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El Cuarto Hombre

( 2Corintios 1: 8) = Porque, hermanos, no queremos que ignoréis acerca de nuestra tribulación que nos sobrevino en Asia; pues fuimos abrumados sobremanera más allá de nuestras fuerzas, de tal modo que aún perdimos la esperanza de conservar la vida.

(9) Pero tuvimos en nosotros mismos  sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos; (10) el cual nos libró, y nos libra, y en quien esperamos que aún nos librará, de tan gran muerte; (11) cooperando también vosotros a favor nuestro con la oración, para que por muchas personas sean dadas gracias a favor nuestro por el don concedido a nosotros por medio de muchos.

La Biblia no nos indica aquí con precisión, a cual o a cuales de las tribulaciones –de las muchas que debió hacer frente Pablo durante su ministerio-, se refiere específicamente en este caso, al escribir a los hermanos de Corinto. Hay varias especulaciones de los eruditos bíblicos, pero debemos tomarlas como tal: especulaciones. Sin embargo dos cosas sí son ciertas:

A) Aunque no se nos dice exactamente a qué situación alude el apóstol, se trataba -sin duda- de una tal que podríamos llamar o catalogar como »terminal»: Pablo -concretamente- llegó al punto de perder la esperanza de conservar la vida. Y eso, en cualquier tiempo, y más allá de las mistificaciones erróneas, constituía para cualquier hombre de carne y hueso, una situación más que crítica.

B) El ministerio de Pablo es indudablemente una verdadera sucesión de dramáticas circunstancias, de luchas, conflictos, y pruebas. En medio de toda esa adversidad el apóstol arde de pasión al cumplir la tarea que le ha sido encomendada desde lo alto: Predicar a Cristo Jesús. Esto también tiene que ser revelación para el creyente moderno, desacostumbrado totalmente a que Cristo le cueste todo.

Además, y a esto debemos decirlo con todas las letras, todas estas tribulaciones y angustias tienen muy poco que ver con el "evangelio" que muchos presentan hoy día: un mensaje que pasa por alto la prueba, que se presenta facilista y que, en términos prácticos, casi podríamos decir que niega la cruz.

He escuchado, -Y supongo que no debo ser el único- a muchos cristianos sostener que un "verdadero cristiano" no podría nunca estar preso o enfermo o ser pobre. Perdón: ¡Esto no es lo que enseña la Palabra del Señor! 

Yo no voy a salir con que debemos sufrir sí o sí para ser considerados verdaderos siervos de Dios, pero tampoco puedo callar que Cristo Jesús fue rechazado, perseguido, detenido y finalmente asesinado, y obviamente no por ninguna desobediencia o pecado, sino precisamente por su fidelidad. Entonces eliminemos todo estoicismo satánico, pero equilibremos las cosas en su justo sitio.

Lo mismo aconteció en toda la historia de la salvación con los profetas y los hombres fieles a Dios que se vieron involucrados sin buscarlo en persecuciones, batallas, injurias, agresiones, vituperios y una sarta de actitudes que sacarían de la buena senda a más de uno. Escucha y entiende.

(Hebreos 11: 36) = Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles.

(37) Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados; (38) de los cuales el mundo no era digno; errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra.

(39) Y a todos estos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido; (40) proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros.

Y, luego de la victoria de Cristo y su resurrección, también se manifestó con aquellos cristianos comprometidos que, -pese a todas las circunstancias ambientes-, han permanecido para testimonio al mundo, menospreciando sus vidas hasta la muerte. De esto da fe este verso.

 (Apocalipsis 12: 11) = Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte.

De todo esto que estamos hablando, la vida del apóstol Pablo es un claro ejemplo. Un claro ejemplo que no necesariamente debemos imitar si es que las condiciones en las que debemos ministrar no con tan opuestas como él las tuvo, pero que sí debemos tener en cuenta a la hora de medir con una vara genuina nuestra real posición en el cuerpo.

