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Conociendo al Parakletos

Durante las tremendas campañas de Claudio Freidzon, un desconocido pastor argentino que recibiera una tremenda unción de Dios en una reunión de Benny Hinn, en 1992, era muy común oír desde la plataforma una pregunta muy específica: ¿Quieres ser lleno del Espíritu Santo? El poderoso “amén” retumbaba en los grandes estadios donde se cumplimentaban estos gigantescos eventos y se oía a kilómetros de distancia. Los que creyeron y abrieron sus corazones, recibieron de Dios lo que Él estaba dispuesto a dar por gracia en ese tiempo. Los que dudaron o tuvieron incredulidades varias, se quedaron mirando desde afuera. De allí que, pasado ya ese mover de Dios y cuando la nube ya hace bastante tiempo que se ha movido en otras direcciones, la pregunta puede volver a formularse. Seguramente habrá muchos que volverán a decir “amén”, que quizás no sonará en su conjunto como sonaban aquellos, pero que no dejará de efectivizarse si la fe y el corazón dispuesto acompañan esa decisión.

 Sólo que en este tiempo, Dios lo va a hacer desde la Palabra y desde la sabiduría divina. Las respuestas a las siguientes preguntas, van a conducirle a usted con total seguridad, a conocer y a experimentar una nueva vida llena del maravilloso Espíritu Santo de Dios. Cinco preguntas. Cinco respuestas. Cinco vasijas de aceite precioso para que su lámpara no se apague jamás. 1) ¿Quién es el Espíritu Santo? 2) ¿Para qué vino el Espíritu Santo? 3) ¿Qué significa ser lleno del Espíritu Santo? 4) ¿Por qué, el cristiano común, no es mayoritariamente lleno del Espíritu Santo? 5) ¿Cómo puede, uno, ser lleno del Espíritu Santo?

La primera pregunta, ¿Quién es el Espíritu Santo? contiene su respuesta: El Espíritu Santo es Dios. No es una cosa. No es una “influencia divina”. No es una nube. No es un fantasma, ni un concepto. Él es Dios mismo con todos los atributos de la Deidad. Es la tercera persona de la Trinidad. Es “co-igual” con Dios el Padre y con Dios el Hijo.

Hay un solo Dios, pero se manifiesta en tres personas. Yo no podría definirle a usted la Trinidad; ningún ser humano puede, aunque se esmere en buscar ejemplos originales. Alguien dijo alguna vez y con mucho tino, que “El hombre que niega la Trinidad, pierde su alma” y también que “El hombre que trata de explicarse la Trinidad, pierde el juicio.”

Nosotros que somos seres finitos, no podemos comprender a Dios que es infinito. Cuando tratamos de ilustrar el concepto de la Trinidad, todo ejemplo o ilustración resulta inadecuado. Por ejemplo, yo podría decir que el hombre está constituido de espíritu, alma y cuerpo, y la pregunta sería: ¿Cuál de estos tres es el hombre? O podría describir la fórmula química que define lo líquido, lo sólido y lo gaseoso, para luego preguntarme cuál de estos tres, es el agua. ¿Es el agua, el hielo o el vapor?

O podríamos decir que un hombre es esposo, padre e hijo, y sin embargo es una sola y misma persona. Ve usted, ninguna ilustración parece adecuada, pero por lo menos sugieren en parte, como es Dios.

¿Para qué vino el Espíritu Santo? El Espíritu Santo vino a esta tierra a glorificar a Cristo y a dirigir a los creyentes a toda Verdad. Poco antes de su crucifixión, el Señor Jesús dijo a sus discípulos: Os conviene que yo me vaya, porque si no me fuere, el Consolador no vendría a nosotros; más si me fuere, lo enviaré. Pero cuando venga el Espíritu de Verdad, él os guiará a toda la Verdad; y os hará saber las cosas que habrán de venir. Él me glorificará; porque tomará de lo mío y os lo hará saber.

El Espíritu Santo vino a capacitarnos para conocer a Cristo, mediante el nuevo nacimiento y para darnos el poder para vivir y compartir la vida abundante, que Jesús prometió a todos los que confían en él.

El Espíritu Santo, asimismo, fue quien inspiró a los escritores de la Biblia. Cuando leemos la Biblia, es el Espíritu Santo el que nos revela la Verdad Espiritual. A veces, conforme estudiamos las escrituras, encontramos un pasaje que anteriormente ya habíamos y en el momento en que necesitamos una revelación en particular, el Espíritu Santo hace que dicho pasaje cobre vida para nosotros.

