Éxodo 29: 4)= Vosotros visteis lo que hice a los egipcios, y como os tomé sobre alas de águila, y os he traído a mí.
(5) Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra.
Hay dos requisitos claros aquí: 1) Si oyes mi voz.- 2) Si guardas mi pacto.- Toda profecía es condicional. Hay gente que está sentada por ahí esperando que se le cumpla una profecía. Cuando la voz de Dios se encuentra con la voluntad del hombre, esta voluntad tiene que alinearse con la voz de Dios. De lo contrario, anula la profecía. Usted tiene libre albedrío, Dios jamás le obligará a nada.
Dividamos: las profecías mesiánicas ocurren con o sin su ayuda. Pero cuando la profecía tiene que ver con una generación, con una familia, con una iglesia o con usted personalmente, siempre es condicional, aunque la condición no se vea a simple vista. Siempre hay un: “si haces esto, yo hago aquello”.
(6) Vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel.
Esta profecía se cumple en Pedro, donde dice: …vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa; son las tres cosas que le prometió a Israel. Israel abortó la promesa porque: Nº 1: No oyó la voz de Dios. Le dijeron a Moisés: ¡No queremos oír su voz! ¡Sube tú al monte, habla con él y después ven y habla con nosotros! Rompieron el requisito número Uno.
Nº 2: Guarda mi pacto. Desde el capítulo 32 hasta el 34 vemos que Moisés quiebra las tablas del pacto mostrando externamente lo que ya había hecho internamente. No oyeron su voz, no guardaron el pacto. La profecía se trasladó a nosotros. Reyes y Sacerdotes. En el orden levítico, usted era una sola cosa. O era rey, o era sacerdote; nunca las dos cosas. Según el orden de Melquisedec, eterno, celestial, no legalista, usted tiene contacto con Dios y su promesa. Usted es las dos cosas.
Tenemos un concepto de eternidad del cual hablamos, enseñamos y predicamos, pero en el cual no siempre creemos porque no lo entendemos. Entre el cielo, que no es un lugar geográfico sino un ámbito espiritual y nuestra vida, hay un velo que se llama muerte que no siempre nos permite acceder a esa dimensión eterna. Cristo rasgó ese velo: pasó a través de él, le quitó todo poder y autoridad y se lo dejó a su disposición para que usted no tenga miedo.
(Hebreos 2: 14)= Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, el diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre.
Note que lo que está frenando al hombre, es el temor a la muerte. Ahora: si usted no le tiene miedo a la muerte, entonces ya no hay nada en la tierra que lo limite, porque usted ya no está cautivo. Si entendiéramos que en Dios no hay muerte, ya no seríamos cautivos del enemigo. El enemigo, lo que usa, es la ilusión, el mundo fantástico; es como si usted estuviera en un desierto y de pronto se cree que ha visto un mar. Un espejismo, y uno, por miedo a que eso sea real, vive en cautiverio toda su vida.
No existe la muerte. Somos eternos. Si usted es consciente de eso, nada lo detiene en la tierra. ¿Qué demonio puede detener a un hombre que ya está muerto? El que sufre cuando usted se muere, es su vecino. Dios no sufre, y usted tampoco. Porque usted sigue viviendo.
Lo que abandona, en todo caso, es su caparazón. Esa caparazón que llevamos puesta desde nuestro nacimiento carnal. Estar ausentes del cuerpo es estar presentes con Él. No deja de existir. Al contrario, se siente más libre; ahora tiene mayor libertad de expresión porque ya no está atado a un cuerpo.
Entonces, el que sufre es el vecino. Y si por allí el vecino sabe adonde va usted, tampoco sufre el vecino. El tema es cuando usted se muere y está sin Dios; entonces sí que tiene un problema. Porque el infierno es, entre otras cosas, eternidad sin Dios. Y a eso, nadie lo ha experimentado, porque aún cuando éramos pecadores, Dios estaba ahí.
Pero en el infierno, Dios no existe y ese es el tormento eterno. Dice que desearía usted morir. Eso sería muerte. Pero usted es eterno. Salvo o no salvo, el hombre es eterno. El problema no es tanto como vive este pequeño tiempo llamado vida terrenal; el problema es adonde decide para su eternidad.
