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El Dios de las Desiciones

Cuando se sirve la Cena del Señor, podemos escuchar varias veces que todo eso se hace en memoria de Aquel que por nosotros partió su cuerpo y entregó su vida. También escuchamos que su sangre, era la copa de un Nuevo Pacto. Pero sucede que cuando leemos la Biblia, la vemos como un libro que, a pesar de tener vida, su expresión y terminología permanece en un término histórico, esto es: en el pasado.

La palabra Pacto, no es una palabra común en este tiempo. Sin embargo, usando la sinonimia, veremos que es el equivalente a Contrato o Testamento Legal, es decir: la voluntad de alguien, escrita y delegada como herencia a otro. Es algo que, una vez firmado, se ejecuta. Y no se trata, entonces, de que el Señor tenía la voluntad de dejarnos una herencia, se trata de que actualmente vive y está listo para ejecutarla en nuestras vidas.

Y allí está, sentado a la diestra del trono, reinando sobre todos los reyes, principados, potestades y poderes, esperando que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies, y allí estamos nosotros, sus embajadores, llegando a un entendimiento y conocimiento de un varón perfecto, edificándonos en amor y haciendo la obra del ministerio.

Estamos en un nuevo año, y al mismo tiempo también en un nuevo siglo. Es un tiempo que nos ha mostrado grandes cambios en lo natural. ¡Vamos que hay una distancia qué correr como iglesia de Dios! Pero yo tengo buenas noticias. LA distancia no es relativa al tiempo. La distancia que usted tiene que correr es relativa a su obediencia. La distancia que usted va a correr para llegar a cumplir la parte que a usted le corresponde, no depende de un reloj, depende de su propia obediencia.

En sus manos está aquello que determina el día de su cumplimiento delante de Dios. En la carta a los Hebreos, el escritor nos habla de un Nuevo Pacto. Nos habla de algo que Cristo nos ha dejado.

El trasfondo histórico de esa carta a los Hebreos, nos dice que el escritor, el cual no firma la carta, es contemporáneo en sus días, cuando estaba escribiendo esta carta. Todavía, todos los ritos y servicios, toda reunión es según un Antiguo Pacto basado en unas leyes, los cuales había dado Moisés, se estaban ejecutando en su ciudad.

Imagínese a un hombre viviendo en medio de un pueblo judío, donde todavía se están llevando a cabo los servicios y los ritos del Antiguo Testamento y donde todo el mundo depende y cree de este tipo de funcionamiento. Él nos escribe que ya eso no funciona y que hay un nuevo método de acercarnos a Dios.

Me imagino a este individuo, escondido en algún sótano, a la luz de alguna vela, escribiendo esta carta de alguna manera, donde sólo aquel que tiene sed y hambre por la verdad puede descubrir su revelación.

Usted no sabe lo que es un demonio hasta que se altera la religión. Recuerde que la carta se está escribiendo, más o menos, para el año 60 después de Cristo; diez años antes que Jerusalén sea atropellada por el rey Tito. Y él está escribiendo y Cristo ya había venido, había vivido, había muerto, había resucitado, y este hombre presencia ese evento histórico.

De manera que está escribiendo una carta para introducir algo nuevo en medio de un pueblo que no quiere nada nuevo. Acaban de rechazar al Hijo de Dios y él quiere escribir y predicar una nueva forma de acercarse a Dios. Muy parecido a los profetas, siempre es como que están en contra de la estructura.

Todo el libro de Hebreos es una sola carta. Y hemos descubierto algo que acontece aquí que tiene mucho que ver con algo que ya ha cambiado vidas y que, si usted presta atención, quizás pueda cambiar la suya hoy. Puede decir con total tranquilidad: Señor, cambia mi vida. Recuerde que usted es un resultado, hoy, de lo que sabía y pensaba ayer. Y todo lo que reciba hoy, puede cambiar su futuro.