¿Por qué ocurre esto? Porque el Espíritu Santo hace que la palabra de Dios sea relevante y significativa cuando nosotros lo necesitamos. Por eso el mismo texto es tremendo para algunos y no les dice nada nuevo a otros. Es un libro vivo e inspirado por el Espíritu y sólo una persona que es controlada por el mismo Espíritu Santo puede entender la Biblia.

Cuando estoy orando, no puedo esperar que Dios responda mi oración, a menos que esté caminando en el Espíritu Santo. La única excepción es en el caso de la oración de confesión de pecados. Cuando testifico, nadie responderá, a menos que esté siendo controlado y dirigido por el Espíritu Santo.

Un pastor dijo alguna vez: “A mí no me gusta toda esta enseñanza sobre el Espíritu Santo. yo quiero solamente hablar de Jesucristo”. Allí fue donde le recordaron que la única razón por la cual el Espíritu Santo había venido, era esa precisamente, para exaltar y glorificar a Cristo.

Es imposible aún el conocer a Cristo, aparte del ministerio regenerador del Espíritu Santo. Fue Jesús mismo quien dijo: “El que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios”.

Es imposible para nosotros aún el orar, el vivir vidas santas o testificar. No hay nada que podamos hacer para Dios o que él pueda hacer por nosotros fuera de relación con el Espíritu Santo.

¿Qué significa ser lleno del Espíritu Santo? Ser lleno del Espíritu Santo, es ser lleno de Cristo mismo. El Espíritu Santo vino a glorificar a Cristo, por lo tanto, si yo estoy lleno del Espíritu, significa que estoy permaneciendo en Cristo. Significa también que estoy caminando en la luz, como él está en la luz.

Y la sangre de Jesús me limpia y me mantiene limpio de todo pecado. Estoy controlado por Cristo, porque las palabras “Ser lleno”, significa “Ser controlado”. No como una máquina, no para hacer lo que no nos es lícito hacer, sino como alguien que es dirigido y dinamizado por el Espíritu Santo y, voluntariamente, acepta serlo.

Si yo soy controlado y dinamizado por Cristo, Él a su vez podrá moverse con entera libertad mediante mi cuerpo, y vivir su vida resucitada “En y a través de mí”.

Este hecho maravilloso de que Cristo vive en nosotros y expresa su amor mediante nosotros, es una de las más importantes verdades de la Palabra de Dios.

Las normas de la vida cristiana son tan altas, que es imposible alcanzarlas. De acuerdo con la Palabra de Dios, sólo ha habido una persona que ha tenido éxito en cumplir y vivir la vida cristiana. ¡Esa persona es Jesucristo! Ahora bien, mediante su poderosa presencia, él desea capacitarnos y capacitar a todos aquellos que pongan su confianza en él, para vivir esta misma calidad de vida sobrenatural.

Si queremos que Cristo viva su vida resucitada en nosotros, deberemos llevar fruto espiritual, lo cual incluye el “Fruto del Espíritu” Y “Almas ganadas para Él”. Esto es tan natural como el que una vid saludable produzca abundancia de uvas. Jesús dijo en Marcos 1:17: Venid en pos de mí y yo os haré pescadores de hombres. Es nuestra responsabilidad el seguir a Cristo, el permanecer en Él. Es responsabilidad suya, mientras tanto, el hacernos pescadores de hombres.

En Juan 15:8, él nos dice: En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos. Usted puede ser un gran predicador, un erudito cristiano, un diácono o anciano de la Iglesia, vivir una vida limpia, moral, memorizar cientos de versículos bíblicos, ser Director del Coro, enseñar en la Escuela Dominical, etc.etc. Pero si no está llevando fruto en el sentido de tener cada día algo más del carácter de Cristo y, al mismo tiempo, ganar a otros para Él, usted aún no está lleno del Espíritu Santo, de acuerdo con lo que enseña la propia palabra de Dios.

Hay algunos que suelen decir: “Yo testifico de Cristo, únicamente viviendo una buena vida, una vida correcta”. Muchos no cristianos, también viven vidas morales, refinadas y éticas. De acuerdo con el Señor Jesucristo, la única forma en que podemos demostrar que somos verdaderamente discípulos suyos, es produciendo fruto, lo cual incluye, – entienda bien: INCLUYE, no PRIORIZA -, el dirigir a otros a nuestro Salvador, tanto como vivir una vida de santidad; y la única manera en que podemos producir este fruto, es mediante el poder del Espíritu Santo.

