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El Camino del Cambio

Hablamos de cambio. Hablamos de renovación. Hablamos de estar transitando una época de santa transición. Hablamos. ¿Pero sabemos, realmente, qué es y en qué consiste ese cambio, y las razones por las que debe producirse? ¿Sabemos qué significa, verdaderamente, la renovación y hacia donde apunta? ¿Somos conscientes de estar dentro de una transición que no sólo desacomoda a los que no están de acuerdo, sino también a los que dicen estarlo? La verdad, que siempre es una sola aunque durante años cientos, miles de hombres hayan estado tratando, pujando y hasta peleándose entre ellos por tenerla en exclusividad, está en lo que concretamente está ocurriendo en nuestros días, ahora, HOY. Dios está removiendo todo lo que es fariseo; está destruyendo todo lo que es mera política religiosa, toda estructura que no tiene nada que ver con Él y lo que es su bendita voluntad.

La iglesia está en estado de parto y todo estado de parto conlleva dolor. Poco o mucho, sigue siendo un tiempo de dolencias personales. La anatomía del cuerpo cambia cuando se está de parto. Hay cambios visibles externos e internos. Hay hormonas que se vuelven locas. Por fuera, crecen partes que antes no eran tan grandes y otras que, hasta ayer mismo eran grandes, comienzan a disminuir.

Todavía hoy es plenamente vigente. Las clases de pre-parto eliminan el temor, jamás el dolor. El proceso termina cuando se unen la madre y el fruto. Pero implica riesgo; se puede perder el fruto o se puede perder la madre en el trance.

(Hebreos 11: 8-10)= Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber adonde iba. Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.

En épocas de cambio, renovación o transición, nadie sabe ara donde va. El caso es que somos llamados de un lugar que nadie conoce. Hasta que no lleguemos a ese lugar, no sabemos qué es lo que hay allí, qué es lo que nos espera o siquiera qué es lo que es el lugar mismo.

Aquí encontramos la primera diferencia con quienes se guían por un concepto humanístico. Entonces decimos: “Si alguien me lo explica todo con claridad, estoy dispuesto. Pero si no me lo explican bien, me quedo donde estoy”. No funciona. El justo camina por fe.

Pero… ¿Para dónde van?, nos preguntan los analíticos. ¿Y qué responderemos? Lo mismo que aquellos: “Estoy siguiendo la nube”… Moisés tampoco sabía para dónde iba, pero el pueblo lo seguía. Por eso es difícil la etapa de la transición, el momento del cambio; porque los que son guías, también están cambiando, transicionando y renovando junto con los guiados.

Usted, entonces, podrá decir: “¡Es que a mí me gustaría que fuera de otra manera!” Eso no le hace. Esa expresión de deseos, es entendible, pero no puede modificar y mucho menos alterar la verdad. “¡Es que esto es muy peligroso!” Por supuesto. Siempre hay mucho, muchísimo peligro cuando vamos a alguna parte y desconocemos el camino. Somos gente que nos gusta tener control personal, seguridad. Nos gusta viajar por rutas que nos resulten familiares. Estamos de parto. Solamente el que empuja da fruto.

Isaías 43:18 dice: He aquí hago cosa nueva. Es un paso espiritual, transicional. El peor enemigo del futuro, es el pasado. El peor enemigo del progreso, es la costumbre. Si usted quiere tener algo que nunca ha tenido, va a tener que hacer algo que nunca antes ha hecho. Haciendo lo mismo que estuvo haciendo hasta ayer, no va a poder conseguir nada nuevo.

(Isaías 43: 18-19)= No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas. He aquí yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿No la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad.

Estamos en un desierto espiritual. Tiene que ser espiritual lo que Dios está haciendo.

(Salmo 55: 19)= Dios oirá, y los quebrantará luego. El que permanece desde la antigüedad; por cuanto no cambian, ni temen a Dios.

Temer a Dios tiene que ver con ser flexible. Porque ser flexible con Dios significa que usted confía en su dirección aunque no sepa para donde va. No cambiar es falta de reverencia. Falta de temor a Dios. Será quebrantado el que permanezca igual al tiempo pasado. Rehusar al cambio es admitir que no tememos a Dios. Habla de ritualismo en cualquier forma: corporal e individual. Siempre orando de la misma manera, siempre intentando sanar con los mismos métodos. Pero cuando usted abraza lo desconocido es cuando tenemos que clamar: “¡¡Dios mío; ayúdame!!” Allí es cuando Dios dice: “Eso es precisamente lo que quería oír; por cuanto usted es débil y lo admite, allí es donde puede manifestarse mi fuerza.”

Caminar en fe es andar por un área que está más allá de lo que usted puede administrar con sus habilidades. Muchos viven y mueren y nunca jamás caminaron en fe. La fe siempre lo impulsa más allá del control que usted puede tener de la situación. Pero hay un problema: no nos gusta vivir en la incógnita.

(Marcos 2: 22)= Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo rompe los odres, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar.

Somos odres. El odre puede ser individual; puede ser la iglesia en general; puede ser la iglesia local; puede ser un ministerio. Un odre no es otra cosa que la bolsa o la vasija en la cual se contenía, se guardaba y se añejaba el vino. El vino nuevo rompe los odres. Y el vino se derrama.

Cuando el vino nuevo, (Esto es: revelación fresca de Dios) viene, la estructura que añejaba la revelación antigua se rompe. No se puede evitar. Es normal. Sólo mira la historia de la iglesia; no va a cambiar su patrón. El problema está en que como no sabemos para donde vamos, cada vez que llegamos a alguna parte, pensamos que esa era la última etapa.

Entonces, cuando alguien abre la boca le dicen: “¡Hereje! ¿No ves que ya llegamos?” Porque todos pensaron que ya habían llegado y el caso es que Dios continúa revelando. El odre, cuando se le echa el vino, tiene que tomar su forma. El odre rodea la forma del vino. Además, cuando el vino es echado en el odre, produce gases. El vino añejo es suave. El vino nuevo corta, es difícil al gusto. Cambio es evidencia de vida. Todo lo que tiene vida cambia. Si no cambia, es porque está muerto.

(Jeremías 48: 10)= Maldito el que hiciere indolentemente la obra de Jehová y maldito el que detuviere de la sangre su espada.

Dos cosas esenciales hay en este pasaje para prestarle debida atención: 1) Indolencia es mediocridad. Quien encara la obra de Dios en un marco de mediocridad, es maldito. El que no quiere ver sangre en su espada olvida que estamos en guerra, nos atrevamos a combatir o no. Usted combate, tiene sangre en su espada. No combate, su espada está limpia pero usted es maldito.

 Vino nuevo en odres nuevos. Si el vino no se va cambiando de vasija en vasija, se convierte prontamente en vinagre; podrá servir para aderezar una ensalada, pero para usarlo como vino, apesta. Quien se resiste a oler a vino nuevo, huele a vino viejo, esto es: huele a sí mismo; esto es: huele a carne.

(2 Corintios 3: 17-18)= Porque el señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del señor, allí hay libertad.

Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.

La verdad es siempre la misma, pero la revelación es progresiva. El necio se ve en el espejo, ve que no tiene la misma imagen, pero va y se pone un traje. El sabio, se baña primero.

Ahora bien: es una etapa compleja, delicada, peligrosa y difícil. ¿Cómo habrá que comportarse, qué habrá que hacer para permanecer flexibles a una transición? He aquí tres ejemplos:

(Apocalipsis 6: 17)= Porque el gran día de su ira ha llegado; ¿Y quien podrá mantenerse en pie?

Aquí vemos que en el cielo hay un momento de transición.

(Apocalipsis 8: 1-5)= Cuando abrió el séptimos ello, se hizo silencio en el cielo como por media hora. Y vi a los siete ángeles que estaban en pie ante Dios; y se les dieron siete trompetas.

Otro ángel vino entonces y se paró frente al altar, con un incensario de oro; y se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que estaba delante del trono.

Y de la mano del ángel subió a la presencia de Dios el humo del incienso con las oraciones de los santos.

Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó del fuego del altar, y lo arrojó a la tierra; y hubo truenos, y voces, y relámpagos, y un terremoto.

Vemos que en un tiempo de cambio, de transición, cuando Dios está por hacer algo en la tierra, siempre ocurre algo entre la meditación y la acción. Además de todo lo que puede observarse, hay algo que sobresale como básico para ese cambio, para esa renovación, para esa transición: la oración de los santos.

(Hechos 10: 1-4)= Había en Cesarea un hombre llamado Cornelio, centurión de la compañía llamada La Italiana, piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo, y oraba a Dios siempre.

Este vio claramente en una visión, como a la hora novena del día, que un ángel de Dios entraba donde él estaba, y le decía: Cornelio.

Él, mirándolo fijamente, y atemorizado, le dijo: ¿Qué es Señor? Y le dijo: tus oraciones y tus limosnas han subido para memoria delante de Dios.

Aquí estamos viendo otro momento de transición. En aquel tiempo la iglesia era judía. Los gentiles no tenían acceso. A este hombre, Cornelio, le corresponde traer el nuevo mensaje. Al cambio, a la renovación, a la transición, siempre le precede la oración. Y no esa oración doméstica acostumbrada por su abuelito, por su amiguito, oración de intercesión. Oración de batalla.

(Hechos 16: 5)= Así que las iglesias eran confirmadas en la fe, y aumentaban en número cada día.

Y atravesando Frigia y la provincia de Galacia, les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia; y cuando llegaron a Misia, intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu no se lo permitió.

Y pasando junto a Misia, descendieron a Troas.

Y se le mostró a Pablo una visión de noche: un varón macedonio estaba en pie, rogándole y diciendo: pasa a Macedonia y ayúdanos.

Cuando vio la visión, en seguida procuramos partir para Macedonia, dando por cierto que Dios nos llamaba para que les anunciásemos el evangelio.

Aquí la cosa es sumamente clara y concreta: había, en Macedonia, un cuerpo rogando. No así en Asia, ni en Bitinia. Pregunta: ¿Usted quiere la revelación para su ciudad? ¿Quiere que la revelación recale en su propia congregación local? ¿Quiere que el Espíritu Santo de Dios se manifieste con poder en su propia casa? Ore, ore, ore.

Ahora bien, en épocas de cambio, de renovación, de transición, así como hay cosas que necesariamente debemos hacer, (Caso la oración persistente, perseverante), también hay cosas que NO debemos hacer. Veamos algunas.

1)= Nunca introduzca usted cambios drásticos en una congregación. Toda transición conlleva tiempo. En toda transición se pierden odres. Es inevitable.

2)= Nunca defienda la verdad. La verdad siempre prevalece. Si es de Dios, no se cae.

3)= Nunca defienda un mensaje. Esto no es un mensaje, esto es una mentalidad. Nunca defienda la forma de ver a Dios. Simplemente vívala.

4)= Nadie que no tenga autoridad está plenamente habilitado como para producir cambios.

5)= Nunca se identifique con una sola verdad. Usted no es de la fe, de la prosperidad, de la salvación, de la santidad, de la manifestación carismática del Espíritu, de la sanidad. Usted es de Cristo. Una sola verdad es parcial y no es evangelio. El evangelio es un todo.

6)= Nunca debata la verdad. Cierre el pico. No es una doctrina, no la defienda. Sencillamente vívala. Ore, escudriñe y que Dios le de nueva luz.

7)= No se mueva víctima de su ansiedad a ninguna parte. No se vaya de ninguna iglesia sin orden específica de Dios. Se nos dice siempre que no hay iglesia perfecta. Esa es una verdad a medias. Lo que no hay es congregación humana perfecta, iglesia sí. La iglesia es del Señor y, como Él es perfecto, la iglesia también lo será. Si no lo consigue, no llega a ser iglesia.

8)= No trate de restaurar denominaciones. Esa no es la intención de Dios. Usted no puede hacerlo. Solamente Dios va a separar a Isaac, hijo de la promesa, de Ismael, hijo de la esclava. Y dentro de cada denominación hay Isaac y hay Ismael.

9)= No se familiarice con la unción local. Hay mucho espíritu de familiaridad en la iglesia y eso neutraliza el poder de Dios. Cristo no pudo hacer milagros en su tierra porque estaban familiarizados con él. Cuando usted mira a un ministro como a un amigo o como a un hermano, el día que debe corregirle, usted se ofende. Y esto se puede ampliar.

En toda iglesia siempre hay tres niveles. El área de sospecha, el área de confianza y el área de familiaridad.

1)= Hay una etapa, cuando usted llega a una iglesia, en la que está usted obligado a decir permanentemente: “¿Y ese quien es?”; o bien: “¿Por qué se hacen las cosas así?”; “¿Adónde queda el baño?”; “Y ese hermano que reaccionó mal, ¿Quién es?”

2)= Luego llega a conocer al ambiente de la iglesia y empieza a glorificar a Dios porque soberanamente le trajo al lugar de bendición. Y entra en confianza y comienza a recibir. Casi sale a los gritos a sacudir a los demás. “¡¡¡Encontré la iglesia ideal!!!” “¡¡¡Vengan para acá, que esto está sensacional!!!”

3)= Tercer nivel: familiaridad. “¿Y ahora que le pasa a esta gente, no me han visto que yo sé ministrar más que bien?” “¿Cuándo me van a tener en cuenta?” “¿Por qué la alabanza es tan larga?” “¡Como! ¿Otra vez van a recoger la ofrenda?” “¿Por qué la música está tan fuerte?” “¿Y qué se ha creído el pastor?”

Pregunta: ¿Se le olvidó que usted oró a Dios y que fue Dios quien le trajo allí? Eso es tener una mente no renovada. Hay que tener cuidado con el espíritu de familiaridad. Se pierde la gratitud, la estima y el respeto. También ser pierde la expectativa. El que ya conocemos jamás podrá decirme algo impactante, el desconocido sí. ¿Es que está hablando el hombre, entonces? ¿Y Dios qué? El espíritu de familiaridad no es un espíritu religioso, es un espíritu neutral. Es el producto de una mente que no tiene disciplina.

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enero 1, 2015 Néstor Martínez