Dice Hebreos que por temor a la muerte, estuvimos cautivos durante todo el tiempo que tuvimos cuerpo. El orden de Melquisedec es un orden que nos trae a una dimensión donde, estando en el cuerpo, no somos limitados por el cuerpo.
Ese es el sacerdocio que Dios siempre quiso tener, no el que tuvo que introducir porque no quisieron oír su voz; eso fue temporal. Pero resulta que en muchos casos, la iglesia opera hoy, todavía, como si no quisieran oír su voz: con ritos, sacerdocios y división entre laicos y ministros.
No es un reino de sacerdotes. Y si son sacerdotes, no son gubernamentales. “Dios mío… si fuese tu voluntad…aleluya mi alma te alaba…” Eso no tiene gobierno ninguno. Esa es una oración civil, no la de un gobierno militante. Y en tiempos de guerra, las oraciones civiles te mantienen cautivo.
Ha sido dicho que el sacerdocio según el orden de Melquisedec es un sacerdocio relativo a todos los tiempos, pero leal sólo a la eternidad. No importa como cambiaran los tiempos para Cristo o para su cuerpo, él se mantenía relativo y adaptado a cualquier tiempo, pero sin pegarse ideológica o doctrinalmente a ninguno. Relativo al tiempo Pentecostés, al mover carismático, al mover de la fe, de la prosperidad, al tiempo del reino, al tiempo apostólico, pero fiel a ninguno de ellos en particular.
Si mañana Dios habla algo que es superior a cualquiera de estas cosas y la palabra lo confirma con claridad, usted es fiel a eso. El orden de Melquisedec está por encima del apostolado d ela iglesia. El menor, en ese orden, es mayor que el máximo apóstol de la iglesia. Esto es algo que no es para líderes. Esto es algo que debe asumir la iglesia en el tiempo en que estamos viviendo.
¿Sabe usted que la mayoría de la iglesia está tan confundida en esto que no tiene destino? Sólo existen, no viven. Estamos esperando que pase algo que no va a pasar. Entran y salen del templo como en el tiempo de Zacarías. ¡Y Dios no estaba!
No había Dios, se había ido, pero ellos entraban y salían del templo como si Dios estuviera allí. Llevando incienso, pero no había arca, no había presencia. El arca es mucho más que el símbolo de Dios. El arca representa el gobierno de Dios. Una iglesia sin arca es una iglesia sin gobierno. De esas, hay miles por allí.
(Génesis 14: 1)= Aconteció en los días de Amrafel rey de Sinar, Arioc rey de Elasar, Quedorlaomer rey de Elam, y Tidal rey de Goim, que estos hicieron guerra contra Bara rey de Sodoma, contra Birsa rey de Gomorra, contra Sinab rey de Adma, contra Semeber rey de Zeboim, y contra el rey de Bela, la cual es Zoar.
(Verso 3)= Todos estos se juntaron en el valle de Sidim, que es el Mar Salado.
(Verso 10)= Y el valle de Sidim estaba lleno de pozos de asfalto; y cuando huyeron el rey de Sodoma y el de Gomorra, algunos cayeron allí; y los demás huyeron al monte.
(11) Y tomaron toda la riqueza de Sodoma y de Gomorra y todas sus provisiones, y se fueron.
(12) Tomaron también a Lot, hijo del hermano de Abraham, (Lot era sobrino de Abraham) que moraba en Sodoma, y sus bienes, y se fueron.
(13) Y vino uno de los que escaparon, y lo anunció a Abram el hebreo, que habitaba en el encinar de Mamre. El amorreo, hermano de ESPOL y hermano de Aner, los cuales eran aliados de Abram.
(14) Oyó Abram que su pariente (En el original dice HERMANO), estaba prisionero, y armó sus criados, y los nacidos en su casa, trescientos dieciocho, y los siguió hasta Dan.
El violento altercado que habían tenido Abram y Lot (Capítulo 13), no fue obstáculo parea que, llegada esta instancia, Abram considerase como a un hermano a su sobrino y se aprestara a defenderlo con uñas y dientes.
Lo último que ellos habían tenido en común había sido disgusto, pero a la hora de la crisis, no le impidió a Abram llamar a Lot, “hermano”. Esa es la unción que debe imperar en la iglesia en el marco del orden de Melquisedec.