Una vez le preguntaron a un prestigioso teólogo si él pensaba que uno podía ser una persona llena del Espíritu Santo, sin tener que testificar verbalmente de Cristo, como un modo de vida. Su respuesta, fue un rotundo NO. ¿Con qué bases pudo hacer semejante declaración? LA respuesta es obvia. Nuestro Salvador vino a buscar y a salvar lo que se había perdido. Y si bien no es la faz evangelística la única que emerge de este texto, indudablemente la incluye. Y ha escogido y ordenado a cada uno de sus hijos, (Esto es a nosotros), para que compartan las buenas noticias de su amor y perdón con toda persona y en todas partes. Cuando fallamos al testificar de Cristo con nuestros labios, incurrimos en plena desobediencia a su Mandato, tanto como si desobedeciéramos su Mandato de vivir vidas santas. En ninguno de los dos casos, el cristiano desobediente puede esperar que Dios le controle y le de poder en su vida.

“Yo he testificado durante muchos años y nada ha ocurrido”, dijo un joven en una oportunidad. Y se terminaba preguntando qué era lo que pasaba con él, por qué no funcionaba lo que Dios había dicho que sí funcionaba. No sabía que se podía ser lleno del Espíritu Santo, conforme a lo que la Biblia dice al respecto. Cuando se lo explicaron lo creyó, oró y lo puso por obra. Por fe se apropió la plenitud del Espíritu de Dios, e inmediatamente Dios empezó a usarle para ganar a otros para Cristo.

No sólo recibimos poder sobrenatural para testificar cuando somos llenos del Espíritu Santo, sino que aún nuestras personalidades empiezan a cambiar. Conforme continuamos caminando en el control y el poder del Espíritu Santo, el “fruto del Espíritu” viene a ser notorio en nuestras vidas. En Gálatas 5:22 y 23, Pablo nos explica que: Cuando el Espíritu Santo controla nuestras vidas, Él producirá esta clase de fruto en nosotros: Amor. Y como consecuencia de ello: Gozo, Paz, Paciencia, Benignidad, Fidelidad, Bondad, Templanza, Fe…

La relación del cristiano con el Espíritu Santo, es crítica y progresiva; Crítica, porque uno aprende que la vida cristiana, es una vida de fe, más bien que una vida de buenas obras. Es una vida independiente de los estados emocionales. Progresiva, porque uno aprende a caminar consistentemente en el poder y bajo el control del Espíritu Santo; es entonces cuando el fruto del Espíritu es producido en nuestra vida.

No busque usted experiencias de éxtasis emocionales o híper místicas. No dependa de las impresiones externas. Nadie dice que las niegue o las refrene; sólo que no viva por ellas como prioridad. La Palabra de Dios tiene que ser la base de nuestro crecimiento espiritual. Se nos amonesta, tanto en Efesios como en Colosenses, a que La palabra de Cristo more abundantemente en vosotros.

¿Y por qué es que el cristiano típico no es lleno del Espíritu Santo? Creo que, esencialmente, por dos razones: Primero, por una falta de conocimiento, que es intimidad; y segundo, debida a la incredulidad. Yo sé muy bien que muchos no cristianos quisieran ser cristianos, si tan sólo supieran “cómo” y si comprendieran la clase de vida, maravillosa y positiva que el Señor da a aquellos que confían en Él y le obedecen. ¿Podría usted imaginarse a una persona inteligente, diciéndole “No”, a Cristo, después de haber entendido total y completamente cuánto le ama Dios y que cuando recibe a Cristo sus pecados le son perdonados? Imposible. ¿Entonces que? El dios de este siglo cegó el entendimiento… ¿Recuerda? Un hijo de dios, es una persona con dignidad y con futuro. Ya no tiene que vegetar o simplemente existir, puede vivir, con todo lo que eso significa.