Alguien escuchó en cierta ocasión contar una anécdota  acerca de un obispo que reflexionaba diciendo "Yo no sé por qué cada vez que Pablo llegaba a una ciudad había una revolución y en cambio cuando yo voy a algún sitio me sirven una taza de té" No creo que alguien se haya atrevido a informarle al buen obispo el motivo por el cual se establecía esa diferencia.

La pregunta que se impone es: ¿Qué está sucediendo con nuestro testimonio y nuestro ministerio? 
¿Nuestro mensaje y la vida que respalda esa palabra trastornan el mundo y producen el rechazo de los corazones endurecidos al evangelio? ¿Somos rechazados nosotros también por causa de nuestro compromiso o -simplemente- nos "sirven una taza de té"?

Pablo – en el pasaje del cual nos estamos ocupando- dice que fueron "abrumados más allá de sus fuerzas". Esto nos lleva a comprender la primera cosa que el Espíritu Santo hace en nuestras vidas a través de las pruebas:

Las pruebas nos enseñan a no depender de nosotros mismos sino de Dios. Si nos mantenemos en terquedad egocéntrica suponiendo que en algún momento seremos capaces de solucionarlo, entonces seguiremos en crisis y cada día la salida parecerá alejarse más y más.

Esta es una primera y gran lección: no hay poder alguno perdurable en nosotros mismos, el poder es sólo del Señor. Solo en Él podemos confiar y Él permanece fiel. ¡Pobre del hombre que crea que ese poder que de improviso ha visto emanar de sus manos, le pertenece!

Alabamos al Señor diciendo: "Maravilloso Dios tu permaneces siempre fiel  tu gloria y tu poder
llenan mi vida de tu ser" ¿Cuántas veces has cantado esta hermosa canción? No interesa cuantas; lo que sí interesa es que lo hayas creído en primer lugar, y que luego lo hayas puesto por obra. Así es como funciona. Pero algo es real y cierto:

¡Qué maravilla; Solo en Él hay esperanza y Él es fiel por los siglos de los siglos! ¡Él es centro de toda nuestra adoración! ¡El Señor nuestro Dios debe ser entronado en medio de su pueblo! ¿Esto significa que hoy no lo está? Sí, pero no en la medida que necesitamos que lo esté.

Es del Señor de quien debemos aprender a depender en todo momento. Pablo, conocedor de la fidelidad de Dios. Nos dice: "Él nos libró" (v.10) ¿Cuantas veces el Señor en el pasado nos ha librado de situaciones que humanamente parecían insuperables y aún nos ha librado de peligros de los cuales no llegamos a tener conciencia?

Algo tengo más que claro: Debemos tener memoria de la fidelidad de nuestro Padre y con ese fundamento podremos proclamar que ayer nos libró, nos libra hoy y confiamos y proclamamos ¡también nos librará! Si no podemos terminar de creerlo nosotros, ¿Cómo lo proclamaremos? El mundo no conoce a Dios, pero sí conoce a la iglesia. ¡Y critica ácidamente su hipocresía? Pregunto: ¿Miente?

Al aprender a depender de Dios aprendemos el valor de la oración. Pablo dice que cuenta con las oraciones de sus hermanos: ¡conoce el valor de la intercesión! (v.11). Un hombre joven me dijo una vez, cuando yo le aconsejaba orar al Señor: "pero sabes lo que pasa…yo soy hombre de acción y no de oración".

Yo lo miré y le dije "si esa es la situación entonces es absolutamente necesario orar pidiendo que Dios nos haga hombres de oración". Porque sin oración es prácticamente imposible esperar que podamos tener acción. Esto es el evangelio, no el mundo de los negocios.

Quien ha aprendido el valor inestimable de depender del Señor en toda circunstancia ha aprendido también el valor de la oración. Orar buscando la voluntad del Padre evitará que nuestra energía sea la que lleve a cabo la obra.

Naturalmente tenemos mucha energía y deseamos -en la mayoría de los casos sinceramente- agradar a Dios, pero si nos dejamos guiar por nuestras fuerzas humanas vamos a terminar haciendo las cosas a nuestro modo y fuera de los tiempos del Señor.

Cuando no hay dependencia, quebrantamiento y oración vamos a usar medios humanos procurando lograr fines divinos. De allí el valor de la prueba al confrontarnos con nuestra debilidad e inutilidad y enseñarnos a depender de nuestro Padre celestial.

Le sucedió a Jacob cuando en medio de la noche, conociendo que su hermano Esaú venía con cuatrocientos hombres a encontrarlo y ya no había más lugar para tretas y maquinaciones es tocado por el Señor. Su cuerpo queda debilitado a raíz del toque divino, su ser se quebranta y debe -entonces- dejar su autosuficiencia y comenzar a depender del Señor.

Igual ocurrió con Moisés y con sus esfuerzos humanos de liberación. Con el fracaso absoluto de sus planes comenzó a funcionar la escuela, el "seminario" de Dios, el cual incluye el desierto y la prueba.
Dios nos deja aparentemente solos, en la noche, en el desierto, en medio de dificultades y pruebas para que aprendamos en quien debemos confiar.

Las pruebas nos revelan el carácter y el corazón de Dios: su grandeza, su soberanía y su amor inefable. Reitero un concepto que no siempre ha quedado claramente establecido: no se trata de ir a buscar sufrimientos, eso es masoquismo y es pecado; se trata de aceptar pruebas permitidas por Dios como parte de un entrenamiento eficaz.

(Daniel 3: 1) = El rey Nabucodonosor hizo una estatua de oro cuya altura era de sesenta codos, y su anchura de seis codos; la levantó en el campo de Dura, en la provincia de Babilonia.

(2) Y envió al rey Nabucodonosor a que se reuniesen los sátrapas, los magistrados y capitanes, oidores, tesoreros, consejeros, jueces, y todos los gobernadores de las provincias, para que viniesen a la dedicación de la estatua que el rey Nabucodonosor había levantado.

(3) Fueron, pues, reunidos los sátrapas, magistrados, capitanes, oidores, tesoreros, consejeros, jueces, y todos los gobernadores de las provincias, a la dedicación de la estatua que el rey Nabucodonosor había levantado; y estaban en pie delante de la estatua que había levantado el rey Nabucodonosor.

(4) Y el pregonero anunciaba en alta voz: mandase a vosotros, oh pueblos, naciones y lenguas, (5) que al oír el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música, os postréis y adoréis la estatua de oro que el rey Nabucodonosor ha levantado; (6) y cualquiera que no se postre y adore, inmediatamente será echado dentro de un horno de fuego ardiendo.

Todos los sucesos en la vida de Daniel y sus compañeros en el cautiverio en Babilonia deben analizarse a la luz del compromiso de estos muchachos con Dios: ellos resolvieron no contaminarse y actuaron en consecuencia.

¡Hay enemistad entre el reino de tinieblas y el reino de luz! Nosotros somos llamados a rechazar las tinieblas, sus valores, sus costumbres, su música, y vivir por fe – no por legalismo- los valores y la cultura del Reino de Dios.

¡Quiero hacer un llamado a todos mis hermanos y muy especialmente a los más jóvenes a plantarnos también nosotros en un compromiso radical y total con el evangelio del Reino! Los jóvenes no pueden ser recluidos solamente para integrar las bandas de alabanza y adoración, como si eso fuera un divertimento; tendrán que aceptar mayores responsabilidades porque así lo muestran esta y muchas otras escrituras.

El pasaje que estamos considerando nos presenta a tres jóvenes que, de pronto, son confrontados con una prueba concreta y terrible. En Babilonia, una ciudad corrompida y pagana, llena de ídolos e inmoralidad, el rey crea un nuevo ídolo y todo esto genera un movimiento tan colosal como inútil.

Llenos de ídolos buscan uno nuevo, esa es la realidad de todo lo que pretende reemplazar a Dios: nunca satisface. La Biblia dice,  (en Jeremías 18:15), que la idolatría es vanidad. Y yo puedo certificarte que, aceptando esto como verdad divina, existe un altísimo porcentaje de cristianos vanidosos.

Además, esto se ve claro en aquellas personas que hacen un ídolo del dinero. Alguien contó que una vez le preguntaron al hombre más rico del mundo: ¿Cuánto dinero es necesario para ser feliz? Y el hombre respondió: "solo un poco más del que yo tengo".

Lo repito: nada de lo que pretenda ocupar el lugar de Dios satisface el alma humana. Solo Él puede dar respuesta al clamor del corazón del hombre. La mejor prueba es que, salvo muy contadas excepciones que debemos incorporar a la guerra espiritual abierta, el máximo índice de suicidios se relaciona con no creyentes. No hablo de cristianos ni credos específicos, hablo de creyentes de doctrinas de amor y vida, donde la muerte no es ni premio ni inmolación sagrada.

Volvamos a los compañeros de Daniel: hay un edicto, y quedan solo dos caminos, solo dos opciones: la adoración idolátrica o la obediencia al Señor y su inevitable consecuencia: el horno de fuego.
Quizás ellos se habrán sentido tentados de buscar algún camino "intermedio, un "atajo espiritual", decir: "bueno, el Señor conoce nuestro corazón… sabe que lo amamos, no seamos extremistas, podemos arrodillarnos, o participar solo "externamente" pero nuestro corazón está con el Señor".

Dios nos lleva a definirnos, a comprometernos con Él, a confrontar las tinieblas, a renunciar al pecado y a no ser parte de las abominaciones de los paganos. ¡No hay tal cosa como un camino intermedio! Pero, gracias a Dios por estos muchachos: ellos hacen lo que debe hacerse, resuelven no postrarse ante la imagen y en fe se encomiendan al Señor respecto de las consecuencias de su fidelidad.

Ante esa decisión, el enemigo, quien acusa a los hijos de Dios usa una serie de personas para denunciarlos ante el Rey y Dios usa soberanamente la situación para que la fidelidad a Dios de estos muchachos sea demostrada al rey Nabucodonosor y a toda una nación. El rey llama a comparecer a estos muchachos (Daniel 3:14-25), y les da otra oportunidad y les ofrece "anestesiarlos" con música. 

(Daniel 3: 14) = Habló Nabucodonosor y les dijo: ¿Es verdad, Sadrac, Mesac y Abed-nego, que vosotros no honráis a mi dios, ni adoráis la estatua de oro que he levantado?

(15) Ahora, pues, ¿Estáis dispuestos para que al oír el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música, os postréis y adoréis la estatua que he hecho? Porque si no la adorareis, en la misma hora seréis echados en medio de un horno de fuego ardiendo; ¿Y qué dios será aquel que os libre de mis manos?

(16) Sadrac, Mesac, y Abed-nego respondieron al rey Nabucodonosor, diciendo: no es necesario que te respondamos sobre este asunto.

(17) He aquí nuestro Dios a quien servimos puede liberarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará.

(18) Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado.

(19) Entonces Nabucodonosor se llenó de ira, y se demudó el aspecto de su rostro contra Sadrac, Mesac y Abed-nego, y ordenó que el horno se calentase siete veces más de lo acostumbrado.

(20) Y mandó a hombres muy vigorosos que tenía en su ejército, que atasen a Sadrac, Mesac y Abed-nego, para echarlos en el horno de fuego ardiendo.

(21) Entonces estos varones fueron atados con sus mantos, sus calzas, sus turbantes y sus vestidos, y fueron echados dentro del horno de fuego ardiendo.

(22) Y como la orden del rey era apremiante, y lo habían calentado mucho, la llama del fuego mató a aquellos que habían alzado a Sadrac, Mesac y Abed-nego.

(23) Y estos tres varones, Sadrac, Mesac y Abed-nego, cayeron atados dentro del horno de fuego ardiendo.

(24) Entonces el rey Nabucodonosor se espantó, y se levantó apresuradamente y dijo a los de su consejo: ¿No echaron a tres varones atados dentro del fuego? Ellos respondieron al rey: Es verdad, oh rey.

(25) Y él dijo: he aquí yo veo cuatro varones sueltos, que se pasean en medio del fuego sin sufrir ningún daño; y el aspecto del cuarto es semejante a hijo de los dioses.

Este relato siempre me estremeció. Y no por la crueldad del rey, cosa que era habitual y casi admisible en esos tiempos y culturas. El estremecimiento tiene que ver con la magnitud del poder de Dios cuando se manifiesta en su plenitud.

Y no hablo de un poder capaz de sanar oídos tapados o emplomar muelas. ¡Gloria a Dios por esa y todas las sanidades! Pero yo hablo de un poder de Dios conforme a su propósito, voluntad y plan eterno: la extensión de Su Reino.

Y como añadido de esta historia, debemos ver que la música no solo es un don de Dios que nos permite alabarlo a Él sino que en manos del enemigo puede convertirse en una herramienta para empujar a la fornicación, al adulterio y aún a la práctica abierta del satanismo. Ese es el símbolo.

¿Han puesto ustedes atención a muchas de las letras de las canciones consideradas "románticas", o conocen con cierta profundidad y buena información carente de la maquinaria de promoción habitual, el trasfondo de los conjuntos de rock?

Un joven, -no cristiano, pero tampoco violento en su vida cotidiana-, que asistía regularmente a recitales de rock me dijo una vez: "No sé qué me pasa. Pero cuando salgo de los recitales literalmente rompería y destruiría todo…".

Lo que pasa es que Satanás está manipulando mentes y voluntades de varias formas y la música es una de sus armas favoritas.  El rey les está diciendo "desobedezcan… ‘confortablemente’ en medio de una melodía" y si no serán echados en el horno de fuego; y qué dios -dice el rey- podrá librarlos".

Los jóvenes le dijeron "no es necesario que te respondamos sobre este asunto". ¿Cómo que no era necesario? No, no lo era porque ellos no suponían que Dios los iba a librar, ¡Estaban seguros que así sería! Por eso dijeron que no valía la pena responder algo. El poder de Dios manifestado, responde por sí solo a cualquier duda o burla.

Y fíjate que la pregunta de Nabucodonosor se parece a la que Faraón hizo a Moisés cuando dijo ¿Quién es Jehová para que yo deje salir al pueblo? ¿Recuerdas? Estos jóvenes no eran soberbios: sólo estaban dejando que la respuesta la dé el Señor.

La tarea de estos muchachos como la de todo cristiano no es defender a Dios o argumentar a su favor, nuestro verdadero desafío es permanecer fieles: El Señor se encargará de sus enemigos, el Señor peleará por nosotros y nosotros estaremos tranquilos, porque de Él es la batalla.

(Éxodo 14: 14) = Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos.

Ellos dicen "nuestro Dios puede librarnos del horno de fuego": dejando claro la esencia de la prueba: no sabemos nunca de antemano si Dios nos librará o no de ciertas dificultades, angustias o tribulaciones, pero una cosa sabemos: somos suyos y si somos fieles podemos estar seguros que seremos librados de la mano del enemigo y que nada nos podrá separar del Amor de Cristo.
Por eso ellos proclaman: "y de tu mano, oh rey, nos librará".

Si somos fieles, muertos o vivos, es indiferente: nada nos separará del Amor de Dios. En su regazo podemos descansar confiados. Dice la Palabra "y el vencedor heredará todas las cosas pero los cobardes y los incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre que es la muerte segunda" (Apocalipsis 21:6-8).

Somos llamados a creerle a Dios y a ser valientes. No hay lugar para la cobardía ni para la incredulidad en el pueblo de Dios. Frente al horno de fuego se pone a prueba si le creemos a Dios o no.
No somos lo que predicamos, no somos lo que parecemos, somos lo que somos en la hora de la prueba.

Los jóvenes compañeros de Daniel exhibieron valientemente su fe en El Señor y renunciaron a todo camino más liviano, dejaron excusas y argumentos y simplemente obedecieron. Entendían que "de hacer el mal no puede surgir bien" (Romanos 3:8).

(Romanos 3: 8) = ¿Y por qué no decir (Como se nos calumnia, y como algunos, cuya condenación es justa, afirma que nosotros decimos): hagamos males para que vengan bienes?

Entendían que cualquier forma de idolatría no es un tema liviano, no es una cuestión menor. La palabra de Dios dice que lo que los gentiles sacrifican a los ídolos a los demonios se lo sacrifican y no a Dios. (1 Corintios 10: 20) =   Antes digo que lo que los gentiles sacrifican, a los demonios lo sacrifican, y no a Dios; y no quiero que vosotros os hagáis partícipes con los demonios.

Cuando ellos le dijeron el rey "no serviremos a tus dioses ni adoraremos la estatua", éste se llenó de ira e hizo calentar el horno siete veces más que lo habitual, un fuego impetuoso. Así dice en Hebreos 11; y ordenó que Sadrac, Mesac y Abed Nego atados por completo fueran echados en el horno de fuego ardiente.

Por el calor del horno y la urgencia de cumplir la tarea, debido a la ira del Rey, el fuego mató a quienes habían alzado a los muchachos para tirarlos dentro del horno. Los muchachos cayeron atados dentro del horno, fieles, menospreciando sus vidas hasta la muerte.

Cuando el rey Nabucodonosor (el mismo que había dicho ¿qué dios podrá librarlos?) miró dentro del horno, vio dos cosas que lo sobrecogieron:

a) Aunque habían echado a tres hombres, él ahora veía cuatro.

b) Los que habían sido echados atados estaban ahora en medio del fuego, sueltos y sin sufrir ningún daño. 

Hay lecciones maravillosas, de parte de Dios en todo este suceso: mientras Satanás buscaba destruir a estos muchachos fieles, la prueba solo destruyó lo inservible, las ataduras, mientras que ellos se paseaban sin daño alguno y notemos algo tremendo: ya no estaban solos.

¿Quién es el cuarto en el horno?

En la hora de la prueba, en el horno de fuego allí está Cristo Jesús, el Hijo de Dios.

El Señor está con sus hijos aún en la hora más dura, trastornando los planes del enemigo.
Nuestro Dios es soberano y todopoderoso, se introduce en los planes del enemigo de una forma que éste no puede comprender ni contrarrestar y los trastorna y lo que el enemigo preparó para maldición resulta finalmente en bendición.

¡Este es nuestro Dios justo y misericordioso! Es en la prueba donde se nos revela su carácter, su corazón y su amor inefable. ¡El Señor había confrontado los dioses de los caldeos, el fuego que los paganos adoraban y su victoria era absoluta y evidente! 

Nabucodonosor tenía ahora la respuesta a su pregunta: ¡El Señor, Jehová de los ejércitos, los había liberado, Él es el único Dios verdadero, el Todopoderoso! ¡En medio de la prueba, el dolor, la angustia y el abandono de los hombres Cristo Jesús, Señor de todas las cosas está con cada cristiano fiel!

Debemos entender el propósito de la prueba: formar en nosotros el carácter de Cristo mediante la obra del Espíritu Santo. Si somos fieles en la hora de la prueba el Espíritu Santo producirá su fruto de revelación de Dios y su carácter y al conocerlo seremos transformados conforme a su propósito.

El Apóstol Pablo, de quien comenzamos ocupándonos, nos dice que no alcanza con que nos acerquemos a buscar la bendición, que hay una meta mayor y sublime. "Hijitos -nos dice- sufro por ustedes como con dolores de parto hasta que Cristo sea formado en ustedes". (Gálatas 4:19).

Nosotros decimos: ¡Sostennos Señor por el poder sobrenatural de tu Espíritu, danos victoria en las pruebas que has preparado para que Cristo sea formado en nosotros!

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enero 1, 2015 Néstor Martínez