Estudios » Crecimiento

¿Dónde Vamos?

Donde quiera que hoy se lleve a cabo una reunión cristiana evangélica, es muy difícil que no se anuncie, a modo de declaración profética, un próximo avivamiento. Ya lo oía cuando todavía asistíamos a templos, seguí oyéndolo luego en distintas predicaciones de ministros de mi ciudad y prosigo escuchándolo tanto por las redes o cuanto medio de comunicación cristiano exista, de labios de diferentes predicadores.  Si me preguntas que pienso al respecto, tengo que confesarte que como forma de aliento e inyección de optimismo para la tropa, está muy bueno porque produce confianza, expectativa y deseos de seguir en la pelea. Pero si me lo preguntas desde lo eminentemente bíblico, no te puedo responder lo mismo, ya que la Biblia es más que clara respecto a estos tiempos: no viene un avivamiento, viene una apostasía. Y créeme que no es lo mismo. (1 Reyes 22: 12) = Y todos los profetas profetizaban de la misma manera, diciendo: sube a Ramot de Galaad, y serás prosperado; porque Jehová la entregará en manos del rey

Cada vez que leo este pasaje, entiendo un poco más que la voz de la mayoría, no necesariamente es la verdad o el canal por medio del cual Dios manifiesta su voluntad. O sea: que las mayorías no necesariamente tienen la razón, sólo tienen mayoría. Estos eran como cuatrocientos profetas que, al unísono, apoyaban los deseos de conquista del rey Acab. Sin embargo, la perfecta voluntad de Dios había de ser expresada por un marginado profeta llamado Micaias a quien Acab aborrecía porque siempre tenía palabras de juicio más que de avivamiento. El rey lo expresaba así: (1 Reyes 22: 8) = El rey de Israel respondió a Josafat: aún hay un varón por el cual podríamos consultar a Jehová, Micaías, hijo de Imla; mas yo le aborrezco, porque nunca me profetiza bien, sino solamente mal. Y Josafat dijo: no hable el rey así.

Y como era la tónica y la clásica frase de los verdaderos profetas de Dios al decir “Vive Jehová, que lo que Jehová hablare, eso hablaré” , Micaias en plena subordinación a la Palabra de Dios, advierte al rey Acab y a las mayorías, que los anhelos de conquista no iban a ser prosperados y que la derrota era inevitable. Como era de suponer, la arrogancia del clero y de la desenfrenada mayoría, aparece personificada claramente en los labios de un déspota Sedequias quien golpea al profeta Micacias diciéndole una frase tan vigente en nuestros días: (1 Reyes 22: 24) = Entones se acercó Sedequías hijo de Quenaana y golpeó a Micaías en la mejilla, diciendo: ¿Por dónde se fue de mí el Espíritu de Jehová para hablarte a ti? Finalmente, y en resumen, Acab no hizo caso a lo que Palabra de Dios decía a través de su siervo Micaias, por consecuencia, la exploración y los anhelos de conquista de la región de Siria, Ramot de Galaad, fue un rotundo fracaso en medio de muerte y de sangre.

Parecería ser que esta experiencia que Israel vivió muchos siglos atrás, hoy cobra tal vigencia que sorprende la precisión de los acontecimientos y por cierto, su desenlace. Hoy existe una gran mayoría que habla de conquista, de avivamiento y se dice que Dios está sacudiendo los países, convirtiendo a millares de personas. Se habla de naciones enteras para Cristo, de diablos vencidos y batallas finales ganadas, y dichas consignas mantienen a una muchedumbre tras esa meta. Hay pastores y líderes que tienen sus intereses puestos en este mundo, anhelando influencias, incursión en puestos políticos y un compromiso estrecho con el “cesar”. Es como que se han olvidado de palabras tan precisas que alguna vez habrán leído.  (Filipenses 3: 20) = Más nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo.

Parecerían haber cortado y mutilado la Palabra de Dios con esas tijeras mágicas y carnales para olvidarse de las advertencias del juicio de Dios. Ellos son “las mayorías”, “el grupo de los cuatrocientos profetas”, “el clero”, “el desayuno pastoral”, que se han instalado en un trono de realeza y se han arrogado ser la voz de Dios sin siquiera consultarle a él, y lo peor, no están dispuestos a cambiar de opinión. Sus ansias de conquista y de dominio han predominado y llenado sus corazones, y se han olvidado definitivamente de las moradas celestiales y de amar la venida de Cristo. La actividad de esta arrogante cristiandad que gobierna en nuestros días, es tan igual a la de Laodicea, aquella iglesia de Asia menor, que Apocalipsis la describe como una comunidad autosuficiente, próspera económicamente y que de nada tenían necesidad, pero El Señor les advierte y la descubre como un cuerpo miserable, pobre, desventurado, ciego y desnudo. Que solemne diagnóstico.

Por otro lado, existe una minoría que pregona totalmente lo contrario. Mientras “los muchos” están cautivados por la idea del avivamiento, “los pocos” están anunciando un tiempo de apostasía, de lobreguez y de engaños. Por cierto que dicha minoría, no tiene mucho valor para el clero. La expresión es tan igual que la del antiguo Sedequias al decir: “¿Quiénes son estos? Tres o cuatro desconocidos, anónimos, “perejiles” como llamamos en argentina a los que no tienen grandes currículum. Ellos sostienen que esa que pregona cosas no muy bonitas, es gente que no tiene nada, ni un nombre conocido, ni prestigio ministerial, ni coberturas importantes, (De hecho hay muchos que trabajan sin lo que la iglesia estructural llama “cobertura”, que no es otra cosa que control humano), y lo más importante para el clero oficial: ni siquiera pueden mostrar una membresía abundante en sus iglesias, sumándole a muchos que ni siquiera tienen una iglesia a su cargo….”

La experiencia de los remanentes fieles (por la gracia de Dios), siempre fue igual. Nuestro Señor Jesucristo dijo algo bien preciso cuando hablaba con sus paisanos de su época. Y se los dijo sin temor alguno a quedar mal, resultar antipático o producir un alejamiento de esa gente. A Jesús le interesaba un hombre fiel y entregado al Dios Padre, por encima de una multitud hambrienta de palabras bonitas. Él les dijo: (Lucas 6: 26) = ¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres hablen bien de vosotros! Porque así hacían sus padres con los falsos profetas. No se necesita ser demasiado analítico para darse cuenta que lo que hoy por hoy el liderazgo clásico y tradicional eclesiástico persigue, es precisamente lo que Jesús advierte como malo y como muestra y prueba de falso ministerio. Y eso lleva inexorablemente a una pregunta que yo me he formulado y ya respondido, pero que todavía habrá otros que tienen su respuesta demorada: ¿Qué debo elegir? ¿Qué toda la gente hable bien de mí, o que Dios hable bien de mí, aún en contra de lo que diga la gente?

Estamos cruzando un mar de confusión y engaño. Lo que parece ser la verdad, descubrimos que no lo es, y al revés, lo que parece increíble, aquello es la verdad. He aquí, cuando nos damos cuenta de que es necesario estar en el secreto de Dios lejos de ideas universalistas y modernistas que pretenden cambiar el curso de la profecía. Es como un caballo loco y sin freno, que va directo al precipicio, aunque con una fe inmensa, pero estéril, al pensar que, al llegar al acantilado, saldrán unas alas que le permitirá pasar al otro lado. Eso es una falacia, un sofisma y un claro desprecio a aceptar lo que la Palabra de Dios dice. Porque Él asegura que va a cuidarte de todo mal, pero eso no te habilita a ti a desafiarlo e, incluso, a correr a buscarlo. También dice la palabra que Dios cubre todas tus necesidades, lo cual, en estos tiempos de teologías extrañas, se ha convertido en un punto esencial. Porque se ha enseñado y aún se ense3ña, que todos tus deseos serán satisfechos por ese Dios aparentemente servil. Lo siento, pero necesidades no es ni siquiera sinónimo de deseo, y mucho menos de capricho egocéntrico o de avaricia.

Por lo demás, Dios jamás ha predicho un avivamiento para el último tiempo, por el contrario, Jesús dijo algo que está mucho más emparentado a una etapa más bien complicada y difícil, que a una llena de bonanza y gratificación variada. (Lucas 18: 8) = Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿Hallará fe en la tierra? Recordemos ahora la parte final de la profecía de Micaias, cuando se revela que un espíritu de engaño es el que cautiva a las muchedumbres y les impulsa a hacer lo que no conviene. Y esto es muy importante porque estoy en certeza que, si hay un espíritu que está trabajando a destajo en estos tiempos y con demasiado éxito para mi gusto, ese espíritu es el de engaño. (1 Reyes 22: 22) = Él dijo: yo saldré, y seré espíritu de mentira en la boca de todos sus profetas. Y él dijo: le inducirás, y aún lo conseguirás; ve, pues, y hazlo así. (23) Y ahora, he aquí Jehová ha puesto espíritu de mentira en la boca de todos tus profetas, y Jehová ha decretado el mal acerca de ti. Tal vez alguien podrá decir ¿Cómo es que Dios permite aquello? La respuesta es categórica, Dios hace lo que quiere porque es soberano. Nadie; ningún hombrecito de pies pegados al suelo podrá torcer el curso de la profecía. Esta experiencia es la misma que el Espíritu Santo le revela al apóstol Pablo cuando dice:

(2 Tesalonicenses 2: 11) = Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, (12) a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia. ¿Dios envía eso? ¿Tan cruel es Dios? No, Dios no es cruel, Dios es justo. Y en su justicia no hay lugar para los que aman la mentira, porque ya sabemos muy bien quién es el padre de mentira. Entonces, los que no aman la verdad, (Que no es un abstracto, sencillamente es Cristo), automáticamente quedan librados a su suerte, Dios no puede darles cobertura por causa de su desobediencia. Y ahí es donde quedan expuestos al espíritu de engaño. En la actualidad hay un espíritu de error que se está moviendo con mucho volumen en medio de la iglesia, y que Dios, soberanamente lo ha permitido para que se manifieste quienes son los verdaderos y quiénes no. Aquí es donde la religión organizada, a través de sus prestigiosos teólogos, se encargan de desmentir todo esto con la reiteración de una palabra que es muy cierta, pero que no significa lo que ellos suponen que significa. Porque ellos aseguran que la Biblia dice que las puertas del Hades no van a prevalecer en contra de la iglesia, y es así.

Lo que ellos ignoran, que cuando Dios dice “iglesia”, lo que entiende es algo muy, pero muy distinto a lo que nosotros entendemos como iglesia. Y es indudable que es Dios quien tiene razón, basta con mirar cómo esas puertas del Hades están prevaleciendo sobre muchas autodenominadas iglesias. La iglesia del Señor, genuina y verdadera, está cubierta. La falsa, paralela y religiosa Babilonia, aunque externamente se le parece, no. El apóstol Juan dice:(1 Juan 4: 5) = Ellos son del mundo; por eso hablan del mundo, y el mundo los oye. (6) Nosotros somos de Dios; el que conoce a Dios, nos oye; el que no es de Dios, no nos oye. En esto conocemos el espíritu de verdad y el espíritu de error. El ver emerger a tantos y tantos talentosos “showman”, que poseen esa clásica chispa y carisma artístico para mantener entretenidos a cientos de miles de personas embelesadas y disfrutando de aquélla capacidad histriónica que estos señores tienen. Al final del show, una pequeña porción de la Biblia como pretexto y betún evangélico.

Creo que no exagero nada, no me pongo ni en legalista ni en fundamentalista si digo que esto se parece mucho a un insulto al Señor. Cristo no es un payaso que desea entretener, bailotear con el mundo embriagado ni rogar a nadie. Él es el Rey Soberano que hace lo que quiere y nosotros hombrecitos que debemos servirle. Esto no es una democracia secular donde cada persona tiene derecho a opinar y hacer sus derechos de ciudadanía.  Esto es un Reino, y si es un Reino, hay un Rey. Y si hay un Rey, a ese Rey se le obedece sin replicar, sin discutir y, esencialmente, sin opinar. ¿Cómo dices? ¿Qué hay denominaciones que aman la democracia? Ya lo sé. No los censuro. Ellos aman al espíritu de Grecia infiltrado en la iglesia, pero hay otras que no aman a Grecia, pero aman a otros colegas suyos. No es una denominación evangélica, es la naturaleza del hombre que no ha nacido de nuevo. Ahora bien; ¿Qué dice la Palabra de Dios acerca de esto?  Alguien dijo por ahí, que más del 50% de la escritura es apologética, es decir, defensa de la fe. En la escritura encontramos abundantes pasajes que revelan la actividad de atalayas y profetas que insistían en advertir de los peligros que asechaban al pueblo.

Obviamente, estos hombres no eran muy populares ni apetecidos por el pueblo, porque jamás la luz ha sido bien recibida entre las tinieblas. Hoy tampoco es la excepción. Este es el paradigma que representan los remanentes que en la actualidad están nadando contra la corriente.  Dios nos advierte abundantemente y con una claridad extraordinaria, que la característica de los últimos tiempos, previo a la venida de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, es de engaño y de apostasía. No hay registro en la escritura que nos anuncie avivamiento para estos tiempos. Sin embargo, creo no exagerar absolutamente nada si te digo que en el ochenta y cinco por ciento de lo que conocemos como la iglesia, hoy se está predicando, profetizando, declarando y enseñando todo lo relacionado con un tremendo avivamiento que va a hacer que las ciudades enteras vengan corriendo a los templos evangélicos. ¿Sabes qué? Ni el mejor ni más fiel y antiguo de los hermanos llegan a creer que eso realmente suceda, pero por motivos obvios de preservación, no se atreve a manifestarlo.

El nuevo testamento presenta suficientes argumentos para sustentar la posición de que el postrer tiempo sería marcado por una fuerte apostasía, por espíritus engañadores y doctrinas de demonios, y no por avivamientos espectaculares. Veamos algunos de los versos seleccionados: (Mateo 7: 13) = Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; (14) porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que lo hallan. (15) Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, (¿Cómo sería, hoy, literalmente, un vestido de oveja? Acertaste: traje y corbata.), pero por dentro son lobos rapaces. (16) Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? (17) Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. (18) No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. (19) Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego. (20) Así que, por sus frutos los conoceréis.

(21) No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. (Esto no tiene que ver con salvación, tiene que ver con Reino. Nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo. Nadie que tenga al Espíritu Santo morando en su interior se perderá la salvación. Pero si puede no entrar al Reino si pese a reconocer a Jesús como Señor no hace la voluntad del Padre) (22) Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿No profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios? (¿Dónde se realizan estas dos cosas, tales como profetizar y echar fuera demonios, en el mundo o en la iglesia? Ya lo sabes.) (23) Y entonces les declararé: nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad. (Hermano: ¿Usted me está diciendo que habrá gente con diez, veinte o cincuenta años en la iglesia, a la cual el Señor les dirá que no los conoce, y que son hacedores de maldad? No te lo estoy diciendo yo, te lo está diciendo Él.)

(Mateo 24: 3) = Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: dinos, ¿Cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y el fin del siglo?  (4) Respondiendo Jesús, les dijo: mirad que nadie os engañe. (5) Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: yo soy el Cristo, y a muchos engañarán. Tú lees esto y piensas: ¡Qué locura! ¿A quién se le puede ocurrir que me voy a dejar engañar porque aparezca alguien que diga que es el Cristo? ¡Eso solamente le puede pasar a un ignorante que no conoce ni la Biblia ni la iglesia! – ¿Tú crees eso? Entonces, ten cuidado. Y la próxima vez, hazme el favor de leer la Biblia como se debe, y no como lees el periódico del lunes para ver los resultados del fútbol. ¿Por qué? Porque no has prestado atención a un mínimo detalle que, a la hora de la consumación de esta palabra, es vital y clave. ¿Tú sabes lo que significa la palabra Cristo? Ungido. Ahora volvamos atrás y déjame preguntarte: ¿Estás seguro que nunca nadie llegó a tu iglesia anunciándose como un ungido del Señor? Esos son los que te engañarán, si es que no te han engañado ya.

(2 Tesalonicenses 2: 2) = Que no os dejéis mover fácilmente de vuestro modo de pensar, (Tú crees que si viene el político, el artista o el deportista más grande de tu país a decirte algo diferente a lo que has creído, podrá convencerte para cambiar? No, ¿Verdad? ¿Y qué tal si el que viene con algo distinto es un famoso predicador? Ahora ya lo sabes. No con nombre y apellido, pero sí de dónde podrá venir el engaño.), ni os conturbéis, ni por espíritu, ni por palabra, ni por carta como si fuera nuestra, en el sentido de que el día del Señor está cerca. (¡Cristo viene ya! ¡Cristo viene pronto! ¿No has escuchado algo así en tu medio?) (3) Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición. (Muy claro y concreto. ¿Viene Cristo? ¡Amén! Pero antes la apostasía. ¿Hay apostasía? Yo creo que sí, pero una gran mayoría anuncia avivamientos. ¿Entonces? Alguien te está engañando.)

(1 Timoteo 4: 1) = Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios. (Creo que no necesitas que, otra vez, te advierta desde dónde pueden llegarte las doctrinas de demonios, ¿No es cierto? Si la unción de la predicación que estás oyendo no proviene del Espíritu Santo, aquí te asegura que proviene de espíritus engañadores.) (2 Timoteo 4: 3) = Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, (¿No será este, ese tiempo?) sino que teniendo comezón de oír, (La gente que ingresa en nuestra Web lo hace, mayoritariamente, por comezón de oír algo que no sea discurso humano), se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, (4) y apartarán de la verdad el oído (Teologías de la prosperidad y etc.etc.), y se volverán a las fábulas. ¿Alguien podría decirme si tiene alguna diferencia a un relato bíblico literal, dos o tres puntos básicos relacionados con él y una conclusión moral basada en la historia leída en la que se han convertido las predicaciones seriadas de seminarios e institutos teológicos formadores de líderes de la actualidad?

No te sientas mal por la comparación. No estoy siendo irreverente con la palabra de Dios, estoy siendo cáustico con aquellos que, diciendo llevar la palabra de Dios a la gente, lo que están haciendo es elaborar fábulas moralistas que de ninguna manera hablan del Reino ni de sus propósitos. Como puedes ver, los textos son bastante claros y precisos. EL sostener esto como línea en la elaboración de los sermones, no es transformarse en “profetas del pesimismo” como algunas personas despectivamente lo han calificado, sino que es simplemente anunciar todo el consejo de Dios sin acomodaticios, ni miel, ni levadura. Alguien dijo una vez: “El pesimista es un optimista, pero bien informado…” Así es. El hombre fiel a la Palabra de Dios no puede torcer las escrituras ni anunciar sofismas o esperanzas falsas, por el contrario, este debe ser certero en entregar la voz de Dios tal cual lo revela su Santo Libro. La Biblia presenta a la luz del raciocinio humano, un mensaje pesimista e intolerable:

(2 Timoteo 3: 12) = Y también todos los que quieren vivir piadosamente (Esto es: espiritualmente), en Cristo Jesús padecerán persecución; (¿Quién puede perseguir a personas que quieran vivir espiritualmente en Cristo Jesús, el mundo o la clase religiosa? No me lo digas, acertaste); mas los malos hombres y los engañadores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados. Como vemos, la escritura es clara y precisa. No resiste análisis el comparar dos posiciones diametralmente opuestas como los son la del “Avivamiento, tiempo de siega y conquista” con la de “Los tiempos de apostasía”. El mensaje de la iglesia ha de ser categórico, absoluto e intransigente. No se puede mediar ni comprometer las verdades eternas. No estamos autorizados para ello.

Hoy existe una gran multitud liderada simbólicamente por el antiguo rey Acab con sus profetas, pregonando “su conquista, los tiempos de siega, los gritos de júbilo y el banquete terrenal”. En contraste a ello, hay una minoría de hermanos diseminados y relegados en el anonimato, en el secreto de Dios, buscando las raíces legítimas del evangelio y la sencillez de Cristo. Unos tocando trompetas y anunciando banquetes, mientras que los otros anuncian la inminente venida de nuestro Señor Jesucristo. Los muchos, cual sibaritas, gozándose, aplaudiendo y pretendiendo conquistar las naciones “para Cristo”, mientras que los otros defendiendo la fe y diciendo que estamos en medio de una terrible apostasía. ¿Con cuál de los dos grupos te identificas? Que la gracia de nuestro Señor y Salvador Jesucristo , sea contigo. Amen.

Comentarios o consultas a tiempodevictoria@yahoo.com.ar

agosto 3, 2023 Néstor Martínez