Sin embargo, el no cristiano que desconoce esta información, continúa viviendo en desobediencia, rechazando el amor y el perdón de Dios, debido a que no lo comprende. Lo mismo sucede con el cristiano carnal, que continúa viviendo una vida de frustraciones sin fin, esterilidad y problemas, debido a que no comprende quien es el Espíritu Santo y que la vida cristiana es una vida de riqueza, abundancia y fruto; que esta es la clase de vida que espera a aquellos que invitan al Espíritu Santo a controlar y fortalecer sus vidas. Desde el momento del nacimiento espiritual, nos es dado el poder para ponernos en marcha en medida creciente, hacia la madurez en Cristo. Sin embargo, la persona común y corriente, no comprende como vivir por fe, se encuentra a sí misma viviendo en una verdadera “montaña rusa espiritual”, lo que significa vivir de experiencia emocional en experiencia emocional, una vida de altibajos interminables. Algo así como lo que dijo Pablo en algún momento: ¡Miserable de mí1 ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?

Un cristiano carnal, es alguien que, habiendo experimentado el gozo y la bendición de tener comunión con Dios, ha perdido el contacto y no sabe como volver a establecer el compañerismo perdido.  En esa búsqueda, generalmente se hace “ego-céntrico”, en lugar de “Cristo-céntrico”. Como resultado de esto su confusión va en aumento, vive de frustración en frustración y no sabe qué hacer con sus problemas. En lugar de confiar, “trata”. Le da más lugar a sus emociones y sentimientos que a la labor del Espíritu. En suma; no sabe como volver a ser un cristiano espiritual. ¿Cómo podrá lograrlo? Mediante el Espíritu Santo, no hay otro modo. ¡Medite en ello, por favor! La vida cristiana es una vida milagrosa, una vida sobrenatural. El cristianismo no es lo que nosotros “hacemos” para Dios, sino más bien lo que Él hace por nosotros.

Sin embargo, el cristiano común y corriente, no sabe cómo hacer uso de los recursos espirituales que son suyos por la resurrección de Cristo; no sabe como obtenerlos por fe. Como resultado vive en una vida de virtual pobreza espiritual, desconociendo y sin poder experimentar las grandes riquezas y recursos que hay en Cristo.

La falta de conocimientos no es la única razón por la cual los cristianos no son llenos del Espíritu Santo. Muchos de ellos no creen en la fidelidad y la veracidad de Dios. Hay muchos cristianos que quizás han sido expuestos a la verdad, pero quienes, por diferentes razones, nunca han podido comprender el amor de Dios. ¡En realidad le tienen miedo a Dios! Sencillamente no pueden confiar en Él.

Confianza es un sinónimo de la palabra fe, y Sin fe es imposible agradar a Dios, ¿Cómo se sentiría usted si uno de sus hijos se le acercara y le dijera: “Mamá…papá…yo no sé si te quiero, en verdad, y además, no logro confiar demasiado en ti…” ¿Piensa usted que habría alguna otra cosa más horrible y capaz de ofenderle a usted más profundamente? Yo creo que esto sería lo más terrible para un padre. Y sin embargo con nuestras actitudes y con nuestras acciones, y a veces hasta con nuestras palabras, muchos de nosotros le decimos exactamente eso a nuestro Dios. Vivimos como si Dios no existiera, y aunque lo adoramos “del diente hasta el labio”, rehusamos el creer sus promesas que se encuentran escritas en su Palabra.

Otras personas se muestran temerosas de hacerse cristianas debido a que piensan que Dios les pedirá lo imposible; que Dios les cambiará sus planes; que les quitará todas sus riquezas, que les arruinará toda la alegría y diversión de la vida, que les hará soportar penosas tragedias, o cosas por el estilo. Un joven pastor que se había graduado con excelentes notas en un prestigioso seminario supo decir alguna vez: “Yo nunca había rendido mi vida a Cristo, porque tenía miedo de experimentar Su voluntad. Después contó como años atrás, había tenido el equivocado concepto de que si entregaba su vida a Cristo, sus padres seguramente morirían en algún violento y trágico accidente. Esto se había convertido en una obsesión fatalista en su mente; por lo mismo tenía miedo de decir: “Sí” a Dios, por temor de que sus padres perdieran la vida, pensando que Dios usaría esta experiencia para “probarle” y para determinar la sinceridad de su dedicación.

¿Le parece esta historia que hemos relatado, como la historia de la relación que debe existir hacia un padre amoroso? ¿Quién cree usted que puso esa absurda idea en la mente de aquel pastor cristiano? ¡Ciertamente, no fue Dios! Fue Satanás el que le dijo a Adán y Eva, hace siglos: “Ustedes no deben confiar en Dios”; pero yo le digo a usted, hoy: ¡Puede confiar en Dios! Él le ama y es digno de su confianza.

Supóngase que sus hijos salieron a recibirlo a usted con estas palabras: “¿Papá! ¡Te amamos mucho y hemos decidido no contrariarte y hacer tu voluntad en todo lo que nos pidas, por el resto de nuestras vidas!” ¿Cuál cree usted que sería su respuesta a estas palabras de parte de sus hijos? Si yo fuera a responder a la expresión de confianza de mis hijos, como muchos creen que Dios lo haría, entonces cuando me rindieran sus vidas, yo debería tomar a mis hijos por los hombros, los sacudiría violentamente y, mirándolos fríamente a los ojos y con tono amenazante, les diría: “he estado esperando este momento. Ahora están en mis manos. Voy a hacer que ustedes lamenten el haber tomado esta decisión por el resto de sus días. Voy a quitarles toda la felicidad y la alegría de la vida, les voy a quitar todo lo que tienen y los voy a obligar a que hagan todas las cosas que detestan.”

Muchas personas creen sinceramente que esta es la manera en que Dios responderá cuando le digan: “Señor, te entrego el control de mi vida.” No comprenden lo mucho que Dios los ama. ¿Saben ustedes lo que yo haría si mis hijos me recibieran con tales palabras? Los abrazaría y les diría: “Yo también les quiero mucho, y estoy profundamente conmovido por la expresión de amor que ahora me manifiestan. Este es el mejor regalo que hayan podido darme.”

Pregunto: ¿Usted cree que Dios está despreocupado o carente de amor por sus hijos? No. Él lo ha probado una y otra vez, que es un Dios amoroso, que es digno de nuestra confianza. Jesús nos aseguró que: Si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a nuestros hijos, ¿Cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan? Muchos jóvenes y adultos suelen pedir consejos con respecto a la voluntad de Dios para sus vidas. A menudo han sido personas temerosas, sobre lo que piensan Dios les pedirá que hagan. Generalmente habría que preguntarles: ¿Cree usted que Dios le ama? ¿Cree usted que Él tiene un plan maravilloso para su vida?

¿Tiene Él la capacidad y el poder para guiarlo y bendecidlo a usted en cualquier lugar que lo coloque, si usted le pone en primer lugar en su vida? Por lo general, la experiencia nos dice que todas las respuestas son afirmativas. Luego, se les pregunta: ¿Está usted dispuesto a confiar en Dios, ahora mismo para que Él le dirija y le capacite para vivir una vida santa y para que sea usted un testigo fructífero de Cristo? Para este momento, muchos ya están listos para decir “sí” a Cristo sin ninguna reserva. Han empezado a reconocer que sus sentimientos de duda habían sido puestos allí por el enemigo de sus almas: Satanás.

Cuando usted entrega su vida a Cristo ya no necesita preocuparse por lo que va a ocurrir. Tal vez usted estaba temeroso de que él le quitara las alegrías y diversiones, o que le provocaría el tener que abandonar su profesión u ocupación actual, o que le quitaría Dios sus recursos económicos, o que haría que usted tuviese que terminar un noviazgo. Quizás sus temores eran que Dios le enviaría como misionero a un lugar apartado y remoto en el cual usted consumiría su vida en el aislamiento. Por supuesto que Él podría pedirle a usted alguna o todas estas cosas, pero le repito: quizás Él no lo quiera hacer así. Si así fuera, Dios le daría a usted la capacidad para encontrar gozo en el privilegio de hacer su voluntad porque Dios siempre bendice a aquellos que confían en Él y le obedecen.

Algunas de las personas más contentas que se conocen en el servicio cristiano, han sido aquellas que viven en lugares primitivos y apartados del planeta. Otros se encuentran felices habiendo renunciado a fama y fortuna para servirle a Él. La Biblia nos recuerda que: Los ojos de Jehová contemplan toda la tierra, par mostrar su poder a favor de los que tienen corazón perfecto para con él… Usted puede confiar en Dios. Si Él le dirige a renunciar a algo, Él le dará a usted mucho más a cambio en bendiciones y en contentamiento personal. En realidad usted recibirá de Dios mucho más de lo que podría usted darle.

¿Cómo puede uno ser lleno del Espíritu Santo? Somos llenos del Espíritu Santo, por fe. ¿Cómo se convirtió usted en cristiano? ¡Por fe! Todo lo que recibimos de Dios, desde el momento de nuestro nacimiento espiritual, hasta que morimos, es por fe. ¿Quiere usted ser lleno del Espíritu Santo? Usted puede serlo ahora mismo, siempre que usted lo haga mediante la fe. Usted no tiene que rogarle a Dios que lo llene con su Espíritu Santo. Tampoco tiene usted que intentar manipularlo a Dios mediante ayunos, lágrimas o súplicas. La Palabra dice que El justo por la fe vivirá, y eso significa que nosotros no podemos comprar o ganar, por esfuerzo propio, la plenitud de Dios que recibimos por fe.

Supóngase que usted desea hacer efectivo un cheque por una determinada cantidad de dinero. ¿Usted va a ir al banco en el cual tiene depositada una respetable suma, se va a dirigir a una de las cajas y allí se va a arrodillar delante del cajero, a pedirle por favor con voz quejumbrosa y llorisqueante que tenga la bondad de pagarle ese cheque? ¡No! Usted va a ir a esa caja en fe, va a entregarle ese cheque al cajero, va a esperar tranquilamente que el cajero le entregue lo que en definitiva, es suyo. Posteriormente le va a dar las gracias al pagador y se irá tranquilo y satisfecho. Pregunto: ¿Cuál es la diferencia? ¡Ninguna! ¿Sabe cuantos cristianos andan por la vida clamando y suplicándole a Dios que les dé algo que ya es suyo? Lo que sucede es que una gran mayoría, más que ser llenos del Espíritu Santo, esperan una enorme experiencia mística o emocional y eso, que muy bien puede suceder, no es determinante de esa llenura. A veces ocurre y a veces no. Dios es soberano y hace las cosas como le parece mejor. Y ¡Siempre es mejor!

Para acceder a una plenitud completa, se deben tener en cuenta varios aspectos. Por ejemplo: usted debe desear vivir una vida que agrade al Señor. Asimismo, debemos estar dispuestos a rendir nuestras vidas a Cristo de acuerdo con el mandato de Dios revelado en Romanos 12:1-2: Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cual sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.

Luego, confiese todo pecado conocido que el Espíritu Santo traiga a su memoria y vivirá la limpieza y el perdón prometidos por Dios. La plenitud del Espíritu Santo, sólo es dado a aquellos que decididamente le obedecen. Sin embargo, siempre debemos recordar que no somos llenos del Espíritu por estas cosas, sino por fe. Estos factores, solamente contribuyen en la preparación de nuestro corazón. Porque ser llenos, es un mandato. En Efesios 5:18 Dios nos ordena ser llenos. No serlo, entonces, es desobediencia.

Una vez más quiero puntualizarle: No piense usted que tiene que experimentar algo místico o dramático, para resultar lleno del Espíritu. Reitero: Puede suceder así, pero no es excluyente. ¿Cómo recibió usted a Cristo? ¿Fue acaso una experiencia emocional la que le hizo dar ese paso de fe?  Seguramente que en algún caso, así habrá sido. Pero no obligatoriamente en todos. Las emociones pueden estar incluidas en esta experiencia, pero realmente usted se hizo cristiano no por experiencias emocionales, sino por una decisión de fe. Las experiencias emocionales, en todo caso, son una consecuencia o producto final de nuestra expresión de fe y obediencia a Dios. El Espíritu Santo no nos es dado para que tengamos fabulosas experiencias emocionales, sino para que podamos vivir vidas santas y fructíferas para Cristo: para que podamos ser testigos eficaces de Cristo.

Oración:  Amado Padre: te necesito. Reconozco que he estado controlando y gobernando mi propia vida; y como resultado, he pecado contra ti.

Gracias porque me has perdonado mis pecados, mediante la muerte de tu Hijo Cristo en la cruz, quien murió en mi lugar.

Ahora te invito a que Cristo Jesús, tu hijo, tome el control del trono de mi vida. Lléname con tu Espíritu Santo, tal y como me mandas que sea lleno, y tal y como tú lo prometes en tu palabra que lo harás si lo pido en fe. TE pido esto en la autoridad del nombre de Jesús. Como una expresión de mi fe y mi confianza, ahora mismo te doy gracias por haberme llenado con tu Espíritu Santo y por haber tomado el control de mi vida.

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enero 1, 2015 Néstor Martínez