Hay algo que los creyentes tenemos que terminar de una vez por todas de ver con claridad. Y es que durante todo su ministerio, Jesús siempre puso más énfasis en hablar del Reino que de la Iglesia. Aún si lo entiendes en el nivel más elemental o básico, la palabra “iglesia” solamente aparece poco más de treinta veces en la escritura, mientras que la palabra Reino aparece más de trescientas veces.
Entonces, aún en el nivel más bajo, el énfasis es en el Reino y no en la iglesia. Lo que ha ocurrido a través de los años, es que hemos sido entrenados en convertirnos en gente competente dentro de un mundo eclesiástico. Y nunca hemos sido entrenados en entender lo que es el Reino.
Entonces, lo que nos resta, son cristianos que asisten a la iglesia de manera excelente, pero humanos deficientes. Sólo existen con fuerza en el contexto de una iglesia, pero si nos vamos a la calle donde la realidad de la vida se manifiesta, son débiles y deficientes.
Jesús no trajo la intención de que tú existieras dentro del contenido de una iglesia, solamente. Dice: a ti se te ha dado el conocer los misterios del reino. Se te ha dado a ti a conocer. El ser ignorante a los asuntos del reino no es una disposición del siglo veintiuno. Tenemos que entender las dinámicas, las tecnologías y las operaciones internas del reino. Allí es donde viene la precisión y la fuerza y allí es donde existe.
Lo que quiero estudiar en estos trabajos separados pero en coherencia y relación, son cuatro realidades muy importantes del Reino. Que están encerradas dentro de las parábolas. Por el hecho del énfasis, vamos a ver una vez más que es el asunto ese de las parábolas.
Yo te voy a dar una definición diferente a las anteriores que te he dado, pero el tema central permanece igual. Las parábolas son como archivos guardados en un disco rígido que contienen las realidades del reino. Falta que tú vengas y hagas el clic que te permite entrar.
Es como si Él tuviera todo lo vasto del Reino y lo tomara y lo comprimiera en un solo archivo computarizado. Esto es importante de entenderlo. Allí te vas a dar cuenta que Él siempre dice que el Reino de Dios es cómo. Porque las parábolas no tenían de modo alguno la intención de que se entendieran claramente muchas cosas. Eran sólo ventanas para introducirte a otra dimensión.
Es como si tuviéramos todas las realidades de lo vasto del Reino, y te diéramos un simple ejemplo mediante un elemento concreto y simple, pero reducido. Entiende lo siguiente: a las parábolas jamás podríamos abrazarlas enteramente, sin tener un equipamiento interno que nos proporcione las claves para abrir esos simbólicos archivos.
Durante un tiempo prolongado, recuerdo, yo tuve inconvenientes para abrir archivos de Word que me llegaban porque habían sido grabados en un nuevo sistema operativo y yo aún tenía el antiguo. Sólo cuando compré un nuevo equipo pude entrar a esos archivos guardados y poder leer lo que me decían. Exactamente lo mismo me sucedió antes y después de haber sido abiertos mis ojos espirituales.
Eso es lo que Dios ha hecho con las parábolas: comprimir en un moderno archivo todas las grandezas y maravillas de su Reino y dárnoslas para que las decodifiquemos. El dilema, es: ¿Tienes tú el equipamiento esencial llamado Espíritu Santo de Dios para decodificar esos mensajes o no?
Si lo tienes, cada parábola tiene un tremendo mensaje y una tremenda enseñanza. Si no lo tienes, sólo ves relatos insignificantes, pequeños y hasta ridículos y poco creíbles en lo racional. Tú decides que equipamiento tienes. Por eso es que Pablo dijo que el hombre natural, nunca va a entender las cosas del Reino. Son necedades para él.
El hombre natural, por inteligente que sea, no puede entender realidades espirituales. Porque no hay un carácter complementario entre sí. Cuando Pablo hablaba del hombre natural que carece de la habilidad para entender principios espirituales, no estaba hablando del mundo no salvo.
Porque si lees correctamente las cartas a los Corintios, verás que él dijo que el hombre natural, no entiende las cosas del Espíritu. Y el próximo verso te dice, en 1 Corintios 3:1, hablándole a la iglesia: no te puedo hablar a ti como si fueses espiritual, pero sí como si fueses carnal.
Entonces vemos que hay creyentes salvos, llenos del Espíritu, que hablan en lenguas, profetizando, que todavía son naturales, y los principios gubernamentales de Dios no encuentran donde colocarse en ellos. De manera que las parábolas no pueden ser entendidas por medio de la hechura interna natural del hombre.
(Romanos 7: 14) = Porque sabemos que la ley es espiritual; más yo soy carnal, vendido al pecado.
Dice que la ley es espiritual, pero que él es carnal. Pablo, lo que hace es explicarnos por qué la ley mosaica no fue efectiva, o fue ineficaz. La deficiencia de la ley, no era en sí misma, La razón por la cual la ley mosaica no pudo trabajar para el hombre, fue porque no pudo encontrar una frecuencia complementaria con la del hombre. La ley es espiritual, pero yo soy carnal. No hay una dirección para que se deposite eso que quiere ser depositado en ti.
(Romanos 8: 3) = Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne;
Nota que la ley no era débil en sí misma. La ley era débil por causa de la carne. No había cualidades complementarias dentro del hombre para que ella fuera depositada. Ahora bien; las parábolas, pueden hacer lo mismo que la ley de antaño pudo haber hecho. Donde una ley espiritual se sigue tratando de recibir mental o intelectualmente y el resultado, obviamente, sigue siendo de cero productividad. El segundo principio, es necesario entender.
Las parábolas descubren o le descorren el velo a secretos de antaño, misterios de la antigüedad. Haciendo que los misterios del Reino sean menos difíciles de descubrir. La palabra clave que quiero que extraigas de esta definición, es la palabra descubrir. Las parábolas no estaban diseñadas para comunicarnos la verdad. Lo que sí tenían era una vía, un carril para que tú comenzaras a recorrer un camino dirigido hacia un descubrimiento.
(Mateo 13: 34) = Todo esto habló Jesús por parábolas a la gente, y sin parábolas no les hablaba; (3) para que se cumpliese lo dicho por el profeta, cuando dijo: abriré en parábolas mi boca; declararé cosas escondidas desde la fundación del mundo. (Esta escritura final, es extraída del libro de los Salmos. Concretamente del Salmo 78. Y hay otra cosa que Jesús no dijo que también están atadas a esta escritura.)
(Salmo 78: 1) = Escucha, pueblo mío, mi ley; inclinad vuestro oído a las palabras de mi boca.
(2) Abriré mi boca en proverbios; hablaré cosas escondidas desde tiempos antiguos, (3) las cuales hemos oído y entendido; que nuestros padres nos las contaron.
La palabra que aquí se traduce como que “habías oído o entendido”, es una palabra en el hebreo que describe el entendimiento deficiente. Vamos a parafrasear lo que Jesús estaba diciendo. Voy a abrir mi palabra en proverbios o parábolas, y te voy a revelar secretos que estaban escondidos desde los fundamentos de la tierra. Cosas que has oído, cosas que has aprendido, pero que nunca has podido entender correctamente.
La palabra clave dentro de eso, es la palabra decreto. Abriré mi boca en proverbios y hablaré. Hablaré, aquí, está traducida como decreto. Esa palabra hablaré, en hebreo, es la palabra que describe la remoción de un bloqueo que estanca las aguas de un río fuerte. También describe el abrir algo que previamente estaba cerrado, para que se haga aparente.
Las parábolas fueron diseñadas para que las cosas antiguas fueran selladas. Nunca se comunicó a través de parábolas la verdad, sino que el camino era revelado con ellas para que fueras en la búsqueda de esa verdad. Entonces entiende lo siguiente: Si tú careces de un espíritu que escudriña profundamente, las realidades del reino nos pasan frente a los ojos y jamás las entenderemos.
Recuerda que los sellos han sido quebrados. Que las rocas que estaban obstaculizando el fluir del río, con las parábolas se quitan. El velo se corre, y comienzas una jornada en el descubrimiento de la verdad. Dentro del creyente, hoy, tiene que haber una inquietud por la búsqueda que lo lleve a escudriñar, con el deseo de encontrar verdades. No podemos estar estancados ni quietos en la dimensión presente de entendimiento que poseemos. Esos son los dos principios que se te han entregado hasta ahora.
1.- Tenemos que desarrollar la vida interna, y crear una calidad complementaria, para que la palabra de Dios sea palabra de Dios. Para que cuando la palabra nos llegue, encuentre una dirección interna donde alojarse, un buzón.
2.- Tenemos que tener un espíritu de búsqueda continua. Tenemos que buscar y escudriñar para encontrar la verdad. Uno de los principios que Jesús dio, dentro de las parábolas, fue que el Reino de Dios es como un mercader que anda en búsqueda de un tesoro escondido. Quiero que entiendas que mucho de lo que nosotros consideramos doctrina, hoy, esas cosas no fueron primeramente enseñadas, fueron descubiertas.
La Biblia habla de Abraham y la fe. Y en Romanos 4: 1 considera lo que Abraham nuestro padre ha descubierto. No fue un principio que primeramente fue enseñado, fue una tecnología del Reino que alguien descubrió. La revelación de la iglesia, no era una doctrina que se enseñaba. Fue una revelación que Jacob descubrió cuando tuvo la visión de la escalera.
Si tú pudieras entender el poder del escudriñar, entonces sí podrías entrar en el ámbito que se llama revelación. Donde nuestras vidas son edificadas por medio de revelación y no doctrina. Entiende que el pueblo del Antiguo Testamento vivía por reglamentos y no por revelaciones. Sus vidas eran acondicionadas por lo que oían. Así que Moisés hablaba una palabra, Moisés les daba la ley, y tenían que vivir de acuerdo con lo que escuchaban.
Ahora, vivir por revelación, es cuando tu espíritu descubre un principio, que acondiciona tu comportamiento, o sea, te gobierna, mucho antes que encuentres una escritura que lo justifique. Es decir que, si tú no mientes porque yo te he prohibido que mientas, tú no vives por revelación, sino por ley.
Tu espíritu, entonces, aún no ha descubierto el poder de la revelación. Somos creyentes del Nuevo Testamento, pero aún en la Gracia y el Nuevo Testamento, el cristianismo sigue viviendo de acuerdo con los patrones del Antiguo Testamento.
Abraham no leyó una escritura que le hablaba de la fe y que acondicionó su comportamiento. En su espíritu encontró un principio en Dios. Antes, mucho antes que hubiera una escritura que justificara su comportamiento.
David edificó un tabernáculo en el monte de Sión, y no había una escritura que lo justificara. Es más; había más escrituras que contradecían su comportamiento. Así hay gente hoy. Había más escrituras que contradecían sus comportamientos, que las que pudieran justificarlo.
¿Quién le dio el derecho de tomar el arca del pacto, y ponerla debajo de una tienda en un monte llamado Sión? ¿Quién le dio el derecho a no poner atención en la corte exterior y el Lugar Santo? ¿Qué escritura le comunicaba a él el derecho de que les diera acceso a todas las multitudes al arca del pacto? Estaba viviendo por revelación, no por escrituras.
Tenemos que capturar ese entendimiento en el siglo veintiuno. Eso está establecido en un ser que vive en un continuo escudriñar. Ese corazón que siempre está escudriñando. Tenemos que aferrar ese mensaje. Y para eso era que existían las parábolas.
Nos colocan en una jornada de nuevos descubrimientos, donde a las verdades del Reino se les corre el velo, pero no son decretadas. Tú las descubres, por eso vas a apreciarlo más que a todo lo que se pueda haber dicho que hagas. Ahora sí vamos a Mateo. Todo eso fue antes de entrar en las notas.
(Mateo 13: 1) = Aquel día salió Jesús de la casa y se sentó junto al mar.
(2) Y se le juntó mucha gente; y entrando él en la barca, se sentó, y toda la gente estaba en la playa.
(3) Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: he aquí, el sembrador salió a sembrar.
(4) Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron.
Quiero que entiendas estos cuatro principios bíblicos que están aquí. El intento tras este capítulo, no es entrar en cada una de estas parábolas y desmenuzarlas meticulosamente. Porque las parábolas, lo que hacen, es repetirse unas a otras mostrando el mismo principio encerrado en ellas.
Tiene que haber un cambio de postura espiritual en la iglesia a través de toda la tierra. Si la iglesia permanece donde siempre ha estado, no podríamos jamás llegar a negociar la postura que es necesaria, para consumar los propósitos de Dios en la tierra.
Tiene que haber un cambio de postura interna en el ser. Tienen que ocurrir cosas grandes dentro de nuestro ser. Nuestra doctrina tiene que cambiar. Nuestra percepción tiene que cambiar. Nuestra forma de oír tiene que cambiar. La palabra de Dios tiene que tomar nueva luz en nuestro ser. Muchos de nosotros tendremos que cambiar nuestros anteojos espirituales.
No importa que tan fuertemente busques descubrir cosas nuevas en la palabra. Siempre arribamos a nuestro previo entendimiento. Las mentalidades tienen que cambiar. La palabra de Dios se tiene que convertir en un nuevo libro para nosotros.
Ya no estamos satisfechos con la condición presente de la iglesia. Me pregunto cuántos de ustedes se sienten igual. Las cosas tienen que cambiar…comenzando conmigo. Cuatro realidades del Reino. 1.- Precisión y constancia, requieren un oído que escucha. Jesús entregó la primera parábola sobre el sembrador y la simiente.
Y termina con lo que dice en el verso 9, El que tiene oídos para oír, oiga. Esa expresión, oído para oír, significa algo así como: sintonízate a la frecuencia correcta. En otras palabras: comunicó estas cosas, y luego de comunicarlas, decía: aquel que esté sintonizado a la frecuencia correcta, escuche.
Entiende. Mientras tú me estás escuchando o leyendo a mí, ahora, en este mismo instante, la emisora de radio más importante de tu país, o de tu ciudad, esa que normalmente escuchas cuando quieres informarte o entretenerte, está encendida y funcionando como todos los días.
Pregunto: ¿Tú puedes oírla, ahora? No, simplemente porque no estás sintonizándola, sino conectado conmigo. Ahora bien: que tú no puedas escucharla, hoy, ahora, no significa que ella no esté difundiendo su programación habitual, sino que tú no estás sintonizado con ella, sino conmigo.
Bien; de ese mismo modo, Dios siempre está hablando. Que tú no lo oigas, no quiere decir que Él haya dejado de hablar. Porque en la habitación o cualquiera sea el sitio donde tú estás ahora, no es posible solamente escuchar mi voz o leer mis trabajos. Hay cientos de miles de ondas radiales y voces que están allí, a tu alcance. Sólo necesitas contar con el aparato adecuado y disposición para escucharlas.
Ahora bien; hay mucha gente que confunde la tarea de sintonizar algo, con subir el volumen. Si tu radio está mal sintonizada, subirle el volumen no te soluciona el inconveniente. Hay mucha gente, asimismo, que cree que su ministerio, unción o estrategia en la iglesia, necesita que la música de la alabanza o la adoración esté al mayor volumen posible.
Déjame decirte que, la precisión de estar correcto con Dios, no tiene nada que ver con volumen; tiene que ver con adecuada sintonía. Aquel que está sintonizado a la frecuencia correcta, oirá todas estas cosas, aunque tenga su aparato graduado en un volumen que apenas es un susurro. Mira lo que Marcos dice al respecto.
(Marcos 4: 22) = Porque no hay nada oculto que no haya de ser manifestado; ni escondido, que no haya de salir a la luz.
Allí vendría, entonces, la idea central que estamos enseñando: si estás sintonizado en la frecuencia correcta, escucha todo esto. Fíjate lo que dice el verso 23: Si alguno tiene oídos para oír, oiga. ¿Sabes qué? Lo que lees en el verso 23, es la clave, es la llave que te permitirá abrir lo que te dice el verso 22.
Porque para poder ver las cosas ocultas y los secretos siendo revelados, tiene que haber un oído adecuado. No hay nada oculto que no pueda ser revelado. No hay secreto que no sea descubierto. Pero sólo aquel que tiene la sintonía correcta lo descubre. Tienes que sintonizarte a la frecuencia correcta. Fíjate ahora como concluye esto:
(Verso 24) = Les dijo también: mirad lo que oís; porque con la medida con que medís, os será medido, y aún se os añadirá a vosotros los que oís.
(25) Porque al que tiene, (Oídos para oír), se le dará; (Mayor claridad para oír); y al que no tiene, aun lo que tiene, se le quitará.
Entiende, entonces, leyendo esto, que el Reino no opera con el mismo sentido de justicia con que se opera en la tierra. El Reino opera sobre principios divinos, no sobre conceptos humanos respecto a qué cosa es justa y qué cosa no es justa. A aquel que tiene oídos para oír, mayor capacidad de oír se le dará. Y aquel que no tienes oídos para oír, aún aquello que una vez habías entendido, ahora lo comienzas a perder.
Si tienes oídos para oír, vas a oír más. Pero si tienes el corazón cerrado y no oyes, aún aquello que previamente escuchaste, se te va quitando. Eso es lo que terminó o clausuró cada avivamiento que hubo en la tierra. Eso fue lo que abortó todo intento inicial de Dios en la tierra. Todos los moveres de Dios empezaron porque hubo hombres o mujeres que escucharon la voz de Dios.
Martín Lutero escuchó la voz de Dios. El justo por la fe vivirá. Él no lo leyó simplemente en la Biblia. Lo recibió en el espíritu. Y eso inició una reforma que luego afectó a la iglesia global. Entonces construyeron una religión e hicieron un marco alrededor de lo que él había visto, y le pusieron por título, Iglesia Luterana.
Entonces pensaron en sí mismos que era todo lo que Dios había dicho y lo que jamás diría. Aquel que tiene oídos para oír, oirá más. Pero si no tienes oído para oír, aquello que una vez entendiste, ya te lo quitaron. Con esto, creo que se firma un certificado de defunción a ciertas doctrinas que niegan milagros y cuestiones por el estilo.
Si tú observas la Iglesia Luterana hoy, no puedes creer que haya nacido a partir de una tremenda revelación; está convertida en una entidad religiosa que carece de vida. Los fundamentos que le otorgaron vida en su comienzo, ya no están presente ni en los líderes ni en la gente que está allí. ¿Cuál fue su problema? Ya no querían escuchar más.
Y podríamos decir lo mismo de la iglesia de John Wesley, fundada sobre los principios de la santidad. Y lo que estos hombres predicaron y declararon, no fue simplemente un mensaje bonito, era la voz de Dios la que ellos habían sintonizado. Esto también fue el inicio de una reforma global.
Pero también y una vez más, tomaron lo que escucharon y lo metieron en una caja. Y fundaron una fe, le pusieron un nombre y comenzaron a caminar el sendero de la religiosidad. Hoy ya nada de aquello está vigente.
También comenzó con la iglesia Católica, también con la Pentecostal, y también con la iglesia Carismática. Ya no tenemos más oídos para oír. Y en el momento en que tú detienes esa audición espiritual, aquella revelación que alguna vez escuchaste, comienza a abandonarte.
Hay muchísimas iglesias evangélicas que hoy, a muchos años de un comienzo ungido por tremenda revelación, se asemejan grandemente a las iglesias idólatras que critican. Están inhibidos, sobrecogidos y cautivados por jerarquías que son falsas delante de Dios y sobreedificados en doctrinas plenas en recursos idólatras.
Aunque no tengan estatuas ni estampitas. Todos están migrando hacia el Israel natural, y nos llamamos a nosotros mismos, evangelio completo. Lo que habíamos escuchado, ya no es vigente en nosotros. Cuando yo digo “oíd”, no estoy hablando de lo físico.
Porque en espíritu, toda actividad es multidimensional. En esta vida, vivimos por nuestros sentidos naturales. En el mundo del espíritu, vista es igual a sonido. En el espíritu, el sentir algo, es equivalente a escuchar algo. Y si no tienes “esos “oídos prestos para oír, pues sencillamente no oyes.
En el espíritu, la Biblia dice probad y ved que Dios es bueno. Eso es multidimensional. En el mundo del espíritu, no se escucha en una sola dimensión. Es multidimensional. Entonces es absolutamente importante que la iglesia no descienda o caiga a los niveles más bajos de la fe, donde nuestra doctrina y nuestras acciones, sean consistentes con el mover religioso idólatra de la iglesia, o que sea consistente con cualquier religión falsa en la tierra.
Y que no entremos en pactos o alianzas que van en contra de los propósitos de Dios, aunque en lo social suenen muy bonito y bien intencionado. No es sólo hacer lo correcto, es hacerlo de la manera correcta. Tenemos que continuar oyendo. Al que tiene oídos, se le dará más oído. Al que no tiene oído, lo que alguna vez tuvo, se le sacará. ¿Estás viendo algo de eso en tu tierra? ¿No estás formando parte de ello, verdad? Dios quiera que no.
Hoy, dime, ¿Cuántos ministerios recuerdas que en una época hicieron historia con sus tremendas revelaciones, llegando a conmover incluso los cimientos seculares, y que ahora están apagados, perdidos y dedicados, esos ministerios, a doctrinas sólo portadoras de dinero? Principio número uno, una vez más: precisión y continuidad, requieren de un oído que escucha.
Quiero que mantengas ese principio en tu mente. Y no estamos abriendo todos estos principios, sólo les estamos dando un vistazo, casi como al pasar. Principio del Reino Nº 2: El Reino no funciona en aislamiento del mundo.
(Mateo 13: 47) =Asimismo el reino de los cielos es semejante a una red, que echada en el mar, recoge toda clase de peces; (48) y una vez llena, la sacan a la orilla; y sentados, recogen lo bueno en cestas, y lo malo echan fuera.
Fíjate. El Reino es una red que se echa a la mar. Mira el verso 33: Otra parábola les dijo: el reino de los cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer, y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo fue leudado.
El cielo o lo divino, como la levadura, que está echada en tres medidas de harina. Mira el verso 24: Les refirió otra parábola, diciendo: el reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo;
Dice que sembró semilla en su campo. Ahora mira el verso 31: Otra parábola les refirió, diciendo: el reino de los cielos es semejante al grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su campo. Mira el verso 38: El campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del malo. El Reino de Dios es como una simiente, es sembrada en el campo.
Las simientes son los hijos del reino. Observa: los hijos del Reino, no están aislados y escondidos entre esas cuatro paredes llamadas iglesias. Sino que tomó la simiente de los hijos del Reino, y la puso en el mundo. Las actividades de alto voltaje del Reino, no se llevan a cabo ni se experimentan dentro de las cuatro paredes de una iglesia. Operan y trabajan en su mejor expresión, en medio de tu vida cotidiana en la sociedad secular.
Analiza y date cuenta que en todas las parábolas dadas por Jesús, ninguna de ella es comparada con una actividad de una iglesia. Yo pensé que si tenía que ver con el Reino, tenía que ver con la iglesia. ¿Por qué no dice que el Reino de Dios es como un pastor vestido con un traje de cinco mil dólares? ¿O con un servicio de adoración con tres cánticos bonitos?
Jesús no usa ninguna analogía de ninguna iglesia. Las parábolas, recuerda, son realidades del Reino comprimidos en un archivo computarizado. Los voltajes altos de las operaciones del Reino, se llevan a cabo en la existencia normal de una vida cotidiana. Todas las parábolas describen una actividad normal en la vida de cualquier persona. Ninguna describe una actividad eclesiástica.
La iglesia no figura allí porque ha perdido todo el epicentro del entendimiento de lo que es el Reino. Hemos construido tremendas iglesias, pero se nos ha escapado el Reino. La iglesia tiene que tener una revelación de lo que significa ser bilingüe, espiritualmente hablando.
Daniel vivía en la jefatura satánica de Babilonia, y habló el lenguaje de los hijos del Reino, pero también entendía todo el lenguaje de Babilonia. Él era espiritualmente bilingüe. Hay muchos, pero muchísimos cristianos que lo único que saben, es: ¡Aleluya! ¡Gloria a Dios! ¡Amén! Y ¡Gracias Señor!
Y hay pocos, pero muy pocos que conozcan el lenguaje de su mundo. Hay cristianos tan disfuncionales espiritualmente, que no se puede tener una conversación normal con ellos. Todas las oraciones las comienzan con un “amén”. Se han fabricado un lenguaje que roza lo ridículo y se aleja de lo divino.