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Destinados a la Gracia

C uando escuchamos hablar del amor de Dios, a veces nos mueve a pensar con límites humanos. ¿Adónde comienza el amor de Dios? ¿Dónde finaliza? ¿Tiene un comienzo o es eterno? ¿Tiene un final o esa misma eternidad lo dispersa por los siglos de los siglos?

Algo me ha quedado muy claro a través de los tiempos: el amor de Dios no termina aquí. Puesto que Dios es amor, entonces surge el asunto de la gracia. Sin duda el amor es precioso, pero el amor debe tener su expresión. Cuando el amor es expresado, se convierte en gracia. La gracia es el amor expresado.

El amor está en Dios. Pero cuando este amor viene a ti, se convierte en gracia. Si Dios es sólo amor, Él es muy abstracto. Pero gracias al Señor que aunque el amor es algo abstracto, con Dios es inmediatamente convertido en algo sustancial. El amor interno es abstracto, pero la gracia exterior le ha dado sustancia.

Por ejemplo, supongamos que tú le tienes lástima a un pobre, y que lo amas y le tienes simpatía. Si tú no le das comida y ropa, cuanto mucho puedes decir que lo amas. Pero tú no puedes decir que eres gracia para él. ¿Cuándo puedes decir que tienes gracia para con él? Cuando le das una taza de arroz, un pedazo de pan, ropa o algo de dinero, y cuando la comida, ropa, o dinero llega a él, ahí es cuando tu amor se convierte en gracia.

La diferencia entre el amor y la gracia consiste en el hecho de que el amor es interno y la gracia es externa. El amor es principalmente un sentimiento interno, mientras que la gracia es un hecho externo. Cuando el amor entra en acción, se convierte en gracia.

Cuando la gracia vuelve a su sentimiento, es amor. Sin amor, la gracia no existe. La gracia existe porque el amor existe. La definición de la gracia no es solamente el acto de amor. Debemos agregar algo más. La gracia es el acto de amor para con el necesitado.

Dios ama a Su Hijo unigénito. Pero no hay elemento de gracia en este amor. Uno no puede decir que Dios trata con Su Hijo en gracia. Dios también ama a los ángeles, pero eso tampoco puede considerarse como gracia. ¿Por qué el amor del Padre para con el Hijo y el amor de Dios para con los ángeles no es gracia? Porque no hay necesidad ni indigencia. Sólo hay amor; el pensamiento de la gracia no está.

El amor se palpa como gracia sólo cuando hay indigencia y necesidad, cuando no hay otra manera de resolver los problemas. Puesto que somos pecadores, somos los que tienen problemas; y no tenemos manera de resolver nuestros problemas. Pero Dios es amor, y Su amor nos es manifestado como gracia.

Por consiguiente, cuando el amor fluye en el mismo nivel, es simplemente amor. Pero cuando fluye corriente abajo, es gracia. Por lo tanto, aquellos que nunca han estado en el nivel bajo nunca podrán recibir gracia. El amor también puede fluir corriente arriba. Pero cuando lo hace, no es gracia. El amor también puede fluir entre alturas iguales. Cuando lo hace, no es amor tampoco.

El amor es gracia sólo cuando fluye hacia abajo. Si quieres estar por encima de Dios, o si quieres estar a la par con Dios, nunca verás el día de la gracia. Sólo aquellos que están debajo de Dios pueden ver el día de la gracia. Esto es lo que la Biblia nos muestra acerca de la diferencia entre el amor y la gracia. Aunque la Biblia menciona el amor del Señor Jesús, le presta más atención a la gracia del Señor Jesús.

La Biblia también habla acerca de la gracia de Dios, pero presta más atención al amor de Dios. Yo no estoy diciendo que no hay mención del amor del Señor Jesús y de la gracia de Dios en la Biblia. Pero el énfasis de la Biblia es el amor de Dios y la gracia del Señor Jesús.

¿Cómo saludó Pablo a la iglesia en Corinto? La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros (2 Co. 13: 14). Tú no puedes cambiar la frase para que dijera: “La gracia de Dios y el amor del Señor Jesucristo y la comunión del Espíritu Santo sea con todos vosotros”.

Tú no puedes hacer esto, porque el énfasis de la Biblia es el amor de Dios y la gracia del Señor Jesús. ¿Por qué es así? Porque el Señor Jesús fue quien logró la salvación. Fue El quien dio sustancia al amor y cumplió la gracia. El amor de Dios se convirtió en gracia por medio de la obra del Señor Jesús. Por lo tanto, la Biblia nos dice que la ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia vino por medio de Jesucristo (Juan. 1: 17).

Gracias al Señor que en el amor de Dios, no hay solamente gracia, sino que también hay otro gran aspecto, la misericordia de Dios. La Biblia también pone mucho énfasis en la misericordia. Pero tenemos que admitir que misericordia es una palabra del Antiguo Testamento, como gracia es una palabra del Nuevo Testamento.

Esto no significa que misericordia no se encuentra en el Nuevo Testamento. Pero si tú tienes una concordancia, hallarás misericordia mucho más seguido en el Antiguo Testamento. La misericordia es algo del Antiguo Testamento, como gracia es algo del Nuevo Testamento.

El amor puede desembocar tanto en la gracia como en la misericordia. La misericordia es negativa, y la gracia es positiva. La misericordia está relacionada a la condición presente, y la gracia a la condición futura. La misericordia se refiere a la miseria de tu condición presente, y la gracia se refiere a la condición excelente en que tú serás salvo en el futuro.

El sentimiento que Dios tiene para con nosotros cuando somos pecadores es misericordia. La obra que Dios hace en nosotros para hacernos hijos Suyos es gracia. La misericordia responde a nuestra condición existente; la gracia resulta de la obra que recibiremos.

Yo no sé si ustedes lo entienden claramente. Supongamos que aquí hay una persona necesitada. Ustedes lo aman y le tienen lástima. Ustedes se lamentan de su difícil situación. Si ustedes no lo amaran, no sufrirían ni se lamentarían por él. Pero al hacerlo, ustedes tienen misericordia por él. Pero tal misericordia es negativa.

Su misericordia por él se debe a que se compadecen de su condición presente. Pero ¿cuándo se lleva a cabo la gracia? Se lleva a cabo cuando esta persona es rescatada de su pobre condición presente a una nueva posición, a una nueva esfera y a un nuevo ambiente. Sólo así el amor de ustedes se convierte en gracia.

Por esta razón digo que la misericordia es negativa y para el presente, mientras que la gracia es positiva y para el futuro. El futuro al cual me refiero es el futuro en esta era, y no el futuro de la próxima era. Yo no digo que el Antiguo Testamento habla sólo acerca de misericordia. El Antiguo Testamento también habla acerca de la gracia.

No es verdad que ya no necesitamos misericordia. Al contrario, todavía la necesitamos. Dios fue misericordioso en los tiempos del Antiguo Testamento porque Su obra aún no había sido completada. Por lo tanto el Antiguo Testamento estaba lleno de misericordia. Dios mostró misericordia por cuatro mil años.

Pero en la actualidad, en la era neo testamentaria, tenemos gracia porque el Señor Jesús ha cumplido con la obra de Dios. El vino para cargar nuestros pecados. Entonces, lo que hemos recibido en la actualidad no es misericordia, sino gracia. ¡Aleluya! Hoy no es un día de misericordia, sino un día de gracia. Si sólo hubiera misericordia, sólo tendríamos esperanza.

En el Antiguo Testamento, sólo había esperanza; por eso el Antiguo Testamento habla de misericordia. Pero gracias al Señor, hoy hemos obtenido lo que se esperaba. Ya no hay que esperarlo más. La misericordia viene del amor y resulta en gracia. Si la misericordia no viniera del amor, no resultaría en gracia. Pero debido a que se origina en el amor, termina en gracia.

En los Evangelios hay una historia de un hombre ciego que recibió la vista (Mr. 10: 46-52). Cuando se encontró con el Señor, él no dijo: “¡Señor, ámame!” o “¡Señor, ten gracia para conmigo!” Más bien, él dijo: “¡Hijo de David, ten misericordia de mí!” (v. 48). El pidió misericordia por causa de su condición presente, su dificultad presente y su dolor presente.

Él sabía que si el Señor se compadeciera de él, Él no se detendría en mostrarle misericordia; El seguramente haría algo. En el Nuevo Testamento también se menciona en varios lugares la misericordia. En la mayoría de los casos, se hace mención de la misericordia según la situación de ese momento.

Alguien tal vez pregunte: “Puesto que el amor como el origen es muy bueno, y la gracia como el resultado es buena, ¿por qué existe la misericordia?” Es porque el hombre está necesitado. Nosotros no tenemos confianza para ir a Dios y pedirle Su amor. Somos de carne y no conocemos bien a Dios. Aunque Dios se nos ha revelado a Sí mismo en la luz, aun así no nos animamos a acercarnos a Él.

Sentimos que es imposible acercarnos a Dios para pedir amor. Al mismo tiempo, no tenemos la fe adecuada para acercarnos a Él y pedirle gracia, diciéndole que necesitamos tal o cual bendición. No tenemos manera de pedir el amor de Dios, ni tampoco tenemos suficiente fe para pedirle Su gracia.

Pero gracias al Señor. No solamente tenemos amor y gracia; también tenemos misericordia. El amor se manifiesta en la misericordia. Debido a que Dios es misericordioso, si tú escuchas el evangelio pero todavía no puedes creer, tú puedes clamar: “¡Hijo de David, ten misericordia de mí!”

Tú tal vez temas pedir otras cosas, pero no debes temer pedir esto. Yo no me animo a pedirle al Señor que tenga gracia para conmigo. No me animo a pedirle que me ame. Pero yo puedo pedir que sea misericordioso para conmigo. No nos atrevemos a pedir otras cosas. Pero podemos tener confianza en pedirle misericordia. Dios se complace con esto.

Dios ha puesto Su amor entre nosotros para que tengamos el derecho de acudir a Él. Pero si sólo hubiera amor, todavía temeríamos de acercarnos a Él. Yo no me atrevo a pedirle a Dios que me ame, ni que me muestre gracia. Pero sí puedo pedirle Su misericordia. Al menos puedo pedirle eso.

Había un hombre muy anciano que padecía de una enfermedad grave. Él decía que no estaba enojado con Dios, pero que sufría mucho dolor. Le dijeron que debería pedirle a Dios que lo ame y tenga gracia para con él. Él dijo que no podía hacer eso. Cuando le preguntaron por qué no, él respondió que por sesenta años había vivido para sí y no para Dios.

Ahora que estaba muriendo, él tenía vergüenza de pedirle a Dios que lo amara y que tuviera gracia para con él. Si no hubiera estado tan alejado de Dios, si se hubiera acercado a Dios durante las últimas décadas y desarrollado algún afecto por Dios, le habría sido más fácil pedirle amor y gracia. Pero así como estuvo, lejos de Dios por toda su vida, ¿cómo podía pedirle a Dios que lo amara mientras yacía en su lecho de muerte?

A pesar de la persuasión utilizada por quienes lo asistían, él rehusó creer esas palabras. Le dijeron que Dios le podía conceder gracia, que Dios podría tener gracia para con él y que podía amarlo. Pero él simplemente no lo creyó. Nunca lo pudieron convencer. Entonces oraron así: “Oh Dios, aquí hay un hombre que no cree en Ti. Ni tampoco cree en Tu amor. Yo no puedo ayudarlo. Por favor, abre una posibilidad en su última hora”.

Después sintieron que no deberían hablarle acerca de la gracia, ni del amor, sino de la misericordia. Volvieron a él alegres, y le dijeron: “Usted debería olvidarse de todo ahora. Olvídese del amor de Dios y de la gracia de Dios. Usted debe acudir a Dios y decirle: ‘¡Dios! estoy sufriendo. No puedo seguir así. Ten misericordia de mí’” . Él estuvo de acuerdo inmediatamente.

Y tan pronto como lo hizo, su fe vino y oró: “Dios, te agradezco porque Tú eres un Dios misericordioso. Soy débil y estoy sufriendo. Ten misericordia de mí.” Aquí vemos a una persona traída a la presencia del Señor. Él se dio cuenta de su situación necesitada y pidió misericordia. En su condición presente, él le pidió a Dios que le tuviera misericordia.

Ahora veamos algunos versículos. Efesios 2: 4-5 dice: “Pero Dios, que es rico en misericordia, por Su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en delitos”. Pablo dijo que Dios era rico en misericordia debido a algo. Ese algo es Su gran amor con que nos amó.

Sin amor, no habría misericordia. ¿En qué situación Él fue misericordioso para con nosotros? Él nos tuvo misericordia cuando estábamos muertos en pecados. Su misericordia está relacionada con nuestra angustiosa situación presente. Él tuvo misericordia de nosotros porque estábamos muertos en pecados. Él tuvo misericordia de nosotros basado en Su amor para con nosotros.

¿Qué es lo que sucede después de la misericordia? El versículo 8 prosigue diciendo que Él nos salvó por gracia. Así que, la misericordia nos fue mostrada porque estábamos muertos en pecados; luego, la gracia nos fue dada para nuestra salvación, lo cual indica que habíamos recibido una nueva posición y entrado en un nuevo reino. Gracias a Dios que no solamente hay gracia y amor, sino también gran misericordia.

En 1 Timoteo 1: 13 Pablo dice: “Habiendo yo sido antes blasfemo, perseguidor e injuriador; más me fue concedida misericordia porque lo hice por ignorancia, en incredulidad”. Aquí Pablo está explicando cómo obtuvo misericordia. Su obtención de misericordia estaba relacionada con su vida pasada. Tenía que ver con el hecho de ser blasfemo, perseguidor e injuriador.

Antes de ser salvo, él estaba en una condición de blasfemo, perseguidor e insultador, un ignorante e incrédulo. Al estar en tal condición, Dios le tuvo misericordia. Así que tú puedes ver que la misericordia es negativa y está relacionada a las situaciones duras y difíciles de nuestro pasado.

La gracia, por el otro lado, está relacionada a los aspectos positivos que nos atañen. Hay que distinguir una de la otra y no considerarlas iguales. Tito 3: 5 dice: “Nos salvó no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino conforme a Su misericordia…” No hay justicia en nosotros. Al no tener justicia y estar en una situación desahuciada, Dios tuvo misericordia de nosotros.

¡Gracias al Señor porque hay misericordia! Ya hemos visto que la misericordia se origina en el amor y acaba en gracia. Cuando la misericordia se extiende, somos salvos. Él tuvo misericordia de nosotros por la condición en que estábamos, y como resultado fuimos salvos.

Romanos 11: 32 dice: “Porque Dios a todos encerró en desobediencia, para tener misericordia de todos”. ¿Por qué Dios encerró a todos en desobediencia? Era para que Él les mostrara misericordia a todos. Dios permitió que todos fuesen desobedientes, sujetándolos en desobediencia, no con el propósito de hacerlos desobedientes, sino para mostrar misericordia a todos.

Después de mostrar misericordia, Su acto siguiente es salvarlos. Por lo tanto, la misericordia está relacionada con nuestra condición, no con la condición antes de ser cristianos, sino a la condición previa a ser salvos.

Pero gracias a Dios que Él no se detuvo con la misericordia. Con El también hay gracia. Hay un lugar en la Biblia que nos muestra claramente que nuestra regeneración proviene de la misericordia. En 1 Pedro 1: 3 dice: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según Su grande misericordia nos ha regenerado para una esperanza viva, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos”.

Toda la obra de Dios en la gracia fue planeada según Su misericordia en amor. Su gracia es dirigida por Su misericordia, y Su misericordia por Su amor. Dios nos regeneró según Su misericordia para una esperanza viva por la resurrección de Jesucristo de los muertos.

Entonces, tanto la regeneración como la esperanza viva están relacionadas con la misericordia. Debido a que hay misericordia, hay gracia. Judas 21 dice: “Conservaos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna”.

Este versículo nos muestra que debemos conservarnos en el amor de Dios. Debemos esperar Su misericordia para vida eterna hasta que el Señor vuelva, o sea, hasta que se nos aparezca. Antes de ser arrebatados, debemos esperar Su misericordia.

Mientras vivimos en la tierra, no recibimos sólo misericordia, sino también gracia. Gracias al Señor porque hemos sido salvos y pertenecemos a Dios, pero aún queda un problema. Nuestros cuerpos todavía no han sido redimidos. Aunque no pertenecemos más al mundo, aún estamos en el mundo.

Es bueno no pertenecer al mundo, pero no es suficiente. Tarde o temprano los israelitas tenían que dejar Egipto. Tarde o temprano Noé tenía que dejar el arca para entrar en una nueva era. Tarde o temprano Lot tenía que dejar Sodoma.

Y el día tiene que llegar cuando los cristianos deban dejar el mundo. Mientras soy atacado en este mundo, espero la misericordia del Señor Jesús. Mientras estoy enredado con el pecado en este mundo, espero la misericordia del Señor Jesús.

Mientras soy abofeteado por Satanás en este mundo, espero la salvación del Señor. Entonces, mientras vivimos en la tierra y nos mantenemos en el amor de Dios, esperamos el día cuando el Señor nos muestre misericordia. Por lo tanto, todavía es necesario que Su misericordia esté sobre nosotros. Tenemos que esperar Su misericordia hasta que seamos arrebatados.

La Biblia nos muestra una cosa más acerca de la misericordia y la gracia. Tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento, la palabra misericordia siempre está precedida o por mostrar o por tener. Misericordia es algo que se muestra, y de aquellos a quienes se les muestra misericordia se dice que han recibido misericordia.

¿Por qué la Biblia dice “mostrar misericordia” en vez de “dar misericordia”? Porque la misericordia no requiere nuestra acción. Pero por el otro lado, la gracia requiere alguna acción. Cuando obtenemos gracia obtenemos algo definido. Pero cuando recibimos misericordia, sólo se recibe; lo único que tenemos que hacer es recibir.

Hebreos 4: 16 nos exhorta a venir a menudo al Señor para orar. Cuando vayamos a orar ante el Señor, recibiremos misericordia y hallaremos gracia para el oportuno socorro. Algunas versiones usan la expresión alcanzar misericordia. Pero en realidad, en el idioma original, alcanzar no es la palabra. Alcanzar es algo muy activo. La palabra en griego es más pasiva. Se debería traducir como “recibir”. Hemos de recibir misericordia y hallar gracia.

¿Qué significa recibir? Recibir significa que ya todo está aquí; está siempre listo para usar en cualquier momento. ¿Qué es gracia? La gracia es algo que tú debes “encontrar”, pues es algo que Dios hará. La gracia es algo positivo; es algo para desarrollar. Por eso se dice “recibir” misericordia y “hallar” gracia. La Biblia habla muy claramente acerca de la misericordia y la gracia. No hay confusión entre las dos.

¿Cuáles son las características que la gracia tiene? Nosotros apreciamos el amor de Dios, pues sin el amor de Dios como la fuente, no habrá fluir de salvación. El fluir de salvación proviene del amor de Dios. Al mismo tiempo, sin la misericordia de Dios no habrá posibilidad de salvación.

Puesto que Dios ha tenido misericordia de nosotros, Él nos ha dado Su salvación. La salvación de Dios es la expresión concreta del amor de Dios. Por lo tanto, apreciamos el amor y la misericordia. Pero lo más precioso que nos alcanza es la gracia.

Sin duda el amor es bueno, pero no nos da ningún beneficio directo, mientras que la gracia tiene un beneficio directo. Entonces, la gracia es más preciosa. El Nuevo Testamento está lleno, no del amor de Dios, o de la misericordia de Dios, sino de la gracia de Dios.

La gracia es el amor de Dios que viene para cumplir algo para el caído y perdido pecador. Ahora no sólo tenemos un amor abstracto y una misericordia sentimental, sino que tenemos gracia para satisfacer nuestras necesidades en una forma concreta.

Tal vez pensemos que es suficiente que Dios sea misericordioso. Una persona carnal y carnosa pensará que la misericordia es suficiente. El Antiguo Testamento está lleno de palabras de misericordia. No dice mucho acerca de la gracia.

Cuando el hombre está en la carne, él cree que la misericordia es suficiente, que no se necesita la gracia. El piensa así porque no considera al pecado como algo serio. Si el hombre estuviera sin comida o vestido o morada, la misericordia no sería adecuada; se necesitaría también la gracia.

Pero el problema del pecado no es la falta de comida, vestido o morada. El problema con el pecado es la inquietud de la conciencia del hombre y el juicio ante Dios. Por esto, el hombre piensa que si Dios fuese solamente misericordioso para con nosotros y fuera un poco más indulgente, todo estaría bien. Si Dios dejara pasar nuestros pecados, sería suficiente para nosotros.

En nuestros corazones esperamos que Dios sea misericordioso y nos deje ir. El concepto del hombre es permitir y dejar pasar. Pero Dios no puede dejar pasar misericordiosamente nuestros pecados. Él no puede dejarnos sueltos. Él debe tratar totalmente con nuestros pecados. Dios no solamente tiene que mostrar misericordia para con nosotros; Él también nos tiene que dar gracia. Lo que proviene del amor de Dios es la gracia.

Dios no se satisface sólo con misericordia. Nosotros pensamos que si hubiera misericordia y Dios nos dejara ir sin contarnos, todo estaría bien. Pero Dios no dijo que por tener lástima de nosotros nos dejaría ir. Dios no obra así. Cuando Dios obra, Él tiene que estar en armonía consigo mismo. Por lo tanto, el amor de Dios no termina en misericordia.

Su amor debe extenderse en gracia. Él debe tratar totalmente con el problema de nuestros pecados. Si el problema de los pecados fuera algo que se podría pasar por alto, la misericordia de Dios sería suficiente. Pero para El, no es suficiente dejarnos ir y pasar por alto nuestros pecados. Así, tener sólo misericordia no es suficiente. Él debe resolver el asunto de los pecados totalmente. Aquí vemos la gracia de Dios. Por eso el Nuevo Testamento está lleno de gracia, aunque también tiene misericordia.

Aquí vemos cómo el Hijo de Dios, Jesucristo, vino al mundo para mostrar gracia y llegar a ser gracia para que podamos recibir la gracia. ¿Qué es la gracia? La gracia es nada menos que la gran obra de Dios cumplida gratuitamente en Su amor incondicional e ilimitado para el hombre desesperado, indigno y pecador. La gracia de Dios consiste simplemente en la obra de Dios para el hombre. ¿Cómo contrasta esto con la ley?

La ley consiste de las demandas de Dios para con el hombre, de trabajar para El, mientras que la gracia consiste en la obra de Dios para el hombre. ¿Qué es la ley? La ley consiste de las demandas de Dios para con el hombre, para que haga algo para El.

¿Qué es la obra? La obra es el esfuerzo del hombre para hacer algo para Dios. ¿Qué es la gracia? La gracia no representa las demandas de Dios, ni que Dios recibe la obra del hombre, sino que la gracia consiste en el hecho de que Dios hace Su propia obra.

Cuando Dios viene para hacer algo por y a favor del hombre, eso es gracia. El Nuevo Testamento no pone énfasis en la ley. De hecho, el Nuevo Testamento se opone al principio de la ley, pues la ley y la gracia no se mezclan nunca. ¿Es Dios el que está trabajando o el hombre?

¿Está Dios dando algo al hombre o está pidiendo algo del hombre? Si Dios pide algo del hombre, entonces estamos todavía en la era de la ley. Pero si Dios está dando algo al hombre, estamos en la era de la gracia.

Tú no irías a la casa de alguien para darle dinero mientras que tú estás allí para recolectar dinero. De la misma manera, la ley y la gracia son principios opuestos; no pueden estar juntos. Si el hombre va a recibir la gracia, él debe dejar a un lado la ley. Por el otro lado, si sigue la ley, él caerá de la gracia. Si el hombre sigue la ley, él necesita que Dios acepte sus obras.

Si existe el principio de la ley y de las obras y si el hombre tiene que dar algo a Dios, él debe darle a Dios lo que El demanda. La Biblia da a entender que las obras del hombre deben ser una respuesta a la ley de Dios. La ley de Dios demanda que yo haga algo. Cuando lo hago, estoy respondiendo a la ley de Dios. La Biblia llama a esto obras.

Pero cuando la gracia está, el principio de la ley y de las obras queda a un lado. Aquí vemos que es Dios el que obra para el hombre en vez de que el hombre obre para Dios. La gracia, que consiste en la obra de Dios para el hombre desamparado, pobre y problemático, tiene tres características o naturalezas.

Todo aquel que quiera entender la gracia de Dios debe recordar estas tres características o naturalezas. Si nos olvidamos de estas tres características, nosotros como pecadores no seremos salvos, y como cristianos caeremos. Si vemos las características y la naturaleza de la gracia de Dios, recibiremos más gracia de Dios para el oportuno socorro. Veamos brevemente estas tres características de la Biblia.

¿Qué son las obras del hombre? Generalmente hablando, existen tres cosas en las obras del hombre: (1) sus delitos, (2) sus logros y (3) sus responsabilidades. Las malas obras del hombre son sus delitos, aquellas que son buenas son sus logros, y aquellas que él quiere cargar son sus responsabilidades.

Aquí tenemos tres cosas: de las cosas que el hombre hace, aquellas que no son bien hechas se convierten en sus delitos, aquellas que se hacen bien se convierten en sus logros y aquellas que él promete hacer para Dios son sus responsabilidades.

En términos de tiempo, los delitos y los logros son cosas del pasado, y las responsabilidades son cosas del futuro; son cosas por las cuales el hombre es responsable. Si la gracia de Dios es la obra de Dios para el hombre pecador, débil, indigno y desesperado, inmediatamente vemos que la gracia de Dios y el delito del hombre no pueden ser unidos.

Tampoco la gracia de Dios puede unirse con los logros y responsabilidades del hombre. Donde entra en juego la cuestión de los delitos, la gracia no existe. Donde entra en juego la cuestión de los logros, la gracia tampoco existe.

De igual manera, donde la responsabilidad está, la gracia no existe. Si la gracia de Dios es en verdad gracia, los delitos, los logros y las responsabilidades no pueden entrar. Siempre que los delitos, los logros y las responsabilidades aparecen, la gracia de Dios pierde sus características.

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enero 1, 2015 Néstor Martínez