(Hebreos 9: 1)= Ahora bien, aún el primer pacto tenía ordenanzas de culto y un santuario terrenal.

(2) Porque el tabernáculo estaba dispuesto así: en la 0primera parte, llamada el Lugar Santo, estaban el candelabro, la mesa y los panes de la proposición.

(3) Tras el segundo velo estaba la parte del tabernáculo llamada el Lugar Santísimo, (4) el cual tenía un incensario de oro y el arca del pacto cubierta de oro por todas partes, en la que estaba una urna de oro que contenía el maná, la vara de Aarón que reverdeció, y las tablas del pacto; (5) y sobre ella los querubines de gloria que cubrían el propiciatorio; de las cuales cosas no se puede ahora hablar en detalle.

Es importante que usted note como el autor está ocultando, si desea llamarlo así, algunas cosas.

(6) Y así dispuestas estas cosas, en la primera parte del tabernáculo entran los sacerdotes continuamente para cumplir los oficios del culto; (7) pero en la segunda parte, sólo el sumo sacerdote una vez al año, no sin sangre, la cual ofrece por sí mismo y por los pecados de ignorancia del pueblo.

Déjeme hacer una pausa. La ley no proveía ningún perdón para ningún pecado, fuera de los pecados de ignorancia. Todo el perdón existía para pecados cometidos en ignorancia. Esto es importante, porque hay personas que pecan en ignorancia porque son ignorantes, de manera que la misericordia los cubre. Pero hay personas que saben que sus actuaciones están mal delante de Dios; Personas que entienden que lo que hacen está mal, pero son ignorantes en como dejar de actuar así. Eso también es ignorancia. De manera que usted tiene perdón en este día.

Yo oro para que se levante una generación de líderes, no que señalen el mal fruto de un creyente, sino que nos ayuden a entender como producir buenos frutos. Hay quien no sabe que está pecando y hay quienes sí lo saben, pero no saben cómo dejar de hacerlo. No ha encontrado la forma, el método, el funcionamiento o el principio espiritual que lo saque de ese ciclo que lo mantiene oprimido. Se siente mal, pero lo vuelve a hacer. Se redarguye el corazón, pide perdón genuino, con lágrimas y todo, pero vuelve y cae. Muy bien; lo que estoy diciendo, es que Dios quiere levantar a una generación que sepa ministrar también este tipo de pecado.

(8) Dando el Espíritu Santo a entender con esto que aún no se había manifestado el camino al Lugar Santísimo, entre tanto que la primera parte del tabernáculo estuviese en pie.

Note usted que es imposible poner en funcionamiento las nuevas leyes de nuestro contrato, en tanto las leyes del antiguo contrato estén operando en usted. Mientras su vida está regida por el testamento, contrato, leyes, principios, ritos ejecutados en el pacto que fue quitado para introducir aquel que fue sellado con la copa que solemos tomar una vez por mes en los templos, es imposible disfrutar de los beneficios, bendición y toda la riqueza que Dios nos ha dejado como herencia. En este estudio quiero mostrarle como activar el Nuevo Pacto en su vida, para que cuando celebre la Santa Cena, juntamente con ella, no venga un lamento sino un clamor de victoria, porque ha entendido de cómo participar de la herencia que viene juntamente con el Nuevo Pacto.

(9) Lo cual es símbolo (Está diciendo que todo lo que sucedió en el AntiguoTestamento es un símbolo) para el tiempo presente (¿Y cuándo es el tiempo presente? Simple. HOY.) Según el cual se presentan ofrendas y sacrificios que no pueden hacer perfecto, en cuanto a la conciencia, al que practica ese culto (10) ya que consiste sólo de comidas y bebidas, de diversas abluciones y ordenanzas acerca de la carne, (El original dice “Ordenanzas externas”, por eso usa “carne”, porque la carne, siempre es la cáscara de afuera. Ordenanzas externas.) Impuestas hasta el tiempo de reformar las cosas. (Es decir: todo lo que tiene que ver con lo externo, llega hasta el tiempo de la reforma)

(11) Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, (Hay bienes en la herencia. Hay bienes en el Nuevo Pacto. Hay bienes en el contrato de hoy. El pan y la copa de la Santa Cena le dan a usted el privilegio de poseer bienes.) Por el más alto y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación. (12) Y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez y para siempre en el lugar santísimo, habiendo obtenido eterna redención.