Nº 1: Melquisedec aparece cuando las naciones están buscando liberarse de lo que es la babilonia antigua. El Sinar, en Génesis 10:10, es el nombre dado a Babilonia cuando Nimrod comienza a construir la ciudad.
La historia dice que Babilonia se llevó cautivo a reyes y príncipes. Hoy hay muchos que parecen ser reyes y príncipes que andan cautivos en iglesias que no tienen altura espiritual.
Porque para nosotros altura espiritual es numerología. Cuán buena es la alabanza, qué famoso predicador invita usted a su púlpito, cuando en realidad es todo lo contrario. Altura espiritual es la sustancia de cada creyente, que le permite fluir con Dios en niveles altos. Aunque sean un grupo de diez o quince y sin música.
El tiempo en que aparece Melquisedec, es el tiempo en que la gente está huyendo de Babilonia. Eso es exactamente lo que identifica este tiempo presente: en toda la tierra hay gente que está tratando de escaparle al sistema babilónico. Sea en el mundo o sea en la iglesia.
Nº 2: Hemos visto que el tiempo en que aparece Melquisedec, es el tiempo en que la guerra es encarada a nivel de reyes. Quienes estaban peleando eran los reyes, no los civiles. Y vimos que en el tiempo del orden de Melquisedec, la milicia encarada, aumentada, es promovida a un nivel altamente autorizado, es decir: de alta autoridad.
Los apóstoles estaban peleando por un orden verdadero, en contra del orden paralelo. Hay un orden paralelo al mover apostólico, que usa los mismos títulos y se ayuda con vestimenta externa y con la popularidad terrenal de la iglesia, para atacar a los verdaderos oráculos de Dios, que son gente no reconocida como nunca lo fueron en la Biblia. Apóstoles de Dios peleando contra moveres contrarios. Reyes contra reyes.
En un tiempo como este, nuestra conducta no puede ser una conducta civil. Eso no es decir que no somos gente civil porque sí lo somos, pero nuestra conducta espiritual, nuestra mentalidad, debe aumentar a un nivel militante.
Nuestra adoración no puede ser civil, carismática, amorosa, nuestra oración no puede ser de interés personal o de necesidades propias. Nuestra dádiva ya no puede ser a nivel de limosna civil, tiene que ser a nivel de inversión de reino.
En Esdras vemos como operan las guerras de reyes y vemos la autoridad que tienen los decretos cuando son hechos gubernamentalmente, y no civilmente. Si una persona cualquiera de nuestra sociedad dice: “Aquí va a pasar tal cosa”, esto tiene un nivel de impacto, pero si el intendente (alcalde) es el que dice: “No quiero que se haga tal cosa en mi ciudad”, habrá gente que se va a mover más rápido al oír esa voz que al oír la voz de un civil cualquiera; aunque lo que dijere ese civil, fuera cierto.
Estas no son posiciones externas, son realidades internas. Hay gente con autoridad en el mundo del espíritu que no tiene rango público. Y gente que está en posiciones en la iglesia que no tiene ninguna autoridad espiritual.
En Esdras hay una historia sobre esto. Están tratando de reconstruir el templo y de repente los demonios quieren saber quien les dio permiso para construir. Y entonces comienzan a buscar e indagar los libros de Crónicas a ver qué rey decretó que se podía.
Y podemos ver en Esdras que los demonios dicen: “Bueno, si el rey Fulano de Tal lo dijo, no lo toques; deja que sigan construyendo.” Es decir que: los demonios, respetan los decretos gubernamentales.
(Esdras 5: 6)= Copia de la carta que Tamai gobernador del otro lado del río, y Setar-Boznai, y sus compañeros los gobernadores que estaban al otro lado del río, enviaron al rey Darío.
(7) Le enviaron carta, y así estaba escrito en ella: al rey Darío toda paz.
(8) Sea notorio al rey, que fuimos a la provincia de Judea, (O mejor, si usted quiere, a la provincia, estado o departamento donde usted vive), a la casa del gran Dios, (Esa iglesia local que, sin gran promoción, insiste en predicar el mensaje presente), la cual se edifica con piedras grandes; y ya los maderos están puestos en las paredes, y la obra se hace de prisa, y prospera en sus manos.
(9) Entonces preguntamos a los ancianos, (Note que los demonios le preguntan cosas a la gente con autoridad), diciéndoles así: ¿Quién os dio orden para edificar esta casa y para levantar estos muros?
(10) Y también les preguntamos sus nombres para hacértelo saber, (¡Dime como es el nombre de ese para meterlo preso!) para escribirte los nombres de los hombres que estaban a la cabeza de ellos. (¿Quién es tu cobertura? ¿Quién te dio permiso para estar construyendo la iglesia con piedras grandes? Piedras grandes son piedras fundamentales, apostólicas.)
(11) Y nos respondieron diciendo así: nosotros somos siervos del Dios del cielo y de la tierra, y reedificamos la casa que ya muchos años antes había sido edificada, la cual edificó y terminó el gran rey de Israel.
(12) Mas después que nuestros padres provocaron a ira al Dios de los cielos, Él los entregó en manos de Nabucodonosor rey de Babilonia, caldeo, el cual destruyó esta casa y llevó cautivo al pueblo a Babilonia. (Eso es de lo que hemos estado hablando).
(13) Pero en el año primero de Ciro, rey de Babilonia, el mismo rey Ciro dio orden para que esta casa de Dios fuese reedificada. (Le está diciendo; mire; nosotros tenemos permiso porque hubo un decreto gubernamental para hacerlo.)
(14) También los utensilios de oro y de plata de la casa de Dios, que Nabucodonosor había sacado del templo que estaba en Jerusalén y los había llevado al templo de Babilonia, el rey Ciro los sacó del templo de Babilonia y fueron entregados a Sesbasar, a quien había puesto por gobernador.
(15) Y le dijo: toma estos utensilios, ve y llévalos al templo que está en Jerusalén; y sea reedificada la casa de Dios en su lugar.
(16) Entonces este Sesbasar vino y puso los cimientos de la casa de Dios, la cual está en Jerusalén, y desde entonces hasta ahora se edifica, y aún no está concluida.
(17) Y ahora, si al rey le parece bien, búsquese en la casa de los tesoros del rey que está allí en Babilonia, si es así que por el rey Ciro había sido dada la orden para reedificar esta casa de Dios en Jerusalén, y se nos envíe a decir la voluntad del rey sobre esto.
Note que el asunto aquí es: tenemos permiso si hay decreto. Por eso le digo que tenemos que edificar, en este tiempo del orden de Melquisedec, con una mentalidad gubernamental; que nuestros biznietos tengan permiso de continuar edificando porque lo que se decretó en los aires, en este tiempo, no fue civil.
Estamos hablando de la verdadera iglesia. No estamos hablando de ir o no ir a la iglesia el domingo. La iglesia de la cual hablamos no tiene nada que ver con púlpitos o bancos. Está por encima de toda esa cosa de ritualismos.
Si fuera como tendría que ser, ni bancos tendríamos que tener. Pero no estamos preparados todavía para eso; si usted saca los bancos, para mucha gente se termina la iglesia. Todo el mundo se enoja y se va para su casa. Y después se va para otro templo donde haya bancos.
(6: 1)= Entonces el rey Darío dio la orden de buscar en la casa de los archivos, donde guardaban los tesoros allí en Babilonia.
(2) Y fue hallado en Acmeta, en el palacio que está en la provincia de Media, un libro en el cual estaba escrito así: memoria: en el año primero del rey Ciro, el mismo rey Ciro dio orden acerca de la casa de Dios, la cual estaba en Jerusalén, para que fuese la casa reedificada como lugar para ofrecer sacrificios, y que sus paredes fuesen firmes; su altura de sesenta codos su anchura; y tres hileras de piedras grandes, y una de madera nueva, y que el gasto sea pagado por el tesoro del rey.
(Verso 5)= Y también los utensilios de oro y de plata de la casa de Dios, los cuales Nabucodonosor sacó del templo que estaba en Jerusalén y los pasó a Babilonia, sean devueltos y vayan a su lugar, al templo que está en Jerusalén, y sean puestos en la casa de Dios.
(6) Ahora, pues, Tatnai gobernador del otro lado del río, Setarboznai, y vuestros compañeros los gobernadores que estáis al otro lado del río, alejaos de allí.
(7) Dejad que se haga la obra de esa casa de Dios; que el gobernador de los judíos y sus ancianos reedifiquen esa casa de Dios en su lugar.
(8) Y por mí es dada orden de lo que habéis de hacer con esos ancianos de los judíos, para reedificar esa casa de Dios; que de la hacienda del rey, que tiene del tributo del otro lado del río, sean dados puntualmente a esos varones los gastos, para que no cese la obra.
No solamente les dijo: “Déjalos quietos”, sino que también les ordenó financiarla. Los decretos definen quien tiene derechos. Cuando alguien está ocupando un púlpito y se sale de lo conocido para levantarse en palabras de revelación, deja de ser un hombre que habla y toma la autoridad de un mensajero de Dios que decreta.
Él lo dice acá, pero empiezan a haber problemas allá. Nadie puede explicar muy bien por qué, pero que es así, es así. No somos civiles. Melquisedec no es un sacerdocio débil, es un sacerdocio de gobierno y de autoridad. Es un real sacerdocio.
Cristo imitó eso, porque Él vino según el orden de Melquisedec. Y cedió su vida como primogénito, entre muchos hermanos de la misma orden. Como de ahí llegamos a estos que hoy llamamos ministros, no lo sabemos, pero gracias a Dios que el sello fue quebrado y estamos entendiendo lo que es un ministro.
Y la Biblia dice en Corintios que todos somos ministros competentes. No hay unos acá y otros allá. Todos. Lo que queremos es un reino de sacerdotes que ministren a las naciones con amor gubernamental, gobierno de sacrificio personal y ministración con autoridad.
Cuando usted no tiene autoridad ni los niños le respetan. ¿Cuántos padres o madres pueden reconvenir a sus hijos sin gritarles? La autoridad, – oiga muy bien esto -, no depende del volumen de su voz. Es más: la verdadera autoridad, muy pocas veces tiene volumen.
Pero el niño sabe que usted es serio con lo que dice y ni se le ocurre ir en contra de eso. Pero si detecta que su NO puede convertirse en SI, le ata a su dedito más pequeño y con ese dedito lo manipula a usted completo.
Nº 3: Aparecen los días donde las lealtades de pacto o de alianza, están siendo redefinidas o reafirmadas. Recuerde que Abraham tiene una guerra fuerte con Lot. Tan fuerte que, siendo familiares, se separan.
Dice que Lot vio el Edén en Sodoma y Gomorra. Un hombre con poco discernimiento espiritual, porque para ver el Edén en Sodoma y Gomorra hay que tener una visión muy loca. Pero eso fue lo que él vio y allá fue a parar en el capítulo 13 del Génesis.
En el capítulo 14 Abraham, cuando se entera que hay una guerra y Lot es cautivo, no opera como un ser humano común. Porque un ser humano común, hubiera dicho: ¿Viste? ¡Te lo dije! ¡Eso te pasa por ser terco! ¡Te hubieras quedado conmigo! Esta hubiera sido una reacción civil, normal.
Estaba Lot cautivo, y lo primero que dice Abraham es que no puede dejar a su hermano prisionero. Primero que Lot no era su hermano, era su sobrino. Abraham tiene que discernir, en su corazón, el valor de un justo. Recuerde que cuando vienen los ángeles, Abraham les dice: si hubiera cinco justos en Gomorra. ¡Bueno! Que se haya equivocado es otra cosa, ¡Pero es un justo, es un hermano de la iglesia!
Que sea un terco y se lo merezca, es otra cosa, ¡Pero es un justo, es un hermano de la iglesia! ¡No es un mundano! Fue a parar allí porque le faltó discernimiento, porque no se quiso someter, porque es un poco más rebelde que los demás, todo eso es cierto, ¡Pero es un justo!
El concepto de considerar a Lot su hermano, tuvo que ser resuelto en el corazón de Abraham, antes de rescatarlo. Él no le llamó hermano después que tuvo la victoria. Él tuvo que considerar que era su hermano para tener fuerzas para ir a salvarlo.
Estamos hablando de un hombre que no es un hombre de guerra y se va a meter con estos reyes que acaban de destrozar a esos otros cinco reyes. Y Abraham ahora, con esos dos o tres siervos que trae, se va a meter con ellos para defender a un sobrino con el cual estaba peleado. No. Por ese sobrino no lo hubiera hecho, seguro. Lo tuvo que elevar primero en su corazón, a la posición de un hermano, para recién entonces decidir que lo iba a rescatar.