en Él es fuerte, las obras son duraderas. Cuando el amor hacia Él es pleno, el trabajo sostenido continúa. Lo que Él dice, es: Has perdido tu primer amor, tus obras siguen, pero tu fe en mí no es lo que era.
Hay un espíritu que contiende por la fe, que está en conflicto con la fe. Si los hombres han perdido su primer amor, harán más mal que bien en su defensa de la fe. Tras la denuncia del pecado siempre debe estar la ternura del primer amor para que esa denuncia no se tome en amargura. Tras el celo de la verdad, siempre debe estar la amplitud del primer amor para que ese celo no se convierta en odio mezquino.
Ha habido hombres tan egocéntricos con una mezquindad tal, que se han complacido en declararse a sí mismos como poseedores de la verdad, pero este mismo principio por el cual ellos lucharon ha sido excluido de sus vidas y servicios.
Todo celo por el Maestro que no es el resultado del amor hacia Él carece de valor. El amor del Señor es tan perfecto que ninguna otra cosa puede ocupar el lugar del amor que responde. Quien quiera conquistar el amor de una mujer, jamás podrá satisfacer su corazón con otra. La actividad en los negocios del Rey no compensará descuidar al Rey.
Este mensaje requiere ser repetido en todas nuestras congregaciones en el día de hoy. Su obra, su trabajo, su paciencia, todo es evidente. Nunca ha estado más ocupado. Nunca sus organizaciones han sido más completas, pero: ¿Adonde está su primer amor?
Se cuenta del caso de una nena que terminó por llamar la atención de su papá porque durante tres meses casi ni cruzó palabra con él, casi ni lo vio. Cuando llegó el día del cumpleaños del hombre, la nena se apareció sorpresivamente con un hermoso abrigo tejido por ella misma.
Ahí el hombre entendió. Ella, durante todo ese tiempo, se había dedicado a tejerle el abrigo para poder terminarlo para la fecha. La nena le preguntó si le gustaba. Él le dijo que sí, que le gustaba mucho y que se lo agradecía profundamente, pero que en verdad, hubiera preferido quedarse sin el abrigo y no perder a su hijita por espacio de tres meses…
Algunos de nosotros estamos tan ocupados aquí y allá en los negocios del Señor que Él no puede conseguir que estemos mucho tiempo a solas con Él. Es que hay tanto que hacer… Yo sé de tus obras, pero…¿Y el primer amor?
El mandato puede expresarse en tres palabras: Recuerda, arrepiéntete y haz.
Recuerda, por tanto, de donde has caído. Vuelva a pensar en la frescura del primer amor. Recuerde como comenzó a amarlo; su luz no era comparable a ninguna otra luz. No se satisfaga por más tiempo con el muerto nivel alcanzado en su ortodoxia, y su precisión mecánica en el servicio. Recuerde, por tanto, de donde ha caído.
Entonces, arrepiéntase. Vuelva a la antigua actitud de su corazón y de sus propósitos, a la actitud de sencillez y pureza, al abandono de todo por el amor, al amor de los esponsales, al primer amor que deja padre, madre, casa, tierras y todo, por el ser amado.
Vuelva a eso, vuelva y haga las primeras obras. ¿Y cuales son esas primeras obras? Deje que el Señor Jesús nos diga: Esta es la obra de Dios; que creáis en Aquel a quien Él envió. Cristo, en efecto, dijo a esta gente: Vuestra falta de amor comprueba vuestro quebranto de fe. No creéis en mí como antes creías, de otro modo me amarías como me amaste. Has perdido confianza. Una confianza absoluta siempre florece en amor perfecto. Y si el fruto de vuestro amor ha sido castigado es porque la raíz de su fe está enferma.
Y finalmente notemos su amonestación. Pues si no vendré a ti, y quitaré el candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido. ¿Qué es esto que Él dice? ¿Quitar tu lámpara? Sí; no obstante toda la perfección de su obra, de su labor, de su paciencia, no obstante su fría y helada pureza, no obstante su ortodoxia, a menos que usted ame, esa lámpara tendrá que ser quitada. Es imposible testificar para Cristo en la oscuridad del mundo, excepto en el poder del primer amor.
No son las abundantes obras, ni aún la apasionante determinación de testificar contra el pecado del mundo las que entran en este servicio. A menos que exista el primer amor la lámpara tendrá que ser quitada.
Es una amonestación que tiene solemnidad. O, si usted pudiera interpretarla correctamente y ver que no es meramente una amenaza caprichosa, sino la declaración de una consecuencia inevitable. La pérdida del amor hacia Cristo sin duda dará por resultado la pérdida del amor hacia los hermanos, y sacará inevitablemente los ríos de compasión hacia el mundo.
La verdadera luz que brilla en las tinieblas es el primer amor del santo. Cuando los hombres fuera de la iglesia pueden mirar a ella y decir: Mirad como se aman, entonces serán atraídos al centro sobre el cual descansa nuestro amor. Sin primer amor podemos continuar en una incesante actividad, en una pureza inmaculada, en una severa ortodoxia, pero no habrá luz que brille en la oscuridad.
No es lo nuestro lo que ilumina al mundo. No es la limpieza ceremonial que ayuda al hombre. No es nuestra corrección en mantener la verdad que ayuda a la raza moribunda. Es nuestro amor, en primer lugar para nuestro Maestro, luego entre nosotros y por fin para el mundo.
Notemos ahora la dulzura de la última promesa. Al que venciere, le daré de comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios. ¿Y como puede el hombre vencer? Recordando, arrepintiéndose y haciendo las primeras obras. Luego podrá comer del árbol de la vida. Mire como las grandes palabras se juntan. Vida, luz, amor. Son las mismas palabras que el Señor Jesús vino a traernos, y es sólo en la medida que tenemos vida, que amamos, y sólo en la medida que amamos, arrojamos luz.