Note que Él está hablando del Antiguo Pacto y del Nuevo Pacto, y está tratando de predicar a un pueblo que aún observa un método de vida de acuerdo con el Antiguo Pacto, cuando ya el Nuevo Pacto ya está vigente. Recuerde: Él está predicando a este lado de la resurrección.

Menciona que hay un atrio en el Tabernáculo. El atrio era la corte exterior, era donde estaba el sacrificio del Cordero. Menciona que cualquiera podía presenciar los ritos que se llevaban a cabo en el atrio. Los gentiles estaban divididos por unas paredes, no podían entrar. Sin embargo, todo el mundo podía ver lo que se llevaba a cabo en el atrio. El atrio, en nuestra vida, es simplemente donde el sacrificio del Cordero es inmolado para que usted tenga entrada en el reino de Dios. Pero allí participa todo el mundo. Los gentiles pueden ver. Cualquier tribu podía participar en esa corte, no había acepción de personas. Todo el mundo podía entrar en el atrio, y los que no podían entrar, podían ver lo que sucedía. Ese es el comienzo de su camino.

Pero si usted quiere vida en abundancia; si usted quiere un poco más allá de la ley; si usted quiere participar de los bienes venideros, la vida en el atrio no es suficiente para consumar su soberana vocación. La segunda parte, era el Lugar Santo. Se va reduciendo el camino. Aquí, sólo la tribu de levitas podía entrar. Once tribus se tenían que quedar afuera. La Biblia dice que angosto es el camino, y no es el camino al cielo; es el camino a la abundancia. Todos podemos ir al cielo, pero no todos viven en abundancia. El cielo no es la pregunta. La pregunta, es: reinar en vida hoy.

Hay que ser levita para entrar en el Lugar Santo. Allí se encontraba la lámpara. Ciento cinco libras de oro en un candelabro, y allí ministraban todos los que eran de la tribu de Leví. Entonces, tras eso, había otro velo. Y allí ya no podía entrar cualquier levita. Los gentiles se quedaron bien atrás. Los de la salvación se quedaron en el atrio; los que tiene consagración ya quedaron en el Lugar Santo, pero al Lugar Santísimo entra sólo el Sumo Sacerdote, o el sacerdocio de Sadoc.

Ahora usted entra al Lugar Santísimo. Allí, está el arca de Dios y, dentro de esta arca, está el maná, que es recordatorio de la murmuración de los hijos de Dios. Cuando se cansaron de aquello que Dios proveía. Estaba también la vara de Aarón que reverdeció, que era sólo memorial de rebelión a la autoridad escogida por Dios. Estaban las tablas quebradas, que era sólo memorial de un pueblo que quebrantaba la ley.

Frente a la presencia de Dios, hay tres memorias: Murmuración, Falta de sumisión y Un pueblo que no obedece la ley. Pero, encima de toda esa falsedad; encima de toda esa desobediencia, se encontraba la mejor misericordia, la mesa del propiciatorio, el arca de Dios, cubierta por misericordia aún en el Antiguo Testamento. Dios es un Dios de gracia, de amor, de paz, de justicia, que quiere bendecir a su pueblo.

Todo esto es un símbolo, porque las ordenanzas y los ritos del Antiguo Pacto, (Y cuidado que no estamos dividiendo la Biblia en dos; no estamos hablando de Éxodo, Deuteronomio o levítico, sino de contratos por parte de Dios con el hombre. La Biblia es una, no sé si se la puede separar en su mente. El Nuevo Testamento es sólo el cumplimiento del Antiguo) Pero Dios jugaba un juego con el hombre, con ciertas reglas, toda una historia, hasta que Cristo vino. Y cuando vio que en ese juego el hombre no podía ganar, entonces cambió las reglas del juego, para que el hombre sí pudiera ganar.

Cuando Dios mira hacia abajo en el Antiguo Testamento, lo que piensa se puede resumir en una sola frase, en una sola pregunta: ¿Cuál es tu problema? Te liberto, te resucito, te bendigo, te doy milagros, te perdono, te doy misericordia, te enriquezco, gano las batallas por ti y sigues con la misma cara agria y sin prestarme atención; ¿Cuál es el problema contigo?

Dios creó al hombre, pero Él no es hombre. Entonces Dios dice: No sé lo que pasa con este juego. No entiendo. Se supone que tienen que ganar, pero no están ganando. ¡Ya sé lo que voy a hacer! Me voy a convertir en uno de ellos, voy a jugar yo, a ver si es verdad que no se puede! Él se transforma en hombre, juega el juego, y se da cuenta que sólo su perfección cumple su propia ley. Cumple la ley y cambia las reglas para que el hombre pueda ganar el juego.

No vivimos tratando de ser perfeccionados de la manera que se vivía antes de la copa del Nuevo Pacto. Hay nuevas reglas para usted. Dice aquí que el juego no podía perfeccionar la conciencia. Ahora; ¿Cuál es la conciencia? Los científicos tratan de ponerle título y todos tenemos nuestra propia opinión. La conciencia no es otra cosa que el proceso de pensamiento a través de los cuales usted puede juzgar o discernir entre el bien y el mal.

Repito: su conciencia es el mecanismo creado por Dios en usted que le ayuda a discernir y tomar decisiones ante lo que está bien y aquello que está mal. Él dijo: la ministración del Antiguo Testamento, era externa, pero la conciencia es interna. Usted no puede decirle a una joven, a modo de piropo o galantería: ¡Qué hermosa conciencia tienes! No puede ver la conciencia de nadie. La conciencia es interna.

Yo puedo decirle a usted qué hacer y qué no hacer, como vestir y como no vestir, como comportarse, qué fumar y qué no fumar. Y con todo mi esfuerzo para que usted se parezca a mí, no puedo perfeccionar su conciencia. Es externo. La ministración es externa. Puedo tratar de justificarme con Dios ayunando, portándome bien, no hablando lo malo, no bebiendo alcohol, no fumando cigarros y todo mi esfuerzo todavía no perfecciona mi propia conciencia.

Tenemos incrustado en nosotros, por la naturaleza adámica, el deseo de agradar a Dios. Y en medio de la gracia, tratamos de agradarle pero, mientras lo primero y los ritos antiguos operan en su vida, anula las reglas que fueron dadas para ganar el juego y perfeccionar su conciencia.

Hebreos dice: vengo para hacer la voluntad que está escrita de mí en el libro. Quite lo primero y establezca lo último. Dice que Él, el Sumo sacerdote, entró en el Lugar Santísimo no creado por manos, no con sangre de becerros, sino con su propia sangre. Vale la pena mencionar que el sacerdote tenía que matar un becerro para sus propios pecados y un cordero para la nación. De todos los animales, el becerro es el que más sangre tiene. La implicación es la siguiente: si usted puede sacar el poste de luz de sus ojos, puede ministrar al resto de las naciones.

Cristo entra en el Lugar Santísimo. ¿Recuerda usted a los apóstoles, cuando Cristo resucita? Ellos tenían encomendaciones de Dios pero todavía andaban un poco confundidos. Eso es muy parecido a lo que le pasa hoy a mucha gente. Y no estaban presentes cuando Cristo sale de la tumba. María, aparentemente, era un poco más creyente, ella sí se encontraba. Los discípulos no estaban.

Sale Cristo de la tumba. Está parado afuera y está camino al Lugar Santísimo. María reconoce a Jesús, se acerca adonde Él está y pretende darle un abrazo. Cristo le dice ¡No me toques! Porque aún no he subido al Padre. En el Antiguo Testamento, el Sumo Sacerdote entraba, se quitaba sus vestimentas de gloria, entraba al Lugar Santísimo, ministraba la sangre por el pecado del pueblo. Cuando Dios confirmaba con su gloria que aquel derramamiento de sangre sólo iba a perdonar pecados por un año, es decir: no los quitaba, sino que como que los olvidaba por un año, le daba una visa temporaria. No fue creada para quitar pecados, fue creada para mantenerlo a usted en memoria, que hay pecado que usted no puede perfeccionar.

Cuando volvía, se ponía de nuevo la vestimenta de gloria y salía por la cortina hacia el atrio. A este evento, en hebreo, se llama PAROUSSIA. Esto es importante porque el segundo advenimiento del Señor, en griego, también se llama PAROUSSIA. Nuestro Sumo Sacerdote entró al Lugar Santísimo cumpliendo la tipología de aquellos hombres en el Antiguo Testamento. Cuando el sacerdote salía, dos millones y medio de judíos tiraban un clamor de júbilo al cielo. Saltaban y brincaban cantando y glorificando a Dios porque tenían doce meses bajo la misericordia de Dios.

Pero usted y yo, hermano, tenemos una PAROUSSIA mayor, y tenemos un júbilo mayor y tiene derecho no a dos millones, sino a billones y billones y billones de creyentes que han de observar cuando se rasguen los cielos y la PAROUSSIA del Señor regrese en gloria expiando pecados por vida eterna.

Pero muchas personas quieren ministrar su propia vida, por medio del Antiguo Testamento, y me explico:

(Hebreos 10: 12)= Pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios (13) de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies (14) porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados, (Y en el original dice: Para siempre los que están siendo santificados)

Entiéndame: usted jamás será más perfecto que el día en que nació de nuevo. Lo que está ocurriendo en su vida es que Dios lo santifica cada día más. Cuando Dios llega a su vida, es como si Él arrojara un manto de sangre sobre ella. Ahora, cuando Dios lo mira a usted, no ve su imperfección, no ve su falta de obediencia, no ve sus murmuraciones, sólo ve la perfección de Cristo. Pero debajo de esa perfección, está el Espíritu de Dios trabajando en su vida. El Espíritu está trabajando debajo de la sangre y quizás lo mire a su hermano y no lo vea muy perfecto, o quizás usted mismo no se sienta digno y cree que no vale la pena seguir porque las cosas se han puesto malas, pero Dios lo ve perfecto y el Espíritu está trabajando.

Muchos hermanos se salen de la vía, se descarrilan y se descarrían, y no pueden seguir adelante. Me parece que estoy viendo al Espíritu diciendo: ¡Dame una oportunidad! ¡Estoy trabajando contigo! ¡Yo puedo hacer la obra! ¡Yo soy fiel! ¡Yo empecé y yo terminaré, sigue adelante, te estoy santificando!

Vístase bien, péinese bien. Es como mirarse al espejo y verse feo, y para corregirlo, usted se pone un saco nuevo. El hombre inteligente, se baña primero.

La ministración externa, no puede purificar el proceso que lo ayuda a usted a decidir lo que está bien y lo que está mal para usted. Haga una pausa, búsquese un nuevo registro y vamos a ir al pasado, que no es otra cosa que el futuro. Vamos a ir a Génesis. Recuerde usted que en Génesis, Dios creó al hombre. Le dio dominio, le dijo multiplícate. Adán y Eva: llenad la tierra. Seres humanos: tengan dominio. Sean mayordomos. Sojuzguen la tierra, sean pioneros. Guardad el huerto, cuidad el lugar de mi presencia. Cuidad el lugar de mi encuentro, pero restaurad el resto. Sojuzgad, conquistad, y haced que el resto del planeta se parezca al huerto. Domina, sé mayordomo.

Los viste de su gloria. Pero Dios le dice: Adán, me viene algo a la memoria. Hay un árbol en el huerto. Es el árbol del conocimiento o de la ciencia del bien y del mal. Adán: te estoy dando dominio sobre todo, quiero que seas señor del planeta, de los animales, de las aves, del ámbito terrenal. Tienes poder, eres dueño, inquilino bajo mi autoridad. Tú señorea la tierra, haz con ella como he dicho. Sojúzgala, llénala de mi gloria. Pero no me toques el árbol. Tienes dominio sobre todo, menos sobre el árbol de la ciencia del bien y del mal.

Adán: te estoy dando dominio. Hombre, mujer, quiero que señoreen todo, menos la habilidad de decidir lo que está bien o lo que está mal. Ese es mi señorío. Yo quiero ser señor de tus decisiones. Quiero decidir por ti y a través de ti lo que está bien y lo que está mal. Tu señorea la tierra, yo señoreo tu vida. Así sea y no me toques mi señorío.

El árbol del discernimiento entre el bien y el mal. Yo quiero señorear y decidir por ti. Qué está bien y qué no está bien. Tu reinas en la tierra y yo reino en tu vida. El hombre, cuando cae en desobediencia, lo que hizo fue quitarle la única área que Dios había dejado para sí, para Él ser rey: la conciencia del hombre.

Desde entonces, los hombres, a lo bueno le llaman malo. A lo que es fortaleza, le llaman flojera. Esto funciona sea usted salvo o no. A lo que es gozo, dicen que es aburrido. No señor. Si el señorío de su conciencia aun está en sus propias manos, usted será un fracaso para Dios. Tiene que entregarle el dominio de las decisiones de su vida a Dios, ese es el Nuevo Pacto. Yo juego mejor el juego que tú.

Usted dirá: Bueno… Es que yo tomo mis propias decisiones… ¡Pues se equivocó! O las decide Dios o usted es influenciado por Satanás. Sólo Dios sabe decidir lo que es bien o lo que es mal para el hombre. El trono de Dios es la conciencia del hombre. Deje que Dios pilotee su vida. El quiere ser Sumo sacerdote de sus decisiones.

Si usted es señor de sus propias decisiones, a lo que es religión, le va a llamar como que es Dios. A su propia prosperidad, le va a llamar restauración. Al liberalismo y humanismo, le va a llamar jubileo. Usted está equivocado, no sabe discernir. A la independencia, le llama autoridad del creyente, a la política religiosa, le va a llamar apostolado. Entienda: usted encuentra que entre los números y la grandeza de la iglesia, a eso le llaman influencia. Sólo Dios sabe discernir lo que está bien y lo que no lo está. El Nuevo pacto funciona cuando Cristo es el rey del proceso de pensamiento que discierne lo que está bien o mal para cada cual en su reino.

Cuando Cristo no gobierna sus decisiones, lo que es un evento usted lo confunde con un congreso. Le llama éxito a lo que sólo es fama en el mundo. Confunde emociones con lo que verdaderamente es la gloria de Dios. Llama adoración a lo que es talento musical. Él es el sacerdote de sus decisiones. Sólo Dios sabe juzgar qué está bueno y qué está malo para usted.

Si usted deja que el Señor se haga cargo de sus decisiones, el Nuevo Pacto ya no será teología, seminario, instituto o simple lectura bíblica ordenada. Será una realidad vigente y dinámica. Porque el reino de Dios es pura dinámica. Pero eso cuando Él decide por usted. Cuando usted se empeña en hacerlo por sí mismo, a la dinámica la transforma en rutina estructurada.

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enero 1, 2015 Néstor